Los héroes de nuestro tiempo: reproducción de la Tribuna en EM de Elisa de la Nuez

Para los que piensan que nada ha cambiado sustancialmente en España en lo que se refiere a la tolerancia con la corrupción política, conviene recordar el fenómeno natural de la pseudomorfosis: se trata de un proceso por el que el aspecto superficial de un mineral permanece invariable pese a que sus estructuras internas han cambiado por completo. Algo parecido está ocurriendo con nuestra sociedad y la lucha contra la corrupción. Aparentemente todo sigue igual, pero hay muchos indicios de que la ciudadanía ya no tolera ciertos comportamientos de nuestros políticos que hasta hace poco eran habituales. Como ejemplo, recientemente el Congreso de los Diputados ha votado a favor (prácticamente por unanimidad) de la toma en consideración de la Proposición de Ley Integral de Lucha contra la Corrupción y Protección de los Denunciantes, presentado por Ciudadanos. Hace no tanto tiempo, el entonces fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, afirmaba que en España no hacía falta proteger a los denunciantes de la corrupción. Parece que ahora todos los partidos políticos, incluido el PP, piensan que sí que es necesario. O quizá simplemente piensan que votar en contra de la tramitación de una ley que protege a los denunciantes de la corrupción supone un coste político inasumible. Probablemente con razón.

Claro está que, mientras tanto, siguen aflorando las tramas de corrupción y se ha instalado en la opinión pública la percepción de que las instituciones anteponen la protección de los suyos -especialmente si se trata de altos cargos bien relacionados políticamente- a los intereses generales representados demasiadas veces por sufridos funcionarios o empleados públicos que ponen en riesgo su carrera profesional y su tranquilidad personal para denunciar los casos de corrupción de los que han sido testigos. Porque indudablemente quienes mejor conocen lo que sucede en nuestras administraciones y empresas públicas son los que trabajan en ellas, ya se trate de adjudicaciones amañadas, de obras fantasma, de sobrecostes no justificados, de servicios con precios astronómicamente hinchados o de tantas y tantas otras ilegalidades y corruptelas que cuestan mucho dinero a los contribuyentes.

Como es habitual, la conciencia ciudadana de la necesidad de proteger a denunciantes de la corrupción ha surgido a partir de historias particulares de héroes y heroínas de nuestro tiempo que ejemplifican perfectamente el calvario laboral, judicial, mediático e incluso personal que amenaza a quien decide defender los intereses de todos frente a unos altos cargos interesados en mirar para otra parte, bien por complicidad con los corruptos, bien por temor a ser salpicados por los escándalos o por comodidad y cobardía. Probablemente, el primer caso que llamó la atención de la opinión pública fue el de Ana Garrido Ramos, empleada pública del Ayuntamiento de Boadilla y denunciante de la trama Gürtel, que ha llegado a ser portada de medios internacionales. La campaña que iniciamos en Hay Derecho para solicitar al Ministerio de Exteriores la Orden del Mérito Civil para ella alcanzó nada menos que 150.000 firmas, aunque por supuesto nunca se obtuvo ni una respuesta expresa ni mucho menos una condecoración.

Pero hay muchas más historias y no todas ni mucho menos ocurren en el ámbito local. Tampoco se trata siempre de asuntos antiguos que afloran ahora, lo que nos permitiría consolarnos pensando que “eso ya no pasa”. Para demostrarlo, ahí tenemos el caso reciente de los ingenieros denunciantes de Acuamed, empresa pública estatal dependiente del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente. Los directivos a los que denunciaron están siendo investigados por la Audiencia Nacional e incluso algunos (empezando por el que era director general de la empresa, Arcadio Mateo) han llegado a estar encarcelados y están en libertad bajo fianza. Pero lo que es menos conocido es que los ingenieros denunciantes fueron despedidos y, aunque van obteniendo sentencias favorables en los Tribunales de Justicia de la jurisdicción social, la empresa las recurre sistemáticamente. Por supuesto, ellos se pagan su defensa jurídica mientras que los contribuyentes pagamos la de la empresa pública. También pagaremos, en su día, el importe de la indemnización que previsiblemente recibirán al menos si se confirma la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (que a su vez confirma la del Juzgado de lo Social) recurrida ahora casación en el caso de una de las denunciantes, Gracia Ballesteros. Su compañera, Azahara Peralta, no ha tenido tanta suerte; su juicio se encuentra todavía pendiente y ella ya ha agotado el derecho al paro.

