¿Qué pasa en la Universidad? El libro “Universidad y Ciencia en España” de Clara Eugenia Nuñez

Lamentablemente no conseguimos hablar mucho en nuestro blog del funcionamiento de las Universidades españolas, que hasta ahora han conseguido salir más o menos indemnes del desastre institucional, o para ser más exactos, de la percepción ciudadana sobre la quiebra de nuestras instituciones. Aunque últimamente empiezan a salir algunas noticias sobre la alegría con la que los Rectores se gastan el dinero de los contribuyentes mientras protestan contra los “recortes” que sufren sus Universidades o sobre las prácticas mafiosas de algunos Magníficos (como el Rector de la Universidad Juan Carlos I, Fernando Suarez, imputado por un delito de amenazas)  dispuestos a todo para ganar las elecciones creo sinceramente que todavía no somos muy conscientes de la gravedad del problema.

La razón es que si ya es difícil conseguir que un funcionario hable de lo que pasa en su institución, todavía es más difícil conseguir que un catedrático o un profesor de Universidad en activo nos hable de endogamia, corruptelas, despilfarro, “puertas giratorias” (vía grandes despachos en el caso de los juristas) seminarios o congresos en países exóticos con cargo al contribuyente  o sistemas de compra de votos en elecciones a Rector. Lo que no quiere decir que no lo sigamos intentando. En todo caso, siempre es recomendable enterarse de que pasa en las Universidades españolas y sobre quien es quien antes de decidir mandar a nuestros hijos a estudiar a una de ellas. La web  http://www.corruptio.com/ de la Asociación para la Transparencia en la Universidad ofrece información sobre los casos de corrupción y falta de transparencia y permite también realizar denuncias.

Para una perspectiva más general recomendamos el libro de Clara Eugenia Nuñez, de la editorial Gadir, “Universidad y Ciencia en España” (claves de un fracaso y vias de Solución)  que tiene la ventaja de haber sido escrito por una profesora de Universidad que además ha ocupado el cargo público de Directora General de Universidades e Investigación de la Comunidad de Madrid durante varios años a lo largo de los cuales intentó llevar a cabo una profunda reforma de las Universidades públicas madrileñas que terminó en fracaso. El libro ofrece un diagnóstico certero sobre la Universidad y la Ciencia en la España del siglo XXI, una historia de la Universidad y la Ciencia desde el siglo XIX (de aquellos polvos vienen estos lodos) una explicación de los problemas que tiene actualmente la Universidad española, nacidos en la Transición (concesión de una autonomía total y de una irresponsabilidad total, una combinación letal) y unas propuestas de reforma que si bien no fueron finalmente posibles -particularmente tras el nombramiento de Lucía Figar como Consejera de Educación que restauró la tradicional relación clientelar tradicional con las Universidades públicas- quedan ahí como muestra de lo que hay que hacer y también de los formidables obstáculos que se oponen a una reforma universitaria que favorecería a los alumnos y a la sociedad española pero perjudicaría mucho a los dueños del cortijo.

Resulta apasionante en todo caso la historia de este fracaso, narrado en primera persona, tanto en la primera época de esperanza e impulso (con el Consejero de Educación Luis Peral y bajo el amparo de la todopoderosa Esperanza Aguirre, que “compra” la reforma que propone la autora) como durante la segunda, con la nueva Consejera Figar (apadrinada por Esperanza Aguirre) que finalmente destituye a la autora tras varios desencuentros que se narran con detalle en el libro y que no dejan precisamente bien a la todavía Consejera de Educación, ni desde el punto de vista político ni personal. En todo caso, la obra, como indica su subtítulo, es la historia de un fracaso de un intento de reforma serio –si bien tímido- de los perversos sistemas de incentivos que rigen en la Universidad pública española, en este caso en el ámbito de la Comunidad de Madrid.

