Puedo prometer y prometo…un millón de puestos de trabajo. De la falta de una cultura cívica de evaluación de las políticas públicas.

Sin duda la inexistencia de responsabilidades políticas y jurídicas por parte de los gestores públicos que han desarrollado políticas públicas ruinosas durante los años del boom constituye una importante causa del desprestigio de la clase política y de los gestores públicos, dado que los ciudadanos son muy conscientes en este momento de que son ellos los que están pagando, en tanto que contribuyentes, los errores y los excesos derivados de una mala gestión, ya se trate de la mala utilización de recursos públicos, del despilfarro o de la corrupción.

En sentido, la transparencia debería de ser capaz de reforzar la labor de los políticos y gestores públicos más honestos y capaces. Obrar de forma transparente favorece siempre a aquellos que prefieren actuar con claridad y con respeto a la legalidad y a los procedimientos existentes, primando a los políticos responsables dispuestos a rendir cuentas públicas de su gestión frente a los políticos y gestores públicos que prefieren las “políticas de pasillo”, las componendas y la opacidad y que eluden sus responsabilidades. En definitiva, nada tiene que perder con la transparencia un político o un gestor honesto y eficiente y sí mucho que ganar, como intentaremos explicar en este post. Sobre todo si está dispuesto a contar con la participación y colaboración de la sociedad civil.

Existe en España además de falta de una auténtica cultura de la transparencia –de la que ya he hablado largo y tendido en otros posts- hay otra falta de cultura que suele destacarse menos pero que es igualmente muy grave: los españoles no estamos acostumbrados a evaluar o a exigir la evaluación de las políticas o actuaciones públicas y de sus consiguientes resultados (o falta de ellos). Lógicamente sin transparencia no es posible hacerlo porque falta información, de ahí la íntima conexión entre una y otra.

Pero es cierto que incluso disponiendo de datos públicos -porque muchas veces sí los hay aunque sea “en bruto”- en España no existe todavía esta cultura. No se suelen exigir los informes en los que supuestamente se fundamentan decisiones muy relevantes, como la de gestionar pública o privadamente un hospital público, por mencionar un caso reciente. No solo no tienen esa cultura los ciudadanos, tampoco la tienen los medios de comunicación (si bien la aparición del llamado “periodismo de datos” puede hacer que aparezca para bien de todos) y, lo que es mucho más preocupante, no la tienen los políticos y gestores públicos.

El reciente caso de la privatización de la gestión de los hospitales públicos de la Comunidad Autónoma de Madrid es un ejemplo muy interesante, porque probablemente es una de las primeras veces en que desde la sociedad civil se ha empezado a exigir disponer de datos e información relevante, más allá de la ideología un tanto simplista a la que nos tienen habituados nuestros viejos partidos (del tipo “privatizar siempre es bueno” o “privatizar siempre es malo”). La razón es que muchos contribuyentes madrileños usuarios de la Sanidad Pública simplemente lo que quieren es valorar si la decisión es o no la mejor desde el punto de vista de la calidad de los servicios y de la utilización de los recursos públicos. Un análisis coste-beneficio, vamos. Y si algo está demostrando este ejemplo es que nuestros gestores públicos no están preparados para este tipo de exigencias.

Este es un país donde los Presidentes de los Gobiernos de cualquier signo pueden prometer 800.000 o un millón de puestos de trabajo sin más fundamento que su palabra. Tienen claro que nadie les va a preguntar de donde han sacado esa cifra mágica. Cuentan con nuestra falta de cultura. Lo mismo sucede con tantas y tantos ejemplos de despilfarro, empezando por el plan E y terminando con los fastos de la Comunidad Autónoma de Valencia y pasando por cualquier aeropuerto, tele autonómico o AVE que se precie. Y lo curioso es que en la mayoría de estos casos hacer las cosas bien era relativamente sencillo, parece que se puede saber con mucha exactitud qué número de pasajeros, o de audiencia, o de consumidores, se necesita para hacer rentable un aeropuerto, una tele o un AVE. Por eso en algunos sitios estas cosas no  se hacen. No se las pueden permitir.

