Ideas para una reforma constitucional de la Corona

 

El 59% de los ciudadanos (aquí) y el 81 % de los políticos (aquí) son partidarios de reformar la Constitución, porcentajes que nunca antes se habían alcanzado en sus 35 años de vida. La cuestión llegó a figurar en el programa del partido ganador de las elecciones del 2004 y fue objeto de un brillante dictamen del Consejo de Estado de 2006, avalándola y planteando alternativas legales. Sin embargo, los únicos dos retoques realizados hasta ahora han venido impuestos desde fuera: exigencias jurídicas del Tratado de Maastrich en la de 1992, y exigencias políticas alemanas de control presupuestario en la del art. 135 del 2011. No hay precedentes de iniciativas internas para modificar la ley principal.

Especialistas y opinión pública coinciden en señalar las dos cuestiones más necesitadas de urgente reforma: modelo territorial y forma de Estado. Lo primero no parece que pueda abordarse en este momento pues las posiciones de partida nunca han estado más distantes. La encuesta antes citada refleja que sólo el 13% es partidario de mantener el actual sistema, frente a una mayoría del 45% partidaria de la recentralización y un 35% que prefiere mayores competencias para las autonomías. Sólo habría consenso en cuanto a la necesidad de cambios, pero las dos posiciones polares implican usar el mecanismo de reforma de la Constitución para destruirla. La iniciativa exige un acuerdo básico de los dos grandes partidos, pero el federalismo oportunista de unos y la indefinición neocentralista de otros hace improbable, hasta que los hechos obliguen, ninguna iniciativa conjunta.

En contraste, la revisión del estatuto constitucional de la monarquía no se puede aplazar más.  Es innegable el desgaste de legitimidad y autoridad moral. Que corra turno la dinastía no parece solución: ninguna campaña de imagen restablecería en el sucesor la credibilidad perdida en el período anterior. El siguiente turno estaría infectado de interinidad, pues todos los actos se escrutarían de manera hipercrítica, esperando que se cometieran los mismos errores del pasado y encontrar en ello confirmación de las opiniones partidarias del cambio de sistema. El Estado – y la situación- no pueden permitirse la inestabilidad derivada de someter a su jefatura a algo así como una última oportunidad, y su titular no podría soportar ni en lo privado ni en lo institucional semejante presión.  Y, mientras tanto, la biología apremia….

Las razones que llevaron al constituyente del78 apreferir un sistema parlamentario sobre otro presidencialista siguen vigentes. Dentro de aquél, la monarquía actual puede convenir a los intereses generales.  Razones: La erosión que ha padecido la Corona tiene más que ver con conductas personales que con disfunciones de la institución; algunos episodios se han podido vincular en la percepción social con el clima de corrupción y golfeo común a toda la vida pública, pero las obligaciones del cargo no han dejado de cumplirse más o menos dentro de parámetros de responsabilidad institucional. Los argumentos ontológicos contra la monarquía han envejecido mal: la visión mítica de la república como instrumento revolucionario y expresión auténtica de la soberanía popular, y el que el monarca sea el último cargo público en activo designado por el anterior régimen pueden seguir excitando conciencias, pero no parece que tengan hoy una ideología de respaldo que justifique reabrir el debate de la forma de Estado al coste de una quiebra institucional. La fobia contra esta dinastía como responsable de supuestos agravios históricos territoriales es deseable que se desactive al mismo ritmo que las pulsiones separatistas

Y entonces, ¿qué?, y sobre todo, ¿cómo y cuándo?

Para que esta monarquía pueda volver a prestar un servicio a la sociedad que la acogió hace 35 años, quizá deba recargar su bagaje de legitimidad social. Para eso no basta con adaptar el régimen de su sucesión al principio de igualdad; haría falta algo más. Como novelar es gratis y en este blog le dan cabida, nos podemos imaginar lo siguiente.

Primero. Por vía de reforma constitucional, parte de las actuales funciones arbitrales y de moderación dela Corona podrían ser asumidas o controladas por otra institución, reservando a la jefatura del Estado las simbólicas y de representación institucional (arts. 56.2, 63…) . Las primeras le fueron atribuidas a la Corona en el proceso constituyente por influencia de sistemas republicanos, como la Ley Fundamental de Bonn de 1949, o abiertamente presidencialistas como la Constitución Francesa de 1958, y no tienen paralelo exacto en las otras monarquías parlamentarias. Implican en las acciones, y quizá más en las omisiones, un cierto grado de responsabilidad política, y es respecto a ellas donde la desconfianza o el desgaste reciente pueden ser más acusados.

