Del muro, 25 años despues, a unas democracias con grietas

En uno de los momentos más emocionantes de nuestra era, hace veinticinco años, cayó el muro de Berlín. Entonces se cumplía el bicentenario de la Revolución francesa que es de los grandes hitos en la conquista de las libertades para toda la humanidad. Pero siempre se entrelazan periodos de conquistas y retrocesos respecto valores democráticos Así, la historia posterior de los quince países postsoviéticos está llena de pasos atrás como también en el mundo occidental, sobre todo en igualdad y derechos sociales, por no hablar de otros muros que levantamos donde a lo sumo les dejamos ver desde arriba cómo jugamos al golf (en alusión a la explícita foto de vallas en Melilla) no fuesen a invadirnos. O el hundimiento de valores éticos consustanciales con una democracia.

La segunda guerra mundial fue sellada su final en Postdam y Yalta con aciertos y notables errores. Quien más consiguió fue la Unión Soviética. Su contribución a la derrota del nazismo fue heroica y fundamental pero ello no impide calificar a Stalin como uno de los grandes asesinos de la historia. Desgracia especial recaería en las tres repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, que serían entregadas en la tiranía de la URSS tras haber pasado por la crueldad nazi. Otros –los del área oriental- mantendrían su independencia formal pero serían satélites de Rusia y caerían en manos del comunismo que con un partido único gobernaría con gran opresión.

En los ochenta algo se movería en estos países, por grupos de intelectuales o con tintes nacionalistas, sindicales o religiosos. Pero cambió la reacción del Kremlin. Lo que antes había sido un apoyo firme de Moscú al inmovilismo comunista vecino, la perestroika de Gorbachov hizo que no se impidiesen estos procesos. Muchos problemas tenía la propia URSS como gran imperio, aunque en declive,  como para ocuparse de otros Estados. Además, su ejército, ese mes de enero, había salido derrotado tras diez años en Afganistán (lección que después los occidentales no aprendimos).

Es histórica la expresión de que la “doctrina Brevnev” (intervencionismo solidario en todos los países socialista) sería sustituida, en frase de un asesor de Gorby, sobre la posición del Kremlin en esos nuevos momentos, por la “doctrina Sinatra” en alusión a la canción  “My way”. Ello suponía el anuncio peculiar de que cada país debería actuar a su manera, sin injerencia de Moscú.

La destrucción del sistema empezó en Polonia, con una gran movilización sindical junto a la influencia de la Iglesia Católica (con un Papa polaco, Karol Wojtyla, recién elegido pujante y anticomunista). En todos estos países satélites que se alejaban de un sol en declive, esos movimientos convergerían en acontecimientos decisivos en otoño de 1989. El protagonista era el pueblo que se levantaría con éxito frente a tiranías gobernantes en Polonia, Hungría, Checoeslovaquia, República Democrática de Alemania y Rumanía.

El primero sería Hungría en octubre de 1989, tras abrir sus fronteras con el mundo libre (Austria y Alemania Occidental). La chispa se expandió rápidamente. En esos países estaban muy limitadas sus libertades, como la de movimientos. Pero un agujero existía: Berlín. Uno de los efectos de la derrota bélica de Alemania, había sido, como sanción, su fragmentación en dos mitades, la occidental y la comunista. Solo compartían, dividida, la capital.

Aunque desde 1952 había vallas y vigilantes, las fronteras, aún con ciertas limitaciones, estaban abiertas. Miles de trabajadores pasaban diariamente a la parte occidental. Hasta 1961 tres millones habían abandonado la RDA. Además, era la única vía de los nacionales de otros Estados comunistas de llegar al mundo libre. El peligro de “contagio” de las ideas de occidente hizo que se elevase el muro.

En la noche del 12 al 13 de agosto de 1961 se construiría casi totalmente. Colaborarían tropas soviéticas controlando la frontera y en previsión de conflictos. La justificación oficial hablaba de “un muro de protección antifascista, para evitar las agresiones occidentales”. Se convertiría en un icono de la ignominia, de la tiranía y de la represión.  Es famoso el discurso de J.F. Kennedy en su visita allí dos años después que empezaría y concluiría con un emotivo Ich bin ein berliner (Yo soy un berlinés).