En definitiva, la evaluación de las políticas públicas es esencial si queremos exigir rendición de cuentas sobre cómo se gasta nuestro dinero. Pero es difícil si no sabemos qué datos justificaron una decisión, que otras alternativas había, etc, etc. SI no hay informes previos (evaluaciones “ex ante”) ni posteriores (evaluaciones “ex post”) ni indicadores o si los hay están muy cocinados para que salga lo que tiene que salir. Y además es un pilar fundamental de una democracia de calidad en la que no es suficiente la  fe en la palabra del político de turno, hay que demostrar que las cosas que se promete son razonables y se pueden cumplir.

Y por supuesto, si la cosa sale mal (con o sin informes y datos pero especialmente si ni siquiera ha habido informes y sin datos) no puede haber impunidad. Y hay impunidad si la solución es la de no volver a votar a los derrochadores e ineptos o corruptos o meterles en la cárcel, tengánlo claro. Porque si solo identificamos la rendición de cuentas con rendición de cuentas política, o penal, tenemos un problema muy grave, de eso ya hemos hablado otras veces en este blog, porque entonces tenemos un sistema que permite que se adapten decisiones de esta magnitud sin ningún tipo de control y de información por parte de los gestores públicos y sin ningún tipo de responsabilidad. Así que, cuando la cosa sale mal, les toca a los ciudadanos cargar con las consecuencias mientras que los políticos y los gestores públicos preparan el siguiente desastre con los mismos mimbres…¿Cuánta gente ha dimitido o ha sido cesada por haber emprendido políticas públicas ruinosas o desastrosas? Pues eso.

¿Van a cambiar las cosas con la nueva Ley de transparencia? Pues me temo que no mucho. Es verdad que el título dedicado al buen gobierno tipifica como sancionables administrativamente una serie de conductas en las que ningún gestor público serio y honesto debería  incurrir. La mayoría por no decir todas estas conductas ya estaban prohibidas en las leyes administrativas y presupuestarias pero se han incumplido y no ha pasado nada. Así que la pregunta del millón es siempre la misma ¿Se van a cumplir ahora? ¿van a sancionar gente de un partido a la gente de su partido por sus políticas absurdas, disparatadas o simplemente despilfarradoras ? Pues mientras piensen que las reglas del juego no han cambiado y que los ciudadanos no lo exigen sinceramente no creo.

La Ley también señala en su art.6.2 que  las Administraciones Públicas publicarán los planes y programas anuales y plurianuales en los  que se fijen objetivos concretos, así como las actividades, medios y tiempo previsto para su consecución. Muy bien, un paso en la dirección correcta. Pero el problema es que su grado de cumplimiento y resultados deberán ser objeto de evaluación y publicación periódica junto con  los indicadores de medida y valoración, pero solo “en la forma en que se determine por cada Administración  competente”. Es decir, un pasito atrás. Veremos que pasa. Por otra parte, la AEVAL (la Agencia estatal de evaluación de politicas públicas) ni se menciona, lo que da idea de su irrelevancia en este ámbito, que desde luego se ha ganado a pulso como dijimos aquí.

En todo caso, las buenas noticias son que la sociedad civil se está poniendo las pilas también en este asunto de valoración de las políticas públicas. Ya conocen a nuestros habituales de Fedea, la Fundación Civio, y muchos otros. También este blog en su modestia está intentando desmenuzar gracias a algunos colaboradores de ciencias asuntos tales como los presupuestos de las diputaciones provinciales o de las teles autonómicas. Lo más interesante es que estos ejercicios de evaluación se hacen a partir de datos públicos.

Así que la próxima vez que alguien prometa un millón de puestos de trabajo, un complejo de ocio en los Monegros, la llegada de Mr. Adelson, el AVE a Villaconejos o cualquier cosa que ustedes deseen ardientemente ya saben, no se fíen. Mantengan la cabeza fría y pidan los datos,  los informes y lo que haga falta para asegurarse de hay algo más que humo.  Se pierde en ilusión pero se gana en eficacia. Es como cuando se deja de creer en los Reyes Magos y lo que nos ponen en el zapato resulta que sale más barato y nos viene mejor.

10 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Ayer sábado estuve unas horas en la reunión bianual de un foro.

    Había gente desde los treinta a los setenta años– y predominaban profesionales del mundo tecnológico, poca gente de “letras”. Venían de la Robótica, genética , cibernética, etc. Algunos asistentes viven habitualmente lejos, Canadá, Holanda, etc. y aprovecharon sus vacaciones navideñas para asistir.
    Es un foro en el que no hay articulistas y esta labor, tan valiosa, se sustituye por artículos de otros medios electrónicos con enlaces y comentarios. Es decir, su objeto es seleccionar información y ponerla a disposición de otros–como un broker–, para leer y comentar.

