¿Por qué fracasan las democracias? Sobre el (¿falso?) dilema entre democracia real y formal

Entre la narración victoriosa que ha permitido al grupo Podemos alzarse con cinco eurodiputados está su apuesta por la democracia real (y socialista) como un concepto opuesto al de democracia meramente formal (y burguesa-capitalista). El corolario de este argumento es que la dictadura cubana y la democracia (a tiempo parcial) venezolana, tendrían una legitimidad, más allá de su funcionamiento “formal” más o menos democrático, que derivaría de sus logros sociales, por ejemplo, en términos de alfabetización, protección sanitaria e igualdad de rentas. No se entiende, sin embargo, por qué no incluye en el mismo paquete a otras dictaduras (formales o reales) como la china (¿tal vez porque China apuesta por el mercado?) y la bielorrusa. Este último país por cierto tiene un 1% de paro, porcentaje sin embargo, aún mayor que el número de opositores en el parlamento: 0%.

En todo caso, más allá de que algunos de estos logros sean verdaderamente “reales” o no, comparados según con qué o quién, lo cierto es que se trata de un argumento que, por de pronto, se puede volver fácilmente contra quien lo propone. Por ejemplo: ¿quiere eso decir que el régimen franquista que creó el sistema de seguridad social en España, que tenía un nivel de desempleo “formal” muy bajo y que permitió el surgimiento de la mayor clase media que hemos tenido, con unos préstamos públicos hipotecarios a interés fuera de mercado por el Instituto Nacional de la Vivienda…, era mejor que nuestra actual democracia? No creo equivocarme si adelanto que la mayor parte de Podemos respondería indignados con la negativa más taxativa a esta pregunta. ¿Entonces? ¿Se trataría de discriminar, no por logros más o menos reales, sino por orientación ideológica entre los distintos sistemas dictatoriales? Por cierto, que cuando se critica, con toda razón, el absurdo bloqueo americano a Cuba (que a quien perjudica es a la población) se olvida que el gobierno español (franquista) también sufrió durante años un bloqueo internacional que sin embargo nadie critica.

Y es que en este análisis de “los qué” en función de “los quiénes” se olvida también algo muy simple: cualquier régimen que no goza de la legitimación democrática tenderá a legitimarse por otras vías, empezando por los logros económicos y sociales, porque el puro miedo o terror resulta muy costoso de mantener a largo plazo. Esto es válido incluso para la actual China, que mejora en muchos indicadores económicos a los de cualquier democracia occidental, pero también para el nazismo, del que por cierto se olvida su íntima conexión originaria (como la del fascismo) con movimientos de corte comunista y socialista.

En conclusión, la tesis de la democracia real volvería al principio maquiavélico de que el fin justifica los medios, sobre todo si los medios los elijo yo o “los míos”. En otras palabras: no importa tanto el “cómo” si se consigue según qué, y lo dirigimos nosotros. Y sin embargo la historia muestra que el cómo (o los procedimientos) es tan importante o más que el qué. Otra cosa es que no nos podamos quedar en los procedimientos si estos no llevan a los resultados deseados. Por ejemplo, hay estudios que demuestran que las democracias occidentales, con todo su Estado de Derecho, no han podido ser más eficaces que algunos sistemas dictatoriales a la hora de atajar la corrupción, lo cual da qué pensar, aunque ello no nos lance a defender las dictaduras.

Estos datos nos llevarían al plantearnos la pregunta de ¿por qué fracasan las democracias?, parafraseando ese libro ya famoso de los economistas Acemoglu y Robinson que hacen la misma pregunta dedicada a “los países”. Ellos encuentran como respuesta a las decisiones económicas que se toman por parte de cada país en un momento dado, lo que no debe sorprendernos, viendo a qué se dedican los autores. Y es que la respuesta es probablemente correcta…, pero al mismo tiempo insuficiente. Obviamente los países (y las democracias) fracasan porque fallan las instituciones y/o la economía, pero detrás de ambos factores se encuentran personas que no siempre actúan movidas por el “rational choice”.

