Las tiendas marcadas. Los carteles amarillos de los establecimientos amigos de la secesión.

No es fácil entender desde muchos lugares una campaña como la de la ANC, que promueve que las tiendas que colaboran con sus fines secesionistas lo señalen con un cartel amarillo de “establecimiento amigo”. Es decir, destinada en definitiva a identificarlos ideológicamente. Para los que no somos nacionalistas el fenómeno resulta cuando menos chocante. Pero un nacionalista considera que la promoción esta identificación identitaria es algo no solo legítimo sino deseable. Merece la pena tratar de explicar esa diferencia de visión. Lo que exige resolver algunas cuestiones previas.

¿Somos todos nacionalistas?

Es muy frecuente que cuando se discute con un nacionalista éste enseguida reproche a su interlocutor el ser tan nacionalista como él, aunque de un signo contrario. Considera que el que se opone a sus ideas lo hace porque, en definitiva, no deja de ser también “de la misma condición”. Condición de nacionalista, por supuesto, a la cual en su opinión pocos pueden escapar, si es que alguno lo hace.

Para los que consideramos al nacionalismo como una patología intelectual, que impide o perturba una correcta visión de la realidad, en esa acusación hay todo un reto. Es preciso, por elemental honestidad intelectual, hacer un análisis autocrítico de nuestras propias convicciones y descartar, en su caso, que estemos cayendo en lo mismo que denunciamos. Asegurarnos de que si esa acusación está motivada por la visión reduccionista que caracteriza al nacionalismo, frente a ello nosotros somos capaces de comprender mejor la complejidad humana y social. En definitiva, el saber por qué no somos nacionalistas es la única forma de asegurarnos de que realmente no lo somos. Y este asunto de los carteles es una buena ocasión para reflexionar sobre ello. Pero antes conviene destacar algo en lo que yo, y creo que otros muchos, coincidimos con ellos: el valor de lo emocional en la identificación colectiva (nacional) de las personas.

La idea de nación

Como muy bien explica Tomas Perez Viejo aquí, las naciones no son realidades objetivas, sino esencialmente subjetivas. Pueden tener un sustrato histórico-político, pero ni siquiera eso es suficiente. Una sencilla mirada a los mapas históricos nos destaca todo lo que ha desaparecido y todo lo nuevo que ha surgido en ellos. Este autor señala con acierto la esencia de la idea de nación: es un “mito de pertenencia”. Supone un sentimiento de formar parte de un proyecto común, un vínculo “sentido” que nos une a los demás (en nuestro caso) españoles en un aspecto de nuestra identidad colectiva y que no tenemos o sentimos hacia los que no lo son. Lo que no excluye, por supuesto, que podamos sentir hacia ellos, hacia los extranjeros, toda nuestra simpatía y solidaridad.

En la base de cualquier proyecto nacional hay, por tanto, un elemento sentimental. Un vínculo que es preciso afirmar y renovar para que la nación pueda subsistir. Lo que requiere de soportes emocionales que lo hagan posible, como un relato y unos símbolos (ritos, banderas, …) compartidos. Cuando se fracasa en ello la nación no puede subsistir, como no subsistieron, por ejemplo, el Imperio Austrohúngaro o la Gran Colombia.

En la raíz de nuestros problemas territoriales, como explica Pérez Viejo, está el no haber sabido comprender la necesidad de preservar ese vínculo. Y en habernos permitido, en consecuencia, renunciar a evitar que la idea (y el sentimiento) de España se difumine. Especialmente, aunque no solo, en las regiones de hegemonía nacionalista. La confusión intelectual padecida en el bajofranquismo y la transición, con la equivocada identificación del patriotismo y sus símbolos con un régimen que había que superar, causó al respecto un daño atroz. A lo que se añadió, en gran parte como consecuencia, la ausencia en nuestras élites gobernantes de un proyecto de nación a defender y robustecer.

