La amenaza yihadista y el Derecho penal del enemigo

¿Le parece a usted normal, querido lector, o incluso deseable, penalizar la lectura habitual de páginas webs que ensalzan la Yihad? ¿Se ha parado a pensar a dónde estamos conduciendo nuestro Derecho penal, si es que aun cabe llamarlo así? ¿Ha reflexionado usted sobre sus implicaciones para nuestra convivencia democrática, esa que supuestamente pretendemos defender con este tipo de normas?

Los atentados de París han creado una enorme conmoción a nivel internacional. “Francia está en guerra”, ha afirmado su primer ministro, Manuel Valls. Diecisiete asesinatos no son poca cosa, sin duda. Pero no hay que viajar a Nigeria, Yemen o Afganistán para ponerlos en contexto. Como nos recordaba hace poco Iñaki Arteta con su magnífico documental titulado 1980, ese año ETA asesinó a 98 personas. Es cierto que solo en un día, el 11 de septiembre de 2001, el terrorismo yihadista asesinó a tres mil, y que el 11 de marzo de 2004 fueron asesinadas 190 en Madrid. ¿Estamos en guerra entonces, una que justificaría un Derecho penal del enemigo? Cabe dudarlo. En la última gran guerra internacional, EEUU, la potencia combatiente con menos víctimas mortales, perdía casi 300 al día (Alemania 3500). Incluso en Vietnam perdió 11 vidas diariamente durante toda una década. Sin embargo, la retórica bélica domina totalmente nuestro discurso político y periodístico en Europa (no digamos en EEUU), pese a que la posibilidad de derrota militar sea inexistente. Está en juego nuestra supervivencia como civilización, se dice, y lo que procede es reaccionar en consecuencia, especialmente con el Derecho penal.

Como ocurre siempre ante cada nueva crisis, en España el miedo se aplaca con los ritos simbólicos ya conocidos: los políticos anuncian nuevas medidas de emergencia, incluidas las legislativas, y algunas de ellas, incluso, se terminan aprobando. El pasado día 14 de enero el PP y el PSOE anunciaron su disponibilidad a llegar a un nuevo acuerdo sobre materia penal que se concretará, como suele ser ya habitual en toda Europa, en nuevos tipos bastante abiertos (entre ellos el de la consulta de páginas web citada y la intención de preparar atentados sin asociación ninguna) y en un incremento de las penas (en este tema, como en tantos, no hay apenas diferencia entre “progresistas” y “conservadores”). La música nos suena ya muy vieja. Desde hace treinta años, desde que Günther Jakobs acuñase el término, los penalistas vienen discutiendo sobre este fenómeno del “Derecho penal del enemigo” y sobre “la expansión” del Derecho penal. Pues bien, parece claro que esta discutible tendencia no ha hecho más que acelerarse, y que ahora está adquiriendo una peligrosa velocidad de vértigo.

¿Qué es el Derecho penal del enemigo? Para Jakobs se caracterizaría por la concurrencia de tres notas fundamentales. La primera sería el “adelantamiento” de la punibilidad. La norma no mira tanto al pasado, al hecho cometido, como al futuro, a la peligrosidad potencial de la persona (recuerden Minority report de Tom Cruise). La segunda es el agravamiento de las penas, sin apenas diferencia entre la potencia y el acto, es decir, entre la preparación y la consumación. Y la tercera es la supresión o relativización de las garantías procesales (incomunicación, intervención de las comunicaciones, investigaciones secretas, confiscación de pasaportes, etc.). Su justificación descansaría en la amenaza radical para el propio orden jurídico que supondrían determinados delitos, realizados no por ciudadanos “desviados”, sino por verdaderos “enemigos”.

