Fintech: nuevo animal en el ecosistema financiero

El término «fintech» identifica las actividades financieras que utilizan internet. Son fruto de las nuevas tecnologías, en particular del tratamiento en masa de los datos de diversa procedencia (Big Data). Es un anglicismo popular en las búsquedas en Google. Pero todavía no está incluido en el Diccionario de la RAE, ni siquiera en el reciente Diccionario del Español Jurídico. Tampoco está acuñado por la doctrina jurídica. Su uso es muy frecuente en la prensa económica. La atenta Fundéu aconseja frente a este extranjerismo “tecnofinanzas”, término utilizado por el Banco Mundial. El hecho es que estamos ante un fenómeno demasiado grande para ser ignorado, aunque carente en estos momentos de impacto sistémico. Algo nuevo, emergente, que puede ser disruptivo para el negocio bancario tradicional. Por fin la economía colaborativa alcanza a las finanzas. A través de plataformas se puede compartir casa o coche, pero también se puede acceder al dinero, obtener un crédito, comprar valores, recibir asesoramiento, gestionar nuestra cartera o comparar y adquirir seguros. La innovación tecnológica permite un acceso más eficiente a los más diversos productos y servicios financieros, incluso algunos solo concebibles con las nuevas tecnologías como los agregadores de cuentas o las plataformas de financiación participativa (crowdfunding).

Los bancos siempre han estado interesados en las nuevas tecnologías. A la banca se debe la creación del dinero bancario anotado en cuenta y los sistemas de tarjetas de pago, medio utilizado para facilitar el crédito al consumo. Es la banca quien promovió la desaparición de los títulos en papel para su representación mediante anotaciones en cuenta. Sus cámaras, en forma de sistemas de pago y liquidación de valores, son sistemas electrónicos muy sofisticados. La contratación en las bolsas es desde hace décadas electrónica. Fueron los bancos las primeras grandes empresas en operar vía web. Lo que ha cambiado es la intensidad y velocidad del cambio tecnológico. Es un cambio que llega además en un momento delicado para la banca, con pocos recursos tras fortalecer su capital por la crisis y con su reputación dañada por los fraudes financieros. También importa el perfil de los nuevos competidores. El cambio tecnológico viene de la mano de grandes empresas muy capitalizadas que cuentan con la confianza de sus usuarios. Google, Apple, Facebook y Amazon (GAFA), monopolizan el comercio por internet. Forman un nuevo oligopolio con pretensiones financieras. Quieren dar un servicio completo a sus usuarios. Necesitan facilitar las ventas ofreciendo crédito y gestionando los pagos. Los antiguos clientes de los bancos pasan a ser usuarios de sus servicios, incluidos los financieros.

La apertura de las finanzas a la economía colaborativa ha tardado en darse por las características especiales del sector financiero. Su objeto es el dinero, bien esencial para el crecimiento económico y la estabilidad social. Por esta razón existen reservas legales que protegen los intereses generales afectados por el ejercicio de las actividades financieras, reservas que también las empresas fintech deben respetar. Conviene favorecer el negocio fintech, facilitar la actividad de forma tutelada (sandbox), pero bajo el imperio de la ley. Los intereses generales a los que atienden las normas que fijan la reserva legal para el ejercicio de determinadas actividades financieras deben ser preservados. El uso de una nueva tecnología, con grandes ventajas para los clientes, no justifica dar un cheque en blanco a los nuevos operadores. El libro blanco de la asociación sectorial parte de una leal colaboración con la banca tradicional pero se excede al pretender que los supervisores se pongan al servicio de las empresas fintech. Pide un trato privilegiado, excluir las sanciones, incluso la de usura aplicable al crédito rápido por internet.

Para justificar la regulación de un sector lo habitual es señalar los fallos de mercado. Pero en la industria fintech no existen fallos de mercado. Todo lo contrario, se caracteriza por su eficiencia y por satisfacer mejor las necesidades de sus usuarios. Desde el punto de vista de la eficiencia, es un nuevo competidor al que hay que dar la bienvenida. Es un nuevo animal en la ecología financiera. Pero el hecho de ser eficiente no justifica que no sigan siendo necesarias las normas protectoras de los usuarios y de la estabilidad del sistema financiero. La moneda, el crédito, el seguro y los servicios de inversión son actividades esenciales cuyo ejercicio ordenado hay que garantizar.