El resultado ha sido que, por una estrategia política presidida por intereses mezquinos y cortoplacistas, los líderes de nuestros partidos mayoritarios hayan estado dispuestos a cualquier cesión en ese campo para conseguir y mantener el poder. Y que el Estado, como sustento de la nación, prácticamente haya desaparecido en Vasconia y Cataluña. Cedida la educación, controlados los medios masivos de comunicación, incluso los privados, y con todos los resortes del poder al servicio de la sustitución del vínculo común de pertenencia por otro nuevo y excluyente del anterior, los nacionalistas han ocupado el espacio del Estado en retirada. Y han conseguido desplazar la antigua y consolidada idea de España para sustituirla en gran parte por su nuevo proyecto nacional.

Tras décadas de cultivado el nuevo mito nacional, excluyente del antiguo, ha bastado una adecuada manipulación del miedo y la frustración generados por la crisis para generar la marea secesionista en Cataluña. La desaparición del manto orgánico de la idea nacional española en nuestras erosionadas laderas periféricas, la falta de un proyecto común sentido como ilusionante, ha convertido en esa región las lluvias de la crisis en la actual inundación independentista.

Pero eso no es nacionalismo.

Parto, por tanto, de que el sentimiento de pertenencia nacional es imprescindible, al menos para la mayoría de las personas, como un elemento esencial integrante de su identidad colectiva. Y que supone un vínculo emocional que es preciso recordar, sostener y renovarlo en el tiempo. Pero ese planteamiento ¿No me está haciendo también nacionalista? ¿No es algo sospechosamente cercano a los que sostienen los proyectos nacionalistas de “construcción nacional”?

Pues creo que no. El nacionalismo añade a todo ello un plus de elementos distorsionadores de los que los no nacionalistas creo que estamos libres. Y entre ellos podemos destacar algunos:

– El sentimiento victimista. Un nacionalista tiene una idea de nación mucho más absolutizadora que la expuesta. Para él las naciones son verdaderas realidades objetivas a las que se ha de conseguir dotar de estructuras de Estado y de un territorio necesario. Y si esto no se ha logrado aún, ha sido por la culpa de un enemigo exterior dedicado históricamente a impedir estas justas aspiraciones y a intentar destruir su nación. El nacionalismo, frente al patriotismo cívico, se define frente a un enemigo exterior del que se siente víctima. Lo necesita como el aire para subsistir.

– El maniqueísmo. Es a ese enemigo al que hay que imputar las responsabilidades esenciales. Psicológicamente es muy consolador el tener un “otro” al que atribuir las culpas, sobre todo porque eso libera de asumirlas siquiera sea en parte. En tiempos pasados ese chivo expiatorio se encontraba en minorías indefensas, como los judíos, objeto de masacres y persecuciones. En el ambiente nacionalista ese nuevo chivo expiatorio indefenso al que culpabilizar (“¡que hasta roba!”) es España.

-La intensidad del sentimiento identitario. En un nacionalista el sentimiento de pertenencia a su comunidad nacional, acendrado por la solidariadad a la que mueve ese sentimiento compartido de víctima, es especialmente intenso y, como tal, excluyente. Tanto que es esa pertenencia lo que conforma de forma esencial su identidad. Como ha señalado Francisco J. Laporta , lo que define la identidad en el ideario democrático es la individualidad libre y creadora. Y en el ideal nacionalista, por contraste, es la pertenencia a un todo nacional. Las raíces en ese ámbito pesan hasta configurar la personalidad y vincularla como una mera pieza integrante de un todo superior. Por eso hablan, por ejemplo, de los deseos y anhelos del pueblo catalán. Como si tal pueblo existiera como un ente único dotado de voluntad autónoma. Como si tal entelequia existiera de verdad.

Obviamente se trata de características muy interdependientes. Y que no se dan siempre en igual proporción. No solo existen el negro y el blanco en lo identitario. También en el nacionalismo, como en la fiebre, hay grados de intensidad y, por tanto, toda una escala de grises. Pero  son tendencias generales que creo que distinguen siempre al nacionalista del que no lo es.

