HD Joven: Notas de un joven Abogado del Estado. Sobre mi oposición

Preparar una oposición es una de esas experiencias vitales que únicamente pueden describir quienes han opositado. A pesar de que existen cientos de artículos, estadísticas y reflexiones acerca de la materia, uno no puede saber si será lo apropiado para él, hasta que se pone a ello. Quizás porque las oposiciones son iguales, pero cada opositor es un mundo.

Ya desde el principio surgen los primeros interrogantes, ¿Seré capaz de adaptarme al ritmo de estudio? Y sobre todo, ¿merece la pena la inversión en tiempo y esfuerzo?

Hoy vengo a relatar mi experiencia durante el año y medio en que preparé la oposición al Cuerpo de Abogados del Estado, al que hoy pertenezco. De entrada, reconozco que el sistema de oposición aporta valores tales como la constancia, el esfuerzo y  la humildad.

A pesar de que existen voces críticas al sistema de oposiciones, sigo siendo un firme defensor del mismo por cuanto exige tanto el dominio teórico del ordenamiento como la capacidad de análisis y de aplicación práctica de dichos conocimientos, de tal manera que otorga una formación muy completa al opositor para poder ejercer su profesión futura. Además, este sistema se caracteriza por regirse bajo las máximas de rigor y objetividad, que se manifiestan en la composición heterogénea de los Tribunales, integrados por miembros de distintos cuerpos, que garantiza que los seleccionados sean aquellos que mejor respondan a los criterios que exige la Constitución de igualdad, mérito y capacidad en el acceso a la función pública.

Dentro de los principales críticos al sistema de oposiciones se encuentran los partidarios del sistema privado o de estructura abierta, propio de los países anglosajones, en el que el funcionario es nombrado  para un puesto concreto en función de su experiencia profesional, de modo similar a las pruebas de acceso propias del sector privado. Se trata del sistema característico del Civil Service inglés, así como también de la Administración de los Estados Unidos, cuyo principal beneficio es que simplifica la gestión, pero con el gran inconveniente de no consolidar especialistas en la gestión de la Administración Pública. Por eso, es más conveniente conservar un sistema basado en una relación estatutaria que no sólo implica una mayor vinculación con respecto al ente público, sino también un mayor conocimiento del mismo lo que, sin duda alguna, redunda en un mejor servicio a los administrados, que debe ser el objetivo fundamental de la Administración Pública. Asimismo, el sistema de oposiciones implica que los sujetos que superan los procesos selectivos parten ya con unos conocimientos previos fundamentales para el desempeño diario de su ejercicio profesional.

Otra crítica habitual al sistema de oposiciones es señalar su carácter excesivamente teórico. Esta cuestión es muy discutible, dado que si bien los ejercicios orales están dotados de un carácter eminentemente teórico, dicho supuesto exceso de teorización cesa a la hora de abordar los ejercicios prácticos, donde los opositores se enfrentan a casos reales que, además, deben resolver en un limitado período de tiempo. Por lo tanto, si bien este sistema cuenta con una innegable dimensión teórica, no es menos cierto, que la dimensión práctica del mismo es igual de relevante. De la misma manera, desde ciertos sectores, se afirma que la superación de oposiciones hace que muchos funcionarios no procedan a reciclarse periódicamente en su formación y conocimientos. Esta afirmación tan extendida por algunos espectros críticos, no tiene su reflejo en la realidad, dado que desde su ingreso en los diferentes cuerpos, los funcionarios participan asiduamente en cursos de formación que redundan en una mejor preparación de cara a la prestación de sus funciones. No obstante, dicho esto, no es menos cierto que sería necesaria una mayor inversión en medios personales y materiales para la función pública, dado que el coste sería mínimo en comparación con los beneficios que se proporcionarían a la colectividad.

Finalmente, ante las también asiduas críticas acerca de si el sistema de oposiciones estimula o no a los candidatos mejor preparados, la realidad es manifiesta. En este plano, los opositores a los cuerpos de mayor prestigio de la Administración no sólo están obligados a dar lo máximo de sí y al más alto rendimiento sino que, además, su perfil suele ser uno de los más completos, dado que la mayoría de los opositores, especialmente aquellos de la ramas jurídica y económica, suelen presentar los mejores expedientes académicos de sus respectivas facultades, lo que manifiesta que el mundo de las oposiciones suele atraer a los candidatos con más capacidades, que se enfrentan a un desafío único no sólo por las pocas plazas que se ofertan, sino además porque sus competidores son candidatos que reúnen perfiles igualmente excelentes a los suyos.  Independientemente de estas críticas, me gustaría contarles cuál ha sido mi experiencia concreta para que puedan usarlo como elemento de juicio.

Mi vida como opositor comenzó a mediados de septiembre de 2014, cuando, por primera vez, fui a ‘cantar’ ante mi preparador. Aunque al principio de la oposición uno no es consciente, a medida que pasan los meses se va dando cuenta de la importancia de no ausentarse de ninguno de los ‘cantes semanales’ –en mi caso eran los martes y viernes-. La razón es simple: cantar ante el preparador es lo que pone al opositor más cerca de la aventura final de cantar ante el Tribunal.

Son muchos los factores que influyen en el éxito o fracaso, desde la capacidad de estudio de cada opositor, al nivel intelectual pasando por la oratoria. Uno de los aspectos más relevantes es la disciplina. La disciplina implica una actitud de compromiso a la hora de cumplir los días y horarios de estudio, de tal manera que, desde un principio, deben cumplirse las horas de estudio que uno se haya fijado. Horas reales, eso sí, no horas de reloj, minimizando las distracciones. En la otra cara de la moneda, la disciplina también debe aplicarse respecto a los descansos, en especial, el día de descanso semanal –en este tipo de oposiciones, generalmente suele ser el sábado. Los deportistas necesitan descansar entre prueba y prueba, los opositores también.

