Orden público y participación política

Varios de los editores de ¿Hay Derecho? coincidimos casualmente en las proximidades de las “marchas de la dignidad” del pasado sábado 22 de marzo y pudimos ver parte de lo que ocurrió. Y lo cierto es que hemos tenido oportunidad de reflexionar sobre esta cuestión porque es importante y va in crescendo: manifestaciones, escraches, acosos, el 15-M, paralización de desahucios, invasión de fincas militares por representantes del pueblo, etc. De hecho, en el libro que hemos escrito y que pronto se publicará (se llamará también ¿Hay Derecho?), dedicamos un capítulo a esta cuestión bajo el título “La ley de la calle”. Ya me han advertido los otros editores de que no debo destripar nuestro libro, pero creo que decir algo generará expectación (esperemos), aunque sean unas consideraciones generales y muy obvias, como estas.

Bajo muchos de estos sucesos se encuentra una tensión evidente entre el orden público y la legalidad y la legítima expresión de descontento y aspiraciones. Por partir del último de los sucesos, lo cierto es que en el tema de las marchas de la dignidad hay muchos factores en juego, y según la tendencia del analista se destaca uno u otro. Por un lado, no cabe duda de que la deriva institucional, los recortes, los agravios comparativos, las injusticias o la corrupción han generado un estado de ánimo que genera pulsiones propensas a la manifestación, la reivindicación y la protesta, dado que los cauces habituales parecen estar embotados y no canalizan las necesidades, cosa perfectamente comprensible y justa. Pero por otro, parece también claro, a medida que pasan los días, que entre los manifestantes se camuflan grupos que distorsionan la manifestación para convertirla en algo violento y contrario a la ley que unos ven como una ataque al Estado de Derecho (Cosidó: “escalada de violencia que busca desestabilizar es Estado de Derecho”) y otros disminuyen su importancia (“la verdadera violencia son los recortes”) o simplemente niegan su existencia (ver aquí y aquí)

Desde un tercer punto de vista, pareciera que las autoridades actuales tienen mucho reparo a usar la represión en un momento muy delicado políticamente porque la sensibilidad está a flor de piel, y quizá porque consideran que su posición no es muy firme por su forma de afrontar la crisis (“problemas de coordinación”); los jueces sueltan a todos los agresores de policías menos a uno, quizá debido a nuestra normativa garantista o porque a los jueces les pasa lo mismo que al ejecutivo (Juez: “no quisieron causar daños”) Tampoco la oposición acaba de oponerse del todo a estas manifestaciones violentas, quizá, aventuro, porque le parece más rentable alentar la protesta contra el gobierno que defender la ley y el orden (aquí)

La conclusión de todo ello es que, ya sea por una cosa o por otra, la ley se vulnera de una manera u otra y además la legítima protesta se distorsiona porque lo único que aparece mediáticamente es la violencia.  Al respecto de todo ello cabe decir varias cosas. Lo primero, lo obvio, es que no todas actuaciones callejeras, revueltas o expresiones populares son iguales en sí mismas ni ocurren en escenarios similares. Por un lado, no es igual una manifestación de protesta que cumple todos los requisitos legales y reglamentarios que romper contenedores o agredir policías, el escrache o la invasión de espacios públicos, fenómenos como el del Gamonal o la paralización de desahucios. Todos son diferentes, a veces responden a finalidades distintas y sólo se identifican por ser modos de expresión del descontento. Pero hay una raya diferenciadora que debe ser básica en un Estado de Derecho: si suponen una vulneración de la ley o de los derechos de terceros o ambas cosas, y esta es la distinción que nos interesa aquí.

Pero, por otro lado, es evidente que no todos los contextos son iguales y así como en el ámbito penal la violencia proporcional en legítima defensa o estado de necesidad puede ser eximente de responsabilidad, también en el ámbito político y social pudiera ocurrir lo mismo. De hecho, en la antigüedad, cuando no existían demasiados canales de participación política, se desarrolló –incluso entre los escolásticos- el llamado derecho de resistencia contra leyes injustas que llegaba incluso a legitimar el tiranicidio en casos extremos. Y probablemente, en la actualidad, las revueltas en los países árabes contra dictaduras opresivas que no permiten discrepancia alguna y violan los derechos humanos pudieran entrar en el antiguo concepto del derecho de resistencia.