No está de más recordar que el despido disciplinario de los denunciantes se acordó en un Consejo de Administración de Acuamed que está lleno de altos cargos y presidido por el entonces secretario de Estado de Medio Ambiente, Pablo Saavedra, número dos de la Ministra Isabel García Tejerina. Tampoco está de más recordar que los investigados (antaño imputados) continúan trabajando en la empresa y, al parecer, no les va nada mal aunque están siendo investigados por delitos de corrupción en relación con la contratación pública de la empresa donde siguen trabajando, y algunos están en libertad bajo fianza. Al parecer, para ellos rige la presunción de inocencia en todo su esplendor; mientras que para los denunciantes rige la presunción de culpabilidad y, de entrada, se les pone en la calle.

¿El mundo al revés? Sin duda, al menos si el mundo estuviera al derecho. Pero, como bien dice una denunciante de la corrupción en el documental Corrupción, un organismo nocivo (realizado con medios muy modestos gracias a un crowfunding entre ciudadanos concienciados) si el sistema expulsa a gente como ella cuando defiende los intereses generales y lucha contra la corrupción cabe preguntarse por qué tipo de sistema tenemos. La respuesta es evidente para quien quiera verla: un sistema que protege a los corruptos que puedan generar problemas políticos o/y jurídicos a personas importantes del ámbito público o privado y que persigue a los funcionarios y empleados públicos honestos. El sistema también incentiva la aparición de cómplices voluntarios o involuntarios que, como en el caso del bullying, agravan la situación de las víctimas que se sienten aisladas e incomprendidas por sus propios compañeros de trabajo e incluso por familiares y amigos que les reprochan el haberse metido en líos y les hacen responsables de las consecuencias. La mafia no lo haría mejor pero el problema es que estamos hablando de instituciones y de dinero público.

Ante esta injusta y paradójica situación -muchas veces, no lo olvidemos, muy desconocida para la ciudadanía por la complejidad técnica característica de los procedimientos de contratación administrativa, terreno abonado para la corrupción-, la sociedad civil y la ciudadanía de bien tiene que reaccionar. La tramitación de esta ley supone un importante paso en la buena dirección y una esperanza para muchas personas que se han jugado su carrera profesional y su bienestar personal por defender lo que es de todos. Es imprescindible evitar el riesgo de aprobar normas cosméticas o descafeinadas, lo que puede ser una tentación en particular para el PP y el PSOE en la medida en que serían los principales afectados si más empleados públicos se animasen a denunciar lo que saben que ha ocurrido y sigue ocurriendo especialmente en la contratación pública. Pero también es importante que la Ley tenga en cuenta la experiencia de Derecho comparado disponible ya en muchos países de nuestro entorno -Francia acaba de aprobar una ley hace dos meses para luchar contra la corrupción proteger a los denunciantes- y que introduzca normas que ya han dado buen resultado en otros países.

Ante todo, conviene ser rigurosos para diagnosticar primero y remediar después la persecución que sufren muchas personas honestas por querer hacer bien su trabajo. Se trata de un fenómeno que pone de relieve, como pocos, una peligrosa inversión de los valores predominantes en una sociedad. Por eso es imprescindible que reaccionemos de forma decidida para defender los valores de la honestidad, la justicia, el mérito y la verdad, que son los valores de la civilización y los que nos separan de la barbarie. No podemos limitarnos a ser meros espectadores de este combate tan desigual y en el que tanto podemos ganar o perder. Ya decía Burke que para que el mal triunfe sólo hace falta que los buenos no hagan nada.

7 comentarios
  1. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    El énfasis en el denunciante es un síntoma de que no hay gran interés en resolver de modo significativo el problema –sistémico– de la corrupción.

    Un denunciante “insider” surge normalmente cuando, siendo conocedor de indicios o portador de sospechas, de la posibilidad de que se haya cometido un delito, la organización le hace daño y esta persona se venga a través de la denuncia. Con seguridad habrá excepciones pero, en mi experiencia, este es el caso más frecuente.

    Por esta razón confiar a la denuncia la solución de la lacra equivale a garantizar su continuidad. Lo estamos viendo en otros casos donde el Estado y los Partidos fomentan la denuncia mientras el problema aumenta y mucha gente vive estupendamente del problema.
    Se estima que solo termina en tribunales en torno al 1% de los casos de corrupción. Es decir, riesgo casi cero.