Para Jakobs lo más preocupante era la paulatina contaminación del “Derecho penal del ciudadano”, es decir, del Derecho penal clásico, con sus tipos claros referidos siempre a hechos pretéritos, con la leve incriminación de la preparación y con sus garantías procesales -en definitiva, las notas que asimilamos a un verdadero Estado de Derecho- por este nuevo Derecho penal del enemigo que, en cualquier caso, debería tener un carácter excepcional. Sin embargo, no son pocos los que van más allá y ponen en cuestión la misma justificación de esta excepcionalidad, entre otras cosas por lo difícil que resulta luego evitar esa contaminación. Pero es que, aun siendo posible evitar ese riesgo, se critica especialmente por su inutilidad y por su contradicción con lo que se pretende defender.

Vayamos por partes. La contaminación resulta bastante obvia en la actualidad, e incluso va en aumento. El tratamiento del tráfico de drogas y del blanqueo de capitales es un ejemplo muy claro. Pero es que las técnicas propias del Derecho penal del enemigo no solo se aplican en estos sectores que, pese a no tener potencialidad suficiente para destruir nuestra civilización producen un indudable efecto dañino, sino en sectores cada vez más inocuos. Allí donde la pena no implica privación de libertad su uso es extensivo, como ha demostrado Jesús María Silva (La expansión del Derecho penal. Aspectos de la política criminal en las sociedades postindustriales). Un nuevo ejemplo interesante es la pretensión compartida por muchos partidos de prohibir a los políticos imputados o incluso “investigados” presentarse a las elecciones. Entiéndanme, por supuesto que creo que un político imputado o investigado no debe presentarse a las elecciones, lo que discuto es que una ley tenga que imponerlo. Si un político imputado se presenta a las elecciones y los ciudadanos le votan no tenemos civilización que defender (no confundamos la moral y la política con el Derecho, por favor). Pero es que, incluso, esa política punitiva amenaza con extenderse a las mismísimas penas de privación de libertad por delitos de escasa relevancia social. Es lo que Silva ha denominado la “tercera velocidad” de nuestro Ordenamiento penal.

Si de la contaminación pasamos a la justificación de la excepción, la conclusión sigue siendo igual de preocupante. En realidad, lo que existe no es el miedo a una derrota militar, sino a una “contaminación política y social”, como demuestra el último libro de Houllebecq, tan expresivamente titulado “Sumisión”. Un miedo a que los ciudadanos dejen de ser, efectivamente, “ciudadanos”. Sin embargo, el Derecho penal del enemigo supone una implícita legitimación de -precisamente- la Yihad o el combate bélico entre combatientes enemigos situados en una relativa posición de igualdad, por mucho que nosotros siempre seamos los buenos. De esta manera, su efecto disuasorio es nulo. Como ha señalado Manuel Cancio (Derecho penal del enemigo) “la mayor desautorización que puede corresponder a esa desafección intentada por el “enemigo” es la reafirmación de la pertenencia del sujeto en cuestión a la ciudadanía general, es decir, la afirmación de que su infracción es un delito, no un acto cometido en una guerra”. La lucha frente a ETA dio un paso de gigante cuando sus militantes consiguieron ser “reducidos” de la categoría de gudaris enemigos a la de simples ciudadanos delincuentes. La retórica bélica en boga no parece, pues, muy recomendable. Todavía menos si nos percatamos de su efecto respecto de la ciudadanía en general, pues fomentará sospechar de quinta columnistas respecto de todos aquellos “próximos” al “enemigo”, ya sea por compartir una religión o una nacionalidad.

Esto último nos corrobora, por si hiciera falta, que lo que realmente está en juego no es la utilidad de estas medidas, sino los principios de un Estado democrático y de Derecho. Al igual que negociar con ETA no era la mejor forma de eliminar la coacción antidemocrática que ella implicaba, sucumbir a la amenaza de devaluar nuestros principios democráticos y liberales mediante la aceptación acrítica del Derecho penal del enemigo no es, precisamente, la mejor forma de luchar contra ella.

¿Todos somos Charlie? Ok, pues para empezar tendremos, como ellos, que acostumbrarnos a jugarnos la vida con pocos guardaespaldas. Es el riesgo que conlleva la libertad.

