“El dilema” de Jose Luis Rodriguez Zapatero, crítica en Revista de Libros de nuestra coeditora Elisa de la Nuez

Tengo que confesar que he cerrado “El dilema” en un estado de perplejidad considerable. José Luis Rodriguez Zapatero, bien es cierto, no presenta su libro como un libro de memorias, sino, y lo cito textualmente,  como un “libro con memoria”. Quizá por ello, no sigue una línea cronológica clara, y las cifras y datos económicos sobre España, la Unión Europa y otros países del mundo (cuadros incluidos), así como citas extensas de economistas, periodistas y políticos,  tiende a romper la continuidad del texto. Ello es especialmente así en el epílogo.

El conjunto resulta por tanto farragoso y escasamente divulgativo, por lo que no alcanza el objetivo anunciado en la introducción: dar una explicación a los ciudadanos sobre los acontecimientos ocurridos en España desde el comienzo de la crisis hasta la pérdida de las elecciones por los socialistas. La opacidad del texto resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que el lenguaje utilizado es muy sencillo, y está plagado del tipo de expresiones pedestres (“saltar a la cancha del hemiciclo”,  “ahí es donde te la juegas”,” el gran drama del paro”)  en que tanto abunda nuestra clase política. En definitiva, todo se mezcla: tecnicismos y obviedades, cuadros macroeconómicos y afirmaciones que parecen extraídas de los llamados “argumentarios”, reflexiones subjetivas (con la inserción de frases tales como “suprimir el cheque bebé era una cicatriz que quedaría grabada en los pliegues, que cada vez se agrietaban más, de mi piel política”)  y citas de Premios Nobel. Este totum revolutum no favorece, ciertamente, el flujo narrativo.

Muchos economistas, a pesar de su formación técnica, han escrito sobre lo mismo de forma más clara, entretenida e iluminadora, en España y fuera de España. ¿Cómo explicarse entonces que resulte tan aburrida una obra redactada por la misma persona que asistió a las múltiples y agónicas reuniones en que estuvo a punto de declararse el “default” de nuestro país, o que contiene noticias importantes, como la publicación de  la famosa carta del BCE, sobre cuya existencia se alimentaban dudas? La pregunta no resulta fácil de contestar, aunque voy a intentarlo en estas líneas.

A mi juicio, el principal problema reside en el enfoque del libro. Como sabemos bien los que, siendo especialistas en alguna materia, escribimos más o menos habitualmente artículos de divulgación, lo fundamental es “encontrar el tono” y construir un relato. Ambas cosas resultan mucho más sencillas si uno tiene claro lo que quiere trasmitir y a quién se lo quiere trasmitir. Sin olvidar que la honestidad intelectual también ayuda, por muchos errores que se puedan cometer en los juicios y en las apreciaciones.

Pues bien, temo que una razón importante para que fallen tanto el tono como la construcción del relato, es que el autor, en vez de ofrecer a los ciudadanos, “por obligación democrática” –son sus palabras-, una explicación sobre la crisis, se dedica, más que nada, a justificar sus decisiones de partido, a sus compañeros de Gobierno y a sus colaboradores en general, a los que cita siempre en términos muy elogiosos y como grandes profesionales. O como diríamos coloquialmente: lo que quiere, es quedar bien. O, por lo menos, no demasiado mal.

Efectivamente, una de las características del libro es la cantidad de reconocimientos y agradecimientos que contiene a diestro y siniestro. NI una palabra amarga, ni un reproche. Todos los personajes que transitan por la obra, desde la ex Ministra de Economía Elena Salgado –considerada por el Financial Times en su momento como una de las peores ministras de la eurozona- hasta los incombustibles representantes sindicales Toxo y Cándido –a los que se describe literalmente así- son un prodigio de buen hacer y de responsabilidad. También justifica Zapatero, cuando no exalta, a los líderes europeos, pese a que exteriorice algunas dudas sobre su capacidad de gestión de la crisis del euro –más que razonablemente, a la vista de los hechos que él mismo narra-. Es incluso más alto su nivel de autocrítica, especialmente en el epílogo.