Para ello cabría rescatar de la Ley de Reforma Política de 1977 la figura del Presidente de las Cortes, distinto del de cada una de las dos cámaras, y que procede del art 74 de la Constitución republicana de 1931, que sin embargo era unicameral. Concurre una situación histórica parecida a la de la transición: la jefatura del Estado padece un déficit de legitimidad que aconseja incrustar una instancia entre ella y los tres poderes que emanan de la soberanía popular.  En la presidencia de las cortes (con ese o con otro nombre, p. ej “Presidente del Estado”) recaerían parte de las funciones propias de los presidentes de las repúblicas parlamentarias, como Italia. Entre estas atribuciones estarían las más visualmente políticas y las netamente parlamentarias del art. 62 b, c, d y e CE. Es decir, la disolución de las cámaras y la convocatoria de elecciones y referenda con arreglo al actual sistema, proponer al Congreso el Presidente del Gobierno, previas las deliberaciones con los representantes de los grupos electos, y la de nombrar y separar a los miembros del Gobierno a propuesta de su Presidente. Podría tener, entre otras, facultades institucionales en el ámbito del poder judicial, como el nombramiento del presidente del Tribunal Supremo y del Fiscal General del Estado (igual que el Presidente en el art. 97 CE 1931) y la facultad de indulto (art. 102.2 CE 1931). En función del calado neorrepublicano que se quisiera imprimir a la reforma se articularían el mecanismo (sufragio universal o, mejor, colegio de compromisarios…) y el plazo de nombramiento (superior o coincidente con el de las Cortes…).

Segundo. El Estatuto jurídico privado de la familia y casa real se regularía, en paralelo a lo anterior, mediante una ley orgánica, de la que existe redactado borrador. Se confirmaría la financiación de la casa mediante partida presupuestaria de libre distribución, se daría respaldo legal a la titularidad personal de patrimonio y de los ingresos resultantes de su explotación, la sujeción al pago de impuestos de lo anterior y un discreto régimen especial de fiscalización parlamentaria del mismo. Se determinaría la extensión de las obligaciones de trasparencia de la institución, el ámbito personal del aforamiento de la familia, y los privilegios de derecho civil y procesales que se consideraran de interés público. Aparte, el monarca conservaría, además de la jefatura del Estado, el titulo de rey y los restantes de la legitimidad histórica, la jefatura de la nobleza y grandeza de España y la facultad de conceder títulos nuevos.

No se trataría de un nuevo proceso constituyente, sino de un ejercicio de gatopardismo para cerrar la transición de una vez en este tema y hacer útil a la institución monárquica para el futuro bajo el eslogan de su “actualización”. Para quien quisiera verlo así, España parecería una monarquía hacia fuera y una república hacia dentro.

¿Cómo?

Por si sola, la supresión de la ley semisálica que recoge el art 57.1 CE ni exige ni aconseja una reforma constitucional. En el título I y en su capítulo de los derechos y libertades fundamentales se encuentra el art. 14, que proclama la igualdad por razón de sexo. Por tanto, en cualquier hipótesis de posible aplicación del criterio sálico, podría provocarse una declaración institucional dela Corona, por sí o en sesión parlamentaria conjunta del art 74,1 CE, proclamando a la primogénita del actual príncipe como heredera de los derechos dinásticos. La declaración sería sometida al control del Tribunal Constitucional, y hay pocas dudas de que este órgano emitiría una resolución “interpretativa” (del tipo dela STC 108/86 sobre la elección parlamentaria de los miembros del CGPJ, o la 198/2012 del sobre matrimonio homosexual) reconociendo la prevalencia de la norma garantista sobre la reguladora de la sucesión al trono. Ésta quedaría así en letra muerta sin necesidad de derogación formal y sin tener que afrontar el delicado tema de su retroactividad.

Frente a eso, las dos modificaciones antes apuntadas exigirían sin remedio acudir al mecanismo de la reforma constitucional. El art. 168 CE recoge el procedimiento agravado para la reforma total y las parciales de mayor trascendencia, entre las que está entero el Titulo II, que regula la Corona. El mecanismo es de una rigidez extrema, pues exige aprobación de la iniciativa por 2/3 de las dos cámaras, disolución de las cortes y celebración de elecciones generales, aprobación de la reforma por 2/3 de cada una de las nuevas cámaras y aprobación en referéndum.  Someter a consulta popular una reforma que afecte exclusivamente al Título II es indeseable, pues equivaldría a un plebiscito sobre la monarquía. Una elevada abstención o una aprobación ajustada escenificarían el rechazo o el desapego de parte de la población a la institución o a la familia que la encarna, lo que se traduciría en una pérdida de legitimidad más grave que la que se pretende remediar.

Ninguna alternativa es buena. Salvo la relativa al modelo territorial, es dudoso que el resto de las reformas constitucionales pendientes (régimen electoral, sistema de partidos, elevación al rango de fundamentales de determinados derechos sociales, referencia al derecho europeo, etc) tuviera tirón plebiscitario suficiente como para disolver en una reforma más amplia las preferencias de los ciudadanos sobre la monarquía.  Mayor rechazo inspira la opción por una reforma encubierta. Se trataría de regular la figura del Presidente de las Cortes y el estatuto de la familia real por medio de sendas leyes orgánicas, forzando la  interpretación de su ámbito de aplicación recogido en el art. 81 CE, y rediseñando con ello indirectamente parte de las funciones constitucionales del monarca. Pero el conflicto con el artículo art. 62 llegaría en un momento o en otro al Tribunal Constitucional, lo que en sí mismo y cualquiera que fuese la resolución, crearía una apariencia de enjuague totalmente contradictoria con la finalidad de regeneración que se pretende.