Ahora bien ¿cabe decir lo mismo de los países democráticos? Y más concretamente, ¿están justificadas ese tipo de actitudes –las ilegales o perjudiciales de derechos de terceros-  en nuestro país, a la vista del deterioro de las instituciones que tantas veces se denuncia en este blog? Es evidente que podemos compartir –y compartimos- muchas de las inquietudes y de la  indignación que animan a este tipo de manifestaciones (no todas, porque de lo que se trata es precisamente de distinguir lo razonable de lo que no lo es) pero lo que nos preguntamos es si tales comprensibles estados de ánimos son suficientes para romper la estructura legal y el orden público. Pues bien, la respuesta a esa pregunta, para mí, es clara: no.  Pero ese “no” debe matizarse según a quien nos dirijamos.

Desde el punto de vista de las autoridades obligadas a aplicar la norma, jueces y medios de comunicación, cabe decir que la condescendencia, lenidad y comprensión con estos atentados al orden público es abrir la caja de Pandora, que Zeus ordenó no abrir. En un país como el nuestro en el que, al menos formalmente, hay un Estado de Derecho, que significa que hemos renunciado al ejercicio de la violencia a favor del Estado para que garantice la seguridad y la justicia, no caben los actos vandálicos y demás infracciones legales, que involucran también derechos de terceros (comerciantes de la puerta del Sol, mobiliario urbano, la integridad física de mucha gente…) que el Estado debe proteger. No se me escapa, por supuesto, que es habitual que cuando la gente lo está pasando mal haya brotes de violencia (el motín de Esquilache, aunque en apariencia se debió a la prohibición de la capa, en realidad se debió a la liberalización de la tasa del pan y el hambre) y que muchas reivindicaciones están justificadas, pero ya los defensores medievales del derecho de resistencia exigían enormes cautelas (que todos recursos pacíficos hayan quedado agotados, reunir al pueblo para tomar esta decisión crucial o al menos consultar a algunos “hombres graves y eruditos”) para saltarse la ley. La democracia es respeto a las formas y a los procedimientos y si una parte rompe su parte del contrato y recurre a la violencia, quizá quieran hacerlo otros: la violencia significa querer imponer a todos decisiones de parte sin seguir los procedimientos.

Desde el punto de vista de la ciudadanía que protesta, no vamos a negar, pues es cierto, que la situación de deterioro del sistema de control de las instituciones y la separación de poderes es grande y que la Constitución se ha convertido en una especie de zombie, más muerto que vivo, en el la participación ha quedado reducida en la práctica al voto cada cuatro años, a cuya captura dedican los partidos políticos sus máximas energías cuando se aproximan las fechas. Ello justifica las manifestaciones, críticas y movilizaciones, pero no que se incumpla la ley o se altere el orden público. Es evidente que lo más cómodo, ante una situación que no nos gusta, es enfadarse, a modo de un niño que tiene una rabieta, y romper contenedores y escaparates. Seguramente nos sentiremos mejores personas pensando que hacemos justicia y nos desahogaremos de nuestras penas. Quizá hasta a lo mejor pasamos un rato divertido alternando y conociendo gente. Y probablemente no tenga ningún coste.

Pero me temo que esta actitud no sólo no está bien, es que seguramente es muy poco eficaz para cambiar las sólidas estructuras de la partitocracia. Ser un ciudadano responsable exige más esfuerzo, pero también es más eficaz, a la larga. Y es que ser ciudadano no es solo tener derechos. Tenemos también cargas si queremos que los derechos funcionen. Y ello vale tanto para los que protestan violentamente como para los que deciden pasar de todo y luego se quejan. En una democracia no cabe, como en las dictaduras, aguantarlo todo estoicamente hasta que no podemos más y rompemos la baraja. Ser ciudadano cuesta esfuerzo y quizá algún disgusto: hay que formarse un verdadero criterio y, una vez formado, ser capaces de cambiar nuestros sesgos cognitivos y dejar de votar lo mismo que habíamos votado, o simplemente significarse, mojarse o manifestarse para convencer a los demás de que hay algo que se está haciendo mal. Pero el premio es que las cosas cambien.