 

 

15 comentarios
  1. Gonzalo García Abad
    Gonzalo García Abad Dice:

    Buena argumentación. Creo que la amenaza contra los distintos tipos de criminalidad es más una cuestión de continua mejora de procedimientos que una cuestión de incremento de medios o de instauración de excepcionalidades. Tras el 11-S algunos decían que había terminado nuestra sociedad de libertades tal como la conocíamos, que muchas libertades habrían de ser ampliamente restringidas. Tras más de 13 años no se ha visto que hayamos llegado a tanto. Si hemos realizado importantes avances contra este tipo de terrorismo, ¿por qué ahora cambiar y endurecer esas medidas? Tenemos que tener mucho cuidado con la escalada de medidas contra cualquier tipo de criminalidad. En primer lugar porque algunas pueden ser jurídica, polítca o éticamente inaceptables. Pero incluso cuando algunas medidas sean asumibles no debemos desgastarlas todas de golpe. Un ejemplo claro es el endurecimiento de las penas. Si la batalla se prevé larga, si en algún momento el problema se agrava, ¿qué haremos cuando ya las penas no puedan incrementarse más? Otro ejemplo claro es el de el incremento de medios personales y materiales en la lucha contra un tipo concreto de criminalidad. En un momento concreto puede ser necesario, pero no se pueden desabrigar otros frentes. De nada serviría la obtención de resultados en un ámbito si van en detrimento de los resultados en otros ámbitos de criminalidad organizada. Creo que lo mejor es una respuesta pausada, un aprendizaje continuo y también la valoración de los logros que se han conseguido hasta ahora sin las nuevas medidas. Y cualquier medida debe pasar un doble filtro: el del consenso político, pero también el del consenso de la recomendación de los expertos en la investigación de este tipo de criminalidad. Podemos tener claro que si instalamos el miedo y la excepcionalidad en nuestra sociedad, entonces nosotros mismos seremos los verdugos de nuestra civilización. Se tratará de una profecía que se autocumple.

    Un cordial saludo.

  2. nicofiro
    nicofiro Dice:

    Totalmente de acuerdo con casi todo lo que aquí se dice.

    Me gustaría hacer hincapié en una cuestión y es el ridículo riesgo que supone la amenaza terrorista. Es mi opinión personal y a lo mejor es que soy poco empático, pero entre Enero y Julio del pasado año murieron 185 personas por ahogamiento. Aún así, nadie le ha declarado la guerra al mar o las piscinas ni se persigue a los padres que llevan a sus hijos a bañarse, pese a que el ahogamiento es la primera causa de muerte accidental entre los chiquillos. Las cifras de muertes por violencia domestica también son regularmente muy superiores a los 17 muertos de Francia (aunque en España si se le ha declarado un poco la guerra, no así en muchos países europeos).

    Entiendo que sobre todo el ejemplo de los ahogamiento es cuestionable por nl ser plenamente comparable, pero creo que muestra bien a lo que me refiero. Y es que de momento el terrorismo islamista es un problema de un impacto bastante relativo en Europa. Vistas las cifras fríamente, en mi opinión no es una amenaza que justifique abandonar principios democráticos básicos.

    Hay un punto en el que no acabo de estar de acuerdo: precisamente con ETA creo que existe un buen componente de la “enemigación”. No soy experto en derecho penal español, pero cosas como la competencia exclusiva de la AN, el tipo abierto de enaltecimiento, las grandes diferencias entre el tratamiento que recibe una quema de contenedor en Hernani que en Sevilla, las sentencias del TEDH… ya digo que hablo sin un conocimiento profundo de las leyes y la jurisprudencia en este tema, pero creo que es evidente que al terrorista de ETA no se le trata como a un delincuente normal.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      Efectivamente, la lucha antiterrorista en España ha ido incorporando paulatinamente elementos de ese Derecho penal del enemigo (aunque de forma un tanto caótica o incluso contradictoria), elementos, por cierto, que se han ido extendiendo a otros sectores como el del narcotráfico o la delincuencia organizada. Lo que dudo absolutamente es hayan sido precisamente esos elementos los que han contribuido a la derrota de ETA. Creo que el éxito policial es el responsable fundamental, junto con la movilización social de sectores cada vez más importantes de la sociedad vasca y española. Pero esos dos elementos son precisamente los que degradan la condición de “combatiente enemigo” del terrorista y lo reducen a la condición de delincuente-criminal. La retórica bélica se abandonó hace tiempo en España, afortunadamente, pero ahora vuelve con fuerza y eso es muy preocupante. Pensemos, además, que contra ETA nunca se llegó a proponer que fuese delito consultar webs o formar un grupo terrorista de una sola persona.