¿Cómo es posible que siendo tan excelentes los líderes europeos, los gobernantes, ministros, parlamentarios, representantes de la oposición, agentes sociales, instituciones, trabajadores, etc,  hayamos llegado a la dramática situación que el libro describe? Aquí nos encontramos con un dato fundamental: lo más revelador no es tanto lo que el libro cuenta, sino lo que obvia. Si el autor lo contara todo, aparecería bajo una luz más dudosa. Pero no cabe excluir una hipótesis peor: que el ex presidente no haya entendido a estas alturas que el cierre la financiación exterior, detonante de las calamidades subsiguientes,  fue una crisis de credibilidad o confianza. Dicho de otra forma, nuestros acreedores dejaron de pensar que les íbamos a poder devolver el dinero. Pero ¿por qué pensaron eso así, de repente?

En este libro sobre la crisis no hay ni una mención (o solo muy de pasada) a las causas profundas e internas de esta falta de credibilidad, causas  que, como nos han demostrado de forma muy solvente y  amena especialistas como Daniel Lacalle o economistas de primera fila como Luis Garicano o Jesús Fernandez-Villaverde, están estrechamente ligadas a los problemas estructurales de nuestra economía. Problemas inseparables del deterioro de nuestras instituciones y de la mediocridad de nuestra clase política, la cual no supo reconocer el problema en un primer momento para enfrentarse a él de verdad, cambiando el modelo productivo en una segunda instancia. Y en esas estamos todavía, dado que, aunque haya cambiado el partido en el Gobierno, la clase política sigue siendo la misma.

En “El dilema” se habla muy poco del disfuncional mercado laboral español, con una diferencia entre los trabajadores con contrato indefinido y con contrato temporal sin parangón en el mundo entero, así como se soslaya el estancamiento de nuestra educación, reflejada una y otra vez en los sucesivos informes PISA, el aumento tremendo del abandono escolar que provocó el dinero fácil durante la época de la burbuja inmobiliaria, o la ocupación partitocrática de todas y cada una de las instituciones y muy señaladamente las de control y supervisión, las cuales, por lo menos en los casos más evidentes, deberían haber dado alguna voz de alarma. Por el descontrol reinante en las Cajas de Ahorro, ocupadas por los partidos políticos, se pasa por encima, diciendo simplemente que “hubo algunas que habían desarrollado una gestión muy negativa” y que es una suerte que se estén exigiendo responsabilidades, por vía judicial en algunos casos. Ello demuestra que “el Estado de Derecho” funciona. Lástima que la exigencia de estas responsabilidades haya procedido en la práctica totalidad de los casos de personas físicas y jurídicas ajenas a las instituciones y a los viejos partidos.

Tampoco se menciona la corrupción local en el ámbito urbanístico,  luego extendida a prácticamente todas las Administraciones, el capitalismo del palco del Bernabéu o capitalismo castizo, el colapso y la politización de la Administración de Justicia, la falta de unidad de mercado, etc, etc. Es verdad que se habla en el epílogo de la burbuja inmobiliaria, del modelo productivo, del paro y de los problemas del sistema financiero. Ello no obsta, sin embargo, para que tengamos que leer cosas como la siguiente: lo que sucede no es que España haya vivido durante los años de la burbuja por encima de sus posibilidades, sino que  antes lo había hecho por debajo.

En fin, no solo no se menciona la falta de independencia de los organismos como el Banco de España, mudos ante los desequilibrios de la economía española o el desastre de las Cajas de Ahorro, sino que, increíblemente, se invocan los informes de esos mismos organismos para justificar que se creyera que los ajustes en el mercado inmobiliario se iban a hacer “de forma paulatina u ordenada”  o que el sistema financiero español era de los más sólidos del mundo.

