La dimisión del Fiscal General

 

Fíjense en el libro que lleva en la mano. El detalle me parece muy interesante. Esta foto publicada en El Mundo del viernes está tomada apenas unas horas después de anunciar su dimisión. El libro tiene un par de señales, por lo que parece trabajado. Comprensible, yo me lo he leído y no es de fácil lectura, precisamente. Sí, se trata de Ejemplaridad Pública, el ensayo escrito por Javier Gomá, hermano de dos coeditores de este blog.

Torres Dulce ha manifestado que dimite por causas personales. No es descartable, pero las fuentes mejor informadas alegan que dicho motivo es una excusa para no perjudicar excesivamente al Gobierno que le nombró y abandonar así el cargo de la manera más elegante posible. Según se afirma, la verdadera causa son los constantes desencuentros con ese Gobierno desde casi el comienzo de su mandato, tanto desde el punto de vista estratégico como táctico. Por desencuentro estratégico entiendo la total divergencia a la hora de afrontar algunas de las reformas imprescindibles que necesita la justicia española. Cualquier interesado por su opinión al respecto debería leer el valiente e interesante artículo que publicó en la revista El Notario del Siglo XXI en julio de 2013 con el título La inevitable reforma de la Administración de Justicia y comprobar de esa manera lo alejado que el Gobierno ha terminado por estar de esas propuestas. Por desencuentro táctico entiendo su postura firme frente a las presiones de los dirigentes del PP en determinados casos muy sensibles, especialmente en el caso Bárcenas, pero también su resistencia a hacer los deberes políticos del Gobierno con ocasión de la querella contra Mas. Pedir la prisión incondicional del tesorero causó estupor entre los que le acababan de nombrar, pero su (lógica) lentitud a la hora de presentar la querella, con esos días de ominoso silencio en los que se hizo tan patente la asombrosa incuria y estulticia de nuestros dirigentes políticos, produjo verdadera desazón.

Ya se sabe que nuestros políticos al mando consideran que, puesto que el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal de Cuentas, la CNMV y el Tribunal Constitucional, por citar algunos órganos irrelevantes de nuestro Estado de Derecho, están casi a sus órdenes, el que un Fiscal General mindundi pueda oponer cierta resistencia a sus interesadas voluntades resulta verdaderamente afrentoso y casi incomprensible. No están acostumbrados. El problema con esta dimisión, sin embargo, es que van a seguir sin estarlo. Y eso, lamentablemente, hay que apuntárselo al debe del ya ex Fiscal General.

Torres Dulce es un hombre honesto e inteligente, sin ningún género de dudas. Se corresponde a un tipo de persona que afortunadamente no ha sido nada infrecuente en el funcionariado español: el que considera que su deber consiste en realizar en todo momento una labor seria, responsable y abnegada, “en el oficio y en la casa”, como dice Javier Gomá en el ensayo arriba mencionado. Seguro que aceptó el cargo ofrecido por sus amigos, ideológicamente próximos, con la mejor intención de aprovechar la oportunidad para impulsar las reformas que la Justicia de nuestro país necesitaba. Pero lo cierto es que, aunque estoy seguro también de que no era tan ingenuo como para  considerar que ingresaba en un mundo de caballeros servidores del interés público, lejos estaba de imaginar el profundo pozo de corrupción en el que se encontraba inmersa la política española, de la Corona para abajo, pero especialmente el partido del Gobierno. Es entonces, al hacerse evidente, cuando sus otrora amigos descubren súbitamente que sus intereses personales a corto plazo se encuentran gravemente amenazados, y que esas reformas tan bonitas sobre el papel, y que esas instrucciones penales contra la corrupción política, empiezan a resultar bastante incómodas y peligrosas.