A partir de estos principios un nacionalista puede sentirse legitimado para clasificar y calificar a sus conciudadanos. Puede distinguir (el nacionalista español) entre buenos y malos españoles, o (el nacionalista catalán) entre buenos y malos catalanes, según sus ideas de pertenencia, su “debida” conciencia nacional y su fidelidad a esa identidad colectiva impuesta como necesaria. El vecino no nacionalista será visto como peligroso y desleal. Como un quintacolumnista y potencial entreguista al enemigo exterior. Como cómplice de éste en su perversa labor de destrucción de la verdadera patria. Y, por ello, como merecedor al menos de sanción social. Como mínimo al disidente se le puede llegar a tolerar, pero sólo a cambio de renunciar a una exhibición de sus simbolos y a cualquier intento de difundir su (ilegítimo) ideal de pertenencia.

A identificarse.

Sólamente después de esta disgresión creo que puede entenderse la campaña de señalamiento de “comercios amigos” (de la secesión) con carteles amarillos que está promoviendo la Asamblea Nacional Catalana. Señalamiento que, por supuesto, implica también el de quienes se hayan resistido a ello.

Donde reina el patriotismo cívico no puede entenderse una campaña destinada a clasificar ideológicamente a los dueños de los comercios, y a conseguir con premios o sanciones sociales una pública declaración sobre su tendencia. Sus ideas políticas forman parte de una intimidad que se ha de respetar tanto como puede respetarse la de sus ideas religiosas o la de sus tendencias sexuales. No se considera legítimo pedir un pronunciamiento público sobre las mismas.

Pero donde reina el nacionalismo identitario, lo extraordinario se convierte en ordinario. La necesidad de salvar a la patria de sus enemigos exige tocar a rebato, exaltar los sentimientos, recelar del sospechoso, clasificar. Y encuadrar a la población en orden de combate ideológico. Porque lo que está en juego es tan importante que la libertad de las personas y su intimidad no pueden ser obstáculos para el proyecto. Para ellos son meros actos de defensa frente a lo que sienten como permanente agresión española.

Así pueden entenderse tanto iniciativas como la Megaencuesta puerta a puerta como ésta de promoción de la identificación ideológica/identitaria de los comercios. Y por eso puede deducirse que la división social, y una permanente violencia latente, y a veces expresa, contra el disidente, son consecuencias inevitables de cualquier nacionalismo que consigue desplegarse en todo su temible esplendor.

20 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Muy buena descripción de qué características configuran el pensamiento nacionalista. Ese sentimiento victimista, maniqueo y fuertemente identitario existió en la España franquista, donde había buenos y malos españoles. Cuando se dice que en el resto de España está fuertemente implantado el nacionalismo, en definitiva, se quiere hacer ver que España no ha alcanzado una legitimidad democrática. Ese nacionalismo, que tiene una clara justificación en la defensa de los derechos humanos frente a un enemigo represor, no puede encontrar una justificación semejante en la España de hoy, por la sencilla razón de que España es una nación que respeta los derechos humanos.

    Creo que los dos grandes elementos que provocan la emotividad hacia una nación son el territorio y la cultura, y dentro de ésta particularmente la lengua. El problema del nacionalismo en general es que necesita a ese enemigo del cual la nación es víctima, obviando que la cultura es en su mayoría mestiza. Sin esas naciones a las que denominan enemigas la cultura nacional no existiría. El nacionalismo español siempre ha visto en naciones fuertemente hermanadas con España como Francia, Marruecos, el Reino Unido o Portugal, a nuestro enemigo exterior y a la diversidad entre los diversos territorios de España como el enemigo interior. Pero, ¿ha tenido esa visión tan poco razonable un coste para España? A mi modo de ver sí, muy grande: la pérdida de potencialidades, e incluso, el empobrecimiento cultural. Sin diversidad interior e intercambio cultural exterior no hay enriquecimiento cultural. Probablemente el mayor descubrimiento de la Historia haya sido precisamente ese: que la sabiduría proveniente de otros lugares puede contribuir a dar nuevas y mejores respuestas a nuestros problemas. El intercambio cultural se sirve de herramientas, y una de las principales es la de que los territorios más afines, aquellos a los que el nacionalismo más devastador quiere ver como enemigos, sirven de puente con otros territorios cuya cultura nos resulta menos accesible. Así, la inmensa cultura oriental ha llegado a España fundamentalmente a través de otras naciones como, por ejemplo, portugueses, italianos, holandeses, ingleses, árabes, griegos, turcos e incluso de América. Muchas naciones han servido de puente entre las culturas orientales y la nuestra. El resto de España no es el único puente de Cataluña con otras culturas, pero sí el más importante. Sería una lástima que ese puente se perdiese.

