Disciplina de voto, mandato imperativo, partitocracia…

Sorprende de veras la forma de plantear el debate que estamos viviendo acerca de la libertad de voto y la disciplina de partido. Y sorprende porque me parece que se está pintando un cuadro donde predomina el trazo grueso, dicho sea con todos los respetos hacia quienes en él han participado pues son todos distinguidos expertos.

Para mayor confusión, cuando sus opiniones se trasladan a los relatos periodísticos, inevitablemente más generales, la cuestión se simplifica aún más. La conclusión, casi unánime, que obtiene el lector es que la disciplina del voto del diputado y su sumisión a lo decidido por el partido político es lo más natural del mundo teniendo en cuenta que este ha sido elegido en unas listas cerradas. Si incorporamos la pregunta de si esa misma argumentación vale para el senador que ha sido elegido en listas abiertas, de forma nominal, ya las respuestas flaquean. Pero flaquean poco por la sencilla razón de que tal pregunta importuna ni siquiera se hace.

De manera que el partido manda y el diputado obedece. Claro como el cielo limpio que no alcanza a manchar nube gris alguna.

Sin embargo, propongo que, a quien se adormile sosegado bajo ese cielo apacible, le despertemos preguntándole algo tan sencillo como:  ¿está usted de acuerdo con el sistema partitocrático en que se ha convertido la democracia española? A buen seguro contestará que no, sin advertir que la fórmula que con tranquilidad ha asumido lleva justamente a las prácticas partitocráticas más extremas (y abominables).

Sigamos siendo crueles con nuestro interlocutor y procedamos a inquietarle un poco más preguntándole de nuevo: ¿cómo valora usted el nivel profesional, el intelectual, el prestigio personal de nuestros diputados? Contestará sin duda que no puede ser peor porque los partidos escogen, en lugar de a personas valiosas, a personas sumisas y bla, bla, bla …

Es decir, la opinión pública aplaude que el partido mande al diputado que ha de obedecer, no le gusta la indisciplina porque para eso es diputado de un partido pero al mismo tiempo abomina de la partitocracia y del bajo nivel de los diputados. La incoherencia no puede ser más manifiesta.

La Constitución es más sabia y más prudente que la opinión pública. Y, fruto como es de debates perfilados y de profundas raíces históricas, aporta unos cuantos matices para zarandear las conclusiones precipitadas. Y así empieza por decir en el artículo 67. 2 que “los miembros de las Cortes generales no estarán ligados por mandato imperativo”. Lo mismo podemos leer en las Constituciones francesa, alemana … Después en otro artículo, el 79. 2 señala que “el voto de senadores y diputados es personal e indelegable”.

¿No valen nada estas declaraciones? ¿Son como vulgarmente se dice papel mojado? ¿O el resplandor del rayo si nos queremos dejar arrebatar por la lírica? Eso parece porque, cuando en el debate que vivimos, recordamos la existencia de estas previsiones constitucionales, lo cierto es que inmediatamente se despeja el problema afirmando que nada tienen que ver con la realidad, pues esa señora, la realidad que manda, lo que nos dice es que los partidos políticos son los que llevan la batuta y por tanto los que deciden aquello que el diputado (o senador) ha de votar sobre las cuestiones que pasan por su escaño. Y se añade: la prohibición del mandato imperativo es una reliquia histórica y como todas las reliquias puede servir como amuleto, para practicar un culto inocente o, si se prefiere, como homenaje pintoresco a un pasado ya periclitado. Además así ocurre en todos los países, nos enseñan, lo cual no es siempre cierto porque en Francia el Gobierno de Hollande ha tenido que retirar varias propuestas -y no menores- por discrepancias en el seno del grupo socialista y en Alemania es frecuente que su Gobierno tenga que hacer encaje de bolillos para conseguir el voto favorable de todos los diputados que lo sostienen.

Cuando se lee esta forma de razonar, a mí -lo confieso- se me sublevan los entresijos de mis entendederas. Porque, veamos: si nosotros despachamos un par de preceptos constitucionales así a la ligera y los enviamos al lado oscuro del salón donde reposaba el arpa bécqueriana, ¿por qué hemos de extrañarnos de que el independentista catalán o el antisistema podemita quiera hacer lo mismo con los que considere obsoletos en nuestro ordenamiento constitucional?

No y mil veces no. Ese no es el camino de discurrir de un jurista que dispone de los utensilios que presta, ya muy afinados, la interpretación constitucional.

