Entre Mission Impossible y 12 hombres sin piedad ¿Es posible evitar el nepotismo mediante reglas?

(Con Antonio Cabrales)

Coproducciones de NeG y HD

Iniciamos con este post una colaboración que esperamos interese a los lectores entre los editores y colaboradores de NeG en su nueva etapa y los de HD. Algunos temas merecen ser abordados conjuntamente desde una perspectiva jurídica y económica a la vez para ser bien comprendidos. El nepotismo tan frecuente en nuestro sector público (universidades públicas incluidas) puede ser un buen comienzo.

 

Como consecuencia de una entrada en ¿Hay Derecho? de Rodrigo Tena (aquí) sobre la excesiva importancia de los contactos en España (con ocasión de un caso de nepotismo en el Tribunal Supremo), Antonio Cabrales, Elisa de la Nuez y Rodrigo Tena tuvimos un intercambio epistolar que reproducimos aquí (convenientemente editado para no marear a los lectores con innecesarias digresiones). Pensamos que puede servir para ilustrar las distintas perspectivas que es necesario tener en cuenta a la hora de abordar esta cuestión. Como suele ser habitual, los juristas consideramos que establecer procedimientos y requisitos minuciosos y detallados puede permitir un control judicial “a posteriori” para determinar si un determinado nombramiento es correcto o no. Antonio, como economista, discrepa de la necesidad de tanta regulación.

Antonio: Tengo que estar parcialmente en desacuerdo. El problema NO es “saber cuántos puntos supone cada mérito, que sería lo mínimo necesario para poder participar en el proceso con ciertas garantías.” Simplemente no es útil responder a esa obsesión hispana por tener un indicador a prueba de bombas. Los economistas llevan décadas investigando qué pasa si no hay lo que llamamos “contratos completos” (ver  aquí o aquí). El problema es que en muchos lugares da igual a quién tengamos al lado. Y ya puestos elijamos a un “nipote” (sobrino). En las universidades buenas no hay un criterio cerrado con puntos para cada mérito. Pero todo el mundo sabe que elegir a un sobrino es fatal para el departamento y tiene costes para la reputación del individuo que lo hace. Y, simplemente, no se hace.

Elisa: Esto no tiene nada que ver con la Universidad. Es mucho más sencillo, se valoran unos méritos, supuestamente, pero nadie sabe cómo ni por qué. Es como si presentas ofertas a una licitación pública y te contestan que te han dado un 3 o un 4 y que ha ganado otro con un 9 pero no sabes por qué. Total, luego resulta que el de los 9 puntos no cumple los requisitos pero casualmente es un hijo o un sobrino. No es un problema de autonomía vs responsabilidad y resultados, sino pura y simplemente de intentar controlar mínimamente la ocupación irregular  de puestos apetecibles.

Antonio: Claro, pero los “méritos” van a ser siempre en alguna medida subjetivos y da igual que se expliciten, siempre se puede retorcer la interpretación para hacer las cosas bien formalmente y contratar al sobrino de todas formas. El problema es que la tarea que se supone que tiene que hacer el contratado no es “productiva”, y no contribuye a nada que le importe al que decide. Entonces lo mejor es eliminarla y punto. Y si contribuye, y el que decide realmente rinde cuentas de su productividad, ya se cuidará de tomar la decisión apropiada. En eso se parece mucho a la licitación. Si es de un insumo a un proceso productivo y yo tengo algún interés real en el producto final, no vale la pena que fiscalice el insumo. Rindo cuentas del producto final y ya me cuidaré de escoger el mejor proveedor. Pero poner muchas reglas formales en el proceso de selección solo complica el proceso y no soluciona nada. Y mientras creamos un sistema donde a la gente le importe esto, ¿qué hacemos? ¿Pedir papelitos o que canten temas de administrativo? Tal vez, pero es tan third-best que me da reparo decir que sí, preferiría diseñar bien el sistema desde el principio, sector por sector. Sobre todo porque la obsesión documental impide la innovación que pueda crear lugares con otras culturas, donde hay discrecionalidad pero se usa bien.

