HD Joven: El día que Donald Trump se hizo presidente de los Estados Unidos

El 8 de Noviembre de 2016 será una fecha importante en la historia de los Estados Unidos. Una de las noches electorales más polémicas de la historia de la democracia americana, pues aun dos días después de   las elecciones persiste la resaca.

El recuento en las urnas se hizo eterno, y es que lo disputado que resulto el proceso no permitía perder de vista los acontecimientos ni un momento. Fue entorno a las 3:30 am hora local (New York) cuando se confirmó lo que la noche venía mostrando, el éxito republicano había superado las propias expectativas del partido. Si bien las ultimas encuestas reflejaban menor diferencia de la anticipada, un par de semanas atrás pocos o nadie pensaban que el polémico empresario neoyorquino tuviese opciones de hacerse con el sillón de la Casa Blanca. Entrada la madrugada se confirmó la noticia. A pesar de que la tarde electoral fue vaticinando este resultado uno de los hechos mas determinantes fue cuando vimos de color rojo (el de los republicanos) el mapa de La Florida, uno de los llamados “swing states”, que generalmente terminan siendo determinantes, como al final ocurrió. Y es que el principal escollo que parecía encontrar el bando conservador era el voto de las minorías, concretamente la minoría latina que, sin embargo, en este estado no son precisamente minoría. Pues lo ocurrido en La Florida podría ser representativo de lo que acaece en el país.

Sin duda la resaca electoral deja una repercusión irrefutable, una grave división social, especialmente marcada en la comunidad latina. El ya presidente americano ha mostrado durante su campaña una preocupante falta de tacto a la hora de tratar problemas de bulto en la actualidad, sobre todo en cuanto a la inmigración y a las relaciones internacionales, y hay ciertos sectores que lo han tomado como un ataque personal. Por otro lado, el discurso populista de Donald Trump ha sabido atender a las mayorías. Más preocupadas por problemas internos que de compromisos internacionales, como los hechos delictivos que están ocasionando ciertos grupos de crimen organizado compuestos por inmigrantes ilegales en la ciudad de Chicago o los problemas de pandillas en los estados fronterizos con México; y, sobre todo, la esperanza del resurgimiento del mercado laboral estadounidense, con el famoso lema “Let´s make America great again.”, otrora usado por otros presidentes de la historia americana. También ha sabido congregar el voto cristiano por su claro posicionamiento en contra del aborto y otras medidas conservadoras. Este polémico posicionamiento del ya presidente americano ha sido fuertemente rechazado por gran parte de la sociedad de este país, pues no hay que olvidar que, a pesar se haber ganado el voto electoral, el partido demócrata concentra mayor porcentaje de voto popular. En consecuencia, una ola de protestas y manifestaciones se han desatado por el país. La división es patente, incluso se ha tornado peligrosa. El resultado es fruto de discusión en cada esquina, en los servicios de transportes y hasta en los colegios, incluso los más pequeños muestran una terrible intransigencia. El problema se ahonda dentro de los grupos minoritarios, dentro de la comunidad latina, por ejemplo, se viven conflictos dentro de la misma familia porque alguno de sus miembros ha optado por el voto republicano y esto resulta ofensivo para los demás. Amigos que se enfrentan de forma agresiva o vecinos que se evitan por no entrar en conflicto. Incluso compañeros de trabajo que esconden sus verdadero posicionamiento por sentirse coaccionados.

El éxito de Trump es para muchos el fracaso de Hillary Clinton. Si bien las previsiones daban a Clinton una ventaja muy importante sobre su competidor, los sucesos previos a las elecciones parecen haber destruido todo el trabajo de campaña. A once días para las elecciones, el director del FBI James Comey, anunciaba que se reabría el proceso de investigación sobre Hillary Clinton por el famoso caso de los correos electrónicos. Evidentemente, la noticia fue hábilmente aprovechada por su rival, que incidió en su campaña difamatoria contra la ex secretaría. Aunque ambos candidatos dedicaron gran parte de la campaña a desacreditar a su oponente, no hay nadie que domine esta estrategia como el empresario neoyorquino, que se mueve en su salsa cuando los modos se tornan bruscos y la descalificación es el arma elegida. Así, durante los 3 días previos a las elecciones la amplia distancia de la que el partido demócrata disfrutaba comenzó a reducirse vertiginosamente. Resulta un tanto sospechoso que una investigación de semejante trascendencia se reabra a 11 días de las elecciones y concluya 3 días antes, pues si bien resultó por declarar inocente a la líder demócrata, el daño a su imagen ya era evidente y, a la postre, irreparable.

