“In God We Trust”

En 1864, durante la Guerra Civil americana, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la inclusión de la leyenda In God We Trust en las monedas de dólar. En 1956 (y, según parece, en el contexto de la guerra fría con la descreída Unión Soviética) el Congreso convirtió ese texto en el lema de la nación americana. Un año más tarde se comenzó a imprimir la frase en los billetes. El Congreso ha reafirmado el lema en varias ocasiones, la última de ellas en 2011, con una mayoría aplastante (396 votos favorables, solo 9 negativos).

 

Esta decisión es chocante para un jurista, porque parece poner la religión en el corazón del Estado, rompiendo el principio de laicidad, que no es más que una manifestación del de no discriminación. Un Estado y una Constitución e incluso algo de tan nebuloso valor político y jurídico como el lema o los símbolos nacionales deben pretender representar y apadrinar a todos los ciudadanos. Pero la figura de Dios no es la bandera de los ateos; ni siquiera es la de todos los que profesan una religión, porque las hay, como el budismo, que no son teístas.

 

De hecho, la Primera Enmienda a la Constitución americana, en su primer inciso, la llamada “cláusula de establecimiento”, proclama lo siguiente:

Congress shall make no law respecting an establishment of religion

Y sobre esta base, como era de esperar, se han entablado acciones judiciales para erradicar aquel lema o al menos sacarlo de las monedas y billetes.  Sin embargo, me ha sorprendido también comprobar que los Tribunales americanos siempre han desestimado esas demandas con contundencia.  Remito a la página de Wikipedia sobre el particular para más detalles. En las sentencias más atrevidas se dice que las instituciones del país presuponen la existencia de un Ser Supremo. Otras sencillamente declaran que el concepto de Dios que maneja el lema es una noción “ceremonial” y “secularizada”, que no pugna con la cláusula de establecimiento.

Pues bien, esto último me ha resultado sugerente. ¿Qué puede querer decir ese concepto de Dios “secularizado”? En efecto, el problema cobra una nueva dimensión y se vuelve apasionante si se plantea desde una óptica epistemológica: ¿cuál es la definición correcta de la palabra “Dios”? Bajo esta perspectiva, y suponiendo que diéramos en el clavo alumbrando un concepto que mereciera “adoración” generalizada,  no procedería una declaración de inconstitucionalidad del lema de marras, sino una mera sentencia interpretativa: si se lee bien, si se entiende por God lo que corresponde, el texto es legítimo.

Me he embarcado en esta empresa y a fin de salir airoso de ella, quiero utilizar y ya por última vez en este Blog, para no ser pesado, el “método Cenicienta”. Vengo defendiendo que un concepto se debe construir como una cuerda con dos extremos: la zapatilla y la chica que, por ser capaz de calzársela, demuestra ser una esposa y reina idónea; esto es, un medio y un fin. Ambos son realidades empíricas: una la que es y otra la que queremos que sea. Y entre ambas hay una relación dialéctica: si el fin propuesto es uno, atenderemos a unos datos y no a otros; de igual modo, la realidad de partida es un condicionante que nos obliga reajustar los objetivos en un sentido u otro.

