La crisis institucional llega a la Agencia Tributaria.

Entre los sitios de los que mejor recuerdo profesional guardo se encuentra la Agencia Tributaria, en donde tuve el cargo de Subdirectora de Asuntos Consultivos y Contenciosos de su Servicio Jurídico desde el año 1997 al 2000. Lo comento porque no solo el ambiente era excelente, la profesionalidad y el rigor la regla general y la colaboración y la responsabilidad  la norma, si no porque jamás nadie me hizo ninguna indicación que no fuera procedente sobre ningún asunto, por importante que fuera. Y los había. Para que se me entienda bien por indicación “no procedente” entiendo política, y por política entiendo instrucciones que no responden a criterios profesionales y no respetan el ordenamiento jurídico y los procedimientos establecidos para hacerla cumplir.

Se ve que las cosas han cambiado mucho desde entonces y no precisamente para bien. Ya me lo habían comentado en privado alguno de los amigos y buenos profesionales que todavía tengo allí. Por eso me ha sorprendido menos que al común de los mortales las numerosas noticias aparecidas en estos días que revelan que el funcionamiento de la AEAT es cada vez menos profesional y está cada vez más politizado, dos fenómenos que suelen ir en paralelo. Los incidentes o mejor dicho los escándalos –aunque sean o menos con sordina- se suceden. Ruedan las cabezas, es decir, cesan a los  nombrados por libre designación (en la Agencia muchos de los puestos tienen este carácter, lo que también ocurría cuando yo estaba allí, por cierto) por la libérrima voluntad de quien los nombró, sin más. No hay que justificar ningún cese (supongo que tampoco ningún nombramiento) y reina la arbitrariedad más absoluta confundida muy interesadamente con la discrecionalidad. No en vano acaba de morir el profesor García de Enterría que nos enseñó a varias generaciones de juristas a distinguir la una de la otra y que la arbitrariedad está proscrita en un estado de Derecho digno de tal nombre. Quizá eso explique que la cúpula directiva de la AEAT, pese a sostener que puede cesar a quien quiera, como quiera, por lo que quiera y cuando quiera prefiera hablar de reorganizaciones” para justificar los ceses de personas que no se adaptan a los nuevos tiempos. 

Podemos tomar como ejemplo el caso Cemex, que ya ha sido comentado ampliamente por los medios aquí o aquí.  Con independencia del tema de fondo, que desconozco, toda la historia revela una degeneración en el funcionamiento de la institución que es muy preocupante. Simplemente haremos hincapié en el hecho de que se destituye a una inspectora fulminantemente por actuar como lo haría cualquier Inspector de Hacienda. Se trata de la Jefa Adjunta de la Oficina Técnica de Dependencia de Control Tributario de la Delegación de Grandes Contribuyentes cuyo jefe, Ignacio Ucelay, ha dimitido al parecer por considerar improcedente el cese de su subordinada. También, según las noticias, un colectivo de inspectores pidió explicaciones por tan anómalo cese, explicaciones que, al parecer, no resultaron muy satisfactorias.

Porque, con independencia de si las liquidaciones  tributarias y las eventuales sanciones que se han aprobado en el caso Cemex son o no las pertinentes, lo cierto es que al resolver un recurso de reposición contra una liquidación tributaria si  el reclamante (en este caso Cemex) no aporta alegaciones, justificaciones o elementos de prueba distintas de las ya esgrimidas frente al acta de la Inspección de los Tributos y que esta ya ha desestimado, lo que hace siempre la Inspección en estos casos es confirmar la liquidación tributaria, como hizo la Inspectora destituida. Es decir, cualquier Inspector en su caso hubiera hecho lo mismo una vez que ya se había practicado la liquidación contra el criterio de la empresa confirmando el acta de la Inspección (que es solo una propuesta). Esto no quiere decir que se termine aquí el asunto, ya que queda expedita para recurrir la vía económico-administrativa y posteriormente la judicial. No le den más vueltas, las cosas en la AEAT se hacían tradicionalmente como les he contado. Salvo ahora. La pregunta es muy sencilla ¿por qué? Pues probablemente porque como venimos denunciando en este blog desde hace ya tres años hay personas y empresas en España que están por encima de la Ley.  Y son las que mandan.

