Asalto a las instituciones. Tribuna publicada en el diario “El Mundo”

Cuando me preguntan mi opinión sobre la situación de crisis institucional en España a finales de 2013 suelo responder parafraseando una frase que el presidente Rajoy ha hecho famosa en relación con el escándalo de la contabilidad B de su partido «en las instituciones todo es de mentira… salvo alguna cosa». En particular, me refiero a las instituciones que debieran proteger nuestros derechos y libertades, velar por la separación de poderes, el cumplimiento de la Ley, impedir los abusos y arbitrariedades y en definitiva controlar al poder, ya sea económico o/y político.

Mientras que unas van camino de consagrar la arbitrariedad como forma de funcionar internamente -veáse la crisis en la AEAT como último botón de muestra- otras están instaladas en el incumplimiento de la Ley o en el puro y simple despropósito -las instituciones catalanas se llevan la palma, aunque las de otras Comunidades Autónomas como Valencia y Andalucía no les van a la zaga- y otras, la mayoría, van camino de la irrelevancia, dado que no sirven para lo que se supone que deberían de servir, aunque permiten colocar altos cargos y pagar miles de nóminas a cargo del contribuyente.

Probablemente por esa razón se percibe últimamente un cierto recelo frente a los ciudadanos, lo que se traduce en una creciente endogamia en los actos que organizan, ya se trate de tomas de posesión, foros, seminarios, premios o cualquier otro de los que tienen llena la agenda. Por ejemplo, el último grito en eventos institucionales es la «responsabilidad social corporativa» de las instituciones y administraciones públicas, dado que al parecer -esto lo he oído en uno de esos eventos- a los ciudadanos «ya no les basta con que cumplamos con los intereses generales» por lo que hay que perseguir metas más ambiciosas, como las que sugiere el mágico acrónimo RSC. Sinceramente, yo creo que a los ciudadanos vaya si nos bastaría con que las instituciones cumplieran con sus fines, es más, hasta les estaríamos agradecidísimos y eso que servir con objetividad los intereses generales definidos para cada institución en las leyes es precisamente para lo que se suponen que están.

Porque la causa del presente desastre institucional no proviene tanto de un mal diseño institucional (casi todas nuestras instituciones, con alguna excepción como el CGPJ, están copiadas de las Constituciones de otros países con democracias avanzadas, ya se trate del Tribunal Constitucional, del Defensor del Pueblo, del Tribunal de Cuentas, del Poder Judicial o de la AEAT), sino de su colonización y ocupación por los partidos políticos estatales, así como de su multiplicación en clones regionales que facilitan y agravan aún más su colonización por los partidos políticos regionales y locales.

Esta ocupación de las instituciones de la que empezamos a ser muy conscientes, quizá porque a estas alturas ya se están perdiendo las formas (como demuestran los nombramientos de los vocales del último CGPJ en el que se ha sustituido el reparto de vocalías por familias ideológicas por el reparto de vocales por familias a secas), ha sido posible también por la colaboración activa o pasiva de los que trabajaban en ellas y también, por qué no decirlo, por el desinterés de los ciudadanos. Muchas veces, lo que ha ocurrido sencillamente es que tanto funcionarios como ciudadanos han dado por sentado que una democracia con elecciones periódicas garantizaba por sí sola unas buenas instituciones. Que los políticos de turno iban a respetarlas sin que nadie se lo exigiera ni dentro ni fuera de ellas. Y las cosas lamentablemente no funcionan aquí, ni en España ni en ningún otro sitio.

Quizá por ser una democracia tan joven y sobre todo una sociedad con tan poca experiencia democrática, no hemos caído en la cuenta de que para que las instituciones se sostengan hace falta algo más que un conjunto de normas, por un lado, y otro de probos funcionarios o empleados públicos por otro. Lo mismo que una democracia digna de tal nombre no se reduce a votar cada cuatro años (de ésas hay varias en el Africa subsahariana) las instituciones no se reducen a realizar tareas burocráticas que nada tienen que ver con su fin último. El fin de las instituciones, su auténtica razón de ser, que son los intereses generales de los ciudadanos para cuyo servicio fueron creadas y que se concretan en las leyes que las regulan nunca se puede perder de vista, ni por sus trabajadores ni por los que las dirigen. Así la finalidad institucional de la Fiscalía es perseguir los delitos y hacer respetar el Estado de Derecho, la de la AEAT, gestionar nuestros impuestos y garantizar el cumplimiento de las lleyes fiscales respetando los principios de igualdad, generalidad y capacidad contributiva, la del CGPJ es garantizar la independencia de jueces y tribunales, la del Tribunal de Cuentas es el control de las cuentas públicas, etc., etc.

