¿Tienen sentido las legítimas en el siglo XXI?

El pasado jueves 20 de abril la Fundación Hay Derecho celebró un Seminario sobre las legítimas, debidamente anunciado aquí. Moderó la mesa Matilde Cuena e intervinieron: la catedrática de Derecho civil Teodora Torres García, partidaria del mantenimiento de la regulación actual sobre la base de que las sucesivas reformas ya ha ido atemperando el rigor de la regulación original; Victorio Magariños, defendiendo la reforma y reducción de las legítimas, que ya nos adelantó en este post sus principales argumentos, pero que en resumen son estos: la familia actual no es una comunidad de intereses patrimoniales o políticos, como en otros tiempos. Hoy la familia se basa en la intimidad, en el afecto, en el amor y en la ayuda recíproca. A los padres, después de desvivirse por sus hijos y darles una formación integral,  y cumplidos los deberes derivados de la convivencia, no se les puede impedir en justicia que dispongan libremente de sus bienes para después de su muerte. No se puede sustituir su criterio, basado generalmente en el amor y en el conocimiento de las necesidades y méritos, por una imposición ciega y desconfiada del legislador. La legítima es hoy un privilegio por razón de parentesco, una causa desincentivadora para la juventud y una limitación infundada de la libertad.

Finalmente -aunque cronológicamente en primer lugar-  hablé yo mismo, con una intervención que, para no desequilibrar la confrontación, pretendió mostrar la realidad sobre la que se aplica la legalidad vigente más que tomar abiertamente partido, aunque el estudio sociológico de la familia, entorno especialmente afectado especialmente por la legítima, no deja, en mi opinión, dudas acerca de la conveniencia de su reforma.

Mis reflexiones –ya expresadas aquí y pergeñadas en este post fueron como las que siguen.

La primera reflexión fue una ponderación de la importancia más allá de lo jurídico, que tienen las normas sucesorias y en particular la indivisibilidad o la divisibilidad obligatoria de la herencia por medio de las legítimas. Decía TOCQUEVILLE que “no hay un gran cambio en las instituciones humanas sin que en medio de las causas de ese cambio no se descubra la ley de sucesiones”, destacando que mientras que la agrupación de propiedad trae la aristocracia el reparto sucesorio igualitario trae la democracia. Y es clásica en el ámbito sociológico la distinción de LE PLAY entre la familia troncal, que nace por normas de herencia más o menos indivisible y en las que se busca la continuidad del grupo doméstico y la indivisibilidad del patrimonio familiar; y la familia inestable o nuclear, en la que las normas hereditarias imponen -por la fuerza de las legítimas- la división de la herencia.

En segundo lugar, y matizando al maestro Tocqueville, cabría decir que hay una interacción entre lo político y lo jurídico: hechos políticos generan hechos jurídicos y sociológicos y estos refuerzan –o no- los políticos. En efecto, parece que la familia troncal nace a consecuencia de prácticas feudales tendentes a la conservación de sus privilegios que se extienden por diversas razones al campesinado. Por ejemplo, la rebelión en Cataluña de los payeses de remensa en el siglo XIV contra un sistema feudal asolado por la peste desemboca en el nacimiento de un campesinado fuerte que, emulando los sistemas feudales, se apoya en la institución de la primogenitura para obtener sus propios fines. En contraposición, los sistemas de herencia divisa suelen aparecer asociados a aparatos estatales centralizados y burocratizados en las que las élites dominantes de tales imperios no estarían interesadas en fomentar la existencia de una nobleza hereditaria fuerte y estable, pues eso obstaculizaría el ejercicio de su poder omnímodo, sino que buscan su debilitamiento y dispersión imponiendo leyes hereditarias basadas en la más estricta igualdad entre los descendientes. Por tanto, las normas hereditarias –condicionadas en parte por intereses políticos- determinan el tipo de familia.

En tercer lugar, cabe decir que, a su vez, ese grupo social resultante de normas hereditarias genera unas pautas de comportamiento específicas: en las zonas de sucesión indivisible, una de las preocupaciones constantes es la de qué hacer con los hijos no herederos. Por ejemplo, se ha comprobado que en Cataluña cada grupo social utilizaba de manera diferencial el sistema común de herencia, dependiendo de sus recursos económicos y de las estrategias que creía convenientes. La movilidad descendente de los no herederos era un subproducto indeseado del sistema aunque finalmente empezaron a estudiar profesiones y los hereus se mostraron más proclives a casarse son hijas de industriales y se trasladaron a las grandes ciudades. La pequeña nobleza tenía una prohibición legal de sacar al mercado su propiedad y vivía de las rentas. La burguesía mercantil no estaba vinculada a la tierra, por lo que tenía mucha más flexibilidad para plantear sus estrategias. Las hijas se casaban con personas que entraban en la empresa familiar y la situación de los hijos no herederos no era tan mala. Todo contribuyó a la modernización y el crecimiento económico de Cataluña.

