Colaboracionista, pero con buena conciencia

Ante la visión de la corrupción generalizada que asola nuestro país, y que se asoma todos los días a las portadas de los periódicos, uno no puede dejar de preguntarse si realmente los españoles somos menos honestos que los ciudadanos de los países del Norte de Europa. O aún peor, volver a plantearnos esa pregunta a la que tanto esfuerzo dedicó Sócrates, sobre si el ser humano es por naturaleza deshonesto.

Uno de las pocas experiencias documentadas fuera de un laboratorio sobre la honestidad de las personas en delitos de “cuello blanco” lo recoge Steven D. Levitt en el libro Freakonomics. Este libro es una oda a la idea de sacar conclusiones siempre apoyadas en datos, y no en intuiciones. El libro recoge la historia del negocio de las rosquillas de Paul Feldman, un hombre que preparaba unas rosquillas deliciosas. Inicialmente las llevaba para invitar a sus compañeros del trabajo. Era tanto el éxito, que acabó llevando muchas más, pero empezó a pedir 1$ por cada rosquilla que comieran, para lo que dejaba una cesta donde podían depositar el dinero. En su oficina la recaudación alcanzaba el 95% del coste. Solo el 5% de los compañeros no pagaba por las rosquillas que comía. Feldman al cabo de unos años decidió dejar su trabajo y dedicarse de lleno al negocio de las rosquillas. Lo vendió a muchas otras oficinas con un modelo similar. Dejaba las rosquillas y una caja para recoger el dinero cada mañana. Llego a entregar 8.400 rosquillas a 140 empresas. Fuera de su oficina, la tasa de recaudación media bajó hasta el 87%. Por debajo del 80% Feldman catalogaba una empresa como poco honesta y dejaba de suministrarle rosquillas. Los datos recopilados a lo largo de muchos años mostraron que las oficinas pequeñas son más honestas que las grandes, y, sí, para morbo de los lectores, en las oficinas donde los empleados se distribuían por plantas según las jerarquías, las plantas de los empleados de más jerarquía en la empresa eran menos honestas.

Las conclusiones del experimento muestran la  idea de que la gente es generalmente buena. Sí, muchos robaban rosquillas, pero la mayoría no lo hacían, aun cuando nadie les observaba. Como afirmaba Sócrates o Adam Smith, el experimento muestra que un hombre puede resistirse a la tentación del mal, aun cuando sus actos no tengan testigos.

Dan Ariely, un economista conductual, va más allá en una charla TED realmente interesante (ver aquí). Tras varios experimentos realizados con alumnos universitarios sobre su nivel de honestidad, su conclusión es que el comportamiento no es exactamente como podría predecir un economista. La teoría de incentivos indicaría que la honestidad alcanza un equilibrio entre cuánto gano si soy deshonesto, cuál es la probabilidad de que sea descubierto mi acto deshonesto, y cuál sería el castigo si soy descubierto. Los experimentos mostraron que aun cuando se redujera la probabilidad de ser descubierto, los alumnos se seguían comportando siempre igual. Eran siempre de media “un poco” deshonestos”. Siempre “solo un poco”.

La conclusión es que todos tenemos un “umbral de deshonestidad”. Nuestro cerebro nos permite comportarnos de forma deshonesta hasta un cierto umbral, y aún seguir sintiéndonos bien con nosotros mismos. Y todo el mundo necesita sentirse bien consigo mismo.

Obviamente el “umbral de deshonestidad” pueda cambiar con ciertos factores, y uno de los más importantes es lo que sucede a nuestro alrededor. En la charla, el economista Ariely explica que introdujeron un “estudiante actor”, que claramente se comportaba de forma deshonesta, y salía indemne. El resultado fue interesante: si el “estudiante actor” llevaba distintivos de la universidad, el nivel de deshonestidad del resto de compañeros subía. Pero si llevaba distintivos de otra universidad, el nivel de deshonestidad bajaba. No es el que a mi alrededor la gente se comporte de forma deshonesta lo que hace subir el umbral de deshonestidad. Lo que lo hace subir es que “mi grupo” se comporte de forma deshonesta.

