¿Oposiciones, másters? Be water, my friend

Se dice que, cuando sales de la facultad de Derecho, no tienes ni idea de Derecho. Ello, unido a que el mundo jurídico actual se ha vuelto extremadamente competitivo, alienta a muchos a completar su formación, es decir, a diferenciarse en el mercado. En ese momento, un licenciado o graduado en Derecho puede escoger entre dos únicos caminos: oposición o máster. La decisión es mucho más profunda de lo que parece, pues consiste en elegir entre nada menos que dos mundos completamente distintos: entre el pasado y el presente, entre el hielo y el agua.

La oposición es un camino muy duro y más a la antigua. Es una formación, por decirlo de alguna manera, sin tonterías. Un estudiante de Derecho que se vuelca en una oposición tiene que ser o, cuando menos, convertirse en un pedazo de hielo: frío, duro, inflexible. Debe someter todas sus emociones a su voluntad y postergar el placer inmediato a cambio de una recompensa futura.

El mundo de los másters es diferente. La idea principal de un buen máster es la que ya pregonaba Bruce Lee: “Be water, my friend”. Es decir, todo lo contrario que el opositor. Los alumnos ya no necesitan sólo conceptos, sino también habilidades, en especial la habilidad de ir adaptándose continuamente a un entorno cambiante y complejo como el actual, igual que el agua se adapta velozmente a la forma del espacio que la contiene. De lo que se trata es de aprender a usar las herramientas de que uno mismo dispone –pero que a menudo no utiliza– para enfrentarse con éxito a los desafíos del jurista moderno.

Como todo estudiante deseoso de ampliar mi formación, yo también me encontré un día en el dilema de elegir entre ambos caminos. Y ya antes de tomar mi decisión me di cuenta de que ambos tipos de aprendizaje son, desafortunadamente, incompletos. La oposición es un modo extremadamente objetivo de elegir a unos pocos entre muchísimos, pero tal vez un poco alejado de la realidad. Cuando un opositor gana su plaza, nadie duda de su vasto conocimiento, ni de su capacidad de sacrificio y, no obstante, cuesta confiar en otras cualidades muy válidas hoy en día, como la visión práctica, el pensamiento crítico, la capacidad de trabajo en equipo o la flexibilidad. Ha pasado varios años encerrado en una habitación, solo y recitando artículos de memoria, por tanto adormeciendo todo atisbo de creatividad.

Los posgraduados, por su parte, flaquean en aquello que precisamente hace fuerte al opositor: los conocimientos. Porque no hay que engañarse: un máster es un curso de especialización para alguien que, irónicamente, todavía no domina lo básico. Uno sale más preparado y seguro de sí mismo, pero, más que un dominio exhaustivo de la materia, lo que se saca de ahí son conceptos básicos, método y capacidad de trabajo y buenas amistades. Se aprende a pensar y a trabajar, pero no se convierte uno en un especialista en nada. Lo digo con humildad y conocimiento de causa; al final, decidí estudiar un máster en una escuela de negocios de Madrid y ahora sé que, para ser experto en algo, con suerte habré de esperar todavía unos cuantos lustros de experiencia profesional. Conscientes de ello, y para abrillantar nuestros perfiles, las escuelas de posgrado se esfuerzan por instruir a los alumnos en todo tipo de habilidades, en concreto aquéllas que la complejidad del mundo y de la situación laboral del país hoy les exigen.

Ese afán de mejora surge, en realidad, de una diferencia fundamental entre el opositor y el posgraduado. Antes de aprobar los distintos exámenes, el opositor está plagado de incertidumbre, pues sus posibilidades de aprobar son muy pocas. Cuando gana la oposición, en cambio, lo que tiene es certeza: certeza de que tendrá un trabajo toda su vida, de que será bueno en lo que haga y de que, en definitiva, gran parte de la batalla ya está vencida. Y eso porque el opositor tiene la legitimidad del rito de paso, esa prueba iniciática teñida del dramatismo de jugárselo todo a una sola carta, en igualdad de condiciones a los demás, con la consecuencia de que sólo los mejores consiguen aprobar.

Sucede lo opuesto con el posgraduado. En la formación de posgrado entran otros valores en juego que no hay que menospreciar, como, por ejemplo, el alto coste económico de esa misma formación, que indirectamente supone que el esfuerzo realizado no se traduce de una manera tan dramática en un esquema triunfo-fracaso. Normalmente, en un máster, al contrario que en la oposición, uno tiene la certeza de que lo va a aprobar, quizás porque las entidades privadas no pueden permitirse suspender a todos los que lo merecen (pues, de hecho, eso les perjudicaría a ellas mismas) y/o quizás porque las diferencias entre los buenos y los malos estudiantes no son tan patentes como en las oposiciones. Y, al revés, cuando acabe el máster, lo que único que le deparará la vida es una terrible incertidumbre. Se enfrentará a un mercado competitivo, globalizado y cambiante, que se mueve por modas, intereses y a veces por injusticias. Eso sin mencionar la crisis laboral del país…

Así, poco a poco, de la misma forma que el opositor, ante la incertidumbre, colma su vida de certeza por medio del estudio diario, acercándose lentamente a su preciada recompensa, el posgraduado va invirtiendo cada vez más tiempo en nuevos modos de otorgar certeza a su vida. Hace contactos (o, como se le llama ahora, networking); se prepara para entrevistas de trabajo; se entrena en el trabajo en equipo y en el liderazgo; aprende a hacer magníficas presentaciones con PowerPoint, a hablar en público, a expresarse como un abogado; etc. Pero todas esas habilidades o, como las llaman los anglosajones, soft skills, no hay que olvidarlo, son complementos de las hard skills (para nosotros, los conocimientos objetivos), y, como tales, deben servir a estas últimas. ¿Para qué aprender a hablar en público si no se tiene nada que decir? ¿Para qué trabajar en grupo si no se tienen ideas ni conocimientos que aportar? Pues resulta que ahora está ocurriendo lo inesperado: que cada vez se otorga más valor al complemento, en detrimento de aquello a lo que éste debe complementar. La propia RAE define complemento como aquella “cosa, cualidad o circunstancia que se añade a otra para hacerla íntegra o perfecta”. Es decir, que se precisan de las dos o, de lo contrario, no se alcanza esa “perfección” deseada.

Como de costumbre, la virtud parece estar en el punto medio, y en ambos extremos se pueden correr riesgos. El opositor tal vez corra el riesgo de quedar obsoleto; un poco a modo de caricatura, se lo podrían imaginar postrado en una mecedora, fumando de una pipa y envuelto en una discusión sin fin sobre la teoría de la causalidad de Savigny. El posgraduado, en el otro extremo, se arriesga a invertir demasiado tiempo en sus habilidades y muy poco en sus conocimientos, para así acabar convirtiéndose en un ser vacío, en un experto vendedor de humo.

Decía al principio que, si el opositor representa el hielo, el posgraduado representa el agua, pero no es verdad. Poco a poco, el posgraduado  corre el riesgo de convertirse en ese humo que él mismo vende; en un currículum repleto de títulos que se evaporan con el calor de su propia aura. Y, así, el jurista, tras pasar de sólido a líquido, ahora quiere evaporarse. Y eso no debe ser.

