” La corrupción engendra corrupción”, tribuna en El Mundo de la coeditora Elisa de la Nuez

Ahora que la contemplación diaria de los resultados de la corrupción y el mal gobierno generalizado nos ha dejado tan claro el pésimo funcionamiento de nuestras instituciones, especialmente de las de supervisión y control, el sistema político nacido en la Transición empieza a incurrir en una especie de esquizofrenia. Por una parte, tiene que atender al clamor ciudadano y a las recomendaciones internacionales para fortalecer los mecanismos de lucha contra la corrupción -muy especialmente la transparencia- pero por otro lado quiere hacerlo intentando no comprometer el sistema clientelar subyacente y de captura de rentas públicas del que depende en gran medida su subsistencia. De ahí que las medidas de regeneración que se proponen sean siempre a futuro, y nunca obliguen a asumir las muy presentes responsabilidades del aquí y ahora, o que se pretenda controlar el frente judicial que tantos daños colaterales es todavía capaz de causar, ya sea vía CGPJ o con el nuevo Proyecto de Ley Orgánica del Poder Judicial. En fin, se persigue la cuadratura del círculo, luchar contra la corrupción y el mal gobierno pero sin cuestionar sus causas y sobre todo a sus responsables.

Las encuestas del CIS ponen de manifiesto una y otra vez que la corrupción política es uno de los principales problemas para los ciudadanos españoles: 9 de cada 10 españoles creen que está muy o bastante extendida. A esto se une la desconfianza y desafección creciente en las instituciones, que alcanza en el último barómetro del CIS máximos históricos. Los informes europeos apuntan en la misma dirección, como revelan los datos del último informe de la Comisión sobre corrupción de febrero de este año.

Según este informe, en nuestro país el soborno no es habitual, pero la corrupción en sentido amplio constituye una grave preocupación. Si buscamos consuelo, podemos recordar que tres cuartas partes de los encuestados europeos piensan que la corrupción está muy extendida en su país. Eso sí, los países en que más ciudadanos piensan que es así son Grecia (99 %), Italia (97 %), Lituana, España y la República Checa (95 %). No es para estar muy orgullosos.

En todo caso, conviene recordar que la percepción de la corrupción tiene mucho que ver con la falta de transparencia y de mecanismos de exigencia y rendición de cuentas y con la falta de asunción de responsabilidades ya sean jurídicas o políticas. En definitiva, con la percepción de la impunidad que gozan los corruptos y los malos gestores tan característica de nuestro país. Y es que según la definición ya clásica de Klitgaard corrupción = monopolio en la toma de decisiones + discrecionalidad – rendición de cuentas.

La llamada teoría política del agente y el principal considera que los problemas de corrupción y mal gobierno aparecen cuando el agente (el representante político) coloca sus propios intereses por encima de los de su principal (el ciudadano). Porque es frecuente que principal y agente no tengan siempre los mismos intereses. Es más, lo normal es que sus intereses sean divergentes, lo que constituye un incentivo para que el agente decida actuar en beneficio propio y no en beneficio de su principal. Por ejemplo, haciendo recortes en el gasto público muy sensibles para el ciudadano antes que recortes en el gasto político, muy sensibles para el político.

Por otro lado, lo habitual es que el ciudadano no disponga nunca de toda la información sobre la actuación de su representante político. Una cultura política como la española, donde prevalece la opacidad, ofrece grandes oportunidades para que el agente pueda actuar en contra de los deseos e intereses del principal confiando en que con un poco de suerte, éste no se va a enterar de cómo funcionan las cosas, o de que se enterará demasiado tarde. La situación actual de los medios de comunicación en España contribuye de manera decisiva al mantenimiento de esta situación, aunque finalmente algunos casos acaben saliendo a la luz. Pero siempre se puede decir que son excepciones y no la regla general.

Pero el problema más grave surge cuando el ciudadano no está tan deseoso como podría parecer a primera vista de controlar al agente, es decir, a su representante político. O dicho de otra forma ¿qué ocurre si el ciudadano está dispuesto a hacer la vista gorda siempre que se trate de sus agentes? Pues que se produce el fenómeno del sálvese quien pueda, de los que tantos ejemplos que vemos a diario.