El mundo comunista estaba petrificado como una realidad acartonada que se resquebrajaba. Solo un mes antes se celebraría el 40 aniversario de la RDA con visita de Gorbachov. En su discurso ante el dogmático Honnecker advertiría contra los peligros del inmovilismo. Ello alentaría multitudinarias manifestaciones en Leipzig y Dresde. La pretensión de reprimirlas con dureza no encontraría eco en el Comité Central ni en Moscú. Los hechos se precipitarían. En la noche del 9 de noviembre, como una marea imparable, se rompieron los diques y se empezaría a derribar el Muro de la vergüenza. Desaparecía el gran símbolo de la guerra fría. Veinticinco años después, en la pared del despacho en mi casa permanece ampliada la portada del periódico del día siguiente. Y en el Parque Berlin en Madrid, restos grandes de esos bloques de cemento junto a un estanque.

Aunque todo sucedió con rapidez, los servicios de “información” de países occidentales lo advirtieron. Son ya conocidas las graves reticencias que dos meses antes tanto la conservadora británica Thatcher como el socialista francés Mitterrand trasladaron a Gorbachov sobre el temor que les causaba una Alemania unida.

La reunificación la lideraría Kohl, con sacrificio y solidaridad desde su parte occidental para reequilibrar el país por el bajo nivel económico de la zona oriental. Su imagen final quedó asociada al cobro irregular de fondos y, por tanto, a corrupción, pero fue, sin duda, impulsor de la reunificación alemana, además de su nítida vocación europeísta. El otro protagonista, Gorbachov, estaría solo dos años más al frente de la URSS que en 1991 se descompondría en 15 Estados independientes tras el golpe de Estado que sufrió a fines de agosto. Pero fracasado el golpe de Estado, el propio Estado se desintegró y la victima (Gorby) resultó perdedora. Su imagen es tan positiva en Occidente como despreciada en Rusia cuya deriva, en manos de Putin, está ahora cada vez más lejos de la libertad.

En todo caso, hay que recordar y celebrar lo que supuso, hace ahora 25 años, la caída de ese muro de la infamia.

4 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Buena descripción. Creo que la caída del muro de Berlín, y todos los acontecimientos relacionados, cambiaron la Historia en un aspecto fundamental: el problema siempre pareció que eran “los demás”, ahora el problema somos nosotros. Durante la Revolución francesa y las restantes revoluciones liberales problema eran los enemigos de la libertad, y corrió la sangre. Durante la Revolución rusa el problema eran los enemigos del pueblo, y corrió la sangre. Durante la Guerra Fría el problema era el otro bloque, no se llegó al enfrentamiento directo, pero corrió la sangre en conflictos relacionados.
    La caída del muro de Berlín ha puesto ante nosotros a los demás como solución, como parte de un nosotros más grande. A la vez los bloques se matizaron y el mundo tendió a un mayor intercambio. Llega la globalización, se avanza en el proyecto europeo, ganamos una concienciación ambiental global. Cada vez nos damos más cuenta de que “los demás” forman parte de nosotros, que la diferencia es positiva porque permite un aprovechamiento recíproco de las fortalezas del otro. Pero, a la vez surgen un vértigo nacionalista en Europa, el miedo al fontanero polaco es una de las raíces del fracaso de la Constitución Europea. La valla de Melilla, como muy bien señala Jesús López Medel simboliza el miedo a la invasión. Algunos dicen que vienen a quitarnos “nuestros” puestos de trabajo, como si fuesen un número fijo y permaneciesen en nuestra propiedad.

    El problema de la Europa de hoy es de articulación institucional. Europa se tiene que abrir a sí misma, su variada cultura es su mayor riqueza, y al mundo, ya que de la capacidad de establecer los mejores intercambios dependerá que Europa salga de su ensimismamiento. Para que ello sea posible debemos estar muy atentos en lo que sucede en toda Europa, ya no vale con estar pendientes de una locomotora que nos transporte. Las dificultades lingüísticas serán uno de nuestros grandes retos. Debemos buscar mecanismos para que lo mejor de la cultura que no se desarrolla en las lenguas de mayor difusión llegue a toda Europa.

    Pero si queremos una Europa dinámica debemos prestar atención especial a las oportunidades que surgen en los cinco continentes. Eso implica aceptar diferencias, pero también trabajar para que un mínimo común uniformador se establezca en el mundo entero: los derechos humanos. Uno de los grandes retos, levantados los diversos muros que nos separan del resto del mundo, será cómo promover los derechos humanos respetándolos en todo momento, no debería haber más revoluciones con sangre. De no tener éxito en la extensión de los derechos humanos, Europa se enfrenta a uno de los peores dilemas: si intercambiar renunciando a la extensión de los derechos humanos o negarse al intercambio con quien no respeta los derechos humanos, a pesar de que forma parte de un “nosotros” cada día más grande.

