Lecturas recomendadas: “El gobierno de sí y el de los otros”, de Michel Foucault

Estos días de estío son idóneos para afrontar lecturas que inviten a una reflexión profunda sobre los principios y los problemas claves de nuestra convivencia democrática. Durante el curso nos asaltan problemas políticos y jurídicos concretos a los que hay que dar una respuesta igualmente determinada. Y esa vorágine es poco propicia para detenerse a meditar sobre los presupuestos profundos que deben guiar nuestra opinión y nuestra acción. Así que, puestos a cargar las pilas en nuestro garaje estival, pocas lecturas me parecen más recomendables que este viejo (y sorprendente) curso impartido por Foucault en el Colegio de Francia entre enero y marzo de 1983, y editado en 2008 por Gallimard (traducción española en Akal, 2011).

Lo primero que sorprende, tratándose de una reproducción casi literal del audio de las conferencias, es la claridad, elegancia y precisión del texto. Sin duda que este hombre debió ser un conferenciante excepcional (al margen de ser un filósofo de primera fila, evidentemente)  lo que merece destacarse, ya que son cosas que, para nuestra desgracia, no suelen ir unidas. Parafraseando a Ortega, habría que recordar lo frecuente que resulta que los filósofos sean “descorteses”.

La segunda sorpresa es comprobar cómo la historia griega de un concepto tan aparentemente marginal como la parrhesía (que podemos traducir como “decir veraz”) es capaz de provocar tanta reflexión sobre los presupuestos y los límites de la democracia, y del papel que en ella debe jugar el político, el filósofo y, a la postre, el ciudadano.

Apoyándose en textos de Eurípides, Tucídides y Platón (entre otros) Foucault nos invita a identificar las notas de la parrhesía y distinguirla de otros conceptos análogos, y luego a ser testigos de su evolución y posterior diferenciación en dos tipos fundamentales: la política y la filosófica.

La parrhesía es el decir veraz, franco, sin tapujos. Pero un decir que se ejerce frente al poder y que precisamente por eso mismo exige coraje, en cuanto conlleva riesgos. Esta nota del riesgo –a veces el riesgo de muerte, otras del exilio, la esclavitud o la cárcel- es una nota esencial del concepto.

La parrhesía era consustancial a la democracia ateniense (ya lo apuntó Polibio) porque el buen gobierno democrático exige que el gobernante (según pone Tucídides en boca de Pericles) sea capaz de ver lo que está bien, sepa decirlo a la gente, y tenga el coraje de hacerlo.

No es nada fácil reunir las tres virtudes. Por ejemplo, la mayor parte de nuestros políticos actuales no tiene ninguna de ellas, pese a que algunos hagan carreras fulgurantes. Entre la minoría, los hay con capacidad para ver lo que está bien, e incluso puede que tengan capacidad para decirlo, pero claramente no tienen el coraje suficiente para ello. Interesante al respecto es este artículo de Félix Ovejero (“Todos eran populistas”) en el que se refiere a las declaraciones de Miguel Sebastián advirtiendo de los peligros de la burbuja inmobiliaria… antes de gobernar, claro.

Pero lo más curioso, y lo que este libro que comento revela de manera muy clara, es por qué los poquísimos políticos que son capaces de ver lo que está bien y disponen del coraje necesario para decirlo, no tienen sin embargo la sabiduría suficiente para saber cómo hacerlo.

Estamos casi tocando las íntimas contradicciones de un régimen democrático (y seguro que nuestros abundantes lectores chinos se están frotando las manos en este momento). La primera pregunta que se formula Foucault, ésta de manera explícita, es cómo, siendo la verdad imprescindible para una democracia, puede ésta tolerarla. De hecho, es que hoy sabemos que no la tolera, pues si bien es cierto que decir la verdad no conlleva en la actualidad el ostracismo o el exilio físico, sí implica el exilio político (en forma de derrota electoral o postergación dentro del partido), lo que para el político profesional es casi peor.

Pero la segunda contradicción, que el autor no formula expresamente pero que se deduce claramente de su tesis, es la enorme dificultad que supone saber cómo decir la verdad con un mínimo éxito en una democracia, aun cuando se cuente con el coraje suficiente para ello. Sencillamente, porque la parrhesía política que aspira a influir de manera real en la vida de la ciudad exige un inevitable uso de la retórica -de algún modo refractaria a la propia verdad- mientras que la parrhesía filosófica –por esencia verdadera- es completamente inapropiada para el combate político (aunque, y esa es otra cuestión, enormemente importante para educar al político).