Sin lugar a dudas, el establishment ha intentado minar todos los canales de participación política y dejarlos limitados al formalismo de la votación, que ya se encargaran de adaptar a sus necesidades cuando llegue. Pero está en nuestras manos no aceptar esa situación: somos los dueños y podemos revocar el poder cuando queramos, que para eso son las elecciones que, por cierto, se nos presentan en un breve plazo. Aprovechemos la oportunidad de mostrar nuestra opinión sin prejuicios.

Concienciémonos: para cambiar las cosas no es suficiente, ni justo, dar voces y romper cosas. Pero hay caminos.

22 comentarios
  1. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    La verdad, creo que no he entendido bient este post. Sólo hay una posición posible ante este estado de cosas. el Blog ya publicó un post comprensivo con “Gamonal” y mi cmentario fue que de esos polvos vendrían estos lodos. No hay ni una sola manifestación legítima que pretenda subvertir el orden constutucional. Tampoco en Ucrania, tampoco en Venezuela, sólo la resistencia pacífica que nos esseñó Ghandi es la actitud de las personas de bien. Dese luego estas conductas no son asumibles ni España, ni en la Unión Europea. La más mínima tolerancia y ambigüedad, la falta de condena directa a los troskistas detrás de los cuales hay todo un sistema de beneficiarios, también políticos de izquierda, que siguen considerando, como Fraga, que la calle es de ellos y tienen el monopolio moral de lo que está bien es un grave problema. No comparto la forma que el Sr. Gomá ha dado a este post, lo siento. LO que hay que decir es gracias a los policías que sufrieron los ataques de estos grupos que no se insertan tan contra natura en una manifestación de este tipo, sino que forman parte del paisaje. ¿Es que no habéis leído/oído el comunicado del histríón oficial y los demás que tomaron palabra?¿ Es que no habéis visto qué silencio culpable?¿Es que no habéis leído el auto del juzgado de instrucción? Vamos por un camino muy malo si todo un Sr. Notario teine palabras tan sueves para una situación de este tipo. Espero que cambie el estado de cosas, que se identifique a los terroristas callejeros y que se les aplique el Código penal cuanto antes. Para eso está.

    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      Pues yo creí que estaba bastante claro, Jesús. Para aclararlo más, te añado que el objetivo del post no es dar gracias a nadie ni condenar nada en particular, sino reflexionar sobre un fenómeno que se está dando actualmente con demasiada frecuencia, situarlo en su contexto, poner como límite claro el cumplimiento de la ley, salvar el comprensible enojo de la gente y su derecho a manifestarlo y relacionar esto con la necesidad de que el ciudadano se movilice en el sentido más eficaz para cambiar las cosas. Haz tú, si quieres, un post en ese sentido valorativo que señalas, y seguro que tendrá muchísimo interés. Saludos.

  2. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Y tampoco existen los “escraches”. diga lo que diga la Audiencia, existe la coacción. Y, si no, imaginaos uno de esos actos en el portal de vuestra casa.

  3. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    El nivel de violencia en las manifestaciones callejeras está subiendo peligrosamente, hasta el punto de que últimamente en todas, se han producido incidentes que no han sido anecdóticos, sino que al final han acaparado todo el protagonismo informativo, pasando a un segundo plano el mensaje que los manifestantes querían transmitir. Para mi no hay nada que justifique la violencia, al igual que tú señalas en el post. Tampoco me parece nada saludable que se esté permanentemente cuestionando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Cuando con ocasión de una manifestación, se queman contenedores, se lanzan botellas contra policías, lo que se está haciendo es delinquir y ante esto no hay más respuesta que la aplicación de la ley. Y se han hecho declaraciones que dan alas a los violentos….
    Es desde luego preocupante el clima de violencia que se está generando, con grupos de radicales que hacen un flaco favor a quienes exponen sus reivindicaciones pacíficamente. Yo ya he vivido muchas huelgas de estudiantes y el pasado jueves fue la primera vez que pasé miedo cuando me urgieron las autoridades académicas a abandonar el aula, pues se aproximaban a la Facultad de Derecho manifestantes enfurecidos. Dudo mucho que fueran estudiantes de la universidad de los que yo solo puedo hablar bien. Lo cierto es que tuvimos que salir corriendo. Llegar a la Facultad y encontrarla “tomada” por la policía me trae a la mente otros tiempos que prefiero no recordar… Que la sociedad se “mueva” me parece muy saludable, pero siempre respetando las reglas…

  4. JJGF
    JJGF Dice:

    Jesús, me apuesto lo que sea a que Ignacio y tú estáis de acuerdo en el fondo de este asunto. Si hablarais en privado, no habría sino diferencias de matiz. Y eso en el caso de que las hubiera.