Fintech permite prestar de un modo distinto servicios tradicionales. También permite segmentar los servicios tradicionales con el fin dar mejor satisfacción a las necesidades de los usuarios. Pero en este momento se desconoce el desarrollo que van a tener estas actividades y los riesgos que representan. Con este entorno, los reguladores deben facilitar la creación de empresas fintech y vigilar su crecimiento.  Así lo han entendido los principales supervisores que han abierto puentes con la industria fintech (UK, Bélgica, Francia, España, USA).

En cualquier caso conviene preguntarse por la mejor forma de regular fintech (FinReg). Con cierto retraso se están realizando estudios sobre cómo abordar su regulación. Son estudios que identifican las actividades existentes y su grado de desarrollo con el fin de analizar si quedan comprendidas en alguna de las reservas que la Ley establece para prestar determinados servicios financieros (Parlamento Europeo; Comisión Europea; European Supervisory Authorities, EBA, ESMA). Para captar depósitos reembolsables del público, prestar servicios de pagos o de inversión, o contratar seguros hay que estar habilitado con una autorización y un registro público. Ser fintech no excluye del cumplimiento de estos requisitos. Pero si la concreta actividad fintech queda fuera del ámbito de la reserva legal podrá desarrollarse con total libertad, aunque bajo prudente vigilancia por si fuera necesario ampliar la reserva ante la importancia sistémica que llegue a adquirir.

Los estudios que se vienen realizando permiten identificar los diversos productos y servicios financieros al margen del medio de acceso a los mismos. Parten del principio de neutralidad de la regulación financiera respecto de la tecnología utilizada para prestar el servicio. Sirven para fijar conceptos y revisar la regulación. Por vez primera tras la crisis, se están analizando en profundidad las razones que justifican las normas financieras. Es un sistema creado por acumulación y podría haber llegado el momento de simplificarlo y reducir de este modo la carga de cumplimiento normativo que asumen las entidades. Desde esta perspectiva se tiende a regular actividades en lugar de sujetos y abrir las actividades a todos los operadores que cumplan con los requisitos prudenciales y de conducta para ejercer la actividad.

El primer servicio financiero que abrió sus puestas a las empresas tecnológicas fue el de servicios de pagos. La Directiva 2007/64/CE, incorporada al derecho interno por Ley 16/2009, identificó como servicio de pago la ejecución de una operación de pago mediante dispositivos de telecomunicación, digitales o informáticos que realice el pago a través del operador de la red, permitiendo la creación de entidades de pago híbridas, es decir, no bancarias.  Su modificación por la Directiva 2015/2366, crea dos nuevos servicios de pago fintech, el «servicio de iniciación del pago» que permite iniciar una orden de pago respecto de una cuenta de pago abierta con otro proveedor, y el «servicio de información sobre cuentas», servicio en línea que facilita información agregada sobre varias cuentas de pago. Tales servicios quedan incluidos en el ámbito de aplicación de la directiva “con el fin de proporcionar a los consumidores una protección adecuada de sus pagos y de los datos de sus cuentas, así como seguridad jurídica”. Este es el camino. Permitir madurar al sector fintech, para identificar nuevos productos y servicios, para regularlos si fuera necesario, en protección de los usuarios y del propio mercado.

La mejor doctrina considera que una sana regulación fintech debería mantener un sutil equilibrio entre seguridad, proporcionalidad e innovación. A su vez, la Comisión Europea propone una regulación que además de proporcional, garantice la neutralidad tecnológica y proteja la integridad del mercado.

6 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Uno de los problemas con las tecnologías de telecomunicaciones e informáticas es que la inmensa mayoría de la población solo las usa y no las entiende ni le importa. Y son muy sencillas de entender.
    Son muchas también las personas que las entienden y las usan generando una ventaja competitiva muy importante con quienes no se molestan en entender estas cosas (ni otras que también les afectan).

