Una educación (jurídica y financiera) para la ciudadanía

El tema de la educación ha sido algo que siempre me ha ocupado en especial, y le dediqué hace tiempo dos posts, Toni Nadal, apuntes sobre educación, y A partir de cuatro suspensos, nosotros elegimos el color. Ahora lo retomo desde una perspectiva más concreta y relacionada con otros temas que también me han interesado: la divulgación jurídica en general y la información adecuada al ciudadano de a pie en materias como las relaciones que se mantienen con los bancos, el asesoramiento que se recibe, o la actitud que tienen que tomar.

Vaya por delante que soy un inequívoco partidario de una asignatura del tipo Educación para la Ciudadanía, con ésta o con otra denominación. Pero siempre y cuando en esa asignatura se enseñe lo que su nombre indica, es decir, conocimientos, información y consejos para ser mejores ciudadanos, lo que significa entre otras cosas ser más conscientes y responsables de los propios actos. Para lo cual, tener unas sencillas nociones de Derecho me parece esencial.

Es importante, qué duda cabe, estudiar y conocer quiénes fueron Platón o Felipe II, en qué consiste la tabla periódica, cómo se calcula el área de un triángulo, cuál es la estructura lingüística de una determinada oración, cómo se reproducen las plantas, o tener un nivel muy alto de inglés. Y lo es no únicamente por la propia y mera información que se obtiene de su estudio, sino también porque todas estas variadas materias, y otras muchas más,  “entrenan” la mente, la abren, y la estructuran y la preparan mejor para el futuro.

Siendo esto así, por el contrario siempre me ha llamado la atención la ausencia casi absoluta de enseñanza en la etapa escolar de lo que podríamos denominar Derecho básico para la vida diaria. El Derecho es algo con lo que a lo largo de nuestra vida nos vamos topando continuamente, nos rodea por todos lados, y sin embargo parece considerarse como algo para juristas, para especialistas en definitiva, cuando es todo lo contrario: cuanto mejor se conozcan unas cuantas nociones prácticas, más preparados estaremos en muchos momentos de nuestra vida. ¿O es que no vamos a comprar una casa o a arrendarla, a montar un negocio por medio de una sociedad, a otorgar o recibir un poder, a resolver temas de herencias o plantearnos nuestro testamento, a recurrir una notificación administrativa que consideramos injusta, a pelearnos (o no) en una junta de propietarios de nuestro edificio, a contraer matrimonio y tener que elegir un régimen económico,  a firmar contratos laborales, a tener que acudir a un juzgado, etc., etc.? Pues sí, una o probablemente varias de estas cosas nos van a suceder a lo largo de nuestra vida, y lo cierto es que al terminar con la mayoría de edad la etapa escolar, de todas ellas y de muchas otras, los estudiantes no saben prácticamente nada. ¿Y eso por qué? Resulta que todos estos conocimientos de gran utilidad para su futuro no los aprenden cuando están en disposición y condiciones ideales de hacerlo, sino después, a salto de mata, de manera imperfecta y asistemática, y a veces ni siquiera.

A estas materias hay, desde luego, que añadir, las que tienen específica relación con las entidades financieras, las cuales conforman casi una asignatura en sí mismas. No es necesario recordar el vuelco que en los últimos años se ha producido en cuanto a la confianza que la sociedad en general tenía en la solvencia de sus instituciones financieras, en general, y en el consejo y asesoramiento que esas entidades prestaban por medio de los directores de las sucursales a los clientes. Del todo a la nada, y no sin falta de razón, desde luego. Ahora sí somos más conscientes de que los bancos están para hacer negocio y no para ponerse del lado del cliente, y que si bien son necesarios, por mucha normativa que haya que en teoría proteja al cliente bancario, la mejor protección es que ese cliente tenga la actitud correcta, de autodefensa de sus propios intereses. Para lo cual es imprescindible tener suficiente educación financiera. Y el momento ideal para ofrecerla es, en también, en mi opinión, la etapa escolar. No se trata de grandes profundizaciones, sino de tener claros los conceptos básicos: qué es un préstamo, un crédito, una hipoteca, un leasing, que es la TAE y para qué sirve, cómo se abre una cuenta corriente, qué posibilidades tengo de recurrir y a quién en caso de que en mi opinión exista un abuso bancario, en qué medida es razonable endeudarse en función de los ingresos…