    Qué pasa entonces? Que a este asunto no se puede aproximar uno exclusivamente desde la perspectiva del derecho positivo y los derechos constitucionales. O sí puede pero se queda en un análisis parcial.

    Al final, se impone apelar a la responsabilidad individual y a la conciencia personal. Hay cosas que la ley no prohíbe, o que no censura como infracción penal, y no por esos son dignas de imitación, o ejemplos de civismo. Cada uno sabrá a qué manifestaciones va y qué prácticas alienta.

    En el plano abstracto de los principios, todos de acuerdo en que hay que respetar los derechos constitucionales de reunión, manifestación, libertad ambulatoria… Respetando los de terceros… Muy bonito. Eso decía el otro día Rguez. Arribas, en una Tercera. La arca día feliz. Todos ejerciendo sus derechos en armonía con los de los demás.

    Pero, ay, cuando descendemos al caso concreto, ya empieza el lío. Unos se llenan la boca de derechos constitucionales para defender sólo los suyos, o los de quienes se alinean políticamente con ellos, pero se olvidan de los de los terceros afectados. Otros, se la cogen con papel de fumar para que no los llamen fascistas, o radicales, o vaya usted a saber qué.

  5. javier
    javier Dice:

    yo estuve en esa manifestación 22 M. fue una fiesta democrática en todo momento de gente civilizada y honesta. incluso concluiida la marcha en colón algunos paseamos por génova y nos fotografiamos al lado de los antidisturbios en un ambiente festivo y en un clima de relajación total. luego vimos en la tele que tras finalizar todo esto tuvieron lugar actos agrasivos por 15, 20, 30 personas… me da igual. son dos hechos distintos e independientes q no se pueden mezclar SALVO Q HAYA MALA INTENCIÓN CON ESA MEZCLA: manifestación GIGANTE de gentes nobles de toda españa y, posterior e independientemente, agresión a tÍtulo indicual DE UNOS VÁNDALOS.

  6. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Bueno, en primer lugar, !eso es devolver el guante, Sr. Gomá! Bien hecho. Supongo que me toca recogerlo, pero no soy experto en el conflicto derecho de manifestación/ orden público, de ahí que comente los posts sobre esta cuestión que a todos nos interesa. Recojo el guante, pero sólo si consigo hacer algo con calidad jurídica suficiente para este blog. Tal vez haya otros colaboradores más cualificados que quieran escribirlo (solicito formalmente ayuda al respecto). Está claro que no estábamos en desacuerdo de fondo, como comenta JJGF, pero quería subrayar que no pueden aceptarse estas circunstancias ni de refilón, que no caben las condenas tibias o los silencios ni los autos exculpatorios o acabaremos mal. Javier, que estuvo, dice que era una fiesta democrática y, como no estuve, tengo que aceptarlo, pero los manifiestos finales NO fueron democráticos. Si voy a la manifestación de traje y corbata y con una bandera constitucional, en vez de con una bandera republicana, o republicana con estrella, o estelada, ¿hubiera tenido problemas? Pues no lo sé. Ni en Ucrania, ni en Venezuela, ni en Egipto, ni en España las manifestaciones “pacíficas” seguidas de actos violentos, qué curioso, siempre de unos grupos, son un método válido, el método válido es la resistencia pasiva y pacífica. Y ya Gamonal no lo fue, como se pudo saber al desvelarse los perfiles de quienes estaban al frente del cotarro. Bien, al menos, hemos hecho un pequeño debate.

    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      Pues anímese, Sr. Casas, no hace falta ser un experto en el conflicto manifestación/orden público para subrayar que no caben actos vandálicos. Lo que pasa es que el post no va exactamente de eso o, al menos, no solo de eso, dado que si bien digo “la condescendencia, lenidad y comprensión con estos atentados al orden público es abrir la caja de Pandora, que Zeus ordenó no abrir…en un país como el nuestro en el que, al menos formalmente, hay un Estado de Derecho …., no caben los actos vandálicos y demás infracciones legales”, también trato de diferenciar esto del legítimo derecho de manifestación de mucha gente que se encuentra molesta y al que alude Javier. E insto a que ese malestar sea efectivo a través del único medio que nos dejan: el voto.