Aclaremos esto último, porque aquí está el meollo del asunto. Frente al modelo de parrhesía política encarnada por Pericles, encontramos el prototipo de parrhesía filosófica en Platón. Éste último se juega la vida varias veces hablando franco a Dionisio de Siracusa. Diciéndole la verdad con el fin de convertirle en filósofo; lo que implica, por la vía de actuar sobre su alma, aspirar a cambiar radicalmente su forma de ejercer el gobierno. Pero es importante resaltar que Platón no pretende que Dionisio realice una determinada política concreta, cualquiera que ésta sea, sino que su decir veraz va dirigido a cambiar la persona del gobernante, es decir, a cambiar al político con el fin de que, aprendiendo a gobernarse primero a sí mismo, aprenda a gobernar a los demás. Entender La República o Las Leyes como una politeia, o como un programa político concreto, es un grave error de comprensión de la filosofía de Platón que Foucault (al igual que otros ilustres investigadores antes o después, como G. Reale) denuncia con vigor (lo que incidentalmente le sirve de excusa para burlarse de ese engendro de K. Popper llamado La sociedad abierta y sus enemigos que, al menos en lo que hace a Platón, solo revela la oceánica ignorancia del autor al respecto).

Este tipo de parrhesía filosófica es imprescindible en una sociedad democrática, como Foucault se encarga muy bien de destacar, pero no puede sustituir a la política. Porque mientras los filósofos aspiran a convertir al poder, adopte éste la forma de tirano o de demos, en el ámbito de la política hay que tomar decisiones todos los días, y tienen que ser las correctas, lo que implica buscar la adhesión inmediata del electorado a las mismas. Eso requiere ver adecuadamente el problema, tener el coraje de resolverlo, y también cierta capacidad de seducción retórica. Los filósofos pueden aporrear a los ciudadanos con el fin de hacerles entrar en razón, ¡pero el político no puede aporrear a su electorado real o potencial si aspira a ganar las elecciones! Tiene que seducirlo.

Pero, ¡ay!, sabemos desde Platón que la retórica es peligrosa y de muy difícil manejo. Se basa normalmente en intereses, conveniencias, en la psicología “realista” de la seducción: en agasajar los sentidos tal como hace el cocinero y no en provocar dolor como muchas veces exige el médico. Cuando uno aprende a conocer a fondo a la bestia y a prever sus reacciones, la tentación no consiste en reconducirla (menos aún cambiarla en otra cosa distinta por conducto de la filosofía), sino en aprovecharse de ese conocimiento para manejarla a nuestro antojo. De esta manera la parrhesía se pierde, porque ya no es un decir veraz al poder que implique un riesgo, sino una utilización interesada de la bestia para usurpar su poder en propio beneficio, o para ponerse a salvo del mismo: ya no se le dice la verdad, sino lo que ésta quiere oír.

¿Es posible entonces una parrhesía política -una retórica- capaz de escapar de estos riesgos? ¿Una retórica que, pese a ser retórica, diga la verdad? La pregunta es muy importante, porque si la respuesta es negativa –y Foucault parece bastante escéptico al respecto- entonces las democracias modernas tienen poco futuro y los chinos van a terminar teniendo razón.

Lo estamos viendo claramente en nuestro país. Contamos con dos populismos formidables: el del PPSOE y el de Podemos, que demuestran un masivo y competente uso de la retórica no para decir la verdad, sino para decir a cada bloque del electorado lo que éste desea oír. Cada uno quiere manejar a la bestia en su propio beneficio: el PPSOE para apuntalar su poder, y Podemos para sustituirlo no se sabe muy bien para hacer qué. Todos aquellos situados en los márgenes o en la mitad corren el riesgo de ser triturados por ambos rodillos.

Frente a esta amenaza la parrhesía filosófica (enfocada a educar y mutar el alma de los ciudadanos) es muy necesaria, sin duda, pero dejémosela a los filósofos. Que ellos asuman el riesgo de irritar a la bestia, como lo asumió Sócrates y Platón. En España hay algunos cuantos muy competentes, sobradamente capacitados para la tarea. Alguno lo ha demostrado ya con creces, como el Sr. Savater, por ejemplo, pero sería necesario que alguien más le diese algún relevo de vez en cuando. No obstante, el apremiante corto plazo no es tarea de filósofos, sino que para eso se necesitan políticos. Políticos que tienen que adoptar y asumir los métodos de la política –no de la filosofía- sin dejarse contaminar por ellos. ¿Es posible?

En otro libro muy recomendable (aunque en mi opinión de bastantes menos quilates que el anterior) Jacqueline de Romilly (Los grandes sofistas de la Atenas de Pericles, 1988) defiende que sí. Al menos Protágoras estaba convencido de ello: a veces el enfermo encuentra amargos algunos alimentos convenientes, pero el médico puede, con sus remedios, invertir la impresión del paciente, de modo que los mismos le parezcan buenos y lo sean; “el médico produce esta inversión con sus remedios; el sofista, con sus discursos”. Si Platón se mostraba escéptico al respecto, era porque consideraba imprescindible para el éxito duradero que el poder aprendiese primero a gobernarse a sí mismo, objetivo que solo la filosofía podía procurar. Pero, ¿acaso no ha habido casos en donde la política ha conseguido en este sentido resonantes éxitos a corto plazo?

