Elecciones USA: cisnes negros y sistemas políticos

Escuchaba o leía el otro día, ya no recuerdo dónde, que la inquietante posibilidad de que Trump gane las elecciones responde al hecho de que hay mucho ciudadano de clase media o baja (y particularmente varón blanco sin estudios universitarios) que considera que el Sistema ha mermado sus posibilidades vitales, reduciéndole en la escala social o expulsándole de ella, mientras observa frustrado -y en directo a través de las redes sociales- que la élite ha mantenido intacto su poder e incluso lo ha incrementado.

Esta frustración le llevaría a realizar un voto antisistema destinado a castigar a la “casta”, con olvido de los efectos concretos que tal cosa pudiera tener sobre la economía o los intereses del país en general, quizá pensando que quien va a pagar esos efectos adversos es probablemente la élite mientras que, barrunta, en su economía y bienestar personal el nombramiento de Trump difícilmente podría tener unos efectos negativos porque, considera, peor ya no se puede estar. En este sentido, se dice, este tipo de voto sería paralelo al que ha motivado el crecimiento de Podemos en España, los populismos en Grecia, Le Pen en Francia e incluso en los países nórdicos y ha producido el Brexit en Gran Bretaña. Muy interesante este artículo de Pablo Pardo sobre las contradicciones en los populismos de izquierdas y derechas. Por supuesto, una campaña demócrata, tanto de Obama como de Clinton, centrada en las minorías, también ha contribuido a polarizar al electorado; y la propia imagen fría y muy del establishment de la última, aderezada con la sospecha de ligereza en el trato de cuestiones de seguridad nacional no ha ayudado tampoco.

A este hecho sociológico se añade un interesante hecho jurídico-electoral. En otros sistemas presidencialistas como los de Francia o Rusia, el pueblo vota directamente a candidatos individuales. Si uno obtiene la mayoría absoluta es declarado ganador. Si nadie la obtiene, hay una segunda vuelta, en la que elige entre los dos más votados. En cambio, el sistema americano es mucho más complicado y peculiar: aparte del complicado funcionamiento de las primarias, la elección no es directa. Parece que los redactores de la Constitución no querían que la población votara directamente, pues desconfiaban de su cultura política, por lo que hicieron que fuera el Colegio Electoral, formado por electores presidenciales, quien eligiera al presidente, que deberá obtener el mayor número de votos de los colegios electorales. Cada estado tiene un número de electores igual al número de congresistas y senadores que posee. La peculiaridad es que en todos menos dos estados (Maine y Nebraska), es un sistema en el que el ganador se lo lleva todo. Por lo tanto, si ganas el 60% de los votos en California, obtienes todos los electores de ese estado. Al final, quien reciba los 270 votos o más del Colegio Electoral gana. Por ejemplo, en 2012, Obama se llevó el 51% de los votos a nivel nacional, lo que se tradujo en el 61% de los votos del Colegio Electoral. De hecho, un candidato podría ganar la presidencia obteniendo la mayoría de votos populares en sólo 12 estados más el distrito de Columbia. Por ejemplo, en las elecciones de 2000 Bush tenía un 47,87 % de los votos y Al Gore un 48,38, pero ganó el primero por 271 votos electorales contra 266. Si a ello se le añade el efecto pernicioso del gerrymandering (manipulación de las circunscripciones electorales, ampliándolas o dividiéndolas, para producir un determinado efecto en las elecciones) muy importante en los USA por su sistema mayoritario de distritos uninominales, no cabe negar que hay un cierto elemento exterior sorpresa que puede afectar al resultado electoral.

Ello hace que no sea imposible un escenario en el que Trump gane y se nos aparezca el cisne negro popularizado por Nassim Taleb: aquel acontecimiento inesperado que genera un impacto muy importante y, a toro pasado, todo el mundo racionaliza. Claro que si lo estamos racionalizando antes de que ocurra, quizá no sea un cisne negro, sino simplemente un momento político complicado. Juan Verde, asesor económico de Obama, decía ayer en la COPE que probablemente se va a producir un escenario de empate a votos de los dos candidatos,  pero con triunfo final de Hillary Clinton porque el peculiar sistema electoral americano va a primar a esta candidata en ciertos estados. No obstante, añade, esto desembocará en una situación política muy complicada porque ese triunfo no se va a ver reproducido en el Congreso, lo que presumiblemente va a imponer una “cohabitación”.

