HD Joven: «¡Qué rica está esta cerveza!» Sobre el uso privado de la vía pública

Querida lectora:

Si usted vive en la capital, le invito a que se dirija a pie, en bici o en transporte público (pues en coche lo tendrá un poco más complicado) a la Puerta del Sol. Dese un paseo por el centro de Madrid, camine y hágalo a buen paso (no es necesario llegar a los 7 kilómetros por hora del Presidente). Después de un rato, quizás se sienta algo cansada. Es normal, lleva bastante andado. Ahora, mire a su alrededor. Hay gente por todos lados, bullicio… pero usted no puede con su alma y solo desea una cosa: sentarse.

«¿Dónde habrá un banco?», se preguntará. Bienvenida al centro de Madrid, la ciudad donde los bancos han desaparecido. Bueno, exactamente no han desaparecido, aún quedan algunos. Si tiene usted suerte, podrá descansar en alguno de los bancos «monoplaza» que el Ayuntamiento de la Villa situó en las zonas más concurridas. Parecía feo terminar con todos ellos. A diferencia de las cabinas, estos sí seguían siendo de interés para los ciudadanos.

Algunas de las explicaciones y justificaciones que el Ayuntamiento, competente en esta materia de «amueblar» la vía pública, ha dado a lo largo del tiempo se refieren a la congestión de algunas arterias, donde la afluencia de peatones es grande; pero también parece que el uso de estos bancos por parte de personas sin hogar suponía una molestia para el consistorio (¿pero, y para los ciudadanos?). Por lo visto, nuestros vecinos sin techo se estaban apropiando de un espacio urbano que era de todos. No sé si recordarán que similares argumentos se esgrimieron cuando un grupo numeroso de personas ocupó, durante algunas semanas, la misma plaza en la que hemos empezado este paseo, allá por mayo de 2011.

De acuerdo. Convendrá usted conmigo, estimada lectora, en que estos usos por parte de determinadas personas, si son continuados en el tiempo, pueden producir una inadecuada utilización del espacio público, que es de todos (aunque en los dos casos citados podría argumentarse que el estado de necesidad, en uno, y el ejercicio de un derecho fundamental, en otro, son causas de justificación suficiente). En cualquier caso, usted sigue cansada. Mira a su alrededor y no encuentra ni siquiera un banco de esos «individuales» en el que sentarse… pero ve muchas sillas. «¡A la terraza de ese bar!», exclamará. Se sentará, pedirá una cerveza, disfrutará del rato y pagará. Sí, pagará. Pagará por estar sentada en la vía pública. En puridad, habrá pagado por una bebida; pero, de hecho, está pagando por estar sentada en la calle.

Imaginemos que, en vez de hacer caso a mis recomendaciones iniciales, se dirige al centro de la ciudad en su vehículo privado. Después de un rato dando vueltas, aguantando los sempiternos atascos del centro de la ciudad, estresándose con peatones que invaden las calzadas, con otros coches mal aparcados, con camiones descargando, con el humo negro de la moto de otro siglo que acaba de inundar el interior de su vehículo, encuentra un sitio en el que estacionar su coche. Por supuesto, verá una rayita pintada en el suelo, una señal que le indicará que debe pagar y una máquina que le facilitará el pago por su aparcamiento. De nuevo, pagará. Pagará por «(a)sentar» su coche en la vía pública.

Apreciada lectora, veamos qué posibilidades tenemos hasta el momento:

  1. Puede usted pasear por las aceras y zonas peatonales de su ciudad.
  2. Puede usted, si tiene la suerte de encontrarse un banco, descansar en la vía pública.
  3. Puede usted, si tiene la suerte de encontrarse una terraza de algún bar… bueno, no hace falta mucha suerte; dejémoslo en que puede sentarse en la terraza de un bar, y pagar por ocupar la vía pública.
  4. Puede usted conducir su vehículo de un punto a otro por la ciudad, por las calzadas de nuestras calles.
  5. Si se juntan los astros y con no poca paciencia, podrá usted aparcar su vehículo cerca de su destino, previo pago de la correspondiente tasa municipal, o no…

Los usos 1 y 4 implican un uso transitorio del espacio público. Transitorio no solo en el tiempo, sino en el espacio. Se transita de un punto a otro, en un momento concreto. Es a lo que se refiere el artículo 7.b) de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial: es competencia municipal regular mediante ordenanza «la necesaria fluidez del tráfico rodado y el uso peatonal de las calles».