    Un cordial saludo.

  2. de Lege Ferenda
    de Lege Ferenda Dice:

    ¿Porque caemos en la provocación?
    Lo de la secesión, en esta Europa (secuestrada o no) interdependiente, es como poner puertas al campo.
    Solo votan los mayores de edad. Es decir, los responsables de sus actos.
    ¿Cual sería la situación de una Cataluña -o un Teruel- independiente de España, sujeta al acervo comunitario y a Schengen? ¿Muy distinta de la actual? Solo si así lo queremos percibir.
    Este problema artificial solo enmascara la realidad de la apropiación de nuestro poder por parte de unas corruptas élites autoproclamadas, que siguen la milenaria estrategia del divide y vencerás.
    Divididos y vencidos.

    • Fernando Rodríguez Prieto
      Fernando Rodríguez Prieto Dice:

      Es que una Cataluña independiente no estaría ni en el acervo comunitario ni en Shengen. Así se han hartado de explicarlo las autoridades comunitarias.
      Yo creo que sí, que la situación allí tras una secesión sería radicalmente diferente.

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      Desde luego, tras la eventual secesión, me costaría mucho esfuerzo querer ir a Cataluña. Por su especial situación de corrupción de todo orden; que sería exacerbada; tal es el objetivo de los corruptos divisores.
      Pero, peor será para los catalanes. Creo que lo saben perfectamente; pero se están dejando embaucar por los sentimientos falsamente implantados; por la razón de los canallas, disfrazada de razón histórica, que no es ni razón ni histórica.
      Cataluña es otra cosa. Y Barcelona era mi ciudad preferida.
      Que tiempos aquéllos, tan recientes, y tan lejanos.
      Muchas gracias pr el Post; sobre todo por la descripción a que se refiere la felicitación de don Gonzalo; a la que me sumo.

  3. Carlos Baeza
    Carlos Baeza Dice:

    En una entrada anterior de este blog escribí este comentario:

    “Con Paseante, Alnair y por supuesto con el resto me gustaría comentar algo que me parece crucial: ¿Realmente pensáis que con ser Libres e Iguales basta? Realmente pensáis que esto se solucionaba “simplemente” con que las instituciones funcionasen?. Es una postura que yo identifico como de pureza liberal pero que adolece de simplismo.
    Creo que es bastante ingenuo y que demuestra poco conocimiento de la naturaleza humana y también creo que Tomas Viejo da en el clavo; su “hacer nación” no es más que el “proyecto sugestivo de vida en común” de Ortega. Y es que ningún proyecto humano tendrá éxito si además de ser razonable no ilusiona. Yo tengo un grupo de teatro, y lo que nos mantiene unidos, lo que mantiene esa sensación de sentirse parte de algo más grande es la expectativa de preparar y representar una obra. Porque las naciones tienen mucho más que ver con el futuro que con el presente. No tiene nada que ver con eliminar peculiaridades e uniformar, se trata de incluir, incorporar.
    Estoy de acuerdo en que la política no debe centrarse en las emociones pero tampoco las puede ignorar. Es más creo que la buena política tiene como obligación generar emociones constructivas. Debe motivar y hacer al ciudadano sentirse parte de algo. ¿Es esto antiliberal? ¿Es esto fomentar la supremacía de lo colectivo sobre lo individual?, ¿ahondar en la brecha?.
    No, es reconocer que no somos entelequias y que somos seres complejos que intentan gestionar de forma razonable sus emociones.
    A parte de la regeneración institucional que es imprescindible, alguien tendrá que apostar porque un murciano, un vasco y un castellano etc. crean y sientan que tienen algo en común.
    Enhorabuena por el post y por la discusión”

    Por tanto completamente de acuerdo con esta entrada de Fernando Rodríguez Prieto, y reitero que el sentimiento de pertenencia y la ilusión del proyecto común es fundamental, y algo distinto de lo que se entiende por nacionalismo, aunque no sea fácil de explicar.