Efectivamente, la teoría política nos dice que las soluciones que pretenden atajar la corrupción y el mal gobierno suelen funcionar en entornos de baja corrupción donde se espera que los representantes políticos actúen en interés de los ciudadanos. En esta situación, cuando se observan incumplimientos puntuales, basta con introducir reformas que aumenten la exigencia de transparencia y de rendición de cuentas, o que penalicen estas conductas para desincentivarlas. Se trata de casos excepcionales, dado que el ciudadano es muy exigente en la defensa de sus intereses y se esfuerza en controlar a todos los políticos por igual, con independencia del partido al que pertenezcan como sucede en los países con un menor nivel de corrupción como los nórdicos.

Sin embargo, en países como Italia, Grecia y España en los que la percepción social de la corrupción es muy alta, la mayor parte de los ciudadanos cree que todos los agentes políticos son igualmente corruptos y que siempre van a anteponer sus propios intereses a los suyos. Lo decisivo es que esta mala opinión se extiende incluso a los nuevos agentes o nuevos partidos. El ciudadano piensa que «todos son iguales» y que por tanto se van a compartar como élites extractivas, por usar la expresión que ha popularizado Cesar Molinas. Esta creencia dificulta enormemente la llegada de nuevos políticos, que tienen que demostrar su inocencia, y beneficia a los que ya están establecidos por corruptos que sean en la medida en que esa percepción o favorece la abstención o les favorece a ellos. Efectivamente, si todos los políticos son iguales, el ciudadano optará no por el más honesto o más eficiente -que por definición no existe- sino por el más próximo.

Como ha señalado el profesor Bo Rothstein, de la Universidad de Goteburgo (Suecia), especialista en el tema, en estos entornos se genera un círculo vicioso de desconfianza general que incentiva aún más la corrupción y el mal gobierno que resultan mucho más difícil de combatir.

Los ciudadanos ya no pueden confiar en los políticos, los empleados públicos o simplemente en las personas que no conocen. Nadie cree de verdad que las instituciones sean neutrales y que protejan y garanticen por igual los derechos de todos los ciudadanos, por lo que es más seguro tener un contacto que facilite las cosas. Predomina la confianza particularizada en los grupos, familias, clientelas o partidos políticos por encima de la confianza en toda la sociedad y en sus instituciones. Las empresas ya no piensan que pueden obtener contratos públicos si no contratan al conseguidor de turno, o si no practican de forma compulsiva la revolvingdoor y llenan sus consejos de administración de ex políticos. Las redes informales de confianza sustituyen a las institucionales y se instala la percepción del sálvese quien pueda o más bien del salvemos a los nuestros que ahonda todavía más el círculo vicioso.

No parece exagerado concluir que en España nos estamos deslizando por esta peligrosa pendiente. El entorno de crisis económica contribuye a agudizar el problema, lo mismo que la voluntad de muchos responsables de la corrupción y el mal gobierno de eludir los tribunales de Justicia. ¿Cómo salimos de esta espiral? La respuesta no es fácil, pero sin duda pasa por convertirnos en ciudadanos exigentes y en impedir que quienes dirigen una administración pública puedan usarla de forma patrimonial para construir o mantener redes clientelares que les mantengan en el poder con el dinero de todos los contribuyentes. Para eso, lo primero es no votar a los partidos que hacen este tipo de política y dar una oportunidad a los que no funcionan así. Tenemos una gran oportunidad a la vuelta de la esquina.

12 comentarios
  1. Dan Evans
    Dan Evans Dice:

    Excelente post. Explica muy bien la situación actual y las posibilidades existentes: comprometerse en el día a día y no dejar de votar con responsabilidad. Enhorabuena