Junto a la disciplina, otra condición fundamental del opositor es el foco. El opositor, tanto en los buenos como en los malos momentos, nunca puede perder la referencia de cuál es el fin para el cual estudia. El que no, acabará en el victimismo y la autocompasión con profundos pensamientos del siguiente tono: ¿Qué será de mí si no apruebo? ¿Por qué no dejarlo, si sé que nunca lo conseguiré?

Pero si hay algo fundamental, es gestionar los nervios. Sin duda alguna los nervios del opositor se disparan cuando, tras la convocatoria, comienza a hacer los cálculos de cuándo se examinará y empieza a ‘ponerse en vueltas’, lo que, dicho llanamente, supone que cada vez tiene que ir reteniendo el temario en menos semanas hasta ser capaz de dar una vuelta entera al mismo en menos de una semana y media. . Es en este período cuando únicamente el opositor puede verse obligado a reducir algo los descansos establecidos, sobre todo en las semanas previas al examen. Tras este período, llega el comienzo de los exámenes.  Sobre los exámenes orales, me atrevería a afirmar que tan importante es el minucioso conocimiento del ordenamiento jurídico como la capacidad expositiva, ya que no se puede olvidar que el Tribunal se compone de siete miembros que, durante sesenta y cinco minutos, deben escuchar atentamente al sujeto que expone los temas que haya sacado en el sorteo. No es exactamente una tortura china pero resulta aconsejable facilitar dicha labor del Tribunal exponiendo con claridad el temario. En plata: deben aunarse contenido y forma de manera coherente. A la hora de combatir los nervios que supone cantar ante un Tribunal, yo solía utilizar la siguiente imagen, que no era otra que pensar que el examen no era sino un día más de cante con mis preparadores, sólo que cantaba más temas –siete, no uno- y ante un número de personas más amplio. Un truco tan válido como cualquier otro.

Sin duda, la fecha que nunca olvidaré será la del 22 de abril de 2016, ya que fue el día que el Tribunal comunicó el nombre de los 24 opositores que habíamos superado el proceso selectivo. En mi caso, la preparación había durado un total de un año y siete meses desde el principio de la preparación hasta este último ejercicio. Los siguientes meses fueron de una actividad frenética, ya que en poco más de un mes tuvimos el acto de toma de posesión con el Ministro de Justicia, la asignación de nuestros destinos y apenas empezado junio ya estábamos ejerciendo en nuestras provincias. En mi caso, fui destinado a la Abogacía del Estado en Teruel, donde disfruto mi ejercicio día a día ya que me permite actuar en todos los órdenes jurisdiccionales, además de desarrollar una labor consultiva igualmente interesante. En esta Provincia me he sentido integrado y he recibido apoyo, tanto de personas, como de instituciones, aunque también he tenido momentos cómicos como mi primera actuación en Juzgado, donde, cuando llegué a identificarme, el auxiliar del Juzgado me comentó que menos mal que además del DNI le había entregado el carnet de Abogado del Estado, dado que estimaba que 23 años no era de la edad apropiada para un Abogado del Estado. Esperaba a alguien ‘mucho mayor’. El buen hombre yacerá convencido de que yo era el becario que había acudido a observar la vista.

En síntesis, si tuviera que mencionar las claves para opositar serían: orden, mucha disciplina, no compararse con nadie, no perder nunca esa olvidada virtud llamada esperanza y un adarme de buen humor.

 

34 comentarios
  1. Uno
    Uno Dice:

    Para ser un genio en el estudio, tu reflexión es muy superficial.
    Poco has aprendido profundamente de tu corta experiencia.
    Seguro que con los años la vida te enseñará mucho más.
    Felicidades x tu éxito.

  2. Uno
    Uno Dice:

    Ah!
    Cuidado con un “buen hombre” .
    Puede que te dé, y seguramente alguno te dará alguna auténtica lección.
    Pero para eso, primero tienes que bajar a la tierra.
    Todo llega.

  3. Uno
    Uno Dice:

    Cuando pierdas a tus padres o veas sufrir a tus hijos.
    Cuando veas que tus peticiones a veces se van al traste xq no eres tu quien decide.Puede que topes con algún juez sustituto o incompetente, o que simplemente te equivoques alguna vez en tu ejercicio.
    Cuando veas que algunos te envidian x tu cargo y otros te desprecian xq no eres lo suficientemente rico.
    Verás, joven amigo,que no eres menos “buen hombre” que el que te encuentras en la puerta de tu escalera.
    Pena que nadie nazca sabido.

    • Yo
      Yo Dice:

      Por favor!! Permítanos disfrutar de la juventud! Que si naciésemos sabidos, poca gracia le quedaría a la vida. Y la vida es vida mientras transcurre, y no tienes que sufrir muertes de padres ni tener hijos para saber de la vida, pues cada uno sabe de SU propia vida, tenga 23 o 58. y es lo único que necesita saber. Quizás este chico nunca llegue a padecer, como usted, que los demás le envidien o le desprecien por el simple hecho de que se la repampinfle.

  4. Basilio
    Basilio Dice:

    A los editores: publicar posts como este crea la apariencia de que aprobar una oposición en año y medio es una cosa normal. Otro engaño es pensar que con disciplina y constancia se aprueba cuando la suerte también importa.