Bien, ya veremos qué pasa hoy. Lo que sí convendría decir es que aun ganando Trump no está todo perdido precisamente por el complicado sistema de pesos y contrapesos en que consiste el sistema americano. Ya sabemos que allí el presidente es el jefe del Estado y del gobierno y que es la única cabeza efectiva del ejecutivo, provisto de poderes concretos, no sólo ceremoniales. Como si fuera Rajoy y el Rey juntos, vamos. Pero, eso sí, comparte el poder con una asamblea legislativa nacional y con los tribunales de justicia y además con un sistema federal que distribuye el poder de gobierno entre el Estado federal y 50 Estados federados. Esos poderes se vigilan y bloquean unos a otros de diversas maneras: el presidente y congreso se eligen separadamente y cabe el impeachment de aquél y a su vez el presidente no responde a preguntas del Congreso. Por otro lado, la elaboración de las leyes depende de un equilibrio entre congreso y presidente: el presidente no hace proyectos de ley, pero puede vetarlas.

Por su lado, el Tribunal Supremo (TS) puede anular leyes, aunque la constitución no recoge expresamente un derecho de revisión judicial. Ahora bien, el presidente, el Congreso y los estados actuando conjuntamente pueden ignorar las decisiones del TS, cuyos jueces son seleccionados por el senado. Si el TS anula una ley por inconstitucional, caben enmiendas, con dos tercios de las cámaras y tres cuartas partes de los estados.

En resumen, el poder del presidente tampoco es omnímodo, porque el diseño constitucional americano buscaba busca que ninguno de los poderes dominara a los otros dos. Ello tiene alguna desventaja: la principal es la posibilidad de un bloqueo institucional porque, como decía, las elecciones separadas pueden producir un gobierno dividido y si las partes no se ponen de acuerdo puede que no se apruebe una ley o que no se pueda nombrar jueces. No otra cosa es la que le ha ocurrido a Obama en sus legislaturas, en las que la mayoría republicana le ha impedido llevar a cabo algunos de sus proyectos. Ya, ya sé que Trump podría tener el mismo botón nuclear de Kim Jong Un, pero al menos antes de que se dispare hay diez personas por las que tiene que pasar la decisión, como nos ha revelado la tonta de Hillary.

Pero también es verdad que esa desventaja acrecienta la exigencia de compromiso y consenso. Además, la responsabilidad política está allí más presente porque tienen un sistema electoral de tipo mayoritario en el que el representante político no depende del apparatchik de turno que se dedica a confeccionar las listas cerradas y bloqueadas bajo la supervisión del jefe con criterios de perruna lealtad, sino que es elegido en su distrito y puede ser defenestrado por él por un sistema muy duro de distritos uninominales de un solo ganador (winner-takes-all). Esto hace que el político tenga tan en cuenta a sus electores como a sus jefes políticos. De hecho, ha sido interesante ver cómo muchos republicanos no apoyan a Trump y que en el Congreso no es infrecuente que ocurran este tipo de “deslealtades” a los partidos. Ciertamente complica pero, como decía Madison, un proceso lento y deliberado de hacer leyes era preferible a otro en el que se aprueben demasiado rápido y sin reflexión.

Recientemente, Javier Redondo, rememorando la sucia lucha entre Hamilton y Burr, nos reconocía en un artículo que sin duda Trump ha profanado el templo de la democracia pero que, pese a todo, la filosofía de los controles y equilibrio de poderes minimizan los daños de la mala Administración. Y que a pesar de los síntomas de agotamiento e insatisfacción que muestra el americano medio respecto del funcionamiento de la democracia, tiene interiorizado el respeto a las reglas del juego.

Veremos cuál es el dictamen de las urnas de hoy. Yo quiero creer, una vez más, que unas instituciones sensibles que se autocorrigen y equilibran con los cambios pueden absorber el impacto de cisnes como Trump. No es que no pase nada; pasa, pero quizá algunos países tienen mecanismos eficientes para compensar catástrofes y otros los tienen mutilados o capitidisminuidos y necesitan cargarse un partido para solucionar un año de bloqueo o que se abra un proceso penal para que haya unas escasas y tardías responsabilidades políticas. O ni eso. Sin calcar nada de otros países, pues todo cambio produce efectos colaterales, se hace imprescindible recuperar nuestro particular sistema de equilibrios y contrapesos que, por una cosa o por otra, se ha visto desmantelado por nuestra partitocracia nacional. El cómo y por qué, es otra historia.

