¿Por qué es tan difícil cambiar de banco su hipoteca? Por una ley y por un fraude de ley

La publicidad nos bombardea continuamente con propuestas para cambiar nuestro plan de pensiones de un banco a otro, para domiciliar nuestra nómina a cambio de ventajas en forma de rebaja de tipos de interés, o para trasladar de entidad nuestro seguro de coche, moto, casa, vida o hidroavión (en su caso) porque es mucho más barato, tiene más ventajas y además es facilísimo de tramitar. Sin embargo, si lo que queremos es cambiar de banco nuestra hipoteca, porque hay otro que nos ofrece mejores condiciones o por la razón que sea, el asunto se vuelve prácticamente imposible, hay unos impedimentos verdaderamente extraordinarios que acaban desincentivando al consumidor que se plantea cambiar de banco, hasta el punto de que muchos de ellos ni siquiera empiezan la tramitación, ante el riesgo de que fracase. Y ello por dos causas fundamentales.

La primera es la propia ley que regula el procedimiento de subrogación de acreedor hipotecario (cambiar el préstamo de un banco a otro).  Es la ley 2/1994, que en su primera redacción habilitó un sistema nuevo, que resultó muy eficaz y barato (aunque bastante confuso técnicamente) para permitir que un deudor hipotecario pudiera cambiar la hipoteca de banco con unos costes muy reducidos. Lo fundamental de esta ley era que la decisión final acerca de si el deudor se cambiaba de banco, o no, era del propio deudor, el cual tenía la sartén por el mango.

Sin embargo, todo cambió con una reforma legal que se produjo en 2007. A partir de ese momento, ya no era el deudor, sino el banco que tiene la hipoteca, el que decide si puede o no haber subrogación. El artículo 2 de la ley 2/1994 dice ahora que “…la entidad acreedora tendrá derecho a enervar la subrogación si, en el plazo de quince días naturales, a contar desde la notificación del requerimiento y en respuesta al mismo, comparece ante el mismo Notario que le haya efectuado la notificación a que se refiere el párrafo anterior y manifiesta, con carácter vinculante, su disposición a formalizar con el deudor una modificación de las condiciones del préstamo que igualen o mejoren la oferta vinculante”.

En resumen, basta con que el banco declare que iguala o mejor la oferta (no aclara qué es mejorar), para bloquear la subrogación y frustrar el deseo del deudor de cambiarse de banco. Es decir, el deudor ahora ya no tiene en absoluto la seguridad de que se va a poder cambiar de banco. Quien ahora decide, en última instancia, es su propio banco.

Toda esta cuestión ya la he abordado en un post anterior, que puede consultar aquí, por lo que si quieren una información y crítica más extensa, me remito a él. La reforma de 2007 se hace justo antes de la crisis económica, y a mi juicio está completamente desajustada a la situación actual. De lege ferenda sería imprescindible reforma la ley para volver a la situación anterior, mucho más protectora del deudor, parte débil.

La ley del 2007, es por ello, la primera causa de la dificultad de subrogar con éxito una hipoteca de un banco a otro. Pero hay otra causa, que la hace incluso más complicada, y es una práctica de algunos bancos que puede considerarse un fraude de ley.

Como he indicado, la ley no dice qué significa que el primer banco “mejore” la oferta del segundo (que la iguale entiendo que no tiene controversia: consiste en que la acepte en su integridad). Pues bien, lo que están haciendo algunos bancos que no quieren permitir que el cliente se vaya, es declarar que mejoran la oferta del segundo banco, y hacer una contraoferta que nada tiene que ver en condiciones principales y accesorias con la oferta, contraoferta que a veces incluso supone contratar nuevos productos del primer banco, y declarar que eso es “mejorar” la oferta inicial, cerrándose en banda a cualquier argumento, e impidiendo, de hecho, la subrogación.