Claro está que esto no puede extrañar si se tiene en cuenta que Rodriguez Zapatero se empeñó en negar la existencia de la crisis hasta que ésta le estalló a su Gobierno –y al país- en las manos. Lo más interesante es que, si bien menciona el hecho en la parte final del libro (bajo el epígrafe “Mi tardía utilización de la palabra crisis”), lo reduce a un error de nomenclatura, insistiendo en que, a la vista de los datos de que disponía y de las previsiones de los organismos internacionales, realmente no había ninguna “crisis”.  En el mundo virtual en que viven nuestros políticos, es difícil que nadie asuma una responsabilidad real. ¿Quién no se ha confundido alguna vez de términos?

El capítulo final contiene también otro apartado referido a “la crisis en España. Mi análisis y mi responsabilidad”. Pero el análisis es bastante superficial, pese a la profusión de datos y de tablas, y el reconocimiento de la responsabilidad, igualmente epidérmico. Para justificar que no se pinchara la burbuja inmobiliaria, se aportan cifras económicas orientadas a demostrar que el cambio de modelo productivo no era tan urgente. También se afirma que se invertía mucho en I+D+i o en infraestructuras. Lo último, siendo cierto en términos cuantitativos, elude el análisis (y la responsabilidad) de cómo se gastó el dinero público con ligereza imperdonable, quedando nuestra geografía adornada de aeropuertos fantasmas, palacios de congresos que se caen a pedazos o autopistas por las que no circula nadie y que hay que rescatar con el dinero de los contribuyentes porque sus concesionarias son empresas muy bien relacionadas con la clase política.

Preocupa que a estas alturas siga insistiendo el autor en calificar como logros de su Gobierno políticas sociales que fueron posibles gracias a los ingresos extraordinarios de la burbuja inmobiliaria -añade que las medidas de recorte de mayo del 2010  supusieron en buena medida “la gran paradoja” de “borrar los avances de 2004 a 2009”-; o que se pregunte “qué quedará en la retina de los ciudadanos”, si los grandes logros sociales o su súbita desaparición (junto con la de millones de empleos, podemos añadir). La contestación es fácil de adivinar. En fin, no resulta sencillo evitar la impresión de que solo los mercados impidieron que se siguieran haciendo las mismas políticas. ¿Hemos de extrañarnos? No, habida cuenta de que el Gobierno actual, realizadas más o menos las reformas exigidas por la troika, y garantizada así la financiación necesaria, repetirá modelo.

Dicho eso, también hay que reconocer que a veces la realidad y hasta el sentido común se filtran en el texto, poniendo de manifiesto que algo se ha aprendido, aunque sean cosas básicas. Por ejemplo, que en una crisis de deuda soberana, son los países con más deuda corriente y por tanto con un alto endeudamiento, los que más sufren. Algo es algo.

Bastante más interés tiene la parte del libro dedicado a la exposición de los problemas de gestión de la Unión Europea con ocasión de la crisis de Grecia primero y del euro después, especialmente porque ponen de manifiesto la falta de instrumentos financieros e institucionales adecuados para abordar tales desafíos de forma conjunta y ordenada y hacer frente a los temibles “mercados”. Los que creemos en el proyecto de Europa, nos enfrentamos a un retrato demoledor –pese a las buenas palabras- del caos que se vivió en la eurozona y de los sucesivos intentos de solucionar la crisis en un sinfín de reuniones eternas e inútiles hasta llegar a la decisiva intervención del BCE como prestamista de último recurso y, en el caso de España, la imposición de las condiciones contenidas en la famosa carta.

