In Memoriam. Eduardo García de Enterría, jurista

El pasado lunes 16 de septiembre falleció en Madrid Eduardo García de Enterría, sin lugar a dudas unos de los más  grandes  juristas españoles del siglo XX.

 

Merecer ese calificativo no es fácil, pero lo cierto es que Enterría reunía todos los requisitos para ello. En primer lugar revolucionó, casi diríamos construyó, la moderna ciencia del Derecho Administrativo español, convirtiéndose así en maestro indiscutible de generaciones de publicistas españoles. Ya sólo esto hubiera sido suficiente. Pero es que, además, a estas alturas del siglo XXI, podemos decir que lo hizo sobre los principios correctos y con arreglo al método adecuado.

 

Del mismo modo que un gran filósofo tiene que habérselas con el “ser”, bien pertrechado de la técnica desarrollada a tal fin por sus predecesores, para ser un gran jurista hay que habérselas de idéntica forma con el “poder”, que al fin y al cabo es el negativo del Derecho. La dramática experiencia del siglo XX europeo demostró hasta qué punto éste era un tema por domesticar, especialmente en el ámbito del poder público, pese a todas las ingenuas promesas de la precedente época revolucionaria. Había que proporcionar los instrumentos técnicos jurídicos para facilitar en este ámbito  el anhelo social de lucha por el Derecho que caracteriza la época moderna, pero al que tantos obstáculos se le oponían bajo el disfraz de una política mal entendida. Lamentablemente, la realidad del siglo XXI demuestra que haberlo hecho en la teoría científica con la brillantez de Eduardo García de Enterría no nos ha garantizado en la práctica política la victoria contra las persistentes inmunidades del poder.

 

Pero si no lo ha hecho no ha sido, desde luego, por su culpa. Leer hoy su teoría sobre el control de los actos discrecionales causa pena y tristeza. Pena y tristeza por nosotros, claro. Que la jurisprudencia de los años sesenta y setenta, gracias a su ayuda, sacase tanto jugo en ese sentido a la ley franquista de la jurisdicción contenciosa de 1956, nos debería llenar por comparación de vergüenza y sonrojo. Citando a Hans Huber, nuestro autor nos advertía de que el poder discrecional es el verdadero caballo de Troya, en el seno del Derecho Administrativo, de un Estado de Derecho. Si democracia y Estado de Derecho son términos prácticamente sinónimos -como es necesario convenir- no se entiende que en esta época democrática se pretenda justificar, en base al poder discrecional del Gobierno (sólo pongo un ejemplo entre muchos), nombrar a los amigos incompetentes para desempeñar ningún cargo, pero menos aún en las instituciones supuestamente independientes y en los organismos de vigilancia control, como hemos denunciado aquí en tantas ocasiones. ¿Acaso ahora no hay elementos reglados suficientes como para no justificarse de ninguna manera una abdicación total del control sobre esas decisiones? Al contrario, la ley se llena hoy de requisitos y exigencias (hay que quedar bien en la tribuna) pero luego nadie las cumple…. y no pasa nada.

 

Qué bonito suena eso que nos decía don Eduardo de que el acto discrecional que se ha desviado de su fin -del fin en vista del cual el Ordenamiento otorgó el poder- “ha cegado la fuente de su legitimidad”. Pero espanta saber que los juristas y los jueces necesitamos más valor en una democracia para deducir sus implicaciones del que tuvieron nuestros predecesores en una dictadura. ¿Quizás es precisamente eso, que vivimos en una democracia y que toda cacicada realizada por un político sancionado por las urnas tiene un aura casi sagrada? Si es así, todavía no hemos comprendido nada. ¿Es que acaso un poder que se ha desviado de su fin sigue siendo un poder democrático? Don Eduardo nos explicaba claramente que no, y por eso le deberemos siempre eterno agradecimiento.