Y así, si seguimos, como es obligado, por el sendero de la Constitución advertiremos que esta se ocupa también de los partidos políticos a los que se encomienda concurrir “a la formación y manifestación de la voluntad popular” pues son “instrumento fundamental para la participación política” (artículo 6).

Es decir, otorga un papel relevante a los partidos.

Pues bien, siendo estas las cartas repartidas, lo necesario es acudir a las reglas que regulan ese juego de cartas. Y lo que nos enseña su reglamento y, más allá, el solfeo de la interpretación es que todos los preceptos constitucionales han de convivir -en tensión o pacíficamente- pero sin que uno de ellos pueda llevarse por delante a otro u otros expulsándolos del paraíso constitucional. Se impone la armonía, la ponderación de lo que, de acuerdo con el principio de proporcionalidad, sea relevante proteger.

En relación con el debate en el que estoy interviniendo ni la prohibición del mandato imperativo se puede entender de tal manera que cada diputado haga lo que le pete ni la importancia del partido político en el actual Estado democrático puede arruinar lisa y llanamente la autoridad de que goza el diputado (o senador).

De acuerdo con esta línea argumental, puede decirse que el parlamentario ha de votar en libertad pero de acuerdo con el programa electoral con el que ha sido elegido que está obligado a respetar como igualmente ha de respetar los compromisos políticos que se contienen en lo que algún autor alemán (N. Achterberg) llama “parámetros esenciales”, es decir, ideas básicas del partido a las que está obviamente vinculado.

Pero añadamos ahora que, a estos protagonistas, partido y parlamentario ha de  agregarse otro ser colectivo de enorme importancia, a saber, el grupo parlamentario. Una realidad que se ve muy clara en el Parlamento europeo donde en cada grupo conviven decenas de partidos nacionales.

Se advierte, tras lo dicho, la dimensión conflictiva del asunto que de forma tan despachada se resuelve en nuestro medio.

Partido – parlamentario- grupo político. Tres personas distintas que han de dar como resultado una sola verdadera.

¿Cómo?

El Partido debe en efecto fijar posiciones básicas de acuerdo con su ideario. Ahora bien, a renglón seguido, se suscita la pregunta: ¿qué órgano del partido? Porque vemos cómo en el seno del PSOE, que es de donde procede toda la polémica, sus actores, leyendo el mismo Evangelio, es decir, los mismos Estatutos y Reglamentos, unos han atribuido la competencia para decidir al comité federal y otros directamente a los militantes. O a la Comisión gestora o al secretario general. Las alternativas son múltiples. Por tanto las normas internas han de ser claras en este punto. Pero sinceramente ¿es ello posible? Sospecho que no es fácil.

En cualquier caso se impone que el grupo parlamentario se encuentre siempre en el meollo de cualquier decisión que, al cabo, haya de traducirse en un voto en el hemiciclo. Esta presencia inderogable del grupo garantiza que el diputado o senador, individualmente considerado, sea oído y se pronuncie sobre las cuestiones de las que está al corriente por su pertenencia a esta o a aquella comisión o por ser un profesional conocedor de lo que se debate, etc.

Reducir al grupo (y al diputado) a la condición de simple destinatario de una decisión tomada en el seno del partido sin respetar su participación activa es tergiversar el sentido de la prohibición del mandato imperativo y volver a la época en que el diputado era un simple representante de un gremio, ciudad etc (con lo que acabó la revolución francesa). Solo que ahora del partido. Es el perinde ac cadaver de las constituciones ignacianas.

 E insisto: si nosotros ignoramos los artículos 67.2 y 79. 2, ¿por qué nos ha de extrañar que otros políticos ignoren los artículos constitucionales que consideren expulsados de la Historia?

¿No es más razonable tratar de dar al conjunto un tratamiento armónico?

Por eso me parece pésima la forma en que ha decidido el PSOE en esta crisis.

Pues hemos asistido a un debate en el que se han barajado como depositarios de la legitimidad para decidir la investidura del Presidente del Gobierno al Comité federal, a los afiliados … Todos menos a los diputados que conforman el grupo socialista en el Congreso compuesto casualmente por personas que han sido elegidas, no por los miembros del partido ni en elecciones internas, sino coram populo por todos los españoles que respaldaron las siglas socialistas en elecciones avaladas por un sistema electoral depurado que, en caso de conflicto, está vigilado por los jueces. ¿Qué mayor legitimidad se puede pedir?¿Por qué han estado en un plano secundario (si es que han estado en alguno) quienes ostentan la representación de todos aquellos españoles que, sientiéndose socialistas, votaron al PSOE el pasado 26 de junio?