    • nicofiro
      nicofiro Dice:

      Gracias por la respuesta, con la que no puedo estar más de acuerdo. (Pese a que en mi comentario no quedase claro, también creo que los elementos del Derecho penal del enemigo no han resultado determinantes en los éxitos de la lucha antiterrorista.)

      Querría mostrar otro ejemplo de lo que comentaba de dar demasiada importancia al terrorismo. El País se hace eco hoy de un estudio que analizando las enfermedades asociadas al ruido habla de que se podrían salvar 427 vidas al año en Madrid. No soy médico y no me he leído el estudio en cuestión. Tengo serias dudas de que el titular sea del todo preciso. Aún así, parece que efectivamente el exceso de ruido genera problemas sanitarios de primera magnitud, muy por encima de 17 muertos anuales (no hablemos ya de la polución). Pero claro, a ver quién le explica al electorado que la lucha “antiruido” puede salvar más vidas que la guerra al terrorismo.

  3. EB
    EB Dice:

    Rodrigo, el poder disuasivo del derecho penal siempre ha condicionado los debates sobre tipificación de delitos y sentencias, además de las cuestiones procesales. Por definición, ese poder disuasivo se refiere al futuro y no al pasado, mucho más si se acepta que ninguna reforma puede tener carácter retroactivo. Le agradeceré explique cómo la disuasión entra o no en su análisis.

    Además, en el caso particular de la amenaza yihadista (término usado para confundir o negar los orígenes de la amenaza), mientras no haya un planteamiento político claro sobre lo que está en juego no puede esperarse que los políticos (sí, los mismos inútiles y corruptos denunciados en este blog continuamente) puedan discutir seriamente sus consecuencias para el derecho penal. No veo interesados en un debate serio sobre el problema de fondo. Sí veo intentos por aprovechar políticamente cualquier incidente.

    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      La disuasión, efectivamente, es un elemento del Derecho penal clásico. La pena es lo que a uno le espera cuando comete un hecho tipificado y causa un daño. Responde, entonces, al principio clásico de la justicia conmutativa y, en ese sentido, puede decirse que tiene un efecto disuasorio. Pero el Derecho penal del enemigo mira al futuro tipificando el “hecho” antes de que el efecto dañino se haya producido y nazca cualquier tipo de necesidad de reparación. Cuando se consulta una página web ¿qué daño se comete?, ¿y a quién? Su disuasión se refiere al “ser peligroso” (capaz de actos lesivos en un futuro), independientemente de que se haga algo dañino o no, y por eso es claramente antiliberal. Es como encerrar a los ciudadanos alemanes residentes en el Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, por temor a su posible actuación lesiva… pero, claro, sin guerra de ningún tipo.

  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Si alguien accede a una web ensalzando la pederastia o la superioridad de un hombre sobre una mujer o de una mujer hetero sobre una lesbiana seguro que ya incurre en algún tipo penal o acción sancionable administrativamente (que es bastante peor). Ya tenemos presos por Twitter.

    Y no digamos si fomenta la conducción a 193.5Kms/hora a la altura de Ocaña o la rebelión fiscal porque los IBI’s se multiplican por 3 en plena depresión. Ya no recuerdo si la blasfemia en una “¨güé” sigue dentro o fuera del CP porque hoy los códigos penales son de chicle y más en tiempo electoral. Otra línea de negocio para los “Demóscopos” Políticos y Observatorios varios.

    Desde esta perspectiva es como hay que ver el asunto de la Yihad “güevera”.