En este ambiente minado, la labor seria, responsable y abnegada, “en el oficio y en la casa”, se convierte en algo extraordinariamente complicado y lleno de difíciles dilemas, de los que no resulta nada sencillo salir de manera airosa. Baste recordar que la fiscalía estos años ha hecho algunas cosas un poco raras. Por ejemplo, no es frecuente leer en un auto de Audiencia Provincial referido a un escrito del Fiscal la expresión “Termina el Fiscal su alegato defensivo…”, como ocurrió en el caso de la Infanta. Haberse plegado a la razón de Estado hizo un flaco favor a la institución, en un momento, además, muy delicado para nuestro Estado de Derecho, porque aquí lo verdaderamente responsable hubiera sido dar una imagen de absoluta imparcialidad. De ahí que, en este ambiente corrosivo, uno termine por descubrir tarde o temprano que para lo que creyó aceptar el cargo se revela de ejecución imposible. Y  que, a mayor abundamiento, está pagando un precio elevado por ello. Por eso, desde esta perspectiva, cuando el desempeño ordinario del oficio amenaza convertirse en una pesadilla cotidiana sin apenas resultados, cuando en el Gobierno de la nación uno no encuentra colaboradores, sino enemigos, y cuando las propuestas de reforma son ninguneadas de mala manera, parecería que no hay nada más digno y lógico que volver a otros ambientes mucho más propicios para desarrollar un trabajo serio, fructífero, abnegado… y, por eso mismo, ejemplar.

Pues bien, incorrecto. En mi modesta opinión, España ya no se puede permitir que sus mejores elementos sigan respondiendo a este estereotipo, seguro que extraordinario para la normalidad de la historia, pero poco efectivo en tiempos de grave crisis sistémica, como la que atraviesa nuestro país en estos momentos. El tiempo se agota. Y la dimisión de Torres Dulce ni siquiera es un aldabonazo capaz de derribar un edificio corrupto, sino un nimio rasguño en el curtido caparazón del PP. Por contra, la regeneración institucional, absolutamente perentoria si queremos salir adelante con mínimas garantías, sigue esperando siquiera comenzarse, y uno de los que se suponía que podía ayudar en el fundamental ámbito de la Justicia ya está en la reserva.

Hoy no es tiempo de ejemplaridad privada en el oficio y en la casa -bajo el presupuesto cuasi providencialista de que ha de convertirse en pública en el largo plazo- sino de lucha urgente por nuestra supervivencia institucional, que no admite demora de ninguna especie. No es tiempo de ejercicio “ordinario” del oficio, sino de combate en una plaza asediada a la que, desde luego, no se va a hacer amigos ni a respetar fidelidades personales. Hoy la ejemplaridad que necesitamos es la cívica que antepone por encima de cualquier consideración personal, propia y ajena, el interés público, pero el interés de las épocas de crisis, no de las de normalidad. Hacerse enemigos, perder oportunidades y quedarse más solo que la una, suele ser el precio habitual. Desde esa perspectiva la Infanta no merece ningún trato especial, las presiones se denuncian públicamente y en ejercicio pleno de la propia autonomía institucional (consagrada legalmente) se llega hasta el final. Tampoco, por tanto, y salvo que existan efectivamente esas razones personales, se dimite, porque está claro que con el que venga no se van a equivocar otra vez, máxime en un año electoral y con tantos frentes judiciales abiertos. Seré sincero: me alegro por él pero lo lamento por nosotros.

23 comentarios
  1. Francisco Rodríguez Boix
    Francisco Rodríguez Boix Dice:

    Torres Dulce ha sido,sin duda alguna,elFiscal General mas independiente del régimen democratico.Solo hay que compararlo con los Leopoldo Torres ,Eligió Hernández (el Pollo del Pinar),Cardenal o Cándido Conde Pumpido.Lo pierde la democracia,pero lo ganamos los amantes del cine,que esperamos anhelantes sus extraordinarias críticas los sábados por la mañana en Expansión.Una vez mas,Rodrigo enhorabuena.

    • ENNECERUS
      ENNECERUS Dice:

      Concuerdo querido amigo Paco. ¡Anímate a escribir algo que es un gustazo leerte, casi tanto como escucharte!
      Grandísimo artículo de Rodrigo, enhorabuena..

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Me ha gustado mucho el comentario de Rodrigo acerca de que no son nada infrecuentes en el funcionariado español las personas con honestidad e inteligencia.

    Desde luego esa es mi experiencia a pesar de que, rodeados durante tantos años por la corrupción que “bajaba desde las alturas”, unos cuantos se han rendido. En unas ocasiones para sobrevivir y en otras por despecho.

    Por otra parte el artículo habla de “crisis sistémica”.