Desde hace bastantes años soy de los convencidos de que el nivel de corrupción (o deshonestidad) es generalizado en la vida pública de nuestro país. Que no hay obra pública que no pague comisiones, que las personas que ocupan cargos públicos políticos que no son deshonestos son excepcionales, y que la comprensión de los jueces de los tribunales superiores con los actos deshonestos de los políticos es sospechosa. Hace tiempo que abandoné la tesis de las manzanas podridas, y me aboné a la tesis de la corrupción generalizada. Al debatir esta opinión con personas de todo tipo, la conclusión es que no todo el mundo tiene el mismo concepto de corrupción. Se utilizan conceptos como corrupción “dura” o “blanda” (no es lo mismo cobrar comisiones para ti, que hacerlo para el partido). No es lo mismo otorgar un contrato a un amigo si me llevo una comisión, que si a cambio se obtiene algún beneficio lateral para mi ciudad. No es tan malo colocar a amigos y familiares si todos lo hacen. No es tan malo pagar comisiones, si es la única forma de conseguir contratos. No es tan malo absolver a un cargo público, si con ello se preserva la tranquilidad del estado.  Como en el experimento, lo que cambia es el umbral de deshonestidad en los diferentes colectivos. Claramente el umbral de deshonestidad en la política española es muy alto. Si un comportamiento es generalizado, deja de ser considerado como deshonesto dentro del colectivo, y llegamos a la situación en que solo el “llevarse el dinero a casa”, se considera corrupción dentro del colectivo. El resto de comportamientos entra en otras categorías, pero claramente no es percibido como corrupción. Todos necesitamos mirarnos de frente al espejo por las mañanas, y nuestro cerebro nos debe permitir estar a gusto con nosotros mismos. El mecanismo del umbral de honestidad permite que a la mayoría de los cargos públicos políticos españoles su cerebro les permita encontrarse estupendos cada mañana. Y eso no es fácil cambiarlo. Sin duda no van a ser nuevas leyes anticorrupción las que van a cambiar este comportamiento.

Tampoco el sistema podría funcionar sin un nivel de colaboracionismo tan alto en nuestra sociedad. Sea en las empresas, en la administración pública o en organismos e instituciones, la corrupción es tan generalizada que es difícil no pensar que son muchos los ciudadanos, los funcionarios, o los trabajadores que son testigos de ella. Que la ven todos los días y la toleran. Que ven como su departamento firma expedientes para dar cobertura a una adjudicación sospechosa, que asiste a como su empresa siempre adjudica a determinadas empresas afines, que comprueba cómo se malgasta el dinero público en proyectos sinsentido, o que aplaude las ocurrencias de los jefes políticos sin espacio para la crítica. No pretendo adentrarme en este post de nuevo en el papel de los funcionarios “héroes” en la lucha contra la corrupción, y el comportamiento del resto que no quiere asumir el papel de héroe. Eso ya se ha tratado en varias ocasiones en este blog. Lo que me interesa constatar es que la mayoría de las personas que “colaboran” o “toleran” de una u otra forma los comportamientos corruptos, se encuentran bien consigo mismos. Hables con quien hables, trabaje en el área reconocida como más deshonesta de una determinada administración, o en el departamento que siempre sorprende por sus proyectos descabellados, o sus decisiones arbitrarias, siempre apreciarás que los profesionales defienden sus organizaciones, y minimizan las apreciaciones que tú, como externo, puedas hacer de su lugar de trabajo. Prueba a hablar con algún profesional que trabaje, por ejemplo, en el Tribunal de Cuentas, y puedes estar convencido de que defenderá la magnífica labor que hace su departamento. Y no te sorprendas si aprecias que lo dice con sinceridad y honestidad.

Es sin duda difícil levantarse cada mañana y pensar que voy a trabajar a una organización deshonesta e ineficaz. Para personas honestas, y la mayoría lo somos, asistir a ese espectáculo crea un notable malestar psicológico. Nuestro cerebro no puede soportar esa situación durante mucho tiempo. Esta situación es lo que los psicólogos llaman “disonancia cognitiva”. Si una persona que tiene unos valores o creencias morales  se ve involucrada en acciones que nunca hubiera hecho pero por fuerzas mayores no puede rehusar, la discrepancia entre las acciones y sus valores provoca un estrés emocional que la persona se esforzará en paliar intentando cambiar su forma de pensar. Nuestro cerebro no nos permite vivir mucho tiempo en una situación en que cuestionemos lo que vemos a nuestro alrededor, y por ello, al cabo de cierto tiempo, nuestro cerebro nos permitirá elaborar “una historia” que nos permita volver a estar a gusto con nosotros mismos y eliminar el malestar psicológico. Si alguien piensa que este mecanismo no es muy poderoso, debería bastar con mencionar que es este mecanismo el que hace que una mujer maltratada acabe convencida de que no es tan malo el maltrato o, incluso peor, que algo ha hecho para merecer el maltrato. No es fácil luchar contra ello.