    Al comentarista: este post es un alarde de su autor y como tal hay que entenderlo.

    Al autor: enhorabuena por aprobar en tan poco tiempo. Si yo lo hubiera conseguido así también querría que todo el mundo lo supiera, incluso varias veces a lo largo del mismo artículo, indicando “un año y medio” al principio y las fechas concretas después. Haters gonna hate.

  5. Luisa
    Luisa Dice:

    En el acceso a jueces y fiscales se estima que el promedio de preparación de opositores es de cinco años. Como una segunda licenciatura.

    • GM
      GM Dice:

      No sé si es el caso del autor, a quien aprovecho para felicitar por su logro, pero hay quien sólo cuenta los años desde que empezó a “cantar” ante el preparador, aunque los dos últimos años (o más) de licenciatura o grado ya estuvieran estudiando el temario. En mi opinión, es más real incluir en el cómputo global los años desde que uno empieza a estudiarse el temario.
      En todo caso, ser abogado del estado con 23 años es todo un logro. Yo conocí a uno de 25 y ya se consideraba precoz en su momento.
      Estoy de acuerdo en que el sistema de oposiciones en España garantiza buena preparación en la inmensa mayoría de los casos, pero nunca estaré de acuerdo en la necesidad de cantar un tema en “x” minutos. Es un ejercicio que sólo se hace para la ocasión (el examen) y no sirve para nada más. Y los motivos de que se limite ese tiempo son en mi opinión salvables. Cuando se da una clase o una conferencia o cualquier charla en público no se habla como un opositor cantando. También pienso que en los orales el tribunal debería tener una charla con el opositor para saber si lo que tienen delante es un loro de repetición o alguien que sabe de lo que habla (en muchas oposiciones esta conversación no se da).
      Conozco bien el sistema anglosajón de oposiciones y pienso que tiene cosas buenas a importar, como por ejemplo el hecho de que se valore la experiencia en la privada a efectos de trabajar en la pública. Pero también tiene cosas malas, como por ejemplo el hecho de que gente muy valida sea rechazada en la entrevista final (después de haber pasado duras pruebas y cribas) por una cuestión de “química” con el entrevistador o incluso por otros motivos menos justificables.

      Buen fin de semana.

  6. Pedro Ramos
    Pedro Ramos Dice:

    Creo que se olvida de al menos dos inconvenientes del sistema:
    1 – su sesgo clasista, ya que se lo pone mucho más fácil a las personas cuya situación familiar les permite dedicarle otros dos años de su vida, sin ingresos y con gastos de preparacion, a la oposición.
    2 – el desperdicio general de recursos sociales, que supone tener a decenas de miles de personas estudiando. Muchas de ellas nunca sacarán un rendimiento concreto de ese esfuerzo.

    En mi opinión, ganaríamos mucho como sociedad si consideráramos alternativas como la esbozada aquí:
    http://nadaesgratis.es/fernandez-villaverde/como-mejorar-el-sistema-de-acceso-a-la-funcion-publica-i

    • GM
      GM Dice:

      Sr Ramos:

      Tiene Ud. razón en los dos puntos que plantea. Pero a pesar de que el sistema anglosajón le da mucha más importancia a los candidatos que sepan hacer su trabajo, que a gente que sepa cantar un temario en “x” minutos, he visto muchos casos de gente muy valida que es rechazada en la entrevista final por motivos nada objetivos (y en algunos casos políticamente incorrectos). Estoy totalmente a favor de un sistema que no quite tanto tiempo a los opositores y que no estratifique por motivos puramente económicos, pero el sistema perfecto no existirá mientras se deje al libre albedrío del jefe de turno la decisión de contratar a alguien o no sin expresar los motivos reales de su contratación o no contratación.

      Buen fin de semana.

      • Pedro Ramos
        Pedro Ramos Dice:

        Evidentemente, el sistema de selección perfecto no existe, y la justicia absoluta no es alcanzable en ningún proceso en el que estén involucrados seres humanos … Se trata de elegir el mejor, o el menos malo, de los dos. O quizá una tercera vía …

    • Eva
      Eva Dice:

      ¿¿Quiere decir usted que la formación es un desperdicio de recursos?? El que oposita, aunque no apruebe, adquiere unos conocimientos de los que carecen otras personas, esto es, un valor añadido, que le será devuelto a la sociedad vía competitividad.

  7. Gemma
    Gemma Dice:

    Mi tio fue juez con 23 hace muuucho, y mi marido notario con 25 ,y no han escrito rollos como este para nada.
    El que cura a alguien puede en mi opinión sentirse realmente útil.
    (Yo no soy de Sanidad)

  8. Fermín Vázquez
    Fermín Vázquez Dice:

    En lugar de alabar y considerar a alguien por la proeza conseguida, criticamos y lapidamos con envidia. Asi va España, donde el mérito se mira con recelo e impera el igualitarismo.

    Un saludo al autor de un compañero del cuerpo

    • GM
      GM Dice:

      Estimado Sr. Vázquez:

      Si bien estoy de acuerdo con Ud. en que España es un país donde generalmente (yo no me incluyo en esa norma general) el éxito se mira con recelo, creo que en este blog hemos sido más los que hemos felicitado al autor que los que le han criticado. Eso dice mucho a favor de este foro y de la mayoría de quienes por aquí se pasan a leer y comentar.
      Y sí, es cierto que a España le iría mucho mejor si no fuera un país tan cainita. Un ejemplo de ello es el propio cuerpo de Abogados del Estado, que ha conseguido defender sus derechos mucho mejor que otros cuerpos gracias a la unión de quienes lo componen, cosa poco habitual en otros cuerpos de la AGE.

