Señor legislador: hay padres que son progenitores, padres que no son progenitores y progenitores que no son padres

La reforma introducida por las leyes de 2015 continuó con la espiral de corte neo o postmodernista de las reformas introducidas en el Derecho de familia en la primera década del siglo XXI. Resulta, en efecto, muy llamativo que el legislador quiera resolver las denominadas «cuestiones de género» a base de agresiones al buen castellano. La moda irredenta instaurada por la Dirección General de los Registros y del Notariado y que se materializó con la Orden JUS/568/2006, de 8 de febrero, sobre modificación de modelos de asientos y certificaciones del Registro Civil y del Libro de Familia encontraba su lógica, una vez admitidos los matrimonios entre personas del mismo sexo, cuando el art. 3 vino a establecer que la certificación correspondiente a las inscripciones de los matrimonios contraídos por personas del mismo sexo debían ser modificadas, sustituyéndose para tales casos las expresiones de «marido» y «mujer» por las de «cónyuge A» y «cónyuge B».

El problema vino cuando el art. 4 dispuso también que la expresión «padre» se debía sustituir por la de «progenitor A», y la expresión «madre» por la de «progenitor B». La DGRN no cayó en la cuenta de que el término «progenitores» solamente casa correctamente con «padres biológicos». Eso significa la palabra «progenie», una combinación de la raíz indoeuropea «gen» (parir), después presente en los verbos latinos «gignere» (engendrar), «generare» (generar) y «gnasci» (nacer) y en el verbo griego «γίνομαι» («gígnomai», nacer), todo lo que después dio lugar a sustantivos como «generador», «genital», «indígena», «patógeno», «ingeniero», a adjetivos como «generoso», «homogéneo», «heterogéneo» o a verbos como «generar» y «degenerar».

Esta completa y absoluta «degeneración» idiomática se ha reproducido en las últimas reformas del Código civil. Me encuentro en este momento actualizando los capítulos que tengo a mi cargo en el Tratado de Derecho de la Familia, obra codirigida por mí y por la coeditora de este blog, la profesora Cuena Casas (y en la que se dan cita, a lo largo de cerca de diez mil páginas escritas por más de setenta autores, el Derecho civil, el procesal, el internacional privado, el penal, el eclesiástico, el administrativo, el laboral, el mercantil y el tributario). Y si estás leyendo esto, amable lector, es porque ella y sus compañeros de Hay Derecho me han permitido la publicación de este desahogo, que no tiene mayor trascendencia. Será porque entre los coeditores hay, además de buenos amigos, alguno de los mejores alumnos que he tenido durante los treinta y cuatro años que llevo dedicado a la Universidad.

Esa tarea de revisión y actualización me da la oportunidad de hacer esta reflexión. Lo cierto es que, en una matrimonio o pareja de personas del mismo sexo, es sólo el Derecho quien les puede llamar «padres», pero como mucho uno será propiamente «progenitor» (a saber, el titular del esperma utilizado para la generación). No lo será ninguno cuando el hijo se ha gestado con semen de donante, ni tampoco en el caso de filiación adoptiva, donde los adoptantes serán padres ambos, pero ninguno progenitor. A partir de ahí, serán los padres, progenitores o no (y digan lo que digan los preceptos que a continuación se citan y otros muchos que no se citan) quienes ejerzan la patria potestad (arts. 111, 154, 156, 157, 158 del Código civil), quienes confieran la vecindad civil al extranjero adoptado (art. 15.1.b), quienes se separen o se divorcien en caso de crisis matrimonial (arts. 81, 82.2, 90.1.a, 93, 94), quienes por su matrimonio otorgarán el carácter matrimonial al hijo habido con anterioridad (art. 119), quienes administren los bienes de los hijos (arts. 164.2 y 167), y así sucesivamente, por no seguir dando la brasa. Y es que reproducir la lista de «progenitores» presentes en el régimen del acogimiento, la tutela administrativa y la adopción haría interminable la relación. Aunque, bien es verdad, hay preceptos que prefieren no propinar puntapiés al castellano, pues parece lógico que la adopción la tengan que consentir los adoptantes llamados a ser padres adoptivos y que en cambio sean llamados a asentirla los progenitores del adoptando que no estuviera emancipado (art. 177).