Luchar contra la corrupción en España requiere algo más que promulgar nuevas leyes. Requerirá cambiar el umbral de deshonestidad que rige en la vida pública, y volver a crear la disonancia cognitiva en la sociedad colaboracionista y tolerante con la corrupción en que nos hemos convertido. No es sencillo, pero lo primero que requiere es que alguien, líderes nuevos, inicien sus discursos hablando de que han cambiado las reglas de juego, que ya no se tolerarán esos comportamientos. Y que empiecen a dar muestras claras y ejemplares de que así va a suceder. El nuevo rey, Felipe VI,  puede ser una oportunidad, pero será necesario que transmita claramente un deseo de romper con prácticas del pasado, como el mercadeo de favores o el “capitalismo castizo”. No es sencillo, pero no hay otro camino.

32 comentarios
  1. aldelgadog
    aldelgadog Dice:

    “Ante la visión de la corrupción generalizada que asola nuestro país (…)”.
    ¡Arrepentíos, pecadores! ¡Se acerca el fin del mundo!
    “El nuevo rey, Felipe VI, puede ser una oportunidad, (…)”
    – ¡Mirad, tiene una calabaza!
    – ¡Mesías!

    Y casi cumple la Ley de Godwin.

    • David Levy
      David Levy Dice:

      Es comprensible que un cargo público del Partido Socialista andaluz se sienta escocido con la crítica s ls tolerancia social y política a la corrupción. La disonancia cognitiva debe hacer difícil aportar argumentos en los comentarios.

    • aldelgadog
      aldelgadog Dice:

      Oiga, David Levy, que yo no soy cargo público y nunca lo he sido.
      Aparte de que los ‘ad hominem’ no son argumentos admisibles.

  2. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    La lectura del post me trae la siguiente cita…un poco viejuna, de hace 20 años pero plenamente vigente:

    “Si pretendemos una gobernación más ética se hacen necesarias determinadas reformas institucionales que reduzcan los incentivos de la conducta inmoral.”

    (Yehezkel Dror, “La capacidad de gobernar. Informe al Club de Roma”, 1994.

  3. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Me parece muy interesante su artículo. Yo creo que en grupos humanos donde la gente colabora mucho y es honesta, y particularmente si el castigo por la deshonestidad es grande, como la exclusión del grupo o al menos de algunas de sus ventajas más importantes, existen importantes ventajas de la cooperación. Si un individuo es deshonesto, y puede verse expulsado del grupo por falta de honestidad, tendrá que pensar muy bien si le tiene cuenta arriesgarse a perder las ventajas que le ofrece el grupo, que funciona muy bien gracias a la cooperación.
    Sin embargo, la situación varía en entornos poco cooperativos,con muchos individuos deshonestos, donde las ventajas de colaborar con el grupo, que por otro lado funcionará mal y presentará pocas ventajas para sus miembros, serán mucho más reducidas. En ese entorno, el individuo se plantea que lo mejor que puede hacer es aprovecharse de los demás, porque en todo caso va a obtener pocas ventajas del grupo. Quienes deciden no aprovecharse de los demás se encuentran en una situación de desventaja permanente en ese grupo, que hace peligrar su propia supervivencia dentro del grupo.
    Mi conclusión es que, aunque existiese corrupción generalizada en muchos ámbitos, aquellos ámbitos donde prevalece la honestidad deberían intentar redoblar sus esfuerzos para crecer, en la medida en que aprovechándose de las ventajas de la cooperación puedan obtener mejores resultados que otros grupos humanos con mucha corrupción. Al crecer, además irán atrayendo a la gente honesta que comprobará que existe un lugar para ellos. Además, si los grupos de gente honesta son más grandes y funcionan bien, podrán enfrentarse con mejores armas a la deshonestidad y la corrupción. Estos grupos deben ser los protagonistas del cambio del umbral de deshonestidad. Si no lo hacen corren el riesgo de que individuos deshonestos se aprovechen de las ventajas que presenta la cooperación de la mayoría hasta desgastar el grupo.
    Reciba un cordial saludo.