    Dos palabras que de ser correctas significan que los frutos podridos observables no son accidentes aleatorios sino resultados buscados y producidos por las relaciones “fundamentales” del sistema. De este modelo de Estado que no es solo nuestro.

    En este territorio, –salvo como contribución al martirologio y a la autoestima familiar que sin duda es importante–, no sirven los remedios de la “ética” personal o de la ejemplaridad. Al contrario.
    El mecanismo de incentivos del sistema nos enseña cada día que el “fracaso” acecha a quienes lo practican.

    Los modelos más exitosos observables –la Pedagogía de verdad– son profundamente corruptos y ejemplos como el de este fiscal sirven para explicar, en el fondo, un fracaso objetivo porque no estuvo “a la altura” de las expectativas del Poder.

    Admirable para muchos, —es cierto y me sumo en parte a ello sin saber incluso lo que el Sr. Torres Dulce hubiera hecho sin “jefes” ni “subordinados” levantiscos, que esa es otra–, pero fracaso en el mundo de la realidad.

    Saludos

    • Teilhard
      Teilhard Dice:

      Plantearé ahora dos preguntas. Primera ¿En que sentido fueron diferentes  aquellos raros individuos  que no colaboraron en ningún aspecto de la vida ordinaria y se negaron  a participar en la vida pública , aunque no fueron capaces de rebelarse activamente?  Y segunda, si aceptamos que quienes  sirvieron en cualquier nivel y en cualquier grado de responsabilidad no eran simplemente unos monstruos ¿que es lo que les hizo comportarse como lo hicieron? ¿ Con que argumentos morales, ya no legales, justificaron su conducta tras la derrota del régimen y la quiebra del “ nuevo orden” ,  con su nueva serie de valores? La respuesta a la primera pregunta es relativamente sencilla: los no participantes, considerados irresponsables por la mayoría, fueron los únicos que se atrevieron a juzgar por si mismos, y fueron capaces de hacerlo no porque dispusieran de un mejor sistema de valores ni porque las viejas pautas sobre lo correcto y lo incorrecto permanecieran firmemente enraizadas en su mente y en su conciencia. Por el contrario, todas nuestras experiencias nos indican que fueron precisamente los miembros de la sociedad respetable que no se habían visto afectados por la agitación intelectual y moral de las primeras fases del periodo nazi quienes primero se entregaron.  Simplemente cambiaron un sistema de valores por otro. Yo diría, por tanto, que los no participantes fueron aquellos cuya conciencia no  funcionó de manera, por así decir, automática, (como si dispusieran de un conjunto de reglas aprendidas o innatas que aplicáramos, a los distintos casos particulares a mediada  que se fueran presentando, de modo que toda nueva experiencia o situaciones estuviera ya prejuzgada y solo tuviéramos que ejecutar lo ya  aprendido o poseído de antemano). El criterio de lo no participantes fue, pienso yo, otro: se preguntaron hasta que punto podían seguir viviendo en paz consigo mismos: en consecuencia escogieron también morir cuando fueron obligados a   participar  Por decirlo crudamente, se negaron a asesinar, no tanto porque  mantuvieran todavía una forme adhesión  al mandamiento “no mataras” sino porque no estaban dispuestos a convivir con un asesino: ellos mismos….La condición previa para este tipo de juicio no es una inteligencia altamente desarrollada o una gran sutileza en materia moral, sino mas bien la disposición a convivir explícitamente con uno mismo, tener contacto con uno mismo, esto es, entablar ese dialogo silencioso entre yo y yo mismo que, desde  Sócrates y Platón podemos llamar pensamiento. (Ana Arendt)

  3. Daniel García
    Daniel García Dice:

    Es un gran artículo, y una llamada de atención a tantos funcionarios que siempre nos quejamos de que “la culpa es de los políticos”, o de que “la opinión pública no nos comprende”, etc. Estamos en un momento de no retorno en el que tan sólo nos podrá salvar la suma de comportamientos (a veces heroicos) exclusivamente individuales. En definitiva, y en homenaje a este fiscal tan cinéfilo, nos hacen falta más personajes como Atticus Finch y el Sheriff Calder.