Veamos un ejemplo, tomado de una consulta en la web de iAhorro:

La oferta del banco que quiere subrogar era: 12 meses interés fijo del 1.43%, interés variable de Euribor más 1.25% debiendo mantener nómina, domiciliar 3 recibos y realizar 3 operaciones tarjeta, además de contratar un Seguro de Hogar, de lo contrario se penalizará con 1 punto.

El banco que tenía la hipoteca, enerva la subrogación porque dice que lo mejora con esto: 5 meses interés fijo del 1.43%, ofrece Euribor más 2.25, pudiendo bonificarme hasta 1 punto contratando: Nómina, 3 recibos y 3 operaciones tarjetas (0.40%), seguro de hogar (0.20%), seguro vida (0.20%), contratar alarma Securitas (0.20%) y plan pensiones aportación mínima 1.000 euros anual (0.20%).

El consumidor se queja (y con razón) de que el primer banco no iguala el tiempo del interés fijo y que en el variable, en las mismas condiciones que le ofrece el segundo banco, euribor más 1.25%, el primero se quedaría en euribor más 1.65%, para llegar al euribor más 1.25% debería contratar seguro de vida, alarma o plan de pensiones.

En definitiva, la mecánica que se está siguiendo es que el banco que ve peligrar su hipoteca, al recibir la oferta del otro banco, no la iguala, pero tampoco la mejora, sino que la ignora por completo. Se saca de la manga una contraoferta totalmente nueva, la califica de “mejora” porque sí, y consigue con eso bloquear la subrogación, aunque el deudor crea que no es una mejora e incluso aunque los datos indiquen con claridad que no se está mejorando la oferta. Al deudor solamente le queda aceptar o no esa contraoferta, o irse a los tribunales a reclamar (lo que es una posibilidad más de derecho-ficción que otra cosa).

Después de todo l0 que hemos aprendido en estos años de crisis en cuanto a cómo deben ser las relaciones entre bancos y consumidores, creo que pocas dudas caben de que este comportamiento es inaceptable por ser abusivo por parte de las entidades que lo practican, y en fraude de la propia ley 2/1994.

En mi opinión, la entidad solamente puede hacer estas dos cosas: igualar la oferta del segundo banco, es decir repetir exactamente las mismas condiciones que éste, ni una más ni una menos, o mejorarlas, pero mejorarlas tiene que entenderse como aceptar todas las condiciones del segundo banco, aunque mejorando alguno de los parámetros o índices, a la baja normalmente, de modo que sea objetiva la mejora, en definitiva que sea lo mismo pero más barato.

Es decir, la mejora de la oferta no es de especie diferente a la igualación de la oferta, es una subespecie de la igualación y tiene que referirse a la misma oferta planteada, por lo que no puede “inventarse” productos o condiciones o seguros o condicionantes que no existan en la oferta del segundo banco. Tiene que reproducirla tal cual, bajando algún indicador en beneficio del deudor, pero siempre de tal naturaleza que sea objetiva a simple vista la mejora. Y si el primer banco no tiene los productos ofrecidos por el segundo, pues lo siento, más suerte la próxima vez, de eso se trata precisamente, de fomentar la competencia.

Este problema tiene difícil solución, porque (y esto es comprensible, ciertamente) quien debería enfrentarse a esta práctica son las entidades que ven frustrada la subrogación pero, claro, es difícil pensar en un choque entre entidades por esta cuestión. Pero sí debería ser resuelto, y aquí tendrían mucho que decir el Banco de España y las asociaciones de consumidores, aparte, por supuesto, y en primer lugar, las propias administraciones públicas.

 

24 comentarios
  1. Álvaro Delgado
    Álvaro Delgado Dice:

    Estupenda descripción de la realidad práctica Don Fernando. A muchosos se les llena la boca y la pluma con la transparencia y la protección del consumidor pero toda esta materia va claramente en dirección contraria. Enhorabuena por el post. Un abrazo.