En este caso, presumo que la Cenicienta, el fin, es establecer una norma de conducta, unos mandamientos que den sentido y orientación a la vida. En cuanto a la zapatilla, el instrumento que pone de manifiesto cuál es la voluntad divina al respecto, debemos atender, si queremos -conforme al plan que nos hemos marcado- ser objetivos, a la realidad del mundo. Y ello sin discriminación, considerando el orbe entero, el cual –como es sabido- es un cuadro hecho de luces y de sombras: bestias inmundas, paisajes desoladores y emociones abyectas, a la vez que criaturas amables, imágenes bellísimas y sensaciones sublimes. Este cuadro podría quizá responder a un plan, pero si lo esconde, no nos resulta aparente. Siendo prácticos, podemos aparcar el debate de si todo es fruto de un designio o solo del azar combinado con las leyes de la física y la evolución. Evidentemente, lo único accesible a nuestra razón es esto último, porque un designio latente podrá existir, pero en todo caso no hay quien lo pille: es inescrutable. Así las cosas, dado lo críptica que es nuestra zapatilla, ¿no hay nada en ella que nos ilumine sobre el paradero de Cenicienta, que permita la concreción del fin, que le dé significado a la vida? Pues un poco, un poco sí: al menos está claro que eso es lo que “es” y hay que aceptarlo. Por supuesto, no se debe renunciar a cambiar las cosas perfectibles, pero ello sin hacerse mala sangre. Contra el azar, no puede uno irritarse y contra una voluntad indescifrable, tampoco. Esto debería infundir cierta paz. Además ha de notarse que el teatro del mundo discurre con absoluto desprecio hacia el ego humano, que es un juguete en manos de las olas y los vientos. La evolución nos ha imbuido la idea de que la propia supervivencia es un asunto crucial, pero nada en la realidad que nos circunda confirma esa impresión. Y esta constatación inspira un cierto desapego ante los éxitos y fracasos de nuestras vidas y compasión ante los vaivenes de los demás, al verles cómo se afanan por ganar o perder.

Y no se me ocurre nada más. Yo desde luego, me apresuro a aclarar, no me aplico en absoluto el cuento y carezco de las virtudes y la serenidad que deberían propiciar estas reflexiones. Pero, sobre una base puramente intelectual, creo que este es el concepto jurídicamente admisible de lo divino. Ciertamente, es una idea muy esbelta, pero ahí reside su atractivo. Por esa misma razón debería granjearse la “adoración” que perseguíamos. Se podrá expresar y delimitar mejor, mas en lo esencial, ¿quién puede negar que este concepto de Dios se nutre de hechos adverados y de un sencillo análisis de los mismos? Desde luego, no veo aquí contradicción con el planteamiento ateo: solo he dicho que algo (no alguien) nos gobierna. Y tampoco hay incompatibilidad con los postulados de la mayoría de las religiones: de acuerdo, no hemos personificado a Dios en la figura de un Señor con nombre y apellidos, pero nos ponemos a su servicio, que es lo que cuenta. Recordemos, en este sentido, que Islam significa “rendición”. Jesús dijo “niégate a ti mismo”, no te des tanta importancia. Y los maestros budistas proclaman “no self (no ego), no problem”.

Cuestión distinta es que, extramuros de este core concept, cada cual puede completar la idea con las creencias que juzgue oportunas, sobre la base de revelaciones de profetas o construcciones de las escuelas religiosas o filosóficas. Estas podrán tener la virtualidad que proceda a la hora de dirigir la conducta personal hacia aquí o allá. Lo único que se pide es que, a efectos prácticos, cuando se trata de resolver problemas de convivencia, todos volvamos los ojos al cogollo de lo divino, a lo que, por estar basado en hechos probados y apuntar a una realidad amable, puede concitar el necesario consenso.

Sin embargo, quizá la mayor oposición a la aceptación de este lema, incluso con el contenido destilado que le asigno, venga, curiosamente, del bando ateo. He tenido ocasión de contrastar esta propuesta con mi amigo el Profesor Mesa, ateo combativo (atheist, como dicen los anglosajones), quien ha fruncido el ceño. ¿Para qué llamarle a esto Dios, se dice, si no es más que unos rudimentos de ética?