Para rematar el lamentable desprestigio de una institución que ha sido una de las joyas de la Corona del Estado de Derecho tenemos el asunto de la Corona (de la otra). Hablamos de la defensa numantina de la Infanta Cristina (como ya escribí en otro sitio en España está claro que las infantas no pueden delinquir, por mucho empeño que pongan) que está siendo de una torpeza casi infinita. Efectivamente, esta actuación deslegitima a dos instituciones al precio de una, la monarquía –bastante tocada por cierto- y lo que me parece más grave -porque no lo estaba hasta ahora- a la propia Agencia. De este culebrón con sus imputaciones y sus desimputaciones, incluidos los recursos de por medio nada menos que de la Fiscalía, lo nunca visto, y de la Abogacía del Estado, que se supone que defiende los intereses del Estado (que conviene no confundir con la Jefatura del Estado) sobre el que ya hemos escrito nos quedamos con la –por ahora-  última escena de la tragicomedia: admisión de facturas simuladas como gastos deducibles para no llegar al límite de 120.000 euros en cuota. ¿Alguien da más? Si, el Ministro Cristobal Montoro, responsable de la AEAT que justifica los ceses de la cúpula destituida porque eran todos socialistas. Eso sí, seguro que en los nuevos nombramientos empezando por el del Director de la AEAT no se han tenido en cuenta otros criterios que los profesionales.

Las reacciones (hasta ahora) de los colectivos profesionales afectados (Inspectores de Hacienda y técnicos de Hacienda) han ido desde la prudencia hasta el desahogo. Por supuesto, no han faltado tampoco las voces habituales que achacan el malestar de estos colectivos a que los altos cargos destituidos o dimisionarios tienen carnet del PSOE, o estaban dentro de su órbita o tienen amistad con ellos… ya saben, lo de siempre, nunca falta una explicación o justificación de este tipo –los enemigos políticos nos atacan- precisamente cuando no hay otros argumentos. Las declaraciones del Director General de la AEAT, Santiago Menendez  (hermano de Adolfo Menendez, casualmente Secretario General de la Fundación Príncipe de Asturias)  con tirón de orejas a sus inspectores “desafectos” incluidos no tiene desperdicio.  Merece la pena leerlas aquí. Según el Director de la AEAT para recaudar más nada como una amnistía fiscal. Y también recuerda a los Inspectores que no se obsesionen con los grandes contribuyentes. Se ve que es mejor o por lo menos más cómodo inspeccionar a los pequeñitos, que no dan guerra y pagan sin rechistar.  Ah, y que deje la Inspección de quejarse de falta de medios, que ya aburre.

A estas alturas no estaría de más recordar que la AEAT no es de ningún partido, ni del PP ni del PSOE, y ni siquiera es de  la Jefatura del Esado. Es del Estado español, es decir, de los ciudadanos españoles. Y sus funcionarios a quien deben lealtad es a la institución, cuyo objetivo es recaudar nuestros impuestos, defender los intereses de la Hacienda Pública y sobre todo aplicar las leyes fiscales vigentes, respetando los principios constitucionales.de igualdad, generalidad, capacidad económica y no confiscatoriedad de los tributos, consagrados en el art.31.1 de la Constitución.

Tengan por cierto que muchos de los que conocen de primera mano los últimos casos tienen la misma opinión que yo, o incluso piensan que me quedo corta. En todo caso, me temo que no sirve de mucho que manifiesten su malestar en privado o que se exilien interiormente o sigan con el día a día como si nada hubiera cambiado. Otros apuntan a que el problema se acabaría haciendo desaparecer de una vez los puestos de libre designación. El problema es que no parece que quien tiene el poder de hacerlo esté muy dispuesto a desocupar voluntariamente el terreno conquistado.

Pues bien, a mi juicio este tipo de actitudes –muy frecuentes en los colectivos de los funcionarios más cualificados de la Administración- es un problema grave para impulsar la imprescindible regeneración institucional. Nadie debería tener más interés en defender la legitimidad, el buen nombre y el funcionamiento profesional de una institución que los funcionarios y técnicos que trabajan en ella. Entonces conseguirían, no lo duden, el apoyo y el respeto de la ciudadanía.

Pero todavía hay esperanza. Ha habido dimisiones en la AEAT y estas dimisiones han hecho mucho ruido.  Recientemente hemos tenido también la del Director de Inspección  Estas personas dimiten por dignidad profesional, pero su dignidad es la de la institución y la nuestra. Aquí tienen su carta. De verdad, si hay más personas como ellos, ganamos la partida.  Desde el blog nuestro admiración y nuestro apoyo.

17 comentarios
  1. Anábasis
    Anábasis Dice:

    A mi lo que me preocupa es que nunca sabremos si la consultoría del hermano del Ministro Montoro y del Sr. Martínez Rico ha jugado algún papel en esta historia. Y creo que es lamentable para nosotros, para ellos, para el Ministro y para el PP, porque circulan rumores que pueden no tener ningún fundamento pero que causan grave daño y desafección ciudadana. Por eso mismo, en un blog que tanto habla de transparencia como el suyo, considero imprescindible tratar de la transparencia en las empresas privadas, por lo menos en las empresas en las que han trabajado ministros y siguen trabajando familiares y amigos. Nos gustaría saber la cartera de clientes de estas empresas y su facturación. De hecho creo que la iniciativa debería partir de los propios interesados, pues en su caso tendría un interés máximo en despejar cualquier duda al respecto. Ya sé, me van a decir, menuda ingenuidad, eso es como pedir la contabilidad del PP y esperar que te den la buena. Sí, cierto, pero algo es algo, y siempre nos quedará el juez Ruz.

