Las listas de ciudadanos, Tribuna en “El Mundo” de nuestra coeditora Elisa de la Nuez

 

Hace algunos años me contaron una anécdota sobre dos directores de orquesta, uno ruso y otro inglés. El primero alardeaba de su falta de antisemitismo explicando que tenía un gran número de judíos entre sus músicos. El segundo le escuchaba pacientemente. Al final el ruso le preguntó:  ¿y usted, cuantos músicos judíos tiene en su orquesta? El inglés le contestó: No lo sé.

Como nos recuerdan los psicólogos sociales, establecer categorías de  seres humanos (negros y blancos, judíos y gentiles, rojos y azules, catalanes y españoles) es el primer paso para empezar a discriminarlos, resaltando lo que es distinto y difuminando lo que es común. En España hemos redescubierto hace poco, gracias a nuestra partitocracia, una categoría que pensábamos haber superado felizmente desde hace unas décadas: la de los afectos y desafectos.

Efectivamente, uno de los síntomas más graves de la degeneración de nuestra democracia es la aparición, bajo distintos nombres y formatos, de listas y archivos de ciudadano elaboradas directa o indirectamente por o para los Poderes Públicos. Por ahora, el caso más grave que ha salido a la luz es el de los ficheros o listas negras del CESICAT, la Fundación dependiente de la Generalitat,que además de vulnerar unas cuantas normas legales y varios principios constitucionales, revela una concepción profundamente antidemocrática de la sociedad. Y es que en esto de la ocupación totalitaria de la sociedad civil y del desprecio hacia el Estado de Derecho Cataluña está decididamente a la cabeza del resto de España. Pero esta conducta también una cierta ingenuidad, pues hasta tenían previsto hacer “listas blancas”, es decir, la de los buenos ciudadanos catalanistas y secesionistas, o simplemente la de los que apoyan al Poder establecido o le tienen miedo, que todo pudiera ser. Se ve que al President Mas, a diferencia del presidente Rajoy, no le basta la mayoría silenciosa y prefiere que la gente se retrate.

Y digo ingenuidad porque no hace falta elaborar una lista “blanca” oficial y con sellos de ciudadanos afectos –lo que no deja de ser una práctica bastante sospechosa en un país supuestamente democrático, por no hablar del tufillo franquista-  cuando funcionan de maravilla las extraoficiales y no solo en Cataluña.  Porque en España hoy es muy importante saber si los periodistas, economistas, abogados, funcionarios, profesores, proveedores, autónomos, empresarios, escritores, etc, etc son o no  “de confianza” por usar una expresión que le oí una vez a un dirigente político de los que ahora gobiernan. Porque si eres “de confianza” –por buen profesional que seas- estás dispuesto a callarte frente a los abusos y los atropellos, las tonterías y las falsedades, las ilegalidades y los delitos siempre que proceden de tu propio bando –o banda- claro.  Es más, incluso estás dispuesto a colaborar activa o pasivamente para que puedan cometerse los desmanes mirando para otro lado, echando balones fuera  o incluso tapando las vergüenzas con informes “técnicos” que dan mucha vergüenza, como el reciente de la AEAT explicando que la Infanta no puede cometer delito fiscal por mucho que se empeñe, cosas de la sangre azul.

Si eres “de confianza” te limitarás, como mucho, a comentar en voz baja los casos donde se les ha ido un poco la mano a los tuyos, siempre en espacios cerrados y no públicos y a otra gente “de confianza” igualmente discreta. Por supuesto, jamás dirás nada en alto y en público a las personas responsables del desastre o/y que podrían hacer algo por remediarlo que frecuentemente suelen ser las mismas. A esto en España se le llama “lealtad”. No hace falta decir que la lealtad así entendida le viene estupendamente bien al leal, por lo cómoda que resulta y por los buenos réditos que da. Aunque mucho mejor le viene al que manda, al que nunca le falta gente experta y con solvencia profesional y técnica para avalar cualquier disparate, arbitrariedad o  abuso.