 

Pero en mi condición de privatista, no quisiera terminar este recuerdo sin alabar su profunda comprensión de las virtudes de la técnica jurídica como instrumento fundamental en la búsqueda de la Justicia, que en fondo es un lógico corolario de todo lo anterior. Toda su obra lo demuestra, pero quizás en ningún lugar habló sobre ello de forma tan expresa como en su prólogo al clásico de Theodor Viehweg, Tópica y Jurisprudencia. El Derecho (la Justicia) no es un sistema dado de una vez por todas, sino que es algo que, en cada tiempo y lugar, debe ser “buscado” y “descubierto” utilizando los recursos y procedimientos técnicos puestos de manifiesto a su vez por siglos de experiencia jurídica. Como expresamente afirmaba al alabar la obra de Viehweg, no es poca cosa librar al Derecho como ciencia de esa suerte de complejo de inferioridad que ha venido padeciendo desde que el mundo moderno perfeccionó las ciencias físicas o axiomáticas. Otro es nuestro camino y por tanto nuestra dignidad. Tener plena conciencia de ello es el mejor tributo que puede prestarse a las posibilidades reales de la Justicia. “Entidad misteriosa e indefinible ésta, pero cuya realización histórica efectiva es siempre el resultado de técnicas jurídicas concretas y no de grandes afirmaciones o de declaraciones generales”.

 

Es difícil, pero aspiremos, al menos, a estar a la altura, como sin duda lo estuvo él.

 

12 comentarios
  1. Rosa Mijangos
    Rosa Mijangos Dice:

    Gracias por este post; DEP. Fue un maestro, con una visión totalmente fuera de lo común. Luego lo conocí profesionalmente. Estuvo al pie del cañón, en su despacho de Madrid, hasta hace muy poco. Lo echaremos mucho de menos. Magnífica la referencia a su prólogo a Viehweg, y llena de sentido.

  2. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Tengo en mis manos un librito de Don Eduardo, dedicado personalmente, que supone una clara denuncia del estado actual de nuestro ordenamiento jurídico y con un título muy poético: “Justicia y seguridad jurídica en un mundo de leyes desbocadas”.

  3. JJGF
    JJGF Dice:

    A quien le interese escuchar a Enterría en directo, en los archivos de la Fundación March hay 4 conferencias que impartió, por invitación de José Luis Yuste, en el 89 ó 90, hablando durante una hora, cada vez, del Estado de Derecho y la Rev.Francesa, de la formación del Derecho público y privado, del origen de la “sociedad civil”…

    Conferencias estupendas, aunque por ser leídas, lo que las sobraba de rigor es lo que perdían en viveza.

  4. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    Creo que no hay nadie en le mundo del derecho que no conociese a García de Enterría. Bastaba con pasarte un solo día por una clase de Derecho Administrativo para ya oír hablar de él. Sin lugar a dudas el Derecho Administrativo Español no sería el mismo sin él. Se va un grande

  5. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Felicito efusivamente a Rodrigo por tan brillante artículo, de los mejores que le recuerdo. Me quedo con el siguiente párrafo que denuncia el más grave problema de la vida pública española de hoy:

    “espanta saber que los juristas y los jueces necesitamos más valor en una democracia para deducir sus implicaciones del que tuvieron nuestros predecesores en una dictadura. ” IMPRESIONANTE. De nuevo la “maldición de Tocqueville” sale a la escena.

    Es tradición no hablar mal de los muertos. Voy a respetarla, aunque parezca lo contrario.

    A Don Eduardo García de Enterría le descubrieron llevando 300 millones de pesetas sin declarar a unas cuentas en Suiza, cuestión que entonces era delito. Un serio aviso para los juristas en el sentido de que tendrían que hacer ingentes acopios de valor para oponerse a los dictados del nuevo poder democrático surgido del franquismo. Si eso le pasó a García de Enterría que era el que sabía de derecho administrativo y de hacer leyes, con amigos al más alto nivel, ¿que no podría pasar con los demás que no se plegasen?

    Por supuesto, nadie le prohibió seguir publicando libros y artículos, pero su capacidad de influencia y de denuncia de los abusos del poder quedo reducida a la nada.

    Coetáneamente se produjeron los casos de García Pelayo, Díez Picazo, F.C. Sainz de robles, etc. La inteligencia jurídica Destepaís quedó desmantelada para los restos, quedando reducida la ciencia jurídica a un mero leguleyismo adulador de los deseos del poder. El que suba al carro se forra, el que no, que asuma las consecuencias.

    D.E.P.

  6. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Ennecerus, lo que dices es totalmente cierto, aunque sea con ocasión de un elogio fúnebre. Me interesa sobre todo destacar el doble rasero de medir para los ciudadanos que denuncian los abusos del Poder y para los poderosos. Esto de pedir a los que denuncian las inmunidades del Poder que sean puros y perfectos en una sociedad impura e imperfecta, a la que al fin y al cabo pertenecen y por cuyo rasero nos medimos todos es sencillamente una hipocresía o algo peor, como tú bien dices: una forma de desactivar cualquier crítica y un aviso para navegantes. En todo caso, ahí quedan las enseñanzas de D. Eduardo para los juristas de bien que las quieran utilizar, que ocasiones no les van a faltar.