Rodrigo: Me parece un tema muy interesante que hay que tratar, sin duda, y la clave está efectivamente en la responsabilidad del contratante. Cuando yo contrato a alguien en mi notaria nadie me puede exigir que explicite con qué criterios lo hago y qué circunstancias valoro, porque en el pecado llevo la penitencia. En el sector público debería ser lo mismo si el contratante llevase de verdad en el pecado la penitencia, pero, como dice Elisa, en ese sector hay:

a) Subsectores en los que institucionalmente es difícil diseñar esa responsabilidad del contratante. Pongamos como ejemplo la selección de notarios. Si salen malos notarios ¿a quién le pides responsabilidad? ¿A qué persona física en concreto le pides responsabilidad por los desmanes cometidos por la promoción del año XX, cuyos nefastos efectos estamos empezando a comprobar ahora? En estos casos parece más lógico diseñar un proceso de selección en el que se valoren unos méritos específicos (cantar tres civiles en una hora) y que todo el mundo sepa por adelantado qué te van a pedir y cómo.

b) Subsectores en que cabría diseñar esa responsabilidad del contratante, pero en los que los mecanismos de responsabilidad no funcionan. Esto es efectivamente lo mismo que la autorregulación en las empresas cotizadas. Seguro que en UK funciona, con buenos sindicatos de accionistas y prensa independiente, pero aquí todo está diseñado para que no funcione. Entonces, mientras arreglamos las cosas para que funcione, es conveniente explicitar los requisitos, de tal manera que al menos sea posible un mínimo control (judicial) porque si no tendremos lo peor de ambos mundos.

En general estoy de acuerdo en que donde puedan funcionar los incentivos personales las normas serán un mero apaño. Pretender sustituirlos en un lugar como la universidad por un modelo estandarizado de méritos “objetivos” es una vergüenza. Pero también te digo una cosa: cuando esos méritos se ventilaban en una oposición pública con temario y trinca, el sistema no era tan perfecto como el de los incentivos, ok, pero tampoco la absoluta merienda de negros que es en la actualidad. Al menos alguien se tenía que poner rojo en algún momento. Hoy ni eso.

 

Hasta aquí el intercambio epistolar. Pero lo que se debe hacer cuando uno tiene este tipo de debates es investigar cómo funcionan las cosas en el exterior, y a veces te llevas alguna sorpresa.

Anders Sundell, un experto en contratación pública de la Universidad de Gotemburgo, publicó en 2012 este interesante paper: What is the best way to recruit public servants? En él analiza las ventajas e inconvenientes de los dos sistemas apuntados, en primer lugar el sistema tradicional público de requisitos formalizados con escasa o nula discrecionalidad para el gestor, y en segundo lugar el típico del sector privado en donde los gestores tienen la máxima flexibilidad para contratar a los que consideren más adecuados.

Pues bien, después de analizar las características de 100 burocracias llega a una conclusión bastante lógica. El mejor sistema de selección para conseguir los niveles más altos de meritocracia es el propio del sector privado, efectivamente, pues por muy bien que se diseñen los exámenes o los requisitos formales siempre se corre el riesgo de que no sirvan para filtrar las personas más adecuadas. Ahora bien, este sistema solo es útil si existe algún tipo de salvaguardia social que evite los riesgos del nepotismo y del clientelismo, sencillamente porque en las burocracias los sistemas de control interno y de rendición de cuentas característicos de las empresas privadas son mucho más difíciles de conseguir. Si existe esa salvaguardia social, entonces fenomenal: éxito total. El caso más típico es el de Nueva Zelanda.

Allí donde no existe ese tipo de salvaguardia, sin embargo, los niveles más altos de meritocracia se consiguen a través de un sistema formalizado y regulado de selección sujeto a control judicial. De ahí que a falta de frenos sociales al nepotismo, prescindir de procedimientos formales de contratación y adoptar el sistema del sector privado produzca los niveles más bajos de meritocracia. El caso más típico es el de Nicaragua.

El autor constata que la tendencia generalizada en el mundo es a eliminar o diluir los controles formales, pero tal sistema solo produce resultados positivos allí donde existen esos límites efectivos al clientelismo, concretados en la calidad institucional del país y en la existencia de una auténtica cultura democrática y, por supuesto, de prensa verdaderamente independiente.  A través de un interesante análisis histórico demuestra cómo algunos de los países hoy más avanzados reaccionaron en su momento frente a los abusos del clientelismo introduciendo exámenes y requisitos formales, para luego ir flexibilizándolos a medida que esos riesgos disminuían.

En definitiva, todo depende de encontrar un punto de equilibrio: cuando el coste del nepotimo y del clientelismo desciende, se hacen más evidentes otros riesgos asociados a los sistemas demasiado rígidos de selección. La conclusión entonces es doble: por un lado se debe combatir socialmente el clientelismo, por otro diseñar sistemas adecuados de selección que, evitando esos riesgos gracias al posible control judicial, no sean demasiado rígidos. Aconsejamos un vistazo a los cuadros del paper (antes hagan el esfuerzo de imaginar dónde está España) porque resultan muy interesantes.

Un tema a tener en cuenta, apuntado por Antonio, es hasta qué punto un sistema formal puede constituir una efectiva barrera contra el nepotismo y el clientelismo. Es decir, hasta qué punto “los malos” pueden circunvalar el sistema. Sundell cita como ejemplo el infame “Malek Manual” durante la época de Nixon, diseñado para circunvalarlo todo. De nuevo volvemos a un problema de equilibrio en costes: será más útil para evitar ese riesgo cuanto más rígido y objetivo sea, pero a un coste mayor.

