HD Joven: El brazalete de Ivanka Trump

Twitter, Facebook y los periódicos y bares del mundo entero han quedado abarrotados durante ya más de una semana, y quién sabe por cuánto más. Lo que hiciera a Trump ganar las elecciones y convertirse en el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos llenará aún mucho tiempo el noticiero mundial: la histeria. Urge abandonar cuanto antes el pánico y centrarse en las cuestiones importantes, que a menudo necesitan del razonamiento frío y desapasionado para florecer. De entre las muchas que sugiere este nuevo panorama, nos resulta fascinante la pirueta política del nuevo Presidente para conseguir serlo, sin perder de vista de sus negocios.

Como ya sabrán a estas alturas, Trump es tan rico que, aun habiendo renunciado a su sueldo de Presidente de los Estados Unidos –no es el primero que lo hace, por cierto-, su fortuna apenas se ve comprometida. Bien por él. En cualquier caso, no deja ésta de ser una decisión populista y que desprestigia el propio cargo de presidente, ya que uno no va a ser mejor mandatario ni tomará decisiones más acertadas por renunciar a su legítimo salario, además, claro está, de que sólo se permite el lujo de renunciar a ese sueldo porque no lo necesita. Pero lo que a nosotros nos cuesta creer es que Trump esté dispuesto a renunciar, no a su sueldo de Presidente, sino a su tremenda fortuna -o aun a arriesgarla- por el “simple” honor de servir a su país y a su nuevo rol en el mundo. ¿Cómo hará para mantener su riqueza, si ya no puede atender a sus negocios? ¿O compaginará ambas funciones? ¿Cómo resolverá entonces el evidente conflicto de intereses que ello implica?

Lo curioso del asunto es que la Ley de Ética y Gobierno de 1978 (Ethics in Government Act) no fiscaliza dicho conflicto de interés en el caso del Presidente y del Vicepresidente. Les exige que informen públicamente de sus negocios privados, pero en ningún caso que los desatiendan durante el ejercicio de su función. De hecho, sólo a los cargos públicos no electos se les exige tal cosa, como puede probar el caso del antiguo Secretario del Tesoro, Henry Paulson, quien fue obligado a vender toda su participación en Goldman Sachs antes de comenzar en su nuevo cargo. ¿Cómo justifican los americanos esta norma, que tan conflictiva nos resultaría a los europeos? En primer lugar, en el hecho de que no son empleados públicos: un Presidente del Gobierno es electo precisamente porque los ciudadanos le han otorgado su confianza, lo que, a juicio del common law americano, convertiría en un contrasentido desconfiar de su falta de honestidad ante un conflicto de interés de tal naturaleza (cierto es también que el próximo Presidente no obtuvo la confianza del mayor número de electores, pues Clinton ganó por más de 600.000 votos de diferencia). Por otro lado, se considera que atender continuamente a los posibles conflictos de interés del Presidente podría complicar aún más su labor, dado que éste tiene “mano en todo” (más aún en nuestro caso) y tal prohibición no le permitiría desarrollar libremente su cometido. Seguro que Trump sabrá tomar la decisión -que considere- apropiada para su país cuando ésta le beneficie económicamente, pero ¿qué ocurrirá cuando la toma de esa medida entorpezca su propio futuro y fortuna y los de su familia? ¿Sabrá tomar la decisión más favorable para el resto de la ciudadanía, y no para él mismo?

No hay olvidar que Trump es dueño de un patrimonio que, según la revista Forbes, asciende a unos 3.700 millones de dólares y que no sólo es más rico que cualquiera de sus anteriores predecesores, sino que, además, tiene participaciones en empresas de multitud de países, desde Alemania hasta Rusia, pasando por India, y, por supuesto, los Estados Unidos, a lo que hay que adicionar que estas empresas operan en prácticamente todos los sectores de la economía, todo lo cual desde luego acentúa el muy probable conflicto de interés que pueda surgir. Quizá para evitar la represión de la opinión pública e, insistimos, pese a que no está obligado jurídicamente a hacerlo, parece, de todos modos, que el Sr. Trump va a ocuparse íntegramente al fin de “make American great again,” para lo cual renunciará temporalmente al control de la Trump Organization, dejándolo a cargo de una suerte de blind trust.