En fin, que más calor al gélido opositor y más frío al joven y ardiente posgraduado. Ni hielo ni gas: Be water, my friend.

56 comentarios
  1. Doctor
    Doctor Dice:

    Faltan alternativas. El recién graduado también se puede dedicadar a un doctorado y a la docencia. A ejercer con los amigos en una startup. A meterse en un despacho grande, pequeño o mediopensionista. Hay más caminos que el sacerdocio opositor o la juerga máster.

    • misnotas
      misnotas Dice:

      falta lectura reposada.
      y una lectura amable con deseos de integrar el contexto ….que el autor se ha olvidado de algo

      la segunda oración carece del sujeto y “ellos” es una expresion huera al omitir la primera ese sujeto “los recien licenciados” al que la segunda invoca
      pero lo que si está claro aunque no todo lo patente que el Doctor quiere es que el post trata sobre de ….”completar su formación” y esconde (y ahí la amabilidad de interpretar el contexto) el fin

      ” completar su formación para el ejercicio profesional como jurista”

      Es lo que tiene el hachedoso, que entre con gas/sin gas, fria/del_tiempo, con_su_rodajita_de limon/o_no uno se olvida de algo.

  2. Alfonso
    Alfonso Dice:

    Aplicable no sólo al Derecho, sino a casi cualquier otra carrera. Resaltar que fuera del ámbito académico (cuya capacidad para dar trabajo a la ingente cantidad de licenciados es en proporción casi nula) la oposición no crea ni destruye ninguno de esos valores, pero en la práctica es mucho más valioso alguien que sabe poco pero sabe comunicarlo bien que alguien que sabe mucho pero no sabe cómo contarlo o aplicarlo.
    Si queréis un ejemplo de manual, mirad el auge que está teniendo ahora el mundo del mentorazgo (mejor traducción de “coaching” que he encontrado) No existe ninguna cualificación necesaria para llamarse “coach”, todo el mundo puede hacerlo. El resultado es que los más valorados no son los mejor preparados técnicamente, si es que existe una preparación para esto, sino los que mejor saben venderse. Y por cierto, están ganando dinero a espuertas.

  3. Daniel García
    Daniel García Dice:

    Estimado Sr Gomá,

    Me parece muy interesante su artículo, pero creo que adolece de una perspectiva limitada (creo que derivada de su condición de notario) del mundo de las oposiciones.

    ¿Se ha parado usted a pensar que hay oposiciones del Grupo A1 donde no todo es memorizar? Carrera Diplomática, Administradores Civiles del Estado, por ejemplo.

    ¿Se ha parado usted a pensar de que un número no desdeñable de quienes aprueban cierto tipo de oposiciones (p.e. el segundo ejemplo de mi párrafo anterior) lo hacen previa realización de un master y/o ejercicio profesional en muy diversos ámbitos? Sin ir más allá, quien esto suscribe.

    ¿Se ha parado usted a pensar que cabría la posibilidad, como tantas veces nos han recordado desde Nada es Gratis, de reformar el sistema de selección de funcionarios?

    Por otra parte, afirma ud lo siguiente, referiéndose a un opositor exitoso: “Cuando gana la oposición, en cambio, lo que tiene es certeza: certeza de que tendrá un trabajo toda su vida, de que será bueno en lo que haga y de que, en definitiva, gran parte de la batalla ya está vencida”.

    Quiero creer que no comparte usted esta visión, desgraciadamente muy común, y que se limita a reflejar un sentir común. A mí esta afirmación me plantea las siguientes dudas:

    ¿No le parece a usted que la frase en negrita, desgraciadamente, no es del todo cierta, y que el sistema de carrera administrativa y promoción profesional (el gran agujero negro de la gestión de RRHH en las AAPP de España, del que tan poco se habla, frente al sistema de selección, que no es del todo malo para la realidad del país, y sobre el que todo el mundo discute) favorece de modo vergonzante el acomodamiento y desincentiva la excelencia y el esfuerzo?

    ¿No es un poco vergonzoso que un opositor aprobado, con, por ejemplo, 26 años de edad y más o menos 44 de ejercicio profesional por delante, crea que “gran parte de la batalla está vencida”? ¿Es esta certeza es un incentivo adecuado para la consecución de la excelencia que cabría exigir a los funcionarios públicos, o más bien favorecedora de todo lo contrario?

    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      Me gustaría aclararle, amigo Daniel, para que tenga la perspectiva correcta, que no soy yo, Ignacio Gomá Lanzón, notario, sino mi hijo, Ignacio Gomá Garcés, licenciado en Derecho y que ha cursado un master, el que hace esas afirmaciones, probablemente influenciadas, eso sí lo reconozco, por sesudas conversaciones a la hora de comer en relación a cuál es el mejor futuro para un licenciado en Derecho de los tiempos actuales.

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Sí, Daniel García, esa admiración por la oposición es sólo cosa mía. Y, precisamente como yo no me atreví con ninguna oposición, le pido que se lo tome más bien como una muestra de respeto hacia aquéllos que sí se lanzaron a ella, tanto si la aprobaron como si no. Y admito que sí pienso que, en términos generales, un opositor domina la materia con la que lidia y, por tanto, será “bueno” en ello. Al menos ésa es la sensación que me da.
      Pero tienes toda la razón al decir que el hecho de que, cuando un opositor aprueba, PIENSE que haya ganado “gran parte de la batalla” (si es que eso es cierto) desincentiva el progreso de los funcionarios y tal vez vuelva ineficiente el sistema. Por eso también dije que la oposición es un sistema, aunque más objetivo, también incompleto. Las razones por las que es incompleto ocupaban más palabras de las que yo estaba autorizado a escribir y, además, en ese caso ya no soy yo el adecuado para escribirlas.
      De todos modos, le agradezco sinceramente el comentario. Como dice mi padre, todo el artículo es en producto en realidad de largas charlas sobre el mundo líquido actual, el sólido antiguo, Zygmunt Bauman y, en definitiva, de discusiones en las que bromeábamos y nos metíamos el uno con el otro. Por eso quizás esté un poco sesgado.

  4. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    Excelente artículo Ignacio, si bien al empezar a leer te confundí con Ignacio Gomá “padre” y solo al leer el apellido Garcés pude comprender el sentido del texto.

    Me siento plenamente identificada con las ideas de tu exposición, expuestas de forma muy clara y convincente. Yo tambien prepare unas duras oposiciones a un cuerpo superior de la Administración del Estado y durante tres años me encerre como una monja de clausura memorizando conceptos y entrenándome para que mi exposición en el examen oral fuese reflejo de mi preparación…¡¡¡Cuantas horas cantando temas a mi sufrida preparadora!!!