No cabe duda de que el papel de los jueces en este punto es fundamental. Es clave que demuestren cierta disponibilidad a entrar en la revisión de estos procesos cuando la ley les da pie para ello. En un interesante análisis sobre la situación de los países de la Unión Europea en este tema (“Recruitment in civil service systems of EU members”), Francisco Cardona señala que ese control está bastante extendido en Francia, Italia y España (?). De hecho, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha requerido a todos los Estados miembros a establecer sistemas efectivos de revisión en todos los procedimientos de selección de empleados públicos. Una de las razones fundamentales, que también hay que tener en cuenta y cuya discusión necesitaría otro post, es que existe un principio básico a respetar que no cabe olvidar y que implícitamente aparece mencionado en el post de Rodrigo: el derecho de todos los nacionales de un país a poder acceder a un puesto público en condiciones de igualdad, previa difusión general de los requisitos exigidos.

 

21 comentarios
  1. aldelgadog
    aldelgadog Dice:

    Interesante.
    Precisamente llevaba yo varios días con la idea rondándome la cabeza de que lo importante para la imparcialidad y profesionalidad no es tanto el sistema de selección, harto de escuchar a funcionarios hablar de sí mismos como garantes de los mismos como si el nombramiento “imprimiera carácter” (aumentada la sensación por los indicios de que en el caso de ADIF parece que esta vez no hay político al que culpar de desviaciones de dinero -sí, los funcionarios son seres humanos corruptibles-), y de que lo realmente importante es un buen diseño institucional de reglas y procedimientos de control de las actuaciones. Si el control social es inefectivo (aquí se ensalza al Lazarillo de Tormes y se hace mofa de Alonso Quijano) es todavía más importante un diseño donde todo y todos estén sujetos a ‘checks & balances’, y sobre todo a responsabilidad (incluyendo el fulminante cese de la condición de funcionario del burócrata, juez, notario, etcétera).

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      También ha habido casos de Guardias Civiles que se quedaban con droga o de policías que pueden ser corruptos. Pero en nuestro país no hay una corrupción generalizada en el funcionariado. Y sí en la política. Y mientras que los funcionarios pagan. Los políticos no siempre. Más abajo amplío mi opinión sobre esto.

  2. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    En España también tenemos nuestra propia experiencia que permite obtener conclusiones. Por ejemplo, la sociedad española valora altamente a los médicos de la Sanidad Pública que han accedido mediante el sistema MIR (prueba objetiva con exámenes iguales para todos los aspirantes, y corrección automatizada sin posibilidad de conocer la autoría de cada examen). Y en cambio la sociedad española valora muy mal el acceso a la judicatura por turnos de no-oposición (jueces de nombramiento político), así como la cooptación endogámica del profesorado universitario mediante pseudopruebas a la medida del candidato deseado.

    O sea, funcionan bien los procesos objetivizados y rigurosos de selección (sin asomo de clientelismo). Y, por el contrario, funcionan mal los procesos discrecionales y subjetivos susceptibles de todo tipo de abusos.

    • aldelgadog
      aldelgadog Dice:

      La ciudadanía no hace distingos entre jueces “pata negra” y los demás, por la sencilla razón de que no saben cómo han llegado a ser jueces los que les tocan.
      Para demostrar ese argumento habría que basarse en datos y no conozco encuesta de satisfacción que permita hacer esa investigación.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    En las compañías USA en las que trabajé estaba rotundamente prohibida la contratación de familiares en cualquier grado si formabas parte del personal gerencial y profesional.

    Si dos empleados de estas “carreras” se casaban, uno de ellos sabía que tendría que dejar su empleo. Ha debido de haber algunas excepciones (IBM con la saga Watson, por ejemplo) pero esta regla estricta no impidió que, por ejemplo, Arthur Andersen, adalid “anglo” de la probidad personal y profesional del fedatario, no acabase en el lodo de la chapuza certificadora. Es decir, esto “fue”, pero ya no es como era.

    En Inglaterra era proverbial que el personal de confianza de determinados servicios proviniesen del mismo regimiento que los altos cargos. El “Good morning, Sir”, seguido del habitual “Good Morning, sargent. renovaba cada día el viejo vínculo de jerarquía y lealtad al llegar a la oficina.

    En Brasil, Alemania o Japón, tres cuartas partes de lo mismo pero aumentado y corregido.
    El vínculo personal y corporativo resulta crucial y sin él no es posible ni el progreso personal o profesional al menos en grandes entidades.