Y por mi parte añadiría también ideas más generales: que hay que abandonar la posición cómoda, sí, pero pasiva y profundamente perjudicial que ha tenido el cliente bancario en España, de dejarse hacer, de confiar demasiado, tanto por no entender en muchas ocasiones, como por no molestarse en buscar, en otras. Ya hace muchas décadas, el maestro Garrigues nos alertaba contra la cultura del dónde hay que firmar. ¿Ha cambiado mucho la situación? Mi impresión es que, a pesar de todos los pesares, y aún con esta enorme crisis encima, no lo ha hecho. O no lo suficiente, al menos.

A esta idea se anuda otra, que es cien por cien educación para la ciudadanía, en mi opinión: hay que comprender el verdadero valor de la firma de cada uno. Firmar en un contrato significa prestar el consentimiento al contenido del mismo, sea cual sea éste. Incluidos los bancarios. No es buena actitud el esperar que sean todos los demás –leyes, jueces, el Estado, los propios bancos- los que trabajen para protegernos y que nosotros mismos no asumamos esta tarea en primera línea de fuego. Y la primera enseñanza para ello es valorar la propia firma, en tanto en cuanto supone reflejar nuestra conformidad, y no volver a preguntar dónde hay que firmar, sino qué hay que firmar.

Formar a los escolares en ciudadanía no es pretender inculcarles unos valores que solamente comparte una determinada opinión política, ética o religiosa, sino que, entre otras cosas, es prepararles para ser ciudadanos más formados, más conscientes, más responsables. Ganan ellos y gana la sociedad en su conjunto. El Derecho en su vertiente más práctica y aplicable en la vida cotidiana es una herramienta utilísima para ayudar a conseguir esos objetivos.

De modo que, sí, soy muy partidario de una asignatura escolar que podría llamarse Educación jurídica y financiera para la ciudadanía. Porque para que una sociedad tenga altura, primero hay que asentar la base. Y eso es imposible sin una correcta educación.

20 comentarios
  1. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Sr. Gomá en esa asignatura que bien defiende habría que enseñar lo primero que para que haya democracia y derecho, es “conditio sine qua non” que haya divido de poderes. Después de eso, lo que usted llama derecho de andar por casa, no mercería tal nombre.

  2. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Una buena idea que se debería trasladar a la formación para gobernar en cualquier ámbito institucional. Los casos de cargos públicos que ignoran desde la propia C.E. hasta el procedimiento administrativo común, son abundantes. He intentado en alguna ocasión buscar la forma de resolver esta cuestión, no sólo para que los ciudadanos sepan y tengan conciencia de lo que son y significan, sino para que puedan acceder a conocer lo que es la gestión política y pública en el caso de ser promovidos para cualquier cargo. En este aspecto organismos como el INAPE podrían dar una respuesta abriendo sus puertas gratuitamente a los interesados en formarse para la gestión pública, sin necesidad de acreditar condición de funcionarios. Resulta curioso el poco interés (cuando no las trabas) porque los ciudadanos conozcan estas materias que muchas veces son utilizadas desde los poderes públicos como forma de sometimiento a los que deberían servir. El conocimiento siempre es peligroso porque plantea preguntas allí donde no hay respuestas. Todo ello sirve igual para ese otro tipo de poder que utiliza los contratos de adhesión llenos de trampas jurídicas como arma de los oligopolios existentes. O firmas lo que tienes delante o te quedas sin luz, teléfono, agua, dinero, trabajo, etc.etc. Así se entiende que en algunos casos se acabe con su nacionalización.