Se ha planteado facilitar la reforma del Título II, incluso sólo a los efectos de derogar la discriminación sálica, acudiendo al otro mecanismo de reforma constitucional, el procedimiento simplificado del art 167. Exige apoyo de 3/5 en las dos cámaras, y a falta de él, mayoría absoluta en el Senado y 2/3 del Congreso sobre la propuesta de una comisión interparlamentaria. Solo necesitaría aprobación en referéndum si lo pide un 10 % de diputados o senadores en el breve plazo de 15 días.  Para ello se ha propuesto recuperar un mecanismo cercano al fraude que procede de la tradición histórica: reformar el precepto que regula la reforma. O sea, usar el mecanismo simplificado del art. 167 para reformar el art. 168, que regula el procedimiento agravado, puesto que éste no está protegido en cuanto a su propia reforma por la misma rigidez que él establece para la reforma total o la de otros preceptos concretos.

Facilitar la reforma dela Carta Magna con carácter general no parece adecuado en estos momentos. Reservar al ámbito parlamentario el mecanismo de reforma, escamoteando la consulta ciudadana, puede resultar peligroso con referencia al principal factor de desestabilización que amenaza la norma vigente: la tensión territorial.  Resulta más prudente una solución intermedia: reformar el art. 168 utilizando el mecanismo parlamentario del 167, pero exclusivamente para excluir de su ámbito el Título II.  O sea, la alternativa monarquía-república equivaldría a una reforma constitucional total y exigiría tramitarse por el mecanismo reforzado del 168 con inevitable referéndum; el resto de las reformas del Titulo dela Corona, incluyendo la que entonces se emprendiera, podrían abordarse por el mecanismo simplificado del 167, que en caso de mayoría parlamentaria aplastante (90%) podría excluir el referéndum.

La hoja de ruta podría ser parecida a lo siguiente.(En presente de indicativo desde aquí). La iniciativa de la reforma parte dela Casa Real y es conjunta cómo mínimo de los dos grupos políticos mayoritarios (el Reglamento del Congreso exige dos grupos o 70 diputados). Se lleva a las Cámaras pocos meses antes de las siguientes elecciones generales para simultanear éstas con el posible referéndum, por si no hubiera más remedio que celebrarlo. La propuesta se tramita íntegramente al amparo del art 167, incluyendo de modo unitario la reforma limitada del art 168 que hemos apuntado y las que se consideraran adecuadas sobre redistribución de competencias entre la Corona y el Presidente de las Cortes; a la vez se tramita el Proyecto de Ley Orgánica Reguladora del Estatuto dela Familia y Casa Real.

Si los apoyos parlamentarios en las dos cámaras alcanzan el 90%, puede quedar excluido el referéndum. El sector social contrario tiene cauce democrático para expresar su malestar con la forma y el fondo de la reforma en las elecciones generales inmediatas, votando a los grupos que no hubieran asumido la iniciativa, pero el valor plebiscitario de dichas elecciones respecto a la monarquía queda difuminado en las urgencias de orden económico y de crisis territorial en las que se celebrarán previsiblemente esas elecciones. O sea, igual que el referéndum de 1978. El nuevo régimen jurídico dela Corona comienza desde entonces a funcionar con el actual monarca o su sucesor, y va quedando engrasado para ser refrendado de manera definitiva en el plebiscito que seguramente haya de abordar en el futuro próximo la revisión del modelo territorial.

La clave está en el porcentaje de apoyo parlamentario: varias combinaciones de nacionalistas (ojo al PSC) e izquierda radical representan más del 10% en una u otra cámara, y es previsible que el bipartidismo quede debilitado en las siguientes elecciones.  Si ese porcentaje de diputados o senadores está en condiciones de exigir la celebración de referéndum, entonces todo lo expuesto debe replantarse. O bien, quizá llegados a ese punto la responsabilidad histórica exija al actual monarca un último acto de servicio a la nación: abdicar en su hijo, una vez clarificado su estatuto privado, con ocasión de la aprobación de la reforma. El plebiscito se celebraría conjuntamente con las siguientes elecciones mediante una tercera urna, centrándose así en refrendar un monarca nuevo, sin lastres, y una regulación nueva, más “republicana”. Puede que sea la única manera de ganarlo. Puede que el principal interesado así lo prefiera.