    Estamos en pleno ciclo represivo y de ingeniería social y apenas se hace un análisis mínimamente serio de en qué consiste la libertad del ciudadano de a pie. De verdad.
    Si lo hiciéramos veríamos qué poquito podemos hacer sin pedir permiso a la autoridad.

    El caso es que el último año que ha reportado uno de esos Observatorios Globales sobre el terrorismo hubo en 2013 nada menos que 50 al día en el mundo. De ellos, 40 Diarios fueron en Iraq, Paquistán, Nigeria, Siria y Afganistán.

    Intentemos visualizar el significado de esta actividad. ¿Es esto terrorismo? Yo creo que no. Es una guerra moderna de guerrillas que comienzan a tener territorio. De vez en cuando cae un obús en París, Madrid o New York. Pasa.

    Y si analizamos cómo empieza esta guerra nos vamos a encontrar con algunos de los personajes que la semana pasada se organizaron una sesión de “Mani Privée” para las fotos en Paris.

    El deterioro de los códigos penales, como dice Rodrigo, lleva mucho tiempo reptando y hoy tenemos bodrios electoralistas propios de una sociedad que debiera psicoanalizarse.

    ¿Que meten la Yihad también?
    De verdad, ¿se iba a notar más de lo que ya se nota?

    Hay una guerra en el mundo, parece que la comenzamos nosotros (Wesley Clark, Ron Paul, etc)
    https://www.youtube.com/watch?v=_gHkO0BMlM4 y sólo percibimos los síntomas cuando nos los ponen cerca

    Saludos

    • Jesús Casas
      Jesús Casas Dice:

      Disculpe por responder, Sr. Oquendo, ¿las niñas secuestradas por Boko Haram son reales?¿La escuela de Peshawar y la de Beslán son reales?¿Es que no hemos aprendido nada de Buda, Jesús…Mohandas Grandi, Martin L. King, Agnes Goshka o Malala Yousafzai, etc.? La Yihad no es una guerra defensiva contra un Imperio perdedor y opresor (que es lo que posiblemente somos, como Ud. dice) sino la conquista del enemigo moral – el infiel -(el que no acepta la sumisión que impone el Corán) y por eso del otro lado (Bush, sin ir más lejos) esgrimen otro Libro que también habla de infieles. Ya lo he escrito aquí: NO soy Charli Hebdo, ni comparto lo que dibujaban las víctimas y ahora sus compañeros, pero opino que, primero, deben tener libertad para dibujar como quieran a cualquier profeta; segundo, que si ofenden su condena es moral, salvo que haya Ley que prohiba y pene la blasfemia; y, tercero, que en ningún caso el ofendido puede matar y menos porque los drones maten a niños o los Israelíes se defiendan atacando. Comparto lo que dice, pero la brutalidad del otro lado no es mejor ni peor que la nuestra, es igual de brutal. Un muerto inocente (no un combatiente) es una tragedia irremediable en cualquier bando, lo pongan en TV o no, sea quien sea el asesino y sean quienes sean sus sicarios, y sean cuáles sean sus motivos (religiosos, morales, económicos, políticos…). No sé si tenemos remedio como especie. Ya hubo un mundo sin nosotros y Alan Weisman ya escribió cómo será cuando no estemos. Será violento, en todo caso,como lo es la naturaleza, aunque puro: no tendrá percepción del bien y del mal. Creo yo.

    • Jesús Casas
      Jesús Casas Dice:

      Abajo, donde dice “perdedor” debe decir “predador” pero el corrector automático no le ha gustado la palabra…

  5. uno que pasaba
    uno que pasaba Dice:

    Tremendo video Sñ. Oquendo. En cierta ocasión un descendiente del Rey David versado en leyes y en las sagradas escrituras pronunció las siguientes palabras “quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Dos mil años después estas palabras siguen siendo revolucionarias y quién sabe si ilegales también.