Unos (los liberales) dicen que para que exista democracia “real” hace falta una economía de mercado totalmente liberalizada qua la sustente. Otros (los nuevos comunistas) dicen exactamente lo contrario. Ambos probablemente se equivocan, es lo que suele ocurrir cuando se cae en el exceso. Existen zonas de libre mercado muy eficaces sin instituciones democráticas: algunos países del sureste asiático y la perla de la zona Hong Kong son muestras de ellos. Y es difícil que cuando la economía aparezca totalmente intervenida por el Estado, pueda haber libertades y derechos, aunque un cierto grado de intervención ha dado lugar a las sociedades democráticamente avanzadas del norte de Europa. Al mismo tiempo también es cierto que la democracia no garantiza “per se” que la economía o las instituciones funcionen. Hacen falta otros elementos, entre los que destaca, junto por supuesto el Estado de Derecho, la necesidad de una cultura que la haga posible. No podemos poner un policía detrás de cada individuo, ni detrás de cada político. Si la sociedad carece de un alto grado de auto-exigencia moral y ética la corrupción (privada y pública) no podrá ser combatida. Podemos generar todos los estímulos económicos y adoptar las medidas económicas más brillantes e innovadoras, si la excelencia en el trabajo no forma parte de nuestras prioridades vitales, todo será en vano.

Veamos el caso del milagro económico español de los años 60. Se debió obviamente a decisiones económicas (para empezar el Plan de Estabilización de 1959), pero también a un cambio de perfil en los dirigentes: generalizando, de falangistas a tecnócratas del OPUS. Pero es más, ese desarrollo económico fue posible porque existían determinados valores entre la sociedad española, al margen de que el régimen en su cúpula fuera más o menos corrupto. Se puede discutir sobre esto como casi sobre todo, pero no diríamos nada extraño si afirmamos que la sociedad española de los años 60 tenía un alto nivel de auto-exigencia ética y moral (¡que se enterara tu padre que molestabas al vecino, robabas una chuche o  copiabas en clase!) y un profundo sentido del ahorro, de la responsabilidad y del trabajo. Es cierto que faltaban derechos y valores democráticos, pero también que millones de familias se dedicaban a trabajar, sin hacer ascos a ninguna actividad, con tal de mejorar  el nivel de vida de sus miembros y lograr que sus hijos accedieran a los mejores estudios y “se labraran un futuro”.

No eran valores “dictatoriales”, eran valores de cada uno de los ciudadanos españoles que, al parecer, nos han robado o los hemos perdido sin saber muy bien cómo (¿o tal vez sí y no nos atrevemos a decirlo?). Tal vez porque se pensó que bastaba con generar o promocionar otros nuevos valores, los “democráticos”, que quedaron fijados en la constitución. Y, sin embargo, los hechos han demostrado que votando, aunque fuera todos los días y para todas las cosas, no se resuelven “per se” los problemas, e incluso puede que se creen problemas nuevos. Por ejemplo se puede votar (incluso reiteradamente) a dirigentes corruptos o incapaces (sean estos de izquierda o de derecha) de gestionar adecuadamente los dineros públicos o incurriendo en excesos que han acabado provocando de esta manera (más que los mercados) la crisis del Estado de bienestar. En Suiza funciona la democracia directa, pero si les preguntas sobre si quieren tener el salario mínimo más alto de Europa, te dicen que no, al mismo tiempo que se oponen a comprar nuevos aviones de combate. Y es que los referéndums los carga el diablo, según para quién sirvan.

En fin, que tal vez deberíamos dejar de gritar ¡es la economía, estúpido!, y comenzar a exclamar: ¡Que no hombre, que antes es la cultura!