  7. Fernando Gomá Lanzón
    Fernando Gomá Lanzón Dice:

    La parte final del post debe ser objeto de meditación por todos: de hecho, creo que manifestarse, acudir a concentraciones y actos similares, pero no asumir más responsabilidades, puede ser algo que resulte demasiado cómodo, un ejemplo más sofisticado del “like” de facebook o del retuit en tuiter, pero que llega a compartir algo con estos: un modo de sentirse bien cuando te hacen sentir mal. Eso es positivo, pero si no se llega más allá, acaba siendo bastante poco eficaz. Hay que sacudirse el hooliganismo en la política. No debemos “ser” de un partido ni defenderle como si fuera nuestro equipo de fútbol. Eso es precisamente lo que quieren los que prefieren que nada se mueva. Hay que ser exigente y crítico tanto con los demás partidos, como, especialmenmte, con el que se va a llevar nuestro voto. Hay que dejar de debatir en política como si fuera el lunes tras el derby. Eso es más pesado y menos lucido que manifestarse, desde luego, pero es sin duda muchísimo más eficaz.

  8. Javier
    Javier Dice:

    “….hay un Estado de Derecho, que significa que hemos renunciado al ejercicio de la violencia a favor del Estado para que garantice la seguridad y la justicia….”

    “….somos los dueños y podemos revocar el poder cuando queramos, que para eso son las elecciones que, por cierto, se nos presentan en un breve plazo. Aprovechemos la oportunidad de mostrar nuestra opinión sin prejuicios….”

    Este blog está dejando mucho que desear últimamente…… Primero canonizan a Suarez, y ahora esto……

  9. Carles Sirera
    Carles Sirera Dice:

    Este texto sorprende y preocupa:
    “Las autoridades actuales tienen mucho reparo a usar la represión en un momento muy delicado políticamente porque la sensibilidad está a flor de piel”
    Las autoridades no deben reprimir. La fiscalía presentará cargos contra los acusados y nuestro sistema judicial dirimirá. Alarma en un blog de derecho tantos a prioris que recuerdan a Carl Schmitt (bueno, esto blog recuerda a Ortega y Gasset y se apreciaban mucho).
    “De hecho, en la antigüedad, cuando no existían demasiados canales de participación política, se desarrolló –incluso entre los escolásticos- el llamado derecho de resistencia contra leyes injustas que llegaba incluso a legitimar el tiranicidio en casos extremos. […] ya los defensores medievales del derecho de resistencia exigían enormes cautelas (que todos recursos pacíficos hayan quedado agotados, reunir al pueblo para tomar esta decisión crucial o al menos consultar a algunos “hombres graves y eruditos”) para saltarse la ley.”
    Supongo que antigüedad es Santo Tomas de Aquino, aunque más bien es baja edad media, pero el regicidio de la tradición de los monarcómacos es algo un pelín más complejo. Pero el principal defensor moderno del derecho de resistencia es John Locke, que es el padre de la democracia liberal moderna o la Revolución Americana. De todas formas, es evidente ya que se está armando el discurso de que el vandalismo de los manifestantes en Madrid es el primer paso hacia una anarquía que justificará a un cirujano de hierro con su pléyade de tecnócratas. O en todo caso, el Referéndum de Catalunya exigirá medidas de urgencia para salvar la patria. Ah, claro, que ya estamos jugando con Carl Schmitt.

  10. JJGF
    JJGF Dice:

    La libertad consiste en no estar sometido sino al imperio de la ley. De la ley de los países democráticos. Países en los que cuando la ley se incumple la propia ley – el ordenamiento jurídico- establece mecanismos para reprender o sancionar esos incumplimientos. Sin tales mecanismos no existirían leyes. Por eso cuando algunos intentan darle un sesgo interesado a la palabra sanción o represión habrá que explicar por qué.