    Este vínculo es tanto más fuerte cuanto mayor es el peso y la longevidad de la industria local. Y es lógico porque una cultura industrial se vive y se valora desde la infancia. No se puede improvisar porque es un rasgo cultural de difícil adquisición y la familia lo transmite.

    No conozco país donde no sean cruciales las relaciones informales para el establecimiento y progreso. Público o privado. Y esto crece, no decrece.

    El vínculo familiar “extenso” es la base de todos los grandes conglomerados asiáticos hasta tal punto que recibe atención académica la antiquísima práctica de la adopción en un clan familiar carente de talento interno para conseguir sucesores apropiados. Algún primer ministro japonés bien reciente es uno de los ejemplos usados en “Trust” de Fukuyama.

    Cómo esto convive con la retórica de la igualdad de oportunidades es una excelente pregunta. Porque si este ideal desaparece el sistema quiebra en uno de sus elementos constituyentes. Muy especialmente en el servicio público. De hecho nuestros “partidos” son una fábrica de “sobrinos”.

    El capítulo III de la obra de Weber versa sobre cómo se estructura mundialmente el despliegue del “Herrshaft”, el poder reconocido voluntariamente por subalternos o súbditos.

    Lo divide entre Reclutamiento “Patrimonial” y “No Patrimonial”. Este último elige sus estructuras sobre el conocimiento objetivable que parece ser el menos objetable y que mejor protege de los abusos de poder.

    Con todo me parece muy acertada la observación de Antonio de que los Valores de la organización y la sociedad son importantes para desincentivar el abuso.

    El ámbito de libertad e iniciativa individual no monitorizada y regulada de cerca por el poder es asintótico con el cero. Hoy, con toda la retórica de igualdad, se abusa cada día más especialmente desde los BOE’s.
    Un fenómeno escatológico.

    Saludo.

  4. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Enhorabuena por esta interesante y novedosa forma de postear. La forma epistolar es algo bastante olvidado y que puede aportar diversos puntos de vista. Por algo Nada es Gratis y HayDerecho son dos de las principales referencias en nuestro país.

    En definitiva, en un sistema donde la selección importe para conseguir unos resultados y donde si esos resultados no se consiguen la persona reclutadora responda, entonces se consigue esos mejores resultados en un sistema de libre contratación como el privado.

    Sin embargo, allí donde no hay controles suficientes, donde no se rinden cuentas, “donde el dinero público no es de nadie” y donde hay nepotismo, clientelismo y corrupción, lo mejor es la oposición. Y este es el caso de España y lamentablemente mucho tiene que cambiar la cosa para que deje de serlo. Así que por muy imperfecto que sea el sistema de oposiciones, y mejorable, en nuestro país son una garantía. Una de las últimas garantías. Por mucho que se empeñe Jesús Fernández Villaverde, que si bien en otras muchas cosas es una de las mentes más lúcidas de nuestro país, creo que en esta se equivoca rotundamente. Sinceramente en este país, todo lo que no sea acceso por oposición libre tiene mucha probabilidad de ser politizado y utilizado para enchufes. Todos lo sabemos. Incluso algunas oposiciones autonómicas o locales no son todo lo limpias que deberían.

    Y esto ahora lo demuestra un estudio, pero es que es de sentido común, y se ve todos los días. La corrupción en nuestro país está generalizada, sí. Pero principalmente en el compadre político-empresarial del capitalismo castizo o socialismo para ricos.

    Oigan, ¿pero hay una corrupción generalizada en el funcionariado? ¿Si a usted le para la policía, y le suelta la mordida, ésta le quita la multa? ¿Puede usted sobornar al funcionario del registro para que le agilice la tramitación? ¿Creen que los inspectores de Hacienda son sobernables para no realiza una inspección? ¿Los de trabajo? ¿Y los jueces? Aquí la corrupción no es la mordida típica de los países del Tercer Mundo. Aquí la corrupción es principalmente política. Esto que aquí es inimaginable, en muchos países es bastante común, y si los controles, la transparencia y la rendición de cuentas ayudan como solución, muchas veces la causa es la politización. “Las administraciones más proclives a la corrupción son aquéllas con un mayor número de empleados públicos que deben su cargo a un nombramiento político”. Como la literatura moderna sobre corrupción señala, las causas de la corrupción, en este caso nepotismo y clientelismo, no hay que buscarlas en una “mala cultura” o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas. El problema de España es que tiene demasiados políticos. “Y aquí, el contraste entre España y los países europeos con niveles bajos de corrupción es significativo. En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias y fundaciones con plena discreción en política de personal. En total, en una ciudad media española puede haber cientos de personas cuyos salarios dependen de que el partido X gane las elecciones”. “Los empleados públicos con un horizonte laboral limitado por la incertidumbre de las próximas elecciones son más propensos a aceptar o a solicitar sobornos a cambio de tratos de favor que los empleados públicos con un contrato estable”. “En segundo lugar, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría del mundo occidental, donde los políticos locales están forzados a tomar decisiones junto a funcionarios que estarían dispuestos a denunciar cualquier sospecha de trato de favor, en España toda la cadena de decisión de una política pública está en manos de personas que comparten un objetivo común: ganar las elecciones. Esto hace que se toleren con más facilidad los comportamientos ilícitos, y que, al haber mucho más en juego en las elecciones, las tentaciones para otorgar tratos de favor a cambio de financiación ilegal para el partido sean también más elevadas.”

