Corrupción normal y síndrome de inmunodeficiencia política

La normalidad presenta su amenaza política. Especialmente porque su faz amenazante no se percibe como tal. Quién podría temer ante lo normal: quién podría temer ante lo que acaba percibiéndose como cotidiano, habitual, extendido, previsible, lógico, esperado o inevitable. Cuando Adorno advirtió que la normalidad era “la enfermedad moral” del siglo XX, nos dejó una advertencia que conserva su vigencia en el XXI.

Las frases hechas alimentan acciones… por hacer. Esas frases hechas que subrayan la normalidad de la corrupción, alguna incidencia encerrarán en cuanto a la tolerancia que se le acaba brindando a esa corrupción. El caldo de cultivo que se gesta con palabras (a golpe de tópico y lugar común) presentará su plasmación práctica a través de los hechos. Al fin y al cabo, la primera función de los tópicos es “volvernos normales”: “acomodarnos al grupo, arroparnos con lo que se lleva (…)” (Aurelio Arteta, 2012. Tantos tontos tópicos. Ariel, 

Mi país se corrompe lo normal

Algunos estudiosos indican que la corrupción que se vive en España es equiparable a la de otros países de su entorno. Vienen a decir que si nos pusiéramos a comparar cifras, índices, variables y estadísticas, observaríamos un nivel “normal” de corrupción. A mí me cuesta comprender este tipo de afirmaciones. No estoy diciendo que quienes realizan ese diagnóstico estén justificando la corrupción. Tan sólo muestro mi perplejidad, puesto que medir la cantidad de corrupción no nos lleva al meollo del asunto.

Por una parte, porque la cantidad de corrupción detectada no nos clarifica la corrupción inadvertida. Pasa algo parecido a lo que sucede con el narcotráfico: los alijos de droga requisados no son el todo de la mercancía entrante.

Pero a su vez, convendrá subrayar que lo prioritario no es lo cuantitativo (cuánta cantidad de corrupción aflora), sino lo cualitativo (si funcionan o no los contrapesos democráticos que permiten detectar esa corrupción; y qué respuesta institucional y electoral se le brinda a la corrupción, una vez que ésta ha aflorado).

Dicho de otra forma. Dado que lo peor no es la corrupción, sino su impunidad, la mayor alarma debiera brotar cuando constatemos (a) impunidad de partida, (b) impunidad penal y (c) impunidad en las urnas:

(a) si en un país han sido erosionados los mecanismos de control y vigilancia (los clásicos checks and balances que caracterizan a toda democracia que se precie), habrá un porcentaje alto de corrupción que ni siquiera llega a visualizarse;

(b) si en un país la corrupción acaba saliendo gratis desde el punto de vista judicial, eso denotará el correspondiente deterioro de las instituciones, eso denotará que falla la división de Poderes, eso volverá a denotar, en definitiva, el mal funcionamiento del Estado de Derecho;

(c) si en un país la corrupción es votada en las elecciones, eso evidenciará que parte de la ciudadanía ha querido hacerse cómplice de tales manejos. La culpabilidad no será la misma, pero la responsabilidad (en tanto que ciudadanos) nos alcanza a todos.

En consecuencia, cabe desmontar esa supuesta normalidad que algunos atisban. Aunque el número de casos de corrupción estuviera en parámetros “normales” (entre comillas); no puede ser normal la existencia de agujeros negros en los que la corrupción resulte inescrutable; y no puede ser normal que la corrupción resulte impune en los tribunales; y no puede ser normal que la corrupción sea votada con el bochornoso alborozo con que ha venido votándose.

Asimismo, tampoco podrá eludirse la (d) impunidad corporativa ni la (e) impunidad mediática:

(d)  si en un país, la corrupción es amparada por el partido en el que surgió (o es amparada por el sindicato, patronal, ONG, confesión religiosa, colegio profesional o entidad correspondiente en la que pudiera haber surgido), eso mostraría que no funcionaron los mecanismos de autocontrol propios. Es decir, al margen de que pudieran haber fallado los controles legales externos, también habrían fallado los controles éticos internos (códigos de autorregulación, códigos de buenas prácticas, controles de calidad…). Puede que esos mecanismos internos de supervisión funcionaran hasta una fase, pero si finalmente las señales de alarma se encubren y las responsabilidades no se depuran, la resultante es ese clima de impunidad al que estamos apuntando.