Resulta también muy aleccionador cómo se cuenta la historia de las subidas y bajadas en pocos días de la prima de riesgo española (y de otros países del Sur de Europa).  Los famosos “animal spirits” quedan bien reflejados, desde el pánico que produjo entre los inversores internacionales la posibilidad de la quiebra de Grecia,  la ruptura del euro  o el contagio a otros países periféricos, hasta los balsámicos efectos de unas pocas palabras del Presidente del BCE. No obstante, este es el mundo global en el que vivimos y esas son sus reglas, por absurdas o volátiles que le puedan parecer a un gobernante como Rodríguez Zapatero. Éste afirma que “se juega a veces el futuro de un país con un rumor o una frase afortunada o desafortunada del presidente del BCE”, pero no repara en que no a todos los países les pasa lo mismo.  Lógicamente “los mercados” tienen muy en cuenta, además de las noticias del FT o del WSJ, lo que los inversores llaman “fundamentales”. El poder de ajustar, pongamos por caso, los gastos a los ingresos.

Dicho de otra forma, si estos “fundamentales“ no están claros o están más bien oscuros, es probable que los inversores presten mucha más atención a declaraciones, noticias y simples rumores.  De ahí la importancia de ser más que de parecer, otra lección que nuestra clase política está tardando mucho en aprender, quizá porque ellos mismos viven en una burbuja política de su propia cosecha.

Porque si otra cosa, bien que involuntariamente, pone de manifiesto este libro, es que el Presidente del Gobierno de España –podría decirse lo mismo del actual- ha vivido encapsulado en una burbuja donde los ecos de la realidad llegaban solo de forma muy amortiguada,  gracias a los aduladores de turno y, lo que es mucho peor, gracias a su propio equipo. De ahí que, al irrumpir de forma desconsiderada, la realidad sea percibida como un terremoto de enorme intensidad –es el símil que Rodríguez Zapatero utiliza-,  es decir, como una catástrofe natural e impredecible. Nadie le había avisado, observa el ex presidente. Es de temer que esto sea verdad.

Quiero hacer por último una reflexión sobre el título mismo del libro, título que llama a error aunque sea un recurso literario. No hubo nunca ningún dilema, en la medida en que Jose Luis Rodriguez Zapatero no podía hacer algo muy distinto de  lo que lo hizo al cerrarse para España la financiación internacional. Se explican así, tanto los recortes anunciados el 12 de mayo de 2010, como la reforma constitucional “express” del art. 135 de la Constitución, efectuada con el fin de tranquilizar a los socios europeos mediante un compromiso de estabilidad presupuestaria   No hubo nunca, a pesar de lo que el autor afirma, un dilema entre “convicciones y responsabilidad”, dos rasgos que brillan por su ausencia en nuestra clase política.

 

 

17 comentarios
  1. Gonzalo Atela
    Gonzalo Atela Dice:

    A fecha de hoy no existe un diagnóstico oficial de las causas y soluciones de la crisis. (Sí hubo una comisión Bankia, aunque de tapadillo, muestra de ello es la dificultad en encontrarla en la web del Congreso. Y quiza esa comisión se hizo para minar el procedimiento criminal posterior.) Se habló de las causas genéricamente como: de Estados Unidos, de Europa en general, mundial o simplemente como un ciclo económico donde, bueno, algún exceso si se cometió aquí.

    A fecha de hoy la “verdad oficial” es que la crisis ya va quedando atrás y que hay un enorme interés en invertir en España.

    Pero una rápida mirada a España nos dice que:
    – No existe voluntad de despolitizar las instituciones. Vease si no el reciente reparto del CGPJ.
    – No existe voluntad de acabar con la dualidad del mercado laboral, para que parezca que sí los impresos sí se han reducido. En otras palabras, no, no queremos meritocracia laboral.
    – No se sabe cuanto a costado el rescate bancario (ha habido transferencias de dinero por muy diferentes conceptos). Tampoco ha habido una sanción a los gestores. Sin embargo, oficialmente Bankia es ya un exitazo y Rato es contratado por el Santander.
    – La deuda publica se ha multiplicado. Como los ingresos no son suficientes para pagar el gasto publico, que no se quiere reducir, pues se pide dinero. No se sabe como o cuando se va a pagar, es mas, oficialmente no sabemos cuando vamos a dejar de pedir.
    – Con esta crisis el problema de la natalidad de España empeora. Y, logicamente, las matemáticas de las pensiones empeoran.
    – No se ha hecho nada para sacar a la universidad de su mediocridad, etc.