Un blind trust es aquel fideicomiso mediante el cual se impide a uno tener conocimiento del uso que se está haciendo de sus bienes y negocios privados, dejándolos en manos de un tercero independiente. Este instrumento ha sido empleado por otros presidentes de los Estados Unidos (Clinton o Bush, entre otros), que, pese a no estar legalmente obligados a ello -como ya hemos indicado-, consideraron que era lo más adecuado moralmente. Pues bien, como ya proclamó en campaña, “The Donald” quiere dejar sus negocios en manos de un trust, pero no uno opaco o blind, sino en uno dirigido por sus tres hijos mayores, Donald Jr., Ivanka y Eric. Lo cual no deja de ser ridículo, porque desde que uno conoce ex ante a los integrantes de ese gestor independiente y por ello precisamente los escoge y como, además, en este caso carecen de toda independencia, al tratarse de sus hijos, este mecanismo deja de tener sentido, cuando menos en cuanto a la finalidad moral que persigue esta decisión. ¿O es que alguien puede llegar a pensar que los hijos del Sr. Trump no van a mantener en todo momento a su padre completamente informado de sus negocios? La polémica está servida. Sin ir más lejos, ya su hija Ivanka, aprovechando el tirón de su progenitor, ha puesto en venta por más de 10.000 dólares el brazalete -diseñado por ella- que llevaba el día de la primera entrevista post-electoral de su padre. Siendo éste el primer ejemplo de la delgada línea que separa la presidencia de sus negocios o los de su familia, ¿es reprochable moralmente? ¿Y jurídicamente?

Desde luego, es difícil imaginar que, cuando sus hijos pretendan hacer negocios en algún lugar del mundo, los gobiernos de dichos países no tenderán a facilitarlos, aunque no sea conscientemente, puesto que detrás de ellos verán la mano del presidente de la nación más poderosa del mundo y, lógicamente, sabrán que es mejor tenerle contento. Y, aunque ese trust funcionara de verdad con total ajenidad a Trump o se encargara la gestión de su imperio a unos independientes, ¿se evitaría realmente el conflicto o podría aquél averiguar la marcha de sus negocios de otra forma, por ejemplo a través de los reguladores americanos, la prensa, la multitud de contactos de que dispone, etc.? Por si esto fuera poco, Trump ya ha nombrado a sus tres citados hijos y a su yerno como miembros del equipo de transición hacia el nuevo Gobierno, habiendo solicitado autorización al actual de Obama para que tengan acceso a información confidencial.

Nos trae este caso a la memoria el del antiguo Primer Ministro italiano, Silvio Berlusconi, que también confió la administración de sus empresas a un trust que -¡sorpresa!- quedó bajo el control de su familia, si bien a éste las polémicas y las demandas por un supuesto conflicto de interés con sus empresas sí se le han ido acumulando.

