Telegrama orgánico versus una monarquía verdaderamente parlamentaria

Podría decirse que ya se ha discutido bastante (por de pronto en este blog) sobre el dilema de monarquía-república y sobre la abdicación del Rey, pero en un asunto en el que nos jugamos mucho resulta importante que no nos dejemos cabos sueltos o algo en el tintero. Del debate del miércoles 11 en el Congreso hay mucho para olvidar, pero también algunas frases para recordar. Una que llamó mi atención fue la referencia de la portavoz de UPYD a la “Ley Orgánica-telegrama” como gran aportación del gobierno al Derecho constitucional. Yo iría algo más lejos y la denominaría directamente el “telegrama orgánico”. Debería figurar así en el art. 57.5 de la Constitución si lo que el texto constitucional pretende es, como interpreta el Gobierno, que la ley orgánica que recoge la abdicación de un rey sea un acto debido, es decir sobre el que las Cortes no puedan más que decir “sí” y sólo “sí”, como afirmó el (todavía) líder de la oposición en ese (pretendidamente) importante debate. En realidad, todos sabemos que el telegrama orgánico responde a una ficción jurídica y a una intención política: evitar cualquier debate peligroso sobre las aristas de la institución monárquica.

Y aquí viene mi segunda tesis (posibilista): los mayores enemigos de la monarquía no son los republicanos sino los monárquicos que, pretendiendo defenderla, lo que persiguen es aislarla de cualquier debate democrático, reduciendo así poco a poco su propia legitimidad. Ya he defendido en otros posts en este blog la tesis del enemigo interno (por ejemplo, aquí), con lo que no insistiré en ello, aunque basta mirar a lo que está ocurriendo en el PSOE para validarla. Tampoco abundaré en la tesis complementaria de que el mayor enemigo de la monarquía ha sido probablemente el propio Rey, el cual a partir de su actuación en el golpe del 23-F se sintió lo suficientemente seguro como para dedicarse a “otras cosas” ajenas al cargo, actitud que a la postre ha lastrado a la propia institución. Pues bien, de lo que se trata es precisamente de que el rey, si quiere serlo, no se sienta nunca del todo seguro en su cargo.

Hace años, cuando el Gobierno planteó la redacción de una propuesta de reforma constitucional al Consejo de Estado, una de las cuestiones que se incluían era acabar con la prevalencia del varón a la mujer en la Corona. Sobre este aspecto el consenso era total, pero no se quiso continuar adelante para evitar que un posible referéndum pivotase “solo” sobre esta cuestión, produciendo así un indeseable cuestionamiento de la propia institución. Los temerosos gobernantes, asesores y dirigentes que así opinaban decían querer proteger a la Corona. Y sin embargo, una reforma constitucional sobre este asunto hubiera obtenido un respaldo mayoritario de la población y los que defienden hoy que el pacto constitucional se ha quedado desfasado se encontrarían sin argumentos. Aquí se podría decir eso de que el que bien dice quererte te hará llorar, pero de rabia.  Consecuencia: hoy hay muchos menos realmente antimonárquicos que gente que quiere decidir con su voto la forma de Estado…, aunque sea para votar monarquía.

Un planteamiento paralelo por cierto se ha producido en torno al derecho a decidir. Se dice que Felipe González tuvo sobre su mesa una propuesta para convocar un referéndum en el País Vasco sobre la independencia, y acabar así con la (pretendida) legitimidad de ETA para seguir matando. Eran finales de los años 80. Pero no quiso ser el dirigente que pusiera en peligro el futuro de España convocando (graciosamente) un referéndum, máxime tras la experiencia del que tuvo lugar sobre la OTAN, que por cierto tal desgaste produjo que ha sido el último que se ha convocado en este país. Tal vez resulte fácil decirlo ahora (aunque algunos ya lo dijimos entonces), pero probablemente de haberse convocado dicho referéndum el debate actual secesionista y sobre el derecho a decidir no existiría, al menos en estos términos. Consecuencia de esa (cauta) manera de hacer política: a cada elección que se celebra sube el porcentaje de votantes nacionalistas. ¿Por qué se pasa más gente al secesionismo, sobre todo entre la gente joven? ¿Es porque España trata cada vez peor a esos territorios? No, es porque ha calado la idea de que “no nos dejan decidir” aunque sea para decir no al nacionalismo.