12 comentarios
  1. santiago
    santiago Dice:

    Creo que el problema Trump devela la fragilidad del sistema, algo que le he marcado a su hermano sobre si estamos en el mejor momento de la historia. Sí, estamos en el mejor momento, pero estos eventos muestran que en el más frágil momento, también. Me parece que lo que pasa con Trump tiene que ver con un arrastre histórico del fracaso de George W. Bush en su invasión a Irak. Fracasaron en Irak y cinco años más tarde, consecuencia de este fracaso, sobrevino una crisis que terminaron pagando los que menos tienen. Por esto, a los subestimados ciudadanos estadounidenses, se les cayó el velo mediático y han decidido, más allá de todo, apoyar al mas sincero, grotesco, personaje que representa los intereses Económicos (sólo económicos por eso con mayúscula) de Estados Unidos y occidente. Los valores externos de occidente. Ya no interesa nada más que mantener el status quo vigente a través de la industria armamentística – inversiones en el país que conviene – tasa de interés – consumo etc-. Eso es lo que se cree en los que apoyan a Trump, según mi visión. Por otro lado, según mi visión, Trump es anti-aborto, o dice serlo, lo que cuadra con mis valores (aunque yo no votaría a ninguno), y eso puede convencer al electorado católico, que en países donde no son mayorías los católicos , son más firmes las creencias relevantes sobre temas como la vida y la muerte.
    Trump, la total falta de moderación de Trump, puede arrojar al mundo a una tercera guerra mundial, sobre todo por como se ve mediaticamente a Trump más allá de Estados Unidos -lo que le sucedió por subestimar la imagen de G.W.Bush en el exterior, errar la decisión -. Pero a la vez defiende valores esenciales para la la vida, o dice defender. Trump suena a trampa suena en español. Yo estoy complicado para quien rezar.
    Sobre lo que sucede en España: Perdonen mi ignorancia, soy argentino, no existe el voto de censura constructivo allí como en Alemania?: Perdonen mi ignorancia, soy argentino, yo creía que habían sacado mucho de la constitución alemana.
    Recién se me corto internet por eso envío de nuevo este mensaje, muchas gracias.
    Un gran saludo.

    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      Saludos, Santiago: veo que sigue con atención la interesante diatriba que mantengo con mi hermano acerca de si es compatible estar en el mejor momento de la historia en ciertos aspectos con el hecho de que no hay crecimientos indefinidos ni nada asegurado. Yo opino esto último y me temo que es preciso no confiarnos. Gracias por leernos.

      • Santiago
        Santiago Dice:

        Muchas gracias a usted por su escrito. Hacen mucha falta debates inteligentes. Opino como usted. En esta inestabilidad, devenida de una inercia sistémica sin igual, donde decisiones que van a afectar a miles de millones son tomadas a la ligera, de manera superficial o irresponsable, frente a esto, quizás, sólo las personas humildes puedan no sentir su intima dignidad mellada.
        Un gran saludo.

  2. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Enhorabuena por el artículo, D. Ignacio.
    Constatamos que la democracia representativa de masas es populista por una razón: la masa es la que con sus predecibles respuestas a estímulos demanda argumentos emocionales.
    Si a ello sumamos que en las diez páginas de la Constitución USA no aparece la palabra democracia lo que tenemos es un “Gobierno Representativo” que si no recuerdo mal es el término consagrado por aquella constitución. Un gobierno de élites con vocación imperial desde su nacimiento. Sin duda el gran éxito colectivo de los últimos dos siglos aunque hoy esté necesitando una temporada en el taller de reparaciones de la historia.
    Cuando el sistema de Medios de Masas comienza a reverdecer el término “populista” (Trump, Podemos, etc) para intentar desprestigiar a una de las partes de una contienda electoral lo que está haciendo es poner un poco en evidencia una de las principales contradicciones de nuestro sistema. Concretamente la frustrante imposibilidad antropológica de que pueda existir una Democracia de Masas “no populista”.
    ¿Qué técnicas se usan para apoyar la invasión de Iraq, las guerras actuales, las burbujas financieras, etc.? Populismo puro. La demagogia es su esencia.

    Concretamente en esta y anteriores campañas electorales USA ambos bandos son profundamente “populistas” y basta releer un poco la biblia neurológica electoral, “The political brain” (Drew Westen, 2007)– para constatarlo de principio a fin.

    Esta obra –de gran predicamento entre los diseñadores de campañas electorales y de imagen– surge tras el descubrimiento experimental en 2006 (resonancia magnética para medir la actividad cerebral ante estímulos por zonas de emotividad/racionalidad) de que determinados estímulos –a veces discretísimos y fugaces– refuerzan los sesgos cognoscitivos de los electores.
    De aquella inmensa masa que previamente se ha posicionado emocionalmente como partidaria de una u otra etiqueta política partidista (ser de “izquierdas”, “derechas”, “liberal”, “islámico”, “indepe”, “buen rollista progre”, “conservador”, “supremacista”, “tribalista”, etc.)

