Hacia un nuevo orden internacional político, económico y financiero

En la conciencia predominante de nuestros días, como ya ocurrió en los alegres años de la Belle Époque (que comprendió los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, hasta 1914), entre los diseñadores y sustentadores del sistema económico internacional prevalece la decidida voluntad de promover el comercio y la inversión exterior como vía para generar riqueza y prosperidad.

La superación de las fronteras y las barreras nacionales está de moda, por lo que la apelación a las limitaciones al libre comercio puede llegar a parecer incluso obscena.

Tomemos como ejemplo la libre circulación de personas, capitales, bienes y servicios en la Unión Europea, o las políticas seguidas por el Fondo Monetario Internacional en las últimas décadas, primero volcadas en América Latina y, más recientemente, quien lo iba a decir, en los países de la vieja Europa (Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre), España incluida.

Como efecto reflejo surgen diversas tensiones o contradicciones, de las que apuntamos solamente un par de ellas. De entrada, el molde del Estado nacional, liberal y decimonónico se ha quedado pequeño, siendo imprescindible el engarce con lo global, o, al menos, con lo regional, para evitar que las naciones queden reducidas a la condición de paria. Por eso, sorprende la existencia de movimientos centrífugos y disgregadores, más propios de otra época.

Además, los flujos de capital y el comercio ya no siguen el sentido periferia-centro, sustentados en los raíles coloniales o poscoloniales, originariamente trazados en la bismarckiana Conferencia de Berlín de 1885, sino que ahora también pueden ser centro-periferia (por ejemplo, vía pago de intereses por la suscripción de deuda soberana) o periferia-periferia (o sea, que para ir desde China a África o América Latina no tiene sentido pasar por Europa).

Las antiguas colonias y dominios occidentales han «superado al maestro», y ya no son parte pasiva de unas relaciones económicas y comerciales de las que siempre se les ha mantenido apartados, o en las que se han limitado a participar con la aportación de materias primas, productos semielaborados o energía.

Una clara muestra de cómo se ha invertido la tendencia histórica de las últimas centurias la proporciona el mapa que incorporamos más abajo, tomado de BBVA Research[1], que refleja la contribución al crecimiento mundial en el período 2011-2021.

La previsión es que los polos históricos impulsores del desarrollo aportarán muy poco al crecimiento global: Norteamérica el 10,5% del total, Europa el 5,8%, Japón el 1,8% y Australia/Nueva Zelanda el 1%.

En cambio, Asia, Japón excluido, con el liderazgo de China e India, aportará el 57,9% de la generación de riqueza mundial en el decenio, lo que confirma la inminente prescindibilidad de nuestro Mare Nóstrum, la accesoriedad del eje atlántico, cuyo «reinado» ha durado desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, y la emergencia de una nueva zona de influencia a lo largo del Pacífico, que es donde se batirá el cobre en el porvenir.

América Latina y África seguirán definiéndose en los próximos años, con los regímenes populistas, por un lado, y la «primavera árabe» y la desestabilización del centro del continente, por el otro. Rusia, al acecho, no se termina de desprender de su calculada ambigüedad, a medio camino de Europa y Asia.

Los países emergentes, que se sintetizan en el acrónimo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) pero que van más allá de él, como veremos, demandan una mayor participación en las nuevas estructuras del poder económico y político que se irán decantando a lo largo del primer cuarto del siglo XXI, lo que es lógico si prestamos atención a las nuevas cuotas de poderío económico y comercial.

La arquitectura del poder monetario, comercial y financiero trazada por los Aliados, con la incontestable preeminencia de los Estados Unidos y, en menor medida, del Reino Unido, en 1944 (los conocidos como «pactos de Bretton Woods», en recuerdo del Hotel, en New Hampshire —Estados Unidos— donde tuvieron lugar las reuniones), tras varias crisis de importancia, como la salida de los Estados Unidos del patrón oro en 1971, ya no sirve.

Estas estructuras de poder, junto con el poder político detentado por Occidente, con el tirón indiscutible de los Estados Unidos, quedaron validadas de hecho, sin un rival que pudiera servir de contrapeso o inducir a una reflexión sobre sus potencialidades, debilidades y retos, con la caída del muro de Berlín y la descomposición soviética entre 1989 y 1991. En cualquier caso, la virtual alternativa, mientras duró, no dejaba de ser, asimismo, de extracción netamente europea.

La última etapa de expansión del capitalismo occidental se inició justo a continuación del derrumbe de la URSS y se detuvo súbitamente en 2007 con el comienzo de la crisis financiera, por lo que, ahora sí, toca recomponer la tarta y repartir el pastel, invitando a los nuevos participantes.

A finales de 2010, BBVA Research acuñó el acrónimo EAGLEs para referirse a las Emerging and Growth-Leading Economies, es decir, las economías emergentes que lideran el crecimiento global. Los nueve EAGLEs confirmados en 2013 como tales son China, India, Indonesia, Brasil, Rusia, Corea, Turquía, México y Taiwán, esto es, los BRIC y algunos más.