(e) si en un país, ciertos medios de comunicación respaldan la corrupción de los suyos, eso ilustra que no preocupa la corrupción: al menos no tanto como los intereses que llevan a silenciarla. Cuando aludimos a la corrupción de los suyos nos referimos a la de sus afines y comparsas: aquellos a los que el medio de turno se siente ideológicamente cercano y/o aquellos a quienes debe la correspondiente contraprestación (contraprestación por haber recibido, o estar a la espera de recibir, favores para su grupo multimedia). Si ciertos medios se muestran combativos sólo con la corrupción que afecta a los otros (a los que no son próximos o a los que no van a potenciar sus intereses), eso ejemplifica que no preocupa la corrupción, sino el negociado. El respaldo mediático a la corrupción adquirirá variadas formas: desde la minimización de la información incómoda, hasta la directa ocultación de la misma, pasando por todo tipo de tergiversaciones o irracionales explicaciones, para acabar atemperando la gravedad o acabar desembocando en abstractas e injustas generalizaciones (dado que la corrupción está en todos-todísimos… sigamos apostando por los nuestros). Ese sectarismo e interesada pleitesía, esa desinformación y seguidismo, esa renuncia de los medios a su función de contrapoder (tan indispensable para el ejercicio democrático), vuelve a retroalimentar esa impunidad que nos ocupa.

Al igual que ocurría ante los puntos “a”, “b” y “c”, los puntos “d” y “e” tampoco pueden ser  contemplados con la parsimonia de la normalidad. Por habituales y cotidianas que pudieran ser esas derivas, por supuesto que no cabe catalogarlas como normales desde el punto de vista democrático. Y demos un paso más. Esos ejes que hemos presentado como hipotéticos, en el caso español son hipótesis manifiestamente contrastadas. Esos fenómenos paranormales de la política han sucedido y suceden  en España. Desde luego que sí.

Hace unos años, Miguel Lorente publicó un libro titulado Mi marido me pega lo normal (2003. Crítica:  El título refleja ese testimonio de tantas y tantas mujeres que por desgracia habían asumido el maltrato como algo natural y comprensible. Igual que toca seguir dando la batalla para que nunca (en modo alguno y bajo ninguna circunstancia) pueda percibirse con normalidad la violencia machista; también toca seguir dando esa otra batalla referida a la corrupción.

Frente a la idea de que “mi país se corrompe lo normal” (y “la democracia se desmorona, pero sin estrépito”; y “el Estado de Derecho se derrumba, pero sin alardes”), frente a esas tristes renuncias, también cabe algo más que dejadez, pasividad e indiferencia.

 

Corrupción hard y soft

La corrupción política es más, mucho más, que meter la mano en la caja. De ahí la división entre corrupción hard y corrupción soft. La primera tiende a estar tipificada. Siempre podrán encontrarse resquicios legales en los que cierta práctica corrupta escapa al Código Penal, pero en principio, dentro de un Estado de Derecho que merezca llevar tal nombre, esa corrupción hard resultará delictiva.

Más peligrosidad puede llegar a encerrar la versión dulce y amable de la corrupción. La corrupción de baja intensidad “me preocupa más, porque se extiende insidiosamente, penetra por todos los pliegues de la vida social o privada y acabamos por no detectarla y convertirnos en colaboracionistas” (José Antonio Marina, 20-11-2012. Corrupción de baja intensidad”:

Como se desprende del apunte de Marina, la mayor peligrosidad de la corrupción soft radica en su omnipresencia, en su invisibilidad y en su perverso potencial: el efecto multiplicador para suscitar alrededor complicidad (genera colaboracionismo, aunque sólo sea porque su aparente y cotidiana normalidad logra desactivar cualquier repulsa, cualquier rechazo y cualquier atisbo de reacción y de extrañeza).

La colonización partidista de las instituciones (desvirtuando la razón de ser de tales instituciones) es un preclaro ejemplo de corrupción soft. Son dinámicas legales (se apoyan en sesgadas interpretaciones de una vaga formulación y/o se apoyan en preceptos que directamente se legislaron para posibilitar la artimaña). Dinámicas legales que se ajustan a la letra, aunque desnaturalicen todo el espíritu que conllevan las reglas del juego democrático.

Para no hacer este artículo más extenso de lo razonable, bastará realizar una esquemática enumeración: okupación partidista del Consejo General del Poder Judicial, y del Tribunal Constitucional, y del Tribunal de Cuentas, y de la CNMV, y del Banco de España, y de RTVE… Todo ello no es el botón de una excepcional y esporádica muestra. Más bien estamos ante una flagrante y planificada botonadura, donde prevalecen unas directrices comunes:

  • los perfiles profesionales son sustituidos por perfiles partidistas, en los que la cualificación técnica y profesional pierde su relevancia[i];
  • los criterios de interés general (aquellos que dan sentido a la propia institución) son relegados por decisiones de interés particular y partidario; y, en suma,
  • los organismos supervisores son maniatados o dinamitados para que la barra libre campe por sus respetos.