Ante el potencial conflicto de intereses que pudiera acontecer durante el gobierno del Sr. Trump, hemos querido plantearnos las posibles soluciones que pudieran caber -si es que existen-. Hace días, el otrora alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, planteó la posibilidad de que el flamante nuevo presidente se comprometiese, mediante un documento, a no implicarse en sus negocios, que cedería a sus familiares más próximos, al que, se nos ocurre, podría incluirse una cláusula disuasoria por la cual, si se probara ante un juez que Trump ha incurrido en un conflicto de interés (conscientemente) y no ha hecho nada para evitarlo, se le prohibiría volver a sus negocios por un plazo determinado tras dejar la Presidencia o se le impondría una cláusula con una alta penalización previamente negociada. Es preciso destacar en este punto que el sistema de contrapesos (checks and balances) de la democracia estadounidense y su innegable interés por mantener intacta la separación de poderes podrían forzar a Trump a tomar la decisión correcta, porque el poder judicial en los Estados Unidos es verdaderamente independiente, y eso “asusta”. Pero, sin perjuicio de lo anterior, ¿hasta qué punto sería factible controlar el cumplimiento de esos compromisos? Es simplemente imposible. Es más, ¿por qué iba Trump a someterse a un control ajeno (que hasta pudiera utilizarse injustamente en su contra) si no tiene necesidad de ello? Además, eso no evitaría el problema de que los terceros favorecerían igualmente los negocios de los hijos, a sabiendas de que son propiedad del Presidente. Asimismo, hay que recordar que, desde la sentencia de 1982 del Tribunal Supremo en el caso del Presidente Nixon contra Fitzgerald, el Presidente de los Estados Unidos goza de inmunidad total por la responsabilidad civil que pudiera derivarse de los actos realizados durante su mandato (no así por actos anteriores o por los que generen responsabilidad penal), por lo que Trump está en cualquier caso protegido de todas las posibles demandas civiles que se le interpongan en este sentido.

Otra solución sería la cesión de todas sus acciones y participaciones en empresas, así como las de sus hijos, durante el tiempo que ostentase la presidencia, a un gestor independiente; en definitiva, crear un blind trust en sentido estricto. Pero tampoco nos parece justa esta medida. Para empezar, sus hijos tendrían que dejar su trabajo a fin de que el trust fuera realmente blind. ¿Qué ocurre si le encarga sus negocios a un independiente y éste los arruina? ¿Es eso justo? Y, en aras de un ejercicio de honestidad, si fuéramos tan ricos, ¿acaso no desearíamos que nuestros negocios, a los que probablemente habríamos dedicado toda nuestra vida, los llevasen gente de nuestra confianza?

De cualquier manera, el sistema jurídico americano no se decanta por ninguna de las opciones anteriores: se resigna a confiar en Trump. Y, si bien sea interesante plantearse cómo proceder en estos genuinos casos, consideramos imposible controlar en todo momento su alcance y consecuencias. Únicamente los más flagrantes saltarán a la opinión pública, pero habrá miles de transacciones o negocios que no se conozcan y en los que podría existir un conflicto de interés, que, recordemos una vez más, es un deber únicamente moral para el Presidente, porque no está compelido a ello por norma alguna.

Difícil situación se plantea, más compleja solución. De momento, Trump sigue afirmando que simplemente no le interesa nada la marcha de su imperio, porque es mucho más importante lo que le corresponde hacer ahora como Presidente de los Estados Unidos y que, por tanto, debemos confiar en él. Tal vez poco pueda hacerse en este caso y, como dijo Giuliani, a fin de cuentas no parece que Trump esté precisamente buscando su enriquecimiento con esta nueva causa…

15 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Buenos días:
    Después de ver muy por encima la trayectoria económica de la Casa de los Clinton, de la Dinastía Bush o el florecimiento de los Obama, nuevos Duques de la Casa de Atreides, me parece que no debemos preocuparnos mucho de alguien que hizo y rehízo su fortuna en el cogollito del Real Estate, Televisión y anexos.
    Por lo visto solo uno de sus yernos tiene la friolera de medio millón de pies cuadrados en Manhattan y 20,000 viviendas en los EEUU. No pasa nada que no estuviese pasando y a lo mejor hasta es bueno para todos.

    Fuera de la pequeña Europa –a veces tan mortecina y rencorosa–, es una trayectoria vital brillante para un emigrante (de coña, ¿no?).
    Para el mundo religioso desde los Pirineos a Escandinavia alcanza incluso a ser evidencia de la bendición del Altísimo.