  2. Carlos Oliva
    Carlos Oliva Dice:

    Mientras la Ley y/o la corriente jurisprudencial de doctrina DGRN permitan que la subrogación prospere cuando el deudor declare en el título “que a su juicio las condiciones de la pretendida enervación no igualan o superan a la oferta del nuevo banco”, nada que hacer. Nos quedamos enfrascados en el fraude de ley.

  3. Segismundo Alvarez Royo-Villanova
    Segismundo Alvarez Royo-Villanova Dice:

    La Ley de 2007 es un ejemplo más de como el legislador baila al son que tocan los Bancos. Un ejemplo más de la captura del regulador por las entidades financieras. Por eso casi resulta sorprendente lo contrario: ¿Como fue posible que se aprobara una Ley que fue tan útil como la del 94? ¿Quizás porque en ese momento a algunos Bancos les interesaba aumentar su participación en ese mercado dominado en ese momento por el Banco Hipotecario y las Cajas? Sería interesante estudiar la participación de -por el ejemplo- el Santander en el mercado hipotecario de particulares en 1994 y en 2007.

  4. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Muy buen post Fernando, como siempre. Otro ejemplo más de cómo el legislador está capturado por el lobby bancario. Ya lo he dicho otras veces. Se alaba mucho la ley de 1994 de subrogación de préstamos hipotecarios, pero no hay que olvidar que ya el art. 1211 CC permitía esa posibilidad y nadie la aplicaba. Es curioso…
    Da igual qué partido esté gobernando, las normas son desequilibradas a favor de los de siempre. Caminamos a un sistema financiero cada vez menos competitivo y eso lo pagamos los consumidores.
    Yo cada vez tengo más claro que hace falta una autoridad pública independiente que defienda los intereses de los consumidores, con capacidad sancionadora, reguladora y legitimación para ejercitar acciones de clase. Se acaba de crear en EEUU con la Dodd Frank Wall Street Reform and Consumer Protection Act. Han creado el Consumer Financial Bureau http://www.consumerfinance.gov/es/quienes-somos/ El consumidor tiene dónde ir cuando detecta abusos. La oficina está funcionando y se encarga de controlar directamente el cumplimiento de la legalidad por parte de las entidades financieras incluso aunque no haya denuncias. Aquí campan a sus anchas, no hay regulación disuasoria de comportamientos abusivos. Esperemos que este Gobierno en minoría sea capaz de abordar reformas que “de verdad” protejan a los consumidores.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Enhorabuena por un excelente artículo. Instructivo e independiente. Valioso.

    He tenido poco crédito hipotecario en mi vida, apenas algunas subrogaciones residuales, pero siempre tuve curiosidad por entender cómo el banco contabiliza reglamentariamente — a lo largo del tiempo del contrato– los ingresos y riesgos hipotecarios.
    Esto debería permitir visualizar los efectos de una subrogación en el balance y la cuenta de PyG si, como sucede con el devengo, ambos flujos no fueran lineales en el tiempo. Dada la estructura del sistema impositivo esto tiene igualmente importantes efectos en el cashflow del Estado.

    Sobre la siempre penetrante observación de la profesora Cuena simplemente apuntar lo sabido: El tan acusado oligopolio Bancario (muy especialmente el español y el continental Europeo) son creaciones del Poder porque sin ellos se vería obligado a exponer la realidad: El sistema bancario ya está nacionalizado a efectos prácticos. Por si fuera poco es “comisario de policía en activo” para todas nuestras transacciones.

    Si esta nacionalización no está legalmente reconocida es porque hacerlo mostraría, un tanto impúdicamente, la naturaleza real del sistema en esta fase evolutiva en la que vivimos del Crédito y conviene al Poder echar las culpas de los fracasos –y de algunas de las funciones de la banca– al sector Privado. Sea este Lehman, Northern Rock, Sparkasse XYZ o Bancaja.