A día de hoy ya es obvio el exitazo de que los partidos hayan monopolizado las Cajas de Ahorro. Esa hazaña que de forma tan bochornosa han librado los PpSOeIU nos permite vislumbrar lo acontecido en otras instituciones que tampoco debieran ser monopolizadas. Conocemos ya las perversiones, los destrozos, las tarjetas black y las preferentes ignominias que han venido produciéndose en las Cajas. Pues por poner un ejemplo: que el CGPJ se lo estén repartiendo PP y PSOE (con su correspondiente vocal para IU, PNV y CiU), en términos democráticos conlleva similares perversiones, similares destrozos, similares tarjetas y similares preferentes.

 

Síndrome de inmunodeficiencia política

Cuando falla el sistema inmunitario de una persona, los agentes patógenos encuentran facilidad para cumplir su misión destructiva. También en el ámbito social, en el escenario político, puede darse esa incapacidad para hacer frente al erosionador virus. Volvamos por un momento a Marina: “Una sociedad puede también perder esa capacidad y volverse incapaz de aislar, combatir, neutralizar o expulsar los elementos dañinos”

Todos los mecanismos por los que fluye la impunidad (todas esas posibilidades que hemos tratado de esbozar a lo largo de este artículo) ayudan a darle normalidad a esa corrupción. Tanto a la corrupción hard como a esa otra corrupción soft (más nociva, si cabe), que se viste de sutiles y disimulados ropajes.

Si la corrupción acaba camuflándose bajo la apariencia de `normalidad´, nada nos volverá más `normales´… que ser apáticos o comprensivos con la misma. Y a mayor `normalidad´, mayor inmunodeficiencia para combatir la metástasis política. Y a mayor `normalidad´, mayor anomalía democrática.

 


[i] Por citar alguna evidencia a este respecto. Elvira Rodríguez dejó su escaño del PP para pasar a ser presidenta de la CNMV. Y ya antes, su presidencia de la Asamblea de Madrid o su ministerio de Medio Ambiente (en el gobierno de Aznar) quizá tampoco ayuden a reforzar ese aire de independencia, freno y contrapeso que se le supondría (o que se le debiera presuponer) a un organismo como la CNMV. Y por añadir otros dos ejemplos: la bronca en público de Fernández de la Vega (vicepresidenta del gobierno de Zapatero) a Casas (presidenta en aquel momento del Tribunal Constitucional) resulta sobradamente significativa. Como subrayable significación adquiere que Pérez de los Cobos (actual presidente del Tribunal Constitucional) fuera afiliado del PP. Es de justicia deducir que no estamos ante irrelevantes anécdotas, sino ante una innegable categoría: “Llegados a este punto, el problema ya no es que a los magistrados se les presione y no se les deje ser independientes: ahora sencillamente es que ellos mismos no tienen ningún interés en serlo. La prueba es que el presidente del Tribunal Constitucional en el año 2013 no necesita ser coaccionado en absoluto: simplemente, está tan identificado con los interés del partido que le ha nombrado que ha sido afiliado suyo. (…) si los políticos piensan, con razón, que sus designados jamás habrían llegado a tan altos cargos sin su mediación, y por tanto que les deben un gran favor, no dudarán en reclamar que se lo devuelvan. Por el contrario, nadie llama a dar instrucciones a los magistrados del Tribunal Constitucional alemán, cuyo prestigio es tremendo, y menos todavía nadie les echa broncas en público. Las diferencias en cuanto al funcionamiento institucional a la vista están” (Sansón Carrasco, 2014. ¿Hay derecho? La quiebra del Estado de derecho y de las instituciones en España. Península, pp. 54-55).

22 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    En general el análisis que hacemos de la corrupción da por axiomáticas o inmutables determinadas condiciones de entorno y se centra en los mecanismos de control y represión de los casos de mala conducta.

    Este enfoque opera entre parámetros muy limitados y lo normal es no sólo que fracase sino que resulte económicamente insostenible por una conocida ley del mundo de los sistemas. La ley de Ashby.

    En último análisis es un esquema resignado porque no solo “otorgamos” muchísimo poder sino que encima nos obligan a pagar el coste de los controles.

    Los controles pueden ser de naturaleza moral: valores sociales firmemente arraigados y compartidos.
    Pueden ser procedimentales: como las normas de control interno de una compañía bien gestionada.
    O pueden se represivos: castigo a los infractores cuando se les localiza antes de la prescripción.

    Pero casi nunca se analiza en qué entornos se produce la corrupción y en cuáles no se produce.

    Si lo hiciéramos veríamos que apenas hay corrupción cuando el Poder –sobre las fortunas privadas–está más equitativamente distribuido y las conductas son moralmente homogéneas.
    Por contra, aumenta cuando hay gran diferencial de Poder y cuanto menos valor tienen los criterios morales.

    Por eso vemos que cuanto más grande es el diferencial de poder más grande e incontrolable es la Corrupción. Añadamos que el diferencial de poder dificulta e impide tanto la eficacia procedimental como la represiva.

