Economía colaborativa y licencias Creative Commons o cómo hacer realidad la gratuidad de los libros de texto.

En estos días de inicio de curso escolar uno de los temas que más preocupa a las familias españolas es el precio de los libros de texto y material escolar, cuyo desembolso representa una auténtica sangría económica para la mayoría de las familias. El gasto medio por alumno en la etapa obligatoria, según datos del INE, ronda los 400 euros por alumno y ello a pesar de que la Constitución establece en su artículo 27.4 CE  que “la enseñanza básica es obligatoria y gratuita”.

La enseñanza gratuita en la etapa obligatoria es un pilar fundamental del Estado de Derecho y condición necesaria para que exista una verdadera igualdad material. Para hacer efectivo este mandato constitucional, la gratuidad no debe quedar limitada a la prestación del servicio educativo en cuanto tal, sino que ha de extenderse a todos los elementos necesarios, incluidos los libros de texto, como ha dicho el Defensor del Pueblo, Institución que desde el año 1995 lleva insistiendo sobre esta misma idea. En el más reciente Informe, de 2013,  se afirma que “la gratuidad ha de abarcar a todo el conjunto de actividades y medios que resultan precisos para que los alumnos cursen las enseñanzas correspondientes” y se insta a los responsables a buscar medidas que la hagan efectiva, mostrando preferencia por los programas de préstamo por ser más eficientes (al ser mayor el número de usuarios potenciales con el mismo coste) y porque la reutilización fomenta, en sí misma, la adquisición de un hábito de alto valor educativo.

La Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la Calidad Educativa, en su Disposición adicional quinta, establece que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte “promoverá el préstamo gratuito de libros de texto y otros materiales curriculares para la educación básica en los centros sostenidos con fondos públicos, en el seno de la Conferencia Sectorial de Educación”.

El problema para hacer realidad la gratuidad que exige nuestra Constitución es que los libros de texto siempre han tenido un coste y un precio (nada es gratis, recuerden) y en este escenario el debate giraba en torno a quién habría de pagarlos, si el Estado o las familias.

Este escenario tradicional se asentaba sobre dos premisas. La primera, que los libros han de editarse, imprimirse y distribuirse a través de los cauces tradicionales. La segunda, que todos los libros están protegidos por derechos de propiedad intelectual. A estos condicionantes habría que añadir un tercero, imperante en España hasta 2007, que era el precio fijo de los libros (incluidos los de texto) y felizmente suprimido (al menos para los libros de texto) en parte por las recomendaciones que el extinto Tribunal de Defensa de la Competencia dirigió en 1995  por la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas. 

La utilización de libros de texto no es obligatoria en el sistema educativo español y nada impide que se utilicen materiales elaborados por los propios profesores, como se apunta en un reciente post del blog “nada es gratis”. Ahora bien, los libros de texto presentan una ventaja competitiva evidente: cumplen los programas oficiales y están orientados a un curso académico. Esta ventaja tiene también que ver con las economías de escala, pues la elaboración de materiales por el profesor para un reducido grupo de alumnos resulta comparativamente menos eficiente. Esto es así en el esquema tradicional. Hasta ahora.

Un grupo de profesores de la Comunidad de Madrid han comenzado a publicar material didáctico y libros de texto que se ajusta a los programas oficiales. Estos contenidos han sido creados bajo una licencia “creative commons”  por la que se autoriza la libre reproducción de la obra siempre que se cite la fuente, de manera que los interesados, por ejemplo, en reproducir los materiales, no tendrán que solicitar permiso al titular de los derechos pues, mediante este tipo de licencia, el permiso se entiende concedido de antemano. Al estar libre de derechos por expresa decisión de los autores, estos materiales no solo son fuente de competencia, sino que su carácter gratuito les otorga una ventaja competitiva.

Los proyectos de economía colaborativa son más eficientes cuantos más usuarios pueden aprovechar los mismos recursos. En este caso, los recursos son las horas de trabajo y los conocimientos de los profesores. Solo gracias a Internet – que permite que los contenidos sean accesibles a un número potencialmente ilimitado de personas – es posible que un proyecto de esta naturaleza sea eficiente.

Es prematuro saber cuáles serán las consecuencias de esta iniciativa, así como su impacto en las economías de las familias y en la estructura del mercado. Ello dependerá, como es obvio, del número de alumnos que lleguen a utilizar estos materiales y de otros factores que no quiero aventurar.

Pienso que no estamos aún suficientemente concienciados de lo importante que es la defensa activa del dominio público en el ámbito de los derechos de propiedad intelectual y quizá pronto llegue el día en que esto nos parezca tan necesario para la sociedad como la defensa del medio ambiente. Este tema lo dejo para otro posible post pero aquí está (para quien tenga tiempo y ganas) el libro del Profesor de la Universidad de Duke James Boyle 

Cualquier avance tecnológico puede generar resultados impredecibles y por esta razón hay quien ve en el progreso una amenaza. Creo que algunos no les falta algo de razón, pues el progreso tecnológico, para que sea útil a la Humanidad, ha de venir necesariamente aparejado del progreso moral. Si pensamos que diez años después de la invención de los aviones, ya se utilizaron para bombardear ciudades, cualquier avance técnico se nos presenta como algo temible. Pero ¿y si pensamos en cuántas vidas se han podido salvar gracias a los avances médicos o la facilidad con que podemos comunicarnos con nuestros seres queridos gracias a las nuevas tecnologías?