  2. Juan Luis Manzano Andreu
    Juan Luis Manzano Andreu Dice:

    Muy suavizada o descafeinada esa crítica al sistema. Que rueden cabezas es la solución. La Justicia no merece el nombre, está integrada por personajes que las más de las veces cambian la primacía del derecho por su voluntad personal. A los niveles más altos los jueces, Supremo, Constitucional, Presidentes TSJ o Salas del TS, son elegidos de forma discrecional por los dos grandes agentes de corrupción, y de tal palo tal astilla, que tienen nombre y apellido: PP y PSOE, los cuales obran desde una plataforma oculta común como PPSOE. Estos partidos que han conformado una partidocracia o tumor del sistema democrático, hacen como los tumores, succionan la energía del cuerpo social para sí mismos cuyos intereses se anteponen a los del cuerpo. Asi que sin cirugía, sin sangre, no es posible la extirpación. Hay que hablar claro y al grano. La epidemia de corrupción está provocada por PP y PSOE, que han hecho méritos para ser ilegalilzados, como lo deberán ser cuando el descontento alcance su punto de explosión, que llegará. La justicia forma parte de esa estructura, es la justicia de PPSOE y deberá de sufrir la misma suerte que su matriz, una depuración salutífera mandando a los que han prevaricado a sus casas si no se les puede mandar a trabajos sociales en los parques. No se puede contentar a tirios y a troyanos, hay que tomar partido, el mio es claro: que rueden cabezas, es la única solución.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Escribir sobre corrupción me parece un ejercicio destinado a generar gran melancolía en los lectores.

    La melancolía es un estado de ánimo auto inducido, –funeral y contagioso–, que si no se reprime mata la esperanza y nos arrastra al fiestorro.

    Hace tiempo que opté por no verlo para no tener que juzgar moralmente a personas queridas, respetadas o simplemente pertenecientes a esa categoría –excelsa donde las haya– en la que residen nuestros mejores clientes, los contratantes más “poderosos”.

    Digo poderosos porque tendemos a centrarnos en el comprador o regulador público pero, puestos a recordar, uno recuerda, por ejemplo, un contrato de 6 millones de amortiguadores que costó, primero, una casa con amarre en Bermuda y, para cerrar el trato, el detallito de un Ferrari entregado no muy lejos de Chicago. O una arquitectura de telecomunicaciones en un lugar de Europa que, entre otras cosas, costó 40 metros de eslora y documentación entregada discretamente tres años después del barco con la tripulación pagada mientras tanto.

    ¿Cómo no darlo todo por quien nos arregla el presupuesto, la cuota y hasta la existencia de tu misma empresa con su amoroso gesto al firmar –y cumplir– el contrato?

    Por añadir algún matiz al artículo de Elisa, me centraría en su optimista consideración según la cual estaríamos “comenzando a resbalar por la pendiente”.

    Se jubila por estos días un compañero de carrera que se ha pasado 30 años abriendo centros comerciales por todos los rincones del esta vieja y sabia nación. Dice que no recuerda ni uno solo de ellos que le haya salido por menos del 3%.

    ¿Han tratado de comprar alguna de las viviendas dentro de nuestros bellísimos campos de golf y han podido hacerlo (antes de construirlas, en Plano) sin entregar en negro al menos el 10% del precio?
    Somos una gran nación tecnológica. Sucede que nuestra tecnología es Teleológica, Finalista, Pragmática, de Resultados.

    Hablen con sus parientes o amigos arquitectos, subcontratistas, “outsourcers”, financieros, agentes inmobiliarios de confianza y hasta consultores o auditores.

    En confianza, hablen con ellos y ellas, y luego lean los titulares de nuestra entrañable prensa a ver si se parecen algo a la realidad circundante.

    Ahora mismo si hubiese gobierno sin temor a trapos sucios se deberían intervenir unas cuantas autonomías, retirarles las competencias económicas y lanzar dos generaciones de fiscales anticorrupción a trabajar.

    Pero es bueno el olvido. Es el mecanismo de nuestra mente que más y mejor nos ayuda a ver las cosas con optimismo.

    A en servidor esto de la corrupción le llena de optimismo.
    Efectivamente: Porque si se arregla, descubriremos que realmente no hay crisis.

    Arreglarlo no es cuestión menor porque el problema arranca en la omnipotencia y en la omnipresencia del poder decisorio sobre nosotros. No valen medias tintas y oligopolios tolerados.

    Un cordialísimo…Yes, we can! …Can we?

    • de lege ferenda
      de lege ferenda Dice:

      … si bien, la manera en que creemos es la misma, creamos en lo que creamos. Somos Egos perdidos entre las tinieblas del SER. Buscando una tracendencia que ya está en nosotros, auqnue no la deseemos ver. Somos iguales hasta en nuestras diferencias. Cultivamos nuestros pequeños egos para ocultar la realidad del UNO. Queremos ser las partes cuando somos el todo.