Hay una primera razón poderosa: para que un concepto tan catalizador de pasiones, juegue a favor del bien y no del mal. Es paradójico que las invocaciones a Dios que hacen las Naciones y los Gobiernos sirven sobre todo para justificar las guerras y las violaciones de derechos humanos. Y lo es más que ambos bandos impetran a la vez el apoyo divino. Los terroristas del 11-S o el 11-M clamaban que cumplían la voluntad de Dios. El Presidente George Bush justificó la Guerra de Irak con esta perla: God told me to end the tyranny in Iraq. También en el plano doméstico Dios es un cajón de sastre que sirve para acusar y condenar a los enemigos sociales o políticos, cuando fallan los demás argumentos. La Inquisición (recordemos: no solo española sino europea) a menudo servía como instrumento de venganza contra rivales políticos o sociales.  Hace poco Irán ahorcaba a un poeta, disidente político, por el delito de ser “enemigo de Dios”. A quienes cometen estos desmanes hay que poder combatirlos cortando la raíz de su ideología: decirles que incurren en un error epistemológico, que no saben lo que hacen, pues una recta interpretación del concepto de Dios reclama otra cosa.

En segundo lugar, creo que este es un concepto necesario porque llena un hueco de nuestros sistemas políticos y sobre todo del sentimiento que late en los debates sociales. La política necesita también de espiritualidad, al menos en este sentido tan humilde, que consiste en pedir que el objetivo último que nos anime, a la hora de organizar la sociedad, al adoptar medidas económicas y al configurar las relaciones con los otros países, no puede ser solo el egoísta de maximizar el propio beneficio, como persona o como nación, pues se podría renunciar a ciertas ventajas  materiales y seguir teniendo un contento que no precisa de ellas.

Evidentemente todo esto es muy difuso y etéreo: no se traduce así como así en recetas concretas. A lo mejor es simplemente un propósito interno, que queda en la conciencia de cada cual, pero que juega también un papel relevante en la arena política. Cuando se da al César lo que es del César, también, de alguna forma, se está dando a Dios lo que es de Dios, y eso habría que tenerlo presente.

18 comentarios
  1. Luisa
    Luisa Dice:

    Querían pillarle. Así que pidió que le enseñaran una moneda y les preguntó: ¿Quién es ése que aparece?

    Ellos contestaron:

    -El César.

    Y Jesús concluyó:

    -Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.

    ….

    Si en la moneda hubiera aparecido Dios, todo se habría venido abajo. De modo que el propio Jesús consideraba que en las monedas puede aparecer el César, pero no Dios.

    No es razonable que personas que se dicen cristianas le lleven la contraria a Jesús.

    Todo lo demás es rizar el rizo.

  2. Javier Serra
    Javier Serra Dice:

    Gracias por el comentario Luisa. Yo no soy cristiano. Precisamente por eso no me siento vinculado por la frase que mencionas o al menos me considero autorizado para interpretarla a mi manera. Pero sobre todo no olvides que lo primero que leo a mi manera es el concepto de Dios. Para evitar toda duda, si relees el post, verás que este concepto que propongo no presupone la existencia de un Ser Supremo. Ni tampoco la niega. Simplemente considera ese punto indemostrable y sobre todo irrelevante a los efectos que nos ocupan. Rizo el rizo, eso sí, pero es que este es un Blog jurídico…

  3. Ramón García
    Ramón García Dice:

    Es simplemente pragmatismo.

    Se trata de reconciliar dos realidades irreconciliables: una sociedad muy religiosa y unas reglas de juego y sentido de la libertad laicos. Así que reinterpretamos creativamente. en este caso qué quiere decir Dios.

    Son soluciones forzadas, pero mejores que las alternativas. Por ejemplo, si leemos al pie de la letra la Biblia, apostatar está condenado a muerte. Un cristiano coherente debería matar a un familiar que intente convencerle de su fe, porque lo dice la Biblia. Afortunadamente, hoy no es así, porque “interpretamos” la Biblia, y podemos discutir con un familiar de religión sin miedo a que vuelva de la cocina con un gran cuchillo.

    Y es lo más práctico.

    • Javier Serra
      Javier Serra Dice:

      Estoy de acuerdo con tu interpretación, Ramón. En efecto, el post versa sobre reconciliación de puntos de vista dispares con un ánimo pragmático, esto es, buscando una zona de intersección donde en la práctica no debería haber disensión.

