La paradoja de la corrupción política en España

El saber popular ha construido una sentencia que, a modo de infalible regla de tres, se presenta como indubitada: no puede haber políticos corruptos sin ciudadanos corruptos. La realidad científica por el contrario es reiterativa en contradecir esta afirmación, pues los estudios sobre nuestro país muestran un mayor grado de deshonestidad entre la clase política que en otros sectores como los funcionarios públicos. A modo de ejemplo, los últimos informes GRECO se preocupan especialmente de la financiación ilegal de los partidos políticos (2013) y la injerencia política en las instituciones (2014), o el último Barómetro Global de la Corrupción TI’2013 muestra una peor valoración de los políticos y la judicatura que de los sectores administrativos como la sanidad o la educación. La consecuencia práctica es que mientras para muchos ciudadanos sería casi impensable pagar un soborno para acceder a los servicios públicos básicos, para un empresario no es tan extraño plantearse prácticas colusorias con las autoridades políticas en materia de contratación y urbanismo.

En este mismo blog se ha acreditado recientemente la viabilidad científica de la existencia de distintos umbrales de deshonestidad dentro de una misma sociedad dependiendo de circunstancias coyunturales como la clase de actividad o la cultura de grupo. Como bien dice el Papa Francisco (2013, Corrupción y pecado), la corrupción más que un pecado es un estado en el que se conjuga la formación ética personal con la cultura moral de la institución. Por ello, encontramos casos de funcionarios con intachable trayectoria profesional que, tras su salto al escalón político, participan de los males que padecen nuestro sistema partitocrático: sobresueldos no transparentes, regalos y prebendas onerosos, o, en el peor de los casos, coimas sustanciosas.

La causa de esta aparente contradicción hay que buscarla en el distinto tratamiento de la integridad moral de las autoridades políticas y los funcionarios públicos en esta etapa democrática. Curiosamente, la clase política comenzó esta andadura con un mayor crédito ético a nivel popular, pues los nuevos o reconvertidos líderes políticos de principios de los 80 gozaban de cierto halo de honestidad consecuencia de su ropaje democrático que parecía romper con la viciada clase política anterior. Como tuvo ocasión de denunciar tempranamente NIETO (1984, La organización del desgobierno), esta aureola pronto se quebró con los escándalos de corrupción ligados en buena parte a la financiación de los partidos políticos. Cabe recordar un caso paradigmático de principios de los 80 en el que un valiente teniente-alcalde del Ayuntamiento de Madrid (Alonso Puerta) denunció la exigencia a los adjudicatarios de contratas de comisiones ilegales a favor del PSOE, obteniendo como frustrante resultado su expulsión del partido y de la corporación municipal. Consecuencia de este problema no resuelto, los sucesos de corrupción ligados directa o indirectamente a la actividad de los partidos políticos se han reiterado en los últimos treinta años, sin que las sucesivas reformas legislativas iniciadas en 1987 hayan atajado el problema.

Por el contrario, los funcionarios públicos han seguido el camino inverso, pues estos servidores públicos se encontraban mal considerados socialmente al inicio de la andadura democrática, siendo considerados un grupo corrupto e incompetente, del que únicamente se podían salvar algunos cuerpos de élite. La vivencia diaria de los ciudadanos corroboraba esta percepción, pues en su contacto con la Administración era habitual que se vieran envueltos en tratos al menos poco éticos para obtener los servicios públicos: desde el pago de una propina al funcionario de ventanilla, una iguala o suplido al médico del seguro o, en el peor de los casos, la entrega al gestor público de un sustancioso presente a cambio de una buena recomendación. La democracia española actuó con rapidez mediante la reforma de función pública impulsada por el gobierno socialista en 1984 que prohibió todo tipo de ingresos atípicos a quienes prestan servicios públicos (curiosamente, tal recordatorio sigue figurando treinta años después en las LPGE), reguló de forma estricta las incompatibilidades entre actividades públicas y privadas, y en el caso de los cuerpos más reticentes se abrieron macro-investigaciones judiciales para terminar con perniciosas costumbres como los pagos de engrase (las llamadas “astillas”) que circulaban impunemente por las oficinas judiciales. El éxito de esta política anticorrupción ha sido evidente: hoy en día más de una generación de funcionarios no sabe lo que es recibir regalos por su actividad profesional, y para muchos ciudadanos contarles que hubiera que pagar algún dinero “bajo cuerda” por recibir una atención médica o de otro tipo le sonaría a ciencia ficción.