    Hay por tanto una zona gris marengo en la cual el Agente Público “banquero privado” actúa un poco por su cuenta. Pero es imposible que ello no sea sabido y pactado con la cúpula del Regulador y Supervisor.
    Es en este campo marginal donde se permite operar la creatividad del banquero dentro de esa gran hipocresía colectiva que acepta que los créditos para vivienda sean baratitos y los créditos para circulante de una industria salgan hasta cuatro veces más caros. Como estamos tan habituados a ver y comprobar.

    Es bien conocida la enormidad que supone que toda la actividad empresarial y todas las astronómicas comisiones bancarias privadas sean los que acarrean el coste de las hipotecas regaladas. ¿Por qué el silencio cómplice? Esto es grave y sobre ello existe un silencio plomizo.

    Muchas gracias

  6. Jorge Díaz Cadórniga
    Jorge Díaz Cadórniga Dice:

    Enhorabuena por el brillante post.
    Es interesante tener en consideración los CRITERIOS DEL DEPARTAMENTO DE CONDUCTA DE MERCADO Y RECLAMACIONES, que figuran en la Memoria anual del Banco de España, año 2015 (último publicado), reiterando lo que constaba en los 4 años precedentes -los que he leído-:
    “En el caso de que en las operaciones a tipo de interés variable existan bonificaciones al diferencial que se ha de adicionar al tipo de referencia para determinar el tipo aplicable, mediante la contratación de determinados productos o servicios, la entidad enervante deberá ofrecer las mismas bonificaciones, mediante la contratación de idénticos o muy similares productos y/o servicios. En caso de que ello no fuera posible, se requerirá el consentimiento expreso del cliente de aceptación de las propuestas por la entidad, en los términos señalados en el párrafo anterior.”
    El indicado párrafo anterior dice:
    “Ante la indefinición o falta de concreción de los criterios de homogeneización y comparación, el Servicio de Reclamaciones considera que, acorde a criterios de buenas prácticas bancarias, la mejora debe afectar a todas, o a parte —sin que ninguna resulte empeorada—, de las condiciones contenidas en la oferta vinculante de la entidad que se pretende sea subrogada en la posición de la entidad acreedora original, salvo que, existiendo condiciones tanto más favorables como adversas, el conjunto de todas ellas sean aceptadas, de manera expresa e inequívoca, como más favorables, en su conjunto, por la parte prestataria, tras ser estudiadas por la misma, una vez que la entidad acreedora original se las haya comunicado y explicado adecuadamente, en una contraoferta muy clara y detallada, acorde a los principios de claridad y transparencia que deben presidir las relaciones entre las entidades financieras y sus clientes.”

    • Fernando Gomá Lanzón
      Fernando Gomá Lanzón Dice:

      Muchas gracias, Jorge, me parece realmente muy interesante el texto que aportas, que viene a decir que o la mejora es clara desde el punto de vista objetivo, o, si no lo es, debe contar con el consentimiento del deudor. Y se me ocurre que podría ser un apoyo suficiente para que el banco que quiera formalizar una subrogación, en el acta de requerimiento notarial inicial, instara al notario a hacer constar estos criterios del BdE, y a no aceptar como enervación válida de la subrogación una contraoferta del banco que tiene la hipoteca que no cumpla estos criterios, por lo que, en ese caso, se podría realizar válidamente la subrogación.
      El problema práctico es que como dice Rubén más adelante, y ya he indicado en el post, son los propios bancos los que prefieren desistir de la subrogación antes que entrar en conflicto.

  7. pazcuato
    pazcuato Dice:

    No es otro banco quien debe batallar. el juzgado es quien debe aplicar lo que pone la ley es visible para todos, ademas deberian añadirse daños y otros delitos que seguramente se cometen con esa actitud.
    puede el consumidor “conseguir justicia”?