20 comentarios
  1. KC
    KC Dice:

    El problema de la cultura es que a algunas ideologías políticas no les interesa del todo porque cultura significa independencia y autonomía. Cultura pueden ser muchas cosas. En Nápoles podríamos decir que tienen la cultura de cambiarte un ladrillo por un teléfono de última generación tal y como bajas del tren. Es tan cultural que los turistas lo toman como algo “normal”. La cosa es… ¿Usted comprende la diferencia entre una economía de mercado y una economía de tahúres? Porque no me queda muy claro. Algunos no pedimos estados comunistas como alternativa para la actual mierda de sistema que hay en los España, Italia, Grecia o Portugal (que debe ser que casualmente son más o menos lo mismo…). Lo que pedimos es que no sean, sencillamente, unos palurdos, que es el problema fundamental cuando uno bucea por el porqué sociológico y psicológico de las conductas de según qué “autoridades”. Y sobre eso, como he escrito varias veces en este blog -aunque me encantaría escribir lo contrario-, lo jurídico no tiene ni pajolera idea.

  2. aldelgadog
    aldelgadog Dice:

    Muy bien hasta llegar al final, donde no se ha entendido el milagro económico español:
    1) El “milagro” se sustenta en el abandono del autarquismo, la llegada de dinero extranjero tras el fin del aislamiento internacional (acuerdo bases USA) y la emigración masiva.
    2) ¿Nivel de auto exigencia? ¿No conoce la expresión “los años de la hambre”?¿Y la extraordinaria dureza de la represión continuada de 1939 hasta finales los 40? Aquí no se trabajaba mucho, duro y sin protestar por un sentido ético, sino porque no había otra cosa para poder sobrevivir.
    Así que trabajar como una hormiguita y calladitos no eran “valores” de los españoles, era la reacción de la gente al miedo y la pobreza.

    • Alfonso
      Alfonso Dice:

      Como persona que no vivió el franquismo excepto durante su infancia, no puedo dar testimonio de primera mano. Pero en esencia estoy completamente de acuerdo con adelgadog. Lo que sacó a un país arrasado por una guerra fraticida y diezmado demográficamente, un país sumido en un inmenso agujero de miseria, hambre, incultura y desesperanza, no fueron ciudadanos que conservaban milagrosamente valores éticos.
      Fueron ciudadanos desesperados que no tenían otra alternativa salvo emigrar, a las ciudades o a otros paises (cosa que hicieron por millones, y muchos) y cuyas opciones se limitaban a trabajar en lo que fuera y callar o…. ninguna otra cosa.
      Léase (o véase) Los Santos Inocentes.

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      La milana bonita no acudía a manifestaciones. El país lo cambió, no el hambre, sino el deseo de mejorar. Impulsado por una ética social a la que el régimen no consiguió erradicar. Por ello la tra(ns)ición.
      Coincido con el autor. Es la cultura y no la economía el motor de la política.
      Aunque, en este revuelto mundo, ¡vaya usted a saber dónde se esconde la verdad! Probablemente justo frente a nosotros, inalcanzable y estática es su mirada.
      Un abrazo, desde mi respetuosa discrepancia.

  3. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Un artículo muy interesante. No creo que la gente tenga menos claro el concepto de lo que es bueno y lo que es malo, o que el nivel de las exigencias éticas o morales sea menor. Creo que la honradez de la mayoría ha quedado muy claramente expresada durante los últimos años, en los que a pesar de la situación de necesidad, la respuesta no ha sido, en general, perjudicar injustamente a nadie.

    La distinción entre lo económico y lo cultural no creo que sea demasiado importante. Finalmente, lo económico sería el producto de nuestras decisiones, cuyo resultado se deja como legado para quienes llegan más tarde. En definitiva, creo que el legado cultural es el producto de las decisiones humanas, de decisiones económicas.