Ha habido, desde Pericles, algunos buenos ejemplos. Gente que, haciendo un uso excelente de la retórica, ha conseguido seducir al electorado para hacer lo que éste no quería hacer y era conveniente para todos que hiciese. Ver el problema, tener el coraje de decir la verdad y saber decirla. Está claro que hoy, en las democracias modernas, sólo con dos no vale.

18 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    El tema de las cualidades que deben tener los políticos sigue siendo en nuestro tiempo un tema crucial. Es muy cierto que el político ha de saber lo que está bien. En mi opinión eso tiene tres importantes implicaciones en nuestros días. En primer lugar, el político debe tener un comportamiento éticamente irreprochable, lo que nos lleva al problema de los principios. En segundo lugar debe tener una formación suficiente y variada para poder comprender los problemas de nuestro tiempo. En tercer lugar debe estar en conexión directa con esos problemas. Uno de los problemas actuales es que muchos políticos mantienen pocas relaciones y las que mantienen siempre son con gente del mismo perfil, que tiene problemas muy semejantes, llevándole a un desconocimiento práctico de muchas realidades.

    Que el político ha de saber decir lo que está bien es un aspecto crítico, particularmente en aquellos casos en que la mejor solución sea no actuar, dejar que las cosas sigan su curso, ya que a la gente siempre le seducen más los proyectos que la inacción, aun cuando ésta sea necesaria. El político prudente debe saber explicar por qué actúa o deja de actuar. Un político que se expresa mal puede desbaratar un buen proyecto. Yo creo que para eso se necesita un buen equipo detrás, especialistas en los más diversos campos. Pero, además, el verdadero líder necesita una formación generalista, creo que a los líderes demasiado especializados les cuesta entender cómo se ve el mundo desde los planteamientos de las materias que no dominan. También se necesita una mente abierta a la diversidad de conocimientos.

    El aspecto del coraje es un aspecto de la personalidad que se facilita mucho donde hay poca corrupción. Ya que la corrupción es una de las principales razones por las que se pretende manipular al electorado, las palabras difíciles tienen más credibilidad en un país donde la lucha contra la corrupción da los frutos necesarios. Pero se necesita una población formada, cuanto más formada esté la población más sencillo será presentarla retos complejos.

    ¿Qué falla hoy en España? Creo que algunos políticos, demasiados, han perdido los principios, deben estar perdidos el oceáno de los sondeos electorales. Otros ven el mundo de manera muy estrecha, exclusivamente con los ojos del especialista en una materia. Y la mayoría de los políticos están muy lejos de la realidad de la mayoría, demasiado como para comprenderla. Creo que la solución, más que por partidos políticos concretos, pasa por cada uno de nosotros; que debemos mantener la exigencia ética, debemos formarnos e informarnos y debemos mantener el mayor contacto posible con realidades diferentes a la que vivimos cada uno.

    Reciba un cordial saludo.

    • EB
      EB Dice:

      Con todo respeto, no puedo dejar de manifestar mi profunda sorpresa por el hecho de que usted piense que se pueden definir las cualidades que los políticos debieran tener cuando ni siquiera nos podemos poner de acuerdo en las virtudes y defectos de una muestra aleatoria y pequeña de los cientos de miles de políticos que la humanidad ha conocido. Peor, mire la Iglesia Católica y fíjese cómo se han elegido a los papas. Ningún estudio de esa experiencia, hasta llegar a Jorge Bergoglio ahora el Papa Francisco, nos permitiría siquiera ponernos de acuerdo sobre las virtudes y defectos de Jorge antes de ser elegido y mucho menos después de haber sido elegido. Y lo mismo puede decirse para todas las religiones y los mecanismos de elección de sus líderes.

      Lo que falla hoy en España y en todas las democracias constitucionales son los mecanismos de control del poder. Los mecanismos disponibles son malos, muy malos en algunos países. Esa falla es un incentivo para que cualquier payaso prefiera una carrera política dirigida a aprovecharse de los giles (eso sí, los payasos tienen que encontrar filósofos que se encarguen de su publicidad) y si tiene dudas analice el caso de Barack Obama.