Las sociedades cristalizan en torno a un sistema de valores que en parte se transmiten a través de la educación. De ahí que el control de los contenidos educativos haya sido un empeño histórico de todos los regímenes totalitarios, esencial para fraguar mentes monolíticas, extirpando de ellas elementos tan peligrosos para la estabilidad social como la creatividad, que resulta esencial para el pensamiento crítico.

Una iniciativa como la aquí descrita presupone a sus promotores un espíritu altruista que necesariamente impregnará esos contenidos y ya no solo por su valor ejemplarizante, sino por la sensibilidad social que han demostrado los docentes implicados en esta tarea. Ya lo dijo Emerson: “el secreto de la educación está en el respeto al discípulo”.

10 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Artículos como éste, que aportan conocimiento sobre las aristas de la propiedad intelectual, son muy de agradecer. Es muy importante la creación de plataformas que enlacen a autores y usuarios de manera interactiva, ya que un profesor que ha sido usuario de unos determinados libros, puede convertirse en autor de otros. Quizá se podrían arbitrar cauces para incluir a las editoriales tradicionales en proyectos como éste. Existen libros de texto tradicionales muy bien escritos a los que quizá tampoco convendría renunciar. Creo que las editoriales y los autores de libros tradicionales podrían incorporarse a este tipo de proyectos. Podrían ahorrar gastos en los soportes materiales y en la actualización continua de los contenidos, que muchas veces puede ser una necesidad más comercial que real y que se podría realizar a través de la plataforma. Además, si este tipo de plataformas se convierten en adquirentes de derechos de propiedad intelectual, podrían dar mayor liquidez a estos derechos. También podrían poner en contacto a traductores al español con autores y editores de libros de texto escritos en otros idiomas. Creo que es bueno que a un determinado libro de texto se le pueda traducir, añadir, revisar, comentar, recortar o modificar en cualquier sentido con el consentimiento de quienes tienen derechos sobre el libro de texto y creo que este tipo de plataformas, con o sin ánimo de lucro, pueden ser un buen cauce para ello. Estas plataformas pueden ofrecer una remuneración a los titulares de derechos de la propiedad intelectual a cambio de este tipo de cesiones y, a partir de una obra que tenga la autoridad suficiente como para que haya interesados en trabajar sobre ella, construir textos adaptados a la necesidad de cada profesor o grupo de profesores, porque varios profesores pueden colaborar en el mismo proyecto. En este punto creo que es clave que la plataforma garantice que se pueda saber con exactitud qué parte del resultado final proviene de la obra original y cuánto hay de modificación. Creo que sería una manera de que el conocimiento produzca más conocimiento y no más papel.

    Reciba un cordial saludo.

  2. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Dña. Carmen, son las 20:21 y sólo hay un comentario a su post que es sencillamente magistral. Curiosamente coincide con la entrevista de ayer en un diario a Jeremy Rifkin, que merece la pena leer. Sócrates estaba convencido de que si las siguientes generaciones leían y escribían no memorizarían y serían más torpes. La realidad le ha dado la razón y ahora memorizan estas maquinistas por nosotros. Bueno, no pagaremos los libros o pagaremos unas licencias razonables de creative commons, pero ¿y la licencia del software del computador para bajarse los trabajos de los profesores? ¿Y el computador? ¿Dejaremos de pagar a los editores para pagar a los fabricantes de hardware o software o expropiaremos a Steve, Bill & Co? Plantea Ud. un problema muy muy muy interesante y he aprendido mucho. Voy a imprimir su post (espero no necesitar su licencia para ello, pero se la pido) y a subrayarlo y anotarlo porque me plantea muchas cuestiones muy interesantes. Por ejemplo: “Las sociedades cristalizan en torno a un sistema de valores que en parte se transmiten a través de la educación. De ahí que el control de los contenidos educativos haya sido un empeño histórico de todos los regímenes totalitarios, esencial para fraguar mentes monolíticas, extirpando de ellas elementos tan peligrosos para la estabilidad social como la creatividad, que resulta esencial para el pensamiento crítico.
    Una iniciativa como la aquí descrita presupone a sus promotores un espíritu altruista que necesariamente impregnará esos contenidos y ya no solo por su valor ejemplarizante, sino por la sensibilidad social que han demostrado los docentes implicados en esta tarea. Ya lo dijo Emerson: “el secreto de la educación está en el respeto al discípulo”. SI no le importa, léase mi post sobre la educación (paideia) y el derecho en este blog. Siento la autocita, pero es para no alargar este comentario, esperando que se desbloquee la Web y lleguen muchos más y mejores de nuestros habituales co-parroquianos (¿Hay partido de fútbol o algo?)