    • Jesus Fernandez-Villaverde
      Jesus Fernandez-Villaverde Dice:

      “si leemos al pie de la letra la Biblia, apostatar está condenado a muerte. Un cristiano coherente debería matar a un familiar que intente convencerle de su fe, porque lo dice la Biblia. ”

      Ya que estamos en Pascua: esto (y otras afirmaciones similarmente erroneas) se dice mucho por ahi pero demuestra hasta que punto nuestra sociedad se ha secularizado. Cualquier chaval en un pais occidental hace unas decadas habria respondido sin mayor problema que la Ley Mosaica queda derogada por el capitulo 10 de los Hechos de los Apostoles (la vision de San Pedro sobre la comida impura). Esta es la posicion desde el primer siglo de todos los grupos cristianos principales y es la razon, por ejemplo, por la que (casi todos) los cristianos comen cerdo sin ningun rubor o no circuncisan a sus hijos.

      Determinar las relaciones entre las religiones y el estado moderno es complejo (por poner ejemplos concretos de cosas que han pasado en EEUU: Debemos permitir a los Judios matar a sus animales segun sus regulaciones aunque estas violen los requisitos de trato de los animales? Debemos permitir a los Musulmanes tener piscinas separadas por sexo para la clase de natacion en los colegios? Pueden los hijos de baptistas no atender a una clase de biologia que enseñe evolucion? o el caso mas importane en esta sesion de SCOTUS: Sebelius v. Hobby Lobby). Pero la discusion sera mas compleja si ambas partes no acometen la minima diligencia de al menos entender que dice la otra y de esa manera no caricaturizar sus posiciones.

    • Cayo Ignoto
      Cayo Ignoto Dice:

      Jesús, durante siglos se ha perseguido la apostasía, la herejía y la reserva mental en el bautismo (que se consideraba inválida y, por tanto, apostasía de un bautismo válido). La Inquisición de los Reyes Católicos se establece en un primer momento para perseguir judaizantes. Lo que tú consideras evidente para chavales occidentales lo fue a partir del s. XIX en el mejor de los casos.

    • Jesus Fernandez-Villaverde
      Jesus Fernandez-Villaverde Dice:

      Cayo
      No has entendido mi argumento. No he dicho que despues del siglo I las iglesias cristianas no hayan violado las libertades individuales (lo cual es obvio). Mi afirmacion es que el Deuteronomio -excepto por los relativamente ambiguos 10 mandamientos- no es fuente de derecho para ellas. Por tanto las justificaciones que las iglesias cristianas hicieron de tales actos no se basaron en la ley Mosaica (me imagino que alguna excepcion se podria encontrar sobre todo en los grupos protestantes mas radicales, pero desde luego no en las grandes denominaciones). Es algo muy distinto (y sus implicaciones tambien aunque el resultado parezca el mismo).

      Es mas, el pasaje del Deuteronomio que cita Ramon Garcia es profundamente contrario a toda la tradicion de la Inquisicion: da la iniciativa del castigo a la persona individual, mientras que el Derecho Canonico insiste reiteradamente que tal castigo debe ser siempre institucional.

      Si vamos a tener una discusion sobre el papel de la religion en una sociedad multicultural y secularizada, al menos hagamos el minimo esfuerzo de entender el contexto historico de estas relaciones, comprender los argumentos de los distintos grupos (aunque no estemos de acuerdo con ellos) y no lanzar argumentos -como dicen aqui- por “scoring points” (eso va por cierto tambien con el post: el autor podria haberse familiarizado un poco con la case law de la primera enmienda y a todas luces queda que no lo ha hecho).