  2. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    El Pericles idealizado en la Historia de la Guerra del Peloponeso de Tucídides tiene poco que ver con el Pericles real, que ha sido desmitificado por Luciano Canfora en una obra recientemente publicada en España titulada “El mundo de Atenas”, cuya lectura recomiendo.
    En el capítulo XXXIII, titulado Corrupción Política dice, utilizando como fuente a Plutarco: Sin embargo el caso Pericles/Cimón es visto por Plutarco no tanto como ejemplo de conquista del consenso mediante regalos (es decir, esto no el parece abiedrtamente inquietante), sino desde le punto de vista de la procedencia del dinero y de las riquezas utilizadas, ya sea por Pericles como por Cimón, para conquistar el consenso. Mientras Cimón daba de lo suyo, “Pericles, apelando al arte de la demagogia, decretó subvenciones de dinero extraídas de las arcas públicas”. “Con las dádivas, pues, para los teatros y para los juicios, y con otros premios y diversiones, corrompió a la muchedumbre, y se valió de su poder contra el Consejo del Aerópago”.
    Más adelante dice:Un ámbito del que se habla poco en general, porque tampoco existen muchos estudios sobre el tema, es el del espionaje. Espionaje interno en la ciudad, en el que opera una tupida serie de informadores de diverso tipo, al servicio de privados, de grupos influyentes, de magistrados; y espionaje hacie el exterior. En ambos casos el vehículo común para obtener los servicios de estos informadores es el dinero.
    Como puede ver Pericles, con arreglo a criterios morales actuales, era un político degenerado que se hubiese desenvuelto como pez en el agua en España.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      Juan, hablando de espiar, mentir, pagar y sobornar, ¿ha visto la película Lincoln? ¿Otro caso de político degenerado como los que tanto padecemos hoy en España? Creo que al margen de todo eso, como en el caso de Pericles, tenía otras cualidades que era las que trataba de destacar en el post.

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    D. Rodrigo, es decir “honeste vivere”, uno de los tria iuris praecepta de Ulpiano, sin los cuales el Derecho – la vida ordenada en sociedad encaminada a la Justicia – no existe como tal y que comenté en su día en este “blog” (por cierto, “blog” es como una onomatopeya de una gota de agua grande que cae en un estanque o un canto de río que se tira a una poza honda en el río mismo (cualquiera de los de la Montaña Leonesa es recomendable al efecto, el Luna, el Esla, el Bernesga, el Torío, el Órbigo, pues suenan muy bien, especialmente en las pozas de las hoces de Vegacervera y de Nocedo). Como decía Cicerón: “fit quod dicit”, haz lo que dices y advierte de lo que vas a hacer. Como vengo sosteniendo, volver la vista a los clásicos (también a los nuestros del Siglo de Oro) es una forma de encontrar herramientas para afrontar el porvenir. Gracias por el post dominical. Habrá que comprarse el libro o, mejor aún, pedirlo en la biblioteca pública más próxima, a ver si lo tienen.

  4. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    Insisto en que Pericles no es un buen ejemplo de líder positivo.
    Si los medios utilizados por Pericles en su acción política eran poco decentes, resulta que si se valora su política por los resultados, a diferencia del presidente Lincoln o de Augusto, el balance resultó muy negativo.
    Llevó a cabo una política imperialista tan agresiva como imprudente con el fin de obtener recuros suficientes con que contentar al pueblo del modo en que me he referido en el anterior comentario y terminó provocando la mayor guerra conocida hasta entonces. Cuando murió la situación de Atenas era desastrosa, aunque tuvo la suerte de morir antes de que su estrategia fracasase por completo.
    Donald Kagan, con el rigor que le caracteriza, llama a su estrategia «una forma de pensamiento lleno de deseos que falló».
    Insisto en que Tucídides no fue imparcial a la hora de valorar a Pericles.
    Platón, por ejemplo, tenía una opinión muy negativa del personaje, que expone en el Gorgias.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      A mi me parece más fiable Tucídides que Donald Kagan, que quiere que le diga, aparte de que eso del “rigor que le caracteriza” debe ser una broma, supongo, al menos en estos temas (al respecto le apunto la negativa crítica de Mary Beard a esta obra en “La herencia viva de los clásicos”). Por otra parte Platón no expone en el Gorgias ninguna opinión “muy negativa” de Pericles. Ni tampoco de Protágoras, ni de Gorgias, ni de ninguno de los grandes sofistas de su tiempo. Simplemente se limitaba a señalar los límites de la retórica. Pero en cualquier caso no vamos a ponernos en este blog a discutir ahora qué opciones tenía Pericles al comienzo de la guerra del Peloponeso y si la derrota la motivó su política o la absurda expedición a Sicilia propiciada por Alcibiades. Lo que creo que nadie puede discutir es que ya nos daríamos en la actualidad con un canto en los dientes si nos saliese en España un político del estilo.

    • EB
      EB Dice:

      Rodrigo,

      Sin entrar a discutir a Pericles, sí le discuto que Pericles o cualquier otro político de su gusto en la historia de la humanidad sirvan para entender lo que pasa hoy en las democracias constitucionales. Las preguntas importantes son (1) qué tipo de gente joven decide dedicarse a la política dado los incentivos existentes, y (2) por qué no existen incentivos adecuados para que gente joven con el potencial de llegar a ser adultos que cumplan con determinados criterios se decidan por la política. Mientras uno no tenga respuesta clara a la primera pregunta, la segunda es entretenimiento. Me permito preguntarle qué respondería usted a un(a) hijo(a) o sobrino(a) que le consulta hoy sobre su interés por dedicarse profesionalmente a la política y qué argumentos usaría para persuadirlo en una u otra dirección (complementariamente, suponga que le consulta sobre su interés para dedicarse a la abogacía y entonces la pregunta es si usted se tomaría el trabajo de persuadirlo que es una opción mejor o peor que dedicarse a la política).