Un dato final: la anterior jefatura del Estado duró entre el 28 de septiembre de 1936 y el 20 de Noviembre de 1975, es decir 39 años, 1 mes y 22 días. La presente alcanzará la misma duración el día el 14 de enero de 2015.  Si Dios quiere…

 

18 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Me parece que abordar el “problema territorial” (algo que según algún Ponente Constitucional “ha salido rematadamente mal”) como un todo es un error monumental.

    Pero si se pregunta “si el Estado debe recuperar las Competencias de Educación infantil y juvenil” estoy seguro de que no sólo la racionalidad sino el 85% de la población estará de acuerdo. Es un clamor familiar vayas donde vayas salvo si hablas con los activistas políticos que se han apoderado del sistema para forzar el aprendizaje de la lengua autóctona mientras viven de ello tan ricamente.

    Este es un paso imprescindible no sólo para mejorar y abaratar los costes del sistema sino para reducir el tamaño mismo del problema de Fragmentación de España y el negocio, un tanto enfermizo, de las Identidades.

    Sobre el sucesor. Creo que se le conoce poco. Es mejor y bastante más largo que su imagen pública.

    Reformar el estatuto de la monarquía no me parece que vaya a arreglar una institución que lleva desde el siglo XVIII muriendo y…….. resucitando.
    Resucita tercamente porque la alternativa es, consistentemente, peor. Miremos a nuestro alrededor o a nuestros lideres y lideresas.

    Sobre el estatuto vigente tengo una duda: ¿Pierde el Rey su inmunidad si abdica? Si no la pierde, cuanto antes cambiemos de rey, mejor. Necesitamos algo nuevo que anime porque hoy, su majestad, no ha sabido echar una mano seriamente en el asunto territorial. Se ha comportado sumiso con la barbarie y se han ido creciendo. IMHO.

    En esta situación los Republicanos con dos dedos de frente, que los hay, dicen abiertamente que esto de monarquía/república no es prioritario, hay cosas mucho más gordas acechando que requieren toda la atención.

    Saludos

  2. José María Perez
    José María Perez Dice:

    Lamento disentir por completo de la reforma que se propone en este artículo de las competencias de la Jefatura del Estado y, además, niego la mayor. Discrepo acerca de que la monarquía tenga un déficit de legitimidad (popularidad al margen) respecto del resto de instituciones del Estado. Desde que su regulación se aprobó en el Título II de la Constitución y se ratificó en referéndum por el pueblo español, tiene tanta legitimidad como Las Cortes, el Tribunal Supremo o cualquier otra.
    Es más, cuando leo cómo desde determinados partidos se desacredita la labor y comportamiento del Rey y de miembros secundarios de su familia mientras sin ningún pudor, se omite cualquier referencia a las faltas propias, no puedo sino pensar que utilizan la técnica del pulpo para eludir su responsabilidades.
    Asi, en mi opinión, en esta monarquía parlamentaria, La Corona es la única institución auténticamente independiente que escapa todavía al control absoluto de unos partidos que ya han ocupado casi todas las instituciones, y tal vez por eso se le ataca tanto.
    Tal vez fuera mejor proponer una reforma que, incrementara la intensidad de su poder moderador, facultandola para designar directamente a algunos miembros de ciertas instituciones de control de manera que éstos no deban sus cargos a la oligarquía partitocratica.

  3. Cvm Privilegio
    Cvm Privilegio Dice:

    La idea del post, si no la entiendo mal, es crear otro Alto Cargo con su correspondiente cohorte de asesores, gabinetes y prebendados.

    ¿Así se arreglaría algo? Me parece que no; de eso ya tenemos suficiente, y aun demasiado.

  4. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    A Manu Oquendo
    Si el Rey abdica pasa a ser un ciudadano más, por lo que si abdica cabe exigirle responsabilidad por todos aquellos actos que no hubiesen sido objeto de refrendo, entre los que se encontrarían aquellos que pudieran ser constitutivos de delito, siempre y cuando no hubiese transcurrido el plazo de prescripción.
    También quedaría abierta la vía para el ejercicio de acciones de reclamación de la filiación no matrimonial; y esto es importante, porque hasta ahora han sido inadmitidas, por lo menos, dos, y uno de los demandantes es varón de de mayor edad que Felipe de Borbón y Grecia.

    • ENNECERUS
      ENNECERUS Dice:

      Esto último no es demasiado trascendente, por cuanto la sucesión en la Corona se basa en un principio inalterado a lo largo de los siglos y que es el primero por delante de todos los demás: La legitimidad, entendida como que la sucesión en la Corona se produce dentro de los descendientes legítimos, es decir nacidos dentro del matrimonio.

      A mucha gente esto le sonará a chino en estos tiempos, pero es lo que hay.