Pero volvamos a la monarquía. Tal vez el debate esté mal enfocado y el problema no sea entre monarquía o república, o monarquía o democracia (como también se dice) sino decidir sobre qué tipo de monarquía o república queremos. ¿Queremos una República presidencialista como la francesa o la norteamericana? ¿O más parlamentaria como la italiana o la alemana? Si un supuesto referéndum se fundamentara en estos términos (o se preguntara directamente a los prebostes republicanistas) la opción ganadora probablemente sería la segunda. Pero entonces, si al presidente de la República lo eligen las Cortes y no directamente los ciudadanos, la diferencia con la monarquía no es necesariamente de sufragio pasivo (quién lo elige) sino de sufragio activo (quién puede presentarse). Es decir, se trataría de decidir en realidad si preferimos que el candidato a jefe del Estado salga de las propias filas de los partidos políticos (o propuesto por ellos) o sea una persona alejada de la refriega política, y a la que hemos preparado específicamente (durante años) para serlo, introduciéndose así un criterio de meritocracia y neutralidad, que hoy en día (por cierto) comienza  a ser muy valorado por distintos expertos.

Claro que para que esto sea realmente así, algunas modificaciones (parciales) del Título II serían necesarias, salvo que se acepte la tesis de Jorge de Esteban de que todo puede hacerse por ley orgánica sin reformar necesariamente la Constitución. Es decir, que debemos hacer que la monarquía sea realmente parlamentaria porque todavía no lo es del todo. Así, debe quedar claramente establecido que la legitimidad de sangre es secundaria respecto a la legitimidad democrática. Por tanto, el heredero y el futuro rey no lo son de forma automática por razón de nacimiento, sino solo cuando reciben formalmente la aceptación activa de las Cortes y no la meramente pasiva de espectadores de un juramento pre-establecido. En segundo lugar, el mandato del rey no tiene por qué serlo de forma ilimitada y eterna, pudiendo someterse a revalidación (por ejemplo) cada diez años. Y a partir de una edad de jubilación (pongamos 70 años) solo lo podrá seguir siendo si recibe el apoyo expreso de las Cortes en tal sentido. En cuanto a la inviolabilidad ya se han pronunciado en este blog mejores expertos que yo, pero debería quedar claro que esa institución no equivale a irresponsabilidad en el ámbito penal o civil. Por ejemplo, si el rey mata a alguien es claro que debe responder por ello, solo que en este caso para ser juzgado (aunque sea por el Tribunal Supremo), antes debe dejar de ser rey, y esto lo deciden de nuevo las Cortes. 

En resumen, si no queremos repetir errores pasados y caer en los bandazos y excesos que caracterizan nuestro discurrir histórico, debemos aprender a recorrer la vía de en medio y a innovar más a que a repetir o imitar. Necesitamos líderes que piensen de forma estratégica (y no solo a corto plazo), capaces de innovar y asumir riesgos (sobre todo si son calculados o inevitables) porque la política no es un juego de suma cero. Tratemos de asombrar al mundo aportando iniciativas que conviertan a la monarquía en un régimen aceptable para el siglo XXI, antes de tirar por la borda todo lo andado o enzarzarnos en debates profundos y acalorados sobre si eran galgos o podenco

11 comentarios
  1. aldelgadog
    aldelgadog Dice:

    Aviso a los editores del blog: artículos como éste son los que echan para atrás a quienes están interesados en aportaciones de valor técnico-jurídicas y provocan que artículos como el de ayer, que sí las tiene, se queden casi sin comentarios.
    El agit-prop tiene estos efectos en el público.

    • Joane
      Joane Dice:

      Este es un blog jurídico y político, lo pone arriba. Tener una opinión política diferente no es, en mi opinión, agit-prop. Sólo ahuyentará, creo yo, a aquellos lectores que únicamente quieren leer en los medios su propia opinión, para ver cuanta razón tienen y qué equivocados están los demás. A aquéllos, en suma, que nunca leen ni escuchan una opinión distinta.