  4. de lege ferenda
    de lege ferenda Dice:

    Gracias por el Post.

    Cito: “…la mayor parte de los ciudadanos cree que todos los agentes políticos son igualmente corruptos y que siempre van a anteponer sus propios intereses a los suyos. Lo decisivo es que esta mala opinión se extiende incluso a los nuevos agentes o nuevos partidos”.

    No hay contradicción: es el sistema el que genera corrupción. El “nuevo partido” en cuanto parte del sistema, engendrará corrupción; si es que no ha sido engendrado por ella …

    La Ley del Hierro ataca de nuevo.

    El interés general está, por definición, excluido en un sistema sustentado por intereses partidarios/partidistas. El ciudadano asume su condición de súbdito mientras abunda en el espejismo de unos derechos que reconoce irreales.

    No somos ciudadanos, sino generadores de rentas para el sistema corrupto. Lo llamamos Sistema Tributario. Pero sabemos que no es igualitario, ni justo, y si es redistributivo, lo es en sentido inverso; quitan a los pobres para dar a los ricos.

    Son nuestros tributos/diezmos el alimento del sistema que nos esclaviza. Solo que ahora no hay Rey que nos proteja de los Señores Feudales. Los fueros son para los corruptos, no para los oprimidos. Oprimidos por nosotros mismos; por nuestra cobardía. Somos una sociedad enferma, y enfermas son nuestras instituciones. Infectados de cobardía y mansedumbre.

    No, no son “los políticos”; somos nosotros quienes sostenemos el sistema que nos extorsiona.

    Deseamos que Jueces como Mercedes Alaya callen. Queremos dormir … y tal vez, soñar.

    Los delincuentes más feroces están en los Parlamentos. Si sustituimos a los diputados por chimpancés adiestrados para apretar un botón … nada cambiaría.

    La sacrosanta Ley es un Delito en si mismo. Y su difusión penetra en la sociedad vía Diario Oficial.

    Vease sino la defensa del corrupto: Y TU MÁS.

    Somos lo que tenemos. Y lo que tenemos es corrupción.

  5. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Tengo entendido que en unos días o semanas deberían ver la luz determinadas listas de concejales que pueden tener o no exclusividad (disculpen si la palabra no responde exactamente al concepto jurídico), es decir, que percibirán un salario de las arcas municipales o no, “sólo” dietas y gastos del cargo. Entiendo que dichas listas desvelarán, además de la tendenciosidad política de nuestros cargos electos del más bajo escalón electoral, un sinnúmero de familiares y amigos contratados o subcontratados. Todos conocemos personalmente casos que no pueden tildarse exactamente de corrupción, pero que no son ejemplares en el sentido de “Ejemplaridad Pública” del filósofo hermano de “nuestros” dos Gomás editores. Es cierto lo que dice la autora del artículo, convertido ahora en “post” de que con transparencia todo esto sería conocido públicamente, incluso a través de las “webs” de los Ayuntamientos donde todos y cada uno de los contratos deberían ser publicados, incluyendo datos personales, puesto que se pagan con nuestros impuestos, esto es, con nuestro tiempo, como siempre repito. Suban Uds. del municipio al cabilido o la veguería, a la mancomunidad, a la provincia, a la Comunidad Autónoma, el Gobierno central, las Instituciones de la Unión Europea y las Instituciones internacionales y, si pudieran hacer un listado de contrataciones (e incluso de normas) puramente objetivas o inclinadas por intereses personales, tendrían que, aunque acaso sea un % bajo de los Presupuestos de todas esos entes públicos, estamos ante una situación de calibre excepcionalmente grueso. Y lo peor es que, como bien apunta la Sra. De la Nuez, estamos en un círculo vicioso difícil de deshacer porque la adhesión de los políticos a una causa depende bastante de la posibilidad de reparto de canongías. Las redes clientelares son una parte esencial, por mucho que nos cueste admitirlo, de la historia de nuestra especie. Posiblemente tengan base biológica porque el racionalismo: función = órgano = funcionario = servidor probo del interés público es un ideal no una realidad, aunque hay, incluso en Estepaís, funcionarios probos y trabajadores que, en comentarios como este, merecen un elogio especial, dado el ambiente en el que viven. Esto pueden verlo Uds. de forma muy especial en los “servicios jurídicos” paralelos y los dictámenes (de pago) en tantos órganos y organismos, si la Asesoría Jurídica oficial o la Abogacía del Estado o la Intervención no lo aceptan, no hay problema, siempre hay algún “jurista” aulico dispuesto a firmar lo que sea, eso sí, previo pago de sus servicios (llamarlos “honorarios” no cuadra). ¿Necesitan prueba del nueve? Vale, ¿a que lo de probo les suena anticuado?