    Estamos ante una actividad penal de muy bajo riesgo agravado por el hecho de que en este tipo penal quienes más conocen del delito son precisamente los dos cómplices principales porque las víctimas son anónimas, no son conscientes de serlo y los beneficiados son muchos.
    Esta es una actividad donde el win-win es muy fácil o facilísimo si, como es habitual, la recompensa se divide entre otros partidos y actores que aunque no estén en el “ajo” pueden resultar incómodos. En este sentido la actitud de los nuevos partidos es decepcionante por su bisoñez o por su complicidad.

    No se puede tratar el problema de la Corrupción sin hacer algo para lo cual este foro estaría muy bien dotado: el análisis de la legislación que se fue modificando metódicamente entre 1983 y 1996 desde aquellos gobiernos: La destrucción paulatina de la legislación Administrativa y Presupuestaria del Estado desarrollada desde principios del siglo XX hasta los años 70.

    Los grandes capítulos de cambios legislativos a estudiar serían:

    1. Leyes generales presupuestarias.
    2. Intervención
    3. Contratos Patrimoniales
    4. Función Pública
    5. Responsabilidades de las Autoridades y Administradores Públicos vs responsabilidades de los Administradores Privados.

    En todos ellos, año tras año en muchos casos, se produjeron Cambios Inauditos cuyo resultado ha sido retrotraer España al nivel de Corrupción del Siglo XIX, agravado por la Fragmentación Autonómica, y que se había ido controlando y reduciendo con leyes Administrativas, Presupuestarias, Responsabilidades, Inspecciones eliminadas pre y post gasto, etc.
    Esto es materia propia de un foro de juristas.

    Cuando el PSOE dejó el Poder en 1996 el PP no recuperó dichas leyes a pesar de tener preparado un paquete legislativo al efecto desde 1992.

    La situación de España es hoy la equivalente a la de una gran empresa que, para evitar que sus empleados más importantes la arruinen, diga a los Accionistas y Empleados en la Junta General: “¡Denuncien, denuncien sin miedo! Este Consejo de Administración les promete que no les va a pasar nada si lo hacen”.

    Saludos cordiales.

    PS. Lectura recomendada para la Semana Santa: ISAÍAS, 30. “¡Evitad visiones verdaderas, decidnos cosas halagüeñas, profetizad ilusiones!”

    • antonio
      antonio Dice:

      ¡¡Leyes administrativas corruptas desde el 83 hasta ahora¡¡ Vaya ¡¡ Y lo dice el que presume de ser responsable beneficiario de una empresa que ha vendido millones de tarjetas sanitarias (¿y algo más?) a las distintas Administraciones Públicas Autonómicas. Ahora, que ya no hace negocios con ellas, ¿se da cuenta de la existencia esas Administraciónes corruptas e innecesarias? ¿Se ha llevado, también, dinero público de modo indebido?
      Es lo que tiene disparar en todas las direcciones, desde todos los ángulos posibles( incluido el ¡ISAIS,30,’¡) sin domino aparente alguno…

      • M. R. Y.
        M. R. Y. Dice:

        Por más vueltas que la doy creo que ha leído cosas que no es posible encontrar en el texto que comenta.

  2. Abogado Torremolinos
    Abogado Torremolinos Dice:

    Interesante reflexión. Sin duda alguna existe una presunción de culpabilidad, como bien señalas, en temas de corrupción, pero no es más que el resultado de todas las corruptelas que ha habido, y sigue habiendo, en nuestra sociedad y de los halos de poder creados durante este tiempo. Quizás somos una democracia demasiado joven y como dijo el poeta “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.”

    Ahora nos queda saber aprender de los errores cometidos y de verdad no volver a pisar los mismos terrenos farragosos de corrupción con los que tanto hemos vivido. Mi principal temor, como bien apuntas, es que sea una norma muy descafeinada en la práctica. Pero entiendo que poco a poco, y con un congreso cada vez más representativo (aún con todo lo que falta), se irá consiguiendo que tengamos un gobierno más limpio. Quizás soy demasiado optimista.

    Un saludo

  3. Cvm Privilegio
    Cvm Privilegio Dice:

    ¿Por qué apenas se habla del asunto ACUMED? Misterios de nuestra prensa “de calidad”…

    En cualquier caso, doña Elisa, el dedo en la llaga lo pone el sr. Oquendo al recordarnos algo que en su artículo no se menciona, a saber: que el presente estado de cosas no es consecuencia de una serie de desgraciados incidentes, ni de la desvergüenza de algunos pillos. Es consecuencia querida -o, al menos, aceptada como mal menor- del actual diseño de la administración pública local, autonómica ,y también estatal, como aquí se ve.

