El bimilenario de la muerte de Augusto

Quien haya estado alguna vez en Roma habrá visto y sentido varias ciudades. Una de ellas es la Roma mitológicamente fundada en el año 753 a.C. cuya lengua, modernizada y vulgarizada es la que actualmente usamos, o, dicho de otra manera, la que sirve de base y hace de límite a nuestro pensamiento. En esa Ciudad Eterna, no lejos del Tíber, quien haya querido habrá podido visitar el “Ara Pacis”, actualmente custodiada en un luminoso edificio de Richard Meier, junto a la cual están las mucho menos visitadas ruinas del Mausoleo de quien mandó construirla como Altar de la Paz.

Hoy, 19 de agosto de 2014 (en el mes que lleva nombre en honor del ilustre fallecido, como julio fue renombrado así en honor a su tío abuelo) se cumple el segundo milenario de la muerte del personaje histórico conocido por uno de los títulos que el Senado de Roma le concedió: Augusto en el año 27 antes de nuestra Era. César Augusto recibió al nacer los nombres de Cayo Octaviano Turino, pero la adopción testamentaria de Julio César, hizo que desde el asesinato de éste, en el 15 de marzo del año 44 a.C.  el joven de 19 años pasó a formar parte del segundo Triunvirato con Marco Antonio y Lépido y, tras el exilio del segundo y el suicidio de aquél tras una de las más famosas batallas navales de la Historia (la de Actium), pasó a ejercer el consulado en sucesivas anualidades hasta que el Senado le confirió la potestad tribunicia y finalmente, el imperium proconsular máximo y absoluto, convirtiéndose en el primer Princeps romano, es decir, en el primer Emperador de la Historia de Occidente, no sin antes haber rechazado el cargo de dictador y, sobre todo, no sin dar a todas sus decisiones personales la forma jurídica necesaria para que pareciese que se restauraba la República en vez de iniciarse una Monarquía, pero, especialmente, sentarse las bases de un sistema político absolutamente nuevo en el que convivieron en paralelo las instituciones republicanas y las nacidas de la voluntas principis.

Octaviano nació en una familia ecuestre, y por tanto, sin la adopción de César no habría pasado a formar parte del núcleo del poder nobiliario senatorial republicano romano, formado sólo por las familias cuyos ancestros se remontan a la fundación mítica de Roma y por ello eran de rango senatorial y competían no por las riquezas, sino por las máscaras de cera de los ancestros consulares que colgaban de sus atrios. Quien quiera conocer la vida de Augusto puede leerla de su propia mano en sus “Res Gestae” , que conocemos íntegras gracias a una inscripción bilingüe (latín y griego) hallada en Ancyra (Ankara) que dictó algo más de un año antes de su muerte, cuando contaba con 76 años de edad, o bien a través de su historiador “de cabecera”, Salustio o a Tito Livio (Ab Urbe Condita) o bien, como prefiere quien suscribe, lea una obra clásica de Sir Ronald Syme: “La Revolución Romana”, recientemente reeditada en español.

No es este el lugar para resumir la vida de Octaviano, pero resulta extraño que sólo una exposición en Roma, luego trasladada a París hayan tenido cierto eco internacional y que sólo Zaragoza (Caesaraugusta) y Mérida (Emerita Augusta) hayan conmemorado la efeméride con cierto calado en un país como el nuestro, en el que el Príncipe estuvo y en el que tantas ciudades llevan en su topónimo, el título que da nombre al primer Emperador. Lo que importa ahora es destacar su faceta como político y legislador.

Es fama que Julio César, antes de su muerte, albergaba planes para la revitalización de la sociedad romana en todos los ámbitos, tras la agonía de las guerras civiles, las dictaduras, y las luchas intestinas. Un sistema político había llegado a su fin y el gobierno de un área geográfica tan vasta como la cubierta por las provincias romanas en el siglo I a.C. implicaba necesariamente cambios. Entre dichos planes, estaban los legislativos de los que no existe fuente directa ninguna. Algunos romanistas, como el prof. Paricio o le Prof. Fernández Barreiro sostienen que en realidad, el “programa político” y legislativo de César podemos estudiarlo a través de la obra de su hijo adoptivo, nuestro conmemorado Octavio u Octaviano y no sólo porque, tras sus más de 40 años de gobierno no sólo puede decirse que recibió “una ciudad de ladrillo y la devolvió de mármol” sino que no hubo aspecto de la vida política o legislativa que quedara sin remover.

