Melancolía postdirectiva (y II): La necesidad de una “manada directiva”.

La crisis y, sobre todo, la corrupción ha provocado un descreimiento entre la población hacia las instituciones y en particular hacia los partidos que hace más actual que nunca la necesaria creación de una función directiva profesional que, sobre todo en la Administración del Estado se ha demostrado, no solo  inmune a la corrupción, sino que se ha erigido en su principal antídoto. Antonio Muñoz Molina recientemente relacionaba directamente corrupción con “el desguace de una administración colonizada por los partidos políticos y privada de una de sus facultades fundamentales, que es el control de oficio de la solvencia técnica y la legalidad de las actuaciones”.

Hoy más que nunca se debe reforzar un extracto de técnicos superiores independientes dispuestos y preparados para  trabajar con cualquier partido desde una ausencia de militancia o decantación (parece una obviedad). La búsqueda de espacios independientes gerenciales de lo público más que sometidos a  los partidos resulta ya acuciante.

Se trata sencillamente de desarrollar y aplicar lo previsto normativamente en la ley, tanto en la LOFAGE como en el Estatuto Básico del Empleado Público, de aprovechar la totalidad de los limitados recursos humanos existentes y de, obvio es decirlo, profesionalizar una función directiva que por ley se basa en el mérito.

Y la prueba de fuego se encuentra en la resistencia de la estructura directiva ante los movimientos sísmicos derivados de cada cambio político.

En estos tiempos en que han muerto o convalecen los principios y los finales felices  tanto el posdirectivo como el Gobierno de turno deben salir a la ventana y mirar a la gente que pasa por la calle. Ellos nos pagan. Repito. El señor del bar, de la frutería nos paga. Les supone  esfuerzo y dinero y nos seguimos debiendo a ellos. Dana Andrews tras refugiarse en la casquivana encuentra el consuelo en la chica hacendosa y responsable que resume las esencias de todo servicio público. Sentimentaloide pero obligado Y una forma de dispendio y corruptela consiste en desaprovechar los recursos, en este caso  los directivos cesados.

Esta bienaventuranza tiene dos destinatarios, no uno. Tiene que haber oferta, y tiene que haber demanda. No puede haber mobbing, pero tampoco morring.

Por una parte el directivo, en su caso cesado, debe superar la natural indolencia anímica.

Es verdad que hay un elemento psicológico difícil de asumir. Resulta difícil, pero hay que aceptar, que la carrera administrativa se dibuja en una línea de picos y valles, de subidas y bajadas.

El recurso al consabido pataleo del caído asegurando que “las formas no han sido adecuadas” debe ceder ante la constancia de que no hay fórmula adecuada. No es fácil asumir que la celebración de sacrificios humanos es una de la consecuencia natural de la toma del poder. Una oferta ritual a los dioses de la democracia que hay que aguantar.

El directivo habita en el difícil último escalón de la jerarquía de necesidades de Maslow: la autorrealización y el autodesarrollo, de difícil satisfacción tras un cese que requiere cierta convalecencia pero que requiere sobre todo voluntad del afectado. La destitución es una suerte de petit-petitmort (mas cerca de la mort que de la agradable petitmort por supuesto) Y como todas las muertes por pequeñas que sean se caracterizan por ser irreparables y por requerir un luto que requiere tiempo… pero que no sea mucho.

El nombrado se recoloca con facilidad en la intensidad y vorágine del puesto. El destituido convalece de una regla del juego –como la muerte- difícil de asumir cuando se han invertido esfuerzos, se han ganado más enemigos que amigos e incluso con frecuencia no se ha obtenido como premio más que una querella de acompañamiento en  los próximos años. Ofendido y con la tentación de dejarse invadir por un priapismo dactilar que le lleve a vagar por los pasillos con el índice levantado. De acuerdo, pero la “profesionalización” implica también el control de las emociones.

Pero está claro también que el Directivo tiene que ser demandado. La carrera descendente exige tanto interés como la ascendente. Y resulta exponencialmente más complicada.

La creación de un puesto que otorgue dignidad a corto plazo (denominado gráficamente como “mochila”) supone un elemento de consolidación necesario pero no suficiente.

Una de las claves es el principio de que el que cesa coloca. O mejor dicho, debe colocar. La necesidad de dar una salida a los postdirectivos supone una medida de “despolitización” de la Administración.

El cesador adquiere un compromiso de recolocación obligado y el cesado de recolocarse. Es necesario dar “opciones”.

La creación de un órgano técnico que acometa individualizadamente cada situación creo que es recomendable para que la incorporación  a  la esfera de dirección pública no quede al albur de las relaciones y recoloque a  aquel que se resiste a acogerse a la fragancia de la rosa o a protegerse a la sombra de las alas de la gaviota. El cesado  debe recibir alguna llamada. En este sentido bueno, es que los Cuerpos superiores y sus órganos de representación recuerden al Gobierno de turno que tienen una labor pendiente de la que alguien debe encargarse de forma institucionalizada y formal.