    Además hemos de reconocer que un cierto grado de corrupción opera como un incentivo eficaz y que sin este incentivo no está tan claro dónde está el chollo de ocupar un alto cargo público en un entorno que niega los valores morales. También en este sentido la corrupción es “estructural”.
    El esquema que operaba con los consejeros de Caja Madrid es un buen ejemplo y podría haber sido una forma formalmente intachable de remuneración en especie por un poco más de dinero, con menos de 15 millones de euros de retención en origen pagados a hacienda no habría pasado nada y todos tan contentos. Pero sería todavía más corrupto.

    Añadamos que ahora mismo la mayor parte del poder que opera sobre nosotros no se ejerce desde España. Ni pública ni privadamente porque las cúpulas del Poder ya no son “Residentes” o lo son porque todavía se lo están pensando.

    ¿Cómo controlaremos esto desde aquí? ¿A base de fe? ¿En la UE, “home” de los mayores Lobbies del Orbe, no hay corrupción?

    Necesitamos una revisión total “para mejor discernir” –como dice el nuevo Papa– porque nuestro universo local se ha hecho muy pequeño, nos lo han fragmentado y necesitamos recuperar visibilidad.

    El amigo de un amigo suele decir que “hay países para ganar dinero, países para guardarlo y países para gastarlo”. Y, añade, “casi nunca coinciden”.

    Buenos días

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      Estimado Sr. Oquendo,
      Un comentario a su interesante comentario: Si la variedad de los mecanismos de corrupción exige para su control incrementar los mecanismos de control de la corrupción, lo que tendremos será un incremento exponencial de la corrupción. A la de los Entes de control existentes, cuya corrupción es palmaria, añadiremos más entidades de control, que al corromperse, como las existentes, precisarán de ulteriores entes de control de los nuevos controles, y así sucesivamente. Quizás sea una imaginativa solución; todos corruptos y todos controladores de los demás.
      El Mecanismo de control de la corrupción es la división de poderes; es un Poder Judicial vigilante e independiente; responsables sus integrantes; es un Parlamento independiente del ejecutivo y un ejecutivo diferenciado del Parlamento.
      Aquí está el fallo del sistema; en la ausencia de Independencia del Poder Judicial y en la absoluta sumisión del Parlamento al Ejecutivo, que convierte la Mayoría absoluta (recordemos que la actual del PP descansa sobre menos de 11.000.000 de votos, de un censo electoral de más de 35.000.000 de electores) en dictadura cuatrienal.
      La corrupción del Poder Judicial es la causa de nuestros males. No busquemos añadir más controladores a los controladores. No añadamos más corrupción a la ya existente. La Constitución nos da el instrumento: La División de Poderes; no el aumento exponencial de entidades.
      Porque ya sabemos de la autoorganización de los sistemas complejos. Pero no de los sistemas complejos dotados de entidades individuos dotados de libre alvedrío.
      Salvo que los controles propuestos sean estadísticos, y por tanto relativos, formales, ajenos a la realidad multiforme, que la estadística aspira a uniformizar; o a programar.
      Reciba un cordial saludo.

    • KC
      KC Dice:

      Lere Ferenda, no es cuestión de cantidad, sino de calidad. Usted puede tener la mejor bicicleta del mundo que si pedalea al revés acabará pegándose un mamporro. Es un problema de optimización, no de cuntificación. El actual sistema de control es una absoluta mierda porque está mal planteado y su diseño es puramente artificioso y además omite elementos prácticos primordiales que el Derecho no puede prever porque es una ABSOLUTO ignorante en materias que no sean la suya (sólo tiene que abrir un manual de Derecho Administrativo para ver de lo que hablo, o ver ls declaraciones del actual Presidente del TS sobre las leyes para “robagallinas”). Pero vamos, está más que claro que es una cuestión de fallo en los mecanismos de control, en las “contrabalanzas” jurídicas y económicas. Que nadie haya dicho nada ahasta ahora porque hasta ahora no nos hayamos visto con la mierda al cuello no significa que antes si funcionaran. Sencillamente, el sistema español ha sido como un puente mal diseñado: le servirá unos años para decirle a sus amigos lo bonito que es el punte, pero en una década se llevará por delante a algunos y a otros ya nos les permitirá pasar al otro lado. Más o menos como algunas de las obras del señor arquitecto que hoy declara como imputado. Es lo que tiene la artificialidad, algo digno de estudio psicológicamente hablando. Pero para entender esto hace falta tener algo más que aire en la caja craneal. Y por supuesto haber leído más que manuales jurídicos o económicos.