  3. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Estoy de acuerdo con su planteamiento. Creo que la educación nos debe servir unos conocimientos con el fin de ayudarnos a pensar, a tener una actitud crítica. En el ámbito jurídico es fundamental tener conocimientos que permitan pensar sobre cómo se organizan muchas instituciones y sobre cómo se resuelven los conflictos, incluso para llegar a comprender dónde pueden surgir esos conflictos. Este aspecto es clave. Difícilmente una persona puede recabar información sobre los posibles conflictos que le pueden surgir en el ámbito financiero si no tiene unos mínimos instrumentos con los que hacerse preguntas, o hacérselas al profesional; del mismo modo que será mucho más sencillo y provechoso el consejo profesional con un mínima formación que sin ella. Y estoy convencido de que lo mismo se puede decir de la educación económica, contable y financiera.

    Para conseguir ese objetivo creo que se tienen que conseguir varias cosas. En primer lugar, se deben abordar los principios más básicos que permitan a los escolares hacerse muchas preguntas en el futuro. En segundo lugar, debe hacerse de manera organizada y comprensible, muy adaptada a la edad a la que va dirigida. En tercer lugar, debe ser breve, no se trata de restar excesivo tiempo a las otras materias, que también son muy importantes. Y en cuarto lugar, ha de ser muy sensible con la pluralidad política.

    Reciba un cordial saludo.

  4. Amalia
    Amalia Dice:

    Muy acertado Sr.Gomá. Sin duda, esta debería ser asignatura obligada. Mejor nos iría a todos.

  5. Amalia
    Amalia Dice:

    Muy acertado su post, Sr.Gomá. Debería ser asignatura obligatoria. Mejor nos iría a todos.

  6. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    Un artículo muy interesante Fernando y de rabiosa actualidad

    ¡¡¡Como me gustaría que mi hijo entienda el contrato laboral que va a firmar con sus obligaciones y derechos o el contrato de arrendamiento de un piso…la hipoteca creo que será un supuesto casi imposible!!! Si hasta cuando te sacas una muela te hacen firmar “el consentimiento informado”.

    El jueves tengo reunión de padres en el colegio, mi hijo tiene 15 años, y pienso aportar la idea de Fernando para ver si hay algún padre que se anima a unas charlas divulgativas sobre el tema.

    Este tema de formar a la sociedad en sus derechos parece que ha calado en la famosa ley de Transparencia, así la Disposición adicional séptima de la ley 19/2013 obliga al gobierno a aprobar una campaña informativa dirigida a los ciudadanos para dar a conocer la norma. En el mismo sentido tambien deberá aprobar un plan formativo en el ámbito de la transparencia dirigido a los funcionarios y personal de la Adminstración General del Estado.

    Solo falta que se extienda tambien a los altos cargos que dirigen nuestras instituciones públicas para tener el plan completo.

  7. Pedro L. Egea
    Pedro L. Egea Dice:

    Comparto una gran parte de lo expuesto por Ud. y la prueba es que hace un año diseñé un curso que denominé “Curso Elemental de Formación Económica y Financiera”, pensando en la cantidad de colectivos necesitados de una mínima información y conocimiento que les ayudaría a defenderse de ciertos abusos. No he conseguido despertar el interés necesario para poder impartirlo, pero no cejo en el empeño. Si está interesado en la presentación que preparé del mismo, no dude en decírmelo. Saludos,

  8. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Buen post, Fernando. Totalmente de acuerdo. Creo que la educación financiera es uno de los pilares esenciales (aunque no el único) para evitar el sobreendeudamiento y otra crisis como la actual.
    Lo que no es de recibo es que hasta la fecha, conocimientos de economía los tengan los alumnos de segundo de Bachillerato y sólo si escogen esa asignatura. Esto es tremendo. Debería impartirse en la educación obligatoria y a dicha asignatura debe dársele valor en el expediente académico. Es más, desde pequeños se puede hacer mucho. Hay iniciativas muy curiosas aunque fuera de los colegios. http://www.innovacion.cl/caso/agent-piggy-educacion-financiera-para-ninos/

  9. misnotas
    misnotas Dice:

    veo que siguen desde ese blog con sus radicales propuestas revolucionarias y antisistema.
    una ciudadanía informada y asesorada es un mal innecesario La educación consiste en enseñar a los hombres, no lo que deben pensar, sino a pensar …..bonita tonteria, es una de las perspectivas más peligrosas que hay.

