En defensa de la Universidad: algunas ideas para su regeneración.

La universidad española languidece. Ha perdido el espíritu y el vigor que requiere la institución. Ninguna universidad española está entre las cien primeras del mundo. El daño es enorme para la sociedad y la economía, sobre todo en momentos de crisis en los que resulta más necesaria que nunca la formación superior y la aportación de buenos científicos. Las universidades se han convertido en fábricas de dar títulos que funcionan por el voluntarismo de unos pocos. Es cierto que los mejores talentos están en la universidad. Pero se ven abocados a luchar para poder investigar y dar clases en un ambiente mediocre en el que reina la endogamia y el amiguismo.

Las escuelas

A mediados del siglo pasado, en un ambiente de desolación, surgen las primeras escuelas dentro de la universidad, grupos de poder que perduran hasta nuestros días. Lo cierto es que no ha habido transición en la universidad española. No hay un problema de politización. Es cierto que hay universidades que han surgido a la sombra del gobierno de turno. Pero las escuelas conviven con los más diversos credos. Las plazas se pactan en buena armonía. No hay selección por el mérito y la capacidad. Las cátedras se nombran por afinidad con honrosas excepciones. Los más románticos se agarran a su vocación académica y no abandonan. Luchan por ganar una plaza hasta la extenuación. No entienden que la ciencia sea patrimonio de unos pocos. El amor a la universidad se abre paso en algunos departamentos aunque el ambiente sea hostil. Pero estos intentos de crear grupos de trabajo de relevancia internacional es raro que fructifiquen. Constituyen una amenaza al status quo de las escuelas quienes tienen la llave de la financiación.

La sucesión de leyes universitarias no ha abordado el problema de fondo, la endogamia que promociona al familiar. Los más realistas abandonan o emigran al extranjero. A pesar de estos obstáculos hay profesores íntegros, vocacionales, que forman excelentes equipos de investigación. También hay buenos docentes, individuos aislados que arrastran la ilusión de los alumnos. Son casos de pura voluntad en lucha contra las circunstancias. A pesar de estos grupos de excepcional valor, las universidades  españolas están en la cola de las universidades europeas y muy por debajo del lugar que corresponde a nuestro desarrollo económico y social. Las diferencias de productividad no son reconocidas en la carrera profesional. Existe poca relación entre productividad y poder dentro de la universidad. Se enseña mal y se investiga peor. Salvo casos puntuales no hay conexión de la empresa con la universidad. Como muestra de esta situación, España carece de mercado laboral para los doctores. Se hace el doctorado para acceder a la carrera universitaria y hay controles para que sólo accedan aquellos seleccionados por las propias escuelas. No hay oferta de doctorados para los outsiders. Con mucho esfuerzo se puede conseguir un director de tesis pero sin el visto bueno de las escuelas es difícil formar tribunal. “A los externos, nada de cum laude, aprobado y a la calle”, es el lema. Ante este panorama surgen escuelas de negocios que satisfacen con éxito esas necesidades de formación.

Selección del profesorado

El sistema de selección de profesorado debería basarse en la renovación generacional en condiciones de transparencia y méritos profesionales. Las contrataciones deberían ser llevadas a cabo por comités de expertos con presencia internacional. En la selección de jóvenes profesores, debería primar la capacidad de trabajar en equipos de diversas universidades, la creatividad, la autonomía y las habilidades de comunicación escrita y oral. La ética profesional debería ocupar un lugar central en la selección de los docentes. Nada de esto se requiere para acceder a las plazas. Basta con conocer una parte del programa y tener padrino o mejor escuela. Los talentos individuales son sacrificados. Muchos quedan en el camino. Son los daños colaterales que se pagan por mantener el statu quo de las escuelas. Sacar una plaza contra la voluntad de la escuela puede llegar a ser un infierno. “Desde que saqué la plaza no he dejado de llorar ni un solo día”, comentaba una profesora que se adentró en terreno vedado. El daño personal es enorme. No hay satisfacción personal ni tranquilidad para los mejores. El consuelo lo encuentran en los alumnos y en los contactos con investigadores de otros países. Pero cuidado con viajar que tras la estancia en el extranjero alguien de la escuela puede haber ocupado la plaza. Son los llamados para la gloria. Actúan como si supieran que va a caer en el examen. En meses se doctoran y en pocos años son titulares. Para la cátedra esperan su turno.  Cuando está mal visto designar al hijo, se permutan con un colega. “Tú haces catedrático a mi hijo y yo al tuyo”. Todo un orden endogámico.