    Creo que afortunadamente Europa, aunque con muchas dificultades, camina a la eliminación de muros y fronteras.

    Un cordial saludo

  2. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Un post muy descriptivo del recorrido político que lleva hasta el muro de Berlín y su posterior derribo en un mundo que empezaba a creer en la distensión y en la paz. Un mundo aprovechado por otros para extender y vender los modelos burbujeantes que han provocado la crisis actual. Una lástima que el mundo de la guerra fría fuese sustituido por otro tipo de invasión con mayores dividendos y rentabilidad para los más avispados, en detrimento de quienes no lo son tanto. La Libertad, como tantas otras cosas, no puede ser impuesta y menos aún cuando tiene trampas. En cualquier caso siempre es bueno desmontar barreras y miedos artificiales, tomar conciencia de que el ser humano es igual en todas partes y que son más las cosas que nos unen que las que nos separan. El día que renunciemos a ser los más “divinos” exigiendo que se nos adore, habremos dado un paso gigantesco en nuestra humanidad.

  3. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    En “World Order” , Henry Kissinger 2014, dice que….”los nuevos métodos de transmitir y acceder a la información…. proyectan cualquier acontecimiento globalmente pero lo hacen de una forma que….inhibe la reflexión y exige de los liderazgos políticos reacciones instantáneas…… y que estas reacciones puedan ser expresadas en forma de slogans” (sic).

    Resumiendo, la Irreflexión y Twitter.

    No es el único que lo dice.

    En la primera entrevista de Jorge Bergoglio a las revistas de la Compañía de Jesús, de las 22 páginas de su versión italiana, dedica 9 para hablar del Discernimiento.

    Hoy no es fácil discernir aunque sólo sea porque tenemos tanta información (y en algunos asuntos tan sesgada) que si ya antes era difícil acercarse al Noúmeno a través de la Percepción hoy la tarea exige prácticamente plena dedicación y en grupo.
    Y eso por no hablar de que los tiempos históricos tienen un ritmo que también supera de largo nuestros ciclos de vivencia personal.

    Que la URSS colapsaría era evidente para mucha gente ya en los años 70.

    Hacia mediados de aquella década tuve que hacer unas exportaciones a Rusia desde una fábrica de mi entonces compañía en Mitcheldean (UK). Ordenadores, procesadores de textos y copiadoras/impresoras. Productos que en Occidente casi cualquier compañía podía comprar.

    Cuál no sería mi sorpresa cuando veo que algunos de ellos requerían modificaciones en fábrica a petición del Cliente, (Gobierno de la URSS) y que estas modificaciones consistían en dotarlas de….. cerradura física con llave. Estaba claro quién acabaría antes y bien lo explica Jesús López Medel

    Estas cosas son mortales para cualquier sistema cuyos adversarios pueden vivir y sin desconfiar de lo que hagan sus ciudadanos.

    Pero…. hete aquí que apenas cuarenta años más tarde los ciudadanos de los entonces “vencedores” estamos incluso más vigilados que aquellos soviéticos.

    Tanto que ni cerradura o llave son necesarias porque hasta nuestra voz digitalizada está a disposición del Poder y no en un sólo lugar sino en varios y bien repartido.
    Nuestras comunicaciones electrónicas –escritas y voz– son Públicas y Eternas. Todos lo sabemos.

    Vivimos en una situación de libertad vigilada que–gracias a las tecnologías de hoy– supera de largo las situaciones que se vivieron en la URSS a partir de Stalin que murió hace 61 años.

    En Occidente, hoy día, crece una grave reivindicación moral de masas de ciudadanos bien informados y con alto nivel educativo hacia el Sistema. Una pérdida de confianza y de autoestima colectiva que no existe ni en Rusia ni en China. Al contrario.
    ¿El cliché era falso? ¿Lo es hoy?

    Sobre el resto del artículo un comentario:
    La URSS no fue el bloque más beneficiado.
    USA emerge con el 50% de la industria mundial, el ejército más poderoso, es el modelo ético y cultural global y el dominio del mercado mundial. Concedido y rubricado por Churchill antes del desembarco.

    Pero ese modelo se acabó y se busca otro.

    Saludos

  4. Abogado Derecho Militar
    Abogado Derecho Militar Dice:

    La caída del muro fue algo bueno para el mundo pero tuvo un efecto malo sobre europa occidental.
    Al desaparecer el comunismo se rompió el equilibrio que guardaba el estado de bienestar y el capitalismo.
    Y ahora mira donde estamos

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