      Un saludo.

      • Arcimboldo
        Arcimboldo Dice:

        Al autor del post: fortalezca su espíritu crítico. Ya no es opositor y no tiene que recitar de memoria lo políticamente correcto. La Administración Pública española es un enfermo terminal y usted lo sabe (aunque sólo sea por haber leído este blog con el que usted ahora colabora, y quiero creer que para aportar contenidos más interesantes que esta oda al narcisismo), con lo que aproveche su excelencia intelectual para intentar mejorarla. Se lo dice alguien que no perdió mucho más tiempo que usted en aprobar una oposición del grupo A1.
        A GM: a lo que usted llama “defensa de derechos” por oposición al machadiano cainismo ibérico (“Españolito que vienes al mundo…”) yo lo llamaría corporativismo puro y duro. La estructura en Cuerpos y Escalas de la Administración no es sino una cartelización de la función pública, con todo lo que ello conlleva de ausencia de competencia/meritocracia, generación de incentivos perversos contra la excelencia y la innovación, sumisión al poder político y opacidad. No soy el único que piensa lo mismo al respecto sobre estos cárteles funcionariales:

        https://www.ahorasemanal.es/el-doble-monopolio-de-los-tecnicos-comerciales-del-estado

        Se lo dice alguien que como funcionario de carrera pertenece nominalmente a uno de ellos.

  9. Antonio C.
    Antonio C. Dice:

    Felicito muy cordialmente a Gabriel por haber aprobado la oposición a Abogado del Estado. Dicho esto, estoy en profundo desacuerdo con la defensa que hace del sistema de oposiciones.

    En mi opinión, el sistema de oposiciones no forma adecuadamente para el desempeño de la función pública que el futuro funcionario va a desarrollar ¿Cómo puede formar para desempeñar una tarea pública -o una tarea sin más- el aprenderse de memoria un conjunto brutal de “X” temas que, además, debe el opositor cantar en un tiempo limitado, porque si se pasa de tiempo le toca la campanilla el Tribunal?

    Ya la expresión “cantar un tema” es suficientemente delatora. En realidad, la tarea del opositor, aquella a la que dedica horas y horas durante 6 días a la semana y durante años, consiste en:

    a) aprenderse como un papagayo unos temas que le proporcionan en la Academia de opositores, sin profundidad alguna (no pueden se profundos porque -como digo- hay que exponerlos ante un Tribunal a toda velocidad en uno corto espacio de tiempo) y sin espíritu crítico alguno (esto es lo que hay: si quieres aprobar, apréndete los temas cual te los damos); temas que son en muchos casos poco más que una relación sistematizada de artículo tras artículo de nuestro vasto ordenamiento jurídico;

    y b) cantar esos temas una o dos veces a la semana ante un preparador cuya papel consiste fundamentalmente en verificar si lo ha soltado todo en el tiempo asignado. No espere el opositor un diálogo fructífero con el preparador sobre los problemas jurídicos que plantean los temas que va estudiando. Ello es una pérdida de tiempo, no sirve para aprobar la oposición. Lo que sirve es cantar el tema en tiempo ¡y punto!.

    Una vez que el preparador considera que el alumno se sabe los temas (esto es, que puede cantarlos ante un Tribunal), le anima a presentarse (a veces, antes, para que se vaya fogueando). Esto es: para aprobar una oposición tipo en Derecho no se exige fundamentalmente ni capacidad de análisis ni capacidad para enfrentarse a problemas y resolverlos, tan sólo un ejercicio descomunal de memoria ¿Realmente es esta una buena formación?.

    Es cierto, como dice Gabriel, que en las oposiciones a abogado del Estado hay, junto a dos pruebas teóricas (los cantes de temas) dos ejercicios prácticos. Pero, como él sabe bien, el tiempo que el opositor dedica con el preparador a los casos prácticos es muy inferior al que dedica a deglutir tema tras tema teórico, y, como él sabe, la criba fundamental en las oposiciones se produce en las pruebas teóricas. Además, yo me pregunto: si en los ejercicios prácticos los opositores “se enfrentan a casos reales” (sic), aquellos sobre los que tendrán que lidiar como funcionarios, ¿no debería ser el eje de la oposición la parte práctica? ¿Qué necesidad hay de aprenderse de memoria las tropecientas normas de nuestro ordenamiento, cuando están a un golpe de click del ordenador? ¿No es mejor centrar los esfuerzos en entender y saber aplicar ese ordenamiento? Esto es: ¿no es mejor que el futuro funcionario adquiera “destrezas” para su trabajo, en lugar de acumular datos que se le van a olvidar tal cual los “suelte” y que tiene a su disposición en cualquier base de datos?

    Y, ojo: en las oposiciones a abogado del Estado hay ejercicios prácticos, pero no en todas. Pásmese el lector que quiera leer este comentario: en las oposiciones a jueces no hay ejercicios prácticos. Uno puede aprobar sin haber redactado un solo caso práctico. Sencillamente demencial.

    En fin, en mi opinión, nuestro tradicional sistema de oposiciones es, a mi juicio, inidóneo para formar buenos funcionarios, al menos los buenos funcionarios que necesita una Administración moderna. Los buenos funcionarios lo serán a pesar del sistema, porque se habrán ido formando sobre la marcha una vez son funcionarios. Pero uno no puede -ni debe- estar en condiciones de ejercer una función pública (la que sea) sin un formación práctica previa digna de tal nombre y que sea, además, selectiva.