La sensación general pone de manifiesto una falta de confianza en ambos candidatos, las opiniones reflejan que un país que pretende seguir teniendo un papel protagonista en el escaparate mundial merece otro tipo de representante. Sin embargo, también se observa que hay una gran parte de la sociedad que se distancia de la repercusión mundial que los Estados Unidos puedan tener, para centrarse únicamente en sus propios intereses. Esta ha sido una de las armas de batalla de Donald Trump, distanciando su discurso de lo políticamente correcto incluso a pesar de la polémica, o más bien aprovechándose de ella. Los que conocen a Trump saben que pasar desapercibido no es algo que se incluya en su repertorio. Su éxito empresarial es cuestionado por muchos, pues a pesar de amasar un imperio, no partió precisamente desde cero y acumula varios batacazos empresariales. De lo que nadie duda es de su habilidad como vendedor y para auto promocionarse, un gurú del marketing a niveles incalculables. Su imagen y su nombre son icono del éxito americano, basta con pasearse por Nueva York y comprobar que su nombre ocupa rascacielos, helipuertos, complejos comerciales, bebidas alcohólicas, restaurantes… Trump ha reconocido públicamente que el culmen ideal a a su carrera sería la presidencia del país y a pesar de no haber destacado por talante, prudencia y buena prensa, ha demostrado que es capaz de cualquier cosa.

En el plano internacional, la sorpresa golpeó fuertemente los mercados de valores de forma impactante, superando incluso la repercusión del Brexit. Si bien ya desde ayer la situación empezó a revertirse, aun hay ciertas regiones en clara situación de urgencia, como México, país que depende en gran medida de las exportaciones a los Estados Unidos y de una buena relación sobre todo en cuanto a política de frontera se refiere. En cuanto a su relación con los países árabes parece que se decantará por una postura más conveniente a los intereses económicos propios que por posibles repercusiones internacionales o acciones de coalición y enfrentamientos externos, pues ha advertido que restringirá el acceso de los inmigrantes  musulmanes hasta resolverse la situación del grupo terrorista ISIS y las acciones terroristas acaecidas en suelo americano. Otra cuestión polémica y que genera incertidumbre es el papel que mantendrá en el conflicto Israel-Palestina, pues aunque el no ha sido directo, el Primer Ministro de Israel, Benjamin Netanyahu ya se alegra públicamente de la victoria del “red party”. También amenaza con cambiar el papel de Estados Unidos en la OTAN y de su relación con Moscú, que sin duda preocupa en la Unión Europea. Y, por supuesto, no son menos inquietantes ni pasan desapercibidas sus intenciones mercantilistas y de nacionalizar la economía. Lo que es evidente es que el resultado de las elecciones está copando el foco informativo a nivel mundial y aunque estas polémicas medidas no fuesen más que una táctica populista para haber logrado el objetivo, hacerse con la presidencia del hasta ahora país más relevante en el orden mundial, la simple posibilidad de que muchas de ellas se lleven a cabo, no solo preocupan y dividen a la sociedad americana, si no que también fuera de sus fronteras. A día de hoy debe haber pocas personas que no sepan quien es Donald Trump.

Ahora se presenta un reto muy importante, acabar con la división social. No tiene experiencia política de ningún tipo ni es miembro de la élite clásica americana. Se sale de lo que la terna política considera cómodo. Su enfrentamiento con la prensa es una realidad evidente y esto no va a agilizar la recomposición de su imagen. Calmar los ánimos de la sociedad latina, el colectivo gay y otras minoras van a ser un tremendo obstáculo en su camino, sin embargo, para lograr la estabilidad necesaria y poner a funcionar la maquinaria nacional de forma eficiente será un paso imprescindible.

En plano personal y atendiendo a las sensaciones que la situación me producen, planteo reflexionar qué valores han de considerarse necesarios para un jefe de estado. Si la brillantez, la vehemencia, la capacidad competitiva, el éxito económico y la fama son cualidades importantes, probablemente el señor Trump pueda tener un buen papel en la Casa Blanca. Sin embargo, si consideramos que la prudencia, el talante, el respeto y la transparencia son más importantes, entonces no estoy tan seguro de su éxito. Otra conclusión política debe ser si las dos alternativas que se presentaban al pueblo americano tenían la calidad suficiente. También los modos y gestos que se han repetido durante sendas campañas deben ser objeto de juicio, pues han convertido la difamación y el conflicto en el principal argumento. No creo que la sociedad americana quede muy bien representada con su actual presidente, pero también me dejaba ciertas dudas la otra opción que se presentaba. De lo que no estoy tan seguro es de si realmente son reflejo de la actual sociedad de los Estados Unidos, que me parece bastante alejada del optimismo y pujanza de antaño,  alejada de cualquier obligación como potencia internacional y preocupada en problemas estructurales  y sociales que actualmente golpean el país.