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      Oiga que documento más maravilloso. Debería darse a leer a todos los jueces, fiscales, y españoles en general.

  4. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Enhorabuena D. Juan Luis porque me parece un artículo extraordinario e increíblemente acertado. Creo que da justo en la clave. Yo también creo en la corrupción generalizada y creo que es sano que así lo asumamos. De lo contrario, no se puede luchar contra ella con la mayor fuerza. Además, hay que dejar claro que la corrupción no “está en “nuestra cultura”, no es algo irremediable contra lo que no se puede luchar. Son los distintos países y sociedades los que crean las condiciones necesarias para que la corrupción esté en su cultura.

    Hace mucho tiempo que pasamos de ser una nación de corruptos a una nación corrupta. Todo ha sido pedagogía, y mucha culpa la tienen los legisladores-políticos que lo han consentido por ser de los suyos antes de mirar por el interés nacional, y los tribunales. Cuando un político roba y no le pasa nada, y no dimite, o no entra en la cárcel o no devuelve el dinero, está mandando un mensaje al siguiente: “robar compensa, hazlo”. Después de esto, sólo podemos hacernos dos preguntas: ¿Quiénes serán los Roldanes, los Matas, los Condes, Hormaecheas, etc. del futuro? Pues está en manos de nuestros jueces el que ahora dicten sentencias ejemplares que hagan pedagogía o faciliten el mantenimiento de la corrupción para generaciones futuras.

    Estoy totalmente de acuerdo en la existencia de ese umbral de deshonestidad. Aunque si le digo la verdad, pensaba que los comportamientos humanos sí se correspondían más con la teoría de incentivos de la que habla. La que formuló Gary Becker. Según Becker, la criminalidad no proviene de sujetos desviados que cometen los delitos de modo mecánico, sino de sujetos racionales que están constantemente calculando oportunidades, costes y sanciones. De modo que, cuanto más alta sea la pena, menos personas se atreverán a delinquir, porque los beneficios del crimen no les compensarán los riesgos que corren. O Pérez Reverte citando a Pepe Monerri, “lo único que puede frenar un ansia delictiva de quien carece de moral o está ha sido absorbida por lo ambición, es el miedo”. Así que todos si tuviéramos la oportunidad seríamos un poco corruptos. Por lo tanto, no habría decisiones morales o psicológicas que valgan. La cantidad de cuán corruptos somos dependerá del entorno, las circunstancias de las que habla.

    Y esa disonancia cognitiva de la que habla, creo que la principal no es la que se produce en los funcionarios o altos cargos, sino la que se ha implementado también en los ciudadanos que en definitiva somos los últimos responsables. Pero, uno tras otro, los casi veinte millones de españoles que votaron a alguno de los principales cuatro partidos con corrupción (PP, PSOE, IU, CIU), hemos elegido a Bárcenas, Valderas, Pujol, Antonia Muñoz, etc…

    Su artículo toca de lleno un tema sobre el que estoy documentándome desde hace tiempo. Hoy por hoy me es imposible desarrollarlo, pero espero en unos meses o el año que viene comenzar a desarrollarlo. Así que si no le importa, ya me pondré en contacto con usted para intercambiar opiniones o por si me puede facilitar más bibliografía o referencias.