    En mi opinión, el fallo se está produciendo en la utilidad de las ideologías. En el tiempo que vamos dejando atrás, las ideologías tenían respuestas a todas las preguntas incluso antes de que existieran las propias preguntas. Servían como una herramienta para resolver qué posición tomar acerca de problemas complejos, sin necesidad de un análisis muy concienzudo. Hoy, sin negar que puedan tener alguna utilidad, debemos reconocer que no dan tantas respuestas. El avance del conocimiento nos lleva a formularnos cada día más preguntas, a tener una visión más crítica y la visión ideologizada del mundo, en muchas ocasiones, encorseta demasiado el pensamiento. Por otro lado, un gran número de ideologías están convergiendo en aspectos clave. Creo que la democracia y los derechos humanos son dos de estos aspectos clave que cada vez cuentan con más apoyo por parte de ideologías dispares. Creo que el futuro nos deparará muchos debates políticos, pero creo que las ideologías no van a ser capaces de dar respuesta a todas las preguntas, por lo que necesariamente deberán ceder buena parte de su protagonismo a un análisis exhaustivo de las implicaciones de cada posible decisión política de importancia.

    Reciba un cordial saludo.

  4. Fernando Casanova Martinez-Pardo
    Fernando Casanova Martinez-Pardo Dice:

    Son los valores. Lo que hay que buscar son sociedades basadas en valores éticos. Entre ellos los valores éticos que sustentan la democracia, pero no solo esos.

  5. Paloma
    Paloma Dice:

    Hace poco leí un pensamiento que venía a decir:

    “A los populistas y demagogos pueden reprochárseles muchas cosas, excepto una. No puede acusárseles de haber creado el estado de cosas que ha permitido que su populismo y demagogia prosperen”.

    Muchas personas están preocupadas por el ascenso de Podemos y su líder mesiánico. Pues bien, a esas personas yo les diría que piensen más bien en qué han hecho mal (qué hemos hecho mal) para que Podemos haya conseguido apoyo electoral, y qué deben (debemos) cambiar para que ese ideario colectivista e intervencionista no se consolide.

  6. Alberto Gil
    Alberto Gil Dice:

    Pongo otro ejemplo. Hace 23 años trabajé dos en Holanda. El choque cultural q sentí fue importante: la gente dejaba el coche sin cerrar, ni cerraban con llave la puerta de su casa, los amigos q me encontré eran concienzudos, duros trabajadores y rigurosos, aunque dejaban de trabajar a las 17.00-17.30 y también sabían como divertirse sin dejar de ser educados. Conclusión: no sé qué era antes si el huevo o la gallina, pero la sociedad funcionaba. He vuelto este año: los horarios están cambiando, los hijos de mis amigos (que han vivido absolutamente protegidos) ya no quieren estudiar y no saben en wué trabajar, la gente se ha vuelto más arisca y en las tiendas ya no te tratan como antes y empiezan a querer engañar al turista. Hablando con mis amigos les pregunté por la crisis, y me dijeron que se estaba notando más d lo q se decía y que no miraban el futuro con muchomoptimisno. No sé, no ha que ser adivino para decir q Holanda puede abandonar los primeros puestos del tren…

    • Juan Luis Calbarro
      Juan Luis Calbarro Dice:

      A mí también me entristece comparar la idiosincrasia española con las de otros países. La semana pasada visité el castillo de Arundel, en el sur de Inglaterra. En sus jardines, los empleados de los duques de Norfolk cultivan hortalizas y frutales en tres hermosos invernaderos, para uso del restaurante abierto al público en el castillo. En uno de los invernaderos, no obstante, habían puesto a la venta -creo recordar- pepinos y calabacines. Había dos cajas de cartón: en una estaban los frutos y se señalaba el precio de la unidad (cincuenta peniques); en la otra, a su lado, había una ranura por donde el comprador podía depositar su moneda. No había un vigilante en el lugar que se cerciorase de que nadie se llevara un pepino sin pagarlo, porque los ingleses reconocen el trabajo ajeno y pagan por su fruto sin necesidad de que los vigilen. Esta costumbre (la “honesty box”) la he observado en numerosas ocasiones en este país y funciona. Porque existe esa cultura y la sociedad, sí, funciona. Es difícil encontrar en el Reino Unido alguien que no participe (con dinero, con horas de trabajo voluntario o con ambas cosas) en algún servicio social sin interés de lucro, sea una asociación cultural, la APA del cole, una protectora de animales, la gestora vecinal de un parque público, la parroquia local o una ONG en favor de los enfermos de SIDA o de los pobres del barrio o de Sierra Leona. Sienten que viven en comunidad y que a esa comunidad que les protege le deben algo. Y que a sus compatriotas les deben algo por serlo. Y el día de sus caídos se ponen la amapola en la solapa y asisten al desfile porque jamás han perdido el respeto a quienes dieron la vida por defender un modelo de libertades. Y respetan la bandera de su país porque representa todo eso: sociedad, compromiso personal con esa sociedad, sentimiento de deuda con tus semejantes. Dejémonos de pamplinas: en España no somos conciudadanos; vecinos como mucho, y no siempre bien avenidos.