    http://elpais.com/diario/2009/03/27/opinion/1238108412_850215.html

    http://www.eldiario.es/agendapublica/nueva-politica/controlar-mirando-sitio_0_152585289.html

  5. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Y si me lo permiten los editores, aunque sea salirse del tema transversalmente, siempre me gusta aprovechar para defender las oposiciones y apoyar a los opositores, que actualmente lo pasan tan mal.

    Cuando se habla de oposiciones y de reformarlas miles de leones se lanzan al cuello soñando con colocar a los suyos a dedo, con acabar con lo que queda de la independencia de altos funcionarios y con los puestos por oposición por acceso libre. Imaginen cuantos enchufados y los que viven de las mamandurrias de los partidos estarían deseando ser jueces, fiscales, registradores o notarios.

    En fin, un opositor es una persona con un enorme nivel de exigencia y capacidad de sacrificio, una elevada formación, una gran capacidad de concentración y comunicación oral. Es una perdona que es capaz de sacrificar un beneficio actual por una promesa de recompensa mayor futura, con suficiente confianza en sí mismo y con un alto grado de compromiso con la sociedad y una vocación que es lo que le anima a dejar de lado el ocio, la juventud, y lo fácil, y luchar por lo difícil sin seguridad alguna. Aunque sean pocas plazas, miles de personas y varios exámenes. Mucho ánimo a los opositores en las difíciles circunstancias actuales. Os dejo un escrito que nos recuerda lo que es a los que hemos pasado por ello, y les hace una idea para aquellos que no lo hayan vivido.

    http://lamejormaneradepredecirelfuturoescreandolo.wordpress.com/2014/04/30/opositando-que-es-gerundio/

    • aldelgadog
      aldelgadog Dice:

      La oposición tal como se hace en España no es útil para seleccionar a las personas más adecuadas para los puestos de trabajo. Lo reconoce hasta mi preparador, que dice que estudiamos para aprobar, no para saber hacer las cosas.

  6. Alberto G.
    Alberto G. Dice:

    Una precisión sobre lo de ADIF porque parece que existen algunos equívocos. Se trata de una empresa pública (bueno entidad pública empresarial), no son funcionarios y sus directivos se seleccionan de manera muy semejante a lo que ocurre en el sector privado. Pero no solo sus directivos, incluso para el personal de a pie la selección en ocasiones se compone de valoración de experiencia y entrevista (http://www.adif.es/es_ES/conoceradif/oferta_de_empleo_publico/Empleo_publico_00029.shtml). Es decir, nada que ver con el pesado, antediluviano y contrario a cualquier innovación, sistema de oposiciones.

    La única diferencia con otras empresas es que aquí el presidente suele ser un político o seleccionado con criterios políticos.

  7. Arcimboldo
    Arcimboldo Dice:

    Es cierto que tenemos problemas con la selección de los funcionarios públicos, pero invito a los editores que investiguen las formas de provisión de puestos en la Administración Pública Española. Ahí no seríamos Nicaragua, sino Burkina Faso.