Si este fin y el espíritu de servicio público que exige su cumplimiento se desvanece o se prostituye la institución se debilita y se convierte en una cáscara vacía, por muchos edificios, empleados, escudos y coches oficiales que tenga. Los mejores trabajadores (en el sentido de más leales a los fines de la institución) la abandonarán activa o pasivamente, dejando el campo libre a los más venales o más acomodaticios, con lo que se consumará el desastre. Y los ciudadanos se preguntarán, con todo derecho, para qué les sirve un Tribunal de Cuentas que no controla las cuentas de nadie o un CGPJ que no ampara la independencia del Poder Judicial.

Y claro está, si ni siquiera en épocas de tranquilidad está asegurado que los fines de las instituciones coincidan necesariamente con los intereses del partido que en cada momento gobierna, qué decir en épocas extraordinarias como la que estamos viviendo. De hecho, en estos momentos puede llegar a ocurrir que los fines institucionales y los intereses de los partidos sean incompatibles, como ocurre con la investigación de los casos de corrupción que les afectan. Si por intereses del partido o de personas poderosas e influyentes (pertenezcan o no al partido) se manipula y se retuerce una institución para que no cumpla sus fines, se la priva de su razón de ser y se la deslegitima a los ojos de la ciudadanía. Si además se la convierte en brazo armado del partido de turno, o de todos los partidos que juegan a repartírsela, los resultados pueden ser todavía peores. Y si creen que exagero, piensen cuantos de los actuales escándalos de corrupción han sido descubiertos por las múltiples instituciones de control que hay en nuestro país o cuantas veces pequeños partidos o asociaciones ciudadanas están teniendo que suplir la inactividad de instituciones supuestamente encargadas de velar por el cumplimiento de la Ley.

NO SÓLO eso, es que además estas instituciones están dotadas de un enorme poder jurídico frente a los ciudadanos de a pie, reflejo de una concepción política propia del siglo XIX, según la cual si las instituciones están para defender intereses generales frente a los intereses particulares de los ciudadanos, hay que proteger sus decisiones y actos a través de una serie de prerrogativas jurídicas. Por eso sus actos tienen «presunción de legalidad» y son inmediatamente ejecutivos, es decir, se presume que son conformes a Derecho y tienen que cumplirse inmediatamente salvo que se consiga demostrar lo contrario, para lo que hay que acudir a la vía especializada para resolver conflictos con la Administración, que es la contencioso-administrativa. Y ahí la Administración juega en terreno propio. No sólo eso, para llegar hay que «agotar la vía administrativa» es decir, recurrir primero ante la propia institución y tener un «interés legítimo» en el asunto.

Es importante subrayar que la idea de que los gestores públicos conocen mejor que la sociedad a la que sirven cuáles son los intereses generales, porque están más cualificados y son más neutrales y objetivos, es la justificación última de la existencia de estos privilegios. Si eso ya no es así y los partidos ocupan las instituciones en provecho propio (ya sea el del partido o el de personas físicas y jurídicas concreta), resulta un modelo muy peligroso para nuestros derechos y libertades. Por tanto, urge liberar nuestras instituciones del control partitocrático y devolvérselas a los ciudadanos. En esto estamos.

11 comentarios
  1. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Leí el artículo en el periódico para concluir que estoy de acuerdo pero eso no evita una enorme desazón, sobre todo en lo relativo a que no sé si hacemos lo basante para cambiar esta situación o nos conformamos, eso si, quejándonos, con la qe hay, bajo la presión de que es imposible parar la inercia de un tren en marcha a gran velocidad con mecanismos complejos. Yo lo describiría como una madeja enorme que hay que deshacer pero tirar de un hilito sirve para nada, o, al menos, hay días en lo que uno no ve cómo abordar los problemas, como si nuestra convivencia democrática desde 1978 hubiera conducido a un fracaso colectivo irremediable: partitocracia cleptocrática, populismo demagógico, “destinstitucionalización”, ausencia de independencia judicial, desastre del sistema educativo…pero no sé si pierdo la perspectiva y, en realidad, estamos mejor que estábamos pero no se puede ver con tanto ruido. Será que llega el inviero…pero ¿somos la sociedad que creíamos ser?