      Si uno quiere entender cual es el origen de la primera enmienda tiene que entender, por ejemplo, que Virginia o Massachusetts tenian religiones oficiales en el momento de la independencia, cual fue el razonamiento de la convencion constitucional aqui en Philadelphia al respecto (y de los grupos que en su dia no vieron con agrado la misma) o que la primera enmienda se aplico durante las primeras decadas de la republica al gobierno federal y no a los estados. Solo desde este contexto y con los datos correctos podemos afrontar estas cuestiones y pensar -es especial en un sistema como el americano de case law- en cual es la correcta solucion a problemas concretos contemporaneos como Sebelius vs. Hobby Lobby o hasta que punto el sistema de common law se debe adaptar a la Sharia si asi lo quieren las partes involucradas.

    • Cvm Privilegio
      Cvm Privilegio Dice:

      Cada día más me asombra la sabiduría del prof. Fernández Villaverde.

      En efecto, el post es… ¿cómo decirlo? Algo más extenso que intenso.

      En cuanto al castigo de apóstatas y herejes es claro que no se basa en el Deuteronomio, sino en otras consideraciones. Y fue cuestión muy debatida en los primeros siglos, pues chocaban de una parte el respeto a la letra y al espíritu del Evangelio y de otra el deso de alcanzar eficazmente resultados mediante cualquier método (y en particular, mediante la coerción física).

      Por si a alguien le interesa, he aquí el resumen de Sto. Tomás: http://hjg.com.ar/sumat/c/c10.html#a8

    • Jesus Fernandez-Villaverde
      Jesus Fernandez-Villaverde Dice:

      Gracias por la referencia tomista. La acabo de leer rapido. Por ejemplo, en el Articulo 11 (¿Se deben permitir los ritos de los infieles?) St. Tomas cita Rom 1,32, San Agustin y San Gregorio.

      Pero me gustaria volver a los temas concretos, ya que en la practica es lo que importa mas en como tratar el tema de la religion en una sociedad como la america. Sobre Sebelius vs. Hobby Lobby, que como he dicho puede ser el caso mas importante de esta sesion de SCOTUS:

      1) http://www.scotusblog.com/case-files/cases/sebelius-v-hobby-lobby-stores-inc/

      2) Un libro interesante que me lei recientemente: “Sebelius v. Hobby Lobby: Corporate Rights and Religious Liberties” de Eugene Volokh (aviso, Volokh, el de Volokh Conspiracy, trata este tema desde una perspectiva “libertaria”).

  4. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Yo creo, Sr Calleja, que su dificultad proviene de identificar religión con dios. Debemos poder ser capaces de hablar de Dios sin religión y por ello sin supuestas trascendencias. Y esta quizás fue la intención de la constitución de Estados Unidos.¿Es capaz usted capaz de imaginar una sustancia tan sencilla que forme parte de TODO? Entonces deberá concluir necesariamente que es indivisible y que es única y por tanto infinita…Y todo lo demás.
    Tenga presente que el más ateo de los grandes filósofos occidentales, también es el que más habló de dios.
    Saludos

    • Javier Serra
      Javier Serra Dice:

      Bueno, Sr. Teilhard, el post precisamente propugna no identificar el concepto de Dios con ninguna religión, ni siquiera con la religión, ni tampoco con la trascendencia. Antes bien, pide que el concepto se construya a partir de la realidad que olemos y tocamos y para mejorar esa realidad, su aspecto y su textura. Lo cual no significa que sea incompatible con creer en una religión o en una trascendencia. Y en efecto, si el lema se interpreta con este significado hiperreducido, creo que no sólo es compatible con una constitución democrática, sino que además le da al país un toque de ilusión y esperanza. Ahora bien, reconozco que es difícil romper la inercia en la forma de entender un concepto tan milenario y enraizado en el lenguaje con un significado diverso.

