Edúcalos o padécelos. La plataforma “Qué Aprendemos Hoy”

Los hombres han nacido los unos para los otros: edúcalos o padécelos.  Marco Aurelio.

 

Es costumbre que los editores del blog hagamos en los periodos vacacionales alguna recomendación de lectura. Y eso es lo que voy a hacer yo, aunque la sugerencia no se refiere a un libro, sino a una página web de contenido cultural y educativo y dirigida mayoritariamente a los jóvenes: Qué Aprendemos Hoy.

Como puede verse, es una plataforma en la que diariamente se ofrecen al lector varios artículos de las materias más diversas, economía, jurídico, cultura, historia, tecnología, etc, escritos en un lenguaje comprensible, y en los que hay tanto información como opinión.

Cuando a finales de 2011 tuve conocimiento de su existencia a través de su director, el entonces estudiante de Derecho y ADE José María González-Garilleti, me interesó tanto su lema, Disfrutamos aprendiendo, crecemos compartiendo, como el hecho de que fuera una iniciativa espontánea de una serie de jóvenes estudiantes universitarios, basada en la convicción de que saber más, y comunicar lo que se sabe, es un valor y merece la pena trabajar por ello. Es aún más destacable cuanto se conoce el dato de que esta plataforma no persigue ninguna rentabilidad económica, y que todos sus numerosos colaboradores trabajan de forma desinteresada.

Vivimos en una época paradójica (como probablemente todas las épocas). Por una parte, y como consecuencia de la creciente complejidad del mundo en el que nos movemos, se produce una superespecialización en el conocimiento, en la que una persona es capaz de llegar a saber casi todo…sobre casi nada.  Pero, por otra, todo el mundo opina de todo, lo conozca a fondo o no, por el placer o la necesidad de hacerlo, tendencia exacerbada por la masiva utilización de las redes sociales, que además imponen una igualación en las categorías o el valor de aquéllas, sobre la base de un perverso silogismo: como todos podemos opinar, todas las opiniones son iguales. No son tiempos que faciliten la reflexión, la pausa, la escucha. Por el contrario, y como dice Nicholas Carr el pensamiento lineal, calmado, concentrado y sin distracciones “está siendo desplazado por una nueva clase de mente que quiere y necesitar recibir y diseminar información en estallidos cortos, descoordinados, frecuentemente solapados –cuanto mas rápido mejor-“.  Según Carr, la web debilita la capacidad de concentración y contemplación, es una “máquina de interrumpir”.  Tener cultura general, saber al menos un poco de muchos temas variados, pero no ser especialista en ellos, no solamente amplía la visión general, sino que también permite ser consciente de lo mucho que se ignora sobre la mayoría de las cosas, y por tanto posibilita ser más precavido cuando aceche la tentación de ser dogmático, que no es privativa de la juventud pero suele en ella encontrar un terreno más abonado.  QAH se dedica a esa benéfica labor.

Como dicen en su recomendable ideario, No nacemos sabiendo. Casi todo lo que llegamos a conocer a lo largo de nuestra vida es fruto del aprendizaje. Aprender, y compartir con los demás los conocimientos obtenidos, son algo connatural al ser humano. El aprendizaje constante es lo que llaman los economistas una “credence good”, un bien cuya utilidad o necesidad le es difícil de evaluar incluso a la propia persona que lo practica. Un bien inmensurable. Y también algo intangible. Pero, sin una constante educación, sin un aprendizaje diario por medio del esfuerzo, más allá de las fases escolares, somos más manipulables, más débiles, menos individuales.