  4. KC
    KC Dice:

    Absolutamente de acuerdo con la entrada. Torres-Dulce es de lo mejor que tiene la derecha ideológicamente hablando. Lo que se ha producido es lo de siempre: cuando una mayoría mediocre observa a un tipo independiente que les amenaza, lo sencillo es hacer colusión y acabar con él. Viene sucediendo así desde la Prehistoria y las diferentes mafias, de diferentes países han funcionado igual desde que descubrieron lo de “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Desde luego ha durado mucho más de lo que yo pensaba… Aunque si le quedaba algo de honestidad era lo mejor que podía hacer, porque pertenecer a algo con lo que uno no está de acuerdo sólo trae problemas a medio-largo plazo.

  5. KKKC
    KKKC Dice:

    No aciertas ni cuando elogias, KC. Lo que está diciendo el autor es todo lo contrario: que no es momento de dimisiones.

  6. Ius & Lex Abogados Madrid
    Ius & Lex Abogados Madrid Dice:

    Buenas tardes Rodrigo,

    Un análisis acertadísimo desde mi punto de vista. Esta dimisión por “razones personales” ha levantado muchas ampollas en el sector jurídico y yo me encuentro entre los que pensamos que Torres-Dulce no dimite para “cuidar de sus nietos” (desconozco si los tiene, es solo una expresión, no la tomen a mal por favor). Creo que es el momento de hombres honestos y con valentía la verdad. Un Mº Fiscal fuerte es la piedra de toque de una democracia y esta dimisión hace un flaco favor…

    Un saludo a todos.

    Javier.

  7. Manuel Conthe
    Manuel Conthe Dice:

    Querido Rodrigo, me parece muy certera tu opinión. A mi juicio:

    1. Solo hay que dimitir cuando uno se ve forzado a hacer cosas contrarias a sus convicciones (como, por ejemplo, me pasó a mí, cuando se produjo un relevo en el consejo de la CNMV -Soledad Plaza fue sustituida por Soledad Abad- que me dejó en minoría respecto a los consejeros designados por el Gobierno). Pero mientras no quede uno inerme, hay que seguir batallando y defendiendo la independencia, aunque entrañe enfrentamientos con el Gobierno o con quien sea, y uno se convierta en una “voz que clama en el desierto”.

    2. Cuando uno se vez forzado a dimitir, no debe uno escudarse en “razones personales” o buscar una “salida tranquila” (expresión de Pedro Solbes en sus memorias): con mesura, hay que dar una explicación comprensible a los ciudadanos, si es posible en el Congreso. Ése debe ser el último servicio a la patria.

    Luego ya, más tranquilo, uno puede volver a la cinefilia.

    • ENNECERUS
      ENNECERUS Dice:

      Hombre Joaquín, entre no hacer nada y mandar a la Guardia Civil hay un montón de cosas que se habrían podido hacer. A corto, medio y largo plazo. Por ejemplo, explicar a los ciudadanos que en 1975 Cataluña era la primera o segunda región en renta per capita de España y ahora es la cuarta. O por ejemplo, pagar directamente y no por medio de la Generalidad los salarios de los empleados públicos y a los proveedores. O vincular efectivamente el rescate de la Generalidad a una estricta política de lealtad constitucional. Por no hablar del cumplimiento de las leyes y sentencias en materia educativa.
      Sin embargo, el estado de derecho que afrontó, bien que tarde y no siempre bien, el nacionalismo terrorista vasco, jamás se atrevió con el nacionalismo etnicista catalán.

  8. Dan Evans
    Dan Evans Dice:

    Muy de acuerdo con el post. Haciendo autocrítica creo que ni los funcionarios ni la sociedad civil han sido capaces de parar la osadía de los políticos durante el boom. Y esta actitud tan “correcta” no ha ayudado. De todas formas creo que Torres Dulce ha sido un buen Fiscal General del Estado así que también hay que darle la enhorabuena.