  5. KC
    KC Dice:

    Sinceramente, y en términos generales, los juristas -extiendo a economistas-, tienden a reflexionar muy mal sobre estos asuntos divinos. Todo, o casi todo, tiene un por qué, y lo anterior también lo tendría. “Dios” no es un concepto jurídico, ni debería haberlo sido nunca. Es un concepto puramente político, tal y como dejaron claro Einstein, Hitchens, Spinoza, Hawking, Dawkins, Feynman y otros que tenían/tienen un poquito más de información que cualquier jurista que intente reflexionar sobre estos asuntos (ya no digamos que alguien “cotidiano”). El Dios político sigue existiendo por unas causas muy sencillas, muy lógicas y muy humanas, que además están relacionadas con todo tipo de chapuzas interpretativas. Lo que sucede es que no queremos entender que una cosa es ser creyente en Dios y otra, muy distinta, querer ser amiguete de Dios. Y en esto último es lo que se vaya la leyenda de la moneda estadounidense, porque aunque allí tengan mucho criterio para según qué cosas, siempre fueron muy de Far West, muy de “lo que diga la gente” por encima de la misma realidad (esto me recuerda al tema de los “famosos”, chapuceros y populistas Tribunales del Jurado).
    En cuanto a su penúltimo párrafo, permítame decirle que es una falacia que genera la misma inercia que sospecha. Es decir, la palabra precisa no sería “espiritualidad” -que quizás también-, sino reflexión. Porque lo interesante de la reflexión es que nos lleva al entendimiento de las cosas. Pero claro, sucede que el entendimiento de las cosas a veces no nos interesa, y ahí empiezan las subjetividades más increíbles y las deformaciones de la realidad más surrealistas que uno puede imaginar. Sucede también que reflexionar cuesta cierto esfuerzo -y cierto tiempo- y a veces el resultado no nos hace más felices, por lo que preferimos que las cosas sigan siendo como han sido siempre, aunque sean claras chapuzas -como el caso que usted analiza de la moneda estadounidense-. Porque a ningún jurista británico con criterio, que han sido los mejores que han pisado la faz de este planeta -si Bobbio, Kelsen y algún otro me lo permite-, se le hubiera ocurrido semejante leyenda. Es más, actualmente el billete de 10 libras tiene la cara de Darwin y no pasa nada. Eso, en EEUU, sería impensable. Algo debió pasar después de la independencia británica y seguramente tuvo que ver con esa “unión” política que se le supone a la religión.
    Sobre su penúltimo párrafo hay cienes y cienes de textos de buenos autores, como Stuart Mill o el inmenso David Hume. No hace falta ninguna espiritualidad metafísica más allá de la reflexión, que es la que convierte a los conceptos en reales y la que nos hace sentirnos a gusto con nosotros mismos y el resto (¿espiritualidad?) Por supuesto, la información veraz, porque sin ella somos unos palurdos.
    Debatíamos el otro día sobre parte de este asunto en http://lacienciaysusdemonios.com/2014/03/29/el-universo-en-tres-minutos/
    El que se atreva, ya sabe…

  6. Antonio onio
    Antonio onio Dice:

    Me voy a ver el último capítulo de la nueva serie documental “Cosmos”, recomendable para quienes busquen un conocimiento científico de la realidad.

  7. Fernando
    Fernando Dice:

    Sr. Serra, o Sr. Calleja (?), de alguna manera su artículo me recuerda el de Ulrich Beck en El País del sábado, “Dieta mediterránea para el sueño europeo”. Al final, con distintas palabras, ¿no están ustedes reclamando lo mismo, que las naciones se construyan en torno al “joie de vivre”?

  8. de lege ferenda
    de lege ferenda Dice:

    El asunto se las trae.

    In God we trust, cincelado en el vil metal por el racionalismo ateo.

    Significante y significado no coinciden. ¿o si?

    GOLD as GOD

  9. Cvm Privilegio
    Cvm Privilegio Dice:

    Eso no es nada, señor Serra. Cierto Sujeto de un solo ojo “annuit coeptis” desde los primeros “coepta”.