    Es decir y en términos pre-MRI “una vez que un reflejo Pavloviano se ha instalado en el cerebelo es posible reforzarlo con estímulos bien diseñados ni solo perceptibles por el profesional”.
    Esta práctica –rutinaria en la publicidad de gran consumo desde hace décadas– lleva también mucho tiempo formando parte íntima de las llamadas Democracias Representativas.
    A mi modo de ver es otra señal alarmante de que esto va fatal.

    Además de ese factor hay otro casi igual de importante. El refuerzo mediático.

    ¿Por qué los grandes medios de masas –Oligopolizados como nunca en la historia y gestionados cada vez por menos manos– parecen estar actuando deliberadamente a favor de los candidatos más populistas y demagógicos? ¿Quieren promocionarlos por “intereses bastardos” o es por otras razones?

    Esta pregunta que se ha hecho estos años a muchos gestores mediáticos televisivos en España por la ayuda que han prestado a los candidatos de los partidos emergentes, se encuentra con la respuesta casi unánime del gestor que sonríe benévolo: “Es que ustedes no ven los tirones de audiencia cada vez que uno de esos candidatos y uno de esos “temas” aparece en pantalla” y, añade, “yo vivo o muero cada semana en función de esos números”. Los que escuchan se lo creen a medias pero los números parecen ser ciertos. Belén Esteban no existiría en pantalla si muchos millones de espectadores no anhelasen parecerse a ella. A veces sin saberlo.

    No es fácil discernir y mucho menos analizar fríamente los datos que se nos ofrecen percibiendo al tiempo el vacío de aquellos datos que no tenemos.

    Por todo ello me ha encantado la forma mesurada y discreta con la cual D. Ignacio ha presentado la cuestión.
    Enhorabuena, gracias y buenos días.

  3. Josean Díaz
    Josean Díaz Dice:

    Si, es que los varones norteamericanos de raza blanca y sin estudios universitarios tienen además la mala costumbre de tener memoria, será por eso que no pueden olvidar que Hillary goza de grandes simpatías para ser electa por representar al establishment financiero que hace pocos años, con la mayor impunidad, causó el desastre financiero que hizo que millones de personas perdieran su casa, sus ahorros y su trabajo. Sí, esos mismos que aquí, entre nosotros, manipulan resultados electorales, dan golpes de Estado en los partidos (aquí los partidos forman parte del Estado, son partidos estatales) y redactan las normas que, luego pringados como Rajoy (el PP es Rajoy) o los partidos del establishment que sean necesarios , deben comprometerse a aprobar, aunque sea multando a los Diputados que se resistan, pasando por encima de preceptos constitucionales que prohíben expresamente el mandato imperativo. Quien manda, manda.

  4. Tomas Gimenez
    Tomas Gimenez Dice:

    Enhorabuena y gracias por este esclarecedor post Ignacio.
    Espero no obstante que no aparezca el Cisne Negro y no sea por tanto necesario confesar ningún desastre

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Cuando ya casi nos había convencido nuestro Sistema Mediático de que tendríamos una victoria de la Sra. Clinton resulta que nos despertamos con otro Cisne Negro. En poco tiempo más perderemos la cuenta de los que llevamos. Habría que tomar nota.

    A lo mejor va siendo hora de volver a leer a León Festinger sobre la aparente disonancia cognoscitiva que afecta a los Mass Media occidentales. Hay traducción española en los años 70 gracias al Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Una de las discretas y excelentes instituciones de España.

    Como apuntaba Ignacio ayer, ahora leeremos a los artistas de la Post-Truth, de la Post-Verdad, aunque solo sea para reconocerlos mejor. Claro que si alguien sigue leyendo los “mainstream media” para enterarse de cómo van las cosas…………es su problema. Es difícil acumular más desprestigio en menos tiempo.
    Salvo excepciones, que las hay. Por supuesto y a pesar de que se les reprime, censura y castiga.

    Saludos

  6. G.P.
    G.P. Dice:

    1.- No es el “populismo”, es el “anti-polítcos”. Trump ha jugado a ser un no-político y ha ganado haciendo y diciendo todo lo contrario que debería hacer y decir un candidato político. Podemos jugó a ser anti-políticos, pero sus cabecillas se expresan en un tan perfecto politiqués (como llamaba Amando de Miguel este lenguaje de vendedores de humo) que ya no engañan a nadie más: son políticos. Ha ganado la “anti-política”. Cada vez hay más gente harta de los políticos profesionales, esto va a más y puesto que en toda elección se elige al poderoso líder de la manada y sus esbirros, puede ser muy peligroso: el gobierno representativo es muy peligroso y a lo largo de su corta historia ha costado muchos millones de vidas.