    Pero mi formación estaba incompleta, he necesitado trabajar con diferentes equipos para saber desarrollar habilidades de dirección, planificación, estudiar técnicas de control y evaluación de los planes que se ponian en marcha. Y todo esto se va puliendo con la práctica profesional y el desempeño de diferentes puestos de trabajo pero nunca he dejado de tener curiosidad por aprender nuevas cosas, es un reto pero es apasionante. Y precisamente, como tu dices, el riesgo de quedar obsoleto hay que vencerlo con un esfuerzo continuo por aprender nuevas habilidades y venciendo la inseguridad de explorar otros caminos.

  5. antonio
    antonio Dice:

    Advierto que opino desde mi ignorancia absoluta del campo profesional del derecho, y desde mi óptica de economista que ha pasado por el campo profesional alto y el académico medio en el que estoy actualmente. En economía prepararse una oposición es diametralmente opuesto a “formación”, precisamente por estar “recitando artículos de memoria”. En economía, pensar que se puede generar conocimientos a través del aprendizaje de memoria de una serie de “conocimientos” que sabes que no solo quizás no vayas a utilizar nunca en tu actividad laboral, sino que tu carrera no dependerá de manera crítica de ello, es bastante ingenuo.

    Con respecto a los masters, en el caso español me sobran dedos de una mano para contar los únicos que valen la pena, los cuales no se parecen en nada al típico master comercial. Si ya incluimos el extranjero, estamos hablando de otro mundo. Que quiero decir con esto? Existen masters en los cuales vas a estar 2 años de tu vida durmiendo poco, sin vacaciones y donde perfectamente te pueden suspender (de vistas al mercado) a pesar de recibir un aprobado a nivel docente, habiendo pagado una pasta. Englobar toda la formación de postgrado en un solo vocablo puede llevar a malentendidos.

    Es solo una opinión quizás errada y muy probablemente fuera del campo del derecho. Disculpas si he restado más que aportado a la discusión.

    Saludos cordiales! Antonio.

  6. Daniel García
    Daniel García Dice:

    Estimado Ignacio,
    Lamento mi falta de atención, y pido disculpas tanto a usted como a su hijo. No obstante, confío en que mis observaciones, error al margen, contribuyan a alimentar el debate generado por este interesante artículo.

    • José M. Sánchez Tapia
      José M. Sánchez Tapia Dice:

      ¿De verdad cree usted, Sr. García, que aprobar notarías es cuestión de “memorizar”?.
      Copiando su estilo…”párese a pensar”.

  7. KC
    KC Dice:

    ¿Para qué aprender a hablar en público si no se tiene nada que decir?
    El mundo del Derecho, y más concretamente el español, tiene un problema con la oralidad y lo que ello representa en la esencia de la carrera. El que un catedrático obligue a un alumno a examinarse únicamente mediante la oralidad (me consta que es así) significa que ese señor, o señora, es un auténtico patán en otras lides, un auténtico ignorante práctico al que posiblemente le interese más por lo que supone la economía personal de su tiempo que el auténtico interés de añadir calificaciones objetivas. Porque desde luego es inaudito que un jurista docente piense que eso debe ser así “para que los abogados se vayan preparando”, que es una de las imbecilidades más sonoras y gigantescas que he tenido que escucharen bocas jurídicas ajenas (catedrático). Luego es normal que exista una relación entre palabreros, meros parlanchines, “espadachines” del verbo oral y una serie de estafadores, delincuentes y demás bazofia jurídica para los que las formas siempre han sido más importante que el contenido.

    • Daniel García
      Daniel García Dice:

      Estimado Sr. Sánchez Tapia,
      Conociendo numerosos casos de hasta diez años de preparación de las citadas oposiciones, me atrevo a pensar que el componente memorístico constituye un elemento más que relevante de entre los ingredientes exigidos para el éxito.

      En absoluto pongo en cuestión las habilidades y capacidades de quienes preparan o aprueban estas oposiciones. Lo que pongo en tela de juicio es el formato del procedimiento de selección, que, como digo, creo que otorga demasiado peso a la memorización de contenidos.

  8. marta antuña
    marta antuña Dice:

    Felicito a Ignacio Gomá Garcés por su artículo. Es un ejemplo de que la juventud no está reñida con la capacidad de observación, la atinada reflexión y la claridad de ideas.

    En este artículo mandan al unísono intelecto y corazón/creatividad, y desde mi punto de vista, este uno de los retos de hoy en día: que podamos trabajar, gobernar, organizar, dirigir, producir, etc.; en definitiva, vivir, con mente y corazón. Hay exceso de racionalización en todos los planteamientos del hombre moderno y así nos luce el pelo.

  9. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Me parece un artículo muy acertado Ignacio. Últimamente se está primando el envoltorio y esas ciertas habilidades sobre el contenido y en ese equilibrio, como en todo, está la virtud. Las oposiciones no son un sistema perfecto ni completo pero a quien las prepara le otorgan un conocimiento global y al detalle del derecho, una capacidad de sacrificio, concentración y exigencia muy altas o una buena expresión oral. Está claro que se pierden habilidades de trabajo en equipo, los idiomas, el trabajo práctico u otras. Pero es que los masters, como bien explicas ocurre lo contrario. Se desarrollan las habilidades, pero sin todavía tener unos conocimientos básicos, y masters buenos se cuentan con los dedos de la mano, a lo que hay que añadir ese coste económico que expone el autor. Pero es que luego, tampoco parece que haya interés en que esos conocimientos se desarrollen. Y el problema es que parece que últimamente el conocimiento del derecho no es importante, que es lo de menos. Para ser un buen abogado “hay que llevar clientes” y tener perfil comercial. Me quedé helado cuando leí un informe llamado “El Abogado del s. XXI” de ESADE, y los conocimientos en Derecho equivalían a un 5% y el perfil comercial un 31%. Todavía me pregunto cómo solucionarán los casos complejos en este siglo esos comerciales si su conocimiento del derecho es nimio. Y cómo mantendrán esos muchos clientes que lleven, si por no conocer el derecho no puedan hacer una buena defensa y pierdan el caso y por lo tanto el cliente. Que todavía hay gente no es tonta, y sabe diferenciar entre un “vendehumos” y un buen profesional. Por supuesto, como en muchas cosas en la vida, en el término medio está la virtud.

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      El déficit de teoría,en el “remasterizado”, se cubre con los contactos. O con información privilegiada.
      Antesala de la corrupción.
      Por mi profesión, abogado, me he relacionado con muchos Notarios. Y no he conocido a ninguno cuyos conocimientos me hayan defraudado. El afán de conocimientos siempre supera al “ánimo de lucro”. Y, para el opositor, por tediosa que parezca la materia, su estudio desemboca en el interés por lo estudiado.
      Aunque sinverguenzas los hay en todas las dimensiones de “la carrera”.
      Me preocupan más las oposiciones a Judicaturas. Conozco según que jueces, a los que conocí en la facultad e incluso antes, que evidencian que la fortuna de unos resulta en la degracia de muchos. Pero esa es otra historia.
      Gracias por el post, interesante y atípico.