  2. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Aunque se haya discutido bastante, creo que es interesante seguir discutiendo sobre las propuestas sobre la monarquía y la república. En mi opinión, la Constitución Española ya estableció las bases de lo que es nuestra monarquía parlamentaria. Ello no quiere decir que, en un momento dado, no se pueda aprobar una ley orgánica con el fin de regular determinadas situaciones o incluso una reforma constitucional para eliminar la preferencia del varón sobre la mujer.
    Creo que la principal virtud de la monarquía parlamentaria es tener una institución que represente al país, pero alejada del juego político. Creo que el sistema de contrapesos de repúblicas como la francesa, donde existen dos figuras con importantes poderes como el Presidente de la República y el Primer Ministro, éste último con un poder que se manifiesta especialmente importante en caso de pertenecer a distinta formación política que el presidente, no funciona lo suficientemente bien porque, finalmente, en la cúspide del poder político sólo puede haber una persona, no se puede caminar políticamente siguiendo dos direcciones opuestas. Por ejemplo, no me parecería sensato que el presidente fuese europeísta y el primer ministro euroescéptico. Repúblicas como la alemana tienen el inconveniente de tener que elegir a un político, con un cierto grado de partidismo inevitable, como representante de todo un país y no de un gobierno. De todas las formas de república, personalmente, las que más me convencen son las americanas, donde no existen dos figuras sino que refunden en una sola institución al Jefe de Estado y al Jefe de Gobierno. Sin embargo se pierde algo de poder de representación, al estar el presidente muy atareado con el día a día del juego político.
    Creo que la monarquía puede representarnos a todos, en aquellas cuestiones en las que existen amplios consensos. Que una institución represente el compromiso de los españoles con los derechos humanos o con determinados principios y valores sobre los que existe un amplísimo consenso, como los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico que propugna la Constitución Española, me parece que refuerza ese compromiso y hace un gran servicio al país. Pero para ello, la monarquía debe permanecer ajena al juego político. No creo que deba estar bajo un control férreo por parte de las Cortes Generales. Quizá el mayor problema de la monarquía en estos días sea que esos espacios de consenso entre los españoles tienden a reducirse enormemente. Casi cualquier artículo de la Constitución Española es puesto en cuestión por algún grupo político, por minoritario que sea, lo que hace que la monarquía deba permanecer con mayor neutralidad aun. Esperemos que los espacios de consenso ampliamente incluyente tiendan a agrandarse en el futuro.
    Reciba un cordial saludo.

  3. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    El referendum sobre la permanencia en la OTAN no ha sido el último que se ha celebrado en España, el 20 de febrero de 2005 se celebró el referéndum sobre el Tratado que establecía una Constitución para Europa, que fue rechazado por otros paises de la Unión, entre ellos Francia.
    En cuanto a que JC I, después del golpe del 23-F, se dedicase a otras cosas ajenas al cargo no ha sido así. Esto ocurrió desde el inicio de su reinado, como lo revela la famosa carta secreta al Sha de Persia, enviada el 22 de junio de 1977, que aparece en la edición del diario de Asadollah Alam, ministro del Interior y Primer Ministro del Sha Reza Pahlevi.
    JC I, al comienzo de su reinado, estaba a dos velas, y se dedicó a enviar cartas a otros monarcas reinantes, principalmente del mundo árabe, pidiendo dinero.
    La carta termina en estos términos: “Por esta razón, mi querido hermano, me tomo la libertad de pedir tu apoyo en nombre del partido político del presidente Suárez, ahora en difícil coyuntura; las elecciones municipales se celebrarán dentro de seis meses y será ahí más que nada donde pondremos nuestro futuro en la balanza. Por eso me tomo la libertad, con todos mis respetos, de someter a tu generosa consideración la posibilidad de conceder diez millones de dólares como tu contribución personal al fortalecimiento de la monarquía española. En caso de que mi petición merezca tu aprobación, me tomo la libertad de recomendar la visita a Teherán de mi amigo personal Alexis Mardas, que tomará nota de tus instrucciones. Con todo mi respeto y amistad. Tu hermano, JUAN CARLOS”
    Para quienes deseen leerla en su integridad pueden encontrarla el blog Ciberculturalia.

