HD Joven: Calificación universitaria y eficiencia docente

Cuando salí de la universidad, me pregunté dos cosas: si había aprendido todo lo que hubiera podido aprender y, en caso de que la respuesta fuera negativa, si era mi culpa o no. A la primera pregunta, yo, al menos, había de responder con un rotundo “no” y, por tanto, ahora debía averiguar si era mi culpa haber malgastado el tiempo durante lo que me había ocupado una quinta parte de mi vida, la universidad.

Hay miles de factores que pueden tenerse en cuenta para valorar la excelencia de una universidad. Hoy, me pregunto si el modo a través del cual se califica el rendimiento de los alumnos pudiera ser uno de ellos. En España, en general se usa en una escala del 0 al 10. ¿Es este método adecuado? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene respecto de otros métodos?

Hace unas semanas volví de San Francisco, tras haber cursado un intercambio de estudios, y, al haber conocido estudiantes de diferentes países y continentes, con distintos sistemas legales y educativos, el tema del sistema de calificación me ha llamado mucho la atención. En Estados Unidos, por ejemplo, es muy común calificar a los estudiantes por medio del llamado sistema de letras o Bell curve (la campana de Gauss). La nota distintiva de este sistema es la competitividad. En efecto, en las universidades donde se usa este método de calificación, la nota de cada alumno está directamente relacionada con la de los demás y así la competitividad adquiere suma importancia para éstos, no sólo por motivos personales, sino por muchas razones más: es un referente para las instituciones educativas para conceder becas o premios, para las empresas para dar trabajo, etc. Los alumnos “matan” por las máximas notas.

Naturalmente, es inevitable que todo profesor, al corregir los exámenes, haga una estimación del nivel general de la clase y reparta las notas en consecuencia. Sin embargo, la Bell curve es mucho más cruel. ¿Por qué? Porque el número de sobresalientes (A), de notables (B), de aprobados (C), de “cincos pelados” (D) y de suspensos (E/F) se conoce de antemano. Lo que no se sabe es quién los recibirá. Esto ha sido criticado por muchos profesores, que reclaman una mayor discreción y libertad de criterio a la hora de calificar a sus propios alumnos.

Como vemos, en la Bell Curve, un poco a imagen y semejanza de la propia cultura estadounidense, siempre tiene que haber uno o varios ganadores. Siempre, y aunque no lo merezcan. Por ejemplo, obligatoriamente, alrededor de un 5% de los alumnos recibirá A+ (Matrícula de Honor) y otro 10-15% recibirá A y/o A- (Sobresaliente). En definitiva, que un quinto de la clase será considerado excepcional, sin necesidad de que lo haya sido en realidad. E igual sucede con los notables, aprobados y suspensos. Son las reglas; no puede haber premios desiertos, como en los concursos de literatura.

La mayoría de las Law Schools americanas utilizan este sistema. Otras, como algunas de las más prestigiosas (Yale, Harvard, Stanford y Berkeley), utilizan el sistema Pass/Fail (Aprobado/Suspenso). Como su propio nombre indica, consiste simple y llanamente en que sólo se puede o bien aprobar o bien suspender, con algún matiz.

Este sistema, al contrario que el de letras, desecha la competitividad entre los alumnos y, a cambio, invierte en otros aspectos igualmente valiosos para las aulas. Un estudio de Daniel E. Rohe (y otros), The Benefits of Pass-Fail Grading on Stress, Mood, and Group Cohesion in Medical Students, concluyó que el sistema Pass/Fail reduce el estrés y favorece el buen humor y la cohesión entre los estudiantes, sin por ello reducir el nivel de aprendizaje; de hecho, otro estudio incluso afirma que aumenta (ver Can a Pass/Fail Grading System Adequately Reflect Student Progress?) ¿Es así como Yale, por ejemplo, consigue ser valorada la mejor facultad de Derecho del país? ¿Cómo consiguen los alumnos sacar lo mejor de sí mismos sin estar sometidos a presión? Difícil de decir. Tal vez sea porque los alumnos dejan a un lado el ego, el orgullo a veces exagerado de ser el mejor y, simplemente, se centran en aprender, que es en realidad a lo que se va a la universidad. El caso es que funciona, y muy bien.

Luego, existen métodos totalmente distintos, como el de Alemania. Al revés que en el sistema de letras, en el sistema germano uno compite primordialmente contra sí mismo, y no contra los demás, pues, primero, las notas de uno no dependen del resto de la clase y, segundo, las máximas puntuaciones son prácticamente inalcanzables por ningún alumno. Me explico.

En las universidades alemanas, siendo la nota más alta el 18, y la más baja el 0, sólo unos pocos alcanzan un 13 o un 14, a veces un 15, pero, eso sí, un 16, 17 o 18 es prácticamente un logro inaudito, como advierten las propias universidades (ver aquí). Muy pocos estudiantes lo han conseguido. La inmensa mayoría de la clase, nada menos que un 90%, no pasa de un 8 (ver aquí), siendo un 4 (¡de 18!) un aprobado. Es decir, se aprueba satisfaciendo un mísero 22% de los contenidos de la asignatura. Pero ¿es mísero de verdad? Lo dudo a horrores. Lo que ocurre es que el nivel de exigencia es mucho mayor; tanto es así que un 11 sobre 18 en el sistema alemán se convalida por una A, esto es, por la máxima nota del sistema de letras estadounidense (ver aquí).

¿Por qué tanta exigencia? En mi opinión, este sistema pretender ser una mezcla entre desesperante e ingenioso: es precisamente el hecho de que los alumnos saben que no podrán escribir en el examen tanto como el profesor espera de ellos lo que les fuerza a tratar de alcanzar ese imposible. Es, por cierto, una lección de humildad de la que carecen los sistemas americanos; los alemanes no dejan a sus jóvenes abogados que se conformen, ni que caigan en el error de pensar que son únicos y brillantes. Queda mucho por aprender, muchachos… Un amigo mío alemán, en cambio, cree que, más que un intento del sistema por infundir humildad en los estudiantes, es, por las mismas razones, un signo de arrogancia por parte de la élite jurídica, que pretende demostrar que ni el mejor trabajo del mejor estudiante es suficiente para ellos. No obstante, reconoce que, últimamente, los profesores tienden a conceder mejor notas a los estudiantes.