  8. Carlos Pérez Ramos
    Carlos Pérez Ramos Dice:

    Quisiera contar la experiencia de mi abuela, Margarita Baudín. Fue la segunda mujer en aprobar la oposición de notarías, y la primera en ser notario de una plaza de 1ª (Barcelona). Su historia puede ser interesante para el debate y romper una lanza en favor del sistema de oposición. Más aún estoy convencido, tal y como lo estaba mi abuela que ella no habría sido notario de no accederse por oposición; y en particular la oposición a notarías, dura rozando en ocasiones la crueldad –como creemos todos los “supervivientes” de esta oposición- pero terriblemente justa. Mi abuela aprobó en el año 1944 y durante su oposición se aprobó el nuevo Reglamento Notarial que derogaba la norma de la II República que permitía presentarse a las mujeres para decir literalmente en su Artículo 6.º <>. Además su preparado era Don José Luís Díaz Pastor, un magnífico notario que por haber sido Director de la DGRN durante la Republica fue apartado de su plaza durante unos años por lo que vivía de lo que sacaba preparando opositores.
    Con estos antecedentes no es difícil imaginar la poca simpatía que tenía el tribunal a mi abuela, como además lo demuestran dos anécdotas. Tras aprobar, como era y sigue siendo costumbre, fue a saludar al Tribunal que le había examinado y le contaron: de un lado que cuando la vieron entrar ente ellos comentaron “pobrecita tan joven y estudiando para nada”, y luego al darles las gracias por su aprobado le dijo el Presidente del Tribunal inspirador y redactor del Reglamento, gran jurista y cercano al Régimen hasta el punto que fue Alcalde de una gran ciudad durante veinte años: “no nos las dé porque hemos hecho todo lo posible por suspenderla”…Pero la verdad es que no pudieron porque mi abuela hizo un gran ejercicio, entre otras cosas porque “cantó” un tema que le hizo su maestro Díez Pastor con un gran contenido basado en el Derecho alemán mientras el resto de los opositores lo estudiaban por el Castán siendo en esta materia más flojo.
    De manera que si no hubiera existido un sistema de oposición nunca hubiera sido notario. Tres anécdotas más para reforzar mi elogio a la oposición: no se permitieron presentar a las mujeres hasta más de veinte años después, mi abuela necesitaba licencia de su marido para abrir las cuentas de la notaría, aunque podía autorizar las escrituras, y finalmente en la foto de su promoción en la que se ven sólo hombres , la tienen apartada en una esquina….

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      Extraordinaria anécdota Carlos, muchas gracias por compartirla, pero hay un dato que me gustaría apuntar para la reflexión. Las oposiciones son un buen sistema de selección en épocas y en países “singulares”, como la anécdota demuestra. Pero no hay que olvidar que también exigen un mínimo de decencia. Es decir, el presidente de ese tribunal podía ser un faccioso y un carca, pero era también un gran jurista con un mínimo de honestidad y con capacidad para reconocer el mérito. Mi gran temor es que en España nos estemos acercando a un escenario en donde esas cualidades no concurran en los tribunales, y entonces dará igual que estemos en una democracia o en una dictadura: las oposiciones no seleccionarán el mérito y quizás sirvan para justificar el compadreo. ¿No está empezando a pasar esto en algunos casos?

  9. Luisa
    Luisa Dice:

    Durante mucho tiempo los detractores del sistema de oposición argüían que sólo personas con gran poder adquisitivo podían preparar los cientos de temas, o sea, que sólo podían ser notarios, registradores, abogados del Estado, fiscales o jueces personas de extracción social muy elevada, lo que favorecía el clasismo de estas profesiones. Sin embargo, este razonamiento es obsoleto, pues actualmente personas de todas las clases sociales pueden preparar la oposición, que no es más cara que un máster de acceso a la abogacía, e incluso hay becas del Ministerio de Justicia para opositores. La oposición es el sistema más igualitario y garantista. Y aunque no sea perfecto, al menos no está contaminado de clientelismo como sucede con sistemas discrecionales de nombramiento tipo tercer y cuarto turnos. Éstos deben desaparecer. Por otro lado, no tiene sentido mantener estas vías de acceso, que no las hay en otras profesiones jurídicas como las ya mencionadas o inspectores de Hacienda o de Trabajo.

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      Su acertado comentario me ha traído a la mente una frase que recordaba, resulta que era de un estupendo post de este mismo blog de Juan Luis Redondo.

      “Aun así, uno esperaría que los mejores estudiantes, pudieran acceder a las mejores Universidades, y a los mejores trabajos. Pero hace años que España tomó una deriva donde son otros los factores que priman. En el acceso a un trabajo, siempre ha primado en España la red de contactos. En épocas de escasez de trabajo, se ha vuelto aún más importante. El mérito y el esfuerzo de los buenos estudiantes corren el riesgo de verse cada vez menos recompensados, lo que pone en riesgo los pilares básicos del funcionamiento de una sociedad. No sorprende que las encuestas sigan mostrando que muchos jóvenes quieren hacerse funcionarios para garantizar su futuro. Puede entenderse como una cultura de aversión al riesgo, pero en muchos casos lo que los jóvenes ven en la carrera administrativa son unas reglas más claras que premian el esfuerzo y el mérito. La preparación de una oposición, con unos exámenes y tribunales objetivos, abren la puerta a un trabajo y a un futuro mejor sin necesidad de contactos.”

      http://hayderecho.com/2014/03/06/meritocracia-vs-mediocracia/

  10. Dan Evans
    Dan Evans Dice:

    Interesante post. Creo que sería esencial conseguir que se valorasen los resultados pero nos hallamos muy lejos de elLo. Ni siquiera creo que fuesen un problema aquellos sectores en los que es difícil medirlos dado que esa cultura se contagiaría. El problema es que en la actualidad se contagia lo contrario. Parece que en este país nadie sea responsable de nada y en una unidad administrativa se vuelve muy muy difícil exigir resultados cuando el resto de departamentos no lo hace.