  9. MARIA JESUS MOYA MARTINEZ
    MARIA JESUS MOYA MARTINEZ Dice:

    Enhorabuena. Sabia reflexión. En mi modesta opinión está muy bien deslindado el ser y el deber ser. Mi institución y la ciudadanía a la que sirvo sería más vigorosa sin esta dimisión

  10. jordi cortabanyes
    jordi cortabanyes Dice:

    No parece un artículo ponderado mucho más allá de la delectación que al autor le produce la trayectoria como Fiscal General del señor referenciado.
    Su lento proceder, a rastras de los acontecimientos, en casos como el secesionismo que se promueve desde las instituciones de la Comunidad autónoma de Cataluña estaba aparentemente más en la línea pactista del denostado Rajoy y su paje Arriola, que de la defensa del Estado de Derecho, al que se supone se debía.
    Se olvidan también en el artículo las intervenciones y declaraciones, alguna más propias de la “salsa rosa”, en el caso de los dislates fiscales de la hermana del Rey.
    Algún periodista ha publicado <>
    Es una lástima que “detalles” así ahora queden sumidos en el olvido voluntario del panegírico. ¡Menos mal que su silencio resulta elegante! El que no se consuela…..

  11. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Me fijé en el libro que el Sr. Torres-Dulce llevaba en su mano y, desde entonces, esperaba un comentario como el que el Sr. Tena ha publicado hoy. ¿Debía dimitir el Sr. Fiscal General del Estado en las presentes circunstancias de nuestra Res publica? Es su conciencia la única que debe responder a esa pregunta ¿Por qué ha dimitido realmente? “Motivos personales” es, como Ud. dice, una expresión elegante, pero vaga y permite la especulación, que cada uno adapta a sus apriorismos. También puede concluirse que no sabemos las causas de la dimisión del Fiscal General del Estado porque el titular del órgano no ha considerado – por el momento – que los ciudadanos tengamos derecho a conocerlas? ¿Es esa una actitud democrática? No. El Gobierno es designado por si Presidente, que es designado por las Cortes que son designadas por los ciudadanos mediante sufragio libre, directo y secreto. El Fiscal General o es designado por el pueblo de ese modo y debe rendir cuentas a las Cortes y, a través de ellas, a los ciudadanos. En esto se ve que el Sr. Torres-Dulce pertenece a una “élite” cultural y no rinde cuentas a la grey. ¿Es una actitud responsable? Posiblemente mucho. ¿Hubiera sido más responsable no dimitir? Obviamente, porque ha sido el mejor fiscal general que nos ha tocado, ya que nos tocan siempre los peores Ministros, Presidentes del CGPJ (hecha excepción del último auténtico que fue Federico Carlos Sáinz de Robles), Fiscales Generales, etc. Los partidos políticos (y aquí incluyo a los pequeños, medianos, nacionales y nacionalistas, con poder y sin él) no desean un sistema judicial y jurídico que funcione. Que no se preocupen, la labor ya está hecha y de esta ruina solo se sale poniendo los cimientos de una formación en Jurisprudencia como es debido. Si el sistema expulsa a moderados como el Sr. Torres-Dulce de órganos de tanta importancia, a lo peor es que ya no tenemos remedio. En mis 28 años de ejercicio profesional – y mira que me aburría con los debates fílmicos de este hombre con Garci – sin contacto ninguno o casi ninguno con la Fiscalía, tenía yo la esperanza de que este señor pasara de Fiscal General a Ministro de Justicia y de ahí a Presidente del CGPJ y sirviera como moderador de la reforma “cotidiana” de nuestra Justicia. En sus palabras: “Lo que transforma una sociedad es el ejercicio de la justicia en el día a día, el ejercicio de la justicia para equilibrar conflictos sociales, el ejercicio de la justicia ante situaciones concretas y determinadas”. Melancolía o exilio.

  12. Joaquin L.M.
    Joaquin L.M. Dice:

    ¿Las fuentes bien informadas tienen más credibilidad que las declaraciones propias del interesado? No para mi.
    La forma de tratar y resolver las discrepancias con el poder político del señor Torres Dulce, de ser ciertas, me parecen ejemplares en orden a la discreción, que ha tenido este señor al afrontarlas.
    ¿Quizás hubiese sido más positivo para las instituciones y para los intereses generales, un enfrentamiento público entre ellas?
    Taxativamente NO?
    La situación de dependencia política y otros males, que sufren las instituciones judiciales en España, tienen en parte su origen, en alguien que legisló al respecto y sentenció que Montesquieu había muerto.
    Y como no, la endogamia propia de estas instituciones.
    También tienen su parte de responsabilidad los que han venido detrás, que en vez de enmendar la situación se han aprovechado de ella.
    La situación provocada se manifiesta gravemente en situaciones de crisis social, política y económica como la que vivimos en España.
    Me da la impresión, que en muchas ocasiones olvidamos que los hombres, no solo somos dueños de nuestros actos, sino tambien responsables de sus consecuencias.
    ¿Le toca a Rajoy reparar este desbarajuste en tres años?
    No lo creo posible, ni justo exigírselo.
    Este buen señor a mi entender, se está encontrando con las consecuencias de los fregaos orquestados por sus antecesores.
    Gestionar una situación económica como la del 2011, y la inminente ocupación de la economía española por la UE, al mismo tiempo con una situación de sedición de parte del territorio y, para colmo, ver en el banquillo a una parte de la familia del Jefe del Estado, no se lo deseo ni a mi mayor enemigo. Solo tres ejemplos relevantes, no hago mención de los corruptos que había debajo de su mesa, etc.etc.
    Saludos