  10. Eduardo Rodríguez
    Eduardo Rodríguez Dice:

    Estimado señor Gomá, debo confesarle que leyendo el enunciado me esperaba otro post donde los funcionarios íbamos a salir al parados. Por mi condición de tal y con dos oposiciones a cuesta, soy muy “militante” contra las críticas infundadas y la cerrazón contra lo público. Pero lejos de ello, me he encontrado con un post muy lùcido y lucido que suscribo en gran parte. Es más, creo que muchos compañeros míos, Inspectores de Hacienda del Estado, lo suscribirían.
    Como me han permitido escribir en este blog, se por experiencia la dificultad de condensar las ideas y atinar con el matiz. Sólo añadir que todo debería empezar desde la Universidad.
    Reitero la felicitación, el acierto y la mesura.

  11. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Ciertamente nuestros mejores y mas portagonistas operadores jurídicos parecen ser los triunfadores de esas durás oposiciones. Pero si observamos en su conjunto nuestro sistema jurídico, resulta muy mediocre. Alguna responsabilidad tendrán estos, digo yo, aunque solo sea por omisión. Efectivamente, nuestro sistema es lento, inadaptado a las modernas tecnologías, desconocedor de los avances de las ciencias y del conocimiento, falto de espíritu crítico y hasta en demasiadas ocasiones amigo de la corrupción. ¿Donde las mareas de abogados del estado, jueces, notarios, registradores, técnicos de la administración civil…? ¿No son ellos, por su conocimiento, quienes deberían encabezarlas? ¿A caso no entendieron la constitución cuando la memorizaron? El método opositor fomenta la actitud obediente hacia el “saber” y las estructuras establecidas, por eso se reza un tema como se reza un acto de fe. De ahí el origen pedagógico del sistema de oposiciónes. Un opositor nunca hubiera podido ser un John Adams o un Thomas Jefferson, dispuesto a violar los presupuestos de sus “temas”de derecho constitucional y crear una nación nueva. Eso solo lo hacen espíritus libres capaces de volar como las águilas. Ya entre nosotros, no son los que han estudiado oposiciónes, los que han dado el primer paso al frente para sacar a la sociedad de este desvarío en que se encuentra. Están siendo jóvenes imaginativos y valientes capaces de sacar al lenguaje de las tan consabidas formulas grises y volverlo a resignificar.

  12. María Dolores Cancela Rey
    María Dolores Cancela Rey Dice:

    Es muy interesante y valiosa la reflexión que plantea el autor y por ello quiero felicitarle, pero creo que hay más caminos, o al menos otros recorridos.
    Al terminar mi carrera como ingeniero elegí trabajar un tiempo en una empresa y allí me encontré con excelentes profesionales que me hicieron ver que me faltaba mucho por aprender, eso me llevó a seguir estudiando y acabé haciendo el doctorado y finalmente me preparé las oposiciones.
    Cuando comencé a prestar mis servicios al estado había alcanzado un nivel de formación y experiencia óptimos que me han ayudado a desempeñar mejor en mi puesto de trabajo.
    Creo que cuando alguien se decide por ser funcionario debe tener vocación de servicio. En mi caso es así, y creo que en la mayor parte de los funcionarios.

  13. Rodrigo Tena Arregui
    Rodrigo Tena Arregui Dice:

    Scott Turow, en su conocido libro sobre el primer año en la Harvard Law School (One L) afirma que prácticamente nadie suspende, pero que la presión es tan terrible que algunos no la pueden soportar y abandonan. Me gustaría preguntar al autor del post si en su experiencia en masters ha visto renunciar a alguien por la presión.

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Estimado Rodrigo Tena, que yo sepa, que un alumno abandone un máster por motivo de la presión es algo completamente excepcional. Sin embargo, tal vez no sean tan comparables los casos. Me explico.
      Por un lado, a un estudiante 1L en Harvard aún le quedan otros dos años más de Law School. Por tanto, ante la perspectiva de tener que seguir bajo tal presión otros dos años, tal vez prefiera acabar cuanto antes y dedicarse a otra cosa; eso, por otra parte, es muy posible, porque, en USA, los estudiantes de derecho tienen que cursar un carrera de 4 años (undergraduate) antes de empezar los 3 años de Law School. Es decir, que no quedan totalmente desamparados, porque ya tiene buenos estudios (en la mayoría de los casos, Ciencas Políticas o Filósofía). Además, cada años puede fácilmente costar 70.000 dólares (unos 50.000 para la escuela y otros 20.000 en gastos) y, si no te convence, es mejor ahorrarte los 150.000 dólares que te costarán 2L y 3L.
      En cambio, un máster de derecho en España ni es tan caro ni suele durar más de un año, luego poca gente siente que la presión es tan alta como para no seguir unos pocos mess y acabar.
      Y ya sólo un apunte en relacion con el estudio de Scott Turow, por si le resulta de interés: Harvard tiene un sistema de calificación mucho más competitivo que las otras dos universidades del top 3 (Yale y Stanford). En Harvard, los alumnos compiten muchísimo por la A, la A-, la B+, etc., y por ello el estrés debe ser aún más patente. En cambio, en Yale y en Stanford usan un sistema PASS/FAIL (es decir, que apruebas o suspendes, saques la nota que saques. *Creo que para casos excepcionales también hay HONORS), de modo que los alumnos no compiten tanto entre ellos y hay más compañerismo.

    • Diego Vigil
      Diego Vigil Dice:

      Se cuenta que el abandono en Harvard a veces se produce por suicidio. Me alegro de que aquí nadie abandone. Y creo que hay que saber meterse en lo adecuado, elegir bien en función de las propias capacidades y no de ambiciones pretenciosas, sueños paternos y otras consideraciones torpes.

    • Andrés Recalde
      Andrés Recalde Dice:

      Estimado Rodrigo, has dado en la clave. Por desgracia, en los másteres que hay en España el dato más relevante sería el del número de aprobados (o, en su caso, de abandonos). Tengo para mi que es muy reducido. Y lo tengo desde mis primeras clases en un máster, hace 35 años. Pensaba, ingenuo de mi, que eso del máster debería ser muy serio. Y, por ello, a la hora de calificar fui “comedidamente” serio. Pronto recibí una clara reconvención. Y desde entonces, a peor.
      Un máster es un título que se compra.
      Eso sí, Ignacio, el engendro de máster creado en España para establecer una fuerte barrera de acceso a la abogacía, dura 2 años.

    • Anónimo XXL
      Anónimo XXL Dice:

      Sí que hay casos de abandono, yo conozco algunos pocos, concretamente ESADE e IESE en los MBA part-time, pues se exige una dedicación brutal, mientras los estudiantes siguen trabajando y algunos tienen ya familia (en los part-time la media de edad es superior a los full-time).
      No obstante -y aquí me puedo equivocar- cuando estas personas abandonan, en principio justificadamente por falta de tiempo, en los siguientes años se les permite finalizarlo.

      Saludos.