    En fin, las oposiciones son el colofón adecuado a un sistema educativo que casi da la impresión de que está pensado y orientado justamente pare eso, para ir preparando futuros opositores. Las cosas están cambiando -deben cambiar- pero nuestro sistema educativo sigue todavía teniendo en la práctica como eje el aprendizaje memorístico. Muchos de nuestros alumnos son todavía sujetos pasivos que recibe una información de un profesor, la degluten y la sueltan en un examen. Esto es exactamente lo que hace un opositor.

    Hay que cambiar nuestro sistema educativo y, en coherencia con ello, hay que cambiar el sistema de acceso a la función pública: uno y otro son producto de un mundo que ya no existe. Tenemos alumnos y funcionarios del siglo XXI a los que formamos con métodos del XIX. Esto es lo que pienso.

    P.d.: El sistema de oposiciones tiene un beneficiario claro: el Estado, que no se gasta un euro en preparar a sus funcionarios. Los perjudicados son todos aquellos que tienen que estar X años encerrados preparando una oposición a costa de su bolsillo. No todo el mundo puede permitírselo.

  10. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Lo primero, mi enhorabuena al autor del post por haber aprobado la oposición.
    Estoy de acuerdo con el comentario de Antonio. Sin restarle mérito a quienes han sido capaces de aprender de memoria tantos temas, yo desde luego soy contraria al sistema memorístico. Día a día me enfrento a este problema en la universidad cuando “heredo” alumnos que han seguido el método de apuntes que luego han soltado de memoria. Me parece un sistema lamentable que sigue operando en la universidad y también en el sistema de acceso a la función pública. Y desde luego, he constatado en la universidad que los alumnos que han seguido ese sistema no aprenden a pensar y tienen verdaderas dificultades para subsumir un supuesto de la vida real en la norma. Creo que la complejidad del mundo jurídico desaconseja ese sistema. Desde luego es mucho más fácil para un profesor dictar unos apuntes y que el alumno se dedique simplemente a memorizarlos. De eso no me cabe duda. Lo difícil es enseñar a pensar.
    Sólo se puede demostrar que se comprende la materia cuando se es capaz de aplicarla a la práctica. Aunque ello requiere por supuesto una formación teórica, ésta no tiene necesariamente que enfocarse al aprendizaje memorístico. Es más, soy partidaria de que los exámenes se hagan con textos legales donde el alumno razone la respuesta de forma que el demuestre que sabe ajustar la norma a las circunstancias del caso concreto. Este sera su trabajo y para ello hay que prepararle. A ningún abogado del Estado ni a un juez le pagan para que recite temas, sino para que resuelva problemas y deben ser preparados para eso.

    • Gerard Gales
      Gerard Gales Dice:

      No estoy de acuerdo con esta opinión. Parece resultar de lo dicho una relación de causalidad ( en sentido negativo negativo: más bien una relación de no-causalidad) entre el aprendizaje memorístico y la capacidad de aplicación de la norma al caso concreto. Desde mi experiencia como opositor y funcionario puedo afirmar que se trata precisamente de lo contrario. El opositor que aprueba es el que, a la vez que memoriza, va formándose una visión de conjunto que de otra manera no podría obtener. La memorización de los temas es imposible si se concibe como “grabación” en la memoria del contenido de un texto. La única forma de superar con éxito una de estas oposiciones es la “memorización comprensiva”. A medida que se avanza en el estudio, de manera casi tangible, se forman vínculos de relación entre ideas, hasta que se obtiene gran claridad sobre todos los asuntos. No hay que olvidar que la mayoría de las oposiciones tienen un examen práctico, de cierta dificultad, en el que el opositor demuestra si ha comprendido y sabe aplicar la materia estudiada.

      A mi juicio es muy difícil que pueda aplicarse el derecho adecuadamente si no se conocen en profundidad todas las normas que puedan estar implicadas y las más comunes o extendidas interpretaciones de las mismas. Y eso hay que tenerlo ya en la cabeza cuando se analiza un supuesto. A partir de ahí se puede comenzar a construir un razonamiento propio, no antes.

      De lo anterior, creo que se sigue que el sistema de oposiciones actual es bueno, mientras no se demuestre la existencia de otro mejor y más imparcial. Otra cosa es que sea duro o que no sea adecuado para todo el mundo, o que no todo el mundo tenga la capacidad para afrontarlo con éxito, o probabilidad de éxito por lo menos.

      • Matilde Cuena Casas
        Matilde Cuena Casas Dice:

        Por supuesto que es necesario conocer en profundidad las normas para poder aplicarlas. Lo que no comparto es que la mejor manera de conocerlas sea aprendiéndolas de memoria.En todo lo demás estamos de acuerdo. Comprender antes que memorizar. Y por supuesto que admiro a todas aquellas personas que son capaces de memorizar tantos temas, habilidad que pone de relieve muchas aptitudes como la constancia, la fuerza de voluntad, la inteligencia. Otra cosa es que yo no lo considere el método óptimo para aprender. Mi experiencia en la universidad es que lo que los alumnos se han aprendido de memoria los temas, pronto los olvidan. Si lo aplican a un supuesto, en cambio retienen mejor la información y son más conscientes de las dificultades y de la problemática que encierra el mundo jurídico.

  11. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Enhorabuena al autor.
    Por el artículo y, naturalmente, por haber aprobado a la primera.
    De remate ha podido comprobar que Teruel existe desde el principio de su carrera.
    Confieso que habría sido incapaz de preparar una oposición de este tipo y admiro a quienes lo hacen.
    Y también prefiero el sistema español al anglo.
    Un saludo cordial y mucha suerte.