    Las reformas hechas han sido obligados por Europa y en menor medida por la sociedad civil. Es la hora de los ciudadanos, de la sociedad civil. Los ciudadanos sí que podemos forzar cambios, no cuesta tanto. A modo de simple ejemplo, hay que ver como se toman muy en serio en Bruselas las cartas que se mandan de ciudadanos o asociaciones españolas denunciando al Gobierno.

  2. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    Zapatero sí conocía la verdad antes de ganar las elecciones en 2004.

    Eso dijo hace tiempo Mariano Guindal.
    Una semana antes de las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, Mariano Guindal entrevista en el Hotel Miguel Ángel de Madrid a Miguel Sebastián. Una vez terminada dicha entrevista, y con el micrófono cerrado, el que después sería ministro de Industria le reconoce que el programa electoral del PSOE no respondía a la realidad económica porque no estaba pensado para gobernar, sino para que la derrota no fuera tan fuerte como para impedir que Zapatero fuera reelegido secretario general de su partido. Sebastián le confiesa: Sería muy malo para España, para José Luis y para mí que el PSOE ganara las elecciones. Y siete días después las ganan, contra todo pronóstico, y a partir de ahí empiezan a hacer disparates. Y el mayor disparate que comete el Gobierno de Zapatero es pensar que ya no había que hacer nada en economía.

    Como se puede ver mentir es una patología my extendida entre nuestros políticos, incluso después de terminar su carrera son incapaces de reconocer la verdad y pedir perdón por sus tropelías.

  3. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    Da gusto con Elisa, que clarito lo cuenta, un placer leerte.

    La sorpresa que se lleva el señor Zapatero podría haber sido menos si en España hubiese una evalauación continua de las politicas públicas, entendida como el instrumento de rendición de cuentas para la mejora continua de la transparencia, calidad y eficacia de las instituciones públicas. Todo ello con la finalidad de contribuir a un mayor conocimiento, confianza y participación de la ciudadanía en dichas políticas públicas pero tambien para lograr la credibilidad de las instituciones europeas.

    Como diría el gato a Alicia en el país de las maravillas. “si no sabes donde vas como sabras que has llegado?”

    La ciudadanía tiene derecho a tener información para ver en que se gastan los dineros públicos, si se gastan en proyectos eficientes o en aeropuerto inútiles. No solo debemos conocer la ley de Presupuestos sino también la ejecución del mismo. Los ciudadanos no se conforman con depositar su voto cada cuatro años sino que quieren saber si el programa electoral que votaron se está cumpliendo. Además la evaluación de políticas públicas nos servirá para comparar entre Administraciones pues no todas son iguales.

    Por, último, no puedo dejar de sañelar la falta de honradez al publicar la carta del Banco Central Europeo. Carta que habia sido denegada a un ciudadano, basandose en razones de Estado y el secreto de los documentos oficiales y que se publica más tarde para lograr mayores ventas en su libro.

    La honradez es un principio de conducta que debe adornar a todos nuestros gobernantes para que actuen de manera justa, recta e integra, prescindiendo de utilizar las atribuciones inherentes al cargo para obtener cualquier tipo de beneficio.

  4. Miguel Tuells
    Miguel Tuells Dice:

    Elisa, parece Vd. sorprendida de que leyendo esas solemnes bobadas en formato de libro no ha sacado nada en claro ni ha hecho otra cosa que perder el tiempo….. y el dinero si se lo ha comprado. ¿Qué se esperaba?