  6. misnotas
    misnotas Dice:

    Elisa dice…..”Los ciudadanos ya no pueden confiar en los políticos, los empleados públicos o simplemente en las personas que no conocen. Nadie cree de verdad que las instituciones sean neutrales y que protejan y garanticen por igual los derechos de todos los ciudadanos, por lo que es más seguro tener un contacto que facilite las cosas. Predomina la confianza particularizada en los grupos, familias, clientelas o partidos políticos por encima de la confianza en toda la sociedad y en sus instituciones. Las empresas ya no piensan que pueden obtener contratos públicos si no contratan al conseguidor de turno, o si no practican de forma compulsiva la revolvingdoor y llenan sus consejos de administración de ex políticos. Las redes informales de confianza sustituyen a las institucionales y se instala la percepción del sálvese quien pueda o más bien del salvemos a los nuestros que ahonda todavía más el círculo vicioso”

    ESTA HABLANDO DE VENEZUERIA….O DE NIGELIA…….¿VERDAD?
    está hablando de Venezueria o de Nigelia….¿verdad?

  7. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Siguiendo a Niklas Luhmann, la corrupción es un subsistema a dentro del “sistema social”, y por ello con su propio “sentido” que lo estructura. El sistema social ha de desarrollar los instrumentos para mantenerlo en un nivel aceptable. Esto es lo que ocurre en muchas sociedades de nuestro entorno. Pero aquí ocurre al revés. El “sistema corrupción” es el hegemónico y el llamemosle constitucional es el subsistema. Por ello nuestra constitución, siguiendo a Lasalle, no es una constitución real sino aparente. Confeccionada de aquellas maneras para dar cobertura a una simulación que encubre el verdadero equilibrio de fuerzas. Sin embargo, ambos sistemas han de tener un punto de conexión, por ello, nuestra más alta magistratura hubo de quedar al margen del ordenamiento jurídico aparente, de modo que pudiera someterse plenamente al “real”.

  8. segismundo alvarez
    segismundo alvarez Dice:

    Excelente artículo, Elisa. La cuestión sin embargo, sigue abierta, como señalas al final. ¿Como conseguir que los ciudadanos no tiren la toalla? ¿Como forzar a los que tienen el poder, y a los que lo quieren conseguir, a ser honrados? Parece que un primer paso es no votar, como dices, a los que ya han demostrado que lo ejercen en su provecho. Pero lo difícil es transmitirles que no les votamos justamente por esa razón -y no por las subidas de impuestos, talante, etc…-.

  9. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Excelente artículo Elisa. En su momento me gustó mucho y me pareció muy acertado. Enhorabuena!

  10. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    La corrupción es simple supervivencia de quienes se consideran más aptos en la escala biológica. Por eso está en todas partes donde haya un territorio que defender u ocupar. El interés personal siempre estará “legitimado” como “natural”. La ley de la selva debería estar controlada por el Derecho, pero en su lugar la hace más agresiva y compleja en su desarrollo porque, al final, “las leyes expresan la voluntad de los poderosos” en lugar de defender a los más débiles. El día que consigamos un cambio del valor “tengo” por el valor “soy” en nuestra propia esencia humana, empezaremos a darnos cuenta de lo equivocado que ha sido el camino por el que nos han hecho (y hemos aceptado encantados) transitar: el que nos ha convertido en lo que somos simples productores y consumidores de corrupción. El verdadero cambio está en cada uno de nosotros, en vencer nuestros miedos y en asumir nuestra libertad responsable.

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