    Enhorabuena y un saludo

    • Juan Luis Redondo
      Juan Luis Redondo Dice:

      Gracias Isidro. Sobre los incentivos o el “umbral de honestidad”, hay estudios variados. El experimento que referenciaba en el post lo cuenta Dan Ariely en una charla TED. El experimento lo hace con estudiantes, donde les va dando cada vez más facilidades para que engañen al profesor. Lo que prueba el experimento es que por muchas facilidades que les de, no se comportan de forma más deshonesta. Se comportan igual. Siempre “un poco deshonestos”. Lo que “su conciencia” les permite, que no está en función de los incentivos, está más en función de sus “valores”. Eso solo cambia cuando hacen el experimento con el estudiante actor, que termina el examen rápidamente, coge el dinero, y se va …
      Lo que tú comentas sigue siendo válido, en la medida que esos incentivos conforman los “valores” de la sociedad. Pero lo discutible es que lo único que impide a una persona ser deshonesta, es el miedo a ser “pillado”, y que termine en la cárcel. Eso es lo que cuestiona el experimento. Hay unos valores que te lo impiden, independientemente de las leyes, y de la facilidad o dificultad en “pillarte”. Obviamente esos valores varían en función de muchos parámetros, que convierten a una sociedad en más o menos corrupta. Pero no todo son leyes y miedo a la cárcel.

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      Gracias por la aclaración. Si estos experimentos están en lo cierto, corríjame si me equivoco, podríamos sacar dos conclusiones importantes, una buena y una mala. La mala sería que todos tendríamos ese “umbral de deshonestidad”, va en nuestra naturaleza, algo que desde antiguo se ha defendido, (me gusta decir que todos somos potencialmente corruptos), la buena, que todos seríamos deshonestos (corruptos) hasta un límite, el de nuestros valores. No necesariamente coincidentes con unos criterios totalmente racionales coste-beneficio. Es decir son relativos y dependen de muchas circunstancias que nos rodean: ejemplaridad, coste-beneficio, miedo, penas, sistema judicial, tolerancia social, transparencia, moral, ética, superproducción legislativa, sentimiento grupal, incluso fenómenos químicos cerebrales, etc. Y según esos valores seríamos más o menos “deshonestos” (corruptos).

      En definitiva, si todos tenemos ese “umbral mínimo de deshonestidad”, la única fórmula de minimizar la corrupción (puesto que siempre habrá una cierta tendencia a ella) sería alterar sus factores, modificar el mayor número de las circunstancias para reducirla al mínimo posible. Ese “algo más” de su último párrafo. Esto me recuerda a otra charla TED de Philip Zimbardo, se la recomiendo a ver qué opina. En definitiva, si quieres cambiar a la persona, tienes que cambiar la situación, tienes que cambiar el sistema. Según Zimbardo, son las situaciones las que convierten a la persona en héroe o villano.

      Gracias, un saludo

  5. Juan Luis Redondo
    Juan Luis Redondo Dice:

    Gracias a todos por los comentarios. Gracias aldelgadog, aunque veo que no te ha gustado nada. No se si por mencionar a Felipe VI, o por la soflama inicial. Lo de Godwin … no estaba en mi ánimo hoy ..

    Volviendo al tema, me parece interesante referenciar el estudio que publicó ayer Erns & Young, que puede resumirse como “Nadie cree que la honestidad sea la mejor política”, o como titula la nota de prensa: “El 36% de los directivos españoles aprueba la práctica de comportamientos poco éticos para salvaguardar su negocio”.

    http://www.ey.com/ES/es/Newsroom/News-releases/News-13-Encuesta-Global-Fraude-EY

    • Mario Sanz
      Mario Sanz Dice:

      De tu comentario anterior: “Se comportan igual. Siempre “un poco deshonestos”. Lo que “su conciencia” les permite, que no está en función de los incentivos, está más en función de sus “valores”. Eso solo cambia cuando hacen el experimento con el estudiante actor, que termina el examen rápidamente, coge el dinero, y se va …”

      Es decir, la deshonestidad aumenta sólo cuando los actos deshonestos quedan impunes. Problema es de justicia, no de más o menos deshonestidad, creo yo.

    • Juan Luis Redondo
      Juan Luis Redondo Dice:

      Mario, en el experimento, lo que observan es que aumenta cuando queda impune el acto, y el resto ve que lo comete alguien de su grupo (universitario con distintivos de su universidad), pero disminuye cuando el acto queda impune, pero lo comete alguien de otro grupo (universitario con distintivos de otra universidad).
      No es solo justicia, son valores del grupo.