  7. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Quisiera recomendar la lectura de sus textos sobre La Liébana en Cantabria, de la que procedía (no sé si del pueblo de Enterría) y donde creo descansa en paz, un libro editado por Estudio, así como el opúsculo (misma editorial) sobre la desamortización de los montes en España. Añadiría que, por lo que sé, fue un amante de la montaña hasta edad muy avanzada. Me pregunto por qué, habiendo tenido Profesores de Derecho Administrativo y Académicos como D. Eduardo el Derecho administrativo español es una selva incomprensible e ineficaz, tortuosa, lenta, disparatada, abstrusa, especialmente para el ciudadano. En los Anales de la Real Academia hay textos suyos breves que debemos repasar. Sólo tuve ocasión de verle una vez en su Despacho, por un tema profesional y me hizo plantearme de nuevo el tema de la influencia de los grandes jurisconsultos en las sociedades de su tiempo (para bien y para mal), algo sobre lo que el Sr. Tena debería escribir un post. Pues eso, que los altos farallones calizos de los Picos de Europa le acojan en su seno y a nosotros nos protejan del Derecho elefantiásico y caótico.

  8. A. Sánchez
    A. Sánchez Dice:

    Pena y tristeza causa tambien, apreciado Rodrigo, el retorno del acto político, que obliga a recordar las fundada discrepancia del Profesor García de Enterría, con algunos de sus aventajados descendientes, en su monografía “Democracia, jueces y control de la Administración”, primera edición de Editoria Civitas en 1995, en coincidencia, con el Proyecto de Ley de Reforma de la Jurisdicción Contencioso Administrativa de 1995, que pretendíó recuperar el acto político como exento de control jurisdiccional, retorno a la noche de los tiempos que neutralizó el Profesor García de Enterría.

  9. Panóptico
    Panóptico Dice:

    Sin lugar a dudas, fue uno de los más grandes juristas del pasado reciente. Aunque para mi su discípulo D. Alejandro Nieto, le supera en el aspecto de jurista independiente y crítico con el poder.

    Como decía Encenarus, el famoso Caso Palazon (Diplomático huido a Paraguay que al parecer lideraba con otros nobles personajes una trama de evasión de capitales, que investigo el famoso Juez Lerga) le marco para siempre en el aspecto de relumbre social, puesto que en aquel momento ocupaba el cargo de Magistrado del Tribunal de Derechos Humanos en Estrasburgo.

    Ver los antecedentes de este famoso caso en el BOE del 19-05-1989 (STC. 66/1989) pinchando aquí:

    http://www.boe.es/boe/dias/1989/05/19/pdfs/T00002-00013.pdf

    Salvó este importante lunar, creo que fue un magnífico jurista.

  10. MARIA EUGENIA CARVAJAL
    MARIA EUGENIA CARVAJAL Dice:

    Profundo y sencillo, gran maestro era el Profesor García de Enterría. Aún recuerdo aquellos seminarios de Derecho Administrativo en la Universidad Complutense a los que asistí y en los que tuve la enorme suerte de conocerlo, allá por los años 80. Irradiaba sabiduría, en la profunda seguridad de los conocimientos que impartía. Sin duda, uno de los juristas del siglo XX que no se olvidan.

  11. Javier Serra
    Javier Serra Dice:

    Yo no le conocí, ni siquiera le oí nunca hablar, pero disfrute mucho leyendo su Curso de Derecho Administrativo. Recuerdo muy en particular un sábado en que llegué tarde a casa y ni la hora ni el cansancio ni la merma de mis facultades derivada de mis actividades previas, nada de ello me impidió enfrascarme en una lección y degustar el lenguaje y el contenido de la misma hasta el amanecer. Gracias a este libro y al Curso de Derecho Mercantil de Garrigues le cogí gusto al Derecho. ¿Y lo de que en una ocasión el autor evadiera impuestos? Pues eso enlaza con lo que comentaba recientemente. Es obvio que ese suceso en nada empaña el valor de su obra, que es de lo que se trata. Imagino que a Enterría, cuando trascendió aquella noticia, lo que más le dolería sería eso precisamente: el temor de que alguien lo utilizara como argumento para intentar desprestigiar sus escritos, con la falacia de que “quien obra así, no pueda dar lecciones sobre qué es el Estado de Derecho”. Pues sí las daba, y muy buenas, y las seguirá dando.

Los comentarios están desactivados.