    Pregúntese, doña Elisa: ¿para qué se creo una empresa como ACUMED? ¿Nadie llevaba a cabo esas tareas anteriormente?

    Pregúntese, doña Elisa: incluso dentro del ámbito funcionarial, ¿cuál es la razón última del uso generalizado de la libre designación para la provisión de puestos de trabajo? ¿A quién beneficia realmente?

    Creer que todo este sistema de evasión de controles no políticos y de huída del derecho administrativo puede corregirse con un ley de protección de denunciantes revela, si me permite decirlo, una cierta ingenuidad.

  4. O'farrill
    O'farrill Dice:

    Por los (demasiados quizás) años pasados en la Administración Pública, he conocido muy diferentes formas de entender lo que debería ser “servicio público”. El más elemental sería facilitar la vida a los ciudadanos en lugar de complicársela, pero esto supone una verdadera vocación política (algo casi inexistente en el mundo de hoy). Otros consideran que los administrados es un conjunto de ignorantes a los que debe “educarse” y, ya sabemos que “la letra con sangre entra”. Hemos creado formas de dominación cuando aceptamos que “se nos gobierne” en lugar de que “se nos administre” honestamente. Demasiadas tanto en exceso normativo (que luego vemos para lo que sirve en realidad) como en exceso administrativo. Hemos laminado los pocos (siempre lo son) controles de la gestión pública (empezó el PSOE diciendo que era necesario para gobernar) y un sistema corporativo que se tapa en la mayor parte de los casos las vergüenzas de acción u omisión. Quisiera ser tan optimista como la autora, pero no puedo. La sociedad que tenemos, sus instituciones, sus políticos, sus ciudadanos, sólo son mejorables cuando empecemos a reconocer individualmente, cada uno de nosotros, los muchos desvaríos, errores, despropósitos e hipocresías de lo que llamamos “nuestra civilización” y actuemos en consecuencia. Un saludo.

  5. Colapso2015
    Colapso2015 Dice:

    Sería interesante referirse a un hombre, cualquiera sabe, que vivió en Nazaret. Ciudad arrasada por la violencia descomunal del -poder- imperial romano.
    Ante ello, bajo eso tan despreciado que se llama filosofía, surgió un hombre con una forma distinta de afrontar la brutalidad del poder. A ese hombre nadie le llamaría héroe,…,aunque lo fue.
    Jesús de Nazaret, integridad de la virtud (filosofía-ética) hacia Dios (transcendencia), murió en la cruz, después de varias estaciones de sufrimiento. Su pecado ser “rey de los judíos”.
    La palabra rey no es casual, se refiere al poder. Y el poder no perdona, es violento, …,

    El poder es corrupto por su propia naturaleza constructiva, parece obvio, no hay “solución final”, solamente se pueden minimizar sus resultados perniciosos. El paliativo es conocido, pero no pasa precisamente por dividir responsabilidades de la administración (funcionarios) al estilo de los Médici (Estado moderno). Sino por la catarsis de la sociedad que sustenta ese poder, sus formas, sus modos, su moral. Algunos lo pivotan en la excelencia, la aristocracia, “aristoi”,…, los guías, los expertos. No creo tal cosa pueda existir, pienso debe ser una deriva colectiva, la cual lleve mediante varias causas al control del poder,…,

    España es un país muy, muy, aprendido en el poder, sólo se deben observar las gestas de conquista americana para saber que el arte político es el más peligroso de los artes. De esa forma se puede entender como menos de 200 hombres pueden vencer a un ejército de 80000 hombres, con armas blancas (acero de Toledo) y un poco de pólvora (casi una treintena de arcabuces en total). Como 500 hombres pueden conquistar una ciudad de un cuarto de millón de habitantes, capital de un imperio con 10 millones de habitantes. Es decir, 1 conquistador cada 20000 indígenas.
    A pesar de ello, no evoluciona políticamente en lo interno. No considera el poder como algo peligroso,…, es incomprensible. ¿Será consecuencia de esa educación industrial que llaman “pública”?

    Como le pasó a Jesús Cristo, nadie se antepuso ante él y el poder,…, por ello, aquellos funcionarios que perciban lo corrupto del sistema. Deben sopesar si les compensa ser coherentes en un sistema inherentemente corrupto por diseño (la población carece de poder formal efectivo y una moral acorde a ello).

    Como diría Buffet:
    “Mientras los pobres y la clase media pelean [sangran y mueren] por nosotros en Afganistán [los héroes] y la mayoría de los americanos lucha por llegar a fin de mes, nosotros [“top + establishment”], seguimos gozando …”

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