  5. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Tiene mérito leerse un libro firmado por un político español o sobre un político español posterior a la Transición. Imagino que uno se lo toma como un deber. No pensaba perder mi tiempo leyéndolo, pero ya que lo ha hecho la Sra. De la Nuez y no nos descubre una cara profunda e intelectual del “Maquiavelo de León”, según García Abad (libro que tampoco he leído ni piendo leer, porque Nicolás Maquiavelo no puede ser comparado con ningún ideólogo español moderno, ya que éstos no aguantarían ni treinta segundos la comparación), me ahorro doblemente la pena. Aquí sigo yo, esperando la “conjunción planetaria” que nos anunciara alguna de las ínclitas secuaces (de “sequor”, seguir, no sea que me malinterpreten) de nuestro ex-presidente. Antes te preguntaban de dónde eras, contestabas que de León y la cara de la gente parecía decir (como D. Emilio Attard) “-Ah, eso imprime carácter”. Ahora te contestan, con cara de sorna, “-Ah, como Zapatero”. Algún día que os cuente alguien que lo sepa de primera mano qué reuniones hubo con Jesus Polanco y Felipe González tras su elección como Secretario General del PSOE para que dejaran de llamarle “Bambi” y no se lo merendasen sus propios colerrigionarios, alguno de los cuales, en la misma tarde de las elecciones tras el 11-M me dijo que ganaba Rajoy. Pues eso, ganó Zapatero, luego Rajoy y así va España: fútbol todos los días a todas horas y pagando el “céntimo sanitario” aunque ha sido declarado contrario al Derecho comunitario. “Cráneos Privilegiados” como decían a Max Estrella.

  6. Paloma
    Paloma Dice:

    Lo evidente es que, si a Aznar no se le hubiera ido la olla en la segunda legislatura (la de mayoría absoluta) y no hubiera tenido delirios de grandeza “iraquíes” (para fardar ante su amiguito Bush), la historia reciente de España habría sido muy dstinta. Probablemente no habría habido atentado el 11 marzo 2004, las elecciones habrían sido ganadas por Rajoy y las políticas económicas habrían sido diferentes. No habríamos sufrido de ministro de Trabajo a Valeriano Gómez y la reforma laboral se habría aprobado mucho antes, con lo que nos habríamos ahorrado varios cientos de miles de parados y la amenaza de un rescate financiero. Pero claro, nunca lo sabremos, sólo podemos imaginarlo. Me quedo sólo con esta idea: la cabezonería ególatra de un político (en este caso Aznar) puede haber cambiado la historia de España, y por supuesto para mal.

    • Carlos Jerez
      Carlos Jerez Dice:

      Muy poco diferentes hubieran sido. En el PP la creencia de que no existía burbuja inmobiliaria era aún mayor, uno puede ver como han gobernado en sus autonomías para ver lo poco capaces de ahorrar y lo mucho de despilfarrar que son, y en cuanto a reformas económicas fuera de una crisis nada de nada. Aznar durante su segunda legislatura, dispuso no solo de una mayoría absoluta, sino de un partido rendido a sus pies como no lo ha tenido Rajoy, y no fue capaz de reformar nada nuestra economía, desdeñaba la inversión en investigación, fomentaba la dualidad laboral y la destrucción de nuestras costas y dilapidaba su capital político no solo en guerras, sino en equiparar nacionalismo con terrorismo, hacerse con el poder judicial (aún más) y mentir sobre cualquier cosa que no le gustara.

      Eso sí, coincido que pudo cambiar nuestra historia para bien, que se vendió como un reformista centrista, pero es que si cuando pudo hacerlo pasó de eso y se metió en cuestiones que solo podían dividir a los españoles o sacar su rechazo mayoritario, nos muestra que algo estaba muy mal en él. Si uno después lee lo que ha dicho en los últimos años, sin duda te quedas con una imagen peor de la que tenía de él cuando fue reelegido en el 2000.

      Saludos y gracias por el artículo Elisa.