  2. Anton Vilar
    Anton Vilar Dice:

    Concuerdo con el artículo salvo en esa parte en la que dice “… en ellas y también, por qué no decirlo, por el desinterés de los ciudadanos.”

    Y disiento porque no es que el ciudadano muestre desinterés. Lo que el ciudadano muestra es impotencia, una total impotencia ante el mencionado “asalto a las Instituciones” y en concreto, a la Justicia.

    El problema de esa pequeña nota hacia el ciudadano es que parece una nota inculpatoria contra las propias víctimas. Todo el contenido restante del artículo muestra eso precisamente, que el ciudadano está impotente. Es como la pescadilla que se muerde la cola y lo peor es que no tiene solución salvo una que no conviene ni mentar porque viola todo eso que ustedes representan y que tanto me gusta leer.

    Gracias.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Colectivamente estamos descubriendo la rueda y lo hacemos con tremenda lentitud. En unos años más nos daremos cuenta de que ya nuestros tatarabuelos sabían que era circular y rodaba bien cuesta abajo pero que por sí sola era incapaz de subir las cuestas.

    Voy a tratar de transcribir un parrafito de Mancur Olson en 1965. (“The logic of collective action”, Harvard UP)
    Traduzco lealmente.

    “La existencia de un gran grupo humano con un interés común, no basta para producir acción colectiva. Para ello debe existir un incentivo o alguna forma de compulsión.”

    Parece pues que no tenemos incentivos ni compulsión suficiente. Además la tarea es larga y ciclópea.

    En paralelo, si alguien con suficiente poder No estuviera interesado en esta acción colectiva, lo tendría sencillísimo: Divide al grupo grande en grupitos enfrentados y les arrebata cualquier capacidad de establecer incentivos. Verde y en botella.

    Como ya hemos leído y escrito muchísimo sobre esto tengo la impresión de que se acerca el momento de meditar sobre qué más se puede hacer y que lo que afloremos sea eficaz lo que requeriría discreción y prudencia.

    Creo que esto debe hacerse en grupos coordinados que trabajen en definir cómo sería posible, desde los gobernados, establecer instituciones de control del poder y límites estructurales efectivos a la acción del Poder del Estado.

    Una vez definido sería cuestión de irlo constituyendo en poder ideológico (el único al alcance de la ciudadanía) hasta que sea asumido por la opinión pública.

    Esto, lamentablemente, no es trabajo part time ni para aficionados por mucha buena voluntad y talento que tengan. Es complejo, duro y difícil.
    Sin incentivos materiales requiere el impulso y la motivación de muchas Teresas de Calcuta e Ignacios de Loyola.
    Desde este “mindset” tan rarito es, creo, desde donde se debe abordar el asunto.

    Porque lo que nadie se cree es que sin alterar estructuras fundamentales se puede cambiar esto.

    Ya han comenzado a hablar los grandes partidos para hacer ellos mismos “su reforma constitucional”.
    Para salir corriendo. La ingenuidad es un gran hándicap.

    Saludos

  4. Patricia
    Patricia Dice:

    Realmente, da lo mismo si el ciudadano es indiferente o si se siente impotente. Le están quitando muchas cosas, incluidas algunas que siente más cercanas que la Justicia, como los recortes en sanidad y educación. La crisis económica está hundiendo a muchas familias. Y el ciudadano simplemente, no sabe qué hacer.
    La fuerza siempre la tendrá la masa, el grupo, la mayoría, pero sólo si se organiza y actúan juntos y concertadamente.
    Por eso los políticos de este país han sido muy hábiles a la hora de disgregar, atomizar y separar, para enfrentar a los colectivos, de manera que el enemigo siempre es “el otro”: el inmigrante, el de la comunidad autónoma insolidaria, las mujeres que trabajan y “les quitan” el trabajo a los hombres, los empresarios, los sindicatos, los chinos, o el sumsum corda.
    Nada se avanzará si no hay previamente una conciencia común de que sólo hay una raza, la humana, y que el objetivo es la justicia y el bienestar social para todos, y no sólo para el pequeño grupito con el que me han forzado a identificarme.