  12. G.P.
    G.P. Dice:

    Como persona que no ha preparado una oposición en su vida, he de decir que el post es escalofriante. Parece una pesadilla de Poe. Intentando reponerme leyendo comentarios, he leído el de Antonio C. y he entrado directamente en el mundo del horror cósmico de Lovecraft.
    Afortunadamente había a mi lado alguien con una jeringuilla con una aguja lo suficientemente larga para que llegara directamente al corazón. Creo que sigo vivo, pero ahora sé que es cierto: hay otros mundos… y están es este.

  13. Monny
    Monny Dice:

    Enhorabuena al autor del artículo.

    Yo soy una defensora del sistema británico. Ahora bien, en España nos quedamos siempre en la anécdota del sistema de oposiciones, y de la inamovilidad. El sistema de empleo inglés es una pieza más dentro de un sistema jurídico y político que sólo se parece al continental de refilón, y las diferencias con el sistema norteamericano son aún mayores. Sin entrar en el sistema judicial…

    El sistema anglosajón de empleo público funciona porque es coherente con esos sistemas concretos, que además son excepcionales dentro de la tradición occidental. Pensar que se puede copiar una parte en España (justo la del acceso y la de la “terminación”) y que el experimento va a salir bien, es como pensar que se pueden cultivar naranjas en Laponia.

  14. Eva
    Eva Dice:

    Perdón, mi respuesta no iba para Matilde sino para Gerard. En mi humilde opinión, no conozco a nadie que sea capaz de memorizar el extenso temario de una oposición tal como la de Abogado del Estado sin entender lo que memoriza. Es, realmente, imposible!! La señorita Matilde habla de alumnos de Universidad con exámenes cuatrimestrales y temarios ínfimos, al lado de lo que es un temario de una oposición al grupo A1. Por otra parte, en mi experiencia como funcionaria de hacienda, reconozco haber conocido a otros funcionarios que no llegas a comprender cómo han conseguido aprobar las oposiciones, habida cuenta de los conocimientos e inteligencia que demuestran. Y he podido comprobar, que la gran mayoría de ellos, han necesitado, al menos, tres o cuatro convocatorias para aprobar, lo cual me hace llegar a la conclusión de que quizá, no sería mala idea restringir el número de convocatorias a las que una persona puede acceder. No sería un sistema del todo justo, pero….cuál lo es??
    Al autor: enhorabuena !! y , si me lo permites, desearía comentar algo en lo que tú no has hecho demasiado hicapié. El día en el que te llega la noticia de que has aprobado, una sensación de estar flotando en el aire te invade. Lo comentaba yo con otros funcionarios y me daban la razón. Y el motivo de esa sensación, que es real y se siente físicamente, no es otro que el efecto de quitarte de encima toneladas de PRESIÓN!! Y las presiones vienen, no sólo del esfuerzo invertido en algo de resultado incierto, sino que a esto hay que añadir la presión que supone no estar ganando dinero en esos momentos, o estar ganando menos, o estar malviviendo con una ridícula asignación de los padres, como fue mi caso. A lo que quiero llegar es que existen muchos perfiles de opositores, tantos como perfiles de personas hay en la sociedad, descontando los casos extremos que , por ser extremos, no entran en la regla general. Y afirmar, como han hecho por ahí, que el sistema de oposición es para ricos, además de simplista, es totalmente erróneo. Opositar , oposita quien quiere. Otra cosa es que, dentro de las elecciones que se hacen en esta vida, antes de elegir opositar, decidiera la persona cargarse de hijos a los que tener que alimentar, por poner un ejemplo.

  15. Yo
    Yo Dice:

    Es un chaval de 23 años que se ha sacado unas oposiciones durísimas en tiempo record y alardea de ello…y qué?? Es su momento, es joven, puede hacerlo y es perfectamente lícito. También lo es criticarle, pero el que lo hace no demuestra tener mayor edad mental que él…

  16. Víctor V.
    Víctor V. Dice:

    Me gustaría comenzar dando la enhorabuena a Gabriel. Desde luego, lo que ha conseguido es una hazaña. Podemos matizar que en los últimos años del grado ya comenzó a estudiar para la oposición, pero desde luego conseguirlo con 23 años tiene un mérito enorme. Y criticarle a él a título individual, cuando se quiere criticar el sistema de acceso, no tiene ningún sentido. Al César lo que es del César.

    Dicho esto, me gustaría añadir dos cosas: una, su juventud y su falta de experiencia aún en la administración no le dan, en mi opinión, la suficiente perspectiva para poder evaluar si el sistema que tenemos es o no el mejor; y, dos, considero que se ha tratado a fondo en el debate la evaluación de las habilidades y competencias de los candidatos. Queda claro que el actual sistema en España lo que hace es evaluar los conocimientos (cosa que no es menor), pero no evalúa aptitudes, competencias y esto es tan importante como los conocimientos técnicos. Lo que el tribunal sabe del candidato es que es capaz de cantar X temas en una hora (cosa que, como digo, no se puede subestimar) y que ha resuelto, por lo que comenta Gabriel, uno o varios ejercicios prácticos, pero ¿qué sabemos de su carácter? ¿es creativo, trabaja bien en equipo o es mejor en trabajo individual, sobrelleva bien la presión, es organizado, es líder…?¿se le ha hecho un test psicotécnico o una entrevista personal; se le ha puesto a resolver un caso junto a otros candidatos? Yo he trabajado en la empresa privada y ahora soy funcionario y me gustaría transmitir lo que veo entre mis compañeros en la administración: uniformidad, gente con en un 80% con el mismo perfil. Ahora voy a generalizar y lo hago asumiendo los riesgos que ello conlleva: se trata de gente con una gran formación, equilibrada y responsable. ¿Esto es negativo? Por supuesto que no, esto es muy positivo, pero no es lo único que necesita la Administración española. ¿Qué hecho en falta? Flexibilidad, gente que no sea tan conservadora (no a nivel ideológico, sino personal o vital), creatividad, gente que sepa sobrellevar la presión, gente que dé soluciones saliéndose de los cauces habituales si es necesario… Cualquiera que haya trabajado en una empresa de tamaño medio/grande sabe que un departamento de RRHH lo que busca es formar equipos de gente mínimamente heterogénea, que te pueda dar respuesta a los problemas a los que se enfrenten en cada momento. Si tienes que presentar un proyecto perfecto desde el punto de vista técnico y tienes mucho plazo, se lo asignas a un perfeccionista que sabes que lo clavará, pero a éste no le asignes un proyecto para pasado mañana, porque probablemente se ponga tan nervioso que no sabrá por dónde empezar.

