Ataques (de sinceridad) a raíz del anuncio de cierre de Canal 9

El anuncio del cierre de Canal 9 por parte de la Generalitat Valenciana ha tenido una gran repercusión en los medios de comunicación y en las redes sociales. Las televisiones públicas autonómicas (junto con TVE) han vuelto a salir a la palestra y se ha reactivado el debate sobre la conveniencia de mantener estas cadenas particularmente en el contexto de crisis económica que vive el país. Con ocasión del anuncio del cierre, hemos podido leer cifras impactantes: la deuda acumulada de las cadenas autonómicas es de unos 3.000 millones de euros (de los cuales, 1.000 millones corresponden a la autonómica catalana TV 3), el presupuesto de las cadenas autonómicas para este 2013 ha sido de más de 900 millones (el pódium lo conforman Cataluña con 225 millones , Andalucía con 168 millones y País Vasco con 105 millones), en la actualidad solo 4 CCAA no tienen televisión autonómica (Castilla y León, Cantabria, La Rioja y Navarra), etc.

La Generalitat Valenciana ha justificado el cierre por la imposibilidad de readmitir a los trabajadores afectados por un ERE que se aprobó el año pasado y que ahora ha tumbado la justicia. No hay dinero y después de años de despilfarro, no se puede hacer frente a los 228 millones necesarios, “con los que se pueden construir 57 colegios y 60 centros de salud”. Echo en falta una comparativa similar con el concurso de 25 millones que acaba de anunciar la Generalitat para la gestión del aeropuerto (fantasma) de Castellón.

Más allá del debate que se ha reavivado sobre el futuro de las televisiones públicas y de lo acertado o no que nos pueda parecer la decisión de la Generalitat Valenciana, me han llamado la atención las reacciones que, el anuncio de cierre de Canal 9, ha provocado en los principales agentes involucrados: la propia Generalitat, la ex directora general del ente y los trabajadores de la cadena.

El vicepresidente de la Generalitat Valenciana, José Císcar, se sinceró en una rueda de prensa después del pleno del Consell celebrado el 8 de noviembre. Aseguró que “asumimos y pedimos disculpas por los errores de los gobiernos del PP en RTVV” y que “todos somos humanos y todos nos equivocamos”. También añadió que “se ha gastado dinero tanto cuando gobernaba el PSOE como con los gobiernos del PP; pero nadie lo discutió en su momento. Se ha gastado, por ejemplo, dinero en el fútbol pero todos vemos los partidos de ‘Champions’ y todos estábamos de acuerdo”. Y las responsabilidades políticas del asunto en cuestión las despachó con la siguiente frase: “Si una dimisión arreglara la situación de 1.600 trabajadores, no tengan la menor duda de que se produciría, pero no es el caso”.

Se trata de una especie de confesión (un poco tardía eso sí) pero resulta inevitable volver a preguntarse: ¿qué tiene que pasar en España para que un dirigente político dimita?. Tampoco aspiramos a que, de la noche a la mañana, seamos en este aspecto como Reino Unido o Alemania (nuestros dirigentes deben pensar que dimiten por detallitos nimios) pero digo yo que después de anunciar el cierre de un ente público con 24 años de historia, que empleaba a 1.670 personas (con un ERE anulado de por medio) y donde se ha gastado mucho dinero sin aparente control alguien debería asumir alguna responsabilidad política…

La ex directora general de Radio Televisión Valenciana (RTVV), Rosa Vidal, también ha soltado unas cuantas perlas después de presentar su dimisión. Por ejemplo, aseguró que “han intentado injerencias tanto en la gestión como en los informativos” de la sociedad pública y ha admitido “algunas tensiones con algunas personas del entorno de Presidencia que no nos veían con buenos ojos ni a la directora de Informativos ni a mí”. También añadió que cuando llegó a su puesto “no había nadie para hacer el traspaso, ni había documentación en el despacho y el ordenador estaba completamente limpio”. Se agradece la información, ilustrativa sin duda de la triste realidad, la única pega que pondría es que no lo haya denunciado antes de su reciente dimisión.

Y finalmente los trabajadores han tomado el control de la parrilla y han pedido disculpas a los valencianos por los años de manipulación de información que han sufrido, incluyendo sucesos dramáticos como el accidente del metro de Valencia. Los trabajadores de Canal 9 han dado la cara, han pedido perdón por los errores y antes del cierre están intentando contar las verdades que hasta ahora habían sido censuradas. El único “pero” es que si queremos que de verdad cambien las cosas, esta “rebelión” debe hacerse cuando todavía haya margen de actuación, cuando no esté todo perdido, pero es cierto que entonces el riesgo es mucho mayor y cuesta mucho más.