    Los más antiguos lamentaban un cierto estancamiento de “audiencia” (visitas en general) y participación así como la ausencia de algunos comentaristas apreciados por su calidad y heterodoxia. Están como defraudados por lo “ortodoxo” lo cual es otra señal de agonía de una cosmología.

    Rasgos de este tipo de “tertulias” electrónicas –que no abordan temas políticos emocionales que son “más duros” y controvertidos– son:
    La homogeneidad de percepciones del momento,
    el uso del foro como alternativa creíble a los medios,
    la pérdida de aprecio por un sistema que ya no se cree recuperable y
    su tamaño reducido, en torno a unos cientos de visitas únicas diarias, es decir, por debajo de las 2000 o 3000 visitas indiferenciadas por día.

    Seguro que hay otros factores pero los anteriores son comunes.

    El artículo de Elisa expone una de las opiniones compartidas plenamente en los tres o cuatro foros públicos que visito aunque no lo formulen con la maestría que en ella resulta habitual.

    Quiero decir con esto que en ese segmento de población universitaria y profesional –que debiera ser la espina dorsal del sistema– es notorio el divorcio entre lo que se lee en los foros y lo que el establishment ofrece a través de los supuestos representantes políticos, las instituciones y los medios de opinión.

    También resulta aparente el límite del sistema de foros para que la opinión pública dominante –pero invisible– adquiera mayor notoriedad. De tal forma que los inagotables recursos mediáticos del sistema no la oculten ni releguen al olvido.

    Otra carencia es la dificultad de llegar a la juventud. Desde los 10 a los 30 años. Ese segmento de la población es muy impermeable a “la palabra larga” y si es escrita menos. Es “el buffer de Gang Nam”

    Es como si una fase de creación de infraestructuras de estudio, debate y opinión alternativa hubiese alcanzado techo y se fuese sintiendo la necesidad de algo más. Un replanteamiento de fines, estrategias y medios.

    Saludos

    • Federico García
      Federico García Dice:

      Su apreciación me parece interesante. ¿Podría señalar cuáles son esas tertulias o foros digitales en los que se comparte esa información que no suele tener cabida en los medios convencionales?

  2. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Este artículo me trae a la cabeza conversaciones con colegas británicos y holandeses cuando aquí construíamos todo por duplicado, sin preocuparnos del origen de los fondos o el endeudamiento. También una conversación con un experimentado director jurídico de una enorme constructora nacional confrme al cual las “concesionarias de las radiales” no pueden quebrar. Los colegas de lor brumosos países me preguntaban, en los “gloriosos años” de la “hipoteca Q7” (definición de una directiva de una Caja de Ahorros, también “quebrada”) si los españoles téníamos control sobre cómo se invertian nuestros impuestos (y los de los europeos, vía fondos estructurales, etc,) y yo les comentaba que los españoles no tenemos cultura presupuestaria, ni doméstica ni pública, que vivimos en un extraño providencialismo conforme al cual “el dinero sale del cajero automático” y, si algo va quebrar, ya lo pagarán los demás si se sabe qué tecla tocar. Me temo, Sra. de la Nuez, que mientras los españolitos no cambien de verdad y prefieran el rigor a las promesas populistas, n iremos a niguna parte, porque además de la transparancia normativa está, o debería estar, como Ud. tiene escrito, la voluntad de hacer las cosas bien. La crisis es bienvenida en la medida en que haga a nuestros compatriotas mirar la peseta (o el céntimo de euro, mucho más caro que la peseta), pero verá, hoy miso, hace unoas horas nos hemos enterad de que una familia casi etera ha fallecido por comer alimentos en mal estado y nadie habla de cuál es el presupuesto de ese muicipio, esa Comundad Autónoma, ese Estado y esa Europa que se lleva el 50% dela vida de sus ciudadanos en impuestos. L injusticia, la enormidad, es tan grande que, por mucho que haga los foros (y hacen mucho), lo que hace falta es otra cosa: o bien la sociedad civil y la clase media toman conciencia de sí propias…o melancolía o exilio.

