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Diario de Barcelona: La partición de España

Mientras en el Congreso de los Diputados, que según la Constitución representa la soberanía nacional, se intenta infructuosamente formar un gobierno que dirija la política –y el presupuesto- de todos los españoles, o sea su bienestar, el Parlament de Catalunya trata de sacar adelante un proceso cuya consecuencia final sea la partición de España. En el Congreso nadie tiene, de momento, la mayoría suficiente para poder formar gobierno. Y en el Parlament, los diputados sí tienen la mayoría suficiente en escaños para iniciar ese dramático –pues estamos hablando de un drama- proceso, pero les falta un buen puñado de votos populares para constituirse en mayoría popular. Los catalanes han preferido mayoritariamente permanecer al lado de España, mas eso es una opinión que puede cambiar, como los votos, en cualquier momento. Y, para acabarlo de complicar, sus representantes opinan lo contrario.

Quienes conocen las leyes y los mecanismos, a veces sutiles, del derecho, tienen las ideas claras. Solamente, según la Constitución, representan la soberanía nacional los diputados del Congreso. Los diputados del Parlament de Catalunya, como los del resto de parlamentos autonómicos, representan los intereses de la Comunidad, región o nacionalidad, según se digan. Mas según el artículo 55.1 del Estatut de Catalunya de 2006, el Parlament de Catalunya representa también –y no es poco- al pueblo catalán. Ese pueblo, representado por su parlamento, se habría pronunciado por la independencia, se argumenta. Seamos claros: por la partición de España.

Pero el Estatut también dice que uno de los principios por los que se rige es el de la lealtad institucional. Y, además, la Constitución es la norma suprema de todos los españoles y es superior en rango al Estatut. Y, en cualquier caso y en el supuesto de conflicto, será el Tribunal Constitucional quien deba decidir lo que es la Constitución y lo que no es.Lo que es ser leal o desleal, en términos constitucionales. Son la única voz autorizada para interpretarla y hacerla cumplir. Bien. Así las cosas, el llamado gráficamente choque de trenes está garantizado. ¿Alguien se imagina a un grupo de policías deteniendo a la presidenta del Parlament de Catalunya? A mi me resulta difícil imaginarlo. Mucho menos una situación como la que provocó la intervención del general Batet –tío abuelo de la diputada socialista MaritxelBatet- en la plaza de Sant Jaume en 1934. ¿Entonces? ¿Qué hacer?

De momento, al margen de unas cuantas palabras, Rajoy no ha hecho nada. En fin, nada, nada, tampoco. Ha habido guerra sucia orquestada desde las cloacas del ministerio del Interior. Guerra sucia que ha hecho aflorar mucha mierda –perdonen la expresión- que estaba como empantanada sin que se acabase de desbordar hasta que lo hizo con el caso Pujol y luego a través de las escuchas en el despacho del ministro del Interior. No ha habido ninguna política. Y sí mas de una sucia acción que ha tintado de sospechas al presidente y a su entorno.

Desde el partido socialista, por otra parte, empujado por el PSC, se predica acerca de las bondades del federalismo; y si ese federalismo es asimétrico, mejor. Y desde el resto de partidos, a excepción del PP y de Ciudadanos, se intenta capear el temporal como buenamente se puede, o sea muy mal. Ciudadanos representa la resistencia y de ahí no se mueven. Los del PP se han aferrado a las viejas banderas, impasibles al ademán, o a entretenerse escuchando al vecindario.

Cuando ustedes, lectores y amigos compatriotas españoles, nos preguntan a los catalanes que también queremos seguir siendo españoles, qué es lo que pasa aquende el Ebro, como si nuestras montañas, ríos, valles y praderas fuesen un Pakistán desgajado de la India, la verdad es que llega un momento que no sabemos que responder porque no tenemos explicación razonable. A lo sumo, les repetimos eso que nos dicen nuestros parientes independentistas: se trata de un sentimiento; y contra los sentimientos es imposible combatir. Estamos, pues, ante un drama sentimental. Ocurre como con el amor. Si nos enamoramos de una persona que a nosotros nos parece la mas hermosa o guapo del mundo, ya nos pueden decir lo que sea, que nos seguirá pareciendo su belleza y hermosura muy superior a la Venus o la de Apolo. Pues eso pasa con Catalunya, así, con “ny” en lugar de “ñ”. Que a una buena parte de catalanes les parece tan hermosa, tan singular, tan llena de mar y de montañas, tan “rica i plena”, que para nada necesita a España.