Lo irritante es que -como he adelantado- aquellos que han puesto en marcha este proceder más todos aquellos que lo aplauden o les parece lógico son exactamente los mismos que abominan de la partitocracia y que se lamentan del bajo nivel de nuestros diputados a Cortes.

Pero ¿puede de verdad un profesional serio y con criterio político aceptar tal desaforada sumisión?

 

 

17 comentarios
  1. Victoria Torres
    Victoria Torres Dice:

    Entiendo tus argumentos, pero si es así , si cada diputado puede votar a su manera , ¿ para que sirven los programas y las campañas electorales? Como elector , ¿te pones en las manos de lo que opine cada diputado? No parece muy razonable.Prefiero las cosas claras y el chocolate espeso . Y eso sí, medidas correctoras para mejorar la cálidad de nuestra democracia

    • antonio
      antonio Dice:

      No, el articulista no esta indicando que cada diputado vote a su manera.Dice, bien claro, que escuchando (y participando) las decisiones de su Comité Federal, debiera, finalmente, basarse en su programa y campaña electoral para dilucidar su voto. En el programa (la promesa real echa a sus electores) no viene, en absoluto, sino más bien todo lo contrario , que van a apoyar o abstenerse en la investidura del P.P. Es el mismo Comité Federal el que se salta, a la torera (andaluza) y despreciando así a sus electores, dicho programa.

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Nuestro fuerte instinto gregario convenientemente azuzado por los “mecanismos de pastoreo” y los etéreos lazos contractuales del sistema de representación son Dos elementos que Determinan el actual mecanismo de captura del Poder.

    Esto lo explican los constitucionalistas “no orgánicos” –y los “orgánicos” en sus arrebatos de sinceridad–. La Ilustración produjo genios como Síeyès.

    Por otra parte creo entender y comparto lo que el Sr. Sosa afirma acerca del proceso que el PSOE ha seguido en este caso. Es evidente que “Partido” y “Democracia” tienen pobre compatibilidad.

    Nos prohíben a nosotros la representación imperativa y se la queda toda por la puerta trasera –y contra la constitución– un “partido”. Lógico ¿no?

    Lo bueno es que estamos asistiendo al re-conocimiento de la verdadera naturaleza del sistema: Las democracias representativas de partidos con prohibición de mandato imperativo son un instrumento idóneo para que el Poder real caiga en manos de un pequeño grupo organizado.

    Ya hay sobre la mesa al menos un diagnóstico realista. Buen comienzo.

    Lo que sí es evidente es que la libertad de voto da pavor a alguien incluso sabiendo que sería una gran solución.
    ¿A quién produce pavor la libertad de voto?
    Solo a quien necesita que la cadena de Decisores esté bajo Control.
    Esto sigue siendo el nudo gordiano del Plenitudo Potestatis de Marsilio. Pero ya es visible.

    Saludos

  3. Colapso2015
    Colapso2015 Dice:

    “La Constitución es más sabia y más prudente”
    Divinización de un acto humano, concretamente de 7 individuos.

    En general, el artículo es, –un sinsentido total–.
    Donde se trata de encajar a martillazos democracia y mandato representativo irrevocable.
    Lo político es una relación de –poder formal–. Por ello, sorprende la atribución de legitimidad al diputado sobre el elector después del la elección (mandato representativo irrevocable). Y a su vez, del diputado sobre el partido cuando es el partido el votado y el diputado una marioneta de este. Demagogia representativa.

    A saber, “recall election”, usado en EE.UU, Suiza y Venezuela entre otros. Aunque en este último no funciona adecuadamente.

    • Colapso2015
      Colapso2015 Dice:

      UK 2015:
      “For the purposes of this Act, a recall petition is successful if the number of persons who validly sign the petition is at least 10% of the number of eligible registered electors”

      http://www.legislation.gov.uk/ukpga/2015/25

      Sin mandato imperativo, el electo se representa -a si mismo y su negocio-. Su negocio es el partido, y el negocio del partido es el Estado; monopolio de violencia y extracción de rentas fijas sobre la Nación.
      No hay representación, pues no existe ningún tipo de vínculo de poder formal (político).

      Demagogia de representación.