En lo tocante a la constitución política romana, nunca escrita, Augusto tuvo el mérito de permitir el funcionamiento de las asambleas populares (comitia y plebiscita) proponiendo a las mismas la aprobación de Leyes (Leges) conforme a sus intereses sobre la base de su potestad consular y tribunicia, respectivamente. Al mismo tiempo, tras haber depurado con progromos sucesivos y asesinatos y ejecuciones en masa a la clase senatorial que no se rindió a sus intereses, dio nuevo lustre al Senado, que aprobó con forma de senadoconsultos las normas que Augusto sugirió se aprobasen. Así fue introduciendo reforma tras reforma, partiendo siempre de un poder militar que, como revolucionario había alcanzado alquilando ejércitos tras solicitar préstamos enormes que devolvió con el botín capturado (como los partidos políticos actuales), eso cuando no le fueron oportunamente condonados (como los partidos políticos actuales también). Al mismo tiempo, Augusto se hizo con el mando de las Provincias imperiales, dejando las más antiguas al Senado (senatoriales) para repartir adecuadamente las influencias y obtener el apoyo de la nobleza, que le faltó inicialmente.

En la esfera municipal, si Uds. han visitado alguna vez el Museo Arqueológico Nacional, recordarán haber visto una tabla de bronce llamada Ley de Irni o Lex Irnitana, todas ellas parten de las leyes modelo de Julio César (Lex Iulia Municipalis, Lex Iulia de Provinciis), que Augusto promovió como modelo de gobierno municipal y que llegan hasta la dinastía Flavia, como la antes citada sin apenas cambios.

En la esfera administrativa y militar, Octavio comenzó a entretejer todo un sistema de poder piramidal de funcionarios y normas escritas cuya cúspide era, evidentemente, el Príncipe o las secretarías del Príncipe, del mismo modo que el príncipe, como Imperator (un cargo militar) ostentaba el mando supremo de todas las legiones.

En la esfera del Derecho privado, Augusto fue un decidido luchador contra la decadencia demográfica romana, tras los últimos siglos de la República y promulgó su “legislación moral” la Lex Iulia de Maritandis Ordinibus y la Lex Iulia de Adulteriis Coercendis o la Lex Pappia Poppea, que regulaba la obligación de contraer nuevo matrimonio para los viudos y viudas, entre otras.  Además, reformó el Derecho procesal (Lex Iulia de Iudiciorum publicorum – diríamos hoy, en relación con los procesos penales – y Lex Iulia de Iudiciorum privatorum – que diríamos hoy relacionada con los procesos civiles – ) derogando algunas de las antiquísimas acciones “de la ley” (legis actiones) nacidas de las antiguas prácticas sacramentales ante el Colegio Pontifical, consagrando definitivamente el sistema (en uso desde finales del siglo II a.C.) denominado “formulario” o “agere per formulas”, manteniendo la usual bipartición entre la fase de admisión ante el Pretor y la fase de juicio ante los “arbitri” o jueces privados. Para ello, Augusto se encargó igualmente de que en la lista de árbitros o jueces se depurase a cualquier elemento indeseable (lo que es posible que no les resulte del todo desconocido).

En punto a la política, Augusto consideró necesario acabar con las conspiraciones en los collegia y sodalitates, promulgando la Lex Iulia de Colegiis, que prohibía las asociaciones clandestinas. Una buena forma de evitar la conspiración.

Pero, si alguna de las innovaciones jurídicas de Augusto nos impresiona por su calado y sutilidad (oculta un cambio revolucionario detrás de una mera denominación formal): el paso del “ius respondendi ex autoritate eius”, esto es, del derecho de los juristas a dar “responsae”, respuestas jurídicas, basado en la auctoritas que los mismos tenía por su mero saber, al “ius respondendi ex auctoritate Principis”, que era concedido a aquellos juristas que merecían el placet imperial.

Cuatro décadas de Imperio tras una revolución emprendida por un joven veinteañero con ambición infinita y presunta modestia, en los que internamente Roma vivió una época de desarrollo y paz interna muy a pesar de los enemigos “del régimen” y, sobre todo, de los enemigos exteriores, esto es los bárbaros, los extranjeros balbuceantes, que siguieron suministrando esclavos y riquezas para el desarrollo de una de las más complejas civilizaciones europeas, germen con Grecia de la nuestra actual.