    Un saludo

  4. Ramón García
    Ramón García Dice:

    Cambiando un poco de tema.

    Mi discrepancia con la línea editorial de Hay Derecho sobre el tema catalán, es la defensa del centralismo. Es cierto que el sistema autonómico español es horrible, pero la causa no se identifica correctamente. El problema no es que las autonomías tengan libertad. El problema es la libertad sin responsabilidad.

    Un ejemplo que me es cercano: Galicia. Desinvierte en educación pero cuida mucho la sanidad por el voto de los jubilados. A largo plazo esto es nefasto para Galicia. Pero la clase política gallega gana con ello porque sabe que lo pagan otros.

    Y por eso un defensor de la unidad de España debe estar a favor del federalismo. Entendido este como que si una región toma decisiones equivocadas estas se vuelven contra ella.

    Primero, si una competencia está transferida debe pagarse con impuestos propios, para evitar riesgo moral. La redistribución de riqueza dentro del Estado debe hacerla el gobierno central.

    Segundo, libertad para poner los impuestos que quiera. Tanto en el IVA como el IRPF, el Estado debería cobrar lo que considere para los servicios que presta y cada CCAA lo mismo. Hacienda debe recaudar la suma para ambos y repartirlo. Si una región cobra demasido IVA ya se encargarán sus votantes de castigarlo, o de aceptarlo si están de acuerdo.

    En resumen, libertad y responsabilidad es cómo debe funcionar cualquier institución, incluyendo las autonomías. Y eso lleva al federalismo.

  5. Fernando Rodríguez Prieto
    Fernando Rodríguez Prieto Dice:

    Podemos ver aquí http://www.expansion.com/2014/10/28/economia/politica/1414529683.html que las dos principales asociaciones de comerciantes están disconformes con la campaña. Que con las cosas de comer no se juega. Y reclaman no politizar el comercio y que los establecimientos como tales sean políticamente neutrales.
    Muy bien, pero entonces me pregunto ¿Por qué han firmado ambas asociaciones el Pacto Nacional por el Derecho a Decidir? Ya sé de los tentáculos del poder nacionalista sobre la sociedad catalana, pero ¿Es que eso no es mezclar comercio y política? Que alguien me lo explique, por favor.

  6. Ricardo
    Ricardo Dice:

    Un nacionalismo españolista equivalente a los nacionalismos regionales impondría hoy, por ejemplo:
    – educación en español en toda España, lenguas regionales como asignatura local;
    – topografía sólo en español, igual que todas las actuaciones de las administraciones públicas;
    – hispanoamérica y portugal, territorios españoles irredentos que hay que recuperar;
    – los romanos llegaron a un reino de Hispania entera más antiguo que ellos donde se comía tortilla de patatas;
    – colonizar con nacionalistas militantes hasta la última agrupación local de papiroflexia, no digamos ya los medios de comunicación o los equipos de fútbol, ese deporte que los ingleses se trajeron de España;
    – el que cuestione lo anterior no es español o no entiende lo de aquí porque es de fuera.
    Esto hace en la medida que puede el nacionalismo realmente existente en el País Vasco o Cataluña. ¿Dónde están los partidos o medios nacionalistas españolistas? Afortunadamente, yo no los he visto.