  3. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    Elisa tiene razón cuando explica que si queremos hacer efectiva la rendición de cuentas de nuestros gobiernos el pilar esencial es la evaluación de políticas públicas. Es una lastima que la recien nacida Ley de Transparencia no dedicase un Capítulo a este tema, así tendríamos una evaluación por imperativo legal. De todas formas si hay voluntad política “Yes, we can”.

    En Asturias tenemos un caso muy reciente donde se pactó una reforma electoral para lograr el apoyo de UPyD e IU, cuando llegó el momento de hacer efectivo el acuerdo…marcha atrás. ¿Podemos evaluar el cumplimiento de los pactos entre las distintas fuerzas políticas? Tenemos ejemplos a mansalva: puedo prometer y prometo que lo que se apruebe en Cataluña será válido en Madrid, puedo prometer y prometo que crearemos 800.000 puestos de trabajo, puedo prometer y prometo una ley de dependencia eficaz….y así hasta el infinito y más alla como diría Buzz Lightyear.

  4. Eduardo Valdelomar
    Eduardo Valdelomar Dice:

    Muy interesante tu artículo, Elisa. Me gustaría resaltar una frase que es, en mi opinión, el “meollo” del asunto: “Existe en España además de falta de una auténtica cultura de la transparencia…otra falta de cultura que suele destacarse menos pero que es igualmente muy grave: los españoles no estamos acostumbrados a evaluar o a exigir la evaluación de las políticas o actuaciones públicas y de sus consiguientes resultados (o falta de ellos)”

    Como bien dices, se trata de carencias culturales, y por lo tanto no se aplican sólo a la política, sino a la práctica totalidad de los sectores, y muy especialmente en los públicos. ¿Tenemos verdadera transparencia en educación? ¿En sanidad? ¿En justicia? Ni los ciudadanos estamos acostumbrados a exigirla (salvo en momentos aislados de indignación) ni los profesionales la proporcionan de buen grado. Las ““políticas de pasillo”, las componendas y la opacidad” no son potestativas de la política: colectivos como colegios profesionales, gremios o sindicatos las aplican con igual o incluso mayor extensión y profundidad.

    Tal vez la sociedad civil debería recordar aquel slogan de Hacienda: “contribuir da derecho a exigir” y plantearse que la transparencia bien entendida empieza por uno mismo.

  5. Gonzalo Atela
    Gonzalo Atela Dice:

    No se sabe el coste de la burbuja inmobiliaria. Realmente es un coste incalculable.

    Pero con dificultad se sabe el coste del rescate a las cajas que se cifra en 100.000.000.000 (cien mil millones), (perdón por no aportar una referencia, en su día El Economista llegó a esta cifra). Pues bien, esa cifra es el diez por ciento del PIB. Ese dinero se ha gastado sin saber bien en que. Nunca existió un diagnóstico de la situación. Nunca existió un análisis de las causas que lo provocaron y tampoco existe hasta la fecha una análisis de las medidas a adoptar para evitar que sucedan otras catastrofes similares.
    Y así, no sorprende que no exista un documento público para medir la eficacia del gasto en el tiempo.

    Pero ahora parece ser que debemos de considerarnos muy afortunados, pues con mucho esfuerzo vamos a crecer 0,5% en 2014!!

  6. Gonzalo Atela
    Gonzalo Atela Dice:

    Continúo: la gestión de la crisis nos ha costado además aproximadamente 400.000.000.000 euros. Sí, esto es la deuda que pasa del 60% del PIB al casi 100%. Esto es el coste de no reducir el gasto público, el déficit, la diferencia entre ingresos y gastos. Pues tampoco hay un plan serio de como se incurre en esa deuda y en que plazo y con que se va a pagar.

    Me recuerda la M30 y de más proyectos de Gallardón. Dejó 7.000.000.000 de euros de deuda. Quedó muy bien la M30 que bonita. Y cuanto ha costado? Y como se va a pagar? Son 7.000 m entre 3,5 m =2.000 euros por madrileño. No hay dinero ni para el servicio de la deuda. Pero como fue una decisión de naturaleza política (votos en el sur de Madrid) Montoro ya proveerá.