  5. David
    David Dice:

    No me parece acertado la creación del cargo de Presidente de las Cortes, no le acabo de ver la utlidad y sería crear un cargo vacío de contenido meramente simbólico, y para eso ya está el Rey.
    En cambio, y aunque parezca extraño, creo que deberían reforzarse la función moderadora del Rey y dotarlo de ciertos poderes reales (reales de realidad, no de realeza) aunque no suene ni muy moderno, ni muy democrático.
    La clase política española ha demostrado una enorme tendencia a ocupar y politizar espacios que teóricamente no le corresponden, ahí está la cada vez mas lamentable politización de la justicia y de organismos cómo el CNMC encargados de velar por la defensa de la competencia, por poner algunos ejemplos.
    Un Rey con poder real podría servir en parte de valladar ante los continuos abusos de nuestra clase política.
    ¿De qué poderes dotaría yo al Rey?
    Primero, el Rey puede vetar cualquier ley aprobada por el Parlamento que afecte a la independecia de alguno de los tres poderes del estado, o al funcionamiento de los partidos políticos. Me refiero a leyes tales cómo las del Poder Judicial, la del sistema electoral, la de partidos y su financiación, leyes sobre aforamientos, etc, aunque dicho veto conllevará la convocatoria automática de un referendum para que el pueblo decida en las urnas sobre dicha ley. También tendría la posibilidad de convovar directamente un referendum sobre dichas leyes.
    Segundo: el Rey tendría iniciativa para proponer un referendum para la reforma de la Constitución.
    Creo que estas medidas podrían servir para reducir la politización creciente de las instituciones del Estado, aunque soy plenamente consciente de que jamás ocurrirá porque los políticos jamás aprobarán una reforma en ese sentido, y porque la idea de otorgar poderes al Rey suena totalmente anacrónica.

  6. KC
    KC Dice:

    Yo lo que me vengo preguntando hace un tiempo es por qué los reyes y reinas no se jubilan llegados a una edad… Porque claro, todo el mundo parece querer jubilarse llegada una edad, menos los reyes y reinas… Debe de haber alguna causa que no llego a ver que hace que no les dé por abdicar… Uhm… ¿Será porque son trabajadores incansables que anteponen sus obligaciones a su vida? Debe haber algo, pero no lo veo… ¿Por qué no se habla de las jubilaciones reales? Quizás sea que es muy romántico lo de morir con las botas reales puestas… Manu Oquendo, ¿usted en qué siglo vive? Lo que usted llama “barbarie” otros lo llaman circunstancia histórica, lo cuál no tiene por qué ser incompatible con la idea de “Una España”. Es sencillamente que entre los fundamentalistas de un lado, y los del otro, los que estamos en el medio nos convertimos como pelotas de ping-pong de sus partidas. Fundamentalistas los cuales, por qué no decirlo, lo de las circunstancias históricas les importa un pimiento más allá de lo que ello les pueda significar como beneficio económico a largo plazo (como esos que se ponen banderas españolas y catalanas/vascas/loquesea para dar una señal a otros, muchos de los cuales, curiosamente, van de nacionalistas por la vida y luego son los primeros en sacar “sus” dineros fuera del territorio que con tanto ardor guerrero defienden…. ¿No le parece paradójico y relativo eso de “barbarie”?

  7. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Muchas gracias, Juan
    Con esa aclaración se entiende mejor la lógica de no abdicar en la situación actual.
    Saludos

  8. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hola, KC.

    Más que paradójico me parece sorprendente.
    Tanto la barbarie en si misma como el silencio ante ella.

    De lo que caben pocas dudas es de que –tras lo que Habermas llama pudorosamente estadio Pre-Político– se esconde mucha barbarie y en toda Europa vamos sobrados de ella. También nosotros.

    La solución, creo, no pasa por aceptar la semántica del “bárbaro” o del “pre-político”.

    Pasa por plantar cara sin aspavientos. Por mucho que hayan tratado de anestesiarnos con consensos y cesiones indecentes.

    Este, por ejemplo, es el país del mayor exilio civil europeo en tiempos de paz. Hemos asistido a él, condescendientes. Reprimimos la memoria que es más cómodo.

    O, por poner otro ejemplo de barbarie, el único país de Europa en el cual el estado tolera que los hijos de hispanoparlantes (oportuno el comentario de Marisol) tengan –por mor de la Inmersión excluyente– el doble de fracaso escolar que los nativos en su lengua materna.

    Dicho por ellos mismos: en el …”Informe sobre el risc de fracàs escolar a Catalunya” del Consell de Treball, Econòmic i Social de Catalunya, 2011. De la Generalitat.

    Por eso, entre “barbarie” y “circunstancia histórica”, me inclino por respetar la semántica.

    Saludos

    • KC
      KC Dice:

      Ya, lo que pasa es que usted entenderá que un territorio que tiene una cultura concreta con incluso un lenguaje concreto no vea tanta “barbarie” como la que usted ve. Y de la misma forma que si cuando los franceses intentaron “afrancesar” España usted hubiera dicho que no, entenderá que ellos digan que no a según qué cosas. Lo cual, por otro lado, no significa que tenga que ser licencia directa para que los fundamentalistas catalanes quieran imponer al resto de los que haya en su territorio todos su fundamentos. Es más, me atrevería a decir que esa parte les importa bien poco más allá del poder manejar todos los asuntos empresariales y directamente relacionados con la banca, que es lo que el hijo de uno de estos catalanes de pro parece que entendía por “catalán”. Es que es todo muy relativo, oiga. Y quizás si empezamos a usar según qué palabras todo pueda ser más relativamente objetivo y menos subjetivamente fundamental.