A finales del siglo XVIII y durante una buena parte del XIX, la intelectualidad catalana se sentía tan a gusto de ser española que incluso decían que no entendían como antes no lo habían visto. Dou –primer presidente de las Cortes en Cádiz-, Finestres o Campmany, lo más granado de la intelectualidad catalana de entonces eso decían. Lógico. Primero, después del cuarto decreto de Nueva Planta, a los catalanes se les abrió, sin fronteras, todo el mercado español; y, poco después, nada menos que la América hispana. Hasta finales del XIX no se deshizo el encanto. Fue la generación llamada del 98, arrastrada tras la pérdida de las colonias, la que empezó a proferir denuestos contra España. Cánovas, un poco antes, el gran Cánovas del Castillo ya había afirmado que se era español porque no se podía ser otra cosa. Y Ortega unos tres decenios más tarde opinaba que no había ni un solo periodo de la historia de España que pudiese ser admirado, ni siquiera el del emperador Carlos V. Y así fue creciendo en Cataluña la desafección hacia España y lo español.

Seguiré contándoles cómo se fue gestando y en el estado en el que se encuentra esta desafección que hoy parece irreversible. Serán ustedes mismos quienes juzguen si dan por buenas las premisas que iremos colocando y discutiendo. Al final del drama, seguro, todos llegaremos a la misma conclusión. ¿Cuál? Pues la de la inevitabilidad del choque de trenes. ¿Resultado?: Una catástrofe. No conozco un solo drama que haya terminado bien. Sólo después del conflicto y de la violencia que conlleva un conflicto, es posible llegar a un acuerdo. Y en Cataluña estamos al borde del conflicto. La única incógnita es conocer qué tipo de violencia se va a generar. Y en esto yo me mantengo optimista y creo que la sangre –literalmente- no llegará al Ebro.

 

8 comentarios
  1. Teilhard
    Teilhard Dice:

    No es la única fractura, la denunciada en el artículo. Cada acto de corrupcion también es un atentado a la unidad del país. Con ella, se separa esa parte de la nación a la que se aplica la ley de esa otra parte que impunemente actúa al margen de la misma. Pero parece ser que solo la ruptura territorial merece tal calificativo mientras que la ruptura funcional se nos traslada como un problema menor comparativamente. Cuando la corrupcion funcional llega a un cierto grado pierde su sentido hablar de partición.

    Saludos

  2. Hermes
    Hermes Dice:

    Treinta y pico años incitando al odio desde las televisiones autonómicas acaba por producir eso, odio, en varios grados, pero odio. Repetir mentiras miles de veces en la intimidad de los hogares día tras día acaba por producir verdades. Acaba por producir ese sentimiento del que habla el autor. Ese sentimiento se ha fabricado cuidadosamente desde el poder. Desde el poder y con fondos públicos. Tan es así, que está mal visto no compartirlo, se ha convertido en algo más allá, algo que no se contrasta pues es eso, un sentimiento incuestionable.

    Y si el problema acabara ahí bueno, pero un Catexit sería una herida enorme para Europa y una herida enorme también para Cataluña y para España. Un Catexit no sería un corte limpio, no, acabaría dividiendo de forma irreversible a Cataluña peor que el Brexit.
    Y encima de ello, está la gobernanza de esa Cataluña. ¿Que plan de país tienen la CUP, ERC o la Convergencia recauchutada? ¿Que liderazgo hay para emprender esa empresa más allá del odio? ¿Que "checks and balances" tiene la gobernanza Catalana para que suceda lo de Pujol & Co durante tantos años? ¿Con que bagaje se plantea este viaje? El bagaje es eso, el odio larvado cuidadosamente y no mucho más.

    Se pasa la cuarta revolución industrial, contaminados por odio, mirando hacia atrás y hacia lo que nos separa. Nada bueno puede salir de ahí.