    • Jesús Casas
      Jesús Casas Dice:

      Buen punto! Véase por ejemplo en el “Expansión” de hoy, seccion “Jurídico” quién dice qué. El tema de los “Consejos Asesores” y el cabildeo y algunas funciones extrajurídicas de ciertos Despachos de abogados, aquí y en todas partes, no deja de ser de primario interés.

  2. IRENE
    IRENE Dice:

    Aquí hay otra carta del Director de Inspección, a diferencia de la enlazada en el artículo, firmada de puño y letra por el propio Luis Jones, en la que se explica que las discrepancias que han dado lugar a su cese “no tiene relación alguna con la actuación de la inspección en NINGÚN expediente o caso concreto, ni con NINGÚN intento de injerencia ni de carácter político ni de NINGÚN otro tipo en las actuaciones de inspección”.

    http://estaticos.expansion.com/opinion/documentosWeb/2013/12/04/comunicadoaeat.pdf

    La verdad, yo no sé qué pensar: si creer al propio interesado o lo que la prensa cree que es la opinión del propio interesado.

  3. Diego
    Diego Dice:

    Enhorabuena por el artículo, y gracias por tener la valentía de decir los que muchos callan y asumen. Mi ánimo a esos funcionarios de la AEAT que aún con mil presiones continúan haciendo lo que tienen que hacer, anteponiendo su deber a su bienestar laboral. Lo fácil es decir/hacer lo que otros quieren oir/ver.

  4. Alfonso
    Alfonso Dice:

    Las dimisiones me parecen bien. Es un gesto de decencia y honradez. Pero verán ustedes, a mí lo que me preocupa es lo siguiente, y me gustaría que lo trataran aquí aunque no sea una cuestióne estrictamente relacionada con la ley.
    Caso 1: ocurre algo relacionado con un alto cargo que pone en cuestión su valía profesional, su competencia, su honestidad o su independencia. Alto cargo dimite por entender que lo que ha ocurrido efectivamente no debería haber ocurrido, y siendo resposabilidad suya y como forma de reconocer esto, abandona su puesto para que algún otro pueda arreglar lo que está mal sin la carga de tener constantemente la sombra de la duda sobre sus decisiones, por si están influencuiadas por lo que ya ha ocurrido.
    Caso 2: ocurre algo relacionado con un alto cargo que pone en cuestión su valía profesional, su competencia, su honestidad o su independencia. Alto cargo se aferra a su puesto y no dimite, puesto que entiende que lo que ha ocurrido no ha sido debido a su falta de capacidad, incompetencia, deshonestidad o falta de independencia.

    Paradójicamente, una sociedad sana sale perdiendo en el primer caso, porque pierde a alguien que por lo menos es capaz de reconocer su error. Se quedan los inútiles, los que no tienen vergüenza o los que están ahí para servir a otros intereses. Se van los independientes, los que tienen ética o principios o capacidad para discernir si lo han hecho mal o bien. Se quedan los peores. Dimiten los mejores.

    ¿Cómo arreglamos esto? Soy el primero que pide que se vayan cuando se demuestra, o existen indicios fuertes, que no valen para estar donde están. Sin embargo, el resultado final es que se van los que más valían para hacer esa labor, y se quedan los peores, los más impresentables, los más serviles.

    O sea que esa saludable tradición en otros países de la dimisión ¿es contraproducente? ¿Dónde me equivoco?

    • José Enrique Gomá
      José Enrique Gomá Dice:

      No me queda claro si quien practicó la liquidación fue la propia jefa adjunta de la oficina técnica, etc u otro inspector.

  5. Anselmo
    Anselmo Dice:

    Recuerdo q en otras ocasiones los técnicos de hacienda se pusieron en huelga por motivos menos relevantes. ¿Por qué no ahora?

  6. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Gracias a todos por los comentarios. Jose Enrique, la verdad es que no sé si la actuaria era la misma Inspectora, lo he preguntado y espero que me contesten. Irene tiendo a quedarme con la primera carta (por más espontánea) que la segunda, pero gracias por el link, en todo caso con independencia de que la dimisión se deba o no a los casos concretos del post, parece claro que se debe a disensiones con el Director de la AEAT en cuanto a su política de personal, por decirlo elegantemente. Alfonso, es muy importante que se dimita por dignidad profesional, porque se pone de relieve ante la opinión pública (y ante el propio colectivo profesional) el problema que vive la Institución. La idea es que el ejemplo prenda y el colectivo profesional se movilice y que la ciudadanía se entere de como funcionan las cosas por dentro. No sé si pasará o no pero creo que no queda otra opción que intentarlo.