Es posible que, al haber servido el Imperio romano de fuente de inspiración, también estética, a alguno de los abusos mayores del siglo XX (empezando por los sueños de grandeza del fascismo mussoliniano) volver los ojos a las lecciones de la Época Augustea no sea políticamente correcto. Sin embargo, como dice Jared Diamond en “El Mundo hasta ayer” (Debate,2013  ), la historia de los últimos 11.000 años es apenas un minuto en la historia de la humanidad y muchas de nuestras costumbres, buenas o malas, siguen siendo las mismas porque tampoco hemos cambiado tanto, por razones meramente biológicas, antropológicas y sociológicas, y lo que está escrito en los anales de hace tan solo dos milenios, en realidad ha sucedido hace nada. Aprenderlo, aprehenderlo, comprenderlo y entenderlo nos sirve de base para entender mejor lo que nos pasa aquí y ahora.

Desde hace hoy 2.000 años Octaviano, Octavio, Augusto, dejó de ser humano para ser un dios, aunque él ya se había reivindicado, no obstante su fingida modestia, como “hijo de un dios” al ser deificado César. Si su poeta oficial se llamase Virgilio y escribiese libros como la “Eneida” u su banquero habitual Mecenas, acaso dentro de 2.000 años también se hable de Ud., sufrido lector que hasta aquí ha llegado.

Que la tierra sea leve a Augusto, revolucionario, político, legislador, y a todas sus víctimas ignotas.

8 comentarios
  1. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    Respecto a su muerte, según Suetonio, ocurrió así: El día de su muerte preguntó muchas veces si su estado producía algún tumulto en la ciudad; y habiendo pedido un espejo, se hizo arreglar el cabello para disimular el enflaquecimiento de su rostro. Cuando entraron sus amigos, les dijo: ¿Os parece que he representado bien la farsa de la vida? Y añadió en griego la conclusión tradicional:”Si la pieza os ha gustado, aplaudidla
    y manifestad todos juntos vuestra alegría”. En seguida mandó retirarse a todos; preguntó todavía acerca de la enfermedad de la hija de Druso a algunos que llegaban de Roma, y expiró repentinamente entre los brazos de Livia, diciéndole: Livia, vive y recuerda nuestra unión; adiós. Su muerte fue tranquila y como siempre la habia deseado; porque cuando oía decir que alguno había muerto prontamente y sin dolor, rogaba a los dioses sirviéndose de la palabra griega, morir él y los suyos de esta manera.

  2. Rodrigo Tena Arregui
    Rodrigo Tena Arregui Dice:

    “En la esfera administrativa y militar, Octavio comenzó a entretejer todo un sistema de poder piramidal de funcionarios y normas escritas cuya cúspide era, evidentemente, el Príncipe o las secretarías del Príncipe, del mismo modo que el príncipe, como Imperator (un cargo militar) ostentaba el mando supremo de todas las legiones.”
    Vemos así que el principio del imperio romano es también la misma causa de su declive y posterior desaparición. El poder piramidal implicó la separación de las elites locales de sus responsabilidades ciudadanas, la huida a la vida interior, el auge del estoicismo y del epicureísmo y el inevitable triunfo del cristianismo. Augusto marcó el inicio de un periodo fundamental de la historia de Occidente del que hemos aprendido poco.
    Yo es que soy republicano…

    • Cvm Privilegio
      Cvm Privilegio Dice:

      Si es usted republicano, don Rodrigo, considere que fueron los orgullosos republicanos quienes hicieron imposible la República. Los Gracos quisieron renovarla, pero ya sabemos cómo acabaron, pobrecitos. Una sociedad en la que solo haya millonarios y chusma -¿quizás la sociedad hacia la que hoy nos encaminamos?- no puede ser republicana.