  14. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    ¿De dónde salen estos “Gomás”?¿Son una tribu perdida de Israel? ¿A qué clase de Educación responden? Me parece entretenido de leer y, además, plantea una cuestión que he tenido que explicar a “cienes” de alumnos y de jóvenes abogados del Despacho. La lectura de este post será tan obligatoria para ellos como el “Alma de la Toga”, de hoy en adelante. La reflexión de la Sra. Cancela complementa su post, y es el caso de muchos recién graduados o licenciados: buscan una oportunidad de trabajo, ven el mundo y luego complementan su formación mientras trabajan. También les hacen falta lustros, pero no se equivoque, lustros es poco, incluso para un Goma, si le ponen a Ud. “jurista” en su tumba tal vez ese día sabrá Ud. algo, salvo que esté dotado por la gracia y el genio jurídico, algo que difícilmente se hace si no se tiene una predisposición de ánimo. Tengo que volver con mi raca-raca: si el nivel de acceso a las Facultades de Jurisprudencia se elevase y el nivel de exigencia tras el acceso fuese otro (y lo mismo para los “Másteres del Universo”, no estaríamos en un estado, sino que comprenderíamos todos los estados, como el agua, my friend. Si nos cuenta Ud. cómo ven los jóvenes de su edad el Derecho, en otro post, prometo leerlo.

  15. José Manuel Calabrús de los Ríos
    José Manuel Calabrús de los Ríos Dice:

    Mi enhorabuena al Sr. Gomá Garcés por haber sabido analizar de modo riguroso la encrucijada a la que se enfrenta el joven que ha terminado la formación reglada universitaria en Derecho y. la toma de conciencia de lo que los psicólogos llaman “la certidumbre de la incertidumbre”. Le animo a recoger el guante lanzado por D. Rodrigo Tena y escribir una segunda parte del post, que bien podría titular con el dicho popular “el movimiento se demuestra andando”.

  16. José Enrique Gomá
    José Enrique Gomá Dice:

    Enhorabuena, querido nieto. Me gustarïa señalar que el opositor que trabaja con la memoria no es un loro. A medida que va dominando la materia y puede tener presente simultáneamente el conjunto y los detalles llega a un nivel de conocimiento inasequible por otra vía

  17. Rafael
    Rafael Dice:

    Muy buen post Ignacio. Únicamente subrayar en este asunto que, bajo mi parecer de abogado en ejercicio titular de un despacho con varios profesionales a cargo, la formación de un buen jurista debe durar toda la vida profesional. Y si bien reconozco que para acceder a una buena formación unas oposiciones fuertes dan mucho mejor barniz que cualquier máster, una vez aprobadas se puede caer en el abandono profesional. Alguna oposición concede funciones o puestos que permiten ganarse dignamente los garbanzos casi de por vida, lo que favorece que algunos ( y sólo algunos) prescindan de la formación continua. Se elude el continuo test al que nos somete el mercado y los clientes en general durante muchos años de ejercicio.

  18. José Enrique Gomá
    José Enrique Gomá Dice:

    Todavía otra cosa. En estos tiempos es impensable que nadie se dé por satisfecho con el bagaje científico adquirido en la oposición. Todo cambia y hay que reciclarse constantemente. Pero esto se hará mejor por el que ya tiene una base que por el que sólo tiene unos conocimientos fragmentarios

  19. Ignacio Gomá Garcés
    Ignacio Gomá Garcés Dice:

    Ya es mi tercer comentario y no me gustaría que se hartaran ustedes de mí tan pronto. Tan sólo permitan que agradezca la calidad de todos los comentarios que se han escrito, tanto los más críticos como los más acordes con el post. Me han aportado nuevas ideas sobre un tema sobre el cual ya llevaba tiempo pensando. Eso, por cierto, demuestra que algunas HABILIDADES, como el pensamiento crítico unido al trabajo en equipo, son verdaderamente valiosas y necesarias, pues ponen en común diferentes CONOCIMIENTOS y perspectivas sobre un mismo problema y, por tanto, aportan una mejor solución.
    Siendo mi primer post, tengo que reconocer que también he agradecido, no sólo lo crítico, sino también varios de los últimos comentarios, por su apoyo y sus cariñosas palabras. Especial agradecimiento Jesús Casas por sus más que amables referencias a mi familia y a mí, y a mi abuelo, del que siempre se aprende mucho (estoy totalmente de acuerdo con lo que dices).

  20. Diego Vigil
    Diego Vigil Dice:

    Cuando publiqué mi primer libro, un gran autor al que admiro me dijo que siguiese escribiendo. Cuando publiqué el segundo, un santo varón me exhortó a escribir siempre y mucho (con lo que no comulgo, pues más vale poco y bueno).

    Enhorabuena. Escribe más, aunque hagas esperar y aunque sea poco, pues será bueno.
    En el estilo argumentativo, y en la forma de componer el razonamiento, se aprecia (además de las conversaciones con Ignacio Gomá Lanzón) un estilo marcado por el de Javier Gomá Lanzón (no se si leído, escuchado, o ambas cosas).

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      De acuerdo, señor Vigil, lo reconozco: me lo han escrito ellos…
      No, fuera bromas, de veras le agradezco mucho el comentario. Y es un honor que se note un rastro de ambos en mí, sin ánimo de exaltar demasiado a los Gomá.

  21. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Gracias Ignacio por tu post en el que haces reflexiones muy interesantes.
    Los problemas que se le plantean a un alumno cuando termina la carrera están íntimamente relacionados con los cambios que se han producido en el grado en Derecho tras la reforma del plan de estudios. Cuando dices que sales de la Facultad de Derecho sin tener ni idea es porque el nuevo plan de estudios está claramente mal diseñado, los alumnos vienen muy mal preparados de los colegios y hay poca cultura del esfuerzo. Se estudia poco y mal.
    Pretender solucionar estas carencias con un máster es a mi juicio, empezar la casa por el tejado. Hagamos un buen grado donde no nos tengamos que limitar los profesores a explicar “pildoritas” de Derecho y podamos profundizar en la materia planteando problemas que es lo que los alumnos se van a encontrar en la calle.
    Ya lo he dicho aquí varias veces, enseñar a pensar debe ser el objetivo lo cual solo se logra desde la solución de problemas prácticos unidos a una sólida formación teórica. Yo soy poco amiga de exigir memorización porque creo que lo que no se comprende se olvida y entiendo que cualquier profesional tendrá a la vista el texto legal para consultarlo cuando corresponda. Una visión general de las instituciones y de su problemática es lo que la carrera tiene que ofrecer, para que en el posgrado se puedan poner en práctica conocimientos básicos que ya han sido adquiridos y entrar en una especialización cultivando habilidades que son esenciales para el ejercicio de la profesión. La capacidad para comunicar y expresarse de manera correcta, oralmente y por escrito, son imprescindibles y no deben ser infravaloradas.
    Cuando de la carrera sales sin tener los conceptos claros, cuando sales con un montón de información que no has podido “procesar”, es inevitable que tales carencias emerjan después. Y por eso los que damos clase en máster nos tenemos que dedicar a “recordar” conceptos básicos para poder entrar en la profundidad de las materias tratadas. El máster está desnaturalizado porque el grado está mal construido y es éste el que hay que reformar en primer lugar.