    No conozco en profundidad el sistema anglosajón (en mi opinión más eficiente) y si en España se podría implantar, pero lo que está claro, es que nuestro sistema tiene que revisarse y mejorarse.

    @Eva: el tema económico no se puede obviar y no se trata sólo de tener o no hijos. Hay que gente recién licenciada que económicamente no se lo puede permitir. El sistema beneficia a gente con más recursos y eso es innegable. Esto, no obstante, no tendría por qué ser un inconveniente si existieran becas para la preparación, cosa que el Estado nunca se ha planteado.

    • Eva
      Eva Dice:

      Estoy de acuerdo, por ello que rectifiqué, en que el sistema beneficia a gente con más recursos pero ¿qué sistema no lo hace? Y no puedo evitar hablar desde mi propia experiencia. La situación económica de mi familia no era precisamente buena. Recuerdo aquellos calcetines requeterremendados, los trozos de queso, finos como papel de fumar, que nos partía mi madre una vez a la semana, la ropa confeccionada por mi madre a partir de alguna cortina vieja que le donaba alguna amiga y las veces que íbamos a comer a casa de la vecina por estar nuestra nevera vacía. Sin embargo, como fui una alumna muy aplicada desde la educación obligatoria y GRATUITA hasta el último curso de la universidad, el día que le comuniqué a mis padres que quería ser funcionaria y que necesitaba, para ello, dejar de trabajar y volver a su casa, mis padres no pusieron ningún inconveniente y toda la familia se tuvo que sacrificar. ¿Que quiero decir con esto? Que si yo pude, cualquiera puede, con mayor o menor sacrificio, pero puede. Que no influye más el aspecto económico, y me atrevería a decir que no influye nada, que cualquier otro aspecto que un padre tiene en cuenta a la hora de decidir sufragar o no los gastos de una oposición a sus hijos, siendo las aptitudes y actitudes que muestre el hijo hacia los estudios durante su vida académica mucho más determinante. Que no entiendo por qué este sistema económico se empeña en igualarnos a todos cuando no somos todos iguales y lo hace, únicamente, en el aspecto económico. Que si a mí el estado no me pagó una cirugía estética para ser tan guapa como mi amiga Yolanda que se casó con un gran empresario y vive feliz y sin trabajar en su mansión de El Limonar, por qué, yo, con mis impuestos, debo pagarle los estudios a otra persona cuyos padres igual se gastan la pensión no contributiva del mes en un televisor LED última generación, que no le cabe en el salón, mientras yo aún tengo una tele culona. CONCLUYENDO: que el sistema económico, de por sí, es injusto lo mires por donde lo mires pero, al menos, el sistema de acceso al empleo público por oposición, si bien, podría mejorarse en cuanto a eficiencia, es de los sistemas más justos que tenemos en nuestro país pues premia algo tan importante como es el esfuerzo y el sacrificio, cosa que no se tiene en cuenta en otros sistemas, como por ejemplo, el de las pensiones no contributivas, subsidios por desempleo, etc…que nadie se atreve a cuestionar. Y el esfuerzo y la capacidad de sacrificio es fundamental para el buen desarrollo de una economía. Y creo que me he desviado un poco del tema, pero ahí queda eso..
      .PD: por si alguien se siente tentado a colocarme el cliché de funcionaria fea, amargada con gatos, aclarar que la historia de Yolanda es pura ficción y que he sido siempre una mujer bastante atractiva….aunque sí que tengo gatos.

      • Eva
        Eva Dice:

        faltó decir que el esfuerzo y la capacidad de sacrificio está al alcance de todos..ricos, pobres, listos, tontos, …Así pues, resulta un sistema justo. Y añadir, que no tiene por qué hacer mejor el trabajo un listo que no se esfuerza que un tonto que se deja la piel…. y como sería muy costoso mantener en la función pública a los listos que además, se esfuerzan y son resolutivos, creativos, con capacidad de liderazgo y don de gentes pues éstos demandan salarios muy superiores a los que se están retribuyendo actualmente a los funcionarios y dudo que su productividad, en comparación con la de los actuales funcionarios por muy inútiles que seamos, compensara ese mayor coste, creo que no es del todo ineficiente el sistema selectivo por oposición.

