En elogio de la Transición: a propósito del libro “La sombra de Suarez”.

En estos días en que tanto se habla (y no precisamente para bien) del sistema político diseñado en la Transición conviene leer libros como “La sombra de Suarez, Eduardo Navarro” de la editorial Plaza Janés, con un acertado prólogo de nuestro colaborador Jorge Trias acerca de la personalidad y circunstancias vitales de Eduardo Navarro. Eduardo Navarro fue testigo excepcional y poco conocido de lo sucedido en aquellos años, siendo el hilo conductor de su relato la figura de Adolfo Suarez, al que el autor conoce en el colegio mayor que dirige y con el que establecerá una larga relación profesional y sobre todo personal. Jorge Trías fue el depositario del manuscrito de Eduardo Navarro en el que se cuentan los principales acontecimientos políticos ocurridos en España desde el final del franquismo a los primeros años de la Transición. Al parecer existía un proyecto de Memorias que Eduardo Navarro no pudo finalmente llevar a cabo, pero los documentos inéditos entregados a Trías como “los papeles de Suarez” constituyen un testimonio realmente excepcional de una época de nuestra historia ahora sometida a revisión y escrutinio de forma poco benevolente y lo que es seguramente peor, poco informada.

En ese sentido, resulta francamente interesante la lectura de un manuscrito escrito por una persona cuyo destino -como él mismo reconocía- fue “haber escrito con un pseudónimo que se llama Adolfo Suarez”. La figura de Adolfo Suarez –pese a la no siempre fácil relación con el autor- así como la de otros protagonistas de la Transición,  muchos de ellos procedentes del sector aperturista del Régimen, nos asombran a estas alturas sencillamente asombrosas tanto por lo que hicieron como por la rapidez con que lo hicieron en un contexto político, social y económico muy difícil.  Personajes como Torcuato Fernández Miranda o el general Gutiérrez Mellado, por mencionar solo a dos de los protagonistas, se van engrandeciendo a medida que pasa el tiempo. Quizá lo que más sorprenda –en ese sentido la comparación con los políticos actuales resulta odiosa- es la altura de miras y la generosidad que demostraron muchos de estos protagonistas de nuestra historia reciente, algunos de ellos hombres procedentes del Régimen franquista. Otro aspecto que llama la atención es el hecho de que gente como Adolfo Suarez saliera de la política no solo con dignidad sino sin un puesto en una empresa energética o en una consultora o despacho de campanillas. Ciertamente, eran otros tiempos, todavía no se habían inventado las “revolving door” que han llevado a tantos y tantos políticos a empresas reguladas particularmente las del sector eléctrico 

El contraste por lo demás que ofrece Adolfo Suarez –tratado con respeto, pero ni mucho menos de manera hagiográfica- con otros políticos de la época, particularmente de  UCD es francamente llamativa. La diferencia es la que hay básicamente en la que hay entre un político que busca los intereses generales del país (tal como él los concibe, con mejor o peor fortuna claro está) y la del político que busca sus intereses particulares, ya sean partidistas o personales. Y hay que recordar que la mayoría de los políticos que contribuyeron a enterrar UCD en un tiempo récord siguieron muchos años en activo ya que la mayoría se “recolocaron” en el PP con un éxito notable, lo que da que pensar. Quizá una de las lecciones más interesantes del libro es el comportamiento de muchos “barones” del partido centrista con respecto a su líder, al que despreciaban por sus carencias de formación y de “clase” , pero sin el cual nunca hubieran conseguido los votos que les dieron el poder al ser todos ellos bastante desconocidos para los electores.  También es curioso darse cuenta de que pese a que Suarez era el líder del partido y el que conseguía los votos, los barones tenían mando en plaza y le podían poner la proa de forma impensable en un partido político español por muchas elecciones que pierda o su líder. En ese sentido, el contraste con lo que sucede en la actualidad es muy llamativo.

Otra reflexión que se hace en el libro y que me parece muy acertada es la relativa a la forma en que se elaboró la Constitución de 1978. Señala el autor que los criterios que prevalecieron fueron los de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, es decir, que se primó el consenso (la negociación fue difícil) sobre la publicidad y, de alguna forma, se hurtó el debate constitucional a los españoles, de manera que estos no pudieron tomar partido al margen de los partidos. Concluye que “el procedimiento fue feo pero eficaz. Un debate público sin consenso no hubiera resuelto ningún problema o no los hubiera resuelto mejor que como por el consenso se resolvieron”. Me parece que este análisis –con el que básicamente estoy de acuerdo- explica alguna de las características de una democracia que se hizo “desde arriba” y de alguna forma a la medida de los partidos políticos. Dicho lo cual, considero que probablemente no había otra forma “eficaz” de implantar la democracia en España.