En la obra se facilitan abundantes datos, tanto históricos (recordando aquellos casos de éxito, que también los ha habido  y que por distintos motivos no fueron más que islas en un mar de mediocridad) como económicos y sociológicos que hablan por sí solos. Apunta también a las causas profundas de los males de nuestra Universidad (básicamente el sistema de financiación, el sistema de gobernanza y la politización) y a los cambios que se han realizado otros países que tenían problemas similares y que han conseguido gracias a reformas similares a las que intentó poner en marcha Clara Eugenia Nuñez conseguir una Universidad pública de calidad.

Los “malos” de la historia, y esto quizá es lo más interesante, no son solo los obvios, es decir, los políticos partitocráticos con nula experiencia profesional, maneras de reyezuelos y  escasa preocupación por los intereses generales, encarnados perfectamente en la Consejera de Educación, sino los propios rectores de las Universidades madrileñas. Particularmente demoledora es la descripción que hace de ellos Clara Eugenia Nuñez citando literalmente sus declaraciones y reacciones ante un intento de reforma que consideraron –con razón- como un ataque frontal a sus intereses y su “status”, por mucho que fuera a mejorar el rendimiento de las Universidades pagadas con dinero de los contribuyentes. Ya dijo Luis Garicano en su momento que el de los rectores era el lobby más reaccionario de España. Por cierto, que el famoso informe sobre la reforma de las Universidades  que encargó en su día el Ministro Wert a un grupo de expertos (entre ellos el propio Garicano) debe de dormir el sueño de los justos en algún cajón del Ministerio. Y es que este toro no es fácil de lidiar, ni siquiera para un Ministro que se las da de bravo.

En último término la historia de este fracaso resulta apasionante y merece la pena ser contada –los seres humanos aprendemos más de los fracasos que de los éxitos- y las propuestas de reforma ahí quedan, lo mismo que el primer intento frustrado de llevarlas a cabo y la forma en que se torpedeó desde arriba (una vez producido el “giro copernicano” en la Consejería, dado que a la autora se le había nombrado precisamente para llevar a cabo por la misma Presidenta de la Comunidad de Madrid que luego la dejó en la estacada) y, sobre todo, desde las propias Universidades. Por supuesto con la complicidad y la colaboración de muchas personas que circulan por las páginas del libro con nombres y apellidos. Particularmente triste resulta la historia de los IMDEA, Institutos Madrileños de Estudios Avanzados concebidos como un nuevo marco institucional para la ciencia –al margen de las Universidades- y su progresiva “okupación” hasta su reducción a la categoría de chiringuito. Para los juristas, y más para los autores de ¿Hay Derecho? resulta fascinante la operación de acoso y derribo del IMDEA Ciencias Sociales, dado el desprecio por las normas vigentes demostrado por el equipo de la Consejería de Educación en la toma del Patronato. De haber leído antes el libro lo hubiéramos sacado en el capítulo “las leyes son para los otros”.

Como ya hemos dicho el libro deja constancia de un intento de reforma que honra a la autora y a otros colaboradores (y superiores y jefes políticos, antes del cambio en la Consejería)  y pone de manifiesto cuales son los auténticos enemigos de una Universidad pública de calidad y qué  tipo de armas están dispuestos a utilizar para mantener su finca. Ya saben, aunque solo sea por la razón de que para ganar una batalla hay que conocer bien al enemigo, no dejen de leer el libro. A ver si la próxima vez hay más suerte.