    • KC
      KC Dice:

      http://www.europapress.es/nacional/noticia-lesmes-dice-ley-procesal-pensada-robagallinas-no-gran-defraudador-reclama-reforma-20141021213342.html

      Por un lado le agradezco al señor Lesmes que haya sido tan claro y sincero. Pero por tora se me queda ese regustillo amargo de que el Poder Judicial se haya dado cuenta a finales de 2014 con ya miles de casos de corrupción (fraude entre otros). Parece que siempre son los últimos de enterarse del meollo.

      No sé, yo he leído de algunos lo mismo hace mucho antes. Incluso lo he ido viendo a medida que iba leyendo leyes (que sonoro). Debe ser que en “casa de herrero, cuchillo de palo”.

      Imagino que desde según qué poltronas y púlpitos es más complicado ver según qué cosas. Pero vamos, que tiene mucho que ver con aquellos de los supermercados y los grandes defraudadores. Una personal que tenga un mínimo de criterio común entiende perfectamente la historia. Otra cosa es que nos interese o no entenderla. Y por alguna razón al “mundillo jurídico” (o parte de él) parece que no le ha interesado hasta ahora.

  2. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Normalidad. Enlazando con el anterior “post”, son los funcionarios por oposición los que tienen un conocimiento mas profundo de la “norma” y los encargados de aplicarla. Siguiendo el símil biológico, los funcionarios son los ribosomas del sistema. Conocen los genes a través del ARNm los interpretan y producen las proteínas debidas. Operan en el interior del sistema y por tanto no pueden cambiarlo, por eficaces que sean en su función. Loa funcionarios replican constantemente las estructuras consideradas normales y para ello tienen un periodo de fuerte conformación. Es en la membrana del sistema donde se produce el “acoplamiento estructural” a que se refiere Luhmnann en su sistema social. Esa es la línea de frontera y lo que convierte a un sistema cerrado en sentido termodinámico, en otro abierto. Ahí es donde las cosas “pueden” cambiar.

  3. KC
    KC Dice:

    El artículo está bien, pero se me hace demasiado largo para explicar que el sistema español es una mierda pinchá en un palo y sus autores intelectuales, tanto jurídicos como económicos, unos mediocres absolutos por muy distintas y variadas causas (si me pongo a hacer un estudio comparativo con Reino Unido, Francia o Alemania me quedo solo). La principal causa es el alto índice de borrego medio en cargos de cierta relevancia donde un idiota (los he visto a decenas a lo largo de mi vida) no debería poder meter mano (sigo sin poder explicarme cómo el grupo aquel de Marbella pudo campar tan a sus anchas en un país medianamente “serio”). La segunda causa es que no es un sisema competitivo, sino puramente endogámico, artificial y de amiguetes, tanto de uno como de otro color, si bien hay un partido que se lleva la palma en este tipo de “mecanismos” (Universidades, cargos políticos, financiero-bancarios hasta llegar al señor policía que entra de funcionario por conocer a, al más estilo “pequeño Nicolás”). Aquí el sistema político actual está fallando porque se basa puramente en ingeniería social, tal y como los simios puedan hacer en las ramas de Tanzania. Esta segunda causa podría englobarse en una mucho más amplia, con influencias que sólo la Historia y la Psicología pueden explicar (por favor, no se empeñen en que el Derecho analice o dilucide el suceso porque sencillamente hace el ridículo una y otra vez). Si al Derecho y la Economía les hubiera importado lo más mínimo el devenir del país, los mecanismos de autocontrol (que claramente han fallado en todos los ámbitos) hubieran sido otros y su realidad muy diferente. Quizás es por ello que no sea casualidad que los dos cabezas visibles de ese partido nuevo que tanto miedo da sean sociólogo (“exjurista”) y científico político, respectivamente.
    Tercera causa es la falta de criterio y el funcionamiento, arraigado culturalmente, de la jerarquía vertical en el que no está bien visto que el rango “inferior” ponga en duda el criterio del rango “superior” (aunque cuando elk primero lleve mucha razón). Esto, que parece tan nimio, genera todo tipo de mamporreros y lamebotas que generan relaciones simbióticas muy peligrosas, como hemos podido comprobar. Pero esa es la cultura española, por muy variadas causas que se haría largo explicar aquí.
    Cuarta causa: en España nadie conoce lo que sea el “plazo largo” y la ·previsión”, lo que nos gusta es el “ahora y mañana ya veremos”, que es lo mismo que ha sucedido en nuestros semejantes (Italia, Grecia, Portugal), de cultura absolutamente similar por razones que imagino -y espero- no tener que explicar. A día de hoy, la Psicología o la Sociología regularían muchísimo mejor las leyes que el Derecho y/o la Economía.Si esto todavía no lo tenemos claro, mal vamos… E insisto que yo soy jurista (entre otras cosas, afortunadamente). Lo menciono por adelantarme a pensamientos paranoides. Desde luego si no sabemos hacer autocrítica vamos listos…

  4. Fernando Portillo Rodrigo
    Fernando Portillo Rodrigo Dice:

    Simplemente buenísimo. Gracias por esta acertada disección de la (triste) realidad que nos empapa. El problema es que la mayoría de la gente se conforma (y exige) poder vivir según sus aspiraciones más inmediatas, poder comer esto, salir allí o comprar aquello, y le da igual la mayor o menor calidad democrática de la sociedad en la que vive. No le afecta a su vida diaria, y tiene razón en la inmensa mayoría de las veces. Menos mal que aun nos quedan artículos como éste, en espacios como este blog. Todavía hay esperanza.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Para Lege Ferenda.