El fin o cuestionamiento de las puertas giratorias y el reforzamiento de las incompatibilidades acentúa el problema y el riesgo de condena a una penitencia del posdirectivo que como única alternativa a la “muerte civil” encontrará la “doble” fidelidad y colaboración –con el partido en el Gobierno que da de comer y con el partido en la oposición que le recolocará en el futuro en función de los servicios prestados- más cercana a la traición que al servicio público, más próximo al mundo de John Le Carré que al del código de leyes administrativas.

En un país en la que un cambio de Gobierno arrasa hasta a los presentadores de telediarios. En que ni los jueces consiguen quitarse el estigma de liberales o conservadores resulta posiblemente estéril pero es necesario reivindicar sencillamente lo que prevé la LOFAGE: la profesionalización de la función directiva que no sea un botín más de los partidos políticos. Es verdad que el viejo Sir Humprey  actuaba como conciencia implacable  y que al Gobierno de turno probablemente prefiera un esquema más dúctil, pero frente a ello no cabe duda de que la profesionalización de la función directiva funcionando por criterios profesionales no es sino un exponente de la “misión” impuesta a la Administración por la sociedad. Superar la “lucha contra la inmunidad del poder” por la “inmunidad frente al poder” es una necesidad en tiempos de corrupción, acusaciones de “casta”  y hartazgo ciudadano.

Uno de los políticos de la serie “House of Cards” reconocía que estaba muerto fuera de la manada. Y sigue después de tanto tiempo sin haber una manada directiva que englobe a los expertos en técnicas gerenciales y absorba y utilice a todos los efectivos preparados y deseosos de ejercer la función directiva sin dar el salto a la política.

En fin, unas pocas líneas no sirven para resolver el sudoku, un problema complicado, una operación  compleja de difícil solución, un sudoku personalizado de dificultad alta. Pero como todo sudoku hay que resolverlo a base a de concentración, dedicación y prueba/error. Como no se resuelve es –como es evidente- simplemente no acometiéndolo por falta de interés o interés en no acometerlo.

Eso si,  la ventaja del opinador frente al directivo es que no tiene que solucionarlo.

 

 

6 comentarios
  1. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Desde hace mucho tiempo una asignatura pendiente es la reforma de las AA.PP. El diseño que permanece está anticuado como fiscalización y persecución del ciudadano y es preciso establecer de una vez por todas el servicio a los ciudadanos. En las últimas elecciones municipales proponíamos para los ayuntamientos que sus empleados se convirtieran en gestores de los asuntos que la propia Administración reclama. Ellos conocen las vías de gestión mejor que nadie y los ayuntamientos se convertirían en lo que deben ser. Tenemos un gran número de empleados públicos y -lo que es peor- se siguen pidiendo aumento de su número en lugar de la racionalización de sus funciones evitando trámites administrativos y duplicidades innecesarios, que complican la vida a los ciudadanos. la política y las AA.PP. están para resolvernos problemas, no para crearlos (muchas veces artificialmente) para mantener las estructuras de poder. Las estructuras se han compartimentado hasta el punto de que un funcionario ignora lo que hace el compañero que tiene al lado. Falta coordinación en la gestión y eficacia. Al ciudadano se le ponen plazos mientras las AA.PP. no están obligadas y debería ser al revés. A mayor abundamiento los cargos se basan en las “necesidades políticas” cuando muchas veces sus actos son totalmente discrecionales y faltos de interés público. Los partidos no son tales en cuanto no recogen ni acogen debates permanentes sobre las aspiraciones sociales. Se han bunkerizado y atrincherado en sus sedes como si los ciudadanos fuesen o estuviesen apestados tal como ocurre en las dependencias públicas. Al ciudadano se le aplican normas, reglamentos y todo tipo de requisitorias fiscales para mantener el tinglado de “lo público” pagando con sus impuestos (se ha calculado en un salario medio que se trabajan 4 o 5 meses al año para pagar impuestos) y tasas de todo tipo. Se han multiplicado los “entes” (por llamarles algo) mercantiles, semipúblicos, mixtos, etc. ajenos a la estructura institucional básica para eludir controles y facilitar una cierta ingeniería financiera…. Al final, los ciudadanos es lógico que prefieran unos buenos gestores neutrales que se limiten a administrar adecuadamente nuestra precaria situación, en lugar de “cargos políticos”, pero…. ¿donde están esas personas? Desde luego no en las grandes corporaciones cuya gestión es más nefasta conforme van creciendo y modernizándose. El mejor sistema sería la promoción interna de los propios empleados públicos a puestos de responsabilidad en el ámbito que tengan experiencia, al menos hasta la dirección general y que esa promoción sea propuesta por sus propios compañeros que se encargarán de vigilar y controlar sus actos con todo derecho.

    • Agripa
      Agripa Dice:

      ¡Menudo comentario! Una sarta de consignas, afirmaciones sin respaldo y medias verdades, para terminar proponiendo sibilinamente que los bedeles por promoción interna y aclamación popular lleguen a Director General. ¡Venga! ¡Arriba los soviets!