  6. daniel cuadrado zuloaga
    daniel cuadrado zuloaga Dice:

    Evitar toda tentación de corrupción política pasa forzosamente por respetar la necesaria delimitación entre el nivel político y el nivel administrativo del sector público. Existen una serie de métodos, reglas y procedimientos legalmente aprobados que son los que hay que aplicar de manera ineludible a la hora de ejecutar las políticas públicas, de ahí que esa función deba estar reservada, sobre todo en los estratos superiores de la organización administrativa, a los funcionarios que demuestren ser los más cualificados en cada caso, con independencia de sus creencias y afinidades. De esta manera, el seguimiento de estas pautas y métodos preestablecidos legalmente constituye un límite a los eventuales excesos y arbitrariedades del poder político. Pero la clase política en general, consciente de que la circunstancia anterior supone un obstáculo para pretensiones partidistas o para sus fines personales, en ocasiones trata de alejar de la alta burocracia a los funcionarios honestos y competentes, colocando en su lugar a aquellos que sean dóciles con sus consignas y acepten someterse a sus dictados. Para lo cual se procede a asignar a los puestos de trabajo correspondientes un sistema de cobertura discrecional, como es la libre designación, (en lenguaje llano, “nombramiento a dedo”) pese a que objetivamente su modo de provisión debería ser el concurso de méritos. Con lo cual el nombramiento de estos puestos estratégicos depende exclusivamente de la libre voluntad de la autoridad política de turno, toda vez que al partido en el poder le interesa tener a mano este tipo de empleados maleables que sean colaboradores fieles y que acepten lo que un funcionario honesto e independiente rechazaría. Y esa circunstancia, como no podía ser de otra manera, abre el camino hacia la corrupción.

    En definitiva, una de las causas de la corrupción se encuentra en una desmesurada expansión de la libre designación en el escalón superior de la estructura organizativa de las diferentes Administraciones Públicas, con el efecto de favorecer posibles abusos o arbitrariedades del poder político.

  7. David Sotomonte
    David Sotomonte Dice:

    Enhorabuena por el artículo Juan Luis.

    Respecto al umbral de deshonestidad que comentas, un factor que creo que contribuye a que se encuentre tan alto en nuestro país, es la impunidad que impera a todos los niveles: con todos los casos de corrupción que tenemos y qué poca consecuencias (penales y de otro tipo) acarrean (tanto a políticos, empresas, colaboradores, etc). La sensación de total impunidad favorece que comportamientos deshonestos se generalicen y se acaben convirtiendo en “normales”.

  8. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Creo que este post refleja muy bien porqué tanta gente en España es capaz de sentirse a gusto con su propia piel en entornos particularmente corruptos o donde la tolerancia con la corrupción es la norma. Es importante entender que un entorno degradante degrada, y nos guste o no, los seres humanos tenemos que eliminar las disonancias cognitivas y tener una buena imagen de nosotros mismos. Si para eso hay que pensar que “no es para tanto”, “es una excepción” “peores son los otros” o “me lo merezco porque me sacrifico mucho” pues se piensa y ya está. De ahí que todo el mundo vea con mucho más nitidez la corrupción del vecino que la propia.

  9. KC
    KC Dice:

    Es curioso que ahora se haya puesto de moda la economía conductual cuando los economistas y los juristas no han tenido tradicionalmente ni pajolera sobre el asunto psicológico y probablemente eso tenga mucho que ver con la mierda de leyes que han tejido en según qué países.

    Pero bueno, imagino que es un avance.

    Saludos.

  10. IVP
    IVP Dice:

    Gracias por el articulo y sus comentarios pues aunque llevo 30 años denunciando es gratificante ver que no estoy sola pero necesitamos un departamento, órgano, asociación, lo que sea, donde se pueda denunciar y saber que esa denuncia va a tener salida y llegar hasta las últimas consecuencia e incluso para el que haga denuncias faltas, que tambien las hay. Tengo un exp. completo de denuncias varias y muy poquito he conseguido. De hecho, me estoy planteando escribir un libro con todo lo vivido en 35 años de Administración.

    Sigo diciendo que la corrupción se ha extendido de arriba abajo porque ha interesado y sigue interesando.

    Su comentario del Tribunal de Cuentas lo viví en vivo y en directo tanto en la Administración Central como de la C.A. de Madrid.

    Insisto, muy bueno pero hagamos algo para que esto por lo menos se miniminice.