  5. Gonzalo Atela
    Gonzalo Atela Dice:

    Con todo respeto, yo creo que sí, que hay desinterés por parte de la ciudadanía y no se necesitan teresas de Calcuta para cambiar esto. Un ejemplo muy a mano: creo que no habría Ley de Transparencia si no se hubiera reclamado. Creo que la Ley sería otra más restrictiva si la autora del artículo comentado y otros no hubieran criticado y denunciado los borradores. Otro que me viene sobre la marcha: los políticos quisieron imponer las ruedas de prensa sin preguntas. Pues los periodistas se organizaron y no van a esas ruedas de prensa.
    Los espacios que dejamos vacios nos los llenan. Lo que no gestionamos nos lo gestionan. Y cuando ha pasado mucho tiempo pues el nudo es más difícil de deshacer. A modo de ejemplo las muchas cosas que se pueden hacer con poco esfuerzo:
    1. Los jueces y magistrados jubilados del TS y otros tribunales importantes, y por tanto alejados de las promociones y del CGPJ, pueden pasar a ser la voz moral de la independencia judicial.
    2. Unas cuantas Asociaciones de Padres de Alumnos y profesores pueden ponerse de acuerdo en unos principios básicos apolíticos, invitar a adhesiones y formular una alternativa al baile este de leyes de la educación de PP.PSOE.
    3. Un grupo inquieto de profesores de hacienda pública tendría mucho que decir de la reforma. Los secretarios de ayuntamientos e interventores lo mismo.
    4. Las grandes escuelas de negocios podrían recomendar conjuntamente principios de buen gobierno.
    5. Los antiguos empleados del Tribunal de Cuentas pueden hacer muchas cosas con una sencilla web y un poco de inquietud.
    En definitiva, como dice Nike, Just do it.

  6. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Totalmente de acuerdo con Gonzalo Atela, sobre el desinterés ciudadano, que contribuye a minimizar las falsas promesas políticas (y así nos va).

    En el Programa del Partido Popular de las pasadas elecciones se dedicó un apartado importante a la Transparencia, en el que se indicó que “ampliaremos los mecanismos de participación de la sociedad en la elaboración de disposiciones normativas legales y reglamentarias, así como en la definición de las políticas públicas”. Y en la ponencia política de su Congreso en Sevilla (18 y 19 de febrero de 2012), en el apartado relativo a la “regeneración democrática” se hablaba de “ciudadanos colaboradores”, “informados y participativos”; del Gobierno abierto y de la participación de los ciudadanos “más allá del mero ejercicio del derecho de sufragio”.

    Se decía que el PP quiere “que los ciudadanos puedan participar en los procesos de gestión pública… aportar ideas, prácticas, experiencias, iniciativas y necesidades de manera recíproca. Para ello, el PP apuesta especialmente porque las leyes, decretos, planes, medidas o decisiones importantes que toman los gobiernos sean debatidas y valoradas antes de su aprobación, con las opiniones de los ciudadanos”. Se pretende incorporar el concepto de “co-creación”, de “co-elaboración”.

    ¿Alguien ha visto algo de esto?

  7. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Al hilo, de nuevo, de lo dicho por Gonzalo Atela, rescato lo escrito por la periodista ROSA MONTERO en su artículo “Las 235 cartas de un hombre tenaz” (El País Semanal, 17 de agosto de 2003):

    “Los tenaces, en suma, son aquellos individuos fabulosos que ven algo que no les gusta, algo que no funciona en la sociedad, algo que no les parece equitativo, y dedican una asombrosa cantidad de tiempo, energías y a menudo dinero, para intentar cambiarlo. Y su manera de luchar es individual y civilista. Es decir, no son misioneros, no son trabajadores de campo, no son asistentes sociales ni miembros de oenegés. Los tenaces confían en la bondad final de las instituciones y creen en la eficacia de la palabra. Ellos repiten sus verdades, escriben cartas, a veces incluso presentan denuncias judiciales, sin desalentarse por el poco resultado, por las dificultades y el silencio. Son incombustibles porque son grandes optimistas. Gracias a ellos, entre otras cosas, se va moviendo el mundo”.

    Hacen falta ciudadanos, o grupos de ciudadanos, tenaces.