  4. G.P.
    G.P. Dice:

    Lo que en otros países de nuestro entorno cada vez se ve más claramente, que la democracia representativa no funciona lo bien que deseamos todos, en España se convierte en auténtica astracanada.
    Ni siquiera se disimula: la oligarquía quiere su gobierno, y su gobierno tendrá.
    Felicidades IBEX35: ha ganado las elecciones… sin ni siquiera presentarse.
    (Y luego dicen que nadie tiene mayoría absoluta en el Congreso).

  5. GM
    GM Dice:

    Buenos días:

    El programa electoral es un brindis al sol en el que cada partido con representación mínimamente significativa en las Cortes, sin excepción, transmite a sus potenciales votantes que es necesario votarles y que si lo hacen todo será de color de rosa (o rojo, o azul, o morado, o naranja…). Algunos optan por hablar de lo bien que lo han hecho con afiarmaciones bastante cuestionables (“hemos salvado a España del rescate y seguiremos salvándola si nos votáis”). Otros por demonizar al adversario (“echemos a Rajoy”). Otros dicen ser un día una cosa (socialdemócratas, por ejemplo) y otro día ser otra cosa diferente…

    En una cosa coinciden todos: mucho de lo que se dice en el programa son vaguedades (“bajaremos el paro, la deuda y el déficit”, “bajaremos los impuestos”, “subiremos las prestaciones sociales y las pensiones”). En mi opinión hay una falta de rigor tremenda, salvo algunas honrosas excepciones, en lo que se refiere a concretar el objetivo a conseguir (hay muchas formas de bajar los impuestos y algunas pueden ser contraproducentes), en el encaje legal y financiero del plan a llevar a cabo para conseguir el objetivo y en las amenazas que se dan y que pueden hacer que la promesa no se cumpla. Es marketing puro y muchas veces vacío de contenido, pero con un envoltorio muy bonito y que por desgracia mucha gente (algunos personas muy formadas) se siguen creyendo.

    Por tanto, y dados los antecedentes, el fraude es el propio programa del partido, que no se cumple de forma sistemática. Y muchas veces no se puede cumplir porque, incluso suponiendo (que ya es mucho suponer) que lo que se dijo en el programa se dijo con voluntad de cumplirlo, su cumplimiento puede ser contraproducente para el propio partido o incluso para el país entero. ¿Es eso un fraude al votante? Pues no sé qué decir. Si no estoy bien informado o no contrasto la información y voto a un partido porque dice que va a bajar los impuestos, pero esa bajada tiene efectos económicos aún peores para mí (vg. me reducen una prestación), entonces no sé si debería sentirme defraudado…

    En definitiva, creo que el votante debería ser más crítico con lo que se dice en el programa y ser conscientes de que muchas de las promesas electorales no son posibles (un gobierno puede crear un ambiente favorable para generar empleo, pero no bajar el paro) o son muy difíciles de realizar o supondrían grandes sacrificios en caso de realizarse. Es más, el cumplimiento de muchas de ellas está sujeto a cosas que vienen del exterior (UE, FMI, etc). Sólo si el votante pide rigor podrá tener programas políticos con rigor. Mientras todo esto sea un circo mediático en el que el voto esté sujeto a una emoción provocada por el líder de turno, los programas políticos serán papel mojado.

    Echo de menos la existencia de un observatorio de promesas electorales, como existe en otros países ( creo que Holanda es uno de ellos), así como un sistema que incentive de alguna forma a los partidos a ser más rigurosos con sus promesas para que el programa electoral sea un documento más creíble.

    Saludos cordiales.

  6. Ana G.
    Ana G. Dice:

    Estoy muy de acuerdo con este artículo, es muy clarificador y centra el debate donde realmente debería estar. Pero al final me queda una duda: ¿todo el grupo parlamentario debe votar en bloque? En definitiva, se trata de si la representatividad del mandato del diputado le permite o no disentir del parecer mayoritario (ya sea de los órganos del partido, de su grupo parlamentario o incluso de sus electores).

  7. Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado
    Elisa de la Nuez Sánchez-Cascado Dice:

    Muy pertinente reflexión. Totalmente de acuerdo. Dilemas como el del PSOE lo que ponen de manifiesto es como los excesos de la partitocracia vacían de contenido los preceptos constitucionales y socavan los cimientos de la democracia.