  11. Dan Evans
    Dan Evans Dice:

    Por otro lado creo que en España en la actualidad no se puede prescindir de los procedimientos burocráticos para la selección de funcionarios dado que se ha ido alarmantemente para atrás en este ámbito. Creo que en la selección de personal es difícil controlar la objetividad de los procedimientos cuando existen casi infinitos centros de selección ( como pasa en el gasto público vamos, cualquier ayuntamiento puede crear cinco sociedades,dos organismos autónomos y dos fundaciones seleccionando cada uno a su personal).

    Además existe un problema (in)cultural dado que en España si tienes un cargo que te permita seleccionar personal y no enchufas a nadie es que no quieres a tu familia, en otros países es lo peor que puedes hacer.

    Yo soy funcionario. A mi no me importaría que se cambiasen los sistemas de selección pero cualquier sistema que no fuese absolutamente objetivo no se utilizaría para seleccionar a los mejores. Sólo hay que ver los nombramientos que se hacen.

    Un saludo

  12. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Interesante el post y también los comentarios. Aquí lo que está claro, tal y como apuntáis es que importa poco el mérito y sí los contactos y eso tanto en el sector público como el privado, sobre todo ahora en momentos de escasez de puestos de trabajo. Es duro saber que no dependes de ti mismo, sino “de cómo caigas” y de dónde vienes. Es más, incluso si alguien es especialmente brillante, pero le falta el “padrino”, es tachado de “peligroso” y el exceso curricular se llega a convertir en un demérito por temor a que el candidato “haga sombra”. Algún caso cercano conozco yo aunque en la empresa privada.
    Ningún sistema de selección de funcionarios es infalible y hay algunos vigentes en la actualidad que facilitan la más absoluta arbitrariedad y generan indefensión al candidato que ve cómo con base en una “discrecionalidad técnica” fundada en una presunta imparcialidad y especialización del evaluador, es excluido del proceso sin justificación razonable.
    Es tremendo el daño que este clima generalizado de corrupción está provocando en las nuevas generaciones que ven que la cultura del esfuerzo no es lo que prima, sino que son otras “cosas” las que se valoran. El “siembra que recogerás”, no funciona en España y es difícil educar en estas condiciones.
    Respecto al sector público, yo creo que no es buena la seguridad laboral que genera la condición de funcionario, ese ansiado “puesto para toda la vida”. La continuidad debe vincularse a resultados. No basta prepararse para entrar en la Administración. Luego hay que funcionar y tener estímulos de calidad que premien al que trabaja bien. Debe valorarse menos la antigüedad y más la productividad. El sistema está mal diseñado de raíz y no solamente en lo que respecta a los procesos de selección.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Hola, Matilde:

      Me ha gustado mucho tu comentario porque señala aspectos sobre los que conviene detenerse para captar algunas implicaciones de este asunto. Y ello desde la base generalmente compartida –por artículo y comentarios– de que es preferible un proceso de selección reglado y objetivo a cualquier otra forma de las diseñadas por el ser humano en su ejercicio del poder sobre otros.

      Traigo el concepto de Poder a colación porque realmente hablamos del “Aparato Administrativo” a través del cual se ejerce el poder sobre la sociedad.

      Esto –que está clarísimo desde Marsilio de Padua y no digamos desde Max Weber– se nos olvida con frecuencia y cada pocos años nos replanteamos nuevamente las cosas.

      El desmadre actual –en España pero no sólo porque la UE es más de lo mismo pero en chollo– proviene fundamentalmente de la quiebra de esa forma de acceso al servicio del Poder que en muy gran medida ha pasado de lo “objetivable” (con sus defectos) a lo “clientelizable” con su gran utilitarismo recíproco. Es decir desde formas Patrimoniales de Reclutamiento (basadas en “lealtades” personales) a un concepto No Patrimonial del mismo según la terminología Weberiana.

      Kant pasó muchos años de su vida académica cobrando por cada alumno asistente a sus lecciones magistrales. Hoy día Michael Sandel dice que él no deja de proponer este sistema a la universidad de Harvard. Sin éxito hasta ahora.

      Esto mismo le sucedió al Rey Federico Guillermo de Prusia a la muerte de Kant y la decisión que tomó fue “contratar como funcionario”. Concretamente a Hegel para que “Enseñe la Filosofía que hay que enseñar”.

      No es el único lado de esta cuestión pero es una consideración importante. A fin de cuentas la independencia que reclamamos no deja de ser una reducción del poder de quien lo ejerce sobre nosotros o del que nosotros ejercemos sobre otros..