  8. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Muchas gracias a todos por lo comentarios. Estoy muy especialmente de acuerdo con lo que dice Gonzalo Atela. Aquí nadie nos va a sacar las castañas del fuego, pero las buenas noticias es que podemos sacarlas nosotros mismos y resulta que tampoco es para tanto. Me gusta la cita de Rosa Montero que aporta Isaac Ibañez, pero sinceramente creo que no hace falta ser “individuos fabulosos” simplemente ciudadanos más comprometidos y más activos, cada uno en la medida de sus posibilidades. Desde este blog recomendamos el optimismo militante pero también lo practicamos. Y de verdad, el enemigo es mucho menos fiero de lo que lo pintan..:-)
    Feliz Navidad a todos!

  9. Pablo V. Iglesias
    Pablo V. Iglesias Dice:

    En primer lugar, mis felicitaciones a Elisa por un muy buen artículo. Yo también pienso que una acción colectiva puede cambiar el panorama político. Lamentablemente, tengo poca fe en el éxito que pueda tener. En primer lugar, por las lamentables consecuencias que están teniendo los movimientos que surgieron de la Primavera Arabe, incluso en nuestro país con la Ley de Seguridad Ciudadana. Mucho me temo que un intento de recuperar las instituciones resulte en una nueva y más dura contraofensiva antidemocrática. Lo que está ocurriendo en España es imitación de un modelo muy estudiado que ya se ha aplicado en otros países como Chile o Rusia, y en todos aquellos países donde se ha aplicado esta doctrina, se asume la represión sistemática como respuesta única ante la movilización ciudadana.

    No obstante, eso no quita que la lucha no sea importante. La alternativa es quedar atrapados en una dictadura oligárquica dominada por una elite exprima hasta la última gota las instituciones hasta saquearlas por completo. Esta movilización es necesaria no sólo por esta razón, sino por otra no menos importante: es perfectamente posible que ante la ausencia de la misma, movimientos populistas aprovechen la oportunidad para captar la impotencia y la frustración y eliminen dichas instituciones, junto con todo rastro de democracia. Entonces estaremos no solo ante una década perdida en lo económico, sino también cuarenta años perdidos en lo político.

  10. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    La pregunta es: Si la situación es tan grave, ¿por qué hay desinterés ciudadano, cual es su causa y más en un país que clamaba por la democracia y las libertades?

    En mi opinión, políticamente incorrectísima hay una causa específica y propia de nuestro país que podría calificarse de coyuntural y otras, más profundas, que afectan a todo el sistema democrático occidental.

    La específica y propia es que en realidad no había tal clamor popular en favor de la democracia y la libertad. Lo que hubo es una gigantesca campaña política de propaganda que supo activar muy bien en beneficio de la nueva casta política el complejo de inferioridad hispano frente al resto de las naciones de Occidente y muy especialmente, de “Europa”. Por supuesto, el interés de los españoles en participar en actividades de asociacionismo y filantropismo sólo se ponen de manifiesto en situaciones catastróficas o cuando están convenientemente regadas por el maná de la subvención pública. Fuera de eso, cero patatero.

    La genérica es la que denuncia con claridad, rigor y precisión Manu Oquendo. El desinterés y apatía de los ciudadanos es inducido de manera consciente y voluntaria por la casta político-económica dominante empleando para ello todos los instrumentos de mediáticos, de psicología social, jurídicos y económicos que están a su alcance (y que son potencialmente todos). No importa que se deforme, choque o destruya la realidad, el fin justifica los medios, todos los medios. Con alguna cesión puramente táctica, por supuesto, que es imprescindible para que la estrategia global no fracase.

    La condición de ciudadano se ha reducido y se está jibarizando hasta la condición ruín de mero perceptor de gabelas, subsidios y ayudas públicas que con su voto periódico ratifica un estado de cosas cada vez más enrarecido.

  11. Ana María Díaz Ruiz
    Ana María Díaz Ruiz Dice:

    Me gustaría que los abogados fueran informados de cambios de leyes por ejemplo en caso de viudedad porque mi es se negó a pagarme la paga compensatoria y me an negado dicha paga de viudedad después de 32años casada los abogados que e ido no se lo podían creer osea que no sabían que en 2008 cambiaron leyes …pero si tengo sus deudas deseo que esto tenga solución gracias

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