  8. O,farrill
    O,farrill Dice:

    Estas cuestiones han sido planteadas ayer en un ilustre foro de constitucionalistas y no tuvo respuesta. La razón, nadie quiere decir en público lo que admite en privado (que el texto constitucional está lleno de trampas de este tipo). Por eso se empieza a abrir paso la idea de “reforma profunda” de la C.E. que, desde hace tiempo, algunos venimos propugnando para evitar que la Constitución (“nuestra” Constitución”) lo mismo sirva para un roto que para un descosido. Algunos ven en ello (como en las leyes imprecisas y poco claras) la forma mejor de “utilizarlas” retorciendo su espíritu y su letra.
    En mi modesta opinión sigue vigente el “no nos representan” para los partidos que “orientan” el debate político y, en su consecuencia, tampoco las personas “designadas” por sus cúpulas para tal representación. Representación significa “confianza” y la confianza nace del conocimiento mutuo entre el representante y el representado. Por eso, el “mandato imperativo” prohibido en la C.E. es capturado por el partido que llega a sancionar a los “díscolos”. Muy interesante por ello la observación del autor: si es el grupo parlamentario el que representa la soberanía popular ¿porqué es un simple convidado de piedra? y añado ¿porqué narices el Parlamento no está ni ha estado funcionando (haciendo sus funciones legislativas) desde la fecha de su constitución, empeñándose sólo en quien va a “mandar” en España.
    La perversión de nuestro sistema democrático está servida, la Constitución trastocada, modificada (por la puerta de atrás) y retorcida gracias a una redacción jurídicamente absurda. Y hay que volver a los principios: las elecciones no son para “elegir gobierno”, sino para elegir representantes de la soberanía popular que establezcan las reglas de convivencia social con que nos regiremos; el gobierno es un simple ejecutor (no el autor) de tales reglas y los jueces las aplican en un Estado de Derecho. Mientras la política sea un simple espectáculo mediático donde los protagonismos personales recuerden a las “estrellas” o a los “famosos” y no existan los proyectos políticos más allá de la pura escenografía, seguiremos en la banalidad democrática de nuestro sistema donde las formas tienen más importancia que el fondo. Un saludo.

  9. golpedefecto
    golpedefecto Dice:

    Creo que en este post se mezclan muchas cuestiones interpretables. En principio me parece lógico, en función de la existencia de listas cerradas, en que los ciudadanos no votan a los diputados sino un programa de partido, que los diputados se sientan comprometidos por las decisiones de partido.
    Lo contrario sucedería en el caso de que las listas fuesen abiertas o incluso desbloqueadas. Pero la realidad es que los partidos eligen a los diputados mientras los ciudadanos eligen el número de diputados de cada partido, lo que lógicamente no es idéntico.
    Como dice el profesor Sosa, el prestigio profesional y capacidad de nuestros diputados está en entredicho, pero podríamos preguntarnos por qué ocurre. Quizá porque no se exige ningún requisito de capacidad para ser diputado, se supone que bajo la base de igualdad de todos los ciudadanos, lo cual en principio es muy loable, simultáneamente puede suponer un perjuicio para el conjunto de la sociedad. Por este motivo puede ser incluso beneficioso evitar la libertad de de voto de cada diputado, de forma que un órgano del partido más “preparado” pueda decidir.
    Pero aún en el caso de listas abiertas o desbloqueadas hay que plantearse, como se comenta en el post, que grado de autonomía debería corresponderle a los diputados, ya que bajo el argumento de que han sido elegidos personalmente, pueden no sentirse obligados a la disciplina de partido. Y en ese caso, ¿en qué grado cada uno puede votar lo que desee?. Esa posibilidad podría dar lugar a un caos en la organización interna del partido y hacer más complicada la gobernabilidad.
    También es una realidad que esta situación nos lleva al mismo tiempo a hundirnos en un fenómeno antidemocrático e indeseable como es la partitocracia. Pero ¿Quién tiene la culpa de ello?. Porque pienso que los ciudadanos no tienen capacidad para cambiarlo, ya sea por la inexistencia de alternativas o que por ejemplo, la opción de una abstención masiva de protesta no ocurrirá nunca como consecuencia del voto cautivo de las muchas familias que tienen su pesebre en las instituciones públicas. Lo que nos lleva a dejar la pelota en el campo de juego de los políticos, que no parecen muy dispuestos a modificarlo.

    • Colapso2015
      Colapso2015 Dice:

      “Quizá porque no se exige ningún requisito de capacidad para ser diputado, se supone que bajo la base de igualdad de todos los ciudadanos, lo cual en principio es muy loable, simultáneamente puede suponer un perjuicio para el conjunto de la sociedad.”