  10. Cándido
    Cándido Dice:

    Voy leyendo, no sin cierto asombro, los comentarios suscitados por el post, que van desde los primeros “copta” a una sesuda enseñanza sobre la Constitución norteamericana, desde capítulos de “Cosmos” a la venerable obra del Aquinate. Si algún valiente se atreve con el sexo de los ángeles o las cinco razas de unicornios, en verdad cerraremos el círculo.
    Vamos a ver, Sr. Serra, usted lo que nos está proponiendo como debate no es sino un modelo social nuevo o, por mejor decir, una muy distinta ordenación social que tiene como objetivo final una mayor felicidad para el ciudadano. Su medio sería una especie de intangible inmaterial cual es nuestra propia existencia, con todos sus aciertos y errores y, consecuencia de ella, una nueva ordenación moral perfectamente aceptable por todos. Lo que ocurre, entiendo, es que al referirse usted a dicho intangible inmaterial como Dios y al deslizar en su discurso la palabra espiritualidad, pues la está liando parda, como demuestran los comentarios a su texto.
    Sinceramente reconozco el valor de su propuesta. Hoy todo el mundo se queja de que “el sistema no funciona”, pero no conozco a nadie que se haya parado a pensar una alternativa, como hace usted. También debo decir, con franqueza, que no comparto en absoluto su pensamiento, ni en el método ni en los resultados, mas el espacio de que dispongo para debatir el tema me limita extraordinariamente en mis intenciones. Baste con decir que el sistema que usted presenta presupone una suerte de “unanimidad” en la ciudadanía que no creo real y que, si lo fuese, me forzaría a emigrar muy lejos de aquí.
    Reciba un cordial saludo y, muy sinceramente, gracias por su tesis.

  11. Javier Serra
    Javier Serra Dice:

    Gracias Cándido. Le agradezco que haya leído el post, aunque no lo comparta. Yo sólo ando a la busca de un consenso en una materia que tiene cierta “trascendencia”, en el sentido de que es la más importante; es más, a lo mejor, si se mira bien, la única que importa. Ante lo que hay, cómo organizar la vida en común para que de verdad lo pasemos bien en la tierra. Evidentemente, esto tiene relevancia a la hora de hacer política y Derecho. ¿Cómo no iba a tenerla, si es lo más importante? ¿Es esta cuestión algo “espiritua”l? Pues me ha parecido oportuno emplear dicho término, porque también ese concepto, como el de Dios, debe ser traído a la tierra. En Derecho el espíritu de una disposición es su objetivo práctico, que es algo bien tangible, que cuando se plasma se puede tocar y oler. A eso me refiero. Lo que pasa es que contrapongo ese espíritu a un objetivo puramente materialista, en tanto y cuanto lo que propongo consiste en estar bien (sentimiento físico y material donde los haya, es el “joie de vivre” que menciona por cierto Fernando) sin necesidad de, por ejemplo, invadir un pais para garantizar el acceso a sus pozos de petróleo. Otro ejemplo: yo no creo en la justicia universal, en eso de andar persiguiendo penalmente a los líderes extranjeros, pero tampoco habría que dejar de pedirle a China, con todo el respeto y bien de mano izquierda, que suelte el Tíbet. ¿Le hemos de llamar a esto confianza y orientación hacia Dios? Pues yo insisto en que sí, por las razones que explico en el post. Un buen ejemplo de este uso del término es el que hacen los físicos. Einstein, verbigracia, empleaba la palabra (God, the Lord) como una especie de “shorthand” o atajo lingūístico para referirse por un lado a la realidad y sus reglas de funcionamiento y por otro a la filosofía de vida que inspira la contemplación de esa realidad. Claro está que muchos, yo mismo al principio, le hemos malinterpretado, pero otros le han entendido y mejor así, gracias a esa forma de expresarse, porque el lenguaje es más ambiciosa y se alcanzan cotas de pensamiento más altas cuando conceptos complejos se sintetizan en símbolos concisos, de pocas letras…

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