    Los ciudadanos andan muy liados cada uno con su vida, persiguiendo sus ilusiones y lo que requieren son facilidades: depositar su papeleta de voto cada x años (cuatro o más) y remoción de cualqiuer obstaculo a su capacidad de gasto con recursos propios o endeudandose. Con eso basta. Dejen a los que saben la toma de decisiones y liberen a los ciudadanos de cargas que ni quieren ni entienden

  10. KC
    KC Dice:

    Lo que propone el articulista hace años que debería estar instaurado, así que no queda otra que estar totalmente de acuerdo, menos en esto: Firmar en un contrato significa prestar el consentimiento al contenido del mismo, sea cual sea éste. Incluidos los bancarios. No es buena actitud el esperar que sean todos los demás –leyes, jueces, el Estado, los propios bancos- los que trabajen para protegernos y que nosotros mismos no asumamos esta tarea en primera línea de fuego. Y la primera enseñanza para ello es valorar la propia firma, en tanto en cuanto supone reflejar nuestra conformidad, y no volver a preguntar dónde hay que firmar, sino qué hay que firmar.

    Esta ecuación no siempre debería ser válida, más que nada porque, como ya han explicado en este mismo blog el otro día, los mecanismos del estafador son muy sutiles y el hecho físico de la firma ya no puede dar un valor efectivo del 100%. También lo explican en las conclusiones del experimento de Londres del que puse enlace el otro día (hacer firmar un contrato de wi-fi en el que se incluye una cláusula por la que el firmante tiene que dar a sus hijos en propiedad). Por muchísimas razones la firma no puede ni debe ser siempre efectiva. Sería ridículo pensar que alguien que por alguna razón (entre ellas cualquiera dispuesta por el sujeto activo para de forma maliciosa el pasivo firmara sin tener información perfecta del asunto, lo cual, a día de hoy, se hace con absoluta frecuencia) firma un contrato en el que hay un claro desequilibrio, tuviera que responder por él. Sería el paraíso de los estafadores. Imagino que con ese tipo de reflexiones es dónde se llega a dónde se ha llegado, Porque, como ya sabemos, lo que es la previsión jurídica, muy poquito…. Muy mal en esta parte, Gomá, con toda sinceridad. Pensar así es darle alas al estafador, porque hay mil formas de engañar, cada día más perfeccionadas y la firma puede estar condicionada por muchas historias que se desconocen. Es clarísimo que detrás debe de haber un soporte, una red que evite estropicios, ya que el conocimiento medio en estas lides no va a ser, ni mucho menos, el de un notario. Tú crees que le estás dando libertad al individuo, pero es un espejismo. Lo que estás haciendo es darle libertad de hacer al estafador; como por otra parte ya ha quedado más que demostrado en estos últimos años. No es un tema de una “protección esperable” o de “pobrecito el tonto”, es un tema de intentar reducir la tendencia a la estafa y el engaño, que en determinados países están, o han estado, culturalmente mejor vistos. Porque “tontos” podemos ser cualquiera un día determinado. Ojo, que eso no significa no afirmar que el firmante deba darle valor a su acto de firma, pero esperar una validez del 100% es jurídicamente poco interesante. Y mucho menos en la práctica. Saludos.

  11. Luis Fdez-Bravo
    Luis Fdez-Bravo Dice:

    Totalmente de acuerdo, Fernando. La sanción por sí sola no es capaz de encauzar comportamientos y corresponde al Estado y a la sociedad civil conseguir que la educación, el conocimiento y por tanto la razón sean base de la conducta de sus integrantes. Y si la sanción no es bastante, imaginemos el efecto de los controles a posteriori con las devastadoras consecuencias de la declaración de nulidad sobre el concepto de seguridad jurídica.