  17. Arcimboldo
    Arcimboldo Dice:

    El eterno debate entre sistema anglosajón y sistema burocrático-estatutario (no sé cómo llamar a lo que tenemos en países como España o Francia) no puede aislarse del contexto jurídico, politico, económico, social y laboral de cada país. De manera que lo funciona muy buen en Nueva Zelanda puede generar efectos desastrosos en Nicaragua, como explican en este artículo:

    http://www.qog.pol.gu.se/digitalAssets/1378/1378579_2012_7_sundell.pdf

    En efecto, como Monny ha comentado acertadamente, no es posible cultivar naranjas en Laponia.

    Dicho esto, es probable que el sistema español, basado en el acceso mediante oposiciones y en la inamovilidad de la condición de funcionario, sea el menos malo habida cuenta de nuestro ecosistema. Lo cual no garantiza en absoluto que sea un sistema que genera valor para la sociedad a largo plazo.

  18. Francisco Calderón Sánchez
    Francisco Calderón Sánchez Dice:

    Las oposiciones tal y como están concebidas en España están repletas de problemas:

    1) Excesiva memorización.

    No basta con saber y comprender los temas. Hay que memorizarlos de “p a pa”. Y una vez memorizados hay que memorizar la práctica y dinámica para soltarlos de un modo que permita aprobar, no que acredite tener más conocimientos, habilidades o capacidad de razonamiento.

    Creo que este sistema va contra todas las evidencias científicas existentes en el ámbito de la psicología y la pedagogía acerca de cómo evaluar conocimientos y habilidades. Los sistemas de evaluación condicionan cómo se estudia. Por ello se estudia distinto en la Complutense que en Oxford (siempre y cuando se pretenda aprobar). Y las oposiciones “a la española” evalúan que en x tiempo se inserten x contenidos. Y al competir con otros, el objeto del estudio no sólo es saber sino saber decir (1) más rápido y (2) controlando muy bien el tiempo.

    Estos 2 últimos puntos exigen trabajo, esfuerzo y preparación. Parte del tiempo de la oposición se dedica no a saber más, sino a saber decir más rápido sin dudar y a controlar bien los tiempos. Probablemente un Catedrático divagador nunca sería considerado como alguien con conocimientos en su área conforme a la oposición “a la española”.

    2) Pérdida de tiempo para el capital humano de España.

    A las oposiciones se presentan personas valiosísimas, como no me cabe duda que es el caso de Blanca. Me parece tremendamente ineficiente hacer perder años a gente con talento en perfeccionar el “decir rápido”, “en tiempo x” y de memoria. Veo que en el caso de Blanca ha sido breve su paso por la memoria (solo 2 años, mi más sincera enhorabuena) pero no siempre es así.

    3) Años tirados para quien no las saca.

    Cuando hay 10 plazas para juez. El que queda el 11 tras 4 años de estudio, ¿es que realmente no vale? ¿No puede hacer nada con su resultado? Se suele decir que se lleva los conocimientos. Cierto. El problema es que los conocimientos los tenía al año y medio. El resto del tiempo ha sido preparar cómo “decir rápido y en tiempo x”.

    4) Todas las evidencias científicas actuales en psicología apuntan a que este sistema expulsa a los mejores y más dotados. Desde luego, el perfil de una persona que,. por ejemplo, tuviese altas capacidades, sería rarísimo que decidiese opositar (salvo que quiera contraer un trastorno mental). Los sistemas memorísiticos expulsan a los más capaces. Hasta el punto de que nuestro sistema educativo hace fracasar escolarmente (ya desde la ESO) a esas mentes brillantes que necesitan crear y razonar y no repetir como papagayos. Otros se caen en Bachillerato. Y muchos en la Universidad (y deciden montar Apple o Microsfot). Desde luego, salvo rarísima excepción, ninguno decidirá opositar. En consecuencia, en unos años veremos como, muy al contrario de lo que sucede ahora, el haber sido capaz de estar sentado 10 horas al día memorizando se verá como propio de gente poco excepcional. Y la Administración y el servicio público merece ser atractivo para los mejores.

    ¿Y un sistema similar al MIR? Sacas nota en un examen tipo test o de desarrollo y guardas esa nota. Cuando haya necesidad de funcionarios se tira de la lista ordenada según la nota del examen. Y el que quiera sacar más nota se vuelve a presentar. Y se guarda la nota x tiempo (pongamos que 3 años).

    Sería objetivo e independiente. Y se centraría en saber, no en saber decir. Y además no haría perder años a la gente, porque tras el examen sabría en qué puesto de la lista queda y se guardaría su nota.

    Es solo una propuesta.

    • Eva
      Eva Dice:

      A ver, partiendo de que :
      1- el temario exigible en un proceso selectivo es limitado, así como la complejidad del mismo.
      2- para saber decir, primero hay que saber y sabe mejor el que, además de saber, sabe decir.
      3- actualmente, el número de personas que se presentan a una convocatoria es muy superior al número de plazas ofertadas.
      4- que existe un mercado laboral privado alternativo en el que no existe límites a los salarios.
      Así pues, se hace necesario un plus de exigencia para poder realizar una criba entre todos los candidatos y, es por ello, que se limita el tiempo de respuesta y se ponde a prueba los nervios del opositor haciéndole cantar el tema ante un tribunal, porque, de no ser así, nos encontraríamos cada convocatoria con 10.000 aprobados con puntuación máxima y 140 plazas.
      Por otra parte, insisto en la idea, no me gustaría a mí pagar los impuestos que supondría tener a unos cuantos Steves Jobs en la plantilla del estado… CONCLUYENDO: En la función pública no estamos, probablemente, los mejores pero tampoco se cuela ninguno de los peores, cosa que sí ocurre en puestos de libre designación y, sin ir más lejos, hasta en la presidencia del Gobierno…

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