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Agradecer el esfuerzo del autor para tratar de resumirnos la conferencia de Foucault y actualizar su propósito más relevante para terminar en el problema de la comunicación y de las democracias en sociedades modernas y de masas. Gran trabajo.

    Ayer, al comentar el artículo de Gª de Leaniz terminamos hablando del mismo asunto –la comunicación, hoy–. Probablemente el esfuerzo más complejo y difícil que puede plantearse en las sociedades modernas. Y ello por no hablar de su condición previa necesaria: El Discernimiento para cercarnos a algunas de las caras de la Verdad.

    Una vez resuelto el problemilla de “La Verdad” –¡casi nada!– hay que Transmitirla de forma eficaz para el bien de quienes la reciben. No es difícil ver la naturaleza cuasi religiosa del empeño y del propio camino al que la “Parusía” nos conduce. De ahí que la recalada en Sócrates resulte obligada.

    En cualquier caso, muchas gracias, porque tenía la sensación de que hacía tiempo que no aparecían artículos o comentarios de Rodrigo.

    Buenos días

  6. Teilhard
    Teilhard Dice:

    ¿Puede hablarse de populismo en una organización que se comforma desde abajo. Que otorga a cada ciudadano la posibilidad de tener sus propias ideas y expresarlas? Que no pretende hablar a las multitudes sino que las multitudes hablen?

    Le conmino a que tome conocimiento de la vastedad de ideas que una Ingente multitud de ciudadanos está expresando en las redes. Muchas realmente originales algunas brillantes.

    Estamos asistiendo por primera vez a una genuina muestra de la potencia de la multitud a que se refirió un gran epicúreo

  7. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    Don Rodrigo, le contesto a su amable réplica a mi comentario.
    Respecto a que prefiera a Tucídies, sobre esto cada cual es muy libre de elegir al autor a quien dar credibilidad, pero que diga que se toma a broma las conclusiones de Kagan le diré que ha sido el autor de la obra más exhaustiva que se ha publicado hasta ahora sobre el tema que estamos discutiendo, y que su currículum académico, que puede consultar en la página web de la Universidad de Yale, impone respeto. Le invito a que busque a otro autor que pueda presentar un currículum como el de Donald Kagan.
    Respecto al Gorgias de Platón, no he inventado nada como me parece que usted sugiere. Estoy de vacaciones y no lo tengo a mano, pero si le trascribiré lo que dice Luciano Canfora en la obra que he citado en otro comentario, que es el libro que he acabado de leer y recomendado: En el Gorgias es Sócrates quien habla, quien describe a los grandes corruptores de la política. A su juicio, en la historia ateniense éstos son cuatro: Milcíades, Temístocles, Pericles y Cimón. Platón es despiadado, como siempre, en su crítica radical del sistema político ateniense. Los personajes que aquí condena en bloque habían sido rivales entre sí; sin embargo, los condena a todos por igual en cuanto corruptores del pueblo. Porque hicieron aquello que Tucídides niega que Pericles haya hecho: hablar pros hedonèn, “para complacer al pueblo”. Reprocha a Pericles precisamente su oratoria demagógica, el estar a favor de la asamblea, y por eso dice el Sócrates del Gorgias: “hizo a los atenienses peores de lo que eran”. No solo lo condena por esta oratoria demagógica, por este secundar al pueblo, sino también porque por primera vez introdujo un salario para los oficios públicos (páginas 123 y 124).
    Respecto a entablar una discusión con usted sobre las causas de la guerra del Peloponeso, estoy de acuerdo, ya que ni usted, que yo sepa, ni yo, somos historiadores profesionales, sino meros aficionados, por lo que sería un debate de escaso nivel. Me parece que lo mejor es que los seguidores del blog que tengan interés por este tema lean las obras que hemos citado en nuestros comentarios y saquen sus propias conclusiones sobre Pericles.

  8. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    En este momento parece haber una ventana de oportunidad para mejorar la capacidad de acceder a alguna información fiable, de reflexionar sobre ella y de contribuir a la formación de una opinión pública algo más independiente de unos Mass Media concentrados e influenciables por el mundo que solemos representar por “el 1% de Stiglitz”.

    Esta ventana no es muy grande pero parece mayor de lo que era hace veinte o treinta años. Con todo, es posible que vuelva a cerrarse o que surjan formas de influenciar Internet por cuenta de los mismos intereses que han terminado por capturar gran parte de los medios.
    De hecho ya es un “business” bastante activo intentar influenciar o neutralizar la formación de opinión adversa en esta red. Tanto comercial como políticamente.

    Actuar en Internet -Red- es distinto de hacerlo en un entorno mediático clásico -Broadcast, Top-Down, Jerarquizado, from One to Many, etc-. Algunas diferencias no son evidentes

    Una es la organizativa. Una organización con la estructura formal de un partido clásico tiene dificultades para actuar en red (en modo “No-Propaganda”). Las redes pertenecen al mundo de las organizaciones informales donde la interacción es From Many to Many, y donde tan importante es el “dar” (opinar) como el “recibir” (escuchar).