    Puestos a recomendar autores me quedo con este famoso discurso de Benjamin de Constant: la libertad de los modernos consiste en no estar sometido sino al imperio de la ley.

    http://www.bibliojuridica.org/libros/5/2124/16.pdf

    • Juan Ciudadano
      Juan Ciudadano Dice:

      Una ley, por el mero hecho de emanar de una cámara legislativa cuyos miembros son elegidos democráticamente, no implica que necesariamente sea justa, y si no lo es los ciudadanos están plenamente legitimados para desobedecerla.
      Por ejemplo, Carolina del Norte era solo uno de muchos estados, la mayoría sureños, que esterilizaban a personas consideradas “defectivas”. Tenían el apoyo de autoridades tan eminentes como la Suprema Corte de la Nación, la cual, en su infame dictamen Buck vs. Bell (1927), estableció que un estado puede debidamente esterilizar a sus ciudadanos y que ellos no tienen el derecho de oponerse a eso, porque en palabras del juez Oliver Wendell Holmes:
      ” Tres generaciones de idiotas son suficientes”

    • JJGF
      JJGF Dice:

      Cuando hablo de “ley de los países democráticos” ya puede suponer usted que no me limito a una concepción formal -como usted insinúa- de la democracia ni de la ley. No basta que la ley se haya aprobado por procedimientos democráticos, como ya señaló Kelsen en “Esencia y valor de la democracia”, sino que ha de incorporar unos valores de justicia, libertad, igualdad y pluralismo, como apostilla el ex magistrado del TC Sr. Gomez-Ferrer, comentando ese libro de Kelsen, para poder hablar propiamente de democracia.
      Y
      Una ley que pervive en el ordenamiento constitucional suponemos que ha de estar conforme con los valores y principios que la Constitución contiene (valores en que se condensa la idea de justicia que tiene un país en una época) y supongo que los jueces harán el debido uso de la cuestión de inconstitucionalidad para que así sea.

  11. Pablo Fernández de la Vega
    Pablo Fernández de la Vega Dice:

    John Stuart Mill expresa de manera concreta su idea acerca de hasta dónde debe llegar la libertad del individuo y hasta dónde la autoridad que la sociedad puede ejercer sobre éste, es en el llamado Principio del Daño (o Harm Principle): “El objeto de este ensayo [Sobre la Libertad] es afirmar un sencillo principio destinado a regir absolutamente las relaciones de la sociedad con el individuo en lo que tengan de compulsión o control, ya sean los medios empleados, la fuerza física en forma de penalidades legales o la coacción moral de la opinión pública. Este principio consiste en afirmar que el único fin por el cual es justificable que la humanidad, individual o colectivamente, se entremeta en la libertad de acción de uno cualquiera de sus miembros, es la propia protección. Que la única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro una comunidad civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás.” (Sobre la Libertad, Capítulo 1. Introducción).

  12. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    He visto las imágenes en televisión del final de la manifestación, donde un manifestante utilizaba una señal de tráfico como lanza contra la cabeza de un policía o como se atacaba a otro policía quitándole el casco paseándolo luego como un trofeo. He visto acorralado a un grupo de policias mientras eran apedreados con adoquines y he comprobado atónita como se destrozaban cajeros, escaparates y mobiliario urbano. Y este espectáculo no me parece el ejercicio de una libertad democrática

    Me gustaría traer a colación las palabras del profesor Manuel Villoria que coinciden con mi pensamiento:

    “La gobernabilidad democrática exige una sociedad con capacidad para ejercer su autonomía, no sólo con capacidad económica, sino también con capacidad cognitiva y actitudinal. Buen gobierno sería la suma de un gobierno democrático y una sociedad con capacidad para ejercer su libertad.

    Toda esta reflexión nos sirve, en suma, para concienciarnos de que no podemos reducir, sin más, el concepto de gobierno al poder ejecutivo en el marco del Estado. En realidad, no puede haber buen gobierno sin buena sociedad. El buen gobierno implica civismo. Los seres humanos, en cuanto seres sociales, somos animales cívicos, pues al tener que con-vivir necesitamos que los diferentes intereses y voluntades sean de alguna manera integrados, de forma que evitemos el conflicto violento permanente. Ello obliga, en múltiples ocasiones, a sacrificar intereses privados en aras del bien colectivo, obliga a seguir conductas respetuosas hacia los demás y el entorno, exige asumir valores de convivencia y tolerancia, pero también de disciplina; y conlleva, finalmente, una actitud de implicación en el buen funcionamiento social. Por ello, “el civismo entraña el buen gobierno de nuestra convivencia, pero no desde un centro de autoridad, desde el gobierno, sino por obra y gracia de todos los que participamos en ella” (Camps y Giner, 2008: 12). Buen gobierno sería también el fruto del civismo, no sólo el productor de él. “