Entonces, ¿qué hay de nuestro sistema, el español? Es un método sin mucha complicación: del 0 al 10, y punto; diez es la nota más alta porque diez es el número más alto y se aprueba con cinco porque está justo en la mitad. De algún modo, está a caballo entre los tres sistemas. Por un lado, aunque es necesario competir con el resto, porque la nota de todo estudiante siempre va a ser valorada, si bien ligeramente, en relación con el rendimiento de la clase, la competitividad no llega al extremo del sistema de letras, en el que todos luchan desesperadamente por la máxima nota y se crean odios innecesarios entre los alumnos. No obstante, nunca me ha parecido que se fuerce a todos los estudiantes a rendir mejor, sino solamente a los que, por naturaleza, son más competitivos. Esa laxa competitividad favorece, eso sí, un mayor compañerismo, pero nunca tan abierto y real como en el sistema Pass/Fail. Por último, tampoco permite el sistema español que los alumnos traten humildemente de auto-superarse, como en el sistema alemán; al revés que en éste, en la universidad española sí está al alcance de cualquiera la máxima nota, un 10.

¿Cuál es entonces el mejor método para incentivar a los alumnos? ¿Los americanos, el alemán, el español o algún otro? Lo único que yo sé es que ninguna de nuestras universidades está entre las cien mejores del mundo. Ninguna (ver aquí, aquí y aquí). En cambio, la educación en Alemania y en Estados Unidos está muy bien considerada, aun respondiendo a patrones de calificación muy distintos. ¿Será que en realidad la forma de calificar no importa y este artículo tampoco? Tal vez. Sin embargo, yo he estudiado con dos de esos métodos y uno de ellos, el de letras, aunque muy estresante y criticable, consiguió sacar más de mí que el sistema del “0 al 10”.

De acuerdo, que sí, que es mi culpa: debería haber estudiado más durante la carrera. Pero, ¿quién sabe?, igual hubiera aprendido muchísimo más con otro sistema. Igual ahora sería Presidente.

 

30 comentarios
  1. Antonia Fuentes Moreno
    Antonia Fuentes Moreno Dice:

    Estupendo artículo Ignacio donde no falta la ironía deseando ser Presidente, aunque creo que en estos momentos las personas más inteligentes huyen de la política; no es un campo en el que dé prestigio dedicarte a ello. ¡ojala las nuevas generaciones podais dar un vuelco a la situación y dedicaros los mejores a esta tarea!

    Aunque hace 30 años que acabe mis estudios en la Universidad Complutense con el sistema de “0” a “10” veo que poco a evolucionado esa institución desde entonces y coincido contigo que no aprendí todo lo que hubiera podido aprender y creo que fué culpa mia pero tambien de mis profesores que no supierón despertar en mi la inquietud por el estudio o la investigación.

    Ha sido despues con la práctica profesional cuando más he profundizado en mis conocimientos jurídicos y supongo que eso nos ha pasado a todos. En la Universidad adquieres la base pero el edificio es una construcción continua. Por eso te animo en esta experiencia vital para que nunca dejes de ser curioso y preguntarte el porqué de las cosas, con este artículo dejas claro que sabes comparar.

    Busque, compare y si encuentra algo mejor, comprelo

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Un método de medida sin saber más del Centro quizás no diga mucho porque es esencial conocer, por ejemplo, los criterios de admisión y lo que el Centro pretende conseguir.

    Los centros son instituciones con sus propios objetivos. Junto a educar moralmente, optimizar conocimientos concretos, preparar para una carrera profesional,–entre proporcionar el embrión de un “logos” o tratar de inculcar los rudimentos de un “tecné”– están objetivos económicos, políticos a muy diferentes escalas, etc.

    El USA genérico es, en mi opinión un sistema para lidiar con los objetivos educativos del sistema. Mano de obra “at market” (esto hoy quiere decir low cost) excepto los chicos que floten, naden muy bien y quieran salir de la masa y acceder a otra cosa.

    Es el de PA, la estrella, o más tarde la curva de Bell instituida para controlar el buen corazón de los profes. Está claro que es un sistema genérico donde agradar a los padres cuenta y las escuelas suelen ser municipales.

    En Ivvy league mucho depende del reclutamiento y casi lo de menos (es un decir) son las notas. Lo que llega ha pasado muchos filtros y la selección “natural”ya ha sido casi completa.

    Si la ciencia supone alguna forma de conocimiento real y la adquisición del mismo es medible lo lógico es medir el conocimiento concreto del individuo que dice que se quiere educar y que estamos educando.
    A fin de cuentas es para lo que estamos pagando directa o indirectamente: Para aprender y esto del conocimiento, mal que nos pese, es fácilmente demostrable.

    A un servidor nuestro método del 1 al 10 le parece bien, creo que no desmerece con ninguno si de lo que se trata es de transmitir conocimiento.

    El problema es que lo de transmitir conocimientos ya no es la función principal de un sistema educativo masificado.

    Hoy es más importante su función de Parking Vigilado o la de Ingeniería Social y por lo tanto las notas son un problema.

    Saludos

  3. IVP
    IVP Dice:

    Muchas gracias por este artículo, se lo paso a mi hijo para que, si lo cree conveniente, lo comparta con sus compañeros de la Facultad de Derecho de la Autónoma. Espero y deseo que lo haga porque tus argumentos, bajo mi punto de vista, son muy acertados.

    Sería estupendo que en España existiera una Universidad donde su prestigio de buen hacer y con solo calificación de Aprobado/Suspenso incitara a los estudiantes a llenar sus aulas y a los mejores profesores sentirse orgullosos de pertenecer a dicha Universidad.

  4. Diego Vigil
    Diego Vigil Dice:

    Interesantísimo. Enhorabuena Ignacio. Es un acto de responsabilidad compartir de esta forma con el resto de españoles interesados lo que uno ha aprendido “por el mundo”. Como si de una gran tertulia con un viajero retornado se tratase…

    Lanzo una pregunta: ¿creemos que hemos tenido en algún momento de nuestra historia los mejores juristas del mundo? Cuando yo estudié en la Facultad, había una conciencia maravillosa sobre los grandes del siglo XX. No se si se les consideraba los mejores del mundo, pero casi. Y pregunto, ¿bajo que sistema se formaron ellos? Bajo el de 0 a 10, el mismo que ahora.