    Estimado compañero de tertulia foral.

    Creo que estamos diciendo algo muy parecido: La superposición de controles sobre controles no sólo no resuelve sino que pronto se hace insostenible aunque sólo sea por el costo del mecanismo de control o de alguno de sus otros efectos –por ejemplo el de la parálisis y aborregamiento social que induce el control obsesivo–.

    Este es el sentido último de la Ley de Ashby que es vista también por los antropólogos actuales como causa central del ocaso de culturas y civilizaciones: Su incapacidad para gestionar la complejidad sin reducir grados de libertad que las lleva invariablemente a una situación de rendimientos decrecientes. (Tainter, “The Collapse of Complex Societies”, 1988)

    Como bien ha sufrido cualquiera que haya tenido responsabilidades sobre un grupo humano, hay que tentarse mucho la ropa con los controles y las órdenes porque a lo mejor “te castigan” con la inacción y con la obediencia literal. Sucede en la familia, en la empresa u otro tipo de organización, en cualquier deporte de equipo, en el ejército, etc.

    El primero que explicó en detalle cómo es un control “cibernético” o sistémico fue Norbert Wiener (The Human Use of Human Beings: Cybernetics and Society, 1950). Es interesante recordarlo para ver que no es gratis, que sus costes son normalmente superiores en órdenes de magnitud a los una situación libre y por eso hay que aplicarlos sólo donde su función es sinérgica, es decir, donde aporta más de lo que cuesta.

    Estos y otros personajes, –como todos aquellos hombres de ciencia que desde la revolución Francesa han osado poner en cuestión los usos habituales del Poder–, cada vez se hunden más en el olvido gestionado pero son autores importantes para discernir qué está sucediendo y entender que si hacemos lo mismo que hacíamos volverá a suceder lo que sucedía. Lo que está sucediendo.

    Estos días por la noche estoy leyendo a otro “olvidado” Christopher Lasch, The culture of Narcisism-American life in an age of diminishing expectations. 1979. Norton.

    Claro que estamos avisados pero una de las habilidades de este sistema de Poder –el que emerge en el siglo XVIII– es que ha capturado tanto que maneja a sus anchas hasta el subsistema cultural.

    Un cordial saludo

    • KC
      KC Dice:

      Oquendo, habla usted rápidamente del gasto que generan los controles y demás. ¿Usted se ha parado a reflexionar el dinero que le cuesta al contribuyente toda la tipología de delitos económicos tanto directa como indirectamente? Es más, ¿usted se ha parado a reflexionar?
      Insisto, no es una cuestión de cantidad, sino de optimización y calidad. Si uno coloca en un sistema X métodos de control pero éstos están diseñados de forma que no cumplen mínimamente su cometido es como si no hubiera hecho nada. OPTIMIZACIÓN, señor Oquendo.

  6. de Lege Ferenda
    de Lege Ferenda Dice:

    Estimado Manu, desde luego que nos estamos refiriendo a lo mismo; la razón es que usted va iluminando el camino, por el que luego, otros podemos transitar.
    Vamos perdiendo el miedo, e incluso la esperanza. Debe ser que caminamos hacia la libertad.
    Gracias.

  7. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Estimado KC.

    Si repasa el contenido que comenta se dicen muchas más cosas que el alto coste de los controles y todas ellas deben considerarse en su conjunto porque, aisladamente y excluyendo el resto, dejarían de tener sentido o razonabilidad.

    Por ello –sobre el coste de los controles– lo que se dice es que “hay que aplicarlos siempre en situaciones sinérgicas”, es decir, no entrópicas. “Cuando el rendimiento del sistema mejora con el control”.

    Por ejemplo, un semáforo y una policía de tráfico son controles carísimos, pero los beneficios del tráfico fluido y sin accidentes son muy superiores “para los conductores”.
    Por lo tanto es evidente que el tráfico ha de ser regulado para que pueda incluso existir.

    En este debate es frecuente que se confunda la cautela ante los efectos de determinados controles con posturas “liberales” a su vez enfrentadas a posiciones “estatistas”. No es el caso y por ello trato de aclararlo si no lo estaba suficientemente, porque la confusión no ayuda a construir.