    • KC
      KC Dice:

      Juan Luis, usted muy jurista no debe de ser, tampoco economista, porque ha dado bastante en el clavo con su comentario. Sólo le ha faltado profundizar más y se hubiera topado con que la Historia se lo habría explicado perfectamente. Pero mientras sigan habiendo cafres que no entiendan que el ADN histórico español, portugués, griego e italiano es diferente por diversas cuestiones, poco vamos a adelantar…
      Pero vamos, que al que no le gusten mucho las lecturas sólo tiene que comparar en qué ha devenido los territorios conquistados por los ingleses y en qué aquellos conquistados por los españoles… Por eso, que un liberal español piense que es lo mismo que un liberal británico me da entre risa, repugnancia y pena (por lo ignorante).

      Saludos.

  7. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Coincido totalmente con Paloma en sus comentarios sobre el fenómeno “Podemos”. No hay que olvidar que antes estuvo el 15M que dejó fuera las ideologías que encorsetan para hablar de soluciones reales a problemas de ahora. Por otra parte se ha pervertido por exceso de uso y abuso el significado de la palabra “democracia” y cada cual lo entiende a su modo. Por eso la cuestión de adjetivarla “representativa”, “parlamentaria”, “directa”, “indirecta”, etc.etc. así cada uno puede hacer una democracia a su gusto. La cuestión es que, mientras a unos les preocupan cuestiones tales como las libertades reales (no ficticias y normativizadas), otros están en lo más inmediato: trabajar para comer cada día y les importa un pito las lucubraciones filosóficas de los primeros. “Primero vivir y después filosofar” decía el viejo axioma. A los españoles tras la guerra civil sólo les importaban sus condiciones de vida (economía) y sólo una élite intelectual podía darse el lujo de cuestionar otros aspectos de la dictadura (cultura). Los exiliados políticos tenían medios de un tipo u otro para sobrevivir en cualquier lugar, lo que no puede decirse del españolito de a pie. Por otra parte los “modelos” democráticos presentan demasiadas fisuras como vemos en paises tenidos como tales. La realidad es que sólo gobiernos tecnocráticos que administran buscando los mejores resultados (más servicios con menos impuestos) y responden de ellos parecen ser la única solución. Quizá por esa razón “Podemos” califica a esa organización como “ni izquierdas ni derechas, sólo sentido común” y es que, tanta empanada ideológica, sólo es al final un ejercicio intelectual con magros resultados para la mayoría.