    Actuar eficazmente en red es carísimo porque el nivel de involucración y de talento exigido es muy superior al del modelo clásico que depende poco de un talento escaso y difícilmente “comprable”.

    Otra diferencia son los estilos de liderazgo.
    En las primeras se espera un liderazgo clásico. Tipo Patriarca Benévolo, Atila rey de los Hunos u otros como el Buen Pastor bíblico. Figuras sacralizadas, carismáticas. Un modelo neuronal consagrado por las narrativas religiosas, políticas e históricas.

    En las segundas cuenta más el sentido de contribución, de “servicio”, que permite la cohesión del grupo y la autonomía de sus individuos.
    No hablo de “absolutos” sino de “gradación”. En el primero prima el Pastor y en el segundo el Grupo de Individuos Autónomos, en crecimiento.

    Por decirlo de alguna forma ¿Es lógico pensar que si el ser humano ha de evolucionar y crecer podrá hacerlo sin un cambio importante en los modelos de liderazgo? ¿Sin un incremento notable de su autonomía moral?

    Creo que no y que del mismo modo que, con altos y bajos, hemos llegado hasta aquí, el futuro nos irá llevando a “mejores individuos humanos”, más autónomos, no menos. Una idea del hombre, un arquetipo moral.

    Algunos de los modelos de comunicación en Internet son un híbrido de ambos modelos (Twitter, por ejemplo, replica el Star Sytem, el Club de fans, etc) cada uno con sus rasgos y sus carencias.

    En cualquier caso, creo que entre nosotros son muchas más las afinidades y los intereses comunes que las discrepancias y quizás va siendo hora de explorar formas de actuar complementarias y diversas porque las funciones de los “foros”, siendo importantes, son limitadas y frágiles.

    Complementarlas es clave.

  9. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    Continuando mi anterior comentario en lo relativo a la parte del Gorgias en el que Platón considera a Pericles como mal político, y que me han enviado por correo electrónico:
    SÓCRATES. – Nada. Pero dime algo más, se cree comunmente que los atenienses se han hecho mejores mediante los cuidados de Pericles ¿O todo lo contrario; esto es, que los ha corrompido? Oigo decir, en efecto, que Pericles ha hecho a los atenienses perezosos, cobardes, habladores e interesados, habiendo sido él el primero que puso a sueldo las tropas.
    CALLICLES. – Esas cosas, Sócrates, sólo se las oyes a los que tienen entorpecidos los oídos.
    SÓCRATES. – Por lo menos, lo que voy a decir no es un simple se dice. Yo sé, y tú mismo lo sabes, que Pericles se hizo al principio de una gran reputación; y que los atenienses, en los tiempos en que eran más malos, no dictaron contra él ninguna sentencia infamatoria, pero que al fin de la vida de Pericles, cuando ya se habían hecho buenos y virtuosos por su mediación, le condenaron por el delito de peculado, y poco faltó para que le condenasen a muerte, sin duda considerándolo un mal ciudadano.
    CALLICLES. – ¡Y qué! ¿Por esto lo era Pericles?
    SÓCRATES. – Se tendría por un mal guarda a todo hombre que tuviese a su cargo asnos, caballos y bueyes, si imitase a Pericles; y si estos animales, hechos feroces en sus manos, coceacen, corneasen y mordiesen, cuando no lo hacían antes de habérselos confiado. ¿No crees que, en efecto, se da pruebas de gobernar mal un animal cualquiera que él sea, cuando habiéndole recibido manso, se le devuelve intratable? ¿Qué opinas? ¿Sí o no?
    CALLICLES. – Por darte gusto digo que sí.
    SÓCRATES. – Hazme el favor de decirme si el hombre entra o no en la clase de los animales.
    CALLICLES. – ¿Cómo no ha de entrar?
    SÓCRATES. – ¿No eran hombres los que Pericles tomó a su cargo?
    CALLICLES. – Sí.
    SÓCRATES. – Y bien, ¿no era preciso, según hemos ya convenido, que de injustos que eran se hicieran justos bajo su dirección, puesto que los tomaba a su cargo, si realmente hubiera sido buen político?
    CALLICLES. – Seguramente.
    SÓCRATES. – Pero los justos son suaves, como dice Homero. ¿Tú qué dices? ¿Piensas lo mismo?
    CALLICLES. – Sí.
    SÓCRATES. – Pero Pericles los ha hecho más feroces de lo que eran cuando se encargó de ellos, y feroces contra él mismo, lo cual debió ser contra sus intenciones.
    CALLICLES. – ¿Quieres que te lo conceda?
    SÓCRATES. – Sí, si te parece que digo verdad.
    CALLICLES. – Concedido.
    SÓCRATES. – Haciéndolos más feroces, ¿no los ha hecho más injustos y más malos?
    CALLICLES. – Sí.
    SÓCRATES. – En este concepto, Pericles no era un buen político.
    CALLICLES. – Si tú lo dices.
    SÓCRATES. – Y también, seguramente, si se juzga por las concesiones que has hecho. Dime ahora, a propósito de Cimón, los que tenía a su cuidado ¿no le hicieron sufrir la pena del ostracismo, para estar durante diez años sin oír su voz? ¿No observaron la misma conducta respecto a Temístocles y además no le condenaron al destierro? Milcíades, el vencedor de Maratón, ¿no lo condenaron a ser sumido en un calabozo como se hubiera realizado, si no lo hubiera impedido el primer pritane? Sin embargo, si éstos hubieran sido buenos ciudadanos, como dices, nada de esto les hubiera sucedido. Es natural que los conductores hábiles de los carros caigan de sus caballos al principio, y no que caigan después de haberles enseñado a ser dóciles y de hacerse ellos mejores cocheros. Sucede lo mismo en la conducción de los carros que con cualquier otra cosa. ¿Qué piensas de esto?