  4. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Pues no. La Monarquía Parlamentaria es la forma constitucional del Estado y modificarla requiere un cambio constitucional. La normalidad en la sucesión, sea por muerte, inhabilitación o abdicación del Rey o de la Reina, cuando reine la actual Princesa de Asturias, es lo mejor que puede pasarnos, como a los Holandeses y demás. No tenemos necesidad práctica ninguna de discutir sobre la forma del Estado porque nos ha ido bastante bien y mucho menos hacerlo cada decenio, sólo faltaba. El único debate útil y referendum sobre la reforma constitucional tendría sentido si un Rey muere sin sucesión y no queremos otro fracaso con un Saboya. Y pues sí, la Monarquía es hereditaria en la Constitución en la línea sucesoria de Felipe V, que es la legítima en nuestra Patria por vicisitudes históricas de todos conocidas, salvo para los Carlistas, suponiendo que quede alguno. Las modificaciones constitucionales subrepticias, como las de los Estatutos de Autonomía, llevan donde llevan, y aunque los Prof. de Esteban (del que jamás podré alegrarme de haber tenido como Profesor, el año en el que le nombraron Embajador en Roma y dejó, sin más, de atender sus obligaciones docentes, por cierto, incluso estando en capilla y sin despedirse de sus alumnos siquiera) o Muñoz Machado propugnen cambios constitucionales vía ley orgánica, también llevamos 14 Reales-Decretos Leyes (a día de hoy, precisamente) y eso lo que hace es tergiversar la legitimidad constitucional. Faltaba más que las Cortes deben pronunciarse, pero las Cortes no pueden saltarse la Constitución sin reformarla. Por lo demás, hacen falta dos cosas cuando las cosas se calmen, porque anda que no ha habido y hay debate sorbe el tema: una Ley Orgánica que desarrolle los exiguos artículos que la CE dedica a La Corona, y que alguien explique a la consorte del Rey (aquí la Constitución discrimina positiva y anticuadamente a la mujer sobre el varón, y la llama Reina) que una Reina no usa tono mitinero ni gesticula al moderno uso de los periodistas en sus alocuciones públicas, esto segundo, por favor, cuanto antes. Los Reyes tienen que aprender desde la cuna la “parsimonia”, una notable virtud antigua. La Reina no puede ser una primera dama, precisamente porque no somos constitucionalmente una república presidencialista, sino una Monarquía Parlamentaria. Y pues no: democracia/monarquía es un debate interesado. Vivimos en democracia desde 1978 y en mucha más que muchas repúblicas que quieren imponernos ciertos salvapatrias.

    • Juan Ciudadano
      Juan Ciudadano Dice:

      Parsimonia, según DRAE tiene tres acepciones:
      1. f. Lentitud y sosiego en el modo de hablar o de obrar; flema, frialdad de ánimo.
      2. f. Frugalidad y moderación en los gastos.
      3. f. Circunspección, templanza.
      Me gustaría saber de cuantos cuantos borbones, desde Fernando VII hasta JC I, según usted, han observado la virtud de la templanza, entendida como la virtud que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón.
      En cuanto a lo que dice de la actual reina es una impertinencia.