  7. Pepe Muñiz
    Pepe Muñiz Dice:

    Estoy de acuerdo, en general, con las opiniones de la autora. Sin embargo no puedo estarlo con la cita a García de Enterría, quien, además de otras cosas, nos enseñó que incluso una eminencia puede ser evasor de divisas. Lo peor fue su defensa; pese a sus muchos conocimientos, si no recuerdo mal, optó por lo sencillo: el hueco legal, si algo se hace antes o después de tal fecha (pero se hace), con una variante imaginativa: él, en realidad no era un evasor, sino un adelantado, ya que la libertad de circulación de capitales estaba al caer, como así fue, más o menos cuando se le juzgaba. Y se libró de la trena. Un Cemex de antaño, cita inadecuada.

  8. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Pepe Muñiz, no desconociendo el episodio que comenta, creo que esto no quita importancia a la contribución del profesor García de Enterria al Derecho administrativo español y a la lucha contra las inmunidades del poder. Todos cometemos errores, está claro.

    • JJGF
      JJGF Dice:

      Aunque es salirse de este post, y comentar el de ayer sobre transparencia y ejemplaridad, lo dicho sobre Enterría permite hacer un matiz a Elisa y a Fernando, utilizando además palabras del propio Javier Gomá, ayer invocado:
      No hay personas ejemplares sino comportamientos ejemplares.

      Todos cometemos errores, como dice Elisa, y por ello no se puede considerar ejemplar más que las actitudes o comportamientos de la persona que verdaderamente lo sean. Porque otros no lo serán, ni en Enterría, ni en el Papa de Roma, como el mismo reconoce.

  9. Maria
    Maria Dice:

    Buenas. ¿Evadir impuestos es un error, o un acto pensado libremente y con conocimiento (catedrático) de lo “alegal” del mismo? Y otra cosa, el gran mal de la AEAT y la Admon. en general es la usurpación del concepto de “libre designación”. Todos los congresos anuales de los Inspectores reclaman en sus conclusiones que se aborde el asunto, por poner en entredicho la independencia al aceptar el puesto. Ese y no otro es el meollo del asunto ¿por qué no se rechazan los puestos que se ofrecen bajo este paragüas de la discrecionalidad que es la libre designación? Si la mayoría lo hiciese el tema estaría inmediatamente en el Congreso. Gracias.

  10. Cris
    Cris Dice:

    Excelente artículo, aunque me ha costado leerlo del tirón por la mala puntuación y las faltas que se han colado, que alguna hay. Soy inspectora y sé cómo está la cosa, aunque mala solución veo yo…

  11. Confuso
    Confuso Dice:

    La referencia a Adolfo Menéndez hermano de Santiago esta fuera de lugar a no ser que el Blog haya tomado el rumbo de los ecos de sociedad,chismorreo o similar.

  12. María José
    María José Dice:

    Buen artículo, pero yo, a falta de mas información, sigo pensando que la inspección de hacienda en los últimos años mas está pecando de barrer para el bolsillo de los inspectores que para el cumplimiento de la legalidad vigente. El caso es recaudar sea como sea para que se cumplan los objetivos. Si se aplican criterios absurdos es lo de menos.
    Pero claro, cuando llegan los Cemex y las Infantas ese procedimiento no sirve. Ojalá hubiera alguien que levantara la mano a favor del contribuyente honrado al que se le levantan actas infumables y se ha de pasar cinco años discutiendo. Tal vez la solución sería restar de los objetivos el importe de todas las cantidades tumbadas por los tribunales, incluidas las sanciones.

  13. Aloe
    Aloe Dice:

    La Agencia Tributaria padece los mismos defectos que -en diverso grado- las organizaciones administrativas españolas en general. Sin embargo, por distintas razones (quizá por necesitar un rigor y una eficiencia para funcionar sin la cual otras organizaciones administrativas pueden pasarse, pero esta no) ha tenido una imagen pública de imparcialidad, y de no estar vendida a los intereses políticos o económicos del momento, que pienso que estaba bastante justificada.

    Pero no hay prestigio ni imagen que aguante mucho tiempo cuando el sectarismo y los intereses a corto plazo se sobreponen a la prioridad de mantener el Estado de Derecho y la imparcialidad de las instituciones que tienen su parte en el control de la legalidad.

    Lo único que queda es esperar que los desmanes no salgan gratis y escarmienten a otros en el futuro. Pero de momento, lo que hay es un desaliento considerable.

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