    2.- Por favor: dejemos de llamar “ciencia” a las ciencias sociales (Sociología, Economía, etc) con la excusa de que usan las matemáticas. No son ciencias. No dan una.

  7. Themroc
    Themroc Dice:

    Creo que es una exposición muy interesante y, ahora que conocemos el resultado, me gustaría añadir dos apuntes.

    Uno, referido al por qué de la expansión del voto populista, no sólo en USA, sino en muchos otros países, más allá del perfil social concreto del trabajador blanco pobre. En mi opinión esa expansión radica en la “vis atractiva” que estos movimientos proyectan hacia estratos sociológicos amplios, digamos, culturalmente menos cosmopolitas, que sin estar afectados negativamente, o tan negativamente como los primeros, en lo económico por el nuevo re-equilibrio global del comercio exterior, y sin ser intrínsecamente iliberales, sin embargo, sí consideran en peligro sus expectativas socio-económicas futuras y las de sus familias con relación a las que disfrutaron en el pasado, por lo que añoran éste, abriendo sus oídos a los que les hablan de “recuperar la soberanía”. El discurso de Trump una vez conocido el resultado, ha ido en ese sentido. Curiosamente sea España, a diferencia de lo que ocurre en otros países, una excepción a esta extensión hacia otras capas sociales, debido a que la burbuja de tipos bajos tras la incorporación a la moneda común, tuvo su desarrollo principal en el sector inmobiliario, con las peculiares e intensas externalidades recaudatorias asociadas a esa concreta estructura de PIB, que han permitido a los gobiernos españoles post-crisis, posponer gran parte del ajuste vía déficit gracias al bajo ratio de deuda conseguido tras esa recaudación extraordinaria, y por otra parte, al sostenimiento de las pensiones, vía fondo de reserva, políticas ambas que han aislado a un determinado perfil social que de otra manera hubiere sucumbido aquí, como ha ocurrido con los afectados por el nuevo clivaje, a los cantos populistas la izquierda.

    Y dos, en relación a los contrapesos políticos internos del sistema norteamericano, muy bien explicados en el artículo (y que tan excelente deleite seriéfilo nos proporcionan), pero que serán menos eficaces después de que el GOP haya obtenido la mayoría en las Cámaras, faltaría hacer mención a otros contrapesos, distintos, económicos, pero igualmente determinantes, como estamos observando en el caso del Brexit: los mercados. Trump, tendrá difícil imponer trabas comerciales, arancelarias o de otro tipo, a otros países o regiones, porque la razón del dominio norteamericano está cimentada sobre sus multinacionales, cuya producción fabril y clientela no puede volver y contraerse a unas fronteras de trescientos veinte millones de habitantes. Gran parte de sus promesas, al igual que las de otros políticos populistas en otros países, en la práctica, son inviables, y lo saben.

    En cualquier caso, yo no sería excesivamente pesimista. Los retos de las sociedades occidentales son muy importantes, pero los datos agregados de la globalización son excelentes. Revertir tiene costes inasumibles en todos los órdenes. Volver a las fronteras no nos retrotraerá a situaciones pasadas, pero sí empeoraría drásticamente la presente, y no sólo por la disminución del tamaño del toblerone (http://verne.elpais.com/verne/2016/11/08/articulo/1478600733_827007.html) sino, como recordaba el presidente de Alibabá “cuando se frena el comercio, comienzan las guerras” y no en un secarral contra cuatro fanáticos.

  8. Colapso2015
    Colapso2015 Dice:

    Lo que se observa en primer lugar es que se utiliza de forma espuria populismo, pues el origen no es comunicar sino manipular. Populismo (de populus, no senatus) hace referencia al arte de manipular las masas para dirigirlas en pro del interés del populista, que por lo general utiliza la demagogia (la anti-lógica) para ello.

    La perversión del lenguaje, viene a utilizar populista para aquellos casos en que un grupo de personas, utilizando la representación (presente sólo en UK, EEUU,…) o democracia (directa, Suiza) eligen algo que perjudica a otros. Bien, “esos otros” son “gentium” por lo tanto no entran dentro del “populus” para la definición del grupo supuestamente perjudicado o beneficiado.

    Será otra cosa, pero desde luego no es populismo ,…,

    Yo no creo que Trump vaya a ser el demonio que pintaban los medios europeos, ni siquiera un escribano de espada como Jackson. Sólo se debe recordar que es mil millonario presbiteriano (“democracia”-calvinista).

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