  8. Juan
    Juan Dice:

    Ahora me vais a llamar moralista, pero qué le vamos a hacer. Yo creo que España, tras la llegada de las libertades, no supo -ignoro por qué- sustituir la cultura católica y represiva tradicional por una cultura civil democrática. Lo más parecido a un modelo cultural que tuvimos (y me refiero a cultura popular, que es la que cuenta aquí) fue la llamada movida de los 80. Se exaltó el hedonismo, nadie habló jamás de deberes o responsabilidades, los personajes que admirábamos eran gente semianalfabeta y sin valores, creímos que un intelectual era uno que juntaba frases con una guitarra mal tocada, el trabajo dejó de considerarse como un medio de crecimiento personal y de servicio a la sociedad para pasar a ser una carga que había que eludir si se era listo, mirábamos de reojo y nos reíamos del que estudiaba demasiado… Esta caricatura que hago resume cierta manera de pensar que se consideró inteligente o moderna y se reflejó (y se sigue reflejando) en el cine, la televisión y la música pop: una ausencia absoluta de compromiso social y un etiquetarse como progresista solo por signos externos como fumar porros, vestir determinada ropa, blasfemar o -por encima de todas las cosas- despreciar el concepto de España. Malgastamos años de bienestar económico sin que se hicieran las reformas pertinentes en educación o en instituciones, a nadie le interesó controlar el trabajo que hacían los políticos porque para considerarse políticamente activo bastaba con ponerse la kefía o la camiseta del Ché (o con cantar “Matar a Castro” de los Hombres G poniendo cara de travieso). Por encima de la experiencia y el trabajo se valoró la juventud y la improvisación. La coherencia no era un valor. Hay un signo muy evidente de esto. Desde hace años, los programas líderes de audiencia en televisión recreativa son dirigidos por personas de entre cuarenta y cincuenta años que proyectan una imagen artificial de improvisación y juvenil irresponsabilidad (pese a que su trabajo requiere talento, constancia, programación y aplicación): pensemos en el Javier Sardà de “Crónicas marcianas”, dando aquellos botes ridículos por el escenario jaleado por los grititos de un Boris Izaguirre empeñado en que su histrionismo nos hiciese olvidar su brillante inteligencia; en un cada vez más decrépito Gran Wyoming, que lleva treinta años haciendo el mismo papel de gamberro antisistema (pero cobrando una pasta de organizaciones no precisamente comunistas); o en Pablo Motos, que procura comportarse y hablar como un adolescente pese a que ya raya en los 50. Esos son nuestros líderes de audiencia: gamberretes de cartón que gustan al pueblo porque buena parte del pueblo, en el fondo, aún preferiría ser ese gamberrete irresponsable que vive en la inopia antes que alguien que trabaja duramente, se preocupa de su futuro y del de su familia, lee el periódico y reflexiona muy bien antes de votar. Con estos mimbres, poca democracia podemos disfrutar. Estoy de acuerdo con el Sr. Gil: lo primero es la cultura.

    • KC
      KC Dice:

      Le digo una cosa: la TV es simplemente un medidor de una demanda. En realidad es un espejo de lo que la audiencia pide. No es que la TV atontice, no. Primero están los tontos. Simplemente sirve de forma mayoritaria en base a unas mediciones estadísticas y de rentabilidad (aunque según qué canales esto lo han llevado al extremo, generando todavía mayor basura, porque el mercado mal entendido es lo que tiene). Pero desde luego si todo el mundo cambiara de canal ante una forma de hacer televisión, esos programas no se servirían. Tan sencillo como eso. La TV “responsable” no subvencionada hace ya mucho que perdió esa batalla y usted creo que no se ha enterado… Dígale usted a Tele 5 que apueste por los documentales y la cultura verá dónde le mandan a usted y su tesis.

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      En los años 60′ a los niños no nos gustaba la televisión. Los adultos transitaban desde la radio omnipresente en las sobremesas hacia la TV que finalizaba con las desconexiones, y pasaba a emitir en continuo.
      En los años 70 llegó la TV en color. Y de repente, a los niños los ponían frente a ella a media tarde. Para que no molestasen. A partir de entonces, el electrodoméstico se hizo onmipresente. Se jugaba a educar desde la tele.
      Aquéllos niños de los 70 hoy son los consumidores de telebasura.
      La Demanda se crea.
      En Inglaterra, en los 70′, había tres canales, todos públicos; BBC 1, BBC 2 and ITV. Recuerdo que fue la ITV la que empezó a parasitar las mentes infantiles; y no tan jóvenes. Por fortuna, a los de mi generación, la anterior a la ITV, no nos gustó la TV.
      ¿Que será de los niños de hoy cuando crezcan pegados a la tele, para no molestar a sus neuróticos y narcisistas padres, criados frente al maldito electrodoméstico? Porque en unas pocas décadas, esos tele-niños de hoy, tendrán que gobernar.
      Las televisiones, como las demás drogas, no son malas ni buenas; es el uso que se les da, el que posee contenido moral. Y es ese contenido moral el que ha formado esta sociedad inmoral.
      Desde sus telepúlpitos se forman mayorías. Y se instruye a ser gobernados. Y a desear para tirar.
      Saludos.