Se debe seguir de cerca por su potencialidad a los países que BBVA Research incluye en el llamado «nido», que son: Egipto, Nigeria, Tailandia, Colombia, Vietnam, Malasia, Polonia, Bangladesh, Sudáfrica, Filipinas, Perú, Argentina, Pakistán y Chile.

Se puede tomar como referencia del inicio de las más recientes y relevantes transformaciones económicas, como acta fundacional del capitalismo global del nuevo milenio, la Cumbre del G-20 de Washington, celebrada el 15 de noviembre de 2008.

En este foro gubernamental, que se reúne de forma periódica desde entonces, la más reciente de cuyas sesiones se celebró, en septiembre de 2013, en San Petersburgo[2], se integran, sin limitación geográfica, representantes de los países industrializados, de los de nueva industrialización y de la Unión Europea y Rusia.

Fruto de la reunión inaugural de Washington se emitió la «Declaración de la cumbre sobre los mercados financieros y la economía mundial», en la que se reafirma la fe en los principios del mercado, en el comercio, en la inversión sin trabas y en los mercados financieros como camino para llegar al crecimiento económico, el empleo y la reducción de la pobreza, desde nuevos imperativos de mejor regulación, más perfecta supervisión y mayor transparencia.

Las transformaciones que se están produciendo «ahí fuera» están motivando la adopción de grandes decisiones regionales y globales históricas. Los pasos hacia una verdadera unión económica y política europea, con la instauración de la supervisión bancaria unificada por el Banco Central Europeo a partir de noviembre de 2014 como primer aldabonazo, o la negociación del Tratado de Libre Comercio Unión Europea-Estados Unidos de América, o Unión Europea-Japón, han de ser interpretados en esta clave.

España no puede competir con economías de mayor tamaño, como son las de los Estados Unidos o China, por ejemplo, ni le merece la pena, por su estructura institucional y social, competir en la producción de bienes y servicios low cost, aunque esto pueda implicar, inicialmente, alguna victoria, más pírrica que real a la larga.

Por convicción y por necesidad, también por conveniencia, debemos explotar nuestra integración en Europa, sin olvidar nuestra natural proyección hacia América Latina (que, a su vez, se proyecta hacia los Estados Unidos). No debemos relegar la cercanía de África, continente que, a pesar de las dificultades que atraviesa, es potencialmente una fuente de consumo para los próximos años, con una población joven que crece exponencialmente.

No somos muy conscientes de ello, pero disponemos de grandes multinacionales, reconocidas en el exterior, en los ámbitos energético, textil, financiero, de las telecomunicaciones, de la construcción y las infraestructuras, e incluso en el sector sanitario, entre otros. Es básico, por tanto, que las pequeñas querellas domésticas no nos impidan ver los grandes movimientos de fondo que acontecen, y que no sólo nos percatemos de nuestros defectos sino también de nuestras potencialidades, pues sería imperdonable perder, nuevamente, el tren que conduce al futuro.


[1] BBVA Research (2012), «Mercados emergentes: perspectivas, riesgos y oportunidades», BOLSALIA, Madrid, 4 de mayo, documento disponible en http://www.bbvaresearch.com/KETD/fbin/mult/120504_Mercados_emergentes._tcm346-327741.pdf?ts=1892012

[2] En este enlace se puede acceder a la Web con los contenidos de la Cumbre del G-20 de San Petersburgo: http://www.g20.org/

7 comentarios
  1. KC
    KC Dice:

    Esta entrada estará muy bien para un profesor de escuela de negocios y regulador mercantil, pero no tanto si nos adentramos en la práctica del día a día de personas para quienes la Economía (como materia, no como sistema, que también) no es un sustento. Dice usted que las apelaciones al libre comercio pueden parecer obscenas, y me parece muy bien porque la libertad de comercio es básica en un buen sistema que aspire al utilitarismo. Pero fíjese usted que llegados a un punto, determinado punto, esa libertad se convierte en “hago lo que me sale de” que no sé si hay alguna Escuela que la recoja, ni siquiera la austriaca. Yo no sé si esto ustedes los econo-juristas lo comprenden, se hacen los tontos o son más ciegos que un topo miope, pero no hace falta ser un lumbreras para entender que cuando la mano de Smith se convierte de invisible a “invisible”, las cosas dejan de funcionar. Porque desde luego no pienso que las apelaciones a las que usted se refiere vayan dirigidas a la “libertad de comercio” como cuestión ontológica, sino una mucho más concreta, que es la que va del liberal al libertario.