    El Colegio Notarial de Castilla-La Mancha planteó ésta necesidad a nivel institucional y ha tenido muy buena acogida en la Administración autonómica y en los institutos de la región. Tanto que empezamos un programa piloto en éste mismo curso académico. http://goo.gl/MgtRCs

    Muy de acuerdo también en la distinción entre “la firma” y “lo que se firma”. Un día podemos hablar de la confusión entre medios y fines: una firma, sea electrónica o manuscrita, no es más que la manifestación de la conformidad y la asunción de las consecuencias de aquello que se firma. Cualquiera que sea su forma, lo importante es el contenido de la declaración de voluntad y que ésta haya sido adecuadamente formada.

    Un abrazo.

  12. Diego Vigil
    Diego Vigil Dice:

    Coincido plenamente con el planteamiento, pero creo que, aun cuando se lograse una asignatura, y la provisión de plazas de profesor de secundaria para licenciados en Derecho, no se lograría el objetivo. Enseñar lo que aquí se pretende requiere saber bien Derecho privado, y me temo que si se crease la asignatura pasaría como con la actual asignatura de Filosofía del Derecho, que se centra en aspectos como la libertad religiosa y de conciencia (con toda su casuística), el Derecho de familia, y aspectos de Filosofía del Estado, pero no en problemas de Derecho privado. Al final, en lugar de estudiar a fondo el derecho real, la obligación, el riesgo, el interés, el seguro etc (elementos para, por ejemplo, comprarse una vivienda con un préstamo hipotecario); se dedicaría la asignatura a discutir aspectos jurídico- públicos de calado mediático. De modo que comparto el qué, pero habría que cuidar mucho el cómo: la mejor manera sería una oposición con fuerte exigencia de Derecho privado.

  13. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Los niños romanos de la República aprendían la Ley de las XII tablas recitándola. Estudiar urbanidad es algo que hemos hecho algunos y enseñado a nuestros hijos, con dos principios fundamentales: respetar los pactos y respetar las normas, haciendo que los demás los respeten también. Sí, vale, pero ojo con los contenidos, no sea que acaben aprendiendo Derecho positivo y gráficas macro en vez de principios básicos e ideas prácticas para la vida cotidiana. Además, lo siento, pero ya tienen bastantes deberes de matemáticas, lengua y biología. Por cierto, para el editor de guardia: los comentarios de colegas con publicidad en negrita de sus Despachos no pegan en este blog.

  14. Carlos Herrero
    Carlos Herrero Dice:

    Leí hace mas de un año a Acemoglu y Robinson en su libro “Porqué fracasan las naciones”, ampliamente elogiado por la crítica a nivel mundial. En una frase, el libro concluye que las naciones fallan porque sus instituciones y quienes las dirigen son “elites extractivas”, es decir, personas privilegiadas no por sus conocimientos, sino por su situación de poder político: privilegian a unos grupos de la sociedad por encima de otros y concentran el poder para su propio beneficio. Además, como medio necesario para ello, crean los mecanismos para que la gente no se “eduque” y así cargarse cualquier mecanismo de revisión autocrítica que pudiera nacer fruto del desarrollo intelectual. De ahí que el sistema educativo haga aguas gobierne quien gobierne.
    Triste…pero cierto.

    Soy tambien un firme defensor de la vilipendiada asignatura de “educación para la ciudadanía”, que lejos de ser usada para dotar a nuestros hijos de conocimientos básicos en el día a día, se limita a adoctrinarles con arreglo a los dictámenes del gobierno de turno. Triste pero cierto.

  15. de Lege Ferenda
    de Lege Ferenda Dice:

    Protesto, Señorías!!
    ¿Creen sinceramente que más papel al Estado en la educación de nuestros hijos -en perjuicio de la Patria Potestas- es necesario?
    ¿Creen que la educación se encuentra al margen del “partidismopartidario?
    Piensen en la educación cívica de sus hijos en manos de Podemos como antes lo estuvo del PSOE y del PP (de los nacionalistas ni hablamos).
    Y, ¿quien decidirá, e cada caso, si nuestros hijos son buenos ciudadanos o no?
    Salvo que renunciemos a la educación de nuestros hijos en favor del Estado (en cuyo caso, como grupo social,, nos mereceremos lo que estas lluvias nos puedan traer), hemos de confiar en las familias para estos menesteres.
    Por ello, mi pregunta es muy otra: ¿Como hacer posible, como facilitar que las familias se hagan cargo de la educación de sus niños?
    Derivamos del liberalismo al socialismo con una facilidad pasmosa.
    Saludos desde mi respetuosa discrepancia.