  8. Rubén
    Rubén Dice:

    Mi caso exacto de hace unos meses. Ni siquiera ofertaron la “mejora”en plazo pero el otro banco simplemente con la comunicación de que tenían intención de mejorar pararon máquinas y desistieron aunque no llegue a tener una oferta que mejorase nada. Además solo igualan el TAE y ninguna condición más, ni plazo, ni aumento de capital,…. Y empiezan a meterte productos que van fuera del TAE….Al final tuve que hacerlo a lo bestia, constituyendo una nueva hipoteca y pagando la otra para escapar del BBVA y el IRPH de las viviendas de protección oficial.

  9. 2001
    2001 Dice:

    ¡Excelente artículo!
    En contra de algunas de las opiniones, no creo que en este caso la culpa sea del legislador (¿Economía?,¿Consumo?, ¿BdE?) sino del mecanismo de la justicia española que desanima al ciudadano para entablar cualquier reclamación menor. Personalmente he desistido de recuperar comisiones indebidas ya que el premio convierte en pírrica cuaquier victoria. Si los jueces adoptasen el modelo americano, aunque sé que es imposible, los bancos, aseguradoras, eléctricas, etc., se cuidarían más de cometer abusos. Imaginémosnos por un momento en que la ciudadana Y reclama el reembolso de una comisión indebida de 40 euros y el jues tras analizar la situación puntual y el procedimiento general que sigue el banco concluye intencionalidad y mala fe y por ello condena al banco a devolver los 40 €, a satisfacer a Y una indemnización de 40.000 € y a devolver a todos los clientes la susodicha comisión. La ciudadana ve convenientemente recompensado su esfuerzo en provecho propio y el de los demás clientes y el banco “aprende” a no abusar. En resumen, el cliente obtiene un estímulo para denunciar abusos y la justicia establece un mecanismo de disuasión eficaz. Pero bueno es ficción en España.
    Hay otro inconveniente primordial en nuestro sistema y es el derivado de quien legisla y quien vigila. En el caso de las ECAs, la legislación procede o directamente del BdE (circulares o recomendaciones) o de Economía (pero inspiradas y revisadas por el BdE), el BdE es además quien se encarla de la vigilancia en el caso de la protección de consumidores y vela además por la solvencia de entidades e integridad del sistema. ¿Qué ponderará más la autoridad? está claro que la solvencia de los bancos ya que en ésta le va la suya propia y de sus directivos. Si la aplicación de una norma en favor de los consumidores recude los ingresos de los bancos se lo pensará más de una vez.

    • Colapso2015
      Colapso2015 Dice:

      El BDE (contribuyentes) tiene casi 200000millones de “basurilla” de los bancos.
      El rescate bancario rescató bancos alemanes.
      El crédito a Grecia, del Estado de España, sirvió para rescatar bancos alemanes y franceses.
      ¿quién manda?

  10. chifus
    chifus Dice:

    entonces, ls mejoras que ofrecen alguns bancos son pura publicidad para quedar bien…y se supone que si alguno otro presentase uns ventajas mayores, ellos ahrian el mismo tipo d contraofertas…asi son igual d mafia

  11. Patricia Suárez (Wonder Woman)
    Patricia Suárez (Wonder Woman) Dice:

    Buenas noches! muy acertado el artículo y también los comentarios posteriores. Me gustaría añadir mi propia experiencia y la de muchos de nuestros asociados (ASUFIN). Se trata de los CRÉDITOS que no PRÉSTAMOS hipotecarios. Seguramente para los lectores de este blog y para los propios autores la diferencia es clara, no así para la mayoría de los consumidores. Algunas entidades, me consta que Bankinter y La Caixa, ofrecieron créditos hipotecarios con el gancho de que luego podías recuperar cantidades que ya hubieras amortizado para financiar otras cosas (un coche, unas vacaciones, una reforma de tu casa…) a un interés muy competitivo. Lo que NO dijeron, siempre se cuentan los pros, es que para hacienda, un crédito hipotecario no entra dentro de esta Ley y, por tanto, no te puedes subrogar sin costes. Así las cosas, las entidades han utilizado esta fórmula, que no digo que no pueda ser ventajosa en algunos casos, para mantener a los clientes cautivos pues irse a otro banco les obliga a cancelar y volver a contratar la hipoteca, con unos costes que hacen que el supuesto ahorro se diluya y, finalmente, te quedes en el mismo banco. Saludos.