  7. Sofía Cilla
    Sofía Cilla Dice:

    Lo que voy a exponer a continuación, creo que es un ejercicio cívico de evaluación de cómo funcionan las cosas ( es menos ambicioso que evaluar las propuestas políticas, pero creo que bien vale el ejemplo). Lo comparto en el foro, para que seamos todos conscientes de lo difícil, dificilísimo que le resulta a una simple ciudadana pedir explicaciones. Vaya por delante que comparto plenamente el mesaje de este post: los ciudadanos tenemos que tener criterio y no tragarnos/conformarnos con cualquier cosa. En definitiva creo siendo más exigentes (cívicamente) podemos también ayudar a drenar este lodozal en el que
    estamos inmersos.

    Hechos: el pasado domingo dia 15 de este mes, me proponen un plan para ir a pasar la mañana del domingo con los niños a un evento organizado por play station en la madrileña estacion de trenes de Principe Pío ( para que vean que no me lo invento http://www.intereconomia.com/noticias-negocios/ciencia-y-tecnologia/los-invizimals-toman-principe-pio-20131207 y aqui http://www.pequesymas.com/actividades-grupales/venta-a-jugar-y-a-conocer-a-los-invizimals-a-la-estacion-de-principe-pio-en-madrid). Me sorprende que el evento se realize en la antigua estación, un edificio que está abandonado desde hace mínimo un par de décadas. No lo puedo evitar, nada más entrar miro al techo: se ven goteras, muchos de los cristales de los ventanales parece que faltan y lo que a priori parecen una lámparas colgadas a más de 20 m del techo están envueltas en una malla. Aquello me dió mala impresión y como coloquialmente se dice, me quedé con la mosca detrás de la oreja: ” ¿este sitio es adecuado para que tenga lugar esta actividad?
    Sea dicho de paso, que no tuvimos ningún incidente y que los niños lo pasaron estupendamente, pero eso no alejó la “mosca”.

    Recordé mis lecturas en el blog y me dije: hay que empezar a exigir “al sistema” en temas concretos. Este va a ser un buen ejemplo: quiero saber si antes de celebrar un evento de estas características se han hecho todos los trámites correctamente. La seguridad de mis hijos ha estado en juego. Creo que tengo derecho a saber y lo quiero usar.
    Llamo al 010: me atienden correctamente y me dan una cita para que un informador de urbanismo de mi distrito atienda mi petición. Me citan un jueves a las 16:30, es el último turno, más tarde de las 17:00 no atienden.
    Voy a la cita ( previa gestión de mi trabajo y reposnsabilidades familiares para poder ir). La persona que me atiende, se queda desbordada por lo que le pregunto. Le informo de que la titularidad del edificio es de Fomento/Adif. Busca información y no encuentra nada. Me remite a que vaya a Gerencia de Urbanismo (no tienen tfno y el horario es de 8:30 a 14) y que escriba a Adif.
    ¿Fácil verdad? Con semejantes trabas, o uno está muy convencido de por qué lo hace, o todo son dificultades para que tires la toalla.
    Si progreso y antes no tiro la toalla, les mantendré informados.

    Y muchísimas felicidades por esos tres añazos cumplidos!

  8. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Formidable post Elisa, como todos. Lo fundamental como dice la autora es no fiarse, desconfiar y comprobar, esa exigencia de ejemplaridad. Déjemos de ser unos “niños” y pasemos a ser una sociedad “adulta”, libre de ingenuidades. Y como dice Jesús Casas, esto gracias a la crisis está ocurriendo. Los políticos y los medios de comunicación han tratado durante mucho tiempo a la sociedad como pequeños, nos han querido infantilizar, para que no exijamos, no cuestionemos, no preguntemos, no aprendamos ni desconfiemos. “Esto es así porque sí”, “tú es que no lo entiendes”, “es demasiado complejo para explicarlo”… La sociedad ha de madurar y aunque sea duro descubrir la realidad, hay que hacerlo. No nos engañemos, a los idiotas (que hay muchos) les gusta que les mientan. Les gusta escuchar que no hay crisis, que estamos en la Champions League, que hay brotes verdes, que estamos saliendo, que es ETA y demás memeces. Lo que no les gusta es descubrir la realidad. Porque esa ilusión, esa mentira, esa ingenuidad, se convierte en frustación, decepción, indignación y a quién le mienten y se lo cree se siente un idiota. Últimamente, a España le han mentido demasiado y ha creído demasiado, esperemos que espabile. Para ello, hemos de espabilar cada uno de nosotros.

Los comentarios están desactivados.