      En una democracia —la igualdad es política—, es decir, igual participación en el poder formal.
      La igualdad de los ciudadanos es empíricamente observable falsa e imposible.
      La superioridad de los “aristoi-técnicos” utilizada para la administración, es algo más de demagogia de representantes. Una calificación técnica no presupone ningún tipo de orientación de orden moral, ni ético-común. Y por supuesto, ningún tipo de divinidad para decirle a los ciudadanos que hacer con sus vidas,…

      • golpedefecto
        golpedefecto Dice:

        Pero debe servir para mejorar la eficiencia, que es de lo que se trata, lo que gente sin formación es incapaz de hacer, siendo el resultado el perjuicio de la sociedad en su conjunto,

  10. Miguel Rivas
    Miguel Rivas Dice:

    Remarco la frase “encaje de bolillos” que, en realidad, más allá de certeras críticas y pensados apoyos a la tesis de la entrada, constituye la alternativa a la partitocracia y la disciplina de voto. La cuestión es: ¿hay estambres en nuestra cultura política, mediática y de poder para que una costosa práctica de equilibrio fino entre intereses generales, personales y grupales pueda llevarse a cabo? Negociaciones, sutiles presiones, poder de persuasión, compensaciones a distintos plazos y bandas… Sí que sería una revolución en la política hispánica.

  11. EQM
    EQM Dice:

    ¿Por qué han estado en un plano secundario (si es que han estado en alguno) quienes ostentan la representación de todos aquellos españoles que, sientiéndose socialistas, votaron al PSOE el pasado 26 de junio?

    Porque han sido elegidos en listas cerradas por decisión digital del partido y éste en sus estatutos establece que los pactos políticos los decide el Comité Federal.

    Así de simple.

    EQM

  12. O,farrill
    O,farrill Dice:

    Una idea sugerida en el foro a que aludí antes: ¿y si en vez de votar a personas se votasen proyectos o propuestas vinculantes ignorando su procedencia? Esa es la Política verdadera. De nuevo el silencio como respuesta. Estamos con tal deformación y tan manipulados que sólo sabemos repetir lo que los “orientadores políticos nos dicen. Objección a la propuesta: “es que los partidos no pueden comprometerse con algo que desconocen”. Respuesta: entonces que se dediquen a otra funciones y no pretendan “hacer política. Un saludo.

  13. Cristina Andreu
    Cristina Andreu Dice:

    En España, como en la inmensa mayoría de Europa excepto Francia y Gran Bretaña, como estado de partidos que es, el diputado no representa al ciudadano que le vota sino al partido que le coloca en la lista -cerrada o abierta, da igual-. Así, el diputado se debe al jefe de filas que lo aupó a la lista y por eso después debe su voto a los intereses del partido y no del elector -que ni le conoce en la mayoría de las ocasiones-. El sistema por lo tanto, carece de representatividad.
    Por otro lado, la constitución española -con minúscula, no merece más- establece la AUSENCIA de separación de poderes entre el legislativo y el ejecutivo, al ser los propios diputados, votos agradecidos, los que eligen al presidente de gobierno, y además éste puede disolver la cámara si se encuentra un parlamento rebelde, como ya ha advertido Rajoy.
    La separación de poderes sólo se garantiza en origen, con elecciones separadas a legislativo y a presidente de gobierno y éste último por sistema de elección directa a doble vuelta.
    Sólo con esas dos condiciones, separación de poderes y representatividad del elector, puede decirse que existe democracia. Lo demás no es ni democracia joven ni vieja, ni degradada ni por degradar. Dos únicas condiciones, separación de poderes en origen y representatividad.
    El estado de partidos es contrario a la democracia; sólo tiene la apariencia de democracia porque de vez en cuando ponen una urna; pero el elector no elige nada, meter el voto en la urna no garantiza saber qué van a defender tus diputados provinciales si, como ahora en el caso del PSOE, el partido por intereses propios, cambia de opinión respecto a lo prometido en campaña electoral. Por eso, votar no es elegir, y votar en un estado de partidos es legitimar una farsa de apariencia de democracia, que no es tal porque no reúne los dos requisitos mínimos imprescindibles para serlo.
    Respecto a que la constitución otorga a los partidos el papel de mecanismo de participación política, eso no es una virtud, es un trágala porque usurpa a la sociedad civil la capacidad de participar políticamente si no es a través de los partidos. Los partidos integran a las masas en el estado de partidos. Así, ni ud. se puede presentar a elecciones si no está en un partido ni yo le puedo votar. Los partidos han usurpado la capacidad de participación política de la sociedad civil.

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