Curiosamente, en una operación como ésta, hecha por la Dirección General a base de la herramienta «buscar y reemplazar» de los tratamientos de texto, se han librado, para bien, artículos que continúan diciendo que los padres que ostenten la patria potestad tienen la representación legal de sus hijos menores no emancipados (art. 162; en efecto, así debe ser, y sean o no sean ellos los progenitores), o que incluso ordenan el nombramiento de defensor judicial cuando en algún asunto el padre y la madre tengan un interés opuesto al de sus hijos no emancipados (art. 163). Si en este último precepto se hablara de progenitores, el lapsus desembocaría en el absurdo: ¿qué habríamos hecho con la pareja de gays o lesbianas que discutiesen acerca del precio que hay que poner a la venta de la finca que el hijo ha heredado de la abuela? Como, en cambio, en el segundo párrafo se advierte que si el conflicto existe sólo con uno de los progenitores, corresponde al otro representar al menor sin necesidad de nombrar defensor judicial, tendríamos el problema formado cuando la finca la quisiera comprar la compañera more uxorio de la mujer que puso el óvulo y que quisiera comprar la finca (a la sazón, no progenitora).

Aunque el legislador se esfuerce en decir lo que le parezca oportuno por imposición de los slogans de la progresía, y hecha la oportuna queja, debo advertir que yo mismo, en mis clases y en mis escritos, me dejo aplastar más de una vez por la moda irredenta. Pero conviene decir también que en este precioso blog, además de velar por la calidad material de las normas, hay que velar por la elegancia de las mismas. Se llama elegantia iuris, y había mucha en el siglo XIX. Y también en buena parte del siglo XX, cuando existían las comisiones de estilo en las Cámaras legislativas.

Saludos, queridos lectores, ya seáis progenitores, padres, las dos cosas o ninguna de las dos.

7 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Muchas gracias por el post y por la lección de etimología.

    Este tipo de comentarios deben guardarse para ir compilando lo que sería ya un gigantesco “cahier de doléances” (nota 1) para su difusión y elaboración de proposiciones concretas de modificación posterior por organizaciones estrictamente ciudadanas.

    Que los partidos actuales ya no representan a quienes dicen representar es evidente. Para alguien trabajan, pero para la sociedad que les ha pagado, no.
    Lo están haciendo con los relatos, la historia, las calles, los libros de texto, los libros de lectura escolar, los medios, con todo.

    Evidentemente lo están haciendo para lobbies y grupos de poder fáctico concretos que ya arrasan en, por ejemplo altos tribunales de Europeos que están activamente promoviendo la operación de Ingeniería Social más importante y destructiva de la historia de nuestra civilización.

    Buenos días

    Nota 1. Cahiers de doléances: http://alphahistory.com/frenchrevolution/cahiers-de-doleance/ ;

  2. Maria B
    Maria B Dice:

    Además progenitor es masculino. Asi que hay que incluir las palabras progenitor y progenitora.
    😉

  3. Francisco
    Francisco Dice:

    El artículo no me parece claro. Todo lo contrario. Es complicado. Las alusiones a diferentes aspectos del derecho de familia son bastante abstrusos y es difícil entrar en valoraciones o comparaciones. Y a mí se me ha escapado lo que verdaderamente me interesaba, que era el carajal formado alrededor de las figuras progenitor A y B. Lo digo de otra forma: ¿el autor del artículo, podría crear “un árbol” del que pendieran las diferentes situaciones jurídicas que se pueden presentar en estos casos? Si es en un gráfico, mucho mejor. Desarrollando la exposición literaria. Muchas gracias

  4. Victor Chavarri
    Victor Chavarri Dice:

    Supongo que mi comentario ha sido ofensivo. Pero al menos el moderador lo ha leído.

    Nadie quiere líos en esta vida. Sólo queremos comodidad. Viva lo políticamente correcto.

    El que se mueva no sale en la foto.

    ¿Hay derecho?

    Lo hay, pero anda totalmente torcido. Y de ello hay ejemplos a patadas. Me viene a la mente ahora el “impuesto sobre pérdidas” que ha establecido Montoro.

    La norma es totalmente inconstitucional y vulnera la LGT. ¡Pero métete a recurrir al contencioso administrativo! previo paso por el (al loro con la patada al diccionario) “Tribunal Económico Administrativo”.