    Así resulta que llamamos “nuevas tecnologías” a “viejas tecnologías” que tienen cerca de 80 años y físicamente no menos de 60.
    O llamamos “Inteligencia Artificial” a algo que es un “motor de inferencia basado en leyes estadísticas”. O no recordar que los “grandes números” están en el primer capítulo de cualquier curso elemental de estadística y que hoy se recurre a ellos, por ejemplo, porque es la única alternativa en un universo en el cual todavía no hemos podido obligar a que cada persona tenga un DNI o un chip único al cual ligar toda su actividad.

    Tampoco nos hemos parado a discutir si alguien debe tener derecho a implantarnos un DNI o un Chip. ¿Por qué?

    Al mitificar todos estos componentes de nuestro mundo no nos estamos haciendo ningún favor y nos alejamos de lo importante: que cada persona pueda controlar hasta que punto es controlado y orientar su futuro antes de que se lo orienten. La profesión legal no puede estar ausente de este debate como lo está hoy.

    Sé perfectamente que esto es un esfuerzo vano porque lo intentó nada menos que Norbert Wiener en 1949 https://libcom.org/history/father-cybernetics-norbert-wieners-letter-uaw-president-walter-reuther con nulos resultados porque la masa humana siempre evita ser molestada con advertencias incómodas que les exigen salir del sopor.

    Hablando de lo anterior, un amigo benedictino, buen financiero y amante del Gregoriano, me sugirió hace unos días la lectura de Isaías 30. Hice caso y me encontré con esto.

    Dice el pueblo rebelde al profeta: …..”No nos ofrezcáis visiones verdaderas; anunciadnos cosas halagüeñas,…..” Hace de ello unos 3000 años.
    Esta claro que la lectura de los textos religiosos no conviene al sistema de poder.

    A un servidor le preocupa que haya tantos organismos “superiores” pensando por nosotros. Nunca nada bueno salió de algo así ¿Podremos protegernos de nuestros pastores?

    Saludos

  2. Fernando Zunzunegui
    Fernando Zunzunegui Dice:

    Gracias Manu Oquendo por tu certero comentario. Ese es el debate. Tener el control de nuestros datos personales, saber como se utilizan por los algoritmos diseñados para hacer negocio. Operan como una caja negra. En la actualidad es imposible para los usuarios conocer como están siendo utilizados sus datos. Hay que dar a los consumidores la posibilidad de apretar un botón para desconectarse.

  3. Pau A. Monserrat
    Pau A. Monserrat Dice:

    Un análisis muy ajustado a la realidad de las actuales empresas tecnofinancieras. Coincido que los puntos claves son crear una regulación que permita a las fintech crecer y desarrollarse, pero siempre cuidando de los derechos del usuario financiero y protegiéndole de las malas prácticas de este tipo de empresas, que las hay y las habrá.

    Lo importante es sentar las bases de un sector que compitan y colabore con la banca tradicional en una posición equilibrada, cuidando de los intereses del cliente como si realmente fueran los de la fintech.

    Muy buen artículo, Fernando.