  12. elena
    elena Dice:

    Yo cambié de banco porque el mío, el BBVA, me había “colocado” un swap y decidí que no quería seguir teniendo ni la nómina ni la hipoteca con ellos. Cuando el otro banco (Banesto, con el plan justicia) le comunicó su oferta me llamaron del BBVA. ¿Para mejorarme la oferta? No, todo lo contrario para “advertirme” amablemente que si cambiaba de Banco cancelarían anticipadamente el swap y me cargarían en la cuenta 6000 euros. Y lo hicieron. Porque aquí no pasa nada… llenan de productos basura a los consumidores y no reciben ni media sanción, todo lo contrario: los reguladores les protegen.

  13. Mundo Pisos
    Mundo Pisos Dice:

    Esta claro que firmar una hipoteca puede ser uno de los actos económicos más importantes de nuestras vidas, por esto es muy importante asesorarse bien antes de hacerlo y leer y comprender todos los puntos.

  14. AsesoríaHipólito
    AsesoríaHipólito Dice:

    Muy bueno post y muy cierta la reflexión. Una hipoteca es un compromiso bastante serio, por ello estar bien informado es algo fundamental. Sobre todo en lo que respecta al procedimiento de subrogación de acreedor hipotecario.

  15. Acerina Almeida Castro
    Acerina Almeida Castro Dice:

    Muy buen post Fernando, señalas un problema que la mayoría de la gente desconoce hasta que se topa con él. Otro abuso más de la banca española, ¿tú qué cambios propondrías para que la subrogación sea un derecho de verdad?

  16. Joaquín Noval
    Joaquín Noval Dice:

    Estimado Fernando:
    Discrepo parcialmente del contenido de tu entrada, pues me da la impresión de que la causa de que no existan en la práctica muchas subrogaciones hipotecarias es consecuencia más bien de la realidad económica que de la regulación jurídica.
    Es cierto que la modificación introducida en 2007 facilita las cosas al banco “agredido”, pues antes tenía que FORMALIZAR NOVACIÓN CON EL DEUDOR, mientras que ahora le basta con manifestar que mejora las condiciones. Sin embargo, ese “derecho a la enervación” de la subrogación que se le concede fue fruto en realidad de una interpretación que llevó a cabo el Tribunal Supremo en una sentencia del año 2003 que tuvo mucha resonancia en la época. Se trataba de una subrogación que se hacía por un gran banco a un pequeña Caja Rural (caja Jalón) y en la que ésta ofreció a los clientes novar el préstamo en las mismas condiciones que le daba el nuevo banco. En tales condiciones, igualar la oferta del banco “agresor”, parecía lógico –o, al menos, así lo interpretó el Tribunal Supremo- que la ley obligara al cliente a mantener su hipoteca con el banco inicial y de ahí que se reconociera el derecho a enervar la subrogación.
    Lo que venía a decir el TS es que la ley no amparaba al cliente descontento con su banco, sino sólo la bajada de tipo de interés (que era el objetivo de la Ley 2/94 según su Exposición de Motivos) y que si esa bajada de tipo de interés se conseguía con el mismo banco, se había conseguido el objeto de la norma y por tanto no era posible el cambio de acreedor.
    El problema es que en aquella época la bajada del tipo de interés era una cuestión meramente aritmética, mientras que ahora –como refleja un ejemplo puesto en algún comentario anterior- es una operación tan compleja que resulta imposible decidir qué es mejorar y qué no lo es. Por eso, en un mercado hipotecario tan poco animado como el que existe en la actualidad, no existen subrogaciones hipotecarias. Los tipos de los préstamos hipotecarios apenas cubren los gastos de explotación de los bancos y estos tienen que ser “imaginativos” para, con el caramelito de la hipoteca, venderle al cliente otros productos en los que gane más (tarjetas, planes de pensiones, etc.).
    De ahí que la única reforma que se podría hacer de esta ley, en mi opinión, para hacerla realmente operativa es la que vuelva a la operación aritmética y exclusivamente del tipo de interés y además con un mínimo porcentual respecto del anterior (para que no se pueda subrogar ni enervar con una centésima de punto). Es decir, que si un préstamo tiene un tipo de Euribor más 2, la única subrogación posible sea bajar el diferencial y con un mínimo de, digamos, el 25% ( es decir, bajar a E más 1,5) y a su vez la enervación sólo pudiera ser en los mismos términos (es decir, bajar a E más 1,125).
    Así, sin tener en cuenta esas complejas combinaciones de tarjetas, planes de pensiones, cuentas determinadas (cuyas comisiones se ignoran) y demás aditamentos, verdaderamente se podría bajar el tipo de interés.
    Con esa reforma legal, lo único que faltaría sería que el mercado hipotecario estuviese dispuesto a “moverse” y eso, con los tipos de interés que tenemos en la actualidad, lo veo bastante complicado.
    Enhorabuena, en cualquier caso, por tu artículo y por el blog en general.
    Un cordial saludo