20 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Muy interesante su artículo. Nos jugamos mucho en el futuro de la universidad, al menos en todos los sectores cuyos profesionales se forman en la universidad o han sido formados por profesores que han estudiado en la universidad, es decir, en todos los sectores. Además, la universidad juega un importante papel en la innovación.
    Una pregunta importante es si es más corrupta la universidad que otros ámbitos españoles. Yo tengo la impresión de que la universidad, a pesar de sufrir muchos males, es algo menos corrupta.Simplemente observando la corrupción política, vemos que hay muchos profesores universitarios en la política, pero pocos condenados por corrupción. Creo que es un importante elemento de esperanza. Aunque quizá no esté demasiado extendida la criminalidad dentro de la universidad, sí es cierto que existen algunos casos de picaresca universitaria, como, por ejemplo, los profesores más expertos en recibir acreditaciones y reconocimientos que en sus propios campos de conocimiento.
    Creo que hay muchos males y muchas virtudes en la universidad española, pero me gustaría destacar dos grandes males de nuestras universidades. El mal de las universidades pequeñas creo que, pese a algunos esfuerzos loables, sigue siendo la falta de coordinación entre ellas y con las universidades grandes. Ante la falta de alumnos en algunos ámbitos o la falta de profesores para llevar a cabo determinadas investigaciones, o la falta de determinados recursos materiales, la repuesta debe ser coordinar mejor los recursos entre las universidades. Hay espacio para mejorar en este campo.
    El mal de las universidades grandes, y particularmente el de las establecidas en las ciudades más grandes, son los cantos de sirena del mundo privado y de la política. Muchos de los grandes despachos de abogados, de arquitectos, de ingenieros, de contables, muchas consultas médicas, y otros despachos profesionales importantes buscan la gran referencia de la cátedra. Incluso, en ocasiones, la gran empresa, la política y los organismos internacionales se llevan el talento de algunos importantes catedráticos. Dada, entre otras cosas, la enorme diferencia salarial, es humanamente comprensible que el profesor abandone parcialmente su actividad para dedicar sus mayores esfuerzos al despacho profesional. No obstante, aunque sean muy pocos casos los que abandonan completamente la docencia y la investigación, es evidente que la universidad pierde una parte importante de los esfuerzos de estos grandes profesores. Creo que las universidades grandes deben retener mejor el talento.
    Reciba un cordial saludo.

    • O,Farrill
      O,Farrill Dice:

      Tengo una hija con una título de los expedidos por Comillas. Cuando pregunté si servía de algo, me indicaron que no servía de nada, que era un título de carácter interno.

  2. A la hoguera
    A la hoguera Dice:

    Probablemente, la universidad sea uno de los ámbitos más corruptos y opaco de toda la administración española. A la endogamia en la selección del personal docente, ampliamente conocida y los perniciosos efectos que tiene el nombramiento del Rector mediante un sistema electoral de naturaleza estamental más propio del medievo que tiende a reforzar el poder de determinadoS colectivos universitarios, se debe añadir la opacidad de las cuentas y la falta de transparencia que, con la excusa de la autonomía universitaria, se traduce en un “yo me lo guiso, yo me lo como” a costa de los recursos públicos con los que aê deben completar los insuficientes recursos derivados de tasas y precios públicos subvencionados.
    No olvidemos los negocios derivados de la venta de material docente y los conflictos de intereses en materia de propiedad intelectual e industriaL entre docentes y el mundo editorial; la oscura gestión de los recursos obtenidos por los ingresos derivados de las títulaciones propias a través de las fundaciones universitarias; los negocietes encubiertos bajo la apariencia de convenios de colaboración; la desviación de poder impune para despachar al rival y amedrantar al díscolo; la compraventa de favores… En fin, el paraíso de los caciques, si en vez de virreyes y togas llevarán plumas y tocados, nadie lo consideraría extraño.
    … y luego se quejan de que no les dan dinero mientras ponen a los estudiantes como rehenes de sus tropelias. En fin…

  3. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    En un sistema politico y social tocado desde hace muchos años la Universidad no podía ser menos. Cada uno hace de su responsabilidad institucional su propio campo de juego con el menor número de árbitros posibles. Ahora que se nos machaca con el reproche de la pérdida de “los mejor preparados” profesionales, conviene hacer una reflexión algo más crítica sobre la caída en picado del mundo académico paralela a la de los demás sectores públicos. No son los mejor preparados (con excepciones honrosas) el conjunto de “titulados universitarios” tal como ellos mismos reconocen cuando no están manipulados políticamente. Son generaciones de profesionales cuya preparación deja mucho que desear, no por su culpa, sino por la comodidad con que han accedido a los títulos. Eso con respecto a los resultados académicos. En cuanto a los resultados de gestión pública nos tropezamos con las dichosas “autonomías” institucionales equivalentes a “yo hago lo que me da la gana”. Lo mismo de siempre: dinero para gastar a capricho según gustos e intereses de quienes dominan el sector. Por eso se ponen como se ponen en cuanto se toca cualquier reforma que les saque de su situación de privilegio de la que hacen rehenes a los propios estudiantes provocando sus manifestaciones. Todo el sistema de ha salido de madre y no nos deben asombrar los resultados.