  2. De Lege Ferenda
    De Lege Ferenda Dice:

    Es un síntoma evidente de la sinrazón por la que transitamos.
    Es un tema en el que está absolutamente claro el valor de la Constitución. El fallo está en las leyes y en los reglamentos. No en la Constitución.
    Pero es igual, lo que vende no es construir sobre cimientos sólidos la estructura de nuestras AA.PP. Lo que vende es cargarse los cimientos, cargarse la Constitución.
    Construir sobre la Constitución conforme a la ya dilatada experiencia, y sobre bases claras el entramado jurídico-legislativo de las AA.PP. no merece respeto.
    El respeto se lo damos a la demagogia de que todo está corrompido y no se puede arreglar, por lo que solo hay una opción, cambiar la Constitución.
    Pero, cuales sean los cambios tan necesarios, y sus bondades, se queda en la oscuridad total.
    Quemar el barco antes de llegar a la isla. Los náufragos dejan de serlo, para pasar a ser ahogados.
    La Constitución se caracteriza por su flexibilidad, por su capacidad para acoger en su texto muy diferentes opciones políticas.
    Pero es más fácil vender el humo que esconde la nada que vender una reelaboración del régimen legal basado -en el caso que nos ocupa- por principios como mérito, capacidad y no discriminación.
    La experiencia ya no es positiva, sino que constituye una lacra. Dicen los que no tiene ni experiencia ni méritos distintos al amiguismo y el nepotismo.
    No, no estamos ante un problema jurídico, sino ético. Y estético, claro está.
    Vamos directos al precipicio. Pero es “por culpa de otros”, como siempre, los irresponsables que se dicen ciudadanos, son inimputables.
    No recuperaremos la Libertad Política sin constituirnos como individuos responsables.
    No, no la recuperaremos. Seguimos buscando “salvadores”. Responsabilizando a otros de los problemas y de las soluciones.
    Saludos y gracias por los posts.

  3. carmen
    carmen Dice:

    Una pregunta, ¿te has parado a estudiar cómo es el tema en otros modelos? porque podría ser interesante. A mi modo de ver, en la Administración hay mucho joven trepa que quiere ser director general antes de los 40 años. Y ¿cual es la vía para conseguirlo? El pasteleo.

    Es verdad que los partidos con su voracidad lo arrasan todo, pero no podemos mitificar en exceso a alguien solo por haber aprobado una oposición.

    En la Administración también hay muchos pequeños Nicolases que venden humo. Y todo lo que sube baja, por eso creo que más de uno en el pecado lleva la penitencia.

    • de Lege Ferenda
      de Lege Ferenda Dice:

      Pues, Carmen, depende de que se hable. ¿De judicaturas? HAy muchos y muy buenos abogados, la mayoría no lo harían peor que lo que lo hacen la mayor parte de los Jueces y Magistrados. La oposición quiere garantizar la independencia y la imparcialidad, por eso su inamovilidad y el carácter vitalicio. Pero no parece que haya tenido mucho éxito. Podríamos, y quizás deberíamos aqui, prescindir de lo “vitalicio” del Juez y pensar en lo “vital” para la sociedad. Cargos por cinco años.
      No es que me disguste el régimen de oposición, sino la impunidad enmascarada de la judicatura y su carácter vitalicio sumado al enooooorme corporacionismo de los que ahora se proponen enjuiciar la corrupción de los otros dos poderes, y seguirán ellos en la impunidad corporativa (que es impunidad para los dóciles).
      No me interesan los derechos del opositor exitoso o del elegido por sabe dios que méritos. Me interesan los Derechos del Justiciable. QUe es para lo que están los Juzgados.
      En fin, tras el humo suele estar, escondido, el fuego.
      Saludos

  4. iñaki
    iñaki Dice:

    Es una vergüenza que directivos cesados “vaguen por los pasillos.” Es una auténtica injusticia personal. Es un trato denigrante y degradante para cualquier ser humano : cobrar un sueldo, sin tener trabajo real asignado. Y encima con cargo a los impuestos…

    Va contra la dignidad del ser humano. Da vergüenza tener que recordar que funcionamos así, pero debemos dejar constancia para la Historia. A ver si nuestros hijos y nietos tienen más energía que nosotros, y acaban con esta auténtica lacra social del cesante que cobra, sin que la Administración pública le dé trabajo efectivo. ¡Si Larra levantara la cabeza!

    Y luego, el despilfarro que eso supone. Va contra los principios básicos de organización y dirección, donde priva el aprovechar los talentos de las personas, que son el verdadero capital de cualquier Organismo. Por no hablar del despilfarro económico…

    Insisto : es una vergüenza. ¿Y qué ha hecho el PP? Palabras, sólo palabras.

    Ahora hay que pasar a los hechos. Con firmeza, con dignidad, con hombría. Reconociendo humildemente nuestros errores, pero sin seguir viviendo en medio de ellos.

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