  4. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Gracias Fernando. Bueno e interesante tu post. Enhorabuena.
    Todo lo que suponga un aumento de competencia en el sector financiero creo que es bueno, si ello supone una mejora en las condiciones de acceso al crédito por parte de empresarios y consumidores. Favorecerá el mercado de crédito transfronterizo y eso es bueno. El problema es cuando no se compita en igualdad de condiciones. Esta crisis que hemos vivido es una crisis de deuda privada y las medidas adoptadas tienen que tender a evitar este sobreendeudamiento privado masivo y descontrolado. La regulación en materia de provisiones y las demás medidas adoptadas de control del sistema financiero no valdrán para mucho si se genera un mercado paralelo, fuera del ámbito de actuación del supervisor financiero, que puede provocar los mismos riesgos que se han querido evitar con la normativa dirigida a controlar sistema financiero tradicional.
    Los problemas a los que se enfrentan las Fintech son los mismos que los de la banca tradicional y uno de ellos, y muy relevante, es el de la evaluación de la solvencia. Irregularidades en este terreno ponen en peligro los fondos de los inversores. Se necesitan datos para evaluar la solvencia y estas plataformas están basándose en información que recogen de redes sociales (https://letstalkpayments.com/shedding-light-on-credit-indivisible-with-big-alternative-data/ ), sin que puedan acceder a datos reales sobre el nivel de endeudamiento de sus potenciales clientes. El que no exista un sistema de información crediticia en el que se compartan y puedan consultarse datos positivos de solvencia es un inconveniente, pues muchas veces los créditos se concederán sin suficientes datos (con información asimétrica) y “a ciegas”. Además, los préstamos concedidos no constarán en ningún Registro de crédito porque no están obligadas a reportar datos a la CIRBE, ni tampoco pueden acceder a los datos de solvencia. Ello provocará que niveles de endeudamiento permanecerán opacos y ello pueda afectar a la banca tradicional que no tendrá datos del nivel de deuda de su potencial cliente porque habrá mucha deuda “fuera del sistema”. En fin, las Fintech deben regularse, pues pueden generar nuevas oportunidades, pero también riesgos no desdeñables y desde luego, me confirman la idea de la necesidad de un sistema de información crediticio bien diseñado que permita evaluar la solvencia de forma rápida y eficiente y que las Fintech tengan obligación de compartir datos a un bureau de crédito.

  5. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Muy sugerente el artículo de D. Fernando. As usual.

    Analizar el negocio bancario y su potencial fragmentación por Rama de Actividad es un proceso inevitable desde que comenzó la actividad de depósito impropio y custodia de valores pero que se acentuó sobremanera en el último cuarto del siglo XX.

    Este es quizás un análisis previo al de ver los impactos de la informatización en dichas actividades y en la relación cliente proveedor.

    No hace mucho que pedir un crédito era una actividad muy minoritaria y limitada a la financiación de inversiones o de capital circulante para empresas. Como lo era depositar valores o su compraventa.
    Un servidor, todavía en los años 80, operaba en bolsa a través de uno o varios agentes de cambio y bolsa mucho más económicamente que hoy a través de un banco. El mismo agente, o la Bolsa, controlaba los resguardos (¡físicos!) de los valores.
    En definitivas cuentas, lo principal de un banco era el depósito de efectivo que, por cierto, era remunerado incluso a la vista.

    Esto fue cambiando, –en todos los países–, desde finales de los 80 y primeros 90 y este cambio junto a cambios correlatos en otras legislaciones (fiscales, autorizaciones de monstruosas comisiones bancarias, obligación de ser cliente de un banco –inaudito–, penalización fiscal de transacciones de valores no administradas por un banco, etc) no fueron casuales sino que ofrecen una pauta paralela al desarrollo de Burbujas Financieras por parte de los Estados como motores hiperkeynesianos capaces de operar en el vacío.

    Muy pocos tratadistas han tenido el pudor de analizar el sistema bancario occidental de esta forma. Uno de ellos, que ha alcanzado ediciones de 4,000 ejemplares en Rusia y 50,000 en China (asombroso en textos muy técnicos de Postgrado) ha sido el Español Jesús Huerta de Soto “Dinero, crédito bancario y ciclos económicos”.
    Un libro imprescindible para entender el moderno sistema bancario, sus fortalezas y sus grandes fragilidades estratégicas.

    También es un análisis desde la perspectiva legal que es como el autor comienza analizando el sector y su actividad.

    Todo ello mientras hoy nos bombardean explicando que tenemos demasiados bancos (¿seis o siete en realidad son demasiados?) Menudos genios que hemos puesto a dirigirnos.

    El siguiente paso racional debe ser la Nacionalización puesto que de hecho el sistema ya es una extensión –incluso policial–del Estado.

    A lo mejor resulta que el FinTech es el pre-posicionamiento de agentes hoy marginales para cuando toque despiezar al monstruo agonizante por culpa de su creador.