  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Oportuno el artículo y la referencia al estudio, que cita Luis Garicano, en el que junto a Oscar Alzaga, Matías Rodríguez Inciarte, Rafael Puyol, ex rector de la Complu y otros conocedores y miembros del sistema universitario español se publicó para el Ministerio hace un año.

    A pesar de que probablemente discreparemos de partes del informe o de que podremos cuestionarnos los intereses que representan sus autores, creo que es un muy buen documento que suscitará amplios acuerdos antes de volver al cajón del olvido general. http://nadaesgratis.es/wp-content/uploads/Informe.pdf

    Lo que todos observamos es un gran deterioro en relación a las universidades que había antes de la “Gran Expansión”.

    Este fenómeno existe también en otros países. Incluso en grandes universidades USA que hoy se citan como referente. Realmente no sé si existe un “modelo” que copiar o si sería necesario inventar de nuevo esos lugares especiales donde el conocimiento era valioso por si mismo.
    Es patético el partidismo y el carácter inquisitorial al que se someten las renovaciones de contratos de profesores en algunas universidades…..inglesas, por ejemplo.

    La semana pasada escuchamos por la radio el anuncio de un “Master en Lactancia Materna”, hace varios años otro en “Gestión de Hoteles con Encanto” o grados universitarios en “Nueva Cocina”.

    A mi me parece que ante esta degradación es muy difícil que el problema principal sea la endogamia docente o la mala administración. La endogamia ha existido con frecuencia hasta en las Ivy League. A fin de cuentas los, Kant, los Popper; los Kuhn, los Wiener, los Samuelson, los Hayek o los Sandel son muy poquitos. Siempre fueron muy poquitos.

    El primer problema es, creo, la calidad de los programas que ha bajado y está bajando aceleradamente. Acabamos de escuchar propuestas de grados de tres años con lo cual en cuarenta años hemos pasado de Licenciaturas superiores a los Masters actuales o a Doctorados de coña.

    El segundo es que el acceso a las titulaciones es, cada vez más, función de la capacidad económica de las familias. USA vive hoy una burbuja de Student Credit y Europa sigue copiando sus modelos educativos que tienen cosas buenas y cosas muy malas.
    Solemos copiar lo malo que es más fácil.

    El tercero es que en ciencias sociales hay Ortodoxia (la que nos ha traído a este mundo de Burbujas) y Heterodoxia (perseguidos que cuestionan y buscan soluciones a lo que evidentemente ni funciona ni puede funcionar). Dentro de la Ortodoxia coexisten “capitalisti e marxisti” tan divinamente.

    El cuarto es que un país que no produce no puede desarrollar tecnología.
    Esto, tan básico, se pretende ignorar. Y producir tecnología pasa por algo muy primario: Hacer.
    Si no “haces” estás condenado a que “Investiguen Otros” que Sí necesitan responderse preguntas para poder “Hacer”.

    El resto son cuestiones administrativas que se resuelven con mucha más facilidad. Si hay voluntad, claro.

    Un saludo y gracias por tocar el tema.