  22. Diego Vigil
    Diego Vigil Dice:

    Coincido con la Prof. Cuena en que hay que mejorar el Grado. Pero el Grado es un simple Bachillerato universitario. La formación del jurista no se completa en 4 años. Derecho Derecho se sabe a partir de 7 u 8, que es lo que se estudia en las Schools, que solo admiten a quien ya tiene un Bachelor. Ello requiere que si nos queremos comparar con las Law Schools anglosajonas comparemos a nuestros juristas de 7-8 años de formación. Ayer en el acto de Presentación del Libro “Opositar: reto y oportunidad”, el Presidente del Consejo de Estado dijo que si Francia, el Reino Unido o USA están orgullosos de sus Ecole o Schools, nosotros debemos estarlo de nuestras oposiciones. Ese debe ser tal vez el punto de comparación. Puede verse crónica del acto en http://casadegalicia.xunta.es/es/web/guest/actualidad/-/asset_publisher/4LfE/content/pre-libro-oposiciones;jsessionid=2BEE4CECB2CFF81DE02FF3C6BF8CD4D0?redirect=http%3A%2F%2Fcasadegalicia.xunta.es%2Fes%2Fweb%2Fguest%2Factualidad%3Bjsessionid%3D2BEE4CECB2CFF81DE02FF3C6BF8CD4D0%3Fp_p_id%3D101_INSTANCE_4LfE%26p_p_lifecycle%3D0%26p_p_state%3Dnormal%26p_p_mode%3Dview%26p_p_col_id%3Dcolumn-3%26p_p_col_count%3D1

  23. Anónimo XXL
    Anónimo XXL Dice:

    Yo, como funcionario interino, exopositor, con dos licenciaturas y ex abogado ejerciente tengo una perspectiva diferente de los que se dice en este interesante post. Como estoy especializado en empleo público, puede afirmar sin lugar a dudas que el sistema de oposición memorística debe pasar a la historia. De hecho, en los cuerpos que no se consideran de “élite” -pongamos funcionarios A1 y A2 de CCAA y ayuntamientos- ya hay experiencias de selección de personal TAG mediante métodos distintos a la pura memorística.
    Otra cosa distinta es que haya cuerpos que deban desaparecer más que reformar, por ejemplo, la figura del notario español es una anomalía en el contexto internacional. Y como éste -es mi humilde opinión- hay ciertos cuerpos de élite que provienen de antaño contra quien NADIE se atreve y que han quedado enteramente obsoletos.
    Por otra parte, el método de selección de jueces no es mejor que el inglés, el americano o el alemán; y así podríamos citar a la mayor parte de métodos de selección de cuerpos de “élite”. Si asumimos que de los posgrados y másteres de las mejores universidades -donde destacan las americanas- es de donde sale la gente mejor preparada (por la grandísima exigencia en los estudios, que la hay) y observamos que estos alumnos ocupan puestos de dirección de la sociedad y entre quienes se dedican a la investigación los hay que ganan premios Nobel, deduciremos que España es un país de pandereta en este sentido.
    Mi propuesta para grupos A1 sería reducir el temario, potenciar ejercicios prácticos y exigir como requisito, no como mérito, una cierta experiencia profesional. Los mejores estudiantes de mi promoción son abogados de grandes despachos, ni uno funcionario ¡Y eso que los había que querían ser jueces o notarios! ¿Qué sucedió? Muy sencillo: si te viene a buscar un gran despacho con los €€€ en la mano o quieres optar por la incertidumbre de una oposición cuyos resultados muchas veces no son los justos, la decisión se toma al instante.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      “Otra cosa distinta es que haya cuerpos que deban desaparecer más que reformar, por ejemplo, la figura del notario español es una anomalía en el contexto internacional.”
      ¿Pero usted ha viajado a Alemania, Italia, Austria, Suiza, Francia…?
      Pues vaya experto que es usted, Anónimo XXL. Le aconsejo que mantenga la talla de ese anonimato, sin duda alguna.

    • Anónimo XXL
      Anónimo XXL Dice:

      Una anomalía, en efecto, tanto por su existencia, como por poder y estructura. Usted cita sólo algunos ejemplos. La inmensa mayoría de países de la Tierra, todos considerados, no tienen notariado; y de tenerlo, no tienen el poder que ostentan en España. Esto es irrefutable. Si quiere hablamos de países occidentales (como hace usted). Yo he dicho anomalía internacional sin especificar nada más, no lo he circunscrito ni a Europa ni al mundo occidental. Si quiere le pongo un ejemplo “occidental” donde no hay notarios o su función es diferentes: los países anglosajones.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      De verdad, Anónimo XXL, infórmese un poco.
      Composée de 19 pays lors de sa fondation en 1948, notre institution en compte 86 au 31 décembre 2013, dont 22 des 28 de l’Union Européenne, et 15 des 19 du G20, illustrant ainsi l’expansion du système juridique continental. Il est aujourd’hui implanté dans près de 120 pays, représentant 2/3 de la population mondiale, et plus de 60% du Produit Intérieur Brut mondial.

      Para más info:
      http://www.uinl.org/1/home-page

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      Enhorabuena AnonimoXXL, acaba de usted de inventar el concurso-oposición! Ah, no, que lo de temario más reducido, entrevistas subjetiva y valoración de méritos ya existe y supone ampliar más todavía la discrecionalidad y por cierto es la causa de muchos enchufismos, nepotismos y clientelismo en este país.

    • Anónimo XXL
      Anónimo XXL Dice:

      Desgraciadamente el método infalible no existe, pero creo que uno es mejor que otro. Entrar en disquisiciones sobre qué valorar y cómo ya sería quimérico. Sólo digo que la oposición pura y dura no es un buen método, hay gente que JAMÁS sabrá aplicar e interpretar las leyes por muchos 300 temas que se sepan. Yo he propuesto un método que ya existe, obvio, pero no se aplica para los funcionarios del Estado, sólo en determinades escalas y/o cuerpos de la admin autonómica y en el mundo local, de ahí que quiera matizar en el sentido de readaptarlo para el Estado.

      Sigo manteniendo que el notariado español debería desaparecer. Es un cuerpo privilegiado hoy en día sin motivo, como los Registradores (que en este caso deberían ser A1 bien remunerados, no como ahora). En la mayoría de otros Estados no tienen los privilegios que tienen aquí. El que me diga que tienen utilidad social no sabe lo que dice.

    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      Anónimo, ya tengo una edad como para haber soportado numerosos comentarios de ese tipo, que no dan fundamento alguno de peso y se limitan a criticar a profesiones como la mía a la que quiero mucho y considero altamente útil; y encima desde el anonimato, como queriendo anteponer alguna razón emocional o personal contra la profesión notarial al debate razonado y al conocimiento profundo, en cual, claro, es más difícil manejarse. Lo cierto es que, le doy la razón, el notariado efectivamente tiene un estatus un tanto “privilegiado”, en cuanto participa de lo público y de lo privado y eso nos hace acreedores de críticas de uno y otro lado. Eso nos obliga a justificarnos más de lo quisiéramos y a tener que demostrar nuestra utilidad constantemente. Pero es lo que tiene el asunto, cada uno lleva su cruz y por supuesto siempre hay críticas justificadas. Por cierto, decir simplemente que en los países anglosajones no hay notarios es no saber nada de cómo funcionan los sistemas jurídicos continental y anglosajón.
      Lo que si le digo es que hace ya tiempo que no respondo airadamente a esas invectivas (si acaso a gente que hace lo que usted le digo con toda mi mala idea y una sonrisa irónica “desde luego, desde luego, pero qué le vamos a hacer”) porque no sirven para nada. En un buen debate, ya veríamos. Aquí me limito a estas breves reflexiones solo para que no queden sin respuesta sus afirmaciones gratuitas. Porque este post no va de eso.