  11. Luis Sanchez Nistal
    Luis Sanchez Nistal Dice:

    Ante una descripción tan magnífica de la situación social de este país, sólo nos queda preguntar:
    Papa Francisco, Papa Francisco, ¿Porqué todos los países que están en crisis son católicos?
    Un saludo y gracias

    • KC
      KC Dice:

      No va usted nada mal encaminado, pero daría para un ensayo que ni muchos de los que por aquí circulan querrían leer, ni muchos otros serían capaces de entender. Luego estarían los que sí entienden pero no les sale rentable hacerlo.

      No sé qué es peor…

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      “Porque las penitencias impuestas están por debajo de sus posibilidades”, podría responder el Certificador de Superpoderes. Y algo de razón no le faltaría: si en vez de cada Ave María tuviesen que pagar media libra de carne, quizás los católicos se lo pensasen mejor antes de “pecar”.

  12. jose maria hernandez
    jose maria hernandez Dice:

    Entiendo que el umbral sea elevado en los que están en el ajo de la política haciéndose favores unos a otros y tapándose las verguenzas, pero no puedo entenderlo entre los ciudadanos que van a votar una y otra vez a partidos corruptos. salvo que en su vida cotidiana tengan un comportamiento muy similar.
    Para entender realmente cómo somos los españoles, recomiendo la lectura de un libro titulado ” Las Cosas de España” escrito hace más de 200 años por un inglés llamado Richard Ford con la intención de hacer una especie de guía para viajeros incautos. Hay posos en el subconsciente colectivo que persisten a lo largo de los siglos porque forman parte de nuestra esencia misma.
    Saludos y felicidades por el blog.

  13. de Lege Ferenda
    de Lege Ferenda Dice:

    “El asalto de los populistas al sistema es hoy posible debido a la frustración generalizada pero también por el modo en que se percibe la corrupción, ya no es cosa de un político o partido en concreto; la corrupción como algo institucional que afecta hasta a la familia del Rey. Cuando la corrupción invade el tuétano de las instituciones (en otros países se ve en los sobornos policiales o a los jueces) el terreno queda abonado para el primer populista que sea capaz de conectar con la gente. El clan de Somosaguas ha sido el que mejor ha sabido aprovechar y canalizar este descontento”.

    Tomado de http://rosselloarrom.wordpress.com

  14. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    El umbral de honestidad no ha hecho más que subir hasta tal punto que la simple mención de un concepto moral te identifica bien como un ingenuo del “new age”, un cínico recalcitrante, o alguien que desconoce todo lo sucedido en el mundo de las ideas desde que se instalan primero la modernidad y luego la postmodernidad.

    El ojo de la aguja bíblico, el umbral moral de aquel tiempo, es hoy algo que –en lo tocante a dimensiones– oscila entre la boca de un túnel del AVE y la de un túnel del tiempo.

    El propio sistema político se basa en un mecanismo sibilinamente corrupto: Gana quien más votos emocionales o utilitarios compre haciendo pagar dichos votos a otros votantes que no tienen escapatoria.

    Pero no quiero en esta noche triste descargar en nuestro sistema político mi evidente frustración futbolística, sino felicitar al articulista y a los comentarios.
    Especialmente aquellos, como el de Elisa y algún otro, que se focalizan en la Disonancia Cognitiva y en nuestra instintiva necesidad de minimizarla “como sea”.

    Uno de los primeros investigadores de esta forma de conducta humana fue Leon Festinger y resume sus trabajos en una obra de 1957 que se traduciría al español en el 1975 como “Teoría de la Disonancia cognitiva” gracias al Centro de Estudios Políticos y, hoy, Constitucionales. Es decir, ya entonces la psicología profunda era asunto de relevancia política.

    Tanto es así que Festinger, escribe un prólogo de lo más curioso.
    Agradece los muy generosos fondos a la sección de Ciencias Sociales de la Ford Foundation y nos cuenta que
    del programa de investigación aprobado por el patrocinador, el primer punto era “estudiar cómo se difunde un rumor”.

    Pongámonos en situación: Postguerra . El mundo en Reconstrucción. Guerra Fría y una gran fundación que muestra un inusitado interés en entender el proceso de difusión de rumores y los mecanismos de la mente humana que pueden ofrecer resistencia a informaciones que contradicen sus ideas y experiencias previas.