  5. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Hasta donde cuatro lustros de experiencia docente en la Universidad publica y privada me dejan ver los males de nuestra “alma mater” son muchos y de etiología diversa. Siendo la endogamia uno de ellos, creo que el peor de todos es la concepción de los estudios superiores universitarios como un “derecho” en vez de como un privilegio que será necesario devolver a la sociedad con aplicación y esfuerzo. La aparición por doquier de “Universidades” como setas, para que los nenes sigan en casita estudiando con la ropa planchadita y de botellón de jueves a domingo, con cuatro convocatorias ordinarias y dos de gracia, costando una matrícula normal aproximadamente el15% de lo que vale la plaza tampoco es mal pequeño. Las universidades privadas españolas tampoco son lo mejor de lo mejor ni figuran en las listas internacionales porque son controladas por grupos cerrados, que no siempre o no sólo valoran el talento. Salvo Solana por el Esade (Jesuitas, como ICADE- ICAI y Deusto) no hay “fichajes” de primer nivel. Los alumnos tampoco es que vayan dispuestos a matarse a estudiar y aprender, salvo aprox. un 10% de cada promoción. Las Comunidades Autónomas y los partidos quieren mandar a través del Consejo Social o los departamentos y entonces se encuentra Ud. con casos como el de la Complutense, arruinada por Berzosa y Carrillo pero reivindicativa y laboratorio de Podemos. Voy a embarcar, pero otro día les cuento lo del Máster de Acceso a la Abogacía del ICAM y la Complutense y por qué se hace en la Rey Juan Carlos.

  6. IVP
    IVP Dice:

    Muchas gracias por el artículo y la recomendación del libro, ahora bien, responsabilidad en el mal funcionamiento de la Universidad tenemos todos, unos por acción y otros por omisión, puesto que dejamos que los responsables de gestionar la Universidad Pública actúen como dueños cuando en realidad son los administradores puesto que los dueños son todos los ciudadanos, pero los dueños (los ciudadanos en general) no exigimos nada y así nos va. ¿Para cuando unos criterios, claros, concretos y precisos, con acceso a todo el que quera ser profesor? ¿Cómo se determina la capacidad didáctica para ser profesor?

  7. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    La Universidad participa de muchos de los problemas que plantean las instituciones públicas en general en las que también hay corrupción tal y como constantemente denunciamos en este blog.
    En la Universidad española no bastan modificaciones concretas, sino que el sistema hay que, si se me permite la expresión, “resetearlo”. Borrarlo y construirlo de nuevo. Y eso parece que pretendió Clara Eugenia Núñez sin mucho éxito.
    Con todo, y a pesar los escasos medios que tenemos en España, nuestros profesionales no salen tan mal preparados como cabría esperar de las circunstancias concretas en las que estamos trabajando. De hecho, parece que en algunos países “se los rifan” y ello aunque en algún ranking internacional no salgamos muy bien parados. Compararnos con universidades americanas, con los medios que allí tienen, parece todo un despropósito. Lo que sí debemos implantar aquí es la “filosofía” que tienen en USA en educación universitaria. Estar allí y volver, es verdaderamente traumático.
    Como en muchos sitios, en la Universidad, hay profesores que trabajan mucho (sin horario ni calendario, por objetivos, aprovechando las vacaciones para hacer estancias de investigación en el extranjero, corrigiendo tesis en fines de semana y vacaciones) y otros que no dan un palo al agua y además se jactan de ello en público, sin pudor ninguno. Y ello no solo lo permite el sistema, sino que –y esto es más grave- lo estimula. La gente seria que trabaja, desde luego lo hace por vocación, porque no hay ni ayuda ni apoyo alguno y la cultura del esfuerzo y la recompensa del mérito brillan por su ausencia.
    Aparte de la tan mentada endogamia que está tan presente en la Universidad española (y en otros muchos sitios, por cierto), lo que falta a mi juicio, en éste y en otros ámbitos, es un estímulo a la calidad y que sean los resultados del docente los que determinen su remuneración y otro tipo de beneficios. Algo que yo extendería a todos los funcionarios. (Sigue)

