La expulsión de las cajas de ahorros de su paraíso financiero

Las cajas de ahorros han pasado de ser actores protagonistas de nuestro sistema financiero a quedar relegadas a un papel secundario. Del centenar de entidades existentes en los años ochenta del siglo XX, se pasó, en los primeros años del milenio, a cerca de la cincuentena. En la actualidad quedan media docena, de las que las más relevantes, las que son «sistémicas», se transformarán a lo largo de 2014 en fundaciones bancarias. La suerte de todas las cajas no ha sido pareja: una parte sustancial ha sido barrida de la escena, pero otras luchan, hoy día, por salir adelante, y algunas se encuentran plenamente consolidadas en el sector financiero.

Las cajas, en atención a su naturaleza jurídica fundacional, tenían dificultades para reforzar su capital, lo que, en una etapa de expansión exacerbada del crédito, les llevó a recurrir, excesivamente, a los mercados mayoristas, y a comercializar entre sus clientes, no siempre de forma correcta, instrumentos computables como recursos propios. Siendo «entidades sin dueño», las debilidades de su gobierno corporativo eran notorias, lo que se agravó con la presencia desmedida del sector público en sus órganos de administración. En numerosos casos, también fue palpable la falta de la suficiente capacitación y experiencia de sus gestores.

Ahora bien, uno de los puntos positivos de las cajas era la existencia, en el propio seno de las entidades, de la Obra Social. Los beneficios generados que no pasaban a reservas regresaban a la sociedad en forma de gasto destinado a cultura, sanidad, educación, asistencia a colectivos y personas desfavorecidas, investigación, defensa del patrimonio histórico, protección del medio ambiente, etcétera.

Según Titos Martínez («La Obra Social de las Cajas de Ahorros y sus perspectivas de futuro», Extoikos, núm. 8, 2012), en el período 1947-2010 las cajas lograron unos beneficios totales de 138.623 millones de euros, de los que destinaron a la Obra Social 34.908 millones de euros, es decir, exactamente el 25 por ciento de la totalidad de sus beneficios antes de impuestos (valores actualizados a 1 de enero de 2012).

Como se expone en el preámbulo de la Ley 26/2013, de 27 de diciembre, de Cajas de Ahorros y Fundaciones Bancarias, en los años 30 del siglo XIX «las cajas de ahorros se configuraron como entidades de beneficencia, orientadas al fomento y protección del ahorro y a la generalización del acceso al crédito de las clases sociales más desfavorecidas». La consolidación de las cajas se basó en estos caracteres «primigenios de carácter social, simplicidad del negocio y apego territorial, donde radicó históricamente gran parte de su general aceptación y su éxito como instituciones bancarias singulares».

Paulatinamente, las cajas fueron creciendo en tamaño y ampliando los servicios ofrecidos a la clientela, pero fue el preconstitucional Real Decreto 2290/1977, de 27 de agosto (el «Decreto Fuentes Quintana») el que permitió a las cajas realizar las mismas operaciones que las autorizadas a la banca privada.

Sería con la Constitución de 1978 cuando la configuración de las cajas se alteró por completo, al permitir a las incipientes Comunidades Autónomas regular la materia, sobre la base de la Ley 31/1985, de 2 de agosto, e incidir en la gestión de las mismas. Pocos apostaron por las cajas durante la elaboración de nuestra vigente Constitución, motivo por el cual se permitió, bien por descuido, bien por decisión voluntaria y consciente, que su regulación fuera materia competencial atribuida a las Comunidades Autónomas. El modelo de las cajas, de forma preconcebida o no, con mayor o con menor aceptación y agrado, se ajustó como un guante, transcurrido el tiempo, a la estructura política y territorial de nuestro país.

Años más tarde, el Real Decreto-ley 11/2010, de 9 de julio, implantó el ejercicio indirecto de la actividad financiera de las cajas a través de bancos instrumentales, para facilitar el acceso a recursos de máxima categoría, en igualdad de condiciones que los bancos. La opción para aplicar este régimen era voluntaria, aunque prácticamente todas las cajas de magnitud se acogieron a él, con varias salidas a Bolsa incluidas.

Hasta ese momento, una parte sustancial del sistema financiero español, la integrada por las cajas de ahorros, estaba aislada e «inmunizada» ante el vendaval de los mercados. Careciendo de «dueños», no podían lanzarse operaciones de adquisición de cajas, aunque esto también era un inconveniente a la hora de captar capital y recursos propios de máxima calidad, al despertar las renuencias de posibles inversores, que no podían ejercer un control «desde dentro». Durante algunos años, este obstáculo fue salvado mediante el recurso a la emisión de deuda, más barata y carente de derechos políticos.

El Real Decreto-ley 11/2010 abrió la espita del sometimiento de las cajas (o de sus bancos instrumentales) a los mercados, para bien y para mal, poniendo fin a esta «Arcadia» en la que las cajas habían desarrollado felizmente su centenaria actividad financiera y social.

Algún autor calificó este proceso de reforma de las cajas como «la tercera desamortización» (por ejemplo, Vallès, «Cajas, ¿la desamortización del siglo XXI?», El País, 26 de enero de 2011), por entregar su suerte al capital privado. Realmente, la desastrosa situación financiera del Estado no ofrecía muchas más opciones.

La Ley 26/2013 regirá para las dos pequeñas cajas que se han mantenido fieles a la tradición y para las cajas que se puedan crear en un futuro, siempre dentro de los rigurosos límites concernientes a la actividad desarrollada (minorista), territoriales (una Comunidad Autónoma o diez provincias limítrofes) y de volumen de negocio (el activo total consolidado no podrá superar los 10.000 millones de euros, ni su cuota en el mercado de depósitos de su ámbito territorial de actuación el 35 por ciento del total de depósitos).