  9. Alberto
    Alberto Dice:

    “La erosión que ha padecido la Corona tiene más que ver con conductas personales que con disfunciones de la institución”. Pero es que estamos hablando de una institución personalísima, hasta el punto de que se menciona a su titular con nombre y apellidos en la CE. El gran argumento contra la instiotución monárquica, en mi opinión, es que legitima el principio de que alguien ocupe un cargo público en virtud de su nacimiento. Me resulta curioso el afán por eliminar la discriminación por sexo (por no hablar de las lambicadas justificaciones para explicar que esta discriminación sería intolerable en la siguiente generación pero hasta deseable en esta) manteniendo la discriminación por pertencer a una familia específica. Y si la precedncia masculina pudiera abolirse en virtud de los derechos fundamentales, por qué no la monarquía misma?

  10. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    El mejor apoyo de la monarquía es la ideología revolucionaria de la mayoría de los republicanos, de manera que a la gente “de orden” le repugna cualquier cambio o tan siquiera el debate de esta cuestión.

    Para empezar, los republicanos reniegan de los símbolos nacionales. Usan una bandera inconstitucional, la tricolor, cuyo origen es fruto de la incultura de sus promotores. En efecto, en la Primera República se usó la bandera de siempre pero con la chusca anécdota de que el rojo de la parte inferior estaba descolorido y algún genio posterior lo identificó como el morado del pendón de Castilla y en su calenturienta imaginación lo identificó con el movimiento de los Comuneros. Tampoco les gusta el himno y lo sustituyen por el de Riego, personaje por el que tengo bastantes simpatías y que jamás usó otro himno que la Marcha Granadera.
    Es habitual ver que en todo movimiento revolucionario o protestas ciudadanas de todos los países del mundo, los manifestantes porten sus símbolos nacionales. Por ejemplo, los que se manifiestan contra el chavismo portan la misma bandera que los chavistas. Son conscientes de pertenecer a la misma nación, aunque discrepan de la forma en que se gobierna.
    Aquí, los sindicatos paniaguados y ultrasubvencionados reniegan de la bandera constitucional y usan la republicana inconstitucional, aparte de las autonómicas, oficiales o no. Lo msimo todos los movimientos “antisistema”.
    El lógico pues, que una amplísima mayoría sea renuente a cualquier cambio en tal sentido. Yo soy republicano, por convicción y por oposición a los actos y omisiones del Jefe del Estado y su troupe, pero se me eriza el vello sólo de pensar que cualquiera de los artistas que se manifiestan contra los artistas que detentan (en sentido propio) el poder o viceversa, además de mandatarios por plazo que se extralimitan de sus poderes son además los símbolos del estado o de la nación, suponiendo que consideren que España lo es.
    Por lo demás, yo creo que la Corona debe regularse, sí, pero no necesita un cambio constitucional. Necesita un cambio en las personas, un cambio de política y de actitudes y una regulación del estatuto del Príncipe y de los miembros de la Casa.
    Y desde luego la legitimidad republicana no sé de dónde se la sacan. ¿De una República nacida de unas elecciones municipales sin republicanos? ¿De la leyenda rosa de un régimen atroz? ¿Del chivo expiatorio de un Franco culpable de todos nuestros males pasados, presentes y futuros que designó a Juan Carlos sucesor a título de Rey?
    El problema de España no es la forma de estado, sino la ausencia de una idea compartida de nación en la extractiva y parasitaria clase políotica, que la inocula de frorma implacable en los jóves mediante la manipulación educativa. En Bilbao y en Barcelona, pero también en Sevilla y en Madrid.