  13. Joaquin L.M.
    Joaquin L.M. Dice:

    El estado de la política territorial, tampoco es consecuencia del azar, sino de años de errores, de leyes y decisiones tomadas por gobernantes españoles, por tanto no me parece justo ni adecuado responsabilizar a Mariano Rajoy de ella.
    Sí en la manera de afrontarlas y en la reacción de la fiscal.
    En este asunto, si es cierto lo que se publica, ante la afrenta del líder catalán ¿hubiera sido preferible que, en vez de judicializar la cuestión, el gobierno hubiese actuado utilizando las fuerzas del Estado con las previsiblemente negativas consecuencias personales y externas que ello hubiese tenido?
    Yo espero y exijo a los cargos públicos que se encuentren en ese tipo de situaciones, que actúen con responsabilidad y con criterios estratégicos e intelectuales, en base al bien general, antes de hacer “lo que me pide el cuerpo” o que, actúen por “intereses”.
    El cuerpo nos pedía a muchos enviar a la Guardia Civil, era lo más fácil, detener a Más e imponer la legalidad de forma contundente y violenta si fuese necesario, pero las consecuencias previsiblemente, hubiesen sido más negativas aun.
    Afortunadamente nosotros no tuvimos que tomar esas decisiones.
    Naturalmente, también es entendible, que el Fiscal General del Estado en el ámbito de su responsabilidad, se opusiese a la judicializacion de problemas creados históricamente por políticos.
    Por ello estimo que, estas situaciones tan terriblemente complejas en el ámbito humano, cuando la honestidad condiciona las decisiones que cada cual debe tomar, son muy difíciles de enjuiciar.
    Saludos

  14. Ignacio Gomá Lanzón
    Ignacio Gomá Lanzón Dice:

    En la línea del post y Conthe, a mi me molesta la alegación de “razones personales” para un acto de tanta trascendencia como la renuncia de un Fiscal General, tradicionalmente una especie de lacayo o ejecutor del gobierno. Razones personales lo son todas, porque evidentemente el ex Fiscal no se está refiriendo a causas universales o institucionales. Solo cabría la interpretación de una enfermedad o divorcio u otro tema familiar, que no parece porque parece evidente que con “razones personales” se está refiriendo a “razones políticas que no te voy a contar”. Y esto es lo que me molesta: que nosotros no podamos saber con toda claridad cuáles son esas razones para tomar nota y tomar las decisiones pertinentes. Estoy convencido de que en otros países la praxis en estas cuestiones es totalmente diferente, relacionada con el concepto de transparencia. Quizá desde el punto de vista de Torres-Dulce pueda interpretarse como elegancia, pero me temo que cuando hablamos de cosas importantes lo obligado no es quedar bien con el poder sino quedar bien con los ciudadanos. Digo yo.

    • María Francisca
      María Francisca Dice:

      Yo también lo digo ,Tal vez no den explicaciones por elegancia sino porque somos ” la masa “

  15. de Lege Ferenda
    de Lege Ferenda Dice:

    En cualquier caso, y dejando de lado otras cuestiones, me parece relevante considerar la dimsión de Torres Dulce temiendo también presente
    http://www.elblogsalmon.com/mercados-financieros/la-burbuja-del-fracking-y-el-dinero-barato-de-la-fed
    en relación con
    http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/12/22/valencia/1419278540_148240.html
    Si,a veces uno -que tiene que seguir conviviendo con sigo mismo- se va. Pero antes …
    ¿Después?
    Veremos.
    Saludos y gracias por el post.