  6. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Sr. Tena, otra vez se mete Ud. en cuestiones tan de fondo que voy a esperar a la noche para leer los comentarios y luego intentaré participar, siempre desde la melancolía o el exilio.

  7. Jesús Casas
    Jesús Casas Dice:

    Complicado. De un lado, una de las funciones elementales del Estado es proteger a la ciudadanía de la violencia (incluida la del propio Estado, claro, tenga base legal o ilegal). Tal y como lo concebimos, el Derecho penal es un mínimo ético y por tanto hay que indagar en cuál es ese mínimo ético. En “Occidente” (esta expresión no es exacta, pero es la que hay) desposarse – por ser educado – con una o varias menores de edad, puede estar tipificado. En determinados países africanos es una costumbre, inaceptable para nosotros, pero no para esas sociedades. No es relativismo moral, sino que el “transporte” de la moral de un lugar y tiempo a otro lugar y tiempo da resultados no reales. Mis percepciones morales, por lo demás, no tienen que ser equivalentes a las sociales. Ejemplos típicos: eutanasia, aborto, ayuda al suicidio…La cuestión que no veo en su profundo “post” es si el Derecho penal es apto para situaciones de guerra sin frente (las líneas Sigfrido y Maginot son de hace un siglo). Porque si hay guerra, lo que debe aplicarse es el Derecho bélico y esta es la reflexion en la que me encuentro una vez más, pero el Derecho bélico tal vez no se ha modificado y por ello se acude a desnaturalizar el Derecho penal en tantos ámbitos, como señalan Ud. y los glosadores de hoy. Ud. tiene un terrorista armado en en centro de una ciudad y es un combatiente, no un simple criminal, y Ud. debe aplicar reglas de enfrentamiento, y tras ellas, si el enemigo sobrevive, el Derecho procesal penal y el penal, pero no antes. ¿Puede Ud. atacar preventivamente al enemigo declarado? Pues lo que digan las Convenciones de Viena de Derecho bélico. El Sr. Oquendo plantea, además, que nosotros no somos los buenos. Claro, en las guerras sólo hay un bando bueno: la población civil no combatiente, que normalmente las pierde. Pero ETA y los Yihadistas son enemigo autodeclarado, cualquiera que sea quien comenzó este desastre y los motivos por los que los comenzó. ¿Cuál es la solución? ¿La alianza de civilizaciones de Zapatero y Erdogan? ¿Una conferencia de paz en serio que permita – como parece que comienza a explorarse – aislar al terrorismo con el concurso de los “Países Árabes”? ¿Qué recursos petrolíferos hay en Afganistan? ¿Alguien duda de que hay que poner fin a los talibanes? La cuestión es cuánto se invierte en agua corriente, alimentación, higiene, sanidad y educación desde que se conquista por la fuerza un territorio. Nada es nuevo, los Persas, los Medos, los Partos…son los mismos lugares en los que nos matamos siempre por los mismos motivos de siempre. Y, como Ud. dice, con renuncia a los principios fundamentales del Derecho penal: Nullum crimen, nula pena sine lege, pero además, no cualquier conducta puede ser penalmente relevante. Disculpen el rollo.

  8. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    El dato al cual me referí esta mañana era de Global Terrorism Index para el 2013, el último reportado. En ese año hubo globalmente 17,958 actos terroristas y 80% de ellos tuvieron lugar en Paquistán, Afganistán, Iraq, Siria y Nigeria.
    Son cuarenta ataques diarios en estos países. Como en Vietnam en plena guerra.

    Esto no es un problema civil tratable con un código penal y unos CRS, Geos, etc. Es una guerra y quien no quiera reconocerlo tiene un caso agudo de disonancia cognitiva además de un problemón militar porque la guerrilla ya ha llevado la Guerra a sus ciudades y es cuestión de tiempo el que comiencen a consolidar primero tierra quemada y luego territorio políticamente controlado.
    Lo escribimos nosotros contra Napoleón y lo convirtió en Arte el general Giap contra Westmoreland y otros. Hoy nos lo están haciendo a nosotros.