  11. Javier
    Javier Dice:

    Buen post, Sr. Vara, Simplemente me gustaría comentar al respecto un par de cosas. En primer lugar, dejar constancia que soy uno de los no sé si muchos o pocos, pero a mí sí me pasa, ciudadanos que está empezando a estar harto de la figura del actual Jefe del Estado y de la institución que representa. En cualquier régimen democrático al uso, mi particular sentimiento creciente de desafección y todo el andamiaje jurídico que Vd. plantea en su post para solucionar estos problemas, se solucionarían apelando a los ciudadanos para que despositen su confianza entre diferentes candidatos que aspiren a obtenerla en el correspondiente proceso electoral. Eso pasa en Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, etc. En España, no. Aquí, si estás “harto” o “cansado” de la persona que representa la máxima institución del Estado no te queda otro remedio que aguantar hasta que “pase la bola”… a su hijo (que no a su hija tampoco).
    Eso que apunto se puede adornar lingüísticamente de muchas maneras (en eso de cómo utilizar el lenguaje al servicio de una ideología este país es tierra de promisión), pero al final resulta ser una deficiencia democrática.
    Comenta Vd.que “los argumentos ontológicos contra la Monarquía han desaparecido”. Yo no opino igual. O, mejor, depende de qué se entienda por “argumentos ontológicos”. Dentro del campo republicano hay especímenes de diferente pelaje. Los hay que somos “laicos” o “agnósticos” sobre estas cosas y no pensamos en la República como religión salvadora de nada. Simplemente como un régimen político superior desde cualquier punto de vista a la Monarquía. Y pensamos en una hipotética República española como puede ser la república francesa, la república canadiense, la república alemana, etc. Y luego están los “fundamentalistas” de la cosa que hablan de República como una parte integrante de una especie de “kit” que comprende muchos más elementos: que si nacionalización de la banca, que si derecho de autodeterminación para no sé quién o quiénes, que si una República socialista, etc. Es decir, “ideologizan” o le dan un matiz cuasi-religioso a la cosa apropiándose “ideológicamente” de un concepto que debería ser neutral o de todos. Algo que ya pasó, por cierto, en la 2ª República. Pero este sector de “republicanos” no agota el universo de personas que pensamos en la posibilidad de una transición pacífica, ordenada y democrática hacia “el desamparo”. Porque para mí, al final lo que hay es sencillamente MIEDO a estar a la intemperie, miedo a la responsabilidad individual y como colectivo humano (la sociedad española). Con un Rey, psicológicamente nos sentimos cómodos porque pensamos que, al final, hay alguien “ahí” que nos protege y vela por nosotros. Asumir nuestras responsabilidades como individuos y como pueblo (más todavía con las experiencias republicanas anteriores) nos causa pavor.
    Y lo último: alguien dijo una vez que en España las Constituciones no se reforman. Sencillamente, se cambian por otra nueva cuando la anterior ya no sirve o se queda caduca. Y con esta pasará igual. Supongo que es algo así como una marca genética de los españoles. Los constituyentes se empeñaron en crear un cinturón de hierro alrededor de la Constitución para protegerla que va terminar matándola por imposibilidad de actualizarla y ponerla al día.
    Saludos.

    • IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO
      IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO Dice:

      Estoy de acuerdo en mucho contigo Juan salvo en un detalle y es que yo creo que la Corona tiene todavía en estos momentos de fragmentación territorial y crisis ecónomica e institucional una utilidad para la Sociedad española incluso para los separatistas que no se sienten tales que no son solos los vascos y catalanes o gallegos.-Los hay de todo pelaje que pasan de “España”y no me refiero a los Rubianes(QEPD) o Willys Toledo y demás.-
      No me figuro ahora a España – si la aceptamos como Nación y Estado aunque sea compuesto – embarcada en una Nueva Constitución con un Régimen Republicano-las formas de Estados son accidentales y se justifican por su utilidad para el cuerpo social que forma la Nación – cada cuatro años o siete o cinco en elecciones presidenciales de una República ¿Centralista,Federal,Confederada,con derecho a decidir de naciones históricas ? Con Presidente a la alemana o a la francesa o americana?
      Creo que nadie y digo nadie está “hoy” interesado en esto .-
      Por cierto,Canadá es un Estado Independiente pero Monarquía parlamentaria de “iure” aunque funcione republicanamente y con una Ley de Claridad para Quebec.-
      No es España.- Ni Francia,ni EEUU,ni Alemania…ni Venezuela tampco lo es.-

  12. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Apreciado KC.

    Además de lo difícil que resulta una conversación con tanto lastre instintivo también hay que reconocer que es difícil comunicarse.
    Dicen que el lenguaje es el medio natural y casi exclusivo de la razón pero aún así resulta harto deficiente. A veces parece herramienta para el desentendimiento.

    Por ello le he vuelto a leer tres veces su escrito, que me ha gustado por la retranca y el estilo, y que a pesar de estar de acuerdo en bastante hay algo con lo cual no lo estoy.

    Cuando dice….”un territorio que tiene una cultura concreta” supongo que se refiere a una ideología, a una forma de expresarse, de pensar o de desear, de algunas de las personas que viven en un territorio.

    Los territorios no tienen cultura, en todo caso la tienen los grupos humanos y dentro de ellos, hoy día, nunca son uniformes. Al contrario, la esencia de nuestra sociedad actual es, precisamente, la Multiculturalidad.

    La Generalitat, por fijarnos en lo concreto, reporta en su clasificación lingüística de los mayores de 15 años la siguiente distribución de lenguas “maternas” o habituales en el hogar.
    1. Español……………..Tres Millones Trescientas mil.
    2. Catalán………………Un Millón Novecientas mil
    3. Ambas……………….Trescientas cincuenta mil
    4. Otro idioma…………Seiscientas mil

    Pretender en estas condiciones la existencia de diferencia cultural –relevante, no folclórica–, si de verdad se conoce España, es una osadía de la voluntad.