Parece que el uso 2 y el 3 se refieren a una misma cosa, al fin y al cabo: posar el cuerpo en la vía pública. Sin embargo, sabe usted perfectamente, señora lectora, que la cerveza no es gratis, los camareros tienen por fea costumbre el cobrar un sueldo, el Ayuntamiento cobra una tasa por alojar estas sillas privadas en la vía pública, el bar tiene unos gastos… en fin, que «es lógico que le cobren por esa cerveza un dineral». Convengo con usted en que esto es lógico.

Pero, ¿es lógico que si desea descansar, tras su largo paseo, en la vía pública, deba hacerlo en el suelo, apoyada en una farola o en una terraza de un bar? Se pretende el continuo movimiento, la transitoriedad perpetua, el no «apalancamiento» en un espacio público, no vaya a ser que a dos personas sentadas en el mismo banco les dé por hablar entre sí.

Vuelvo ahora al uso número 5 que veíamos más arriba. Querida lectora, quizás lo que le proponga ahora no sea de su agrado. Desde luego no sería una medida popular y no creo que ningún Ayuntamiento ose, por el bien de las actas de los cargos electos de ese consistorio, llevarla hasta el extremo… Si retomamos el artículo que le he recordado de la Ley de Tráfico, verá que los ayuntamientos deben «hacer compatible la equitativa distribución de los aparcamientos entre todos los usuarios con la necesaria fluidez del tráfico rodado y con el uso peatonal de las calles, así como el establecimiento de medidas de estacionamiento limitado, con el fin de garantizar la rotación de los aparcamientos».

El legislador considera que el uso del espacio público en nuestras ciudades debe ser compatible entre los peatones, el tráfico rodado y el aparcamiento de estos. «Peatones, 1 – Vehículos, 2». Sí, si usted se pasea por las calles de nuestras ciudades verá, usualmente, una distribución de esta forma.

 

Sin mucho esfuerzo apreciará que lo que resulta inalterado –que no inalterable– entre una situación y otra, es la permanencia de vehículos estacionados en la vía pública. Los peatones (personas), caminan por las aceras. Los conductores (personas), circulan con sus vehículos por las calzadas. Los coches (coches, no personas, aunque propiedad de estas), ocupan una porción nada desdeñable del espacio público de nuestras vías. Me dirá usted, lectora, que «¡Ya toca muchas veces pagar por aparcar!». Así es. Y en mi opinión, así debería ser siempre.

El espacio público ocupado por vehículos privados en nuestras ciudades no para el desplazamiento, sino para su estacionamiento, va en detrimento de su uso por las personas. Casi sin darnos cuenta, estamos consintiendo un uso privado de la vía pública… ¡muchas veces sin contraprestación por parte de su beneficiario! Sí es cierto que muchos consistorios han establecido y mantienen tasas de estacionamiento en amplias zonas de la ciudad. Pero, en opinión de quien suscribe, dado que se trata de un uso privado de un bien de dominio público (así lo dice el art. 344 del Código Civil), debe existir, en todo caso, una contraprestación por su uso. ¿Acaso a alguien se le ocurriría que una terraza de un bar pueda establecerse sin el pago de una tasa? Entiendo que esta recomendación es aplicable a aquellas ciudades con un tamaño considerable… no creo que por aparcar en la calle en un pueblo de 1000 habitantes, se vaya a producir una merma del espacio de uso público del calibre del que sufrimos en las grandes ciudades.

Conclusión número 1. Pidamos más bancos para las calles y plazas de la ciudad. No necesariamente menos terrazas para los bares, sino más bancos públicos. Al fin y al cabo, en nuestra casa nos gusta sentarnos, y nuestra ciudad no es más que una prolongación de esa casa. Y, por cierto, para muchos –desgraciadamente, todavía– puede que estas sean las únicas sillas o «divanes» en los que puedan descansar. La solución no es enviar a las personas sin hogar a los albergues (por otra parte, solución muy limitada en el tiempo) e impedir, de facto, que duerman en bancos, sino acabar con la pobreza que les lleva a usar esos espacios públicos de modo privativo.