    • Fernando Gomá Lanzón
      Fernando Gomá Lanzón Dice:

      Gracias por tu comentario, Joaquín, no mencioné la STS por no resultar prolijo, pero en un artículo anterior en una revista ya dí mi opinión sobre ella, la transcribo aquí:

      En efecto, una sentencia del Tribunal Supremo de fecha 25 de noviembre de 2003 interpretó la ley en el sentido de que si el primer banco igualaba la oferta en los quince días, el deudor no podía irse, porque, decía, “la actuación que la ley impone al acreedor originario para el ejercicio de su derecho a enervar la subrogación que le ha sido anunciada (…) debe ser interpretada en el sentido de que se cumple por aquel acreedor con la comunicación fehaciente y vinculante realizada al deudor, dentro del plazo indicado de su voluntad de llevar a cabo dicha novación.
      No es el momento de hacer un análisis crítico de la sentencia, pero sí cabe decir, en primer lugar, que esta interpretación era contraria a la práctica constante durante los nueve años que tenía entonces la ley. Era además una interpretación que se alejaba del texto literal de la ley, puesto que entendía que “formalizar una novación el banco y el deudor” era lo mismo que “notificar fehacientemente el banco al deudor su intención de novar”, cuando parecen dos actos jurídicos netamente diferentes, y ello en perjuicio de la parte débil, que no es el banco que pierde el préstamo, sino el deudor. Por otra parte, era perfectamente posible entender la norma basándose en lo que decía literalmente: si el banco prestamista y el deudor, dentro del plazo legal, formalizaban una novación -quizá no necesariamente en escritura, sino podría bastar un mero documento privado o hasta una solicitud de novación por parte del deudor-, el proceso de subrogación quedaría paralizado. Surgiría entonces una obligación de no hacer por parte de deudor (artículo 1088 del Código Civil), que consistía en no otorgar la escritura de subrogación con la segunda entidad (y por eso había un derecho del acreedor). Si a pesar de todo se otorgaba, el banco prestamista podría dejarla sin efecto y exigir además la compensación por daños a que hubiera lugar.
      Lo cierto es que no llegó a formarse una jurisprudencia consolidada en este asunto. Las subrogaciones continuaron formalizándose como hasta ese momento, pero surgieron dudas, e incluso hubo operaciones que quedaron paralizadas.

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