  8. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    El “todos café” que impera es absolutamente nocivo y premia indirectamente la mediocridad. No es razonable, por ejemplo, que el mero transcurso del tiempo, tenga beneficios en la remuneración y que legitime derechos como el “año sabático”, al margen de la productividad que ese profesor tiene en concreto. No es admisible que profesores “ágrafos” hayan disfrutado de un año sabático solo porque llevan en activo 25 años (aunque sea sin hacer nada). No es razonable que un profesor que no tiene sexenios de investigación vivos tenga una remuneración mayor que otro profesor joven pero que sí los tiene. La diferencia es que uno acumula muchos trienios y el otro no. Y no me refiero solo a estímulos económicos. El peso del mediocre “más antiguo” es mayor siempre y es el criterio tenido en cuenta para la toma de muchas decisiones. Yo, por el contrario, creo que los resultados (en cantidad, pero sobre todo en calidad) son los que deben prevalecer, al margen de cualquier otro criterio. Pero aquí tienes que “caer bien”, llevarte bien con los que mandan. De lo contrario, la promoción será complicada o imposible. Y si vas mucho por libre, tendrás problemas.
    Las evaluaciones de la calidad docente deben llevarse a cabo con carácter obligatorio y su resultado negativo tiene que tener alguna consecuencia. Actualmente los quinquenios de docencia se conceden de manera automática y eso es ridículo. Un “mal profesor funcionario” se perpetúa y los alumnos lo padecerán sin remedio porque no hay adecuados mecanismos de control. Como siempre, aquí si haces las cosas mal, no pasa absolutamente nada.
    Y si ya entramos en el sistema de acreditaciones, el panorama es desolador. Que te evalúen profesores que no pertenecen a tu área de conocimiento, midiendo la calidad investigadora “al peso” y premiando con una cátedra al que se ha centrado en tareas de gestión sonroja a cualquiera que tenga una mínima idea de lo que la Universidad tiene que ser. Bajo el manto de la “discrecionalidad técnica” se esconden decisiones muy arbitrarias.
    Si a todo ello sumamos unas reformas de los planes de estudio que impiden que el alumno “metabolice” toda la información que nos obligan a darle en corto espacio de tiempo, desde luego, la frustración es todavía mayor porque en definitiva, lo que pretendemos es que los alumnos aprendan y nos lo están poniendo muy complicado.

  9. Luis Cazorla
    Luis Cazorla Dice:

    Buenos días queridos amigos, me he tomado unos días de descanso que ha incluido, dejar de leer el blog con regularidad..leído el post que, aunque sea una excepción, no me ha gustado, dicho sea con el respeto y cariño que sabéis que os tengo Elisa, hay mucho de tópico y denuncia manida e incluso alguna imprecisión. Sin embargo, leo los comentarios de la profesora Cuena y prefiero no hacerlo, porque no podré aportar nada que no haya contado ella de manera magnífica. Sus comentarios, provenientes de persona que conoce profundamente nuestra actual Universidad, son el verdadero diagnóstico. Léanlo varias veces y sabrán qué Universidad tenemos. Por otro lado, para los que venimos por detrás, ejemplos como los de la profesora Cuena y otros (cada vez más), que divulgan, que trabajan por conectar la Universidad con el mundo real, profesionales brillantes, son la prueba de que otra Universidad pública es posible. La Universidad, como cualquier otra organización somos personas, y a las personas nos corresponde cambiarla. Muchas gracias y un abrazo.

    • Matilde Cuena Casas
      Matilde Cuena Casas Dice:

      Gracias Luís por tus palabras. La verdad es que me gustaría poder hablar en otros términos de la Universidad, pero hoy por hoy no es posible. Tu eres un gran ejemplo para las nuevas generaciones de profesores y esperemos que a pesar de todas las dificultades, sigan existiendo personas con auténtica vocación universitaria que apuesten por una regeneración en este ámbito.

  10. momus
    momus Dice:

    Lo que pasa es que el modelo de Universidad pública está agotado. Es caro e ineficiente. Lo defienden únicamente los profesores-funcionarios, propietarios vitalicios de su puesto docente, dispuestos a defenderlo con unas y dientes hasta los 70 años y más allá (eméritos).

    Yo planteo una revolución: ir a una Universidad privada/concertada, igual que existe en la enseñanza media la fórmula de los colegios concertados, exitosa ciento por ciento.

    La Universidad privada es prohibitiva para la clase media española. Pero una Universidad privada concertada que le saliera al alumno al mismo coste que una Universidad pública ¡sería un éxito!

    Y nos olvidaríamos de los profesores-funcionarios, con sus endogamias, sus años sabáticos, sus trienios, sus sexenios…

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