Conclusión número 2. El estacionamiento regulado y previo pago obligatorio de una tasa por su uso debe ser la norma, al menos en las grandes ciudades. No puede consentirse que un uso privado del dominio público no tenga contraprestación. Además, la progresiva peatonalización y ampliación de las aceras, supresión de aparcamientos y racionalización del tráfico a motor, así como el fomento de medios de transportes alternativos y sostenibles deberían ser objetivos primordiales para las ciudades y sus regidores.

Querida lectora, disfrute de su cerveza en la terraza de ese bar en el que se ha sentado. O hágalo sentada en alguno de nuestros bancos, en calles y plazas. Creo que todo ello hace que nos llamemos España.

10 comentarios
  1. Javier Zapata
    Javier Zapata Dice:

    Completamente de acuerdo con su artículo, Darío, aunque no sea su “lectora”. Pero cuidado con la recomendación final y no se le ocurra a sus lectoras disfrutar de una cervecita en un banco público de una lata o cualquier otro recipiente, ya que si no me equivoco podría estar incurriendo en un tipo infractor de la Ley 5/2002, de 27 de junio, de drogodependencia y otros trastornos adictivos (ya el título me produce malestar), por dicho hecho tan reconfortante.

    Estamos haciendo poco a poco un mundo irrespirable con tanta intervención de la Administración pública. Y que nos llamemos menos España cada vez.

    • Darío Badules
      Darío Badules Dice:

      Estimado Javier:
      El escribir en femenino este artículo es una reivindicación velada, nada más, coincidiendo, además, con el día de la mujer, solo con el propósito de que nos planteemos por qué si hubiese escrito “lector” las “lectoras” deberían darse por aludidas, pero no a la inversa.
      Respecto a lo que comenta, me planteo yo también si se habrá dado el caso, en algún ayuntamiento, de que se haya aplicado la ordenanza municipal que prohiba el botellón o el consumo de bebidas alcohólicas en la calle, junto a personas que estén sentadas tranquilamente en una terraza de un bar consumiendo lo mismo… Supongo que no se habrá llegado a ese descaro, pero sería interesante investigarlo.
      Gracias por su comentario.

      • Colapso2015
        Colapso2015 Dice:

        ¿Quiźa porque hablan español?

        RAE:
        “Los ciudadanos y las ciudadanas, los niños y las niñas

        Este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del -uso genérico del masculino- para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: Todos los ciudadanos mayores de edad tienen derecho a voto.

        La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto: El desarrollo evolutivo es similar en los niños y las niñas de esa edad. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos.

        El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino. Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto. Así, los alumnos es la única forma correcta de referirse a un grupo mixto, aunque el número de alumnas sea superior al de alumnos varones.”

      • G.P.
        G.P. Dice:

        “El escribir en femenino este artículo es una reivindicación velada,”

        Curioso. Debido a su “velada reivindicación”, al empezar el artículo creí que se dirigía especialmente a todas las mujeres en un asunto de temática feminista (por la tontería esta del “día de la mujer”). Pero al ver que no era así, pensé que se dirigía a una determinada lectora suya.

        Con reivindicaciones tan sutiles no creo que el feminismo extremo actualmente existente piense que vaya a llegar muy lejos. Sin duda les es más útil el actual sistema de campaña de criminalización social al que no se trague sus ruedas de molino: es una mina.

      • Guillermo
        Guillermo Dice:

        Sí, se ha llegado a ese descaro (parcialmente). En Madrid, en la Plaza de San Ildefonso, recuerdo haber vivido esa situación en varias ocasiones. Gente sentada en el suelo tomando una cerveza (o un refresco) con usuarios de las terrazas a menos de un metro y que la policía municipal inste a los que están con las cervezas o bien a irse o bien a tirarlas a la papelera, no así con los de los refrescos (entre los que yo me incluyo). Por “suerte” avisaban y no multaban sin más ya que algunos eran conscientes del absurdo que suponía ser multado por beber en la calle en función de si estás sentado en el suelo o en una silla.

