Alternativa para un debate social sobre transparencia

Está a punto de ver la luz  un libro que pretendo convertir en una alternativa que contribuya a  generar el profundo debate que los habitantes de esta piel de toro  necesitamos, creo que perentoriamente, acerca de si queremos tener transparencia de verdad o si optamos por seguir como hasta ahora.

Implementar transparencia resulta más fácil y posible de lo que parece: tenemos que estar dispuestos, todos (y todas), a  dar pasos hacia el cambio para gozar de transparencia tanto de decisiones como de actos.

Veo la transparencia como un ave alicorta, mal  alimentada,  lo le ha generado ser obesa, torpe, con problemas de oxigenación. No tener  fuerzas para volar. ¿Queremos que las tenga?

Titulo el libro “Alas para la transparencia. El S.A.N.T. Por un nuevo contrato social”. Critico la falta de transparencia tanto pública como privada  y  voy un poco más allá proponiendo  la adopción del  S.A.N.T.,  o  Sistema por unas Alas Nuevas para la Transparencia.

Este país está, afortunadamente, bien surtido de especialistas en estudios psicológicos, sociológicos o estadísticos cuyas foto-fijas del país son tan realistas que ni por asomo me atrevo a cuestionar o completar. Por eso, planteo mi trabajo como una suerte de reto; un  método que bebe de tres fuentes:

1, la Norma ISO de la Calidad;

2, la Responsabilidad, tanto  corporativa como  social; y

3, el SIEMENS Integrity Sistem  que sacó a la multinacional del agujero negro en que se sumió a causa de malas prácticas comerciales sostenidas en el tiempo.

Soy consciente de que dentro del mundo empresarial se considera que la norma ISO ya está superada, que puede verse como una especie de antigualla obsoleta. Pero sólo me ciño al espíritu que creó  las tres alternativas.

Opino que son los partidos políticos y, en general, el sistema de la Transición, los que han estado alimentando mal al ave de la transparencia.  No creo que de mala fe (¿?).

Sin embargo, los índices de confianza en los políticos actuales viven sus horas más oscuras; la corrupción es endémica; faltan  explicaciones convincentes para casi todo;  en  demasiadas ruedas de prensa  no se admiten preguntas;  no se conocen ni el germen ni la razón de las decisiones que nos afectan…y suma y sigue.  Lo hace el gobierno o el partido que lo sustenta y lo hacen todos, dependiendo de su cuota de poder.

No deberíamos  ser ajenos a que la ultraderecha y el populismo se están empezando a hacer  hueco en muchas  personas de bien, hartas de que les tome el pelo la llamada clase o casta política. Ambas descripciones enmarcan bien  el abismo entre mandatarios y mandantes.

No debemos instalarnos, como sociedad civil, en la pasividad. En ver pasar el tren como las vacas, espantando las moscas con el rabo.  Porque de ahí a los liderazgos visionarios hay pocos pasos, y nuestra memoria no parece lo suficientemente sólida para prevenir sus riesgos a la hora de votar. Recordemos el democrático modo en que Adolf  Hitler accedió al poder, y cómo el Partido Popular fue aupado por mayoría absoluta en base a un programa hoy incumplido sistemáticamente. Lo estamos llevando casi sin rechistar.

Soy laico y de izquierdas desde que tengo uso de razón. Mi educación entre los 7 y los 17 años fue con los jesuitas. De ellos (más de mi familia) me quedaron espíritu crítico y afán de conocimiento y cultura que aún no me han abandonado y que, a mis años, no creo que lo hagan. Reivindico, pues, la educación recibida aunque no comparta muchas de las cosas que se me enseñaron.

Me declaro crítico y contrario a la denominada  Ley de Transparencia, Acceso a la información Pública y Buen Gobierno que ha visto la luz el pasado mes de Noviembre de 2013. Me asombra (sí, a mis años hay cosas que me siguen asombrando) que el  gobierno haya necesitado todo ese articulado, tantas letras, para promulgar un texto aprobado en la más absoluta soledad política. Y al que los demás grupos se han opuesto por razones no siempre comprensibles. De hecho,  me pregunto si los que se han opuesto  habrían apostado por opciones como el silencio administrativo positivo o la información en origen y no a demanda.

No puedo dejar de preguntarme, aunque sé que es lo que se hace, cómo es posible que sea necesaria una ley de transparencia para que haya transparencia. Del mismo modo, podría haber  leyes  que obligasen a poner bocado a las monturas o freno a los coches, pero no las hay porque es algo que dicta la lógica de las cosas. ¿Y la transparencia no es algo de cajón? Pues no, parece ser que no.¡ Malo!

Hay una salida, y me permito formularla. Propongo hacer de la transparencia el único modo de estar y hacer en política. Instalar un método en forma de código deontológico más allá de la declaración de intenciones.  Una serie de reglas de conducta, una guía de comportamiento, una extensión de la política 2.0 realmente participativa, trazabilidad para  los acuerdos, las decisiones, su génesis incluso. Y limitar el ejercicio personal de la política a  un máximo de 10 años.

Este libro, en suma, propone recorrer  a lomos del Sistema por unas Alas Nuevas para la Transparencia (S.A.N.T.) un cambio de rumbo hacia la calidad democrática en pos de un Nuevo Contrato Social.  Una alternativa nacida para ser debatida.