    Salgo de viaje ya, pero quisiera dejar dos videos que ilustran tres cosas:

    1. Lo mucho que se nos ha mentido desde los Medios del Sistema acerca de Trump y de Clinton. Entre otras muchas mentiras descaradas.
    2. Lo mal que se ha presentado la imagen de Trump. Un personaje que, como verán, lleva construyendo su campaña electoral desde hace más de 30 años. Y lo ha hecho profesionalmente.
    3. Es curioso que, de repente, no sabemos quién es más populista: si aquellos a quienes los Mass Media acusan de serlo, o los propios Mass-Media mintiendo.

    Buenos días

    PS:
    El primero es de un actor inglés. Le sobran four letter words y lenguaje barriobajero. Pero concluye con algo solo parcialmente cierto: La Izquierda es la causa de Trump. Yo diría, más bien, que la causa de Trump es la Mentira de la Ortodoxia, el buen rollito falsario y sumiso y el engaño de quienes hasta aquí nos han traído desde hace unas décadas al menos.

    https://www.youtube.com/watch?v=2nQIcjnMFQo&feature=youtu.be#

    El segundo es para pensar dónde están el populismo y la mentira. Lo han visto, como mínimo, 15 millones de personas.

    • G.P.
      G.P. Dice:

      Si hubiera ganado Clinton, los del otro bando estarían montando un pollo parecido (algunos en algún bosque, vestidos de camuflaje y con sus juguetes preferidos colgados del hombro sabiendo todos que no van a hacer nada con ellos más que jugar).

      Creamos un sistema que le da todo el poder a un grupo de personas durante un número determinado de años y luego nos quejamos de que un grupo de personas va a tener todo el poder durante un número determinado de años (y no lo van a tener los “nuestros”).

      Y la realidad es que ninguno es “nuestro” grupo… y que en el fondo todos ellos representan al mismo grupo.

      Es todo bastante ridículo.

  2. G.P.
    G.P. Dice:

    Y yo me pregunto: ¿y a nosotros, los españoles, qué nos importa si Trump sigue con sus negocios o no? ¿qué nos importan sus hijos? ¿qué narices hacemos analizando la política interna americana como si fuera nuestra?

    Bajemos de la nube: NO SOMOS AMERICANOS.

    • Ignacio Gomá Garcés
      Ignacio Gomá Garcés Dice:

      A mí. A mí me interesa la cuestión jurídica que plantea y eso que, as far as I know ;), soy español. Espero no ofenderle

      • G.P.
        G.P. Dice:

        No nos engañemos: si en vez de EEUU fuera en Estonia, no le interesaría la “cuestión jurídica”. Como en EEUU no le interesaría a nadie la “cuestión jurídica” si el asunto ocurriera en España.

        Por alguna razón que no comprendo, todo lo que pase en EEUU (nos afecte o no) es como si pasara aquí. Le garantizo que ese sentimiento no es mutuo: a ellos les importa un bledo lo que pase aquí.

      • Ignacio Gomá Garcés
        Ignacio Gomá Garcés Dice:

        Estoy de acuerdo en la falta de reciprocidad por parte de los americanos y en que pueda existir una reacción desmedida por nuestra parte en lo que a los sucesos americanos se refiere, pero esto desde luego tiene una razón de ser: ellos forman parte de la primera potencia mundial y nosotros no. Siguiendo su ejemplo, si lo mismo aconteciese en Estonia, (i) no se me antojaría tan relevante porque las consecuencias que ello pudiera tener sobre la economía y la sociedad serían, por lógica, infinitamente menores; y (ii) tal vez por la misma razón, quizás ni siquiera me hubiese enterado… No estoy de acuerdo, en todo caso, en que la cuestión jurídica no me interesaría del mismo modo; sólo que, como digo, quizás ni me hubiese enterado… En cualquier caso, gracias por sus comentarios.