2 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Vivíamos en EEUU cuando ganó Ronald Reagan tras el problemón de Jimmy Carter durante su primer mandato.

    Un trauma del que hoy apenas queda el recuerdo del fiasco militar tratando de rescatar a los rehenes en Irán (no funcionó como le había funcionado a Israel en Entebbe, Uganda) y los chistes sobre Billy Carter, el hermano del presidente saliente.
    En aquella época el americano medio sentía rubor a causa de su presidente y gracias a ello ganó Reagan.

    Hoy la situación de América es mucho peor: A pesar de toda la propaganda el Gini USA es como el de China. Pero el de China mejora.
    En los 70 una familia media vivía y ahorraba con un solo sueldo. Hoy, con dos sueldos están endeudados y se gastan –solo en intereses de la tarjeta de crédito– 1,300 dólares año. Ahorro Cero. Hipoteca y otra financiación (Coche, estudios de los hijos, tratamientos médicos importantes, etc) aparte.
    Para los hijos pinta todavía peor.

    Esto no es un problema que se arregle con reparaciones de taller y esto es precisamente en lo que están pensando quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de hacerlo desde fuera de la Política.

    Lo más patético de hoy en nuestra prensa es ver a supuestos próceres icónicos decir auténticas sandeces llenas de “corrección política”.

    La marea de la opinión informada ya hace mucho tiempo que ha cambiado y es mejor que se suban al carro de.– por lo menos–, no auto engañarse, de reconocer la tesitura en la que se encuentra el sistema y de comenzar a pensar en soluciones que no son evidentes ni facilonas.

    Un amigo diplomático acaba de enviarme el siguiente e-mail casi telegráfico.

    Cita

    Ya empieza la murga contra el sufragio universal. Inevitable.
    Abrazos
    http://foreignpolicy.com/2016/11/10/the-dance-of-the-dunces-trump-clinton-election-republican-democrat/

    Fin de cita.

    Buenas noches

  2. José Jarauta
    José Jarauta Dice:

    He leído con atención el artículo que ha traído a colación Manu. Lo primero que me ha venido a la cabeza es que es que se trata del desbarre de un payaso más en un país de payasos como Trump, donde hay libertad de expresión.

    Pero sería un juicio precipitado e injusto. Tendría que calificar también igual a Platón (hay diferencias obvias entre ambos) y muchos más hasta el día de hoy, para quizás acabar haciendo un índice de libros prohibidos y el final del día me habría convertido en el mayor payaso.
    .
    Lo mismo me pasa con Trump, dudo mucho que ningún payaso hubiera conseguido ser presidente de Estados Unidos, el país con las instituciones más sólidas del globo. Además los payasos pueden sentirse ofendidos (con razón).
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    Así que tenemos el país con las instituciones más sólidas, el de Hamilton, Madison & Cía, el de las élites más ilustradas y sofisticadas, el más tecnológicamente avanzado, con un presidente aupado por analfabetos funcionales, campesinos y demás gentuza (incluido el KKK y lobbystas adinerados poco escrupulosos). Eso después de dos siglos de recorrido “ilustrado”.
    .
    Bueno, por lo menos ha servido para que los institucionalistas afinen su diagnóstico. Una “cura de humildad” que quizás era necesaria. Eso es bueno, porque como dice el refrán “quien siembra vientos recoge tempestades”, y no cabe recurrir al “circle the wagons” para echar al muerto de los resultados a la ignorancia, sobre todo porque demostraría vagancia intelectual (aka ignorancia en un orden superior).
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    “American Democracy Is Dying, and This Election Isn’t Enough to Fix It. The foundation of our political system is broken. And repairing it will take more than just your vote.” Daron Acemoglu.

    http://foreignpolicy.com/2016/11/07/american-democracy-is-dying-and-this-election-wont-fix-it/

    El título es un poco alarmista, una llamada a las armas antes de las elecciones, pero el análisis se va afinando y eso me gusta.

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