    El caso es que la actividad de compra y depósito de acciones y obligaciones me gustaba más con mis amigos fedatarios de hace algo más de 30 años y que, además, era más económica porque no tenían que sostener créditos a entidades insolventes.

    No solo eso, sino que no me engañaban colándome deuda pública del tipo “Deuda Patriótica de la Generalitat”.
    Pido su regreso.
    Desesperadamente.

    Un saludo cordial

  6. Enrique Titos
    Enrique Titos Dice:

    Enhorabuena por el post Fernando. Es un acertada incursión sobre varios de los temas que plantea la llegada de la tecnología a las finanzas, pero me gustaría hacer algunas precisiones y comentarios.

    No establecería una relación de la economía colaborativa con las fintech. Ni todas las plataformas denominadas de economía colaborativa lo son (muchas no son sino eficientes agregadores en una nueva cuenta de resultados de realidades económicas que antes estaban más dispersas), ni muchas de las actividades fintech responden a unas finanzas colaborativas (sí lo es más una plataforma de crowfunding, y no lo es una aplicación de pagos online que evita el pago bancario). Otro tema son los negocios fintech que pueden surgir de la nueva realidad económica que se contrata en las plataformas, por ejemplo seguros más flexibles (Usage Based Insurance) y que provienen de la existencia de muchos más datos y conectividad (sensores). Personalmente me gusta más el termino finanzas distribuidas que colaborativas, porque la realidad es que vamos a un mundo donde la complejidad está asociadas a la ubicuidad y donde se van a crear ecosistemas donde los bancos, si lo hacen bien, pueden retener un gran papel.

    El concepto de fintech son muchas transformaciones (a veces le llamo una flotilla interminable de innovaciones) que afectan al ámbito de la infraestructura, tanto en bancos, seguros o cámaras de contratación, donde las blockchains tienen mucho que decir, son los pagos y las monedas digitales, son los nuevos avances en mercados derivados de tecnicas algoritmicas e inteligencia artificial como los mercados de predicción y son las plataformas (muchas de ellas no colaborativas) para desintermediar casi cualquier producto financiero o de seguros (insurtech). Sus usuarios son las personas, las empresas, los gobiernos (por ejemplo, a través de regtech o las blockchains). En esencia, las nuevas posibilidades tecnológicas aplicadas a las finanzas pueden cambiar literalmente todo el panorama como lo conocemos.

    Ningún regulador por avanzado que sea (salvo casos como Estonia y similares con identidad digital) ha abordado hasta ahora en detalle otro sector más que el crowdfunding, los pagos, las plataformas automatizadas o roboadvisors (en este caso a no a través de una regulación específica). Muchas de las grandes normas hoy no van más allá de directivas o reglamentos (en el caso de la UE) que no buscan regular directamente el fintech, sino abordar la prestación de servicios buscando la neutralidad tecnológica. Sin duda, lo más acertado es la creación de sandboxes, ya que aprenden reguladores y futuros regulados. Sólo cuando la fintech alcanza una masa crítica, o pivotan incorporando nuevas actividades que le hagan cambiar sustancialmente su modelo original puede plantearse una regulación informada o inteligente. Es un proceso iterativo que precisa de un cambio de mentalidad y nuevas capacidades en los reguladores. De otra forma se crearán sistemas paralelos cada vez más grandes, con riesgo para la estabilidad financiera en el futuro y por supuesto para los inversores.

    Y no es una opción sin coste el decidir quedarse en el vagón de cola en este debate. Las fintech de éxito en la UE podrán prestar sus servicios en España con pasaporte comunitario, lo que desplazará la provisión de servicios financieros críticos a empresas con centros de decisión fuera de España. Si el regulador hace difícil la prestación con normas específicas nacionales (por ejemplo, la ley que regula las plataformas de financiación participativa), el mercado crecerá limitadamente lo que privará a empresas e inversores de ser más eficientes en sus opciones. En mi opinión, no queda sino elevar el nivel de importancia estratégica que tiene para España adaptarse a la innovación fintech.

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