Sobre sabios, expertos y…políticos

Ha venido ocupando un espacio importante en los medios de comunicación la entrega al Gobierno por la Comisión de Expertos, creada al efecto, de un Informe para la reforma del sistema tributario. Sin embargo, los resultados no han sido tan llamativos como la ocasión merecía. Para empezar, la palabra que designaba el objetivo de la Comisión, “reforma”, aunque en sí misma sólo significa innovación o mejora, sin más especificaciones sobre su profundidad, unida a la palabra “sistema” parecía augurar una transformación bastante notable en los diferentes impuestos existentes o en su forma de cálculo. Pero nada de eso aparece en un Informe que está preso de un notorio afán continuista, especialmente en lo que respecta al rechazo de cualquier modificación que pueda ocasionar una disminución de los ingresos públicos.

El Informe no cuestiona el nivel del gasto público en España y, así, la suficiencia recaudatoria para subvenir a unos gastos públicos anquilosados se convierte en la clave de bóveda del sistema, todo ello al servicio de los objetivos de déficit público conforme a las exigencias de la UE; lo cual, evidentemente, no es ninguna novedad respecto del estado de cosas actual. Por otro lado, es cuestión también digna de mención que la Comisión se desentienda totalmente de cualquier objetivo en términos de mejora de la “equidad vertical” de la sociedad española, aduciendo que eso es cosa del gasto público y no de los ingresos; y ello a pesar de la evidencia de deterioro de los índices de desigualdad en España en los últimos años (aquí).

Los objetivos secundarios de la propuesta reformista, tras el principal de mantener a toda costa los ingresos del Tesoro, pasan a ser, por un lado, la neutralidad impositiva, bajo la convicción de que la economía será más competitiva cuanto menos sesgadas sean las decisiones de los agentes privados por motivos tributarios, y, por otro lado, el crecimiento económico, mediante la movilización de dos factores principales: el fomento del ahorro (y la atracción de capitales) y la activación de la mano de obra actualmente desempleada. La contribución del sistema tributario a la estabilización de la economía sólo se apunta muy de pasada mediante los objetivos prioritarios de “consolidación fiscal” (es decir, reducción del déficit público, en los términos de los compromisos con la UE) y la opción por los estabilizadores automáticos que deberían sustituir, según la Comisión, a la acción discrecional del Gobierno.

Habrá tiempo para ir comentando con detalle algunos aspectos destacables del Informe. En este post me limitaré a comentar las cuestiones generales a mi entender más llamativas. Y la más de todas, especialmente tratándose de un Informe que procede de “expertos”, es que las propuestas del Informe no nacen de reflexiones teóricas sobre los tributos en el mundo de hoy, sino que las fuentes básicas de las que beben sus autores son las recomendaciones ya muy conocidas hechas por los Organismos internacionales (OCDE, Consejo Europeo, Comisión Europea y FMI), además de tomar acríticamente como modelo tributario lo que ocurre en el resto de países de la UE, diseñando la reforma más como una convergencia con esos estándares medios europeos que como un planteamiento novedoso en cuanto a sus fundamentos teóricos.

La Comisión ha apreciado dos diferencias fundamentales entre nuestro país y la media de la UE. La primera de ellas, que en España el peso recaudatorio del IVA e Impuestos Especiales es algo inferior a la media de la UE, por lo que en una primera proyección las propuestas del Informe van en la línea de incrementar un 1% del PIB el peso de los impuestos indirectos y disminuir el mismo 1% del PIB en los impuestos directos; como se ve, un trasvase realmente nimio en términos globales (aunque pueda llegar a ser relevante para algunos tipos de renta, los grandes beneficiarios de ese trasvase). En segundo lugar, se constata que en España hay un mayor peso de las cotizaciones sociales y, muy especialmente, la parte que va a cargo de la empresa; por ello, como segunda proyección, se propone una disminución de tres puntos en dichas cotizaciones (1% del PIB) y un correlativo incremento del 1% del PIB en imposición sobre el consumo. En ambos casos, con mantenimiento de la cuantía de los ingresos.

Una segunda cuestión llamativa del Informe es la tensión que se revela a lo largo de todo él entre la propugnada neutralidad impositiva y la cruda realidad de la necesidad de subvenir a la financiación del gasto público de la manera más cómoda y eficaz; y el pertinaz sesgo en resolver la tensión con medidas dirigidas recaudar la mayor cantidad de la manera más rápida y cómoda posible.