    • KC
      KC Dice:

      Hay una anécdota muy curiosa en relación a Rikfin, y es que cuando escribió aquello de “El fin del trabajo” algunos economistas españoles se preguntaban públicamente a mediados de los 00′ dónde estaba el negativo vaticinio de Rifkin sobre el tema del desempleo. Hay casos muy “graciosos” de algunos que se envalentonaron a escribir precipitadamente en sus blogs… Y luego pasa lo que pasa.

  3. ignacio herranz
    ignacio herranz Dice:

    Es una idea muy buena, lo increíble es que no se haga. Hace poco investigué un poco la respecto y no vi ninguna iniciativa de este tipo que estuviera en marcha.

    Si hay alguien por ahí que tenga capacidad organizativa para hacer unos libros de texto pdf y licencia libre, puede contar con mi apoyo. Un saludo.

  4. Juan de Ortega
    Juan de Ortega Dice:

    Muchas gracias a la bloggista. Gran idea, pero irrealizable en España. Una pena.

    Si se hiciese como se propone sería posiblemente el fin del mundo como lo conocemos:

    1.- ¡¡las editoras no podrían fijar el precio de los libros de texto!!, (¡¡30 euros un libro de 20 páginas amigos!!. Y con los contenidos que dice la Consejería de turno y a precio fijo, no vayan a bajarlo. ¿¿¿¿es eso legal????….. Cada año nos sale más caro que el Quijote de Saura).
    2.- Los niños tendrían que ser más autónomos.
    3.- Los libros de los mayores podrían pasarse a los más pequeños sin necesidad de hacer grandes colas y problemas de espalda para arrastrar las bolsas con los libros de cada año: debidamente subrayados y escritos para que sean inutilizables.
    4.- La administración no debería cambiar los libros cada pocos años, con lo que habría más funcionarios para hacer otras cosas de mayor utilidad.
    5.- A los profesores y sus hijos no les podría regalar la editora los libros que “receta” el colegio. Pregunten, pregunten….
    6.- No tendríamos libros distintos en cada Comunidad Autónoma (léanse lo que dice de la arquitectura de los romanos el libro de Conocimiento del Medio de la Comunidad de Madrid. ESO DARIA PARA UN POST COMPLETO….
    7.- No sería necesario hacer clubs de padres para intercambiarnos libros poco subrayados de hijos mayores…..
    8. Las empresas tendrían que competir en calidad frente a un producto realizado colaborativamente (o incluso el libro de texto podría hacerse a lo largo del curso, como hacen en colegios extranjeros, consultando internet, aprendiendo lo que es una biblioteca, etc.). Cuidado!!!

    En fin. IMAGÍNENSE: a lo mejor incluso debiendo competir un poquito, sólo un poquito, a algún genio emprendedor se le ocurriría vender los libros ¡¡¡¡FORRADOS!!!!. Por favor, yo no puedo porque soy un poco mayor, no tengo tiempo al estar ocupado en dar de comer a la familia todos los días y no soy tan emprendedor como querría: en nombre de todos los padres y madres del mundo mundial (español): ¡Den la opción de que los libros se vendan FORRADOS!! ¡Incluso cobrando más, total al precio que están ya!. ¿¿¿¿AMAZON????. ¿¿¿Dónde estás????. Llevo semanas dando la idea en los chinos de mi zona, pero ni por esas. Cada vez tengo más manía a septiembre.

    Bueno pues nada. A seguir discutiendo de si hay o no hay derecho. Yo me vuelvo a forrar los libros de texto.

  5. ernest
    ernest Dice:

    NO olvideis que la “gratuidad de los libros” atenta contra el INTERES de los grupos editores ( entre ellos propietraios de los emdios de comunicacion) y, si somos rigurosos, contra la continuidad en el empleo de esa vetusta empresa ( por su origen medieval con guttemberg). Quiza alguno de sus familiares trabaje en esa anticuada industria, pregunteles a ellos si quieren que se reduzca la “produccion” de libros cada año

  6. ernest
    ernest Dice:

    Por si no me hubiera explicado….
    si no “mantenemos” esa industria con este sinstema tendremos que mantenerlos en casa, subvencionados con nuestros impuestos, como hacemos con la ruinosa industria de la mineria

  7. KC
    KC Dice:

    Que alguien llame “economía colaborativa” a diversas empresas que cobran comisiones de todo tipo sin muchas de ellas declarar sus actividades económicas como deberían es entre lamentable, ridículo y causa cierto sonrojo tener que leer según qué artículos de según qué expertos en vaya usted a saber qué. Ojo, que no me estoy refiriendo al artículo, sino a la modernidad del concepto y al alegre uso con el que algunos escriben.

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