    Leyendo las historias de la Universidad española, parece que ese sistema es post-revolucionario (revoluciones liberales). Antes, cuando florecieron Martín de Azpilicueta o la escuela de Salamanca, creo que algo parecido al pass/fail.

    Creo que ambos sistemas no son tan malos, con un pero: requieren buenos estudiantes. ¿Qué hacer con la “mayoría selecta” (Javier Gomá)? Seguramente incentivarla con competición (Bell Curve), lo cual no es más que aplicar el sistema de oposiciones, a escala, a las carreras, como he desgranado en éste trabajo: http://www.uco.es/docencia_derecho/index.php/reduca/article/viewFile/75/100

    ¿Se puede lograr competición en el sistema 0 a 10? Se logra entre los mejores porque el número de matrículas de honor es reducido. Si ello se une a un grupo pequeño con “riesgo reputacional” entre todos, la competitividad aumenta: ejemplo, ICADE.

  5. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Un artículo de amena lectura. Utilizar una campana de Gauss tiene algunas importantes limitaciones. La campana de Gauss es simétrica. Si medimos el rendimiento académico, en la cola izquierda (los peores) tendremos el mismo porcentaje que en la derecha (los mejores). Pero si van quedando estudiantes en el camino, de hecho sucede a lo largo de toda la enseñanza no obligatoria, nos encontramos con que la cola izquierda va desapareciendo, de modo que la distribución pierde su simetría, hay muchos estudiantes a la izquierda de la distribución y pocos a la derecha. El resultado es que la mejora de rendimiento necesaria para pasar de una calificación a la inmediatamente superior es mucho más reducido en las calificaciones bajas que en las altas. Por otro lado, si pequeñas variaciones en el rendimiento llevan a calificaciones claramente diferentes en el caso de los estudiantes más rezagados, la influencia de factores aleatorios puede se grande, de modo que puede que no incentiven el esfuerzo de los más rezagados. En los más avanzados, al estar excesivamente diferenciadas las calificaciones, dado que pasar a una calificación superior exige un aumento considerable del esfuerzo, la posibilidad de mejora de las calificaciones puede ser más teórica que real. Porque incentivar el esfuerzo es una cuestión bien distinta de tener un clima de hostilidad. Uno de los problemas claramente es que el rendimiento depende solamente en una parte del esfuerzo del período, pero en otra parte muy sustancial de otros factores como el esfuerzo de períodos anteriores, la inteligencia del estudiante, que el estudiante encaje bien en la asignatura y con el método de enseñanza, y mil y un factores que van más allá del esfuerzo que van desde factores sociales a factores emocionales e incluso la mejor adaptación al propia sistema de evaluación.

    Un cordial saludo.

  6. Pedro L. Egea
    Pedro L. Egea Dice:

    Cuando se afirma con “un rotundo no” es que hay sitios o personas que pueden responder sí. Y lo dudo. Pero además y dado el furor de la crítica a todo lo propio, venga o no a cuento y como si nos dirigieran o gobernaran marcianos, no creo que si hubiera aprendido más llegara a Presidente; al menos según se desprende del libro de Sansón Carrasco.

    Sobre todo porque hay que matizar a que Presidente se refiere. Desde la etapa en que gobernó un tal Aznar López, se dio en hablar del Presidente, cuando en este país no existe, existe el presidente del gobierno, que es muy importante, pero no es lo mismo.

    Quizá para presidente de algún colegio profesional le hubiera sido menester; aunque también lo dudo.

    Pero aún está a tiempo de aprender, salvo que decidiera dejarlo al terminar la univesidad. Saludos,

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Pedro, no le dé muchas vueltas a lo de Presidente, por favor. Era sólo una inocente broma.

  7. izaskun
    izaskun Dice:

    Relacionarlo con el ranking de universidades no sé si es adecuado; los coreanos (del sur) que tienen un sistema educativo muy riguroso, tampoco tienen ninguna universidad entre las 100 primeras. Pensándolo, tal vez aproximarse al alemán y que se pudiese evaluar 4 puntos excepcionales (para los que aprovechen más), hasta 14, sería oportuno (algo así se hace ya en la Selectividad).

  8. Lumpa
    Lumpa Dice:

    Pues, como lo verdaderamente importante es la reflexión, lo primero debe ser dar la enhorabuena por abordar un tema tan necesario como la educación, después de documentarlo comparándolo con otros sistemas y agradecer la generosidad de esa auto crítica que implica compartir la propia experiencia personal.
    No he estudiado el tema pero sí me he enfrentado a nuestro sistema de evaluación de 0 a 10 y al de la campana de Gauss y, lo que puedo decir, es que en principio soy más partidaria de nuestro sistema “intermedio” porque entiendo que favorece una evaluación más justa y menos excluyente. Sin embargo la Campana de Gauss me sirvió para atisbar lo que me esperaba en el mercado laboral máxime llegando a él en tiempos de crisis. Dado que mi grado de competitividad es 0, el choque fue brutal porque, efectivamente, algunos compañeros “mataban”. Por eso entiendo que quizá sería una buena idea enfocar a los alumnos desde el inicio hacia lo que será su realidad promoviendo la competitividad, pero de una manera deportiva, es decir, de forma que les permita crecer cuando el resto les supera, aprender a asumir la frustración, y a respetar a los otros. Esto debe ser un compromiso que adopten las Universidades pero que puede ser impulsado por los alumnos que deben empezar a comprometerse y a ser conscientes de lo que será su futuro, por su propio bien…

  9. Alejandro
    Alejandro Dice:

    Me ha gustado mucho el artículo, y al mismo tiempo me gustaría plantear una continuación al sistema de calificación. Me refiero al sistema de evaluación. ¿Test, preguntas cortas, desarrollo, práctica, o un revuelto de todo?
    Desde mi experiencia en la facultad de Derecho de Zaragoza, observé como hay muchísimo estudiante que copia con la pasividad de los profesores (después de todo, qué ganan ellos con coger a un estudiante copiando?, sólo los que tienen una integridad moral suficiente intentan ser justos).
    Para evitar esto, y al mismo tiempo para exigir una cierta calidad al jurista que sale de la facultad, yo haría sin duda alguna exámenes prácticos. Cierto que en según que materias como filosofía del derecho, historia del derecho, es más difícil. Pero al menos las materias que luego van a desarrollarse en la práctica (civil, mercantil, penal, financiero, procesal), podrían evaluarse sin ningún problema. Bueno sí, más horas de corrección.