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      Disculpen la intromisión, genial AnonimoXXL, o sea aquello que tenemos en las administraciones autonómicas y locales que no funciona y que ha dado lugar a que la mayoría de esas oposiciones sean poco serias y de muy dudosa transparencia, vamos a ponerlo en la administración estatal para que ocurra lo mismo. Y por cierto, seguro que hay quien no sabe interpretar las leyes por muchos temas que se sepa, pero también seguro que habrá quién no sepa interpretar las leyes por mucho máster y publicaciones que haya realizado, con el añadido que además no conocerá la ley. Para interpretar las leyes, hay que conocerlas, y para conocerlas hay que estudiarlas. La oposición libre es un sistema muy imperfecto, y en los últimos tiempos con tan pocas plazas y tantos candidatos, demasiado duro e injusto, pero el problema, por mucho que se empeñen los de Nada es Gratis, es que no conozco otro sistema que resuelva el déficit de la formación universitaria, que sea lo más objetivo posible y que impida enchufes y nepotismos.

  24. Jesús Gómez Taboada
    Jesús Gómez Taboada Dice:

    A mí, la verdad, no se me ocurre mejor sistema para dominar el derecho positivo que la oposición: te da una visión amplia y profunda del ordenamiento jurídico que veo muy difícil alcanzar por otra vía. A ver quién llega, por ejemplo, a dominar nuestro derecho fiscal con la soltura y seguridad que tiene un inspector de Hacienda o un abogado del Estado.
    Es un mito lo de la memorizar sin entender: la inmensa mayoría de los opositores memorizan entendiendo. Así como, al exponer los temas, siempre hay margen de maniobra a la expresión: literales han de reproducirse los artículos, pero no el resto de texto, que cada uno redacta y reproduce como le parece más adecuado. A la postre, de tanto “cantar”, muchos se convierten en buenos oradores.
    Y, sí, Matilde, tenemos el texto legal delante…Pero si el médico duda del nombre del hueso que se nos ha roto no nos inspirará confianza, ¿no? Yo sé que los juicios posesorios se regulan en la LEC, pero (para mi sonrojo) tengo que ir al índice para localizarlos, cosa que no me ocurre con la legítima o las obligaciones condicionales: de lo que se ha estudiado se sabe; de lo que no, se duda.
    Por último: las famosas destrezas mejor se desarrollan cuanto más se sabe. La fluidez verbal no puede operar en el vacío, a riesgo de convertirnos en charlatanes.
    Enhorabuena por el post, Ignacio.

    • Anónimo XXL
      Anónimo XXL Dice:

      Coincido en que la mejor manera de saber y adquirir conocimientos -por lo menos derecho- es la oposición. Pero creo, no obstante, que está muy sobredimensionado todo lo que se debe saber para aprobar un grupo A1 de élite. Yo dejé mi oposición porque básicamente se la cargaron (dejaron de convocar un año y como encontré un buen trabajo…), y recuerdo que mi nivel -autopercibidido- lo encontraba altísimo, sin saber si iba a aprobar o no. Más de 300 temas es una burrada. 100 son más que suficientes. Es decir, creo que la curva de aprendizaje de saberse 100 temas o su desarrollo en 300 (de cada uno hacer 3) sube muy muy poco, sólo se gana literalidad, que no conocimientos. Saludos.

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      Estudié derecho para ser abogado; aún así, tras finalizar la carrera me estudié el temario de judicaturas que me regaló un opositor exitoso, durante un año (como un metro cúbico de papel). Me permitió una visión conjunta del ordenamiento jurídico, que no adquirí en la carrera.
      No, no es solo memorizar.

    • KC
      KC Dice:

      Jesús Gómez Taboada, el mundo jurídico está lleno de charlatanes homeopáticos de todo tipo, comenzando por universidades donde algunos profesores están más que puestos a dedo y donde se genera una endogamía de toda tipología, muchas veces con la única raíz de la ideología. Eso por un lado. Ya si me voy al aspectro de abogado y demás pues se puede imaginar, aunque estos estarían “exonerados” porque obviamente su labor tiene “excusa”. Por otro, hay cosas que no se entienden en cuanto a las oposiciones. Por ejemplo, yo sigo sin entender por qué determinados funcionarios públicos pasan por pruebas psicológicas y otros no. ¿Nos lo podría explicar? Otra cosa que me sorprendió en su momento fue lo del tema de inglés en la carrera judical-fiscal. ¿A qué clase de “despistado” se le ocurre añadir el inglés como prueba mínimamente importante para seleccionar y desempeñar la función jurisdiccional? ¿Se le ocurre a quién? A mí sí. Por fortuna, de momento no se les ha ocurrido implantar esa ocurrencia. Y ojo, que soy bien consciente de la importancia del inglés. En general al Derecho español le faltan tres cosas: CRITERIO, REALISMO PRÁCTICO Y CREATIVIDAD (el tema memorístico acaba con mucho de lo anterior). Por otro lado, mire lo que le voy a decir: si por mí fuera, en determinadas oposiciones pondría bambalinas entre examinador y examinado y además le quitaba el género a la voz. Usted se preguntará por qué, y quizás ese sea el mayor problema de todos.

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      Le recuerdo estimado KC que esa creatividad que usted busca es la que utilizan los tribunales ya sea de oficio o a instancia de letrado o fiscal para resolver los problemas y suplir las numerosas y graves carencias de nuestro legislador. Podríamos enumerar acuerdos de sala, cuestiones de inconstitucionalidad, cuestiones prejudiciales, jurisprudencia, y propuestas varias por letrados y tribunales que años más tarde han dado lugar a reformas y medidas legislativas. Sobretodo en los últimos tiempos, donde el crecimiento exponencial de las tecnologías y la ley de Moore está provocando auténticas revoluciones del mundo tal y como lo conocemos, y nuestro legislador mira en sentido contrario. Por supuesto, le recuerdo que esa creatividad está limitada por el propio sistema continental de sujeción a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. Aquí si hay ley, hay que aplicarla. Y por cierto, llama la atención su reclamación KC, porque en los últimos tiempos y aquí se ha escrito sobre ello, algunos letrados, operadores jurídicos y lobbys se quejan de la excesiva “imaginación” y creatividad en la aplicación de las leyes, reclamando una mayor seguridad jurídica.