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      Vamos a ver, comencemos por Kagan.
      Kagan es especialmente famoso no por su rigor en Tucidides y en la Guerra del Peloponeso, cuya literatura al respecto dejó de leer hace treinta años (al menos si nos hemos de guiar por sus citas) sino por sus incursiones en la política contemporánea, sólo o en compañía de su hijo, donde defiende una política conservadora ferozmente agresiva, incluyendo un aumento constante en gastos de defensa por parte de EEUU. Esa visión de halcón le hace considerar que la postura conservadora de Pericles -y no la agresiva como usted dice- fue radicalmente errónea. En su opinión Pericles no se equivocó por demagogo e incitador a la guerra, sino por no querer afrontarla de manera decidida, vaya por donde. Si pecó, en su opinión, fue por falta de coraje imperialista, no por lo contrario. En fin, un poco friki.
      Continuemos por Gorgias.
      Este texto que usted ha reproducido no hace otra cosa que darme la razón absolutamente. A Sócrates/Platón lo que le interesa es el alma de los ciudadanos, convertirla, cambiarla, mejorarla. Eso es misión de la filosofía, no de la política ni de la retórica. Desde este punto de vista TODO político es “malo” por incompleto e insuficiente. Sólo salva la filosofía. Esto ya lo he explicado en el post, pensaba que con bastante claridad. Pero de ahí deducir que la visión de Platón de Pericles es “muy negativa”, en cuanto político, es no comprender en absoluto la filosofía de Platón, lo que por cierto es algo que está muy extendido.

  10. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    La Grecia antigua, realmente la percepción, nos vale como instrumento de reflexión para tratar de explicarnos algunas partes del presente. Pero, siendo factor relevante para la comprensión, no me parece que nos sirva mucho para entender y tratar de remediar nuestras sociedades actuales.

    Su complejidad, su “inclusividad”, sus valores éticos y morales, sus estructuras eran, o bien de naturaleza radicalmente diferente a las nuestras o están sujetas a varios órdenes de magnitud diferencial. La “cantidad” altera profundamente la “cualidad”.

    Estamos comparando una forma de sociedad “heroica” con una sociedad “emotivista”, una con absolutos discernibles y compartidos con una sociedad fragmentada y hundida estructuralmente en el relativismo. Para algunos, estaríamos al principio del final del túnel de la Ilustración, en la muda agonizante y larga de la modernidad.

    Por si puede servir como contrapunto traigo un párrafo de MacIntyre al respecto de la discusión.

    Cita.

    «Por ello la fidelidad es la virtud clave de las mujeres implicadas en relaciones de parentesco. Andrómaca y Héctor, Penélope y Ulises son tan amigos (philos) como lo son Aquiles y Patroclo. Espero que esta descripción deje claro que cualquier interpretación adecuada de las virtudes en las sociedades heroicas no es posible si se las separa de su contexto en la estructura social, del mismo modo que una descripción adecuada de la sociedad heroica no es posible si no se incluye una interpretación de las virtudes heroicas”
    Fin de cita.
    Pag 158 “After Virtue”

    Sobre el tema de Kagan y en general los frutos –originalmente Demócratas USA– del “Neoconismo”, creo que es imprescindible entenderlo para………no compartirlo.

    Realmente es casi el único esfuerzo intelectual de nivel que ha recibido atención mediática (lo cual en sí mismo es toda una acusación). Otros, quizás más valiosos, apenas se nos muestran o se censuran directamente.

    En cierto modo es ver cómo en una sociedad hoy “emotivista” un grupo de conversos se cae del caballo y nos propone una ética heroica basada en el poder “virtuoso” en todas sus formas. Dado que el militar es el más fácil de adquirir pues es éste el que predomina.

    Sin embargo me parece que en este tipo de sociedad, regida por el poder absoluto a ultranza, no es posible plantear la pérdida de un fundamental pilar: El poder militar.