En mi opinión, las televisiones públicas solo deberían mantenerse si  cumplen con tres requisitos:  tener un balance saneado (poca o nula deuda), no generar déficit (desde el año pasado este requisito lo marca la ley) y ejercer responsablemente la función de servicio público que tenga encomendada (cubriendo principalmente el hueco que deje la iniciativa privada).

El problema es cuando el concepto de televisión pública se pervierte y se convierte en un instrumento al servicio del gobierno de turno. Hemos visto las consecuencias en Valencia, en otras CCAA o en la propia TVE: injerencias políticas, plantillas sobredimensionadas, etc, etc . Porque en este país, el poder de la televisión para ganar unas elecciones sigue siendo enorme y la tentación de nuestros políticos para controlar ese cuarto poder va a la par.

12 comentarios
  1. Francast
    Francast Dice:

    Jaime, te felicito por el post. Describes de maravilla un caso más del despilfarro y de la nefasta gestión de los dirigentes políticos. El drama va a ser para las familias que honradamente trabajaban en este ente público y que ahora les va a tocar sufrir una barbaridad para poder encontrar un trabajo. Eso, sí los políticos que lo dirigían además de no asumir responsabilidades encima no tienen que preocuparse por irse a la calle porque en nada de tiempo encontraran por algún amiguete del partido otro trabajo en alguno de los miles de entes públicos que todavía existen y que no valen para nada.

  2. Jaime de Nicolás
    Jaime de Nicolás Dice:

    “¿Asumimos y pedimos disculpas?” ¿pero no dimitimos porque no sirve de nada?

    Por supuesto que sirve que se dimita, no es que sirva, es que es lo obligatorio, lo decente, lo necesario. De hecho, lo contrario, es decir, hemos hecho una gestión nefasta, posiblemente con consecuencias penales, hemos hecho una TV correa del partido, deficitaria, hemos enchufado a todos y no dimite nadie, es un sarcasmo y un insulto.

    Y otro sarcasmo y otro insulto es la pretensión de los periodistas que después de estar toda una vida callando y siendo la voz de su amo, sin cambiar de trabajo, sin protestar, sin nada de nada más que cobrar a fin de mes, ahora se ponen a “denunciar”. Lo primero que tienen que denunciar es a sí mismos.

  3. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    No podemos olvidar que Canal Nou fue, bajo el mandato de Eduardo Zaplana, el canal introductor de la telebasura en España, con el vergonzoso programa “Tómbola”. Los impuestos de los ciudadanos servían para financiar un denigrante programa de despelleje. Pero todo se veía bien entonces y el Sr. Zaplana fue después promocionado por Aznar a ministro de Trabajo. Qué cosas.

    El aznarismo fue un tenebroso cáncer y es incomprensible que alguien pueda preferir a ese chulesco individuo (Aznar) frente al sensato Rajoy, que está consiguiendo sacar a España de la recesión.

    Pero volviendo a Canal Nou, las televisiones autonómicas son un pozo sin fondo en el que entierra el dinero público sin utilidad social, detrayéndolo de los verdaderos servicios como Sanidad o Educación.

    El cierre de Canal Nou, como el previsiblemente próximo de las demás televisiones autonómicas (antros todas ellas de manipulación y sectarismo), es una buena noticia, aunque tengamos que solidarizarnos con los trabajadores despedidos, esperando que, cuanto antes, encuentren un nuevo empleo en el sector privado.

    • Páradox
      Páradox Dice:

      Lucía, ya verás como el “sensato Rajoy” va a hacer para eliminar esos centros de propaganda lo mismo que está haciendo para reducir la Administración, y tantos entes al servicio de sus intereses clientelares: NADA.

  4. Unai
    Unai Dice:

    Me ha parecido nefasto lo que ha hecho la Generalitat con Canal 9 dejándola pudrirse y luego administrándole la eutanasia.

    Tampoco me ha gustado lo que han hecho los trabajadores sacando ahora el tema del accidente del metro y reconociendo mentiras u ocultaciones de la realidad años después y cuando ya saben que los van a despedir sí o sí, mientras les interesó mantener su puesto no tuvieron remordimientos hacia las familias de las víctimas.

  5. David Sotomonte
    David Sotomonte Dice:

    Desde luego el cierre de la TV valenciana ha sacado lo mejor de todos los implicados. Las declaraciones del Vicepresidente de la Generalitat son de traca y confirma que en este país no dimite ni el apuntador.