    Entiendo el argumento nacionalista, pero no se sostiene en absoluto y es forzoso remitirse a Isaías Berlin cuando en las primeras páginas de su obrita ….”Dos Conceptos de Libertad” nos recuerda el malsano placer, casi sádico, que al nacionalista proporciona la capacidad de poder obligar a otros a obedecer adoptando “su identidad” y “su cultura” que nunca es real y siempre es inventada para eventualmente ser usadas como argucias para dividir.

    Es toda una definición psicológica de esta ideología que requiere el refuerzo del rebaño para “ser algo más que el vecino”.

    Con todo, hemos de reconocer que estas pulsiones instintivas tiran mucho más que dos carretas, aunque casualmente, sean de plástico. Todas, las de los unos y las de las otros.

    Un saludo cordial

  13. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Anteriormente dije que soy racional, política y ahora emocionalmente republicano. Creo que el Rey ha actuado más en provecho propio que en defensa de la nación que representa y que en vez de ser el pararrayos de la nación española ha puesto a ésta como pararrayos de la institución monárquica. Sólo por eso y por permitir, al ser parte de él, un sistema corrupto que está degenerando a la vista de todo el mundo, merecería pasar a la reserva, hablando en términos castrenses.
    Pero decir que se prefiere una república como forma de estado no es decir gran cosa. Yo me mojo y digo que soy partidario de una República que sea para empezar, española, de la nación española, con sus símbolos históricos mayoritariuamente compartidos y por ello, atacados por quienes no creen en la nación española.
    Por otra parte, creo en una división de poderes inspirado en el modelo de los EE.UU., con un Presidente que además de Jefe del ejecutivo sea el símbolo de la Nación, pero sin que ello le otorgue impunidad para hacer y deshacer a su antojo.
    Me horripila el modelo francés, al que reconozco ciertas ventajas. Y no sé qué ventajas tiene el modelo italiano o alemán, donde al Presidente la República no lo elige el pueblo, sino el Parlamento, con la correspondiente componenda partidista. Que es como, por cierto, se elegía al presidente de la 2ª República, sin intervención alguna del pueblo.
    Por todo ello me adhiero a lo que comenta Ignacio Romero de Bustillo: No se puede plantear seriamente un debate sobre la forma de estado cuando el estado está hecho trizas por la fagocitación de los partidos, que lo tienen corrompido de la cabeza a los pies.
    Esto no me impide ser extremadamente crítico con la actuación de un monarca que no se comporta como un auténtico Jefe de Estado, pero lo malo es que hay una pregunta terrible que contestar: ¿Algún Presidente de Gobierno habría sido un buen jefe de estado?

    • IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO
      IÑIGO ROMERO DE BUSTILLO Dice:

      Desde el accidentalismo en las formas de Estado aunque ratificando la creencia en que la Corona puede ser aún útil entiendo que hoy todas las energías de la Nación Española y de su Estado aún subsistente y por tanto de sus maltrechas,corruptas y desprestigiadas “instituciones”( lo pongo con minúscula) ,del Rey abajo todos,deben ponerse al Servicio de dos Grandes Causasque nos afectan a todos y cada uno de los españoles,los que queremos seguir siéndolo y los que no quieren:
      I Atravesar y superar de una forma aceptable la terrible Crisis Ecónomica y Financiera e Institucional.- (Pactos de la Moncloa II o como se llamen)
      II Debate Territorial -una vez dejado atrás lo anterior -para lo cual hará falta unos Pactos II Específicos de todos los Sectores incluso separatistas en cuyo Debate , mediante las Reformas Constitucionales que se estimen o incluso un nuevo Pacto Constitucional se aborden las cuestiones de las comunidades con implantación nacionalista- separatista mediante Disposiciones Adicionales Ad Hoc o Leyes de Claridad.-
      Pues estos son los dos problemas que afectan al Cuerpo Social y Politico.-Todo lo demás eso eso,lo demás.-

  14. Manuel
    Manuel Dice:

    Los intelectuales españoles siempre se han caracterizado por buscar la perfección de nuestras instituciones y de nuestra democracia, con una nula visión práctica, llevando al pueblo español a la búsqueda de utopías, que terminan en tragedias.

    No creo que la corona inglesa sea mejor que la nuestra, con esa impresentable reina Isabel y un no menos sinvergüenza de hijo, príncipe de gales. Ni las monarquías nórdicas sean para echar cohetes; ni la república francesa con sus mujeriegos y pillos presidentes, creo que todos los últimos acusados de corrupción. Ni que contar de los italianos…

    Tenemos una gran tarea por delante. Hay que sacar España de la crisis económica. No enredemos más las cosas que ya están de por sí muy complicadas. Seamos pragmáticos, como los anglosajones y olvidemos un poco a don Quijote ..

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