Pero quizá lo más relevante para el lector –o al menos lo ha sido para mí- es llegar a comprender como lo que salió francamente bien –la Transición- pudo haber salido francamente mal. La historia nunca no está escrita, conviene recordarlo en este comienzo del año 2015 donde nos jugamos tanto. El necesario cambio de sistema político puede salir bien pero también puede salir mal. Y para que salga bien es imprescindible que exista un número suficiente de personas con responsabilidades políticas honestas y con altura de miras que piensen antes en los intereses generales de España que en los suyos propios, y que además esa gente tenga detrás una “masa crítica” suficiente de ciudadanos españoles. Ambas cosas están por ver. Y por supuesto, es imprescindible que las reformas se hagan con pleno respeto al Estado de Derecho pasando “de la ley a la ley”.

15 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Seguro que tiene que ser un libro de grata lectura. En lo que discrepo ligeramente es en que no existiesen las puertas giratorias. Muchos colaboradores importantes de Suárez, Calvo Sotelo y González tenían ya importantes responsabilidades en la empresa privada en 1991, cuando Suárez abandona la política.

    Lo que es enormemente llamativo es la entereza con la que, al año siguiente de dejar la presidencia, funda un partido al que dedica entre 1982 y 1991 nada menos que nueve años de su vida, nueve años que pudo dedicar a otras actividades. Está claro que Suárez entra dentro de la categoría de político profesional y vocacional en el mejor sentido del término, en el de alguien que es capaz dedicar nueve años a un partido que no le va a otorgar grandes parcelas de poder, y sí muchos sudores. Suárez luchó por lo que él creía hasta que no pudo más. Personalmente creo que ese tipo de políticos, que piensan más en su actividad política como una vocación que como un paréntesis en su actividad profesional, es el tipo de político que necesita este país. Creo que España necesita más políticos profesionales, pero no profesionales de banquillo que apenas presentan iniciativas ni realizan intervenciones hasta que quizá algún día alguien les pueda dar un cargo, sino políticos esforzados que no escatiman esfuerzos a su vocación política.

    Un cordial saludo.

    • O,Farrill
      O,Farrill Dice:

      Gonzalo: Un breve comentario sobre la “profesionalidad política”:
      “Si la vocación te lleva a la profesión eres auténtico; si la profesión te lleva a la vocación no”.
      Creo que hay demasiados “profesionales” que viven de la política pero muy pocos, desgraciadamente, que vivan “para” la política. Un saludo.

  2. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Estimada Elisa. Soy bastante pesimista respecto a lo que apuntas en el último párrafo del artículo.

    Fíjate en lo que dice Javier Gomá en la entrevista que aparece publicada hoy en El País Semanal:

    “.. En el tiempo presente ocurre algo muy importante: la demanda de transparencia, vivimos en una sociedad mucho más abierta, más madura. Eso unido a la esencia igualitaria y a la libertad, combinadas las tres cosas, encontramos explicación a una demanda hegemónica de la sociedad española. Una demanda de ejemplaridad: quien no lo vea así, tiene un problema. Y gordo.

    ¿Por qué una demanda tan natural genera tantas resistencias en quienes tienen por ahora el poder? Esta sociedad es mucho más abierta. Ya no se puede implantar ninguna acción con el paternalismo de antaño. Eso es un signo más de progreso moral, aunque rechine todo el maderamen del barco. Es salud democrática, calidad democrática. El principio de autoridad además ha sido sustituido por el de aceptación y consenso, vales lo que generan tus ideas, no lo que simbólicamente te atribuyes por tu posición de representante de una institución”.

    Creo que nuestros políticos tienen, efectivamente un problema muy gordo, pero sus costes continuaremos pagándolos los ciudadanos. En definitiva, siguen resistiéndose al cambio (con uñas y dientes y con pura pantomima); no creen en la transparencia; son paternalistas; autoritarios y carecen de ideas… Viven de espaldas a esa sociedad abierta a que se refiere Javier. Son claramente enemigos de esa sociedad abierta.