¿Qué hacer?

Necesitamos una redefinición del papel de la universidad en la sociedad y un cambio del sistema de gobernanza.  Hay que recuperar la ética del trabajo. Debería haber leyes de incompatibilidades efectivas para los profesores que trabajan a tiempo completo. Los profesores universitarios deberían ser evaluados por su productividad tanto en docencia como en investigación. También se deberían tener en cuenta sus contribuciones a la gestión interna de las universidades y sus actividades profesionales de difusión científica en la sociedad civil. Estas evaluaciones deberían ser periódicas y en ellas deberían participar todos los estamentos universitarios, incluyendo a los alumnos. Además debería haber evaluaciones públicas de los estudiantes a los profesores y de  los profesores jóvenes a  los mayores. También es importante incentivar el trabajo. Se deberían dar premios a la productividad y periodos sabáticos a los profesores con buenas evaluaciones para mejorar la formación profesional y fomentar nuevos proyectos. Por último se debería exigir la máxima ética profesional. La falta de comportamiento ético, por ejemplo, el plagio o  el abuso de poder con alumnos o jóvenes en formación, deberían ser tramitados con procedimientos eficaces, acabando con la impunidad.  Los planes de estudios deben ser dinámicos, de acuerdo a la realidad y necesidades de la sociedad, y no al gusto de las escuelas. Por último pero no menos importante, los profesores deben estar bien remunerados y contar con los medios necesarios para investigar. Da pena pasearse por las bibliotecas universitarias con estanterías vacías por las bajas en las suscripciones a las revistas internacionales.

13 comentarios
  1. Isidro Elhabi
    Isidro Elhabi Dice:

    Excelente post y que comparto plenamente. Hace falta un sistema de selección y promoción transparente, eficaz y que valore méritos y capacidad de verdad. Sea un ranking, sea una evaluación externa, sea lo que sea pero nuestras universidades tienen que cambiar YA! De lo contrario, en un mundo donde la riqueza estará en el conocimiento nos quedaremos más pobres de lo que aún estamos. Hace falta esa conexión íntima entre empresas y universidades, fomentar spin-off, starts up, y la investigación interna de las empresas en I+D aprovechando los talentos universitarios. Además hace falta una visión de futuro en la formación e ir preparando y adelantando masters, doctorados y grados en aquellos campos que en futuro van a ser totalmente relevantes. No puede ser que bioinformáticos, biotecnólogos, o ingenieros de campos con mucha perspectiva de futuro no puedan formarse aquí. En el mismo campo del derecho, creo que falta formación en nuevos sectores que dentro de unos años cobrarán una especial relevancia si no la tienen ya. Soy una persona joven y hoy por hoy, tengo claro que intentaré hacer todo lo posible para que mis hijos puedan estudiar en USA, UK, Japón o según su evolución quizás India, Hong Kong o Singapur. Muchos no tan mayores, a pesar de estancias internacionales, nos arrepentimos de no haberlo hecho.

    ¿Hay alguien que va a intentar cambiar que de aquí a unos años dejemos de pensar así?