En todo caso, una visión absolutamente positiva de nuestros funcionarios públicos no sería totalmente cierta y no sólo porque siempre pueden denunciarse ejemplos concretos de malas prácticas. En primer lugar, aún persisten sectores administrativos en el que las medidas de regeneración democrática no lograron acabar con las execrables costumbres, singularmente en el ámbito de las licencias urbanísticas municipales donde el recurso a los “pagos acelerador” ha seguido siendo desgraciadamente demasiado habitual. En segundo lugar, como también se ha comentado en este blog, los cuerpos de funcionarios están actuando como auténticos colaboracionistas para que los cargos políticos puedan repartir ilícitamente concesiones y negocios públicos, mediante su participación sumisa en la elaboración de los expedientes administrativos que dan cobertura de legalidad a estas operaciones bajo el principio, y de nuevo recurrimos al Papa Francisco, de que “el corazón no quiere líos”.

9 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Un tema interesante.Si nos referimos a los funcionarios en el sentido estricto de la palabra probablemente tenga usted razón. No obstante, incluso entre funcionarios públicos, subsisten reductos de clientelismo político. El político que “coloca” a los afines tiene una responsabilidad mayor, pero también existe una responsabilidad entre los “colocados” en el sector público, fundamentalmente a través de empresas públicas.

    Por otro lado, la llegada de la democracia trajo consigo la apertura de mucho nuevos centros de trabajo de la Administración. En los primeros años todo suele funcionar mejor, pero con el paso de los años suele suceder que las malas prácticas se difunden más. Eso tiene un efecto desincentivador del esfuerzo del funcionario que no le lleva a corromperse, pero sí en algunos casos a no prestar al servicio del ciudadano todos los esfuerzos de los que es capaz y que se esperan de él.

    Estoy de acuerdo en que se han conseguido importantes éxitos en la reducción de la corrupción entre los funcionarios, pero necesitamos avanzar algo más.

    Un cordial saludo.

  2. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Estoy en desacuerdo. La corrupción permea a toda la sociedad. Y quien no participa por accion lo hace por omisión. Quien no lo hace a título de autor lo hace en el de cómplice encubridor y al menos consentidor. Ya nadie quiere pagar el precio de llamar a las cosas por su nombre. Y así, por ejemplo, una mayoría sigue llamando constitucion a lo que no establece una división de poderes. Y eso también es corrupción.

  3. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    Pepito ha sacado la plaza de funcionario a la que opositaba.
    ¿De quien es familiar Pepito?
    La Función Pública ya no lo es; ahora es “Función Partidista/partidaria”. Tu me colocas y yo ya hago lo que esperas; incluso anticipándome a los deseos del señorito.
    Besa pagaba traidores. Y tenía donde elegir.
    Una sociedad no puede ser honesta si la información que recibe no es veraz.
    Una sociedad no puede ser honesta si la corrupción se convierte en impunidad.
    ¿Somos más corruptos los ciudadanos que los políticos? En absoluto. Lo que nos pasa es que estamos desinformados; que nuestras percepciones no son conformes a la realidad, sino fruto de la manipulación.
    Los medios supuestamente independientes, son tan infames como los “clásicos”. Censura y desinformación, donde quiera que mires. No es mera subjetividad; es engaño doloso.
    Si tuviéramos el derecho a recibir Información Veraz …
    Información veraz, salvaguardada por el castigo al informador pernicioso.
    No es el caso; parece que es un derecho del informador, no del ciudadano.
    Impunidad de la corrupción, responsabilidad del Poder Judicial.
    Esperamos la corrupción del gobernante. Y para ello instauramos un Poder Judicial independiente de ellos.
    ¿Está claro lo que falla?

  4. KC
    KC Dice:

    Sr. Fenández Ajejo, espero que no se le haya ocurrido basarse en el Derecho Administrativo para hacer una descripción de la realidad… Como ya he escrito varias veces, y cualquiera que entienda un poco la práctica puede afirmarlo, esa rama del derecho español es lo más cercano al remedio homeopático en el caso de que el Derecho fuera algo similar a la Medicina. Como ya le han explicado arriba, la omisión puede ser en la praxis lo mismo que la comisión y ahí han entrado muchos ciudadanos “no políticos” por muchos motivos que el Derecho y la Economía desconocen porque son absolutos ignorantes del comportamiento humano. A ver si ahora vamos a usar la típica oración de estafador de “yo no sabía nada, que me registren” tan utilizada por señores de cargo muy largo.

    P.S.: Ah, cierto, en su ultimo párrafo explica lo que ha sido la Administración en uno de sus segmentos. Lo que vendría a ser que España ha sido, más que nada, una tarta en las que las porciones más grandes se la repartieron 4 estadísticamente hablando.