  7. Alcides Bergamota
    Alcides Bergamota Dice:

    Aunque el artículo es interesante a mí me producen cierta desazón estas disquisiciones mientras el edificio se desmorona. El edificio no es cualquier cosa, es la Libertad con mayúsculas que se supone tanto nos había costado conseguir y a la que, teóricamente tenemos tanto apego. Si señores, libertad o servidumbre. Dejemos los sentimientos a un lado y seamos un poco racionales. Sabemos de que exterminios son responsables los sentimientos identitarios. Se supone que deberiamos ser capaces de protegernos de ello. En cuanto a Ortega, al que admiro, en el campo político hizo y dijo unas cuantas tonterías. Todo parece justificarse y quedar demostrado con una cita de Ortega. Como bien señala en su artículo: “los nacionalistas han ocupado el espacio del Estado en retirada”. Ante la impunidad generalizada es bastante natural sumarse al matón en lugar de intentar oponerse a él sin ayuda alguna. Son verdaderamente ejemplares, por ejemplo, esos padres que han ido a los tribunales a defender el derecho a ser educado en español. Los tribunales les han dado la razón pero todavía se oyen las carcajadas de la Generalidad antes las sentencias. A mí me gustaría ver cuantos nacionalistas quedarían de verdad si el Gobierno reaccionara –en primer lugar con una gran campaña de comunicación- y el Estado empezara a aplicar la Ley y a hacerla cumplir. Pero el nivel político y cultural es tan ínfimo que nada harán. El presidente del Gobierno es nuestro Fernando VII, rodeado de gente tan mediocre como lo era, al parecer, la camarilla del Rey.

  8. G.P.
    G.P. Dice:

    El nacionalismo español y el nacionalismo catalán son exactamente iguales. Ambos desean la integridad de lo que consideran su patria, su territorio. El nacionalista español no acepta la independencia de Cataluña porque es parte de lo que considera su indivisible territorio, de la misma manera que el nacionalista catalán no aceptaría la no-independencia de, por ejemplo, Tarragona, porque es parte de lo que considera su indivisible territorio.

    La única diferencia es que uno, el español, ya tiene su fin (su territorio propio), y en cambio el otro está en marcha, “en obras”. Y eso es todo. Por lo demás son exactamente iguales. Como todos.

    Para un verdadero no-nacionalista, todo esfuerzo “intelectual” de intentar diferenciar de fondo los abundantísimos nacionalismos europeos (de los cuales el español y el catalán no son más que dos de los más vulgares de una miríada de casos con o sin estado propio) solo produce risa. En cualquiera de esos análisis (como en el artículo que nos tiene aquí) basta sustituir el nombre de un nacionalismo por otro y el sesudo ensayo vale para cualquiera. Lo dicho: de risa.

    ¡Ay! Pero el nacionalista no le ve. Es parte del misterio del nacionalismo… y seguramente de su extraordinario éxito.

    • Páradox
      Páradox Dice:

      Estimado G.P., llego a comprender que esa hilaridad que le producen estas reflexiones se debe, a tenor de su comentario, a que al leerlo no se ha enterado usted de nada. No trataba de diferenciar nacionalismos, unos buenos y otros malos.
      No dudo que hay nacionalistas españoles, con su correspondiente victimismo y maniqueísmo, y con una visión plana y desprovista de matices. Pero afortunadamente no son muchos. Y son duda ayuda a ello que no haya por ahora demasiado irredentismo que manejar, aunque podría haberlo pronto.
      Por lo demás, me alegro verdaderamente que contemple usted el mundo como un motivo para la risa. Fácil, pero risa, que es muy buena para la salud. Considerar que todo el mundo (o casi) es nacionalista, salvo usted, y encontrar en ello motivo para la carcajada le debe hacer a usted una persona verdaderamente risueña. Si buscase usted matices y diferencias puede que perdiera esa cualidad. Así que piénseselo.

  9. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Hace algún tiempo que, ante las normas y jurisprudencia condenando las listas negras, comenzaron a imponerse las listas blancas. El efecto es el mismo: la exclusión social. Tanto da que te pinten una estrella de David y un “JUDEN” en el escaparate como que no te pegues “voluntariamente” la etiqueta que te evita ser un paria desclavado fuera de onda y nacionalista español, es decir, maqueto, charnego, juden…la masa, la masa voluble y maleable, siempre la masa y los retorcidos “juristas” cubriendo las formas. Qué asco, de verdad! Y hay quien lo defiende con un supuesto tono moderado. No hay alternativa: melancolía o exilio…

  10. Alcides Bergamota
    Alcides Bergamota Dice:

    Por eso Sr. G.P. la cuestión no es nacionalismo de uno u otro signo sino Libertad o servidumbre y nos guste o no, en la actualidad, con España organizada ya, existiendo en forma de Estado de Derecho (siempre perfectible pero existente), lo que el Sr. Mas hace en Cataluña es un golpe de Estado, vulnera la ley, conculca las libertades de todos para forzar una independencia que sólo quiere, por ahora, una minoría. Si no tenemos claro que hay límites que no se pueden transpasar, volvemos a la Europa de los años 30. Es desde luego una de las pulsiones suicidas de nuestro continente.