  2. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Buen artículo. En las universidades españolas hay mucho potencial desaprovechado.Por una parte están los problemas internos de la universidad, muy bien descritos en el artículo, pero por otra parte está la falta de una relación fructífera y dinámica con el exterior, con la sociedad a la que han de servir. Las universidades tienen muchas funciones relacionadas fundamentalmente con la docencia y la investigación. Sin embargo, la creación de universidades y su dotación de medios se vincula fundamentalmente a la docencia. Cuando se pensó en crear una facultad o una universidad, muchas de ellas creadas en los años 80 y comienzos de los 90, se buscaba de manera primordial satisfacer la necesidad de una población de tener un lugar donde realizar determinados estudios superiores, sin pensar excesivamente en cuál era la mejor organización para favorecer la investigación. A medida que van pasando los años, nos encontramos con una universidad donde la investigación funciona por debajo de su potencial y donde la oferta de titulaciones está orientada a lo que se pensaba necesario hace 25 años, que en muchos casos ya era un error entonces. Hay muchas facultades que están capacitadas para formar profesionales en áreas en las que España no necesita más profesionales y que, desde el punto de vista de la investigación, estuvieron mal planteadas desde el principio.
    Veo otro problema exterior importante en las universidades. Muchos profesores, cansados por la mala situación de la universidad, abandonan sus esfuerzos universitarios en favor de otras actividades. Hay actividades que pueden ser complementarias y el complemento puede ser muy provechoso para la actividad investigadora y docente, pero hay muchos casos en que se convierte en un mero salvavidas para evitar que el hundimiento del ambiente profesional de algunos departamentos hunda a sus profesionales. Creo que hay que “reilusionar” a muchos profesores con la docencia y la investigación y, eso pasa por mejorar la situación interna que bien describe el artículo, pero también por valorar qué tipo de actividades son compatibles, son un complemento, y qué actividades harán perder a la universidad a un profesor valioso, y en ese caso buscar las vías para retener talento.

    Un cordial saludo.

  3. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    La Universidad es una triste continuación del sistema académico existente, donde prima la costumbre y la rutina sobre la innovación o las inquietudes docentes en la mayor parte de los casos. Se ha convertido en un órgano administrativo de expedición de títulos (de ahí tantos “titulados” en estos últimos tiempos) que de poco sirven a la hora de enfrentarse a la realidad profesional o laboral. De hecho, las universidades son “guetos” con autonomía e independencia docente pero también de gestión administrativa, lo que las convierte en potenciales “chiringuitos” donde colocarse a la sombra de quien manda en ellas. Ninguna conexión con el mundo real (igual que ocurre con muchos sectores de la investigación) y, si lo hacen, es con el patrocinio de quien tiene determinados intereses. La descentralización mal entendida de muchos organismos públicos solo ha supuesto la elusión de controles centrales de fiscalización, tanto académicos como económicos y han producido casos como la diferencia de retribuciones (totalmente aleatoria) de sus responsables. Es parte de la descomposición del sistema nada más y nada menos.

  4. Mariano
    Mariano Dice:

    Curiosa “defensa de la Universidad”. La Universidad española tiene muchos defectos, no hay duda, y también muchas limitaciones, como la financiación que recibe, ridícula en comparación con las universidades que ocupan los primeros puestos de esas listas que tanto gustan hoy en día. De todos modos, de este blog esperaba un artículo con algo de enjundia y análisis, o que al menos aportara algo al debate más allá de la repetición de los tópicos que tan de moda están estos días en casi todos los medios de comunicación.

  5. Fernando Zunzunegui
    Fernando Zunzunegui Dice:

    La universidad debe conectarse con la empresa y con las necesidades de la sociedad como dice Isidro. Hay que valorar más la investigación con incentivos hacia los mejores, como indica Gonzalo. Con más productividad dejará de ser un organismo pasivo y en alguna medida pedigüeño. Las mejores universidades son muy rentables y generan sus propios recursos. Mariano, tal vez por ser uno de los “llamados para la gloria”, prefiere matar al mensajero en lugar de dar argumentos para el debate. O,Farrill, me gusta lo de chiringuito para quienes ocupan cátedras como si fueran sus cortijos.

  6. Suarez
    Suarez Dice:

    La gigantomaquia populista que se emprendió en los 80 multiplicando la oferta universitaria, ha conducido a la situación actual de una Universidad gris de perfil bajo. Es imposible reproducir docentes universitarios de calidad como si fueran rosquillas en pocos años. No es un asunto de presupuesto sino de imposibilidad de reproducción del saber docente.