Hay también muchos profesionales que apoyamos a QAH, entre los cuales un número importante son conocidos por los lectores de este blog: la editora Elisa de la Nuez, o los colaboradores Carlos Galán, Javier Rufino, Luis Cazorla, Carlos Guerrero, Eloy Velasco y  José E. Gomá Salcedo, prueba del interés y cercanía que nos provoca.  En mi caso personal tuvieron la amabilidad de nombrarme presidente de honor. Y con esa ocasión me referí a un personaje que admiro, y del que ya hablé en su momento: Toni Nadal. El entrenador de Rafa Nadal dice que estar dispuesto siempre a aprender es signo de inteligencia, porque significa saber reconocer una realidad como es que hay personas mejores y más sabias que tú. El nombre mismo de este proyecto, Qué Aprendemos Hoy, es, por tanto, de una inteligencia cotidiana, porque te pone en predisposición de recibir una enseñanza hoy, mañana y todos los días. Al mismo tiempo supone el esfuerzo de muchas personas, esencialmente jóvenes, por crear una plataforma educativa, que no busca ni remuneración económica ni de otro tipo, sino que es un esfuerzo generoso y para los demás. En definitiva, es un ejemplo para cualquiera que la visite. O, en palabras de su propios ideario,” Ninguno de los integrantes de QAH cobra por su labor, pero no trabajamos gratis. Dedicar esfuerzo y tiempo a mejorar en cualquier sentido a los demás es también un camino seguro para mejorarnos a nosotros mismos.”

Tiene una sección de videos, en la que con gusto colaboramos varios profesionales, que se puede consultar aquí. Les dejo con uno de ellos, en el que trato un asunto del que también me he ocupado en el blog, el clásico tema de los testamentos:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7 comentarios
  1. Gonzalo
    Gonzalo Dice:

    Gracias Fernando! Sentir que hay generaciones que nos apoyan y preceden es un insuflo de aire para levantarnos cada día solo pensando en crecer. Gracias a ¿Hay Derecho? por apostar por nosotros cuando era difícil hacerlo.

  2. Usuario
    Usuario Dice:

    He revisado la sección de videos y tienen algunos de bastante interés, me parece un buen sistema, no obstante parece que no hay videos muy recientes, no sé si es complicado hacerlos, pero probablemente lleguen a más gente que un mero texto. Lo que sí creo es que deben ser de duración no más allá de 5 minutos.

  3. JJGF
    JJGF Dice:

    Además de felicitar a QAH, quisiera resaltar lo que dice Fernando en relación con Carr, y el conocimiento fragmentario, en estallidos cortos, que muchas veces provoca la web.

    Cuando no había web, en los años ochenta, se habló ya de la “cultura del clic” o la “cultura del instante” (Polaino Lorente), es decir que esta dispersión del conocimiento -más información, pero menos formación- trae causa de motivos más profundos que la aparición de internet. El que mucho abarca, poco aprieta. Y esto vale para todo: si por ahorrar tiempo, usas la calculadora, pronto dejarás de saber hacer raíces cuadradas o divisiones difíciles con un lápiz y un papel.

    Si además de calculadora, tenemos otros ” clics”donde resolver al instante una duda o un dato sin pensar apenas, habremos ganado tiempo, pero poco más. Pan para hoy y hambre para mañana. Vamos de acá para allá, de dato en dato, con el riesgo de no dedicar tiempo a procesar con calma esa información. Y cuanto más información, más tiempo que hay que dedicar después a las tareas de procesamiento, reflexión y aprehensión. Pero esto segundo nos da muchas veces pereza porque ya “tenemos” el dato concreto que necesitábamos. Y a otra cosa…

    Si ya Ortega y Gasset recomendó “leer poco y pensar mucho”, hoy con el bombardeo de información que nos traen las teles multicsnal, las radios, los periódicos escritos y digitales, etc., junto a internet y el buscador de google, el riesgo aumenta. Cuando teníamos menos información, sabíamos más. Quizá del mismo modo que cuando había menos leyes, había más seguridad jurídica.

    El principal riesgo del hombre contemporáneo es la dispersión como ha llegado a decir Pablo D’Ors. Por eso hay que cohonestar las ventajas de la web con actitudes que eviten los riesgos de tanta información.

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