    • G.B.
      G.B. Dice:

      Para muchos ciudadanos de Cataluña, ser gobernados desde Madrid significa “servidumbre” pues no se consideran parte de lo que los demás llamamos “españoles”. Les da igual que seamos un Estado de Derecho.
      Si invadieramos un pequeño país y les impusiéramos el gobierno democrático de Madrid, incluso aunque los invadidos disfrutaran de todos los mismos derechos democráticos de los españoles, se sentirían “servidumbre” pues su territorio y sus ciudadanos no se sentirían parte de nosotros y el gobierno no lo sentirían suyo. Que usted no comprenda eso, esa ceguera que le hace incapaz de “ponerse en los zapatos del otro”, le convierte en nacionalista.

  11. Alcides Bergamota
    Alcides Bergamota Dice:

    No quiero eternizar una discusión que parece bastante esteril. Los ciudadanos se expresan en las urnas, mediante elecciones convocadas legalmente, sin amedrentamiento ni campañas intimidatorias. Nadie ha invadido Cataluña y yo no me siento nada pero que nada bien pagando impuestos pero acepto esa servidumbre porque hay que acatar las leyes. Si usted no entiende eso y apoya ese “proceso” secesionista, cuando un día llamen a su puerta con malos modos y vulnerando sus derechos, no se queje entonces, porque el camino lo habrá iniciado usted con el “me siento o no me siento”… Frente a estado de derecho y libertad populismo y demagogia. Supongo que una vez separada Cataluña podrá, dentro de Cataluña, separarse cualquier región, ciudad o pueblo que no se sienta parte del proyecto Mas, y que, por supuesto, podrán quedarse en España pueblos, villas, provincias y rincones que sientan que es lo que prefieren. ¿Pero es que no se dan cuenta de dónde nos están metiendo?

  12. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Felicitar a Fernando por un artículo espléndido en fondo y forma.

    Mi comentario trata de los movimientos de entorno que con distintas velocidades están actuando.

    Luca Zaia, el gobernador del Veneto, (Nota 1) está promoviendo una consulta similar a la que se impulsa en Cataluña.
    Matteo Renzi sigue los pasos de Rajoy que ejecuta una estrategia legalista de mínimos que muchos criticamos pero que es de las más dañinas para el mundo nacionalista porque va directa a una de las claves psicológicas del fenómeno identitario: El Narcisismo patológico.

    No comulgando, en absoluto, con lo Identitario, no soy muy crítico con Rajoy por varios motivos.

    No debemos olvidar que Felipe González y R. Zapatero retiraron del CP instrumentos legales eficaces para frenar al secesionismo y, en estas condiciones, desde un gobierno asediado por el precipicio económico cada semana no veo que sea posible hacer eficazmente mucho más.

    El mismo partido, el PSOE, ha sido el patrocinador de la última generación de Estatutos que nos ha traído hasta aquí y el PP, en su mutación genética al espacio de las Autoctonías, ha sido incapaz de plantar cara con un relato atractivo.
    Es decir, hemos de analizar en profundidad el papel de los Partidos que Gobiernan España y que son Causa Directa de lo que hoy sucede. Más responsables que los Nacionalistas. La España que tenemos es la que propugnaba la resolución 2ª del Congreso de Suresnes en el 74.

    Por lo tanto el problema, creo, hoy ya compete más a la Sociedad Civil. La ausente, la apenas incipiente Ciudadanía.
    Pero los no nacionalistas somos un mal chiste frente a la organización social y política que, independientemente de los Partidos, es capaz de organizar y sostener el mundo identitario.

    Dicho lo cual lo que estamos viendo es una presión creciente desde “partes” de Estados Europeos por salirse de “La Situación” y esto engancha cada día con más fuerza a más gente.