  7. Francisco de la Torre
    Francisco de la Torre Dice:

    Elisa: Ya tiene mérito leerse el libro. El ex-presidente Zapatero envió algún artículo a los medios en sus tiempos en Moncloa, que simplemente no tenía sentido gramatical. Eso al menos comentaban los periodistas. Además, la pulsión autojustificativa es fortísima. Por último, la eficaz labor de silenciar las voces críticas, hace que llegue un momento en que los habitantes del Palacio de la Moncloa acaben creyéndose sus propias mentiras; y esas mentiras son siempre las peores de todas.
    Es curioso comparar con la visión de Solbes, y su relato “heroico” de cómo advirtió lo que se avecinaba. Para los interesados, dejo aquí mi opinión: http://vozpopuli.com/blogs/3765-francisco-de-la-torre-la-memoria-de-lo-que-nunca-ocurrio

  8. Ramon Garcia
    Ramon Garcia Dice:

    (Perd´on por no poner acentos, en este teclado es imposible)
    Muchas gracias Elisa por tu excelente revisi´on del libro de Zapatero. Coincido al 100 % con tu diagn´ostico. No se asume ninguna responsabilidad. Ni de los problemas estructurales de la econom´ia española, de falta de competitividad, debido a un retraso educativo. Ni de la pesima gesti´on que nacionalizo las p´erdidas de unas cajas de ahorros estrechamente vinculadas con la politica.

    Agradezco esta revisi´on porque as´i s´e como es el libro sin comprarlo, y me niego a contribuir a quienes han destrozado este pa´is.

    Pero me temo que esta negaci´on de la realidad no es exclusiva del ex-presidente. Buena parte del pa´is la comparte (no debemos no pagamos, no es nuestra deuda). Hay un gran riesgo de deriva hacia pol´iticas populista.

    Por elo, para evitar ir hacia un sistema peronista, es necesario que adoptemos un plan de reformas pol´iticas y econ´omicas profundo. Por desgracia no es as´i.

  9. Arcimboldo
    Arcimboldo Dice:

    Gracias Dª Elisa por el resumen. Me encanta leer, pero hay que ser muy muy valiente para leerse estos libros…

  10. ramon palacio
    ramon palacio Dice:

    Elisa, magnifico análisis, 100% de acuerdo, burbuja sobre burbuja, y sobre burbuja una.

  11. misnotas
    misnotas Dice:

    Gracias por realizar el enorme sacrificio de adentrarse en “El Dilema” de JLRodriguezZapatero. No solo preside una pueril, superficial y deliberadamente inexperta gestión de la cosa pública durante 8 años sino que intenta justificar lo injustificable y para ello lo mejor es un texto convenientemente alejado de la lógica cartesíana. Gracias Elisa por ese empeño y esa buena voluntad que se le cuela en el párrafo 15 “…que algo se ha aprendido, aunque sean cosas básicas….”. Ahora le seguimos pagando la formación esta vez con cursillos de capacitación en el Consejo de Estado. Allí esperemos que no pueda hacer daño.

  12. Juan
    Juan Dice:

    Leer a Zapatero estropea el estilo. Zapatero, mientras fue presidente, solo dijo una verdad: el PSOE es el partido que más se parece a España. Eso es tristemente cierto.Y su sombra se proyectará durante años y años.

  13. Joaquin L.M.
    Joaquin L.M. Dice:

    Sobre la semblanza de este señor que tan bien se autodescribe en su libro, y analizada con gran lucidez por la Sra de la Nuez, y después de leer todos las respuestas, me sigue quedando una pregunta, ¿por qué este señor?
    Según alguien comenta, lo predijo Sebastián, pero no dudó en embarcarse con él. ¿Y el resto de compañeros de partido? ¿Y los españoles que lo votaron?, no fue una conjunción planetaria, fueron millones de decisiones de españoles que, parece evidente, poco meditaron sus decisiones y son los verdaderos responsables de semejante catástrofe. Y no una, sino dos veces…. Es que tiene narices….¡¡A ver para cuando los españoles de a pie nos empezamos a responsabilizar de nuestras decisiones y dejamos de echar culpas de todo a los demás!!
    Saludos.

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