  3. inypower
    inypower Dice:

    ¿Qué podemos reprocharle a Trump? Si aquí, en “Egspaña” hemos tenido casi 40 años de juancarlismo? No hacía y deshacía negocios el señor Rey por ser “vos quien sois”. Y el yerno? No se beneficiaba de ello? Podéis contradecirme.
    Vamos a ser buenos y pensar que en 1975, don Juan Carlos de Borbón y Borbón no tenía ‘negocios’ o estos no se conocían… pero sí su yerno y su hija mientras estaba el al frente del Estado.

    Si extrapolamos lo que decís de blind trust… debería haber renunciado la Infanta y su marido a sus negocios, lo diré de otro modo, deberían haber ‘cedido’ esa responsabilidad a terceros o una gestora, mientras su padre era Jefe del Estado?

    De ser así, de qué podemos escandalizarnos con los Trump? Al menos a él, lo han elegido.

    En definitiva, buen artículo, pero os planteo eso, que penséis un pequeño anexo explicando si jurídicamente el Rey (the former one, vamos) debería ser enjuiciado. Y de si su yerno e hija tienen salvoconducto que les impida visitar la cárcel. Al menos para satisfacción del pueblo.

    Un saludo.

    • O'farrill
      O'farrill Dice:

      Muy significativo desde el punto de vista jurídico la entrevista de Victoria Prego a Adolfo Suárez hace ya 21 años que, por lo visto, nadie conocía. Está claro como de llegó “a la legalidad a través de la legalidad”. Un saludo.

    • Manu Oquendo
      Manu Oquendo Dice:

      Por aquel entonces –y contado por su autor de viva voz–, se hizo una encuesta sobre la pena de muerte. La encuesta indicó una importante mayoría de la población española a favor de la misma.
      Resultado: se prohíbe la pena de muerte en la Constitución.

      Otros artículos de la Constitución son resultado de una hoja manuscrita entregada en Moncloa a un VP camino de las cortes. En contra del criterio del VP dicho artículo se redactó según instrucciones que, a fecha de hoy, el VP en cuestión no sabe de quién. El Sr. O’Farrill es testigo presencial.

      Pero votaron y fueron felices.
      Hoy se pagan las consecuencias de una Ciudadanía irreflexiva, sin representación y al margen.

      Sobre la mesa me han dejado un libro este viernes: es la versión española de “The Myth of the Rational Voter”. “El Mito del votante racional”. Subtitulado: “Por qué las democracias eligen malas políticas”.

      Ensalzado en el NYT por Nocholas Kristof.
      No ganamos para disgustos.

      • G.P.
        G.P. Dice:

        “El Mito del votante racional”. Subtitulado: “Por qué las democracias eligen malas políticas”.

        https://en.wikipedia.org/wiki/The_Myth_of_the_Rational_Voter

        “Rational irrationality
        In standard neoclassical economics, people are assumed to be rational; the notion of systematic bias is considered to be a sloppy assumption. In many ways, Caplan agrees: most people are rational when it comes to choosing a job, buying milk, hiring employees, and selecting a business strategy. They can be wrong, of course, but a systematic bias rarely, if ever, occurs. But the author argues they are rational only because it is costly to be wrong. (…) A protectionist will still outsource because he has to achieve as many advantages over his competitors as he can to stay in business.”

        De lo que se deduce que el proteccionista es “racionalmente irracional” porque está reconociendo que la deslocalización es buena aunque él se declare “proteccionista”. ¡Esa asunción no tiene ni pies ni cabeza!

        Yo puedo pensar que la deslocalización es mala porque deja a la gente sin trabajo aquí para que se cree en China, pero que puesto que está permitida y yo tengo que comer, no me queda más remedio que deslocalizar mi empresa porque lo hacen los demás, y si no lo hago yo también me arruino, pero que lo que habría que hacer es impedirla para todos.

        Eso no es “Rational irrationality”. Eso es “Rational” y punto.