    • O,Farrill
      O,Farrill Dice:

      Coincido con Juan en el análisis de la sociedad española (imitando otros modelos siempre) de los 80 dividida entre los “progres” ( “a emporrarse todos…” según un alcalde madrileño de la época) y los “yuppies” iluminados por el dinero fácil de las ingenierías financieras; unos vivían a costa de los presupuestos públicos y, los otros, a costa de los “pelotazos” privados e incluso públicos. Se prejubilaba a la experiencia y el conocimiento y se la sustituía por la ignorancia y la codicia. Una orgía de “bienestar” que se nos ha atragantado.

  9. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    La democracia que conocemos actualmente es un procedimiento, para acceder al poder. Así la describen la mayor parte de los textos de C. Políticas.
    Sin embargo se pretende –de forma ingenua o no– que sea una especie de bálsamo, una liturgia, que todo lo cura y todo lo justifica.

    El Poder, –como capacidad de Imponer voluntad de forma generalizada y con recurso potencial a la coacción–, en las democracias modernas, realmente no conoce límites.
    Va desde el derecho a quitar la vida (pena de muerte, aborto, etc), privaciones de libertad por delitos (sin daño a terceros), al de incautarse de partes gigantescas de nuestros bienes y llevarnos hacia la ruina privada o colectiva.

    Sin la menor duda es el mayor poder de la historia que, además de serlo, pretende retener Legitimidad y que su nombre no sea Tiranía. Hay un ingente aparato de propaganda para ello.

    Este proceso se lleva a cabo con “ciudadanías” y con “pueblos”, que carecen de capacidad de oponerse a la Tiranía así ejercida.

    Desde las Ciudadanías no hay procedimientos eficaces de Defensa, de Control y de Reversión ante el ejercicio del poder que además se ha instalado en una Asimetría injusta en los procedimientos Contenciosos entre Ciudadanos y las Instituciones del Estado. En todos sus niveles.

    Da igual que hablemos de España o de Holanda.
    Como ilustra el autor en un comentario, las cosas no son tan distintas y sus efectos tampoco. Las diferencias son de grado o de tiempos evolutivos.

    Tampoco creo que adelantemos mucho –en un formato limitado como es el de un buen blog– tratando de sintetizar los problemas estructurales, funcionales y coyunturales. No habría espacio suficiente para resumir a quienes de forma contundente los han venido exponiendo tras la Revolución USA y la francesa.

    Lo cierto es que viene muy bien desmenuzado en libros, de reducidas dimensiones y fácil lectura, que, si me lo permiten, resumiré “one more time”. Son imprescindibles.

    Todos traducidos al español y en librerías.

    1. El despotismo democrático. A. de Tocqueville. 1835.
    2. Poder, los genios invisibles de la Ciudad. Guglielmo Ferrero. 1942
    3. Poderes salvajes. Luigi Ferrajoli. 2012.

    El primer libro pronostica cómo evolucionará el sistema, el segundo muestra el proceso histórico y el tercero, el librito del profesor Ferrajoli, nos ofrece un caso práctico actual muy cercano a nosotros.

    Que esto es así es de dominio público. Mucha gente lo comparte con la impotencia. De hecho el reciente anuncio de UPyD de que algunos órganos de control del ejecutivo y del legislativo sean elegidos por Sorteo es la prueba de dos cosas.

    1. El reconocimiento de un problema estructural insoslayable.
    2. Un primer intento de sacarlo al debate público.

    Es decir, “dado que el poder todo lo fagocita, veamos si por sorteo se puede devolver algo de control a la ciudadanía”.