    Por otro lado comenta usted que le sorprende la “existencia de movimientos centrífugos y disgregadores”. A mí lo que me sorprende es que países a los que les está beneficiando muy directamente eso que sea la “globalización”, y para quienes la libertad de comercio ha sido una base principal en su Historia de repente renieguen de la libre circulación de personas http://www.europapress.es/nacional/noticia-reino-unido-reclama-imponer-limites-libre-circulacion-personas-ue-20131205195108.html
    ¿Entonces de qué va esto? ¿Queremos que nuestras empresas lleguen a consumidores globales, pero no queremos que esos consumidores puedan circular libremente? ¿Queremos que nuestros productos se vendan allende nuestras fronteras, pero no estamos dispuestos a que “vengan a quitarnos nuestro sistema”? ¿Queremos que nuestra capacidad de expansión empresarial sea ilimitada, pero que la de circulación sea limitada? ¿Queremos, acaso, que sólo se muevan aquellos que puedan hacerlo? Desde luego esta es la mayor imbecilidad británica que he visto desde tiempos de Cameron, casi al nivel de aquella publicidad del “mejor no vengas” de su Ministerio de Interior. Lo que empieza a parecer es que: 1) Algunos hablan/escriben de Economía/economía desde púlpitos muy alejados de la realidad 2) La línea que va de la economía a la estafa es cada vez más fina.
    Porque claro, luego está la cuestión práctica, del día a día, que sólo sabemos cuando conocemos casuística real. Y es que entonces a no sé quién le echan por no saber quién es Rajoy, y a tal otro le van a hacer un examen de inglés que probablemente cualquier defensor de la libertad suspendería. http://ecodiario.eleconomista.es/europa/noticias/5391175/12/13/Reino-Unido-endurece-a-los-inmigrantes-el-examen-de-acceso-a-los-subsidios.html

    • Perico
      Perico Dice:

      Gracias, KC.

      Suscribo de arriba a abajo, lo expuesto por usted.

      Sólo me ha quedado la duda de para quién trabaja quien ha escrito el artículo. ¿Algún banco? ¿Para Mariano?

      ¿O para alguna multinacional de esas a las que dice que hay que promover?

      Y lo de explotar nuestra integración en Europa… ¿Dónde vive este señor?

    • Carlos
      Carlos Dice:

      Lo que usted dice es que si un tendero quiere vender a todo un pueblo tiene que aguantar que todo el pueblo pueda venir a su tienda aun si estos crean problemas en la propagación de enfermedades, no se comportan de acorde a las normas establecidas en su puesto o que un día vengan demasiados a su puesto y este se colapse. Habla de liberalismo y de lo libertario, pero se le olvida otro concepto que se podría aproximar a lo que usted menciona, el del anarcocapitalismo. De todas formas no creo que sea muy adecuado su comentario con respecto al tema a tratar, podría haber hecho más hincapié en los aranceles a los productos que imponen a los países de fuera de la UE, sobre todo en productos alimentarios, en una especie de proteccionismo muy legítimo por otra parte.

      Respecto a su pregunta, ¿de que va esto? creo que sabe perfectamente de que va, se trata de que los mercados sean globales, que empresas que cualquier empresa que cumpla con los requisitos que cada estado establezca pueda operar en el mismo. Lo que usted intenta es extrapolar esa idea a otra muy distinta.

      Saludos.

  2. AdeJ
    AdeJ Dice:

    El artículo me parece bastante descriptivo y aséptico. Pienso que los comentarios son un poco desproporcionados. Estoy seguro que el autor no esperaba estas reacciones.

  3. sergio
    sergio Dice:

    Al margen de los estudios macroeconómicos etc… en nuestro negocio vinculado al turismo, vemos que el nuevo orden mundial es Asia ( 80% China). Se percibe en la forma de viajar.

  4. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Creo que el mensaje principal de este post es bastante claro. No podemos competir con economías de mayor tamaño, ni tampoco con economías más baratas como India, China, Tailandia, Vietnam… por mucho que nuestro Gobierno y el Ministro Montoro se empeñen. La devaluación interna no nos lleva a ningún sitio, porque a baratos hay economías que son imbatibles, por lo menos de momento. Así que lo único que nos queda es invertir en investigación y ciencia, actividades de alto valor añadido, especialización e I+D+i, todo lo contrario a lo que está haciendo este Gobierno incompetente, recortando en investigación, ciencia, y educación. Pan para hoy y hambre para mañana. Con buen acierto, este post apuesta por explotar nuestros vínculos con Iberoamérica y la proximidad con África, y en sectores en los que ya está nuestro país situado, y apostaría yo por otros más.

    Añadiría además, no sólo Latinoamérica, sino también Estados Unidos. España podría ser el eslabón de conexión entre Europa y América Latina, entre Europa y Estados Unidos y entre Estados Unidos y América Latina. La población hispana en USA está en aumento de personas, influencia y poder adquisitivo. Y hoy por hoy es imposible comprender Estados Unidos sin tener en cuenta el mundo hispano.

    A mí sí me ha gustado el post, no aporta nada nuevo, pero sí recuerda que la globalización es imparable, y que el camino de la devaluación interna no es el camino, sino mayor formación, especialización, investigación y competitividad (no la competitividad de bajada de salarios, la otra, la de verdad).

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