    Y con el hilo de la publicación, sí que me acuerdo de la puntuación por prácticas en uno de los derechos civiles. Se podía conseguir un máximo de 1,5 sobre 10. El resultado fue que tanto los que participamos 4 ó 5 veces a lo largo del cuatrimestre, teníamos la misma nota, que los que habían participado una vez. Es decir, sistema pass/fail, que no motivaba la competitividad, pero tampoco apenas el trabajo constante (con participar una vez, ya se obtenía, luego para qué seguir esforzándose).

    De nuevo, gracias por el artículo.

  10. Laura
    Laura Dice:

    Quisiera añadir una variante del “Método español” del 0 al 10. Quizás no es tan conocido ni tampoco común pero hay que tener en cuenta que yo, estudiante de 5 curso de Grado en Medicina, no consigo superar la asignatura con un 5. Mis aprobados se corresponden con el 70% de preguntas correctas en un examen en el que también tengo otra penalización como que me resten cada tres preguntas mal una bien. Todo esto me plantea un problema: llegar a aprobar un examen es complicado, debido al comentado 70%, pero después una diferencia de un par de preguntas te pasa de un notable a casi la matrícula.¿Qué se consigue con esto? Se aumenta el nivel de exigencia pero se pierde capacidad de valoración ya que la diferencia entre un alumno normal y uno brillante, académicamente hablando, se resume en “dos simples preguntas” y, por tanto no es un fiel reflejo de las capacidades de cada persona.

  11. Ignacio Gomá Garcés
    Ignacio Gomá Garcés Dice:

    Muchas gracias a todos en general por los comentarios y sus amables palabras.

    Antonia, yo también coincido en que los profesores tienen una labor de despertar en el alumno sus ganas de aprender y pensar. Especialmente en Derecho, pues sólo leyendo los libros uno puede apañarse bastante bien y para eso no es necesario ir a clase.

    Gracias, IVP, por compartir el artículo con su hijo.

    Gracias, Diego. Me plantea una cuestión interesante lo de qué hacer con la “mayoría selecta”. Ojearé su trabajo con atención.

    Izaskun, no sé mucho sobre el sistema coreano, pero sí he oído en múltiples ocasiones que, a pesar de que, como dice, el sistema es muy riguroso y requiere de los estudiantes muchísimas horas semanales, tiene otras carencias muy serias. Por ejemplo, no enseña a los estudiantes creatividad alguna, ni a pensar, ni a trabajar en equipo. Resulta, de hecho, que algunos de los mejores estudiantes del país emigran a los Estados Unidos para estudiar en algunas de sus mejores universidades y, contra toda pronóstico, las más de las veces fracasan estrepitosamente, no, desde luego, por falta de dedicación, sino por la incapacidad para adaptarse a un entorno distinto (académico y de otro tipo). Creo que eso es muy significante, porque muestra que, aun aprendiendo muchos conocimientos, se puede fracasar si uno no sabe cómo utilizarlos.

    Gracias, Alejandro. Pienso que eso da para otro artículo, pero es verdaderamente interesante. Siempre he tendido a pensar que el mejor sistema trataría de combinar distintos tipos de pruebas (oral, test, desarrollo, opinión, práctico) para un mismo examen y para cada asignatura. Sin embargo, probablemente sea excesivo. Eso sí: me da la impresión de que una persona domina un tema sólo cuando es capaz de explicarle a otra un tema que esta última desconoce: es decir, cuando puede resumir un tema muy complejo en unas pocas ideas tan sencillas que cualquiera puede comprender. Además, en el examen oral se preparan otras habilidades, como a hablar en público, la buena expresión, la capacidad analítica y de resumen, la precisión, etc. Por tanto, si tuviera que elegir solamente uno, me quedaría con el examen oral.

    Y gracias, Laura, por su aportación. Mi hermana estudia Medicina y, por eso, soy consciente de lo que dice y creo que tiene razón: el aumento del nivel de exigencia automáticamente reduce el grado de diferenciación entre los estudiantes. A propósito, que se apruebe con 7 en Medicina y con 5, en cambio, en Derecho siempre me ha hecho preguntarme por qué. De hecho, pienso que el grado de Derecho debería adoptar el sistema de Medicina para la calificación, pues es igual de importante que un médico domine su materia, como que un abogado domine la suya.

  12. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Estupendo post Ignacio. Enhorabuena. Pones encima de la mesa un tema importante y sobre el que yo he pensado muchas veces cuando me toca la ingrata tarea de calificar al alumno.
    A mí un sistema que estimula la competitividad me gusta poco. He vivido ese ambiente competitivo cuando estudiaba y cuando luego daba clase en ICADE. No es que allí se estimule por el sistema de calificación (que es de 0-10 como en todos los sitios), sino porque la media de los alumnos era ya alta y eso les hacía ser más competitivos por cuanto estaban acostumbrados a ser los mejores allá donde iban. Esa presión ambiental a más de algún alumno le pareció insoportable y se fue a la Universidad pública.
    Yo sinceramente creo que el aprendizaje del alumno no está directamente relacionado con el sistema de calificación, sino con el método general que emplee el profesor. Muchas veces una asignatura nos parece odiosa o nos encanta en función de cómo nos la han explicado. Hacer despertar en el alumno el interés por la asignatura es clave, a mi juicio, para favorecer el aprendizaje. El alumno se esfuerza más cuando algo le interesa. Y aquí la habilidad es del profesor.
    Yo soy particularmente exigente y muchas veces me han dicho los alumnos que saben mucho más que lo que refleja su nota (que no es el resultado de un examen, sino de prácticas, actividad en aula…). Yo siempre les contesto lo mismo: a la universidad se va a aprender y no solo a aprobar. Incluso los grandes despachos profesionales dan una importancia relativa al expediente académico y les importan otras aptitudes muy vinculadas algunas de ellas a habilidades en inteligencia emocional. De ellas nos preguntan a los que hacemos cartas de recomendación de alumnos.
    En relación con la cuestión que plantea Alejandro respecto del tipo de examen, yo soy partidaria de una batería de preguntas teórico-prácticas en las que el alumno tenga que razonar la respuesta. Este sistema permite barrer todo el programa y además hace que el alumno “piense”, que es lo que en definitiva funciona. A mi los exámenes teóricos en los que el alumno suelta de memoria un tema, no me gustan absolutamente nada. El saber “ocupa lugar” y según salen del examen se olvidan de la materia. En la vida, nadie te paga por recitar un tema, sino por resolver problemas que es lo que hay que enseñar en la universidad. Que razonen la respuesta es esencial pues el Derecho no es como las matemáticas. Lo decisivo es que el alumno comprenda la asignatura y que no se limite a memorizar