    Aunque las presiones ya venían de antes, de principios de los 70, cuando la cohorte de jóvenes nacidos en los 50 entraron en escena, la presión de la cohorte del baby boom español de los 60 junto con el populismo político de los 80, acabó destrozando el sistema universitario.

    Ante la demanda creciente, se “fabricaron” docentes con procedimientos de mérito dudosos.

    Me extraña que tanto en la entrada como en los comentarios, no se diga nada sobre el sistema de acreditación de docentes a través de oposiciones. Con todos sus “peros”, mientras ese sistema se practicó con seriedad, la Universidad española tuvo un nivel mucho más alto.

    Estudié en los 70 y tuve profesores de gran nivel, bastantes de ellos excepcionales. Los Catedráticos eran muchos de ellos “figuras”. Entre los PNN, había alguno que despuntaba y otros malos, pero la mayor parte de asignaturas eran impartidas por Catedráticos y Numerarios.

    Según me cuentan, hoy la situación es bastante distinta. Dentro de mis áreas de interés, veo que las publicaciones relevantes, los libros editados desde que dejé la Universidad, son absolutamente prescindibles e irrelevantes, salvo alguna excepción, y siguen vigentes los de aquellos que tuve la fortuna de tener como profesores. Algo ha pasado.

  7. Anónimo
    Anónimo Dice:

    ¡Qué fácil es criticar a la Universidad española! Tanto, que basta un post con datos de hace diez años. Lo de las escuelas y los tribunales, que era así, se acabó con la acreditación y con la crisis. Ahora no basta conocer a un tribunal porque hay que acreditarse ante una comisión que nobes tu área y con un baremo muy exigente, que hace que se tarde mucho más que antes en llegar a titular o a catedrático. No es perfecto, desde luego, pero ya ha desaparecido ese absolutismo de las escuelas de los años ochenta y primeros noventa. Un poco de rigor, por favor. Es muy fácil hablar de movilidad (yo me doctoré en el extranjero y después hice una postdoc de 2 años también fuera de España), pero con los sueldos que se pagan es implanteable exigir a alguien que esté moviéndose hasta los 40 sin ningún tipo de seguridad. Los profesores universitarios, a los que se pide el título de doctor, ganan mucho menos que la mayoría de los funcionarios con título de licenciado (los de los ministerios o consejerías, por ejemplo, que tienen complementos más altos), y están muy lejos de un juez o de un médico de la seguridad social. No hay ningún país desarrollado en el esto suceda. Los profesores universitarios son el único colectivo en el que su crédito y una parte de la retribución depende de una evaluación de su trabajo anónima cada 6 años (no un simple control cuantitativo de productividad). En otros países los profesores son elegidos por las universidades, simplemente, sin oposiciones funcionariales. Si en España eso no funciona es por la falta de honradez de nuestra sociedad que está detrás de todos los casos de amiguismo y corrupción que cada vez son menos tolerados, afortunadamente, pero que no son exclusivos de la Universidad.

  8. izaskun
    izaskun Dice:

    Lo descrito en el artículo y lo que yo conozco de la universidad, no se parecen en nada. Los rankings se hacen tomando como base la investigación (¿a que es raro que con todo lo que se invierte en España en investigación no haya universidades entre las 100 mejores, de la miles y miles de universidades que hay en el mundo?). La formación universitaria es tan mala que luego nos enorgullecemos de que nuestros graduados e investigadores encuentren trabajo en el extranjero. Los profesores que yo conozco han accedido todos a su puesto mediante pruebas públicas (después de ser modelo de buen estudiante en su familia y en su escuela, trabajarse un buen expediente académico, ser becarios, hacer el doctorado, incluso ir al extranjero a aprender, y presentarse a una oposición ya en la treintena, como en todos los puestos de la Administración publica ¿o no?).
    En todo caso, Fernando, ¿qué función debe cumplir la universidad? Según Bolonia, preparar a la gente para entrar a trabajar en una empresa (función principal actual!). ¿Cómo elegirías tú a los funcionarios y a los profesores? ¿Puedes redactar un proceso de selección ideal? A lo peor te encuentras que al final la inmensa mayoría de los que están ahora son los que nuevamente accederían a ese trabajo.
    Otra cosa que sí es preocupante: la falta de relevo generacional y de fomentar nuevos doctores ¿Por qué será? Una persona de matrícula que le gusta la enseñanza universitaria pero recibe una oferta de trabajo ¿qué hará? ¿pedir una beca que igual no le dan, o coger el trabajo y ganarse la vida?