  3. O,farrill
    O,farrill Dice:

    Sobre el proceso "secesionista", "separatista" (o como queramos llamarlo) de Cataluña ha corrido ya mucha tinta y pocas, muy pocas, actividades parlamentarias de la "representación de la soberanía popular", como señala el autor al comienzo del artículo.
    En mi modesta opinión, Cataluña ha vivido (y quizás siga viviendo) momentos de mayor o menor énfasis en este asunto y, desde luego, el texto constitucional que, cuando se redactó, ya llevaba "adelantos preautonómicos", no ayuda nada a aclarar la situación. la inclusión del término "nacionalidades" en su artº 2 (de la que nadie sabe cómo se hizo) junto con la "garantía" del Estado para el desarrollo "pleno" de la autonomía (ser autónomo es ser independiente que yo sepa) y un estatuto aprobado por el Parlamento nacional, junto con las cesiones motivadas por el apoyo parlamentario requerido por los gobiernos, creo que tienen mucho que ver con el asunto. Por eso, el TC se ha convertido en el "árbitro" que tiene que resolver sobre reglas confusas y muchas veces contradictorias. No me gustaría estar en el pellejo de sus magistrados a la hora de defender una cosa y la contraria.
    Como la ocasión política (dominada por el "partidismo" en lugar de la verdadera representación popular) está como está, no me extraña que se aproveche la ocasión para producir todo tipo de declaraciones variopintas que lleguen a los titulares mediáticos. Mientras tanto ¿porqué un estado al que se rechaza sigue pagando los sueldos de los cargos públicos que se confiesan como "no españoles"? ¿porqué se pagan sus deudas en lugar de que se resuelvan en los tribunales? ¿porqué no se consideran indebidos o impropios los gastos en mantener el tinglado independentista? Hay que releer la C.E. y descubrir de donde vienen las cosas. Un saludo.

  4. Miguel_1960
    Miguel_1960 Dice:

    Lo que no entiendo es cómo se retira a los militares de los cuarteles, a los policias y guardias civiles de sus puestos, a los jueces y magistrados de sus despachos, a los funcionarios de la Agencia Tributaria, de AENA, de la Autoridad Portuaria y al resto de todo lo que el Estado tiene en Cataluña si aquel no quiere. Las leyes que pueda aprobar el Parlament son papel mojado sin poder de coacción -incluso dando la vida- para que ellas se cumplan. Durante los últimos 40 años esto se ha obviado, pero es así.

  5. G.P.
    G.P. Dice:

    Yo lo que no entiendo, Miguel_1960, es que en nuestro país tengamos que pensar en militares y cuarteles, policías, jueces, drama, catástrofe, sangre en el río… para un asunto que nuestros vecinos resuelven con una urna en un domingo.
    De verdad que no lo entiendo. Cómo es posible que estemos en España tan atrasados políticamente, tan atrasados socialmente, y tan atrasados culturalmente, viviendo ellos y nosotros en el mismo mundo. No lo entiendo. De verdad se lo digo, con el corazón en la mano: NO LO ENTIENDO.

  6. Miguel_1960
    Miguel_1960 Dice:

    Yo tampoco G.P. entiendo la forma de encajar ese referendum en el actual marco constitucional español y si ello fuera posible que se adecuara a los mayorías establecidas por la Doctrina de la Claridad canadiense. Es una lección histórica que las segregaciones territoriales y movimentos de fronteras unilaterales son fuente de crueles enfrentamientos militares (Antigua Rhodesia, URSS, Yugoeslavia …. ). Soy el primero que no quiere una guerra pero los precedentes cercanos -y lejanos también- son muy tozudos. Claro que tengo que, de corazón, pensar en eso pues una hija y parte de mi familia vive y trabaja en Cataluña.

  7. Carlos
    Carlos Dice:

    Resulta un tanto patético que alguien de la altura de Trías haga este análisis que peca de sentimentalismo e ingenuidad. La reflexión sobre la decadencia de España, más bien, sobre la percepción de decadencia de España, aunque no es para nada nueva, sí es una de las causas más probables del deshilachado de España. Ahora, el relato del amor que nos cuenta es lamentable. Porque como dice Hermes el nacionalismo no es un relato o metáfora de amor sino de odio. En esto del territorio los amores pueden ser compartidos con menos riesgo a cuando compartes amor por varias mujeres. Los sevillanos por poner un ejemplo facilón, están enamoradísimos de su ciudad y no por ello queieren separse del resto de España que es más fea que su ciudad. El hecho de que uno quiera separarse de los que hasta ahora son sus conciudadanos es porque los desprecia o los odia. Es porque han inoculado supremacismo, que en origen era supremacismo racial tanto en el caso vasco como el catalán, y ahora es supremacismo cultural social o del que sea. Nos odian porque somo peores y les lastramos y por eso quieren separarse. Eso es lo que tiene que esplicar Trías y no chorradas de amor.
    Yo lo que quiero es que me explique cómo ha triunfado el relato del odio que es lo que específico del independentismo comparado con el resto de la gente que está también enamorada de su terruño.

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