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Gracias, Matilde, por tus comentarios, que son muy interesantes, especialmente lo que comentas respecto a los despachos, que es muy cierto (lo sé de primera mano) que empiezan éstos a valorar mucho otras habilidades también imprescindibles para el desarrollo profesional, y los exámenes, pues estoy totalmente de acuerdo en que lo fundamental es enseñar al alumno a pensar, porque es lo que luego le exigirán en la vida real.

      Por eso mismo, de hecho, yo pienso que es mejor el examen oral, porque te obliga a explicar a alguien un tema concreto, y, como las más de las veces es imposible recordarlo todo de memoria, uno se ve obligado a entenderlo y a aprenderlo de modo que pueda ser fácilmente entendido por el examinador. Con todo, acepto que las cuestiones teórico-prácticas sirven igualmente a ese fin, que es aprender a pensar.

  13. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Verá, D. Ignacio. La calificación se la debe poner Ud., el método de calificación tiene importancia para los demás, pero ninguna sustantiva. Dalí no fue un genio porque le admitieran en Bellas Artes, sino a pesar de que no le admitieran. Las calificaciones no son importantes en absoluto, pero es sobre lo que habla su artículo y sólo al final vuelve sobre la pregunta interesante y en tres líneas, que era “averiguar si era mi culpa haber malgastado el tiempo durante lo que me había ocupado una quinta parte de mi vida, la Universidad”. He escrito Universidad con mayúsculas porque así es como creo que debe escribirse si no se la llama Alma Mater. ¿Y el sistema de calificación qué tiene que ver con su importante pregunta que luego no nos responde? Exijo una respuesta sincera y detallada, aunque sea en otro “post”. En mis años de profe propuse (además de una carrera de 5 años, tres de comunes y dos de especialidad) que los exámenes, ya que no son enviados por el Ministerio de Educación en sobre cerrado como secreto de Estado a todos los alumnos del mismo año (bueno, o la Comunidad Autónoma, qué desastre!) fueran comunes del Departamento para aquellos profesores que así lo solicitaran. De este modo el profesor es evaluado con sus alumnos. Ud. ya imagina qué me contestaron: eso, que es contrario a la libertad de Cátedra. Como yo esgrimiera una sentencia del TC relativa a que no lo es y además, que era voluntario, se pasó a otro punto del orden del día. El barrero también debería ser público. Digamos, yo, como profe suyo puedo evaluar su trabajo y esfuerzo pero el título se lo da la Universidad en nombre del Estado, o sea, en nombre de la Sociedad organizada y dice que Ud. tienen conocimientos suficientes para ejercer una profesión u oficio. ¿Los tiene? Eso es algo que sólo Ud. sabe. Yo, tras 29 añitos de ejercicio profesional y 20 docentes sé que no sé nada, aunque no sé si esta frase es muy original o tal vez la dijo un griego que se quejaba de que los jóvenes eran irrespetuosos y cruzaban las piernas y que si escribían no aprenderían nada. Lo que es verdad, ahora aprenden las bases de datos…En fin, que me interesaba la respuesta de Ud. a su interesante pregunta, no el rollo que nos mete sobre sistemas de evaluación y que tanto ha gustado a la parroquia. Yo hacía un examen a mis alumnos (duopondios de primero, claro, con unos cerebros fresquísimos, pero no se los traían puestos casi nunca, salvo unos pocos, normalmente los becarios) en los primeros días y les hacía una encuesta preguntando por qué estudiaban Derecho, qué objetivos se proponían, qué notas querían obtener. Oiga, la mayoría no lo sabía muy bien. Los decanos y directores me han dicho “no suspendas tanto, que nos quedamos sin alumnos”, pero yo digo: “Yo no suspendo ni apruebo, ellos lo hacen”. ¿Y qué más da? ¿Ud. siente eso que mi maestro llamaba “intrajusticia”?¿Ud. quiere hacer el bien entre los hombres y que no se maten? Entonces…(sigo luego)