  16. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    Creo que la dimisión del Fiscal General del Estado no se debe a la frase del post: “lejos estaba de imaginar el profundo pozo de corrupción….” que el autor del post deja en el mismo. Es imposible no conocer y darse cuenta de cómo funcionaba el sistema político-administrativo en España que ahora se va desgranando lentamente con casos determinados. Quizá se creyó con fuerzas para acometer una cierta regeneración institucional y que la Fiscalía lo fuese del Estado, no del gobierno de turno. Existe una larga perversión en los servidores públicos de todo rango que se consideran al servicio de quienes los nombra, promocionan o reciben su retribución en lugar de entender que están al servicio de los ciudadanos. En este caso y mientras los cargos jurisdiccionales sean designados por los gobiernos correspondientes y reciban de ellos el maná presupuestario o de recursos, estarán en sus manos y su promoción no es la que legítimamente correspondería, directamente desde los ciudadanos. Por eso entiendo que el Sr. Torres Dulce no ha dado explicaciones a éstos, porque éstos no le habían elegido. Es lo mismo que pasa con los cargos electos de cada partido. Su designación viene dada por el partido que gana las elecciones, no por ellos mismos.

  17. Joaquin L.M.
    Joaquin L.M. Dice:

    En línea de Gomá y Conthe, y sin intención de polemizar por lo que cada uno piense sobre Torres Dulce, del que no conozco sus motivaciones ni su persona, deseo aportar opinión sobre valores que afectan al tema.
    En mi parecer no hay que confundir transparencia con desnudez. La falta de transparencia existente no es justificación, para pendular al otro extremo y exigir la exposición de intimidades y discrepancias, que no aportan nada positivo. Hipótesis y motivaciones son posibles otras más que respetables: Es probable que este señor no se considere en posesión de la verdad, que considere que su criterio puede ser erróneo y que, en base al respeto debido a su discrepante, ser posible que pueda tener tanta razón como él. Por ello no procede polemizar y menos aún, con carácter público. No todo ha de ser soberbia y lucha, tambien existe la humildad.
    Esto me lleva al Sr. Conthe, en el que según él, la única motivación para dimitir es ir al contrario de sus convicciones, que se traduce a continuación en perder el poder en el Consejo. Acceder a un cargo no entraña imposición de convicciones, una cosa son los principios y valores y otra muy distinta los relativos criterios de gestión.
    Cuando se accede a un cargo de responsabilidad público o privado, a lo que se va, así se jura o promete, es a liderar el proyecto, unificar criterios y cumplir los objetivos de la Institución. Están a su disposición, entre otros muchos medios, un equipo de consejeros, funcionarios, etc, para ayudar a cumplir los objetivos.
    Describe un Consejo desunido, (gran trabajo por delante y primer ingrediente para no conseguir ningún objetivo); al cambiar un Consejero, presumiblemente contrario a sus convicciones, queda en minoría y provoca la imposibilidad de imponer las suyas.
    Parece que, coordinar y aglutinar la riqueza de variados criterios, en un órgano colegiado al servicio de la Institución, queda al margen, porque para ello hay que pasar a ser uno más del equipo y compartir protagonismo. Es humildad y es virtud aunque solo sea, porque los integrantes del equipo con convicciones distintas, pueden aportar parte de la razón y para eso están.
    Que el cargo de Presidente conlleva que el Consejo debe aceptar mis convicciones y cumplir mi voluntad, o de lo contrario me voy, a mi parecer, no es aceptable.
    Saludos

  18. barranca
    barranca Dice:

    Si decimos que una sociedad se construye por la dirección de su elite, y aclaramos que no nos referimos a un grupo social definido sino que entendemos a todo aquel grupo humano que se eleva y crea, que tiene un proyecto y una conciencia histórica, este es el momento en que el Fiscal General, una persona de esta élite, y un guardián de nuestra democracia, nuestra sociedad y nuestros valores, no está teniendo el valor de asumir su responsabilidad ante su profesión y ante la Justicia denunciando lo que parece un golpe de estado blando del PP. Espero que reconsidere la actuación que está teniendo para no dejar paso a que fuerzas oscuras nos gobiernen, y quedar como un cobarde, también ante su familia y amigos. Salud.

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