    • KC
      KC Dice:

      Estimado Isidro, la creatividad que yo le indico se refiere mucho más al legislativo que no al judicial, aunque todo se englobe en “lo jurídico”. Obviamente no me refiero a que un juez o fiscal basen su criterio en según cómo se levantan por la mañana (que ojo, más de uno y una lo hacen). Si estaría bien, por contra, cierta flexibilidad en casos excepcionales que no tengan que ver con la regla general y bajo insistente y consiste motivación. Si el legislador no fuera un patán y un absoluto ignorante de cómo regular el sistema para que este pueda funcionar, el “aplicador” ya iría con una base más certera de lo que pueden ser luego determinados autos o sentencias. Hay que empezar a legislar por lo objetivamente común -cosa que no veo- y no por “yo creo que” de rasgo puramente ideológico, que sólo nos lleva a estar continuamente cambiando de leyes, a cual peor porque tienen un trasfondo, como digo, puramente ideológico (no siempre, pero sí en muchos casos). Esto viene siendo así hace ya décadas, no es que sea nuevo, pero obviamente ahora la gente entiende mejor qué es lo que decían algunos hace unos años. Lo que sucede que hasta que uno no está enfangado hasta el cuello de mierda, parece que no llega a olerla. Quizás sea ese el problema fundamental. La creatividad es saber generar soluciones allí donde parece no haberlas y no al contrario, que es lo que suele suceder con el legislativo por alguna misteriosa razón.

  25. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Quizá el problema esté en el sistema académico y, por ello, trasciende a todo tipo de formaciones profesionales. Hay sectores donde las materias no han sufrido cambios y son por ello susceptibles de estudiar y conocer, pero hay otros muchos (sobre todo en humanidades y ciencias sociales) donde más vale una formación relacionada con el sentido crítico que la memorización. Como dice la Profesora Cuena “aprender a pensar” y a buscar en su momento las fuentes de información es mucho más práctico y útil que aprenderse de memoria textos que, en cualquier momento, son susceptibles de cambiarse. ¿Qué ocurriría en un escenario jurídico si desde el legislativo se hace borrón y cuenta nueva? ¿De qué serviría toda la jurisprudencia acumulada durante años más allá de la pura referencia? Aprender es comprender el sentido de lo que hacemos con independencia del método o el criterio que hayamos elaborado. Una cosa es el medio y otra para qué sirve finalmente. En el mundo del Derecho llevamos mucho tiempo asistiendo a verdaderas aberraciones normativas que además deben memorizarse para conseguir el ansiado título o el más ansiado todavía puesto de trabajo. ¿Merece la pena? La práctica produce experiencia y la experiencia sabiduría para darnos cuenta de que todo es cuestionable.

  26. Teilhard
    Teilhard Dice:

    ¿Se imaginan que seseleccionará a un investigador para un laboratorio por el método de recitar formulas de memoria?

    La repetición de temas refuerza los mecanismos neuronales para recordarlos. Esas mismas estructuras debilitan e incluso impiden otras funciones. La creatividad se produce por el establecimiento de nuevas relaciones con nueva información y no por el reforzamiento de una poca de ella.

    • KC
      KC Dice:

      Lo que pueda entender el Derecho español de otras ramas científicas y de la didáctica en general es sencillamente lamentable y de ahí muchas de las aberraciones que se observan. De ahí, también, que el Derecho siempre vaya por detrás de la realidad y su capacidad de innovación y previsión sean absolutamente deleznables y vergonzantes. Si a eso le añadimos el cómo y por qué se configuran las leyes y los medios que se ponen, es normal que el criterio de un lego sea a veces más lógico o de sentido común que el “especializado”. Claro que observando los personajes que pululan por el “poder” llamado legislativo, creo que esto no debería parecer tan sorprendente.

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      Leer, leer, leer … y olvidar. Olvido consciente que deja un inadvertido poso perenne. El poso que opera relacionalmente El poso-los muchos posos- que da paso a la inteligencia; Inteligencia Emocional. Que es la verdadera.

  27. Teilhard
    Teilhard Dice:

    Ya a nadie le pasa desapercibido el carácter falto de flexibilidad y creatividad del alto funcionario que tendría que gobernarnos, Será que su incapacidad de ver un poco más allá, sea debida a esos años formativos de anteojos sobe temas repetidos una y otra vez. Quizá si Mariano hubiera estudiado biología y ciencias y hubiera estudiado en el extranjero, en EEUU China o Latinoamérica, si fuera un hombre de mundo…no hubiéramos llegado a este extremo. Esperemos que el que haya de venir sea de los que al menos saben ingles.

    • Isidro Elhabi
      Isidro Elhabi Dice:

      Eso no es problema de las oposiciones sino que a la política no se acercan los mejores. El que Rajoy sea como es puede influir igual el que sea Registrador o exopositor como el que sea gallego, monte en bicicleta o no se haya dedicado en su vida más que a la política.

  28. Rocío
    Rocío Dice:

    Yo fui opositora a Judicaturas durante 4 años y medio y luego, hice el MAJ del IE.
    Ahora ejerzo la profesión, desde todos los frentes, asesorando a una empresa internacional.
    Me favorezco de las cosas que aprendí tanto en la oposición como en el Máster, aunque me ha costado años de duro sacrificio.
    Cuando miro atrás, me hubiera gustado sacar mis oposiciones. Mi mente todavía sigue el temario de las oposiciones, está arraigado en mi. Forma parte de mi.
    El Master, tuve que haberlo hecho durante la carrera y no después, debiendo mis padres desembolsar una gran cantidad de dinero.

    Estoy contenta de haber hecho ambas cosas, pero entiendo que ambos tipos de aprendizaje deberían hacerse conjuntamente desde la Universidad Pública.
    Saludos.

  29. Sergio
    Sergio Dice:

    Enhorabuena al autor del post, estoy empezando a preparar abogado del Estado y me siento totalmente identificado. El problema, desde mi punto de vista es que, salvo honrosas excepciones, se huye de explicar conceptos generales en la universidad. Es decir, se abandona el estudio de las instituciones jurídicas en aras de un análisis excesivamente apegado y aséptico de la norma jurídica en particular y eso es un error; ya lo decía Von Kirchmann “tres palabras del legislador convierten en basura bibliotecas enteras de jurisprudencia”.
    No hago más de acordarme de que, por ejemplo, en tercero de carrera mi profesora de Civil empezó el curso explicando condiciones generales de la contratación y la última reforma de la Ley de protección de consumidores y usuarios, cuando no sabíamos todavía ni lo que era un contrato, ni una obligación, ni nada que se le pareciera. En Mercantil (parte especial) me pasó un poco lo mismo, empezamos el curso estudiando la última reforma de los acuerdos de refinanciación en la Ley Concursal, cuando todavía no habíamos estudiado la parte general de los contratos mercantiles. En fin… de locos.
    Mi experiencia es que los conocimientos que de verdad se adquieren son aquellos que se razonan y se reposan; que si tienes claros los conceptos generales luego puedes aprender cualquier cosa. Algunos, sin embargo, creo que se amparan en la libertad de cátedra para explicar lo que les parece, olvidándose de la formación de los alumnos.

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