El juego combinado de los límites que imponen las posibles opciones de deslocalización de recursos económicos atraídos por los sistemas fiscales de nuestro entorno más benévolos y la mano de hierro de unos niveles intocables de gasto público y obligaciones de déficit, acaban por desviar la mayor parte del esfuerzo tributario hacia bienes y rentas “cautivos”: los inmuebles y las rentas del trabajo, de profesionales y de empresarios individuales, para liberar de carga tributaria a las rentas del capital y los beneficios empresariales.

Finalmente, el Informe parece que piensa ser aplicado por el Gobierno con la frivolidad con que se hace política en España: se usará como coartada para las medidas que interese tomar y se dejará en el cajón cuando las propuestas del Informe no convengan al momento político y a los intereses del grupo gobernante. Pongo un ejemplo clamoroso de lo que puede ser una práctica que me temo que va a ser habitual. En general, como he dicho, el Informe postula una mayor neutralidad fiscal. Así, en referencia a las cotizaciones sociales podemos leer: “De ahí que la Comisión proponga que, en lugar de continuar aplicándose bonificaciones poco discriminadas en las políticas de empleo, se deba establecer una definición muy estricta respecto a tales bonificaciones“.

Pues bien, pocos días antes de la presentación en sociedad del Informe, el Presidente del Gobierno, en un golpe sorpresa publicitario en el debate sobre el Estado de la Nación anunció una “tarifa plana” de cotizaciones sociales para nuevas contrataciones, claramente discriminatoria, pues distorsiona los costes de la mano de obra según un criterio tan arbitrario como es el momento de su contratación. ¿Tiene sentido implementar medidas en sentido contrario al que previsiblemente la Comisión va a proponer, en vez de esperar al Informe y seguir sus propuestas? La conclusión es evidente: el Gobierno va a seguir guiándose por la inmediatez del calendario político, en su provecho y beneficio electoral. Que es lo de siempre, pues la maraña de exenciones y bonificaciones distorsionadoras que la Comisión rechaza con tanto ahínco y propone desbrozar, no es producto tanto de un sistema tributario obsoleto que haya que reformar radicalmente, sino de las innumerables medidas discrecionales (y hasta muchas veces arbitrarias) a que tan aficionados son todos los Gobiernos que en el mundo han sido.

9 comentarios
  1. Jurista
    Jurista Dice:

    Me gustaría saber dos cosas:
    1) ¿Cuánto les han pagado a los sabios autores del informe?
    2) ¿Por qué no se escucha a los inspectores de hacienda?
    Quizá es lo de siempre, a lo mejor antes de cambiar las leyes debemos asegurar que las que tenemos se cumplan.

  2. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Pues sí, más de lo mismo. No se cuestionan nunca los auténticos problemas ni se reforma nada de verdad. Otra faena de aliño y un poco de propaganda a costa de lo mucho que va a reformar el Gobierno sin tocar nunca lo esencial. Y los sufridos contribuyentes a pagar. Pero es que quizá el concepto de independencia del sr. Lagares no coincida con el mío. En fín….

  3. Esaú Alarcón
    Esaú Alarcón Dice:

    Buenas tardes,
    Me permito responder a Jurista sus preguntas de forma aséptica:
    1) Los expertos no han cobrado nada, salvo las dietas, según testimonio (creíble) de uno de ellos.
    2) Los expertos han leído tanto los planteamientos de los inspectores como de las organizaciones de asesores y han asumido algunas de sus reclamaciones.
    Por demás, aprovecho para mi irónico comentario al respecto del citado informe:
    http://www.eleconomista.es/blogs/fiscalblog/manos-a-la-obra-fiscal/
    Saludos,
    Esaú

    • Jesús M. Morote
      Jesús M. Morote Dice:

      Supongo que, efectivamente, no hace falta que te paguen nada para estar deseando poner tu nombre al pie de un Informe de la repercusión mediática del que comentamos. La cuestión es, más bien, la calidad del dichoso Informe y para qué va a servir.

      Muy interesante y recomendable la entrada de Esaú Alarcón a su blog en El Economista que enlaza en su mensaje. Como se anuncia en el post publicado hoy por mí, las propuestas de la Comisión de Expertos merece más comentarios de detalle, porque algunas de dichas propuestas son dignas de análisis.