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Estimado Jesús:
      Siento terriblemente haberle aburrido. Espero que el hecho de que sea usted profesor de Universidad (con mayúscula; ahora ya lo sé), es decir, que ya tenga este asunto más que hablado, sea la razón de su sufrido tedio.
      Entiendo que lo que a usted le interesa saber es si el hecho de que yo sacara o no provecho de mi tiempo en la Universidad tuvo relación alguna con la forma en que me calificaron y si, con base en eso, puedo quitarme parte de la culpa. Trataré de explicarme mejor y más sincera y detalladamente:
      De todos los factores que pueden influir en el rendimiento académico de un alumno (de cualquier alumno, desde el colegio hasta un máster o una oposición), en mi opinión, la forma en que se le califica a éste es uno de ellos. Que sea el más importante, lo dudo; soy consciente de ello. Pero, lo siento mucho, era el factor del que me interesaba hablar en este post. Si está de acuerdo conmigo en que la forma de calificar tiene un efecto, aun pequeño, aun meramente representativo y aunque no sirva como prueba de verdad para demostrar los verdaderos conocimientos que tiene una persona, entonces no hay más que hablar. Si no le convence a usted eso de que la forma en que se califica a los alumnos tiene un efecto sobre ellos, le ruego que siga leyendo, a ver si consigo convencerle.
      ¿De verdad que no les afecta en absoluto? ¿Un adolescente o un joven afrontan con la misma actitud una asignatura tanto si van a ser estrictamente calificados como si jamás van a recibir una sola nota? Yo, con toda la sinceridad de la que puedo hacer gala, pienso que no, que en absoluto. Si a un joven de 15 años le dice usted que, tanto si estudia Química como si no, va a tener el verano libre (porque nadie le va a calificar o, mejor, porque la va a aprobar de todos modos, y, por tanto, no tendrá que recuperarla en el mes de septiembre), el chico no va a estudiar. Pues lo mismo ocurre, lamentablemente, con un estudiante de 20 años de Derecho: si usted le dice que no va ir a septiembre con Derecho Civil III, no verá necesario estudiar y dedicará tiempo a otras asignaturas o a su preciado tiempo libre.
      En definitiva, que las personas funcionan por incentivos y, por lo tanto, si se califica a una persona con un método que genera mucha competitividad, ésta se volverá, con casi toda seguridad, más competitiva (si no lo era ya). Al contrario, si se califica a esa misma persona mediante un sistema más relajado, tal vez se convirtiera en una persona más colaborativa, abierta o, ¿qué sé yo?, humilde. Y si, por ejemplo, no se le califica, porque, como usted dice, las notas en realidad no tienen importancia sustantiva, ese mismo alumno se verá incentivado a centrar sus estudios en conseguir otros retos, es decir, no en el de obtener buenas calificaciones, sino en otros, como el de aprender de verdad o el de dedicar su tiempo libre a actividades extraescolares relacionadas con sus estudios, o quién sabe. Porque, repito, las personas funcionan por incentivos.
      [sigue]

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Por eso mismo, y con todos mis respetos, no estoy de acuerdo con lo que dice de que “las calificaciones no son importantes en absoluto”. Pero es que, además, creo que usted mismo, un par de líneas antes, me había dado sin siquiera quererlo una razón más (aparte del hecho que tiene un efecto incentivador/descentivador en el alumno, como ya he comentado). Decía usted: “el método de calificación tiene importancia para los demás”. Luego añade “pero ninguna sustantiva”, pero eso, a mi parecer, ya no importa, porque si es importante para los demás, esa misma importancia puede alterar mi vida personal y profesional, y mucho. ¿Qué ocurre, por ejemplo, si los 10 mejores despachos del país sólo aceptan los expedientes por encima de 7 y me sueño es trabajar en uno de ellos? ¿Qué ocurre si mi mayor sueño es estudiar en el extranjero, pero mi Universidad concede becas únicamente a los expedientes con más de 7? ¿Qué ocurre si los 50 mejores despachos del país sólo admiten a candidatos que hayan estudiado en el extranjero o que hablen buen inglés? El método de calificación podrá ser injusto, ineficaz para valorar mi esfuerzo y conocimientos o sencillamente demasiado subjetivo, y los profesores podrán haber sido injustos conmigo y podrán haberme bajado deliberadamente la nota media de mis asignaturas, pero nada de eso, según usted dice, tiene ninguna importancia, porque yo, a pesar de que el resto del mundo diga lo contrario, sabré, sabré que en realidad soy un tío válido.
      Al contrario, yo pienso que, aun en el caso improbable de que yo superara esa dura lucha psicológica, lo cierto es que el método de calificación hubiera tenido un efecto sobre mis notas y éstas hubieran tenido un efecto en mí: no hubiera cumplido mi sueño. Luego sí que importan. Que las calificaciones o el método de calificación no tengan importancia sustantiva es otra cosa, que sirviera, en el mejor de los casos, para tener yo la conciencia tranquila, seguridad en mí mismo, etc., pero no para -sigo con los ejemplos de antes- conseguir trabajo o ir al extranjero.

      [sigue]

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      Son sólo eso, ejemplos, pero espero que me sirvan para explicar lo que trato de decir, que no es otra cosa que esto: que uno puede luchar contra los elementos, contra todas las fuerzas externas y contra el mundo entero, pero, al final, por mucho amor propio que uno tenga, y aun en el caso de que fuera demasiado fuerte emocionalmente para dejarse vencer, desde luego cómo le califique el mundo (en términos generales) va a tener un efecto enorme en su vida, porque el resto, el mercado no le va a valorar. O al menos no como usted, supuestamente, se merece.
      Por eso, Jesús, decidí escribir este artículo:
      – porque creo que el método de calificar a los alumnos altera su comportamiento (por los incentivos que genera),
      – porque creo que su comportamiento altera su resultado (sus notas) y
      – porque creo que su resultado altera su futuro.
      Entonces, voy por fin a la pregunta que tanto le interesa: ¿fue mi culpa no aprovechar al máximo la Universidad? Pues eso digo: tal vez no toda, porque:
      – como creo que el método de calificar a los alumnos altera su comportamiento,
      – con otro sistema, mi comportamiento hubiera alterado mis resultados
      – y esos resultados hubieran alterado mi futuro.
      Si para bien o para mal, nunca lo sabremos.
      Gracias por leer mi artículo y dedicar tiempo a escribir comentarios. Y disculpe que no le haya contestado hasta ahora; como ve, quería escribir bastante y encontrar un momento tranquilo para ello.

  14. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    …no desfallezca, estudie, analice, viva, escuche, lea para que cuando pongan dos monedas en sus ojos para el barquero pueda Ud. decir, como los griegos, “esta es mi vida, esto es lo que he sido”. Si Ud. aspiró a ser jurisprudente, ya tiene aprobado; si Ud., al hacer su último examen de conciencia, siente que fue jurisprudente, esa, solo esa es la nota que cuenta. Déjese de calificaciones formales, son para ignorantes, como las gafas Google, los coches sin conductor y toda la parafernalia (archiperre en castellano del bueno) moderna. Hay monos rhessus que tienen un sentido de la equidad más acendrado que determinados QCs, LLMs y Dr.Iur.