    En el caso que nos ocupa, –la corrupción y el saqueo–, a mi me parece que si se quiere solucionar es necesario, más que la necesaria transparencia y el control microscópico de vidas y haciendas (dictatorial), revisar a Fondo la impresionante frecuencia con la que las cúpulas políticas de la Administración se encuentran en la posición de poder decidir sobre nuestra vida y hacienda a base de barreras y autorizaciones para todo. Literalmente hasta para respirar.

    En esta situación no se puede pedir al ciudadano que no trate de influir en el decisor-sátrapa y que muchos lo consigan.
    Unas veces es con dinero y otras con otro tipo de bienes o afectos pero “a más diferencial de poder discrecional más corrupción”. En Barcelona o en Detroit.

    Es por tanto evidente que la forma más eficaz de reducir la corrupción es reducir sus oportunidades limitando al mínimo esta intromisión cotidiana de la administración…. Municipal, Autonómica, Española y….Europea.

    Esta última es otro inmenso motor de corrupción y puertas giratorias pero como está más distante ni siquiera se percibe.

    Sucede que “del Estado” vive mucha gente, demasiada, y proponer que se ajuste a una operativa más limitada y razonable afecta a los intereses económicos y políticos de muchos entre los cuales abundan quienes gustarían de dictar nuestras vidas a niveles incluso superiores a los de una Unión Europea que, a efectos de control y coste, es ya la envidia de los Soviets.
    Y, como vemos y veremos, con parecidos resultados.

    Saludos cordiales

    • KC
      KC Dice:

      Oquendo, no me salga con dogmas, hombre. Cuando usted lea de mí la palabra “control” y “regulación” no piense en un Gran Hermano orwelliano ni en una lupa gigante espiando todos sus movimientos. Pero no me venga usted con la demagogia barata de aquellos autoproclamados liberales de: “lo mejor es dejar hacer” (laissez faire), porque ya hemos visto en lo que acaba el no disponer de controles bien diseñados. Si usted quiere que un sistema funcione a plazo largo va a tener que diseñar unos controles espcíficos, y no es cuaestión de estatalismo o semejante, es cuestión de simple y puro sentido común, que es lo que necesita España ante todo, aparte de una profunda revisión psicológica de la mayoría de la población. Y por supuesto releer aquel “Ética para Amador” para tener al menos una idea de lo que pueda ser la ética. Usted dice que hay mucha gente que vive del Estado. Yo le digo que hay mucho anti-estatalista que es el primero en vivir del Estado. ¿Qué hacemos pues? ¿Seguimos con los dogmas de hace 200 años? Que no es una cuestión de A o B, es una cuestión de ir ya enfocando un poco el tema, que ni una superreglamentación es buena ni aspirar a no tener leyes es lo mejor. Parece que no queremos encontrar el punto medio y por eso hay en España una especie de esquizofrenia en la que muy pocos tienen un criterio mínimamente válido. Los que no estamos en A y en B estamos hasta las gónadas de que otros repitan el argumentario de su “ADN” mental una y otra ve. La Administración se deberá “entrometer” en lo que sea realmente necesario, no puede usted aspirar a que aquí se recalifique por amiguismo como si España fuera una simple tarta como… Coño, ¡pero si es lo que ha pasado! A mí me daría verguenza ser profesor de Derecho Administrativo y dar lecciones de la materia sabiendo cómo han funcionado las administraciones en temas de concesiones, adjudicaciones, etc. ¿A uste no?

  8. Luisa
    Luisa Dice:

    Tras conocerse que las costosas obras de reforma de la sede del PP en calle Génova han sido pagadas con dinero negro (eufemísticamente llamado “dinero B”) procedente de la corrupción (cohechos o dádivas de la trama Bárcenas/Gürtel), parece claro que el PP debe abandonar dicha sede nacional. En mi opinión debería, además, plantearse donar dicho edificio a Cáritas u otra ONG.

    Sería vergonzoso que, tras las próximas elecciones, el presidente del gobierno comparezca desde el balcón de calle Génova (como en ocasiones anteriores), siendo como es éste (ahora lo sabemos) un edificio mancillado por el estigma de la corrupción institucional.

    El PP debe prescindir de su sede nacional de C/ Génova, donar el edificio a una institución humanitaria y procurarse CON DINERO LIMPIO una sede mucho más humilde y austera, por ejemplo en el barrio de Vallecas.

    No sería sólo un gesto o símbolo. No sólo, pero también.

  9. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Estimado KC.

    Me temo que su comentario de hoy reitera una discusión sobre estereotipos que no encuentro en mi texto. Más bien todo lo contrario.
    Supongo que tendré parte de culpa cuando usted lo entiende en un sentido distinto del que yo pretendía.

    Lo siento mucho pero, por favor, no se me enoje que en todo caso ha sido con la mejor de las intenciones.