    En lo único que coincido con la Generalitat es que la mejor decisión es el cierre de la cadena. Otras CCAA deberían tomar ejemplo porque en la mayor parte de los casos las TV públicas están tan politizadas que no tiene sentido seguir malgastando el dinero público en estas cadenas: Canal Sur, Telemadrid, TV 3 deberían desparecer igualmente, pero dudo que los respectivos gobiernos regionales renuncien a semejantes altavoces públicos

  6. Javier Navarro
    Javier Navarro Dice:

    Una entrada muy acertada Sr. Castellano. En este asunto es fácil, cómodo y políticamente correcto ponerse de parte de los cargos y trabajadores de canal nou que ahora denuncian manipulación e injerencias y han estado muchos años sin alzar la voz y mira han tenido medios de hacer llegar sus protestas. Los mismos que tiene ahora.
    En cualquier caso sigo pensando que este país no tiene solución pues si siendo tan clara la innecesariedad de las televisiones públicas con el coste de sus funcionamiento que nos genera, el gobierno de la nación apenas arbitra una medida legislativa o presupuestaria para que desaparezcan las que tengan y generen déficit a la administración. Si con la que está cayendo no se hace ni se quiere hacer me temo que jamás conseguiremos ser un país normal.

  7. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Estoy de acuerdo en casi todo pero no en esto:

    “En mi opinión, las televisiones públicas solo deberían mantenerse si cumplen con tres requisitos: tener un balance saneado (poca o nula deuda), no generar déficit (desde el año pasado este requisito lo marca la ley) y ejercer responsablemente la función de servicio público que tenga encomendada (cubriendo principalmente el hueco que deje la iniciativa privada).”

    Mi opinión es justamente la contraria. Las televisiones públicas no tienen que cubrir ningún hueco. De hecho, hay países y no pocos, que carecen de televisión pública y no son precisamente los más pobres, que en esos en todos hay televisión pública.

    En mi opinión, a lo sumo debería haber un canal de información institucional relativo a la acción de los poderes públicos, siempre que sirviera de cauce bidireccional de comunicación entre los gobernantes y los gobernados. Como esto es imposible, lo mejor sería un canal de TV por internet donde se informara de la actividad ordinaria de los organismos públicos. Todo lo que pase de esto es propaganda,

    En cuanto a presupuestos, siempre se pone el ejemplo de las orquestas de música. Pasando por alto el hecho incontestable de que la música clásica es un producto para minorías, por desgracia y que el lugar idóneo para desarrollar el gusto por la cultura no es otro que la escuela, de donde ha sido expulsado sin miramientos, es de todo punto evidente que los déficits escandalosos no los generan las orquestas.

    El problema no es lo que cuestan, sino la misma concepción de la televisión y la radio como un servicio público, concepción que se diga lo que se diga, choca frontalmente con la libertad de expresión. ¿A alguien se le ocurriría defender que la prensa escrita es un servicio público? ¿O Internet?

    Con la excusa del carácter finito del espacio radioeléctrico se justifica un atroz intervencionismo y los latrocinicios de los políticos socialistas de todos los partidos que pastorean el presupuesto público en post de sus intereses.

    Bienvenido sea el cierre de la TV Valenciana, aunque sea por razones económicas y no de fondo (quieren hacer otra basada en un modelo más “sostenible”)

    La mejor TV pública es la que no existe. Como la mejor prensa pública. Después de ver V de Vendetta se ve mucho más claro.

  8. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Enhorabuena por la entrada, que ya va siendo hora de hablar claro. Aquí los trabajadores descubren el servicio público el día que los echan, y los responsables resulta que no dimiten porque no sirve para devolverles su trabajo. Asombroso, oiga, el blindaje definitivo del cargo y la garantía segura de que a la siguiente volverán a hacer lo mismo, dado que les sale gratis total. A los que nos sale carísimo es a los contribuyentes. Estos señores tenían que dimitir por haber provocado esta ruina y ya me parece que pueden dar gracias si no se les exige responsabilidad jurídica (además de la política) por las decisiones que adoptaron en su momento y que han llevado a esta situación. .

  9. Páradox
    Páradox Dice:

    El mayor error es no haber cerrado esa tele antes. Y mantener a tantas teles públicas a cargo del contribuyente.

  10. Luisa
    Luisa Dice:

    Lo más triste es que se contrató a miles de trabajadores para un servicio innecesario que no aportaba nada. Después se les obligó a sesgar y manipular la información. Tengo un familiar que trabajaba en Onda Madrid, emisora de radio dependiente de la Comunidad de Madrid (como Telemadrid), y ha pasado mucha vergüenza por las tergiversaciones que tenía que hacer. Pero era eso o irse a la calle. De modo que tenía que plegarse a los dictados de los políticos, aunque eso le valiera ser abucheado cuando el 15-M.

    Pues bien, los trabajadores no sólo han sufrido esa ignominia, sino que ahora se les despide. Es una gran injusticia, pero el error de base estuvo en crear unos entes públicos sectarios y manipuladores, que no servían para nada y eran, además, un pozo derrochador sin fondo. (Pensemos en los Consejos de Administración, con sus dietas, etc).

    El cierre de las TVs autonómicas es inevitable, pero nunca debieron ser creadas. Con su creación se detrajeron fondos y mercado publicitario al ámbito privado, que esperemos ahora se recupere, de modo que los trabajadores encuentren pronto nuevo empleo en el sector.

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