    Hay que ver lo fina y profesionalmente que se hilaba entonces en algunos sitios.

    Dado lo sucedido esta noche permítanme despedirme del modo como los monjes del Císter terminan el oficio de Completas: “Que el Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa”

    Amen.

  15. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Para “bajar el umbral de deshonestidad” o de “colaboracionismo”, en efecto, sobran leyes y estudios que demuestren lo obvio y falta educación en la familia y en la escuela que es donde se aprende a no robar rosquillas bajo ningún concepto y con ninguna justificación. Para ello es necesario que los padres quieran y puedan hacer de tales y que los maestros se dejen de jergas de pedagogos ultramodernos y enseñen el abecedario y las tablas de sumar, entendidos no en su sentido literal, sino en su acepción más amplia de los fundamentos del saber. Si nos vamos al otro extremo Hanna Arendt y Vasili Grossman ya han demostrado sobradamente que cualquier persona normal puede ser un asesino en serie si no hay frenos sociales, y habiendo decaído tanto las religiones, en su doble sentido de moral individual y social, el hombre de conducta ética y miserable no es más que un jinete en el circo máximo a lomos de un pollino, mientras sus rivales guían cuádrigas de corceles y con ruedas de pinchos. Llegará el último y con heridas en todo su cuerpo. El malestar y la melancolía que esa situación generan, como dice el autor, son incalculables, indecibles, enormes.

  16. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Buen post Juan Luis. Muy importante el enfoque del tema de la corrupción que tantas veces se trata en este blog. Yo coincido contigo en la sensación de corrupción generalizada, en todos los ámbitos y en todos los rincones. El ciudadano la vive como algo normal y casi ya inevitable, dada la impunidad reinante.
    Al margen de la corrupción política, hay una deshonestidad social, fruto de una sociedad en la que hay una alarmante crisis de valores. Muchas veces para ver comportamientos deshonestos no hace falta mirar arriba, sino al lado, cerca de uno. Está en todas partes. El que actúa con principios, el que se pretende hacer respetar denunciando malos comportamientos, es poco menos que un proscrito, una persona poco sumisa y por ello, peligrosa y molesta.
    Es la sociedad la que está cada vez más enferma y eso se soluciona solo con una buena educación lo cual se ha convertido en España casi en misión imposible. Aunque las familias nos esforcemos en dar una educación en valores, siempre nos queda el miedo del éxito que nuestros hijos tendrán en una sociedad que cada vez carece más de ellos y eso es terrible, como apunta también Jesús Casas. Pero esta sensación no puede evitar que lo sigamos intentando en el ámbito familiar, sino también, como es mi caso, en la educación superior. Nunca es tarde para aprender que “no todo vale” para prosperar profesionalmente y que hay principios y valores que hay que respetar.

  17. Juan Luis Redondo
    Juan Luis Redondo Dice:

    Gracias de nuevo por los comentarios. Gracias Ignacio por la referencia. Este autor me parece particularmente interesante por la idea de que todos mentimos un poco. Y por el análisis de factores, algunos no evidentes, que impulsen el comportamiento deshonesto. Gracias Maite y Jesús. Aunque no consideró que sea sólo,una cuestión de educación y formación en familia y escuela. Y no creo que todo sea tan obvio. El liderazgo, y el comportamiento de tu grupo es un factor que afecta a toda la sociedad, y multiplica el efecto de las malas instituciones. Y Gracias Manu, la disonancia cognitiva explica tantas cosas de nuestra sociedad. El cerebro nos protege, pero nos hace dóciles y manejables.

  18. Rafael
    Rafael Dice:

    No he podido evitar sonreír cuando he leído su comentario (este fragmento): “Es sin duda difícil levantarse cada mañana y pensar que voy a trabajar a una organización deshonesta e ineficaz. Para personas honestas, y la mayoría lo somos, asistir a ese espectáculo crea un notable malestar psicológico. Nuestro cerebro no puede soportar esa situación durante mucho tiempo”. Pues sí hay quien; colectivos completos. Todos los funcionarios docentes que dependemos de la Junta de Andalucía, aquellos no comprometidos con el régimen.

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