  13. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Desde el comienzo de las manifestaciones de “indignados” (15 M) han existido grupos infiltrados que no están realmente indignados, sino que aprovechan las oportunidades para manipular -con bastante experiencia por cierto- el descontento popular en direcciones determinadas. El 15 M sabe mucho de aquello y mucho de lo que tuvo que trabajar su “Comisión de respeto” para evitar desmanes tanto en la acampada de Sol como en las asambleas coordinadas por los “expertos” infiltrados para recoger lo que más les convenía. La cuestión es ¿a quien benefician finalmente estos conflictos? o ¿quien está en condiciones de promoverlos, convocarlos u organizarlos? el pueblo llano desde luego que no. Rebasando nuestras fronteras ¿quien está detrás de las plazas egipcias, ucranianas, turcas, etc. ¿alguien ha oido hablar de las “falsas banderas” y su significado?

  14. de lege ferenda
    de lege ferenda Dice:

    “Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos… Si nada se puede esperar de las turbas monárquicas, tampoco debemos tener fe en la grey revolucionaria (…) Han de pasar años, tal vez lustros, antes de que este Régimen, atacado de tuberculosis ética, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental”

    Fragmento del libro de Benito Pérez-Galdós “La fe nacional y otros escritos sobre España” publicado en 1912

  15. de lege ferenda
    de lege ferenda Dice:

    Proyecto “Fin de Máster” del Comisario General de los Mossos d’escuadra
    Máster en Políticas Públicas de Seguridad
    Universitat Ouberta de Catalunya (UOC)

    “El Síndrome de Sherwood”
    Autor: David Piqué i Batallé
    Tutora: Lola Vallés
    Barcelona 12/11/2009

    En castellano:
    http://www.slideshare.net/tarcoteca/fin-master-david-pique-da-asco

    http://wiki.15m.cc/w/images/d/df/Pique_david_master.pdf

    Algunas citas de este “MANUAL DE VULNERACIÓN DE DERECHOS FUNDAMENTALES”, escrito por el jefe de los Mossos Homicidas:

    pág. 28-29 ” Incluso si la concentración o manifestación, que es lo que estamos hablando, no se prevé bastante violenta, se puede llegar a provocar un poco, con detenciones poco justificadas y nada pacíficas unos días antes para calentar el ambiente. También se pueden hacer “redadas” preventivas a los lugares donde se encuentran habitualmente personas cercanas a la ideología de los convocantes con la excusa de buscar drogas o lo que sea necesario.
    La ’’redada’’ estará especialmente mal hecha y con trato humillante para encender más los ánimos, si es necesario.
    La consecuencia previsible de estos comportamientos previos y el diseño del dispositivo policial, es que acabará con una “batalla campal”.
    Además de la estrategia previa, en cuanto algún grupo descontrolado empieza las acciones violentas, las unidades de policía ni se mueven y cuando la violencia empieza a ser generalizada, la actuación policial se retrasa deliberadamente hasta que los daños producidos son socialmente inaceptables. Es entonces cuando se producen las cargas policiales que en ningún momento quieren ser disuasoria, no se disimula.
    Se va directamente contra los manifestantes, que ya son considerados vándalos, y se les ataca con suficiente velocidad para que no dé tiempo a la fuga y se provoque el enfrentamiento físico.
    En este estadio, los manifestantes atacan a la policía con todo lo que tienen y que les ha dejado tener, realmente se están defendiendo, pero no lo parece. Han sido acorralados. La violencia entre agentes y manifestantes se desata, se personaliza y se descontrola.
    Es lo que se quiere. Comienzan a aparecer víctimas inocentes – daños colaterales se dice ahora- Los que han rehuido el enfrentamiento, se encuentran con el resto de unidades policiales que los cierran el paso y que no hacen detenidos – prisioneros -, la dispersión no es voluntaria , es a golpe de defensa (porra) y cualquier atisbo de resistencia es contestada con contundencia exagerada y detenciones masivas.
    En las batallas de la antigüedad, era cuando se envía a la caballería a perseguir a los que huían mientras la infantería extermina a los que se han rendido en el campo de batalla.