    En el Véneto, las encuestas dicen que el 75% favorece la independencia. Mucho más que en cualquier parte de España.

    Es decir, algo se está moviendo y probablemente sus causas también están en lo que Europa está construyendo a la chita callando, en contra de la opinión pública, de dos Referendos (Francia y Holanda 2005) y de manos de una casta que tiene muy poquita legitimidad otorgada y demasiada distancia del Grass Root ciudadano.

    En consecuencia el discurso de Europa –al que recurrimos en España con frecuencia– tiene cada vez menos recorrido. Corresponde a una falsa percepción que en cuanto uno rasca comienza a verse como Un Problema sobre el cual no tenemos el Menor Control: Es decir los dos requisitos para, Racional e Instintivamente, tratar de Distanciarse.

    Recordemos que cuanto más fragmentada esté Europa, más fácil será gestionarla geopolíticamente.

    Buenos días

    Nota 1 Vale la pena escuchar con calma porque es un discurso no tan basado en emotividades primarias como nuestros nacionalistas periféricos http://wn.com/luca_zaia

  13. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Hay otros ángulos que explorar en relación a las regiones europeas cuyos liderazgos políticos y buena parte de sus poblaciones desean “independizarse” más cada vez de sus Estados-Nación históricos. Voy a citar dos, de momento.

    Uno de ellos es qué entendemos por “Independizarse”. ¿Se independizarían realmente si quienes hoy dictan la mayor parte de lo cotidiano-real de nuestras vidas ya no residen en nuestros Estados que se limitan a transcribir los ordenamientos de todo tipo que se emiten desde Instancias Superiores a los Estados Nación clásicos? (Dieciocho al día en la UE)
    Más bien no.

    ¿Se trata simplemente de que “su casta” prefiere relacionarse con el poder real Supranacional directamente sin más cuestionamiento o tratarán de hacer valer su especificidad con dichos poderes estableciendo con ellos la misma relación tensa que tienen con los viejos Estados-Nación?

    ¿Tiene esto sentido en la actual situación de Europa y del Hegemón Global que son hoy los poderes reales –el primero por delegación del segundo al decir de Wallerstein y otros padres del World-System?

    ¿Es esta “diversidad” gestionable en el sistema Global o representaría una amenaza para dichas instancias?

    La otra perspectiva es de naturaleza más teórica y la expresaba muy bien un coautor de Wallerstein en el prólogo de un libro conjunto escrito en 1991: “Race, Nation, Class: Ambiguous Identities” Étienne Balibar & Immanuel Wallerstein. Verso.

    Como es sabido una de las consecuencias de las hipótesis de Wallerstein es que la división del trabajo en el modelo capitalista no es la base de los antagonismos –estables– que estructuran las sociedades modernas —como pretendía el Marxismo clásico– sino el núcleo duro de la destrucción de vínculos no aparentemente económicos.

    En este proceso lo que estaríamos presenciando es un intento –desorientado en parte– de destrucción de los mecanismos que amenazan las relaciones de poder y las condiciones de existencia social en comunidades y élites especialmente sensibles a ello.

    Por tanto esta tensión sería una gran amenaza que perciben de inmediato las Ideologías Nacionalistas y explicaría que sean parte activa en la destrucción de vínculos históricos en sus Estados Nación porque han dejado de protegerles eficazmente.

    Para discernir lo que está sucediendo también habría que considerar ambas cuestiones así como el hecho de que la crisis del vigente Paradigma podría en si misma ser fruto del sistema de relaciones que el “World_System” impone sin consenso ni “mutualización” de las Externalidades que crea.

    Una de las conclusiones de lo que antecede es que realmente “es contraproducente” hablarles de Globalización o de “Europa” porque es como mencionar la soga en casa del ahorcado. Son las causas directas de la pérdida de su hegemonía industrial y son conscientes de que, tras esa pérdida, no viene nada bueno.

    Esto se palpa en los viejos pueblos industriales de Guipúzcoa y Vizcaya.

    En fin, por darle otras vueltas.
    Un saludo

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