    Este nombre es un 66% falso. No es un tribunal, no es económico (más bien tributario). Sólo tiene de cierto que es un órgano administrativo.

    Sinceramente estoy anodado. A mí me gustaría saber, con nombres y apellidos, qué funcionario (abogado del Estado) ha redactado esta norma. Ya sabemos que el que da la cara es Montoro, pero algún duendecillo dentro de la AEAT ha tenido que hacer números y diseñar cuánto quiere trincar.

    En fin, supongo que no entra dentro de la “regeneración democrática”.

  5. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    Antes se accedía directamente al post del día. Ahora es complicadísimo y en la pantalla baila todo, al menos desde el móvil. ¿Por qué pasa esto?

  6. Colapso2015
    Colapso2015 Dice:

    El legislador, en la mayoría de los casos no es acorde al lenguaje utilizado por sus vasallos/esclavos.
    Tal preocupación, la del lenguaje/idioma, sería radical en caso de que el legislador fuese civil; en sentido estricto. Es decir, no percibe ni una unidad monetaria como sueldo, sólido merce-nariado (funcionariado). Actualmente no conozco ningún país, excepto Suiza, donde ocurra tal cosa, el legislador sea fuertemente civil. En EEUU, el legislador, en su mayoría millonario, es aristocrático, …, acorde a una república de las leyes. En el resto para que hablar,…

    El ser humano es promiscuo en origen. Por una parte un pene preparado para bombear restos seminales al exterior (de otros),…, y una actividad sexual no estacional como forma de relación.
    Esto parece que cambia con el culto (la virtud hacia “algo”), los establecimientos neolíticos resto del culto compartido. La catástrofe neolítica, la escasez (hambre), conllevó (según algunos) la aparición de la propiedad no de “gen” (tribu) sino de linaje directo. Es decir, el patrimonio, momento en el cual la monogamia resulta necesaria. Acabada ya la cría compartida en comunidad de la pro-“gen” (niños) , que se va y vuelve a lo largo de la historia, se requiere una ordenación de los instintos sexuales acorde a la nueva realidad.
    El matrimonio, costumbre y posteriormente hecho jurídico, público y de obligaciones forzosas, un yugo, establece un marco mental (institución, pura fantasía) por linaje ante otros (y su patrimonio).
    Las orgías por placer, o rituales (anteriores), el origen desconocido del progenitor masculino seguía estando presente, algunos nacidos aún se abandonaban en el vertedero, otros en la Columna Lactaria. Pero existía una obligación y un poder (patria potestad) sobre la “criatura” si pasaba la “expositio” por parte del padre. Una de ellas es establecer una madre, matrona. Matrimonio.

    Yo no entiendo la neo-lengua socialdemócrata, pero por progenitor A,B creo se refieren a la obligación ante el Estado de los “cón-yugos”. No tengo muy claro, con el multi-culturalismo socialdemócrata (un imposible ontológico) -de cartera-*. ¿Cómo aceptaría la poligamia/”polipadres” en sus variantes?. Donde los progenitores difieren de los cónyuges.

    Paternidad y maternidad se relacionan principalmente con patrimonio, mas que con el origen biológico. Lo cual son en su gran mayoría conductas aprendidas, puramente culturales. Como contraposición están los Mosuo, donde el padre es el hermano de la progenitora A, B, C, …, N.
    El espíritu de la Ley no me importa en absoluto. No vivo de interpretar los mundos de la nada de la socialdemocracia; como otros.
    ¿Qué opina Trump? Go Trump, go,…!

    *:Con dinero sí, ..

    • Colapso2015
      Colapso2015 Dice:

      Hay varios errores de redacción. Por corregir alguno. Entre los Mosuo es el tio del nacido quien tiene el rol de padre y a su vez es progenitor de otros. La obligación matrimonial es innecesaria al tener una organización matrilineal, cuyo progenitor (madre) siempre es conocido.
      Esta organización social asimila sin problemas el desconocimiento del progenitor masculino. Progenitor masculino que en occidente entre un 1 y 4% (según imprecisos estudios con ADN) no es pater, y por lo tanto otro asume como hijo a quien carece de su “gen”. Y eso en la era de los anticonceptivos, por lo cual no es descabellado pensar que más de un 10% de los hijos no corresponderían a sus padres, si no fuese por la técnica.

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