  5. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Supongo que tengo un turno de palabra por alusiones al Sr. D. Ioannes Cives. Templanza, para seguir con la RAE (aunque yo me refería a la parsimonia en sentido latino, es: (Del lat. temperantĭa).1. f. Moderación, sobriedad y continencia.;2. f. Benignidad del aire o clima de un país.;3. f. Pint. Armonía y buena disposición de los colores.;4. f. Rel. Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón.;5. f. ant. temple (‖ punto de dureza o elasticidad). Su pregunta parece presuponer que yo defienda a la Casa Real que Ud. cita desde un Rey que le conviene (se deja en el tintero a Carlos III, que algún esfuerzo hizo por ilustrar a nuestros carpetovetónicos antepasados, por ejemplo, y podría haber empezado desde Carlos IV, también por ejemplo. Yo no defiendo a ninguna estirpe, sino la estabilidad constitucional. Por lo demás, pues no he conocido a ninguno de los reyes borbones que Ud. cita. sólo he dormido en la cama de Fernando VII en Roma cuando era un Infante raptado por Napoleón y Juan Carlos I me ayudó a levantar mi moto del suelo. Ese es todo mi conocimiento “directo” de los borbones y no puedo juzgar sus vicios ni sus virtudes, pero me temo que no serán ni más ni menos que las de los Garcías, los González, los Casas o los Ciudadanos…Lo que defiendo no es a Felipe VI o a Leonor I, sino que ellos tienen una obligación de nacimiento con nosotros, que tienen que cumplir en favor nuestra convivencia. Eso es la carga que les impone nuestra Constitución a cambio de honor de representar al Estado y de reinarnos sin gobernarnos. Con todos los defectos que tenga el reinado de D. Juan Carlos I, será uno de los mejores sino el mejor de la Historia de España. Por o demás, la consorte del Rey, o sea, la Reina, no apellida Borbón, sino Ortiz y tampoco la conozco, por lo que no puedo emitir un juicio al respecto, sólo solicitar que se produzca con parsimonia.

  6. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    Francamente que diga el reinado de JC I ha sido el mejor de la Historia de España me causa estupefacción, cuando a estas alturas cualquier persona mínimanente informada sabe que durante su reinado ha tenido lugar en España una gran orgía de corrupción económica a todos los niveles, como por otra parte se ha denunciado en este foro una y otra vez.
    Por lo que toca a la persona de JC I se ha preguntado alguna vez que clase de relaciones tenía con personajes que han pasado por la cárcel por delitos económicos como Mario Conde, Javier de la Rosa o Manuel Prado y Colón de Carvajal.
    Sobre estas cosas no está de más leer algún libro como el de Jesús Cacho “El negocio de la libertad”.
    O qué me dice de la carta que he trascrito en mi anterior comentario. ¿Tal cosa es digna de un rey?

  7. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Es que mi ignorancia es enorme, apenas me queda tiempo para leer los libros serios que toda persona debería leer, por lo que no leo panfletos periodísticos ni webs panfletarias. Mejor o peor, como Ud. sabe, son comparativos. Con todo respeto, no me convence su no argumento de no autoridad, así que me mantengo mi opinión.

  8. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    No entiendo como se puede afirmar que un libro es un panfleto sin haberlo leído.
    El periodista que cito es un profesional muy reputado y respetado, hasta el punto que una de las editoras de este blog publica en su diario digital (vozpopuli) artículos que luego aparecen en el blog.

  9. Alberto Gil
    Alberto Gil Dice:

    Siento no haber contestado antes, pero no sabía que iba a salir el post este sábado y me ha pillado de viaje sin internet. Ya se sabe descansar de las tecnologías como de la vanidad viene bien de vez en cuando. me gustaría debatir con el que me acusa de “agit prop”, pero me resulta difícil hablar con quien se esconde bajo un pseudónimo. Es una práctica que puebla redes sociales, incluso de un perfil supuestamente tan técnico y profesional como ésta. No quiero caer en la vanidad que supone dar recomendaciones a los editores, pero tal vez sería bueno exigir que todos nos identificáramos con nombre y apellidos; creo que facilitaría la comunicación, ya saben eso que se ha perdido de “saber a quien se habla”, y que los que participen en el proceso conformador de un discurso se presenten con las mismas armas y riesgos para su reputación. Es lo que propone Luhman para que el diálogo pueda ser fructífero..

    Pero volviendo a la crítica de que el post es agitador y propagandista, y nada técnico. ¿Se refiere a mi crítica a la naturaleza jurídica de una ley orgánica sin contenido y que sólo permite una respuesta? ¿O tal vez a mi propuesta de una reforma constitucional que refuerce la legitimidad democrática de la monarquía?

    En fin, ya decía Baltasar Gracián: que “las perfecciones no dependen de una sola opinión: los gustos son tantos como los rostros, igualmente variados (…) No se debe desconfiar porque no agraden las cosas a algunos, pues no faltarán otros que las aprecien (…) Es un necio insufrible el que quiere regularlo todo según su criterio”. Sin acritud…

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