  2. G.P.
    G.P. Dice:

    Es sorprendente ver el daño que ha hecho el coche particular al uso por los ciudadanos de a pié de los espacios públicos (se ha apropiado de la mayor parte de él) sin que nos hayamos dado cuenta: ha hecho de las ciudades un lugar hostil para todos excepto para el que lo use en un momento dado. Hemos de dar marcha atrás a este devenir histórico penalizando fuertemente su uso, y fomentar alternativas más amigables, pues es obvio que fue un gran error convertir nuestras ciudades en súbditas del automóvil.

    Esperemos que con la llegada del coche eléctrico y sin conductor, que convertirá la necesidad del coche particular (máquina que está el 95% del tiempo parada) en una opción minoritaria, nos veamos libres definitivamente de al menos tanto coche aparcado por todas partes, de tanto ruido y contaminación. Y así mismo, que nos libremos de gran parte de su peligro, ya que es culpable casi exclusivo de las muertes o heridas terribles (más propias de la guerra) que sufrimos en nuestras vidas a causa de un accidente fortuito.

  3. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Adjetivar a un ayuntamiento como “legislador” ya son ganas…. Y entender las “ordenanzas” como leyes es una muestra de lo mal que andamos jurídicamente hablando. Los que “mandan” en cada municipio adaptan a sus propias normas cualquier ley superior, como saben muchos secretarios municipales (de los de antes).
    En cuanto al uso del espacio público, las preferencias municipales (de los que “mandan”) se impondrán siempre y todos sin excepción lo harán de acuerdo con sus gustos o compromisos personales. Los casos en Madrid son un claro ejemplo de ello. Desde Gallardón hasta nuestros días.
    Eso sí, a costa siempre de los mismos, esa “mayoría silenciosa” que se limita a pagar sin saber bien porqué…
    Un saludo.

  4. Leopoldo Góngora
    Leopoldo Góngora Dice:

    He leído su artículo con la secreta esperanza de que hiciera referencia a otro uso privado de la vía pública, que es la que protagoniza – los días en que hay partido de fútbol en el estadio Santiago Bernabéu -, el Real Madrid. Esos días se “ocupa” por los autocares que trasladan al partido a los aficionados, la Avenida de Concha Espina, y se cierran al tráfico todas las calles cercanas al estadio. Los vecinos que se dirijan a sus viviendas y que quieran entrar con su coche, han de identificarse, entregar su DNI al policía municipal que controla el acceso y una vez comprobado por éste que se trata de un residente se le franquea el paso. Dejando aparte la irracionalidad de tal medida que impide el paso a quien no lleve encima su DNI, a un familiar de un vecino a quien éste haya prestado su plaza de aparcamiento, a un familiar o residente coyuntural o a un recién incorporado a ese “club” de residentes, ya que la policía municipal muestra una especialísima rigidez derivada de su extrema desconfianza en la ciudadanía, lo cierto es que estamos ante un usufructo temporal de un bien de dominio público (la calle o vía pública) en beneficio de un club privado que además no satisface canon o contraprestación alguna. Ya se que el fútbol en España y en medio mundo, impide crítica alguna hacia cualquier acto de arbitrariedad administrativa, por lo que debería haber iniciado mi colaboración con las palabras “no soy del Barça”, pero lo cierto es que sorprende la falta de sensibilidad de este Ayuntamiento que se coloca en primera línea de batalla cuando se trata de desahucios o limpieza en la ciudad. El uso privado de un bien público sin contraprestación alguna ¿puede ser calificado de prevaricación? Un saludo

    • Dario Badules
      Dario Badules Dice:

      Interesantísima reflexión, que comparto. Además, en alguna ocasión he discutido acerca de la necesidad de que estos clubes de fútbol financien, siquiera sea en parte, la intervención que precisan de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pues, a diferencia, por ejemplo, de las manifestaciones, no sé qué derecho fundamental se está ejerciendo al acudir a un partido de fútbol donde lo que se hace es, aparte de algún gol, fundamentalmente dinero.

  5. izaskun
    izaskun Dice:

    (1) Yo he entendido que se refería a la “persona” (lectora).
    (2) ¿Si ponemos sofás en lugar de coches aparcados? ¿Sería admisible?

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