      Y, claro, si el poder “puede”, casi siempre dirá que no a los límites. Tiene los medios, la energía y los incentivos para ganar la mayoría de las veces

      Saludos

  13. jose ramon
    jose ramon Dice:

    Es un poco aburrida la tendencia a la identificación de las oposiciones con ejercicios memorísticos. Las oposiciones de mayor prestigio tienen, obviamente, una enorme carga memorística (hablo del ramo jurídico, que es el mío), pero también unos muy exigentes ejercicios prácticos (y trascendentes: no es nada infrecuente que en los prácticos suspendan opositores con elevadas calificaciones en los teóricos).

    Nada es más objetivo hoy en día que una oposición exigente. Cuando se ha querido dañar la objetividad, lo primero que se ha hecho es rebajar el nivel de exigencia (por incremento de plazas y rebaja del temario).

    Por cierto : esos ejercicios prácticos, para los que se concede un número de horas limitadas y unos medios de apoyo también limitados (textos legales y jurisprudencia, sin manuales ni textos anotados) sólo pueden resolverse (y con un nivel de calidad muy alto) en el plazo concedido gracias a la extensa formación teórica que concede la oposición. Lo digo porque, en el debate sobre el binomio teoría-práctica en la formación universitaria que saltó a estas páginas días atrás, se obvió que (al menos en mi ramo) toda práctica es normalmente estéril si no se cuenta con formación teórica sólida (sinceramente, leer una sentencia, examinar un expediente o asistir a un juicio sin conocer las normas de aplicación carece de todo sentido, más allá de proporcionar una “experiencia”, pues, sin base teórica nadie puede saber si lo que ve es modélico o un disparate).

    Todo el que ha preparado una oposición de prestigio en derecho sabe que, realmente, lo aprendido en la oposición es inconmesurablemente superior a lo aprendido en la carrera. Y es ese conocimiento, puramente teórico, lo que marca la diferencia. Prueba de ello es que, en algunos cuerpos muy prestigiosos, la oposición no va seguida de curso de formación, sino que se asume destino inmediatamente, sin que el servicio merme por ello.Y la mejor muestra de lo dicho es que todos sabemos el valor en mercado (para las empresas y despachos) de determinadas oposiciones.

    Cosa distinta es la evaluación durante el desempeño del puesto. Quizá ahí sería donde correspondería implantar prácticas propias del sector privado.

    • luis bustillo tejedor
      luis bustillo tejedor Dice:

      El comentario anterior me ha recordado una propuesta que en 2007 formuló el por entonces Ministro de Justicia en el sentido de suprimir las oposiciones para acceder a la carrera judicial. Decía textualmente el ministro que “los nuevos jueces, además de “buenos operadores en Derecho” y expertos conocedores de la ciencia jurídica, sean personas “impregnadas de vida”, que estén “en contacto con la sociedad” y que tengan experiencia vital”. El subtexto de esta manifestación es doble: por un lado, el prejuicio del opositor como “empollón sin vida”, desconocedor de la realidad. Y otro, más grave, el modelo de Juez como persona “justa”, al salomónico estilo. El Juez aplica el derecho positivo, como expresión de lo que una sociedad concreta en un momento determinado considera como justo; esto matizado por la reiterada aplicación del mismo (jurisprudencia) que supone la decantación progresiva de esa idea de justicia. Las sentencia más escandalosas (por injustas o arbitrarias) vienen a veces de la resolución “según la justicia del caso concreto”, a partir de la concepción de lo justo del juez concreto.Una sólida formación técnica no solo implica acumulación de conocimientos, sino también el conocer los principios de justicia que rigen nuestra sociedad, que subyacen a la formulación del Derecho Positivo y que son los que el Juez debe aplicar, aún en contra de sus apreciaciones particulares. Lo que es ético, lo que es justo, también se aprende.Yo prefiero jueces así formados, que jueces con un intuitivo sentido de la justicia. y creo que la oposición es el mejor ( o el menos malo) de los sistemas para lograrlo.

  14. jurista
    jurista Dice:

    Aquí otro caso curioso de selección para cargos públicos, concretamente, de la Magistratura, Notario al turno autonómico para integrar un TSJ : http://www.elcomercio.es/v/20140513/gijon/publica-nombramiento-como-magistrado-20140513.html

    Es curioso porque no es frecuente que un Notario pase a ser juez, con bastantes menores ingresos que los que le reporta la Notaría (posiblemente, según dice la noticia, porque la tiene en fase de liquidación), y, por otro lado, aunque tenga muchos conocimientos – se le suponen- de su materia, cabría discutir su capacidad/conocimientos/experiencia para ser magistrado de tan alto Tribunal, quien nunca ha dictado una sentencia, auto, nunca ha instruido, y sus conocimientos en los aspectos procesales y en el ámbito penal son desconocidos.

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