    • O,Farrill
      O,Farrill Dice:

      Totalmente de acuerdo. Una cosa es la formación de los ciudadanos adultos para asuntos propios como saber interpretar un contrato o conocer sus derechos como ciudadanos frente a las AA.PP. o saber en qué consiste la gestión pública y otra cosa diferente es la “orientación” educativa que están recibiendo nuestros hijos. En su momento tuve que coger la tiza y la pizarra para complementar las muchas carencias de formación en clases diarias en el ámbito doméstico y comprobé como eran mucho mejor los resultados.

    • KC
      KC Dice:

      Lege Ferenda, la familia no debe de encargarse de la educación, si acaso complementarla. Y desde luego sería muy sencillo que el Estado ofreciera una educación objetiva, de no ser por los radicales de todos los colores (que en realidad son un % muy bajo del conjunto). Lo que sucede, y te lo explico muy rápido, es que los que están “contaminados” de memes quieren seguir proyectando su capacidad vírica y son los que condicionan de mayor manera lo que pueda ser una educación objetiva de calidad. Pero no, la familia no puede ni debe suplir al Estado en su configuración educativa. Si acaso, como digo, complementarla tan libremente como quiera (pero esto no tiene nada que ver con ningún -ismo). Hay muchas formas de eliminar elementos subjetivos y de prejuicio en la formación objetiva que debe suplir el Estado. Otra cosa, bien diferente, es que los desgraciados mentales que lo configuran sepan hacerlo. Y mucho más importante, que entiendan por qué deben hacerlo.

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      Educación y Memes. Brillante KC.
      En la familia, valores. En la escuela, conocimientos.
      ¿Conocimientos objetivos? lo dudo. Dudo de una objetividad emanada de algunos sujetos.
      Pero, de entre los conocimientos pretendidamente objetivos,¿cuantos nos han sido implantados? (las verdades que nutren los medios informativos, repetidas tantas veces, se nos acaban representando como conocimientos objetivos; somos muy vagos; probablemente sea cierto que solo utilizamos el 10% de nuestra capacidad cerebral; el otro 90% lo tenemos necrotizado, por desuso).
      ¿Son conocimientos objetivos o son ideas que adquieren vida propia -y evolucionan como los organismos “materiales”?
      Educar en libertad. ¿Educar para formar y lograr extraer lo que hay dentro, o educar para conformar mentes e implantar dentro lo que debería quedar fuera?

  16. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Yo también soy partidario Fernando, no sólo porque es algo habitual para todos en la vida, o para proteger a las propias personas y prevenirlas de posibles conflictos, sino también para tener una plena sociedad democrática y de derecho. Si se enseña la presunción de inocencia no leeremos barbaridades en Twitter, si se enseña que el crédito es esclavitud, a lo mejor futuras generaciones aprenden a ahorrar y a no gastar por encima de sus posibilidades, y así en muchas cosas. Menos problemas, más prudencia, y mayor calidad de sociedad

  17. Deus ex Machina
    Deus ex Machina Dice:

    No serviría para mucho la verdad. De poco valen unos conocimientos por encima de derecho o finanzas. Realmente se me parece más a la ya famosa frase de “en dos tardes aprendes economía, presidente”, que a otra cosa.

    Y digo que de poco vale si a los chavales no se les inculca un pensamiento crítico. De poco si se sabe que es un contrato de depósito que si cuando el del banco te dice “firme aquí” va y se firma. Y de poco vale si toda la legislación que hay de protección al consumidor las grandes empresas se la saltan a la torera y aquí no ha pasado nada.

    Es más, creo que el efecto sería incluso pernicioso, ya que bastantes pedirían la derogación de esa legislación que protege al consumidor, al partir ya de un consumidor medianamente formado.

Los comentarios están desactivados.