  9. Fernando Zunzunegui
    Fernando Zunzunegui Dice:

    No confundamos Anónimo. Ganar la acreditación de la ANECA no da la plaza universitaria. Las plazas, salvo algunas excepciones, siguen estando en manos de las “escuelas” dominantes. La endogamia prevalece. No se trata de atacar a la universidad sino de defenderla de quienes la ocupan sin méritos. Que queden los que si los tienen, y se facilite el acceso a los mejores. La culpa no es de la sociedad, es de los rectores y demás autoridades académicas que lo permiten y no hacen nada para remediarlo.

    Izaskun, siendo importantes, los presupuestos y los sueldos no son la raíz del problema, Hay un problema de calidad fruto de la endogamia. Los mejores expedientes deben tener acceso a las becas y a las plazas. La selección debe ser objetiva, por expertos independientes. Hay muchos sistemas. Por ejemplo, se podría tomar como ejemplo el sistema MIR de acceso a las especialidades medicas.

    • Anónimo
      Anónimo Dice:

      La crisis ha eliminado prácticamente las convocatorias de plazas (desde el 1 de enero de 2012 por Decreto-Ley y desde meses antes por los recortes de financiación), así que en la práctica se está creando una bolsa de acreditados que no acceden a ninguna plaza y para los que lo único importante es estar acreditado.

      Por otro lado, no nos engañemos, en el actual sistema universitario las diferencias prácticas entre el profesor titular acreditado y el catedrático son muy pequeñas, así que las convocatorias de plazas han perdido importancia. Ambos tienen estabilidad profesional, la diferencia salarial es muy reducida y el paso de acreditado a catedrático no representa ningún mérito objetivo (porque, efectivamente, depende de un concurso de méritos controlado casi siempre por el departamento al que ya pertenece el candidato). Además, desde la LRU de 1983 ya no existen las “cátedras” como unidades administrativas a cargo de un catedrático. A diferencia de lo que sucede, por ejemplo, en Alemania, el catedrático no tiene, por el hecho de serlo, medios personales o materiales a su disposición, sino que es, de hecho, un profesor más con capacidad docente e investigadora. Otra cosa es el mercado exterior a la Universidad, en el que el título de catedrático puede tener un valor, pero más aún las características personales de cada uno. Por tanto, hoy, en las generaciones que tienen 30-40-45 años, la barrera la está marcando la acreditación, y ahí la importancia de las escuelas ha bajado mucho, como saben perfectamente muchos candidatos que estaban vetados o colocados en los últimos lugares con los anteriores sistemas, y que en estos años se han acreditado.

      Insisto: para muchos universitarios que llevamos años padeciendo cambios de sistema, y teniendo que amoldarnos a ellos a pesar de que sabemos que en parte son auténticas estupideces, nos aburre ser el blanco fácil de todo regeneracionista que se precie, que aplica a la Universidad unos criterios de exigencia que ya me gustaría a mí que se extendieran a toda la Administración, y a cambio de una financiación y, en particular, unas retribuciones, muy bajas.

      Por supuesto que uno de los problemas de la Universidad deriva de la colusión entre ciertos políticos que han querido ganar votos fáciles, y una élite de políticos universitarios que, siendo como son funcionarios, han querido hacerse con las prebendas correspondientes a los directivos de empresas o a los rectores anglosajones que consiguen financiación y responden ante un consejo. Esto es indudable y en el fondo la única solución es optar entre una universidad puramente funcionarial (con oposiciones) o una universidad puramente expuesta al mercado, sin los términos medios en los que navegamos desde hace treinta años, pero como eso es casi imposible, la solución será ir mejorando lo que hay, no descalificarlo en bloque sobre unos clichés que ya no se ajustan a la realidad.