  15. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Acabo: por cierto, yo saqué bastante buenas notas. Protesté casi todas porque no me las merecía, pero no me las bajaron, aunque tampoco me aprobaron los dos suspensos injustos que me pusieron en junio, que dejaron dos manchas en mi expediente. !A la porra las calificaciones! (por favor, editores, no borren esta frase, está inspirada en CJCela…) y meditadísima.

  16. Miguel Senlle
    Miguel Senlle Dice:

    Mas que el baremo de calificación, lo relevante es el contenido del mismo, de lo que está compuesto. La cuestión debería girar en torneo a porqué el examen es la piedra angular del sistema de calificación. En especial, me llama la atención, que a fin de cuentas, todo queda condicionado a un aprobado en el examen, sino, en muchos casos, ni computará el resto del rendimiento, que, realmente, es lo que refleja el trabajo diario. Creo que no se debe de olvidar que el examen es una prueba donde la información asimétrica juega un papel relevante, además de la alea que representa un día concreto de celebración de la prueba, así como unas preguntas concretas, modelo de examen, etc… Ni que el profesor estuviera falto de una auctoritas que le obligase a disponer de una especie de prueba documental para justificar los motivos de un aprobado/suspenso.
    Si lo que se busca a través de la evaluación es reflejar el conocimiento del alumno, cual es la razón de no valorar primordialmente el día a día en la facultad.

  17. iñaki
    iñaki Dice:

    Una de las claves creo que es , no cómo se califica a los estudiantes, sino el QUÉ y el CÓMO se enseña. En Derecho : el QUÉ debería centrarse en enseñar, no el mero Derecho positivo ( lo existente en ese momento), sino la metodología jurídica, o sea la forma de pensar y razonar jurídicamente. Los conceptos jurídicos.

    En Alemania eso se traduce en el Staatsexamen, o examen estatal que habilita para ejercer la profesión jurídica en sus diferentes áreas. Ese examen no es memorístico . Es un caso práctico, a resolver mediante la emisión de un dictamen jurídico ( “Gutachten”).

    Tenemos asimismo el sistema norteamericano de enseñanza basado en los “concept tests”. Cada clase se prepara por los alumnos con anticipación, mediante la lectura de los textos correspondientes. El día de la clase, el profesor NO expone la materia , soltando la clásica lección magistral . No. Se limita a hacer preguntas conceptuales, que se estudian por los alumnos, divididos en grupos. Terminado este estudio, hay un representante de cada grupo que expone en voz alta la respuesta de su grupo a la pregunta planteada por el profesor. Luego se establece discusión o debate entre los representantes de los distintos grupos. Al final, interviene el profesor, exponiendo su propia respuesta. Y así se tratan todos los conceptos contenidos en la lección correspondiente.

    ¡Qué diferencias tan abismales con el sistema memorístico de enseñanza en España!

    Hay que enseñar la retórica jurídica. La “Methodenlehre”, en expresión alemana . O sea, la forma de razonar jurídicamente. Eso exige un esfuerzo conceptual muy considerable, que nada tiene que ver con el aprendizaje memorístico.

    Doy una muestra : léanse el excelente librito del jurista alemán Theodor Viehweg , “Tópica y jurisprudencia”, Taurus, 1964, prologado por Eduardo García de Enterría, y traducida por Luis Díez Picazo.En opinión de Gª de Enterría, es “un ejemplo magistral de trabajo científico, una de las aportaciones más trascendentales de los últimos tiempos a la teoría de la ciencia jurídica.(…) Razonar en Derecho, interpretar las normas o los actos jurídicos, aplicar el Derecho, no es más que operar con los principios generales del Derecho, alrededor de los cuales se ordena todo el particularismo de las reglas y de los actos concretos.Un pensamiento por principios así entendidos fue justamente el gran descubrimiento de los juristas romanos, lo que hace eterna e inmarcesible su lección para los juristas de todos los tiempos. Es ésta la ejemplaridad del Derecho Romano, y no el supuesto acierto de sus soluciones concretas, que acaso Licurgo o cualquiera de los legisladores unificados de la antigüedad, y por supuesto los legisladores modernos, pueden superar..

    El propio García Enterría , a este propósito, escribió en 1963 su artículo “Reflexiones sobre la Ley y los principios generales del Derecho en el Derecho Administrativo”, Revista de Administración Pública,40,1963

  18. iñaki
    iñaki Dice:

    Prosigo : ¿Acaso la enseñanza del Derecho en España se centra en explicar los fundamentos de nuestro sistema jurídico? Es decir, los principios generales en que se fundamenta, y los conceptos jurídicos que se emplean. No. Más bien se centra en el empeño de que los estudiantes memoricen textos legales, apuntes, y manuales universitarios.

    ¿ Y qué ocurre con la metodología jurídica? Apenas se enseña cómo es el trabajo jurídico , que no es otra cosa que subsumir situaciones reales de la vida social, en la norma jurídica aplicable. Para esta tarea hace falta dominar el método jurídico , es decir, cómo se aplica el Derecho : cómo se elige la norma aplicable a un caso dado, y cómo se interpreta esa norma. Esto exige dominar los conceptos jurídicos. Exige comprender que el Derecho es un Sistema, que no se puede entender acudiendo a la mera interpretación literal de las normas , vía diccionarios de la lengua. Sino que lo primordial es comprender el Sistema jurídico como un todo, pues sólo así se pueden entender los preceptos aislados y los singulares conceptos jurídicos.

    El Derecho es un sistema que regula la convivencia humana dictando reglas que, en última instancia, se imponen a la voluntad de las partes por medio de la coacción o fuerza estatal o pública.Las reglas jurídicas se establecen en base a unos valores, que son los que hacen inteligibles a las mismas. Es la finalidad de las normas, su sentido ( éste lo dan los valores que protege cada norma) , lo que verdaderamente importa. Esos valores son los que deben enseñarse en nuestras Facultades de Derecho, junto con los principios generales del Derecho que los encarnan. Los valores implícitos en toda norma jurídica, son los que realmente ayudan a aplicar el Derecho, pues dan cuenta de cuál es la función o finalidad que se pretende con cada norma.De ahí que otro criterio esencial de interpretación de una norma, es el de atender a la finalidad que persigue la misma.