    ISIS es esto, el arranque de la fase de consolidación política en determinados territorios. La fase siguiente será pactar “paz militar por el territorio que ya tengo”.

    Por cierto que ayer en Gaza estaba ISIS abrazado a Hamas. Lo siguiente será enterarnos de que fondos de la UE están financiando ISIS vía Palestina.

    Los estados europeos tendrán que terminar negociando y conceder más poder a esta gente. Lo hizo UK con el IRA, lo hemos hecho con ETA, lo hace la UE con Hamas (organización terrorista en proceso de hacerse “protectorado” a cambio de menos bombas, etc)

    Es muy complicado que pueda ser de otra forma porque llevamos décadas fomentando el “buenrrollismo” desarmado en casa y así no es posible enfrentarse con éxito –¿desde la sociedad civil?– a un problema militar en toda regla. Es necesario recurrir a reglas de la guerra. Es decir, ocupando territorio con tus propias tropas porque si no lo haces, por mucha bombita que sueltes desde el aire, siempre pierdes.

    Y si no estás dispuesto a hacerlo, olvídate y como dice Michael Mann a John Hall en “Power in the 21st Century” …”vamos a hacernos amigos suyos y a comprarlos si hace falta”
    “Let’s make friends with them and buy them off. Es la receta oficial bendecida y con lazo.

    Nuestras sociedades se conocen como apolíneas o de tipo “emotivista”. Para algunos tratadistas están en fin de ciclo y ya vienen dando caña las viejas sociedades “heroicas”, también conocidas como dionisíacas.

    Luego está el asunto de si nosotros somos inocentes. Yo creo que no, que tenemos bastante culpa pero no estoy seguro de que sea premeditado.

    Ahmed Rashid lo achaca a gobernantes incompetentes más que a mala fe. Desde luego querer resolverlo con el Código Penal es no querer entender lo que sucede o aprovecharlo para que no se te desmande el rebaño dócil.

    Buenas noches

  9. ENNECERUS
    ENNECERUS Dice:

    Por definición en toda guerra siempre hay un malo: El enemigo. Sólo despues de la derrota (siempre) y de la victoria (en contadísimos casos) se analiza si los malos fuimos nosotros.
    La novedad es que ahora estamos en un escenario inédito. Ellos son malos porque nosotros somos malos, malísimos (rendición preventiva). Por todo, por existir, por que no creemos en nada, salvo en la economía y además ellos son pobres porque nosotros somos ricos y nosotros somos pobres porque entre nosotros los hay demasiado ricos. Y tenemos derecho a vivir sin trabajar y ellos a vivir, como nosotros, de las ayudas sociales.
    De repente, descubrimos que las ayudas sociales no sirven para evitar la radicalización de los islamistas nietos (tercera generación) de inmigrantes legales.
    Como la sociedad está desarmada moralmente, las respuestas a las agresiones son inadecuadas, espasmódicas y por supuesto, liberticidas. Todo lo que sea aumentar los poderes excepcionales del estado, a través de la metástasis de las potestades sancionadora, restrictora, constrictora y policial serán bien recibidas por una sociedad miedosa, medrosa y moralmente deconstruida, al punto de que bien pronto pasará del estado líquido al gaseoso sin darse cuenta de ello.
    En la libertad, en el ensayo y error y en la recuperación en la creencia en valores compartidos y referencias intangibles está la solución. Dinámica, cambiante, adaptativa y en constante progreso.
    Pero vamos por otro camino, totalmente equivocado e inútil.
    Por otra parte, una pequeña disgresión. No es lo mismo ahogarse en una piscina en la que te bañas libremente a que te ahoguen. No es lo mismo suicidarte, dándote tiempo a quitarte los guantes y deshacerte de ellos después de dispararte en el cuello a que te maten en vísperas de una crucial comparecencia parlamentaria. No es lo mismo morir en accidente de avión a que te estrellen el avión contra un edificio y mueras en consecuencia. No es lo mismo morir en accidente de tráfico a morir en atentado terrorista. No es lo mismo que mueras tú a que muera yo.

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