  10. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Gracias por tu post Fernando. Reitero aquí el comentario que hice en otro post que trataba del mismo tema. http://hayderecho.com/2014/12/09/se-rompe-la-omerta-universitaria-el-caso-de-la-rey-juan-carlos/

    Desde luego la universidad requiere un cambio profundo y lo raro es que a nuestros alumnos se los rifen en otros países, dadas las circunstancias en las que estamos trabajando. Todo lo que sugieres sería aplicable no solo a la universidad, sino a muchas instituciones que no se caracterizan precisamente por el triunfo de la meritocracia. La endogamia, el amiguismo, la importancia de los contactos es la regla tanto en el ámbito público como en el privado.
    Totalmente de acuerdo con la necesidad de premiar la productividad pero “de calidad”. Las encuestas del profesorado son esenciales, siempre que el alumno no se dedique a premiar al que le dicta 30 páginas de apuntes y le aprueba con facilidad. Aún a pesar de ese riesgo, yo confío en los alumnos y creo que son quienes deben valorar la actividad docente. Yo me someto voluntariamente (no estoy obligada) a tal evaluación y es curioso que los criterios que se tienen en cuenta son algunos ello lamentables, siendo impuestos por Aneca en el programa Docentia. Será mejor valorado un profesor solo por usar Campus Virtual o utilizar transparencias en aula….. Parece que eso es más importante que decir o no barbaridades en clase…
    Lo del año sabático es tremendo porque solo se exige llevar 25 años de servicio….., aunque sean 25 años dando clases pésimas y no escribiendo una línea. Basta el mero transcurso del tiempo, como en la adquisición usucapión…… Aquí hay nulo estímulo al esfuerzo…. Y el que no trabaja no padece consecuencias negativas ni en el ámbito académico ni en el económico……
    Si comparamos universidades, hagámoslo también en el ámbito de la financiación. Lo contrario es injusto. Exigir al profesor y postular un estricto régimen de incompatibilidades (que por cierto, ya existe), requiere de un elemento indispensable: financiación. De lo contrario, como dice Gonzalo, muchos se irán….

  11. Fernando Zunzunegui
    Fernando Zunzunegui Dice:

    Cuando los buenos profesores tienen que justificarse por tener plaza es que estamos ante un sistema perverso. La sospecha planea sobre todos. Falta legitimación. Los buenos se sienten ofendidos y los colocados guardan silencio.
    La clave Anónimo está en el acceso a la plaza de profesor titular. En la orilla quedan los no elegidos para la gloria. Se pueden tener nueve trienios, diez años de acreditación como profesor contratado doctor por la ANECA, con más de treinta publicaciones en Dialnet, y no tener ninguna posibilidad real de acceder a una plaza de profesor titular. Esa es la cruda realidad. El sistema es injusto para los buenos profesores que pisan la tierra firme de la titularidad pero cruel con los que se han quedado en la orilla teniendo méritos sobrados para transitar por la universidad y nadan para agarrase a las rocas. Tienen vocación y persisten. El aumento de la financiación insisto es necesario pero primero hay que sanear la universidad, mejorarla, dando el protagonismo a los buenos profesores, que los hay y lo están deseando. Luchemos todos juntos por una universidad regenerada. Sabemos que hay vicios en otras administraciones, incluso peores, con casos flagrantes de corrupción. Para denunciarlos está HayDerecho. Pero esos casos de prevaricación y mal gobierno no justifican lo que ocurre en la universidad. Mal de muchos consuelo de tontos. Gracias Matilde por tus amables comentarios que en buena medida comparto.

  12. albert
    albert Dice:

    Estaría bien que se denunciaran casos concretos de esa endogamia y enchufismo, al parecer tan generalizado, y ver los procesos de selección que han desarrollado.

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