    Este entender el Sistema jurídico – sus funciones, sus componentes, sus estructuras, y sus conductas ( o sea, los actos de aplicación del Derecho, mediante el uso de la metodología jurídica ), esto es lo que de verdad se debería enseñar en nuestras Facultades jurídicas.

  19. iñaki
    iñaki Dice:

    La Universidad de Harvard , su Facultad de Leyes, copió el sistema de enseñanza de las Facultades jurídicas alemanas del siglo XIX. Eso lo hizo Christopher Langdell, quien introdujo el método del caso, y la enseñanza mediante el sistema socrático de preguntas y respuestas.

    En las Facultades jurídicas alemanas del siglo XIX, el énfasis se ponía , no en el Derecho particular alemán, sino en el ius commune, basado en el Derecho romano.Se seguía una tradición de enseñanza jurídica que fue común en toda Europa, hasta que con las codificaciones subsiguientes a la napoleónica, cada país centró sus enseñanzas jurídicas en el estudio del particular Derecho positivo de la propia nación.

    Recomendable leer el artículo de David A. Garvin , ” Making the case:professional education for the world of practice”, Harvard Magazine, september-october 2003.

    No nos vendría mal renovar en España nuestro sistema de enseñanza del Derecho. Concebir éste como un sistema, basado en principios generales y valores a implantar. Mediante una enseñanza a la vez fuertemente conceptual, y al tiempo muy práctica, basada en el método del caso y en los “concept tests”. Todo menos seguir con el infausto sistema memorístico actual.

  20. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    D. Iñaki, no puedo estar más de acuerdo con Ud., pero ya le digo, la corriente predominante es exactamente la opuesta. Por cierto, el Sr. Goma (Jr.) sigue sin contestar en serio a su segunda pregunta…

  21. Soledad Atienza
    Soledad Atienza Dice:

    ¡Enhorabuena Ignacio por este post! Creo has elegido un tema muy acertado, pues pienso que en la enseñanza del Derecho es tan importante lo que se enseña como el método de enseñanza, y el sistema de evaluación y de calificación es una parte importante del método de enseñanza y, sin duda así lo perciben los alumnos.

    Yo apoyo un sistema de evaluación continua con diferentes elementos de evaluación lo más diverso posible para (i) dar la oportunidad a los estudiantes de ser evaluados a través de distintos métodos, (ii) para que puedan desarrollar diferentes habilidades (orales, escritas, individuales, en grupo …) y (iii) para motivarles a estudiar día a día en lugar de estudiar solo antes del examen. Creo que todos los sistemas de calificación podrían seguir la evaluación continua como sistema de evaluación.

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      ¡Muchas gracias, Soledad! Usted es una experta en el tema y no me atrevería a discutirle, pero es que, además, coincido en todo. ¡Un saludo!

  22. Rob
    Rob Dice:

    Hola. Quisiera remarcar la importancia de algo que he visto no se ha comentado como es el anonimato a la hora de marcar. Donde estoy usamos este sistema http://www.abdn.ac.uk/infohub/study/CAS.php , pero creo que lo más importante de las universidades aquí en UK es el echo de marcar a los alumnos de forma anónima y además tener ‘double marking’. No sé si es el caso en US o Alemania.

  23. RAFA
    RAFA Dice:

    En relación al sistema de puntuación, tengo que reconocer que la campana de gauss del sistema americano es una putada, por que tus calificaciones ya no dependen enteramente de ti( si estas en una clase de superdotados, puedes darte por jodido, aunque poseas un nivel medio alto; y lo mismo sucede si estas en una clase de vagos e incompetentes: pareceras un cerebrito cuando realmente puede que seas uno mas del monton).

    Lo cierto es que en España esa campana de Gauss existe de facto( me refiero a que tu valoración depende en parte de lo brillante o mediocres que sean el resto de tus compañeros): la valoración subjetiva del profesor( sobre todo en clases pequeñas en las que el profesor suele saber quien eres, oséase, los últimos cursos generalmente) suele incidir en la nota final, sabe si vas a clase, si estas por encima del resto de tus compañerosy eso condiciona tu calificación( si haces un examen desastroso no, pero en un examen justito puede ser la diferencia entre aprobar o no, y en un buen examen, que te ponga sobre saliente o matricula).

    El sistema alemán, en mi opinión solo sirve para la mentalidad alemana o nórdica: aquí se obviaría el tema de la imposibilidad de ser dios( el 18), y que hay que esforzarse al máximo para ser bueno, pero teniendo siempre en cuenta que hay que ser humilde: aqui la gente se quedaría con la copla de que con un 4 apruebas, y listo. Es un problema de educación y actitud, en España no se fomenta la excelencia, si no conseguir el objetivo( el título), y si con poco esfuerzo lo consigues, eso que ganas. Yo en la facultad me esforzaba realmente por aprender: había muchos que iban a conseguir el diploma. Consideraban que ya aprenderían de verdad lo que tuviesen que aprender después en el despacho de abogados donde acabasen. Ademas la inmensa mayoría los estudiantes de derecho son potenciales opositores, y saben que les vana crujir a estudiar en la opo, asi k deciden pasar cuanto antes el trámite de la carrera para lo importante, opositar. Un error, por que si se formasen bien en la carrera la oposición sería mucho mas sencilla después.

    Creo que la excelencia de los alumnos en la universidad no se conseguirá con un método de puntuación u otro: hay que ir mucho mas atrás: primero reformar unos planes de estudios universitarios obsoletos que no aportan conocimientos prácticos a los que estudian, lo cual ya es una desmotivación enorme para esforzarte en aprender. Despues habría que cambiar la concepción de los estudios universitarios por parte de los españoles: aquí todo el mundo va a la universidad, por que hay que tener titulo, si no, no consigues trabajo( y con titulo ahora tampoco lo consigues, pero bueno); fuera de España, ir a la universidad es un privilegio que suele ser un sacrificio tanto económico como personal para el que decide optar a ello, y como recompensa recibe un futuro profesional decente. Aquí, ya no el futuro, si noel presente profesional es muy incierto, con lo que la motivación disminuye aun mas.

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