  3. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    ¿Pero cómo se va a agotar un modelo constitucional en 40 años? Si no da ni para ponerlo en práctica. El hecho de que las leyes administrativas del 51 y del 53 de López Rodó no se aplicaran no las hace peores que la 30/92, ni hacía necesaria ésta y su fárrago normativo y hasta gramatical. Quienes se han inventado la necesidad de una “Segunda Transición” desde casi todos los ángulos del arco político en el fondo lo que no quieren hacer es esforzarse en una interpretación recta de la norma fundamental que tenemos. Por eso nadie pone los deberes específicos, sino los abstractos, sin contenido, salvo, acaso, la carta a los RR.MM. de este Blog que es un decálogo (cambiando el orden si es que era de prioridades y no meramente enunciativo) razonable. “Estado Federal”, dicen uno. ¿Y eso qué significa en la práctica para el ciudadano? ¿Qué se ahorra, cómo se gestionan más ágilmente sus intereses? ¿O sirve para crear más “marcas de calidad” en las que el Estado sustituye a la iniciativa privada? Independencia, dicen otros. República se oye or ahí, sin saber qué significa salvo cambiar a una persona educada desde la cuna para ser el representante neutral del Estado a pelearse por quién es Scalfaro o Sarkozy. ¿González, Pujol (!), Aznar, Del Bosque (léase “Del Bogque”, antes de Brasil, claro)?¿Reformar el Senado?¿La Ley electoral? ¿Pero es que para eso hace falta cambiar toda la Constitución o simplemente aplicarla y retocarla? La segunda transición que se preconiza no es reformismo, es, como decía Ortega, otra muestra más de adanismo carpatovetónico. Cambiarlo todo en abstracto para no bajar a lo concreto. Además, pregunto una y otra vez quiénes son esos políticos del presente “movimiento” (o “casta”) que van a afrontar con generosidad el reto y quiénes las élites que están detrás de ese cambio (nada menos que constitucional), nombres y apellidos, por favor, una lista de 10, de 50 y de 100. ¿Soraya Saenz de Santamaría, Pedro Sánchez, Alberto Rivera, Pablo Iglesias, Susana Díaz, Rosa Díez, Tania Sánchez y Alberto Garzón, Íñigo Urkullu? Verán, las personas que hicieron la transición se habían educado en un sistema que valoraba el esfuerzo y el mérito. Si es culpa o mérito de los tecnócratas del Opus es algo que no sé, pero lo que si sé es que el mérito y la capacidad han sido sustituidos programáticamente por la mediocridad, la afinidad política, el neo-caciquismo cleptocrático (el de Costa, como dice César Molinas). ¿Por qué no abordamos lo primero de todo la reforma de la Educación y de la Justicia – consenso nacional – como elementos de base para un futuro mejor y luego unas generaciones bien formadas que hagan ya un País como el que nosotros queríamos haber hecho? La pobreza, el problema más acuciante e indignante, y la falta de igualdad de oportunidades se arreglan en un año, hay recursos y métodos científicos claros para hacerlo, no se requiere debate político sobre cuestiones objetivas.

    • nicofiro
      nicofiro Dice:

      “Pero cómo se va a agotar un modelo constitucional en 40 años?”

      No reformándolo. Me hace mucha gracia que cuando se analiza la transición se haga tanto hincapié en el contexto, pero cuando se trata de ver si toca reformarla de repente el hecho de que hubiese “pistolas sobre la mesa” se torna irrelevante.

      Los alemanes, que tienen un país que va tirando, llevan 60 (!) reformas constitucionales. No tardaron ni dos años en tocar el Grundgesetz.

      No se trata de cambiarlo todo, cerrarse automáticamente en banda me parece un error.

  4. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Bueno, también hay quien habla de la “segunda transición” no porque le interese la mejora de la Nación, sino sacar tajada. Más claro, agua. Ya ven cómo va la Italia de nuestros gatopardescos amores…