En fin, que en España trae cuenta quedarse callado y no denunciar las malas prácticas de los que mandan. Y todavía trae más cuenta ser cómplice. Así que hay mucha gente que podría entrar cómodamente en la lista “blanca” de los ciudadanos afectos al régimen, como hace unas cuantas décadas, por la sencilla razón de que así se vive muchísimo mejor, exactamente igual que entonces. Así se consiguen contratos, te hacen favores, te nombran para comisiones, te dan premios, te invitan a saraos con gente importante, te dan subvenciones, te ascienden. Eres el último al que echan de los sitios. Incluso se puede encontrar trabajo en los tiempos que corren, que ya es decir. Por esa razón estas listas no hacen tanta falta, porque casi todo el mundo está ahí por defecto. Eso sí, no todo el mundo con los mismos méritos, eso es verdad.

Porque ya puestos a hacer distinciones que tengan más sentido en las “listas blancas” podemos distinguir varios subgrupos. Tenemos a aquellas personas que se rasgan las vestiduras ante la inmoralidad y la injusticia, pero solo cuando viene del adversario. Digamos que padecen una especie de ceguera moral selectiva, solo son capaces de discernir la corrupción y las malas prácticas cuando no provienen del grupo al que se pertenece. Lo que por cierto resulta también bastante cómodo, dado que lo más difícil del mundo es precisamente denunciar la incompetencia y la corrupción de los afines como nos recuerda Muñoz Molina en “Todo lo que parecía sólido”. Y hasta los oponentes te respetan, porque al fin y al cabo demuestras que conoces las reglas del juego, aunque seas del equipo contrario. Que no vienes a reventar el partido, en suma.

Luego están los “técnicos”. En esta nutrida categoría tenemos no solo a los servidores públicos que nunca ven las malas prácticas o las ilegalidades hasta el día que les revientan en la cara –como los profesionales de Canal Nou, vamos, que se dieron cuenta de que estaban haciendo propaganda y no información el mismo día en que les echaron- sino también a los numerosos profesionales y expertos que “no se quieren meter en política”. El no meterse en política equivale, más o menos, a  tragarse lo que haga falta, como por ejemplo hacer una auditoría a una caja de Ahorros dos minutos antes de que quiebre sin notar nada raro, aunque, eso sí, a cambio de una remuneración razonable, o el organizar seminarios y conferencias sobre transparencia y corrupción donde está mal visto hablar de casos muy concretos y reales de corrupción y opacidad que afectan a los organizadores. Después tenemos a la mayoría más que silenciosa, resignada del tipo “esto es lo que hay” o como diría el Ministro Montoro “Esto es España”. Los que creen que no se puede hacer nada y que todos son iguales así que para qué molestarse. Por último están también a los que han decidido que hay que hacer algo, sí, pero que lo tienen que hacer otros por ellos, por si la cosa sale mal.

Por último, en una categoría aparte y muy superior –de afectos entusiastas, podría decirse- habría que encuadrar a los militantes y colocados de los partidos, que son capaces de decir, por ejemplo, que han firmado un recibí de dinero por no recibir dinero delante de un Juez sin que les de la risa o los que firman el informe de una Comisión de Investigación sobre la tragedia del Madrid Arena concluyendo que no hay más responsabilidad del Ayuntamiento que la asumida voluntariamente por un vicealcalde por “autoexigencia ética”, aunque acabe de ser imputado y sea inmediatamente recolocado.

Porque, si vamos a tener listas, a mí por lo menos me gustaría conocer los nombres, apellidos, cargos y cv de esas personas que amparándose bajo el paraguas de instituciones y colectivos (la AEAT, la Fiscalía, la Comisión de Investigación, el Consejo de Administración o lo que sea)  son capaces de afirmar que las infantas “delinquere non potest” o que nombran para ocupar un cargo directivo en el sector público una persona sin ninguna experiencia previa pero con vínculos con el partido. Me parece que desde un punto de vista de calidad democrático no hay color con las otras. Se ganaría mucho en transparencia y hasta en vergüenza torera.

Y luego están las listas negras, en la que estamos gente como la autora de estas líneas y los lectores que están de acuerdo con ellas. A mucha honra.