 

6 comentarios
  1. Usuario
    Usuario Dice:

    Todo lo que sea que el tema de la transparencia no decaiga, que esté siempre como algo fundamental,e s importante. De hecho, para nuestra democracia es fundamental, por la desvergüenza con la que la clase política oculta los datos, y por tanto su responsabilidad. A mí no me asombra como al autor la ley del gobierno,. No me asombra porque este gobierno al menos no tiene la menor intención de regeneración. la menor. Rajoy es un aparatchik de libro. Mucho ánimo y a seguir por esta senda.

  2. daniel cuadrado zuloaga
    daniel cuadrado zuloaga Dice:

    Auque se ha venido anunciando a bombo y platillo que a través de la Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno, se pretende atajar el fenómeno de la corrupción, su artículo 1 solo habla de que este texto legal tiene por objeto ampliar y reforzar la transparencia de la actividad pública, reconocer y garantizar el derecho de acceso a la información relativa a aquella actividad, establecer las obligaciones de buen gobierno que deben cumplir los responsables públicos, así como las consecuencias derivadas de su incumplimiento. Es decir, formulaciones puramente retóricas y sin ninguna efectividad. Y en concreto, no se contempla medida alguna dirigida a proteger a los denunciantes de de prácticas ilegales de corrupción.
    Es evidente que ello denota una clara voluntad política de no querer agarrar el toro por los cuernos en esta materia. Pues son precisamente los empleados públicos honestos y competentes quienes están en mejor disposición de denunciar estas malas prácticas dado que, al prestar sus servicios en la Administración Pública, son observadores privilegiados de todo lo que se cuece en ese entorno. Y si no gozan de protección a la hora de denunciar prácticas corruptas, hay que entender, como personas humanas que son, que se nieguen a formular este tipo de denuncias por el temor a represalias

    • Carlos Urrestarazu Rodrigo
      Carlos Urrestarazu Rodrigo Dice:

      La ley de transparencia del PP es un genuino ejercicio de postureo, un remedo, una falsedad. ¿Cómo se puede llamar transparencia a que si yo quiero conocer un dato la administración pueda negármela acudiendo, como en tiempos de Franco, al silencio administrativo negativo? Éso es cualquier cosa menos transparencia. Gracias por el comentario

  3. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Querido amigo Carlos:

    Hemos hablado de esto en privado y ahora lo hago en público. Me parece que tu decisión al lanzarte a la piscina y publicar este libro (ya que no lo dices tú lo haré yo, pedidos al propio autor, precio 10 euros más gastos de envío) es muy valiente porque tú eres una persona de partido, que hablas del “Partido” en mayúsculas y sabes que en el mejor de los casos tus compañeros te mirarán como “el raro”.

    Dentro de los tiempos complejos y difíciles que nos están tocando vivir (¿algunos no lo fueron?), es un soplo de aire fresco ver que todavía quedan rescoldos de las llamas de quienes en otros tiempos lejanos lucharon o creyeron luchar, desde distintas posiciones ideológicas, para construir un verdadero estado de derecho, la libertad y la democracia.

    Es muy importante que desde muy diversas posturas ideológicas y desde distintas estructuras políticas haya coincidencias notables en el análisis de nuestros problemas como sociedad y como nación. El surgimiento de nuevos partidos con nuevos mensajes, aunque los defiendan “viejos” políticos son una pequeña luz de esperanza. Cualquiera que lea el material producido por UPyD, C’s y Vox podrá encontrar notables coincidencias en el análisis y las propuestas, más allá de las sensibilidades más o menos progresistas, conservadoras, liberales e incluso nacionales o nacionalistas.

    Es momento de siembra, de regar, de cuidar los ¡oh no, he vuelto a caer! brotes verdes, tiernos casi imperceptibles, que es imprescindible mimar para que cuajen, crezcan sanos y arraiguen en la conciencia social. Tarea ardua pero imprescindible. Hoy el Correo publica un, otro, extraordinario artículo de Joseba Arregi, ex portavoz y ex consejero de cultura del Gobierno Vasco con Ardanza y hoy integrado plenamente en una plataforma que de verdad, busca la normalización política en el País Vasco.

    Aquí está el enlace del artículo:

    http://paralalibertad.org/carnavales-y-cuaresma/

    Parafraseando este excelente artículo, da la impresión vista en perspectiva, que la sobrevaloradísima Transición inició una orgía carnavalera que dura casi 40 años y que como no termine pronto va a arrasarlo todo.

  4. Carlos Urrestarazu Rodrigo
    Carlos Urrestarazu Rodrigo Dice:

    Querido Ennecerus (qué recuerdos de la Facultad de Derecho):
    Gracias por el comentario y la publicidad.
    La vida no para de susurrarme al oído que todos los años de trabajo para tener una democracia en condiciones no han sido en balde, pero que ahora “toca” ser todo lo transversales que podamos. Porque en esta nueva lucha por la ética y la transparencia no puede haber colores: la decencia en los políticos (en la sociedad en general, pero cuando se maneja dinero público más aún) ha de ser como el valor en la antigua mili: que se les suponga, que se dé por hecha.
    Y como no está siendo así (afortunadamente el mal no es general), de todas partes hay que levantarse para parar esta hemorragia que nos está desangrando como civilización.
    Todo el mundo va a ser bienvenido a mi siguiente proyecto: ASPALTRE, Asociación para La Transparencia Real.
    Abrazos

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