  5. JoaquinL.M.
    JoaquinL.M. Dice:

    Gracias Sra Elisa, por el magnífico artículo y análisis y al Sr. Casas porque es imposible el desacuerdo. Tal vez uno de los problemas es el tiempo transcurrido y la metamorfosis de la sociedad. La Transición no podía salir mal, el objetivo de gran calado, la materia prima de calidad, buenas herramientas y buenos carpinteros, no era posible un mal mueble.
    Me parece un error la diferenciación que a menudo se hace sobre los políticos y la sociedad española. Los políticos españoles no han sido importados de algún país extranjero ni fabricados en una especial manufactura, han salido de nuestras comunidades, ciudades y colegios. ¿Quiere decir por ello, que la sociedad está totalmente podrida? Seguro que no.
    En la no-democracia franquista, el sistema era elitista per se, al no elegir los ciudadanos en su ignorancia personal sobre candidatos, el sistema trataba de elegir lo más idóneo para su cometido, convirtiéndose en un método envidiado al ser de naturaleza excelentista. Este método es el que nutría la administración que hizo la Transición española.
    A la llegada de la democracia el sistema de partidos cambió el procedimiento, ya no valían los mejores, solo los mas pelotas, los que menos latas daban y los que se pliegan a las convicciones del jefe.
    La élite tenía oposiciones ganadas, empresas, y actividades profesionales, en lo público ya no prima la excelencia, los méritos ni el esfuerzo, por tanto se dedican a lo suyo, es mas rentable y te evitas el escarnio público. Entonces, ¿Quien ocupa el espacio público? Lo hemos visto y sufrido, lo más mediocre de la sociedad.
    Esto es lo que hay que cambiar, no el sistema político.
    Un evidente y reciente ejemplo es el daño social, ético, democrático y económico, que el liderazgo del Sr. Rodríguez Zapatero y los que lo votaron, infligieron a la sociedad española y a su propio partido. Esto daño no fue casual, fue previsible, porque se pusieron decisiones de gran calado en manos de ineptos y mediocres cuyo mérito fué no dar lata, agachar la cabeza y tener poco y mal criterio.
    Esto es lo que hay que evitar, no cambiar el sistema político.
    La sociedad española en su fecha correspondiente, tendremos de nuevo la oportunidad y la responsabilidad de tomar importantes y democráticas decisiones, lo podemos hacer por venganza, hastío, partidismos e incluso no votar que es lo más cómodo, o bien utilizar elevados criterios de búsqueda del bien común, de esa misma manera devendrán los resultados.
    Los individuos con formación ética, profesional e ideas generales de progreso, con honestidad, capacidad y esfuerzo, son los que deben sacrificar intereses personales y devolver parte de ello a la res-pública.
    Saludos

  6. Hermes
    Hermes Dice:

    Realmente no hacen falta cambios constitucionales o grandes segundas transiciones. Con que se cumpla la ley ya sería un paso importante.

    Por ejemplo, tenemos una legislación muy completa de mercado de valores. Una legislación que bien podría servir para atraer a los emisores e inversores latinoamericanos a España. Vamos que podríamos hacer un centro financiero “en español”.

    Ello podría ser así si la Comisión Nacional del Mercado de Valores fuera independiente y efectivamente velara por los intereses del mercado, emisores e inversores y se ganara ese prestigio con los años. Sin embargo, tenemos de Presidente de la CNMV a Elvira Rodríguez. Elvira Rodríguez no es una persona independiente, ni siguiera en apariencia, es del Comité Ejecutivo del PP. Tampoco lo fue Julio Segura.

    Un mercado de valores politizado no va a atraer inversores. ¿Quién invierte en la Bolsa de Caracas? No lo pongamos tan mal. ¿Quién invierte en la Bolsa de Buenos Aires? Pues nadie, salvo que sea con un retorno muy alto que compense el riesgo. O si no, obligados por ley como los fondos de pensiones en Argentina.

    España tiene un buen mercado grande y respetable que podría aspirar a ser ese mercado en español. Ahora bien, para ello, tendría que ganarse ese puesto y lo primero para ello es la independencia de la Comisión.

    Ahora bien, si los ciudadanos no exigimos, no hacemos sonrojar a esos que no cumplen la ley la seguirán incumpliendo.

  7. O,Farrill
    O,Farrill Dice:

    En muchos aspectos tuve cercanía a la personalidad de Suárez. Era un auténtico animal político que sabía transmitir y comunicar porque era sincero. Por eso también era incómodo y por eso se lo llevaron por delante. Sería interesante saber quien movió los hilos. Con motivo de los actos en su memoria preguntaba a un Ministro de Exteriores de la época que, claro, no supo responderme (mejor dicho no podía o no quería). Creyó en los demás y le defraudaron; creyó en sus intuiciones, en su olfato político, pero no servían de nada si no eran bendecidas o autorizadas por quienes manejan esos hilos. Por eso llegó alguien que se colocó los hilos directamente abjurando de lo que fuera para conseguir el poder: de la república a la monarquía, del “OTAN, no” al “OTAN, sí”. Nuestra sociedad no sabe reconocer la calidad de las personas hasta que son bendecidas telefónicamente, académicamente o popularmente. Es más desconfían de ellas porque son distintas y nos crean un cierto complejo. Las masas orteguianas están ahí para aplaudir o para hundir, según les dicen quienes los tutelan paternalmente. Luego la Historia deja a cada uno en su sitio.