  5. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Creo que no podemos hablar sólo de corrupción “política” sino de un sistema de “picaresca” general que, en la medida de sus circunstancias, puede ser tachado de “corrupto”. Todo está en nuestra base de valores. Si hace muy poco tiempo (y ahora todavía) hemos tenido unos modelos de conducta donde lo importante era (es) “ganar dinero” por encima de cualquier circunstancia, cada uno lo hará en función de sus posibilidades (excepciones aparte de esos a quienes se les conoce como “pringaos” por su ética o su honestidad). Ganar dinero no es pecado, pero ganar mucho dinero sin méritos que lo acrediten -y pocas veces lo hacen- resulta, cuando menos, sospechoso. El mundo de la política era (y sigue siendo) muy atrayente en ese sentido por su facilidad para entrar en el sistema o la “casta” (que dirían otros). Ese tipo de personas han encontrado sus gemelos en el mundo corporativo por su gran semejanza con el mundo político. La mezcla es explosiva y “pone a huevo” las posibilidades. Empezamos en su día (siento recurrir tanto a las raíces) por las calificaciones de suelo inicio de la burbuja inmobiliaria, de los negocios poco claros y la financiación de algunos partidos que estaban en la pomada. Luego encontramos las vías indirectas de subvenciones públicas (a cargo de los contribuyentes) y las calificaciones de interés público para la pléyade de ONGs, fundaciones, organizaciones de todo tipo que servían al clientelismo político y la burbuja fue aumentando. También era fácil “endeudarse”. Se trataba de vivir del cuento (a crédito) y las burbujas financieras con productos tóxicos o el “papel” sin cobertura real que nos encajaban las entidades hicieron crecer el globo…. Frente a eso y precisamente por eso, muchos ciudadanos no aceptaron quedarse en el sector de los “paganos” o “pringaos” para, cada uno dentro de sus posibilidades y, siguiendo el ejemplo de los líderes sociales y políticos, arañar de donde fuera. Deudas, créditos impagables y otras lindezas han formado esto que llamamos “estado de bienestar” y que además, es falso. El caso del chaval “Nicolás” es sintomático.

  6. KC
    KC Dice:

    Siento discrepar, O’Farrill, pero el caso del chaval será sintomático para algunos. Para otros era un “síntoma” hace bastante y ahora nos limitamos a observar como se desarrolla la enfermedad. Lo que yo me pregunto es por qué la gente se echa las manos a la cabeza con este caso particular si en el “mundo adulto” sucede lo exactamente lo mismo y no hace falta ir muy lejos para ver quienes tienen el mismo perfil… Eso sí que es un misterio, y de los grandes. De Nicolás está España rebosante ya hace tiempo. En particular, el mundo del Derecho y la Economía española está atestado (con T) y apestado (con P). Paripés, maquillajes, manipulaciones y obras de teatro de todo tipo. Como digo, desde hace ya años. No sé cómo les puede sorprender tanto a algunos, sinceramente. A no ser que tuvieran la cabeza bajo tierra, como los avestruces.

    • O,Farrill
      O,Farrill Dice:

      Estimado KC: creo que no discrepamos ya que coincido con tu comentario. Hemos llenado el mundo de burbujas vacías de contenido y de esencia. Las personas no han sido una excepción y por eso soy muy escéptico cuando alguien me habla de “los mejores” o “los mejor preparados”. En todo caso será para mantener el listón bajo que tenemos por muchos contratos blindados, sobresueldos y otras gabelas que se autoasignen.

  7. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Totalmente de acuerdo con el autor, la afirmación “no puede haber políticos corruptos sin ciudadanos corruptos” es totalmente falsa. Esta frase, o similares, recientemente utilizada por ejemplo por el Presidente del Parlamento andaluz, es usada intencionadamente por políticos de todo pelaje para llevar a la sociedad a la resignación, a la tolerancia hacia al corrupto y su perdón, y a la falta de búsqueda y ejecución de soluciones, y sobretodo y lo peor, a más corrupción, más tolerancia, y más crisis económica y pobreza.

    Es más, el sistema va a al revés, hay estudios que defienden lo contrario: los países desarrollan “malas” culturas como consecuencia de los corruptos. La corrupción en el poder produce una pedagogía corruptora.

    En cuanto al tema de los funcionarios, como bien explica el autor, con una serie de medidas es posible reducir la corrupción a un mínimo inevitable. Aquí el problema a mí parecer es la politización de los empleados públicos, sólo el 40% son funcionarios y los restantes sus nombramientos o su mantenimiento en el puesto depende de designios políticos. Eso provoca una relajación en los controles o una mayor comprensión hacia el corrupto al que le debe el puesto.

    • O,Farrill
      O,Farrill Dice:

      Estimado Isidro: los “políticos” no se crían en otro planeta por lo que, de una forma u otra, proceden de la sociedad que tenemos. Son los que han asumido las responsabilidades que, de alguna forma, los demás no quieren tener y por eso algunos -quizá demasiados- se premian por su dedicación.

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