      En todo caso, había que comentar de inicio lo más llamativo del Informe, que es su marcado carácter “gatopardesco” (aunque ya le gustaría a más de uno de nuestros políticos tener la “clase” que exhibía el Príncipe Salina).

  4. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    La Hacienda Pública es un juego de equilibrio entre ingresos para servicios públicos reales y control del gasto en esos servicios. Siempre que se estudie con un sólo ojo (ingresos) habrá una visión distorsionada de la situación. El meollo de la cuestión -como apunta uno de los comentarios- está en cómo seguir manteniendo el tinglado sin que nos roce. Lo acabamos de ver: incrementando el número de inspectores de Hacienda mientras se sigue sin articular un verdadero control del gasto. Estructural en cuanto afecta a todo el Estado y su organización política y administrativa e independiente con órganos de control que de verdad lo sean. Recuperar el control previo del gasto, no limitarse a pedir justificaciones. Por cierto ¿Hacienda tendrían el mismo celo en rechazar los justificantes de gasto público que tiene con los ciudadanos y particulares?

  5. Esaú Alarcón
    Esaú Alarcón Dice:

    El informe en sí es técnicamente escrupuloso y tiene ciertas propuestas de gran interés. El problema es su origen y objetivo: el primero, el FMI, esto es, el cumplimiento escrupuloso de los mandatos del prestamista de los 100.000 millones que le debemos a Europa y, el segundo, un objetivo puramente recaudatorio.
    No era tarea de la comisión de expertos el reordenar ni el Estado de las Autonomías ni tocar el gasto público ni siquiera luchar contra el fraude. No se les puede achacar esas lagunas a los expertos sino a quien los nombró.
    Respecto del libro de Paco, no estando de acuerdo con alguna de sus opiniones -lo cual es lógico- las cifras y datos objetivos que manifiesta son palmarios y, más allá de eso, su lectura nos muestra la desazón que los inspectores tienen en la lucha contra el gran fraude.
    Saludos,
    Esaú

    • Javier Gomez Taboada
      Javier Gomez Taboada Dice:

      Estoy de acuerdo, Esaú. Ayer mismo, en la VII Jornada Nacional de la AEDAF (http://www.eleconomista.es/legislacion/noticias/5679493/04/14/Los-asesores-fiscales-abogan-por-dar-mas-seguridad-juridica-.html#.Kku86Xg3SyFuGTm) se pusieron de manifiesto estas circunstancias: el Informe (meritorio en cuanto al esfuerzo desplegado) está condicionado por sus condicionantes presupuestarios. Es más, hay algunos aspectos (vgr.: la garantía pública de los DTAs de las entidades financieras/aseguradoras) del escenario actual que probablemente incluso impedirán que se lleven a cabo algunas de sus propuestas.

      En cuanto al libro de Francisco de la Torre, coincido con muchas (no todas) de sus apreciaciones (por ejemplo, la relativa a los mencionados DTAs), y así se lo puse ayer de manifiesto personal (y públicamente) con motivo del acto de la AEDAF.

  6. Francisco de la Torre
    Francisco de la Torre Dice:

    Esaú y Javier, aunque sólo sea por alusiones. Francamente, me preocuparía, no sólo por mí, sino también por vosotros, si compartieseis el 100% del contenido del libro. De hecho, el libro no va destinado a los profesionales del derecho tributario, sino al público en general. Por supuesto, no es el libro Rojo de Mao, sino un intento de explicar impuestos, con datos, a gente que no se dedica a esto, pero que obviamente los sufre.
    En cuanto al informe del comité de sabios, lo cierto, es que como dijo uno de ellos en AEDAF, “estaban obligados a seguir las indicaciones” de los organismos internacionales. Es decir que si el FMI y la OCDE plantean una devaluación fiscal, pues ellos, lógicamente plantean subir IVA y bajar cotizaciones.
    Con independencia de eso, el informe creo que tiene fallos técnicos pero es un esfuerzo intelectual por plantear un punto de discusión. Sí, confirmo que los autores lo han hecho gratis (venía en el Real Decreto de creación del comité). No deja de tener guasa que haya miles de asesores en el gobierno, cobrando en ocasiones sueldos muy elevados, y que el informe se tenga que encargar a asesores externos que encima lo hagan gratis.
    En cualquier caso, tengo que agradecer a la AEDAF la invitación y a Javier las citas del libro (además del obvio hecho de que la élite de la asesoría fiscal de este país se esté leyendo mi humilde libro), lo que haré próximamente en mi blog.

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