  8. Anónimo XXL
    Anónimo XXL Dice:

    No puedo bendecir de ninguna manera una Transición que ha dado lugar a una dictadura de partidos políticos. Avances, los hubo. Mínimos, también. Es justo reconocer el papel de determinados personajes, ya históricos, para el restablecimiento de ciertas libertades. Pero hay que aceptar que los que tenemos una visión negativa de la Transición no queramos una “segunda transición”, sino que entendemos que la primera fue incompleta (como defiende autores como Vicenç Navarro) o básicamente de un continuismo apabullante con la dictadura o con la idea de una España futura que aquella dictadura tenía (García-Trevijano).

    Entre la crisis y la llegada a la madurez de las generaciones no socializadas en las postrimerías de la dictadura se vislumbra ya la poca aceptación -que va en aumento- de ese proceso de conclusión del franquismo e inicio de la “democracia”.

    Por otro lado, no acabo de estar en desacuerdo con el método que se describe en el artículo “bottom-down”, es decir, de elaboración y plasmación del sistema político por parte las élites. Creo que es un tema éste de pura habilidad política, incluso de realpolitik, en el que me costaría hacerme un juicio moral justo y más si da lugar a un buen sistema político-o el mejor de los posibles-. Estoy en desacuerdo con el resultado final, y ello se demuestra por cuanto quienes participaron en el diseño “bottom-down” para nada previeron mecanismos de participación política posterior con una ciudadanía algo más madura.

  9. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    D. Nicofiro, no me opongo a retocar la Constitución, pero no veo la necesidad de una Segunda Transición. Díganos qué retocamos exactamente, con qué finalidad consensuable, qué efectos prácticos positivos de toda índole tiene para “nosotros, el Pueblo” y hablemos. Por cierto, omití al Sr. Mas y el Sr. Junqueras en mi lista de próceres, espero que no se ofendan, ni tantos otros “cuadros” de los partidos actuales. Pregunten al propio Trías, depositario de los papeles de Navarro, sobre la política en la que estuvo (¿y sigue estando?), a ver qué opina.

  10. Marcos
    Marcos Dice:

    Los grandes errores históricos de Suárez

    Los grandes errores históricos y torpezas personales de Suárez fueron:

    1. El café para todos, que ha demolido la conciencia política y social de la unidad de España, y sembrado las semillas de nuestra destrucción nacional y nuestra ruina económica, sin duda uno de los hechos más graves y potencialmente destructivos de nuestra historia. En primer lugar, era algo tan insólito que no existe en ninguna otra nación histórica. No existe un precedente ni siquiera en la antigua Grecia, madre de todas las formas federadas o confederadas, donde se haya originado una federación a partir de un Estado unitario. En segundo lugar, es una aberración conceptual, porque la autonomía ni siquiera puede existir entre Estados soberanos en el concierto internacional, ningún Estado es autónomo, excepto los imperios. Y lo peor, que las autonomías españolas ocultan su verdadera causa original: la colocación masiva (unos dos millones) de partidarios y partidistas, más familiares y amigos, en puestos del Estado y el despilfarro de dinero público sin control alguno. En conjunto, una dilapidación anual del 10% del PIB, el mayor saqueo legal a un pueblo jamás conocido (1).

    2. Consagrar el sistema proporcional (listas de partidos) para la elección de los representantes políticos, un sistema que tendió una mullida alfombra a Mussolini y Hitler para que subieran al poder sin disparar un tiro.

    3. Haber copiado el desastroso y corrupto régimen italiano, para que el poder legislativo dependiera totalmente del poder ejecutivo.

    4. Haber impulsado la creación de un Tribunal Constitucional de carácter político.

    5. Haber puesto el poder judicial a las órdenes de los dos partidos hegemónicos.

    6. Haber cargado sobre los contribuyentes la financiación de los partidos políticos, sindicatos y patronales.

    7. Haber creado un Senado artificial sin nada que lo justifique.

    8.- Haber sometido al poder político todos los organismos de control: BdE, CNMV, CNE, Tribunal de Cuentas, INE, etc.

    Se trata del modelo de Estado más corrupto y disparatado del mundo desarrollado.

    FUENTE:

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