        Si todo el libro es así…

      • Colapso2015
        Colapso2015 Dice:

        Creo ya es hora de degradar el mito de “la racionalidad económica”.
        No hay nada parecido, la sociedades modernas son muy excedentarias y no hay –vínculo físico entre acción y resultado– (racionalidad). Como sí existe en las sociedades escasas de recursos con desarrollo manual de herramientas (pensamiento abstracto acertado, racional, lógico,…).

        La racionalidad económica de hacer una pirámide es perfecta en el “mundo neoclásico”, o emprender una guerra,…, realmente la “ciencia” económica “mainstream” parece hecha por y para enajenados*.

        *:http://www.20minutos.es/noticia/2841244/0/estudio-jefes-empresas-ceo-rasgos-psicopatas/

  4. O'farrill
    O'farrill Dice:

    En el post de Ignacio entiendo que se plantea el sistema jurídico americano en comparación con el nuestro. La forma de evitar en la medida de lo posible las “tentaciones” personales. Quizás, la cuestión sería: ¿cualquier forma de administración de los demás supone la existencia de un riesgo potencial? Para bajar un poco a lo más habitual podemos ver en nuestro propio país cómo, durante muchos años, se han utilizado las instituciones (privadas y públicas), la confianza de los ciudadanos en definitiva, para fines “perversos”. Desde las administraciones de fincas a las administraciones de fondos privados (por poner solo un par de ejemplos), existe siempre el riesgo potencial de sospechas sobre muchas de sus actuaciones. ¡Es tan fácil eludir controles! Por eso no es cuestión de normas o leyes sobre todo (muchas de ellas contribuyen a reforzar la idea de controles irreales) sino de comportamientos sobre principios éticos personales. Además, aunque los interesados tuvieran tal comportamiento ¿quien puede evitar el “papanatismo” de los favores a los considerados importantes? Mientras exista eso que se llama “hacer la pelota” y la veneración de determinados personajes por el simple hecho de serlo, todos los argumentos jurídicos parecen sobrar. Un saludo.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Me va a estropear usted un regalo de una de las niñas, apreciado GP.
    No se lo tendré en cuenta pero creo que abriré el libro con prevención. De todas formas y tras lo de Trump ya había un aviso en la portada: Si lo apoya el NYT……………¿será de fiar? ¡Qué cruz!

    La racionalidad tiene sus vericuetos y sus parte menos deseables. Además necesita criterios decisorios explícitos y claros sobre asuntos complejos.

    Lo mismo nos sucede con el instinto que tenemos por irracional sin necesariamente serlo: sobrevivimos físicamente gracias a que en el hardware llevamos parte de la programación acumulada por los seres vivos y ello nos permite reaccionar con la rapidez de la que carecen los procesos racionales conscientes.

    El concepto de Complejidad y su diferencia con el de Complicado es muy interesante.

    La dimensión fundamental en los procesos complejos es la temporal. Los sistemas complejos cambian a lo largo del tiempo y con bastante rapidez por lo que actuar o decidir a corto plazo puede tener ventajas que se manifiestan como errores fatales a largo plazo.
    El caso es que en esto de la democracia ya estamos todos metidos en un gran proceso espontáneo de reevaluación de un sistema complejo……….que ya no produce los resultados que esperamos.
    Esto está bien. Hay que revisar lo que no funciona. Algo bueno saldrá de ello.

    Gracias por la advertencia y ya le contaré cuando lea el librito.
    Saludos

  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Fíjese, D. Antonio, si será uno cristiano que al terminar el oficio de Completas recito cada noche desde el ábside en penumbra y los ojos en el Altísimo, el Salmo 4 seguido de “Que el Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa”

    Salmo 4:

    Temblad y no pequéis,
    reflexionad en el silencio de vuestro lecho;
    ofreced sacrificios legítimos
    y confiad en el Señor.

    Lo de liberal ya no lo tengo tan claro. A pesar de los esfuerzos del Sr. O’Farrill.

    Saludos cordiales

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