Las cajas subsistentes más importantes se transformarán, dentro de 2014, en fundaciones bancarias, si mantienen una participación en una entidad de crédito que alcance, de forma directa o indirecta, al menos, un 10 por ciento del capital o de los derechos de voto de la entidad, o que les permita nombrar o destituir algún miembro de su órgano de administración. De no concurrir estos requisitos, la transformación será en fundaciones ordinarias.

El extinto modelo de las cajas fue, durante varias décadas, «amable» y funcionó razonablemente bien, en un mercado bien acotado territorial y operativamente, sin pretensiones de grandeza, ni por parte de las cajas ni de su clientela. Los problemas comenzaron, quizás, cuando se superaron las tradicionales fronteras operativas y territoriales, trascendiendo de la banca al por menor, bien apegada al municipio o, como mucho, a la provincia. Este «salto» implicó, asimismo, una mutación no siempre solicitada por el cliente, que de depositante con nómina o pensión domiciliada transitó a inversor, presumiéndosele una capacitación y unas necesidades de las que realmente carecía.  En otras crisis financieras anteriores, las dificultades alcanzaron, primordialmente, a entidades bancarias, pero a nadie se le ocurrió terminar con el modelo de los bancos con forma de sociedad de capital para su sustitución por otro patrón organizativo alternativo.

Esto nos permite reflexionar acerca de si los modelos de las cajas y de los bancos se han de reputar necesariamente como antagonistas; es más, ¿era posible, incluso deseable, una ordenada convivencia de ambos tipos de entidades?

Las cajas españolas desplegaron una relevante función social y tuvieron sus «quince minutos de fama» durante tres siglos, pero puede que lo que más duela haya sido que la extirpación de los problemas se haya tenido que impulsar desde el exterior, lo que muestra, en otra faceta, la minoría de edad de nuestro país.

 

8 comentarios
  1. Jaime de Nicolás
    Jaime de Nicolás Dice:

    Interesante repaso histórico. Se podría decir que las cajas han sido como los Gremlims, eran unas criaturas normales pero al mojarse, en este caso con las perspectiva de un chorro de millones para todos especialmente los dirigentes pollíticos y carentes de cualquier escrúpulo, se han convertido en monstruos y se ha acabado por matarlas.

  2. Dubitador
    Dubitador Dice:

    Lo que encuentro mas significativo y autentico broche, explicacion ultima de lo expuesto en el articulo, es este parrafo:


    … lo que muestra, en otra faceta, la minoría de edad de nuestro país.

    Segun este otro articulo dicha minoria de edad la estariamos arrastrando desde hacer por lo menos tres siglos… vaya, lo mismo que duraron los «quince minutos de fama» de las cajas.

  3. Nacho
    Nacho Dice:

    Todo lo ocurrido con las cajas, me hace pensar que no es lo mismo jugarte tu dinero, que jugarte el dinero de otros. Sus gestores nombrados por por políticos, sindicatos y otras fundaciones, no es lo mismo que los gestores nombrados por gente que se juega su dinero, como ocurre en los bancos.

  4. Dubitador
    Dubitador Dice:

    A ver si ahora sale el enlace:

    http://www.deverdaddigital.com/articulo/16197/tres-siglos-de-intervencion-exterior/

    Don Nacho… mire usted que el articulo dice que:

    “Las cajas españolas desplegaron una relevante función social y tuvieron sus «quince minutos de fama» durante tres siglos”

    O sea que mientras fueron unas Cajas la cosa funcionó, pero cuando las convirtieron en bancos, orientados a ser fuente de financiacion de sus respectivos gobiernos autonomicos, la cosa se fue al garete…

    Pero no se fueron solas, no solo ellas, aunque nos quieran vender que la causa de nuestra burbuja ladrillera fueron las Cajas, que solo las Cajas fueron las malas. Mas bien al contrario… lo mas probable es que precisamente nuestros grandes bancos, esos titanes, sean los autenticos artifices de nuestra ruina, puesto que son los recipiendarios de las riadas de dinero dedicadas a “recapitalizarlos” y aun no llegan, necesitan mas… y mas … y aun mas… porque sus balances son insondables, pero no pueden abrirse porque estan protegidos por el sacrosanto derecho a la privacidad, la misma privacidad que la de usted y yo … es que son personas … tienen derechos de personas privadas … las Cajas en cambio no los tenian y por ello pudieron ser abiertas en canal y expuestas al publico reproche … pero sin pedir cuentas a sus directivos y consejeros… eso lo hara cada juez justiciero que ose intentarlo.

    Toda la banca europea, absolutamente toda, esta quebrada, pero se está haciendo el paripé con los rescates y arruinandonos a todos para salvar esos bancos y cuanto esten salvados y lozanos esto sera un erial, pues encima estaremos endeudados con esos mismos bancos.

  5. Dubitador
    Dubitador Dice:

    Me quedó por puntualizar que… no fue casualidad esa conversion de las Cajas en Bancos y que estas nutrieran a sus gobiernos autonomicos, puesto que el diseño de la UE y las condiciones de entrada en el club así nos lo impusieron.
    Las autonomias podian obtener mas recursos por dos caminos: (a) impuestos propios (b) endeudandose con quien quisiera prestarle y las Cajas eran el prestatario designado.
    Sin embargo los bancos privados no lo hiceron mejor, estan quebraros a base de intoxicarse con “productos” generados por la “libertad emprendedoril, dinamica y competiva” y la “autoregulacion cientifica”

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