    No creo que funcione pero al menos alerta llamativamente sobre uno de los graves problemas.

    Buenos días

  10. Avocat
    Avocat Dice:

    El artículo me ha parecido estupendo. Será porque dice con orden e inteligencia lo que llevo mucho tiempo repitiendo sin éxito por las esquinas. A cada golfada o ineficiencia respondemos con nuevas leyes y reglas bajo la boba cantinela esa de “laguna legal”. Y lo que faltan son principios, no normas. Y eso no se puede publicar en el BOE de un dia para otro. Va a costar décadas desandar el camino andado. Si es que no ahondamos en el error, que tiene pinta.

  11. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Quod erat demonstrandum: http://hayderecho.com/2014/03/09/la-dicotomia-paidosnomos-mas-educacion-es-mas-justicia-y-no-a-la-inversa-2/ con disculpas por la autocita. La educación, la cultura – esto es, el cultivo – lo es todo. Muy interesante el post y los comentarios. Especialmente de acuerdo con D. Juan en cuanto al vacío de valores civiles. Nos hacen falta ganas y unos decenios, ni siquiera reformas del sistema educativo, basta volver a “eso no se hace” en vez de tener que negociar todo con los infantes, o sea, con los que no saben ni hablar ni mucho menos pensar.

  12. de Lege Ferenda
    de Lege Ferenda Dice:

    Hace años circulaba un chiste en el que Francisco Franco resucit, y se encuentra a un vigilante del Valle de los Caídos:
    “Pero, ¿Cómo es posible?, pregunta estupefacto el vigilante.”
    “Deje de extrañarse y dígame, ¿quién manda en España?”
    “Mandan los suyos. Mire, de presidente Aznar…”
    “¡Buen periodista Manuel Aznar Zubigaray! Escribió Historia Militar de la Guerra en España.”
    “¡No!, el nieto del periodista.”
    “¿Quién es el portavoz del Gobierno?”
    “Pío Cabanillas.”
    “¡Muy inteligente! ¡Si señor! ¡Cabanillas Gallas! Mi ministro de Información.”
    “No, el hijo.”
    “¿Quién está de embajador en Marruecos?”
    “Arias Salgado.”
    “¡Bien! Mi otro ministro de Información y Turismo, Gabriel Arias Salgado.”
    “¡No! El hijo.”
    “¿Cómo van las relaciones con los marroquíes?”
    “Hay algunos problemas con la inmigración y el Perejil, pero el gobierno ha encargado a Fernández Miranda esos asuntos.”
    “¡Hombre! ¡Torcuato! ¡Muy acertado para el cargo!”
    “¡No, no, no!. El hijo, Enrique.”
    “¿Y en Vascongadas y Cataluña? ¿Cómo van las cosas?”
    “Ahora las regiones se llaman Autonomías, y el ministro que las coordina es Jesús Posada.”
    “¡Posada Cacho!, mi fiel Gobernador Civil en Soria.”
    “¡No!, el hijo. Y Oreja es el representante del partido del gobierno en Vascongadas.”
    “¡Hombre mi fiel Marcelino!”
    “No, el sobrino.”
    “¿Y en justicia, quién está?”
    “Hay uno nuevo, no me acuerdo como se llama, pero antes estaba Mariscal de Gante.”
    “¡Bien! Mi director general de Régimen Jurídico de la Prensa, Jaime Mariscal de Gante.”
    “¡No, tampoco! Su hija Margarita.”
    “¿Y en la Puerta del Sol, en la sede de Gobernación, quién está?”
    “Un buen amigo de los socialistas, Ruíz.”
    “¿Pero cómo mi portavoz, Víctor Ruíz Albéniz, va a ser amigo de los socialistas?”
    “¡No!, el nieto, Alberto Ruíz Gallardón.”
    “Y en Galicia, dime ¿Quién está en mi Galicia natal?”
    “Fraga.”
    “¿El nieto supongo?”
    “No… ¡El de siempre!”.

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