13 comentarios
  1. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Las listas que refieres solo pueden existir en un país del tipo al que que describió Antonio Muñoz Molina en su discurso en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2013:

    “Es difícil hablar de la perseverancia y el gusto del trabajo en un país en el que tantos millones de personas carecen angustiosamente de él. Es casi frívolo divagar sobre la falta de correspondencia entre el mérito y el éxito en literatura en un mundo donde los que trabajan ven menguados sus salarios mientras los más pudientes aumentan obscenamente sus beneficios, en un país asolado por una crisis cuyos responsables quedan impunes mientras sus víctimas no reciben justicia, donde la rectitud y la tarea bien hecha tantas veces cuentan menos que la trampa o la conexión clientelar; un país donde las formas más contemporáneas de demagogia han reverdecido el antiguo desprecio por el trabajo intelectual y conocimiento”.

  2. JJGF
    JJGF Dice:

    Elisa, si Mariano, Montoro y sus redes afines te quitaran de la lista de los “malos” es que estarías empezando a corromperte.

    Ladran, luego cabalgamos.

  3. Vicente
    Vicente Dice:

    He llegado a esta página gracias a la profesora Del Carpio. Excelente artículo. En mi opinión faltaría una mención al sujeto: ¿Quién hace las listas…? Normalmente los listos afectos a la causa.

    Saludos desde Valencia

  4. FBR
    FBR Dice:

    Como sigan por este camino, el problema no va a estar en las listas que ellos hagan de sus ciudadanos, sino en las listas que los ciudadanos hagan de ellos. Algunos ya deben haber empezado a hacer una que creo que la llaman “lista Robespierre”, en honor al inspirador. Acaban llevando a los pueblos al extremo.

  5. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    Un placer leer el post de Elisa tan lúcida como siempre. Si estoy en la misma lista que tú, una satisfacción.

    El otro día estaba con un amigo, afiliado a un partido político y yo le comentaba lo mal que lo estaba haciendo su partido, él sin inmutarse me contesto; “No sigas por ahí, yo no voy a criticar a los míos bastante los critican la derecha”. Mi amigo esta en una lista y no quiere salirse del guión que le marca la propaganda del partido, es un hombre inteligente, culto y con una extensa formación académica ¿Como puede renuncia al sano ejercicio del debate?

    En la misma conversación me confeso que cuando va a un mitin de un dirigente del partido va con la misma devoción con la que va a misa un católico y recibe el mensaje como un acto de fé.

    Desde el momento que una persona pierde el criterio por no salirse de la lista esta perdiendo su ser racional, está perdiendo su esencia y abandonando esa integridad que nos lleva a actuar de acuerdo con lo que pensamos.

    • Teilhard
      Teilhard Dice:

      Tiene dicho Spinoza de un modo enigmático: “nadie sabe lo que puede un cuerpo” y eso que por aquel entonces aún una mujer no había ganado dos premios Nobel y nadie se había arrojado desde un globo desde la estratosfera. Por eso toda clasificación, en cualquier “lista” es de por sí injusta y no puede tener otro interés que la manipulación.

      En este país medieval de la “devotio” en en tantas cosas existe una lista especialmente protegida, tanto es así que queda excluida de los derechos de rectificación establecidos para otras en la Ley de Protección de Datos. Me refiero a las listas parroquiales de bautizados. Lista a la que uno se incorpora sin consentimiento válido, pero de la que no puede borrarse sin grande sacrificios y penurias. Tal es así que no se sabe de político alguno que lo haya hecho.

      Y supuestamente quien está en esa lista es porque acepta y defiende la doctrina de las jerarquías que las confecciona. Esa misma que dice que la mujer debe ser “sumisa”; del latín sub-missere. (Ponerse debajo). Y lo dice desde las más altas instancias, desde los púlpitos y los medios públicos y a sabiendas del sentido popular de esa palabra.

      Y nadie se ha movido de la lista. Quien este libré de refugiarse en una lista que tire la primera piedra.

  6. maria jesus
    maria jesus Dice:

    Gracias por expresar estas reflexiones en voz alta y de manera tan clara
    como ha dicho otro comrntarista , ojalá las listas negras crezcan sin parar
    un saludo

  7. maria
    maria Dice:

    hay un grupo, que en ocasiones también nutre el de las listas negras, lo forman aquellos que quisieron ser Altos cargos y no lo consiguieron. Desde entonces actúan por despecho criticando todo y a todos sin ser capaces de ver nada bueno. Si encima tienen buena formación, se convierten en “boceros” influyentes. Lo que no evita que en el fondo estén tan emponzoñados como aquellos a los que critican.

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