    Comenzando porque es este poder, la sensación de seguridad que otorga, lo que permite a EEUU financiarse tan barato que sus inversiones externas siempre tengan una rentabilidad superior al coste de su deuda.

    Es decir, resulta dudoso que sea una opción la reducción de la superioridad militar. El político que esto se plantee hoy está objetivamente socavando las bases reales de la posición hegemónica. Hacerlo sin un cambio radical de opinión global es posiblemente un suicidio.
    Las cosas son muy complicadas y tratar de discernirlas con alguna claridad una pesadez. Seguiremos intentándolo.

    Buenos días

  11. Juan Ciudadano
    Juan Ciudadano Dice:

    Don Rodrígo, cuando digo en mi anterior comentario que Pericles llevó a cabo una política imperialista tan agresiva como imprudente con el fin de obtener recursos suficientes con que contentar al pueblo y terminó provocando la mayor guerra conocida hasta entonces no estoy expresando lo que dice Kagan, sino lo que yo pienso; a Kagan lo cito en el párrafo siguiente, y exclusivamente en relación de su estrategia para ganar la guerra, que Kagan califica como “una forma de pensamiento lleno de deseos que falló”.
    Kagan no hace esa afirmación sin más, sino tras exponer varios argumentos que figuran en su obra “Sobre las causas de la guerra y la preservación de la paz” (pags, 73 y ss.), que en síntesis son:
    1º Falta de credibilidad, porque los atenieneses tendrían que tolerar los insultos y acusaciones de cobardía, lo que violaba la experiencia cultural griega, la tradición heróica que colocaba el coraje en la guerra sobre el pincáculo de las virtudes giregas.
    2º Era inverosímil, porque iba en contra de la costumbre y la cultura griegas por lo que era muy difícil de ejecutar, y además, si la crisis pasaba sin llegar a un acuerdo esencial y el conflicto resurgía una vez muerto Pericles, que por esa época tenía 65 años, su estrategia no sería posible y la alternativa la derrota segura, como así terminó ocurriendo.
    3º Si el obejtivo más deseable era evitar la guerra mediente la disuasión, la guerra defensiva no era la más adecuada, porque no atemorizaba a los espartanos, para los que el único coste que les supondría era marchar hasta Atica durante un mes y causar el mayor daño posible, cosa que hicieron.
    Le invito a que refute estos argumentos.
    Respecto a la ausencia de citas en su obra desde hace treinta años, si ese dato desacredita su obra, según usted, también habrá que que tener por descreditas obras fundamentales, como, por ejemplo, la Historia de las cruzadas, de Runciman; aunque, curiosamente, a pesar del paso del tiempo, sea un obra muy citada por los historiadores actuales.
    Respecto a la afirmación que hago relativa a agresiva la politica imperialista de Pericles, me remito a lo que dice Luciano Canfora en la obra ya citada y que trascribo: “Lo cierto es que, desaparecido Efilates, Pericles protèuei, pasa a ser la figura principal, siguió una política que Tucídides admira, centrada en dos direcciones: los trabajos públicos y al agresividad imperial” (pag. 129). “Ejemplo de esa agresividad fue el ataque a Egipto, que dio lugar a un guerra que duró seis años (459-454), y que terminó con la pérdida de doscientas naves y de miles de hombres” (pag. 131).
    Respecto al entendimiento de la obra de Platón, le diré que personas más doctas que usted y yo, en tanto que han dedicado su vida profesional a estudiarla, ofrecen intrepretaciones diversas; por lo que calificar de ingnorantes a quienes no la entienden como usted me parece algo arriesgado.
    Y volviendo al Gorgias simplemente diré que es llamativo que a Temístocles, Cimón y Milcíades se les cite de pasada, pero que sobre Pericles se cargen las tintas, como ejemplo de político maligno.

  12. EB
    EB Dice:

    Recién leo lo siguiente

    “Hollande miente todo el tiempo. Por eso está al 20% en los sondeos. Miente. Miente todo el tiempo, desde el principio”, comenta Montebourg al periodista Valentin Spitz, que el próximo 10 de septiembre publicará esa y otras anécdotas en “Moi président” (Éditions l’Archipel).

    No se si Hollande fue discípulo de Foucault, pero si apuesto a que no hay ningún político discípulo de Foucault que sea honesto. Quizás el ex-ministro Montebourg exagera, pero su afirmación implica que Hollande gana a todos los demás políticos de hoy día, incluso al mismísimo Obama (miente sólo cuando habla pero cuida bien sus gestos cuando hace algo; por ejemplo, no se sabe que Obama se haya arrancado en motocicleta para ocultar algo, mientras que Hollande es el fantasma parisino de la motocicleta).

    No importa cuantos clásicos y filósofos se hayan estudiado en detalle, la literatura y la filosofía poco ayudan a lograr la claridad moral que la gestión de gobierno exige y nada a lograr claridad estratégica.

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