  16. de lege ferenda
    de lege ferenda Dice:

    Esta táctica no es exclusiva de regímenes totalitarios, también se da con demasiada frecuencia en muchas democracias occidentales. Quizás puede ser debido a dos factores: Una estrategia política que no considera otra opción que no sea la visión del problema como un conflicto de orden público y el otro, en la que se encarga el control de la calle y los manifestantes / activistas a unidades policiales poco disciplinadas, vengativas y provocadoras.

    pág. 25-26 “Los grupos antisistema en general, saben que, por diferentes motivos, sus acciones tienen más repercusión social y mediática si se desarrollan en ciertos espacios. Por contra, estos espacios – los más abiertos – son los más desfavorables (para los antisistema) desde el punto de vista de táctica policial. Nos referimos a l’Eixample, parte de Sants o cualquier terreno abierto que permita una rápida movilidad de los efectivos policiales. En la teoría militar clásica, sería la capacidad de movilizar por los flancos la caballería o unidades de infantería ligera.
    Como decíamos antes, Sun Tzu era partidario de ganar sin combatir y eso se podía conseguir mediante diversas estrategias y la que siempre ha tenido más éxito, ha sido la de, “quién rodea al enemigo, vence”. […] Los casos más estudiados son los de la batalla de Cannas donde Anibal derrota al ejército romano dirigido por Cayo Teracio Varrón y el de la batalla de Alesia donde Julio César venció a los galos definitivamente e hizo prisionero a Vercingetórix[…]
    Volviendo a la táctica policial del primer terreno – abierto – y con fuerza policial suficiente. En este caso, no se quiere reprimir los disturbios ni detener a los infractores, sencillamente se evita. Eso se consigue limitando extraordinariamente la capacidad de movimiento de los manifestantes rodeándolos totalmente.
    Eso se realiza en el momento de la concentración que, como se sabe dónde se realizará, ha permitido hacer un filtro de malla fina en los puntos de paso obligado por el punto de encuentro. El objetivo del filtro es el mismo que en el modelo Klausewitz, requisar objetos peligrosos de cualquier tipo – porque después habrá contacto físico – y evitar el anonimato. A partir de ese momento, los concentrados ya saben que la manifestación irá por donde la policía quiera y durará hasta que los manifestantes decidan dispersarse. Esta dispersión se hace lentamente, dejando salir a las personas poco a poco y en grupos muy pequeños para evitar el reagrupamiento fuera del círculo.
    En estas situaciones el sentimiento de frustración e impotencia de los manifestantes es muy alto y a menudo generan reacciones violentas de algunos individuos cuando son conscientes que han perdido toda capacidad de iniciativa. Estos momentos son delicados y es necesario que los agentes de primera línea eviten las provocaciones individuales o los intentos colectivos de romper el círculo.

  17. de lege ferenda
    de lege ferenda Dice:

    Pensemos que los policías están a menos de un metro de los rodeados. El objetivo no es hacer detenciones, solo inmovilizar. La sensación de derrota entre los manifestantes, es muy alta y moral queda muy “tocada”. No ha habido heridos – no tienen mártires – ni tampoco detenidos – héroes -. Incluso han intentado, sin éxito, denunciar a la policía por detención ilegal o violar el derecho de circulación. Si se planifica correctamente, la fiscalía ha de estar avisada de la aplicación de esta táctica para evitar estas denuncias. Si sale bien, se ha vencido sin luchar.
    pág. 32 ” Las unidades policiales especializadas en órden público comienzan a ser menos permisivas con las manifestaciones y concentraciones, que seguramente se producirán mientras dura el debate político. De todas formas, si el número de manifestantes fuera excesivo, quizás se podría aprovechar para dejar que durante el recorrido, se produzcan suficientes actos vandálicos como para intensificar el debate sobre el comportamiento antisocial del movimiento antisistema y permitir que la opinión pública vincule estos colectivos al fenómeno okupa.”
    pág. 34 ” Se deberá procurar la detención selectiva de los líderes para imputarles delitos comunes y evitar la condición de “martir” . A más protestas, más detenciones, hasta acabar con el poco soporte del que dispongan, sobre todo si comprueban los “privilegios” que se pueden conseguir con una adecuada integración en el sistema, sin renunciar a algunos de los postulados que los inspiran.”

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