    Por otra parte sabe que esta forma de Estado –y de regular tanto el Poder como su Acceso y Ejercicio– ha resultado en que más del 50% de la población sea Dependiente Estructural (es decir, seres humanos con limitada y decreciente autonomía personal) y que —a pesar de que el IBEX prácticamente en pleno vive de prestar servicios públicos por cuenta del Estado— hemos multiplicado por CINCO el número de empleados públicos y estamos sin poderlos pagar.

    Todo ello tras renunciar voluntariamente a más del 40% de nuestro empleo industrial desde finales de los 70, a una moneda propia y a una política económica razonablemente autónoma. Esta reducción de empleo productivo se ha tratado de compensar políticamente con empleo público y privado de servicios. No es lo mismo. Unos crean riqueza tangible, los otros la consumen (a veces, como ahora, a Crédito-Minsky, es decir, sabiendo que nunca podremos pagarlo)

    Por lo tanto estoy de acuerdo en la idea de que es esencial encontrar un punto de equilibrio y sensatez en el cual las personas sean menos Dependientes Estructurales y el Estado sea Sostenible prestando (en muchos casos Directamente) los servicios que todos deseamos que tenga una sociedad de la que valga la pena formar parte.

    Para parecernos a Dinamarca, Suecia o Corea del Sur les copiamos muy poco. Es más, nuestros gobiernos han hecho lo contrario que estos países con su economía productiva.

    Saludos

    PD. En 1975 España tenía la misma renta per cápita que Irlanda; hoy, casi 40 años después, es un 38% inferior. En 1975 la producción industrial de Corea del Sur era la misma que la de España, en 2012 es cuatro veces mayor.

  10. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    http://boe.es/boe/dias/2014/11/01/pdfs/BOE-A-2014-11216.pdf#BOEn
    282 Nuevas plazas para viejos jueces.
    ¿Se trata de hacer jueces a quienes eran ya jueces digitales; elegidos a dedo, aclaro?
    ¿Y de vendernos la moto como lucha contra la corrupción?
    Lucha contra la corrupción, dejando al margen a los corruptores.
    Dos son las patas del engendro estatal. Dos corrupciones que gozan de impunidad: La corrupción mediática y la corrupción judicial.
    Y así seguiremos.

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      No Lege Ferenda, estas plazas judiciales son para los que aprobaron la oposición y estaban sin destino yendo de un lado para otro con el engendro ese que crearon de Jueces de Adscripción Territorial. Lo que no es cierto es que sean nuevos jueces, esos jueces ya estaban ejerciendo funciones jurisdiccionales, sólo se les recolocan.Copio comunicado de Foro Judicial Independiente.

      “La opinión pública debe saber que no se crean plazas de jueces (ni fiscales) desde hace tres años, y que, como las oposiciones se han ido convocando anualmente, ello ha generado en una situación dramática para los jueces de esas últimas promociones, los cuales, tras años de dura preparación teórica y práctica, se encuentran sin juzgado al que ir, obligados a permanecer en una situación de interinidad y en una indefinición profesional y salarial que las asociaciones judiciales ya hemos denunciado varias veces y que, desde luego, no se merece nadie, pero menos quienes, ya en su juventud, ven así pagado su tremendo esfuerzo.

      Por lo tanto, la creación de estas plazas no responde a ninguna política del gobierno dirigida a acabar con la corrupción política, sino a la necesidad de dar salida a cientos de jueces que actualmente se hallan sin destino fijo, en una lamentable situación de precariedad y provisionalidad. El propio Sr. Ministro, Sr. Catalá, lo expresó así el pasado 15 de octubre, en la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados, cuando señalo: “Desde 2011 la Planta Judicial permanece inalterada y, sin embargo, que la Escuela Judicial ha seguido aprobando y, por lo tanto, poniendo a disposición del Poder Judicial jueces en los últimos años que, sin embargo, no han podido adscribirse a destinos judiciales. En este momento, tenemos un déficit de 276 plazas, y les anuncio ya que el Gobierno se propone crear 282 unidades jurisdiccionales con el fin de resolver esta grave disfunción que tenía sumida en una incertidumbre a una parte de la carrera judicial, precisamente a los más jóvenes, los recién incorporados a la carrera, los que acaban de aprobar sus oposiciones y que lo que desean es empezar a trabajar”. Esta misma situación se reconoce igualmente en la Exposición de Motivos del Real Decreto por el que se procede a la creación de estas nuevas plazas judiciales.”

  11. Luisa
    Luisa Dice:

    Esperemos que, al menos, esos 282 jueces sean de oposición, y no de ésos que los propios partidos políticos colocan entre sus adláteres para que, vía aforamiento, después les juzguen (es un decir) en las salas “ad hoc” de los TSJ.

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