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    D. Juan, no parece la muerte narrada por Salustio una de las peores, pero la objetividad del historiador con respecto al príncipe no está garantizada. Habría que entender qué pasaba en la mente de Octaviano a los 20 años. He echado de menos nuevos libros sobre Augusto en su bimilenario. Un buen tema para Goldworsthy. D. Rodrigo, pues en realidad la filisofía griega había llegado ya a Roma antes, con la conquista de Grecia por Sila que en realidad significó un vuelco en la educación de los patricios romanos por los esclavos y libertos griegos. De la gramática, que es lo único que un buen romano republicano “de toda la vida” debía aprender, se pasó a la filosofía, como Ud. bien sabe. Hemos ciertamente aprendido poco de la Historia, así que volvemos una y otra vez a cometer los mismos errores. En cualquier caso, creo que existe cierto consenso entre los historiadores sobre la insiatenibilidad en el sg. I aC de la Repúbilca romana como funcionó desde los pactos patricio-plebeyos. Tal vez necesitemos retirarnos al Aventino, pero luego siempre vendrá un Octaviano y la gente creerá lo que les diga.

  4. Cvm Privilegio
    Cvm Privilegio Dice:

    ¡Vaya! Progres, bien pensantes y cántabros están todos de vacaciones.

    En otro caso, no me explico la absoluta falta de comentarios rebosantes de indignación hacia las gestas del buen Octaviano por estas tierras (técnicamente, un genocidio.)

  5. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Cvm Privilegio, estoy sin “ordenador” por una avería y el servicio técnico también está de vacaciones (o, mejor dicho, aunque les dices que pagas la urgencia si hace falta y se quejan de que no tienen “margen” no te responden y ni lo han abierto en 72 horas, así que no había visto sus comentarios hasta ahora (desde un “ordenador” prestado). Imagino que Augusto no necesitaba ordenador pero tenía libertos y esclavos que le llevaban sus “expedientes”. En fin, las democracias (repúblicas) griega y romana eran como eran: las mujeres no votaban, los esclavos no votaban, los inmigrantes – más tarde – no votaban, los provinciales votaban en sus ciudades a los senados de las mismas, pero no al de Roma. En los comicios se votaba por clases sociales, comenzando por las centurias con mayor riqueza cuyos votos valían más. De este modo, las decisiones las tomaba el 1% de la población o menos. Mi pregunta, que también es la de Dostoievski en “Crimen y Castigo” es ¿estamos hechos de una pasta tal que necesitamos revolucionarios sanguinarios de 20 años para convertirlos en héroes, perdonarles sus progromos y que pasen ellos a la Historia y no sus víctimas? Da que pensar sobre “nosotros”, los humanos, republicanos, monárquicos o anarquistas melancólicos ex cordis.

  6. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    No pueden hacerse juicios valorativos sobre la obra de un político de hace dos mil años con arreglo a criterios morales actuales. No tiene sentido. Los juicios valorativos deben hacerse desde una amplia perspectiva histórica.
    Historiadores tan poco sospechosos de simpatizar con genocidas, como Luciano Canfora, nunca tendrían la ocurrencia de calificar como genocidas a César o a Augusto.
    Sobre esta cuestión dice el eminente historiador italiano respecto a la conquista de la Galia: Naturalmente, la romanización de la Galia es un fenómeno de tales proporciones históricas que se impone que nos preguntemos si la contabilidad de los muertos propuesta por Plinio con extrema claridad (y con la acusación ácida a César de haber escondido las cifras) no debería ceder el paso, haciendo un balance histórico, a lo que podría considerarse el acontecimiento decisivo de la formación de la Europa medieval y después moderna: la romanización de los celtas, debida, precisamente, a la conquista cesariana. También a propósito de la feroz conquista del Nuevo Mundo, debida a la acción convergente de conquistadores y misioneros, por parte de la vieja Europa, surgió, y todavía no se ha agotado, la cuestión del coste humano. Tampoco ha faltado algún intento de “libro negro”, en general rebatido con el argumento de la necesidad histórica de aquella conquista. Por otra parte, todavía hoy se considera válida la pregunta:”¿qué historia habríamos tenido sin Pizarro?”, pero no la otra:”¿qué Europa habría habido sin Julio César?”

  7. Ciudadano y academico
    Ciudadano y academico Dice:

    Quizas Augusto bajo la luz moderna sea un dictador que destruyó la Républica Romana junto con su tío Julio César y ya que mencionaste el estoicismo esta doctrina filosofica se caracterizaba por no mostrar interes hacia las ciencias naturales.

    Es triste que mientras en Grecia muchos ciudadanos adinerados se dedicaban a la vida académica, en Roma solo se dedicaban a la guerra y la politica, salvo por algunas excepciones como fueron Lucrecio, Plinio y Galeno.

    Augusto solo fue eso: un dictador romano

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