En los sistemas de herencia divisible la divisibilidad se tomaba tan en serio que cada hijo recibía su parte de cada tipo de propiedad, pero como contrapartida se esperaba de ellos una conducta para con la familia extensa: todo el mundo participaba por igual en las venturas y desventuras de la familia pero se esperaba que los hijos establecieran su residencia cerca del hogar paterno, les ayudaran en el trabajo de la tierra, les atendieran en la vejez y que funcionaran como una unidad familiar extensa que excedía del hogar. Más allá de cuestiones de herencia y sucesión, la mejor manera de considerar los sistemas familiares castellanos sea en términos de solidaridad, actividad económica incluso autoridad paterna que generaban mecanismos que invariablemente afectaban a diversos hogares, vinculándolos entre sí. Los padres hacían lo posible para que cada hijo tuviera un hogar al casarse pues cada matrimonio originaba la formación de un hogar. Un subproducto era que esos hogares fuertemente nucleares abundaban en movimiento y no eran estables.

En cuarto lugar, y sea como sea, lo que sí parece claro, es que la economía y la sociología a que respondía la legítima de dos tercios del Derecho común no son las de hoy. La familia amplia que trabaja en común una explotación agrícola, y que vive junta o en las proximidades, con una expectativa de vida relativamente corta y en la que los hijos cifran su futuro en la herencia ya no existe, al menos en España. Esa familia ha dado paso a una familia compuesta por los padres y quizá dos hijos (sin mencionar las innumerables variantes hoy posibles) en la que, la llamada conyugalización  de las costumbres jurídicas ha hecho que, por lo general, prime en las relaciones familiares las relaciones afectivas entre cónyuges y no, como antes, las institucionales; los hijos no cifran ya en la herencia el punto de inflexión de su libertad social e independencia económica, que estará normalmente en su formación, que los padres financiarán, y posterior obtención de un trabajo remunerado.

Hay diversos factores que han propiciado esta evolución: factores ideológicos (el proceso de individuación o personalización de que hablan LIPOVETSKI o BAUMAN hace que el valor del libre despliegue de la personalidad, la legitimación del placer o el de realización personal impregnan también a la familia en la que la intensidad del sentimiento sustituye a la permanencia); factores sociales y económicos (salida del marido y luego de la mujer del hogar que ya no es una unidad de producción, creación de la infancia y adolescencia como etapa, proceso de urbanización, triunfo del Estado del bienestar que sustituye algunas de las funciones familiares); factores demográficos (reducción de la mortalidad y de la natalidad; liberación de la mujer de la función reproductiva, reducción de la época fecunda; alargamiento del ciclo vital familiar, inadaptación de las parejas con el transcurso del tiempo, nacimiento de otros modos de relación) y factores políticos (valores como la libertad o democracia, movimiento feminista, movimientos de reivindicación homosexual).

Por ello, y como quinta y penúltima reflexión, carece hoy de sentido, en mi opinión, el mantenimiento de unas legítimas tan fuertes que limitan tanto la libertad del testador; y ello no tanto por un reforzamiento de la autoridad parental o la defensa de la propiedad, sino más bien porque contraría la tendencia a la individuación y al desarrollo personal propio de estos tiempos, sin que los intereses que presuntamente protegen tengan hoy la importancia de antaño. No parece lógico que no pueda hoy un testador dejar su empresa a quien considere que va a mantener la unidad de la misma o sencillamente favorecer a la persona, hijo o no, con quien mantiene mejores vínculos afectivos o a quien considere que lo necesite, económicamente, por padecer cualquier discapacidad (aunque algo se ha mejorado en los últimos años con la ley 41/2003) o por lo que sea. Ni los hijos van a esperar a heredar para diseñar sus vidas –tendrán quizá más de cincuenta años- y, además, los padres tienen una expectativa de vida muy larga y pueden, en su ancianidad, tener unas necesidades distintas que no cubren los hijos (sí, incluso esa pareja en la que están ustedes pensando, pues el tema de la captación de voluntad es una cuestión distinta).

Por supuesto, la solución no ha de ser necesariamente la supresión de las legítimas pero sí, quizá, su reducción cualitativa y cuantitativa o su sustitución por un derecho de alimentos u otra fórmula similar. En este sentido, cabe decir que la sensación que tuvimos al final del seminario es que las posiciones no estaban tan encontradas. De hecho, en algunas regiones forales se ha mantenido esta libertad testatoria mucho más ampliamente que en el Derecho común y en otras, como Cataluña, que ya la tenían en buena medida, o el País Vasco, últimamente han ido debilitando la legítima en el sentido que preconizamos.

Sólo cabe, una vez más, y como reflexión final, lamentarnos de esta “discriminación legislativa” que sufrimos los sujetos a Derecho común (y de la que hablaba en este post), porque parece que al legislador estatal no le merece la pena hacer modificaciones poco vistosas y comprometidas –pero de mucho calado, como hemos visto- mientras al autonómico no le importa porque le da la oportunidad de apuntarse la medalla de la diversidad regional.

PD: he modificado el post a las 14.30 para incluir los argumentos de Victorio Magariños, que nos ha proporcionado él mismo.

14 comentarios
  1. Maria
    Maria Dice:

    Me gustaría hacer una pregunta que la estoy viviendo yo ahora.Hay derecho que una hija K no ha hablado ni ha visitado a su madre cnd tuvo cáncer,luego a su padre cnd tuvo un accidente y x eso murió…Y no quiso saber nada de ellos,se la tenga que dar la legítima?25 años sin verles,cnd se la dió de todo….Y ahora que exija el dinero?Yo creo que NO TIENE DERECHO…Y otra cosa también….. Tampoco ni vergüenza.

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    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      En realidad lo que planteamos no es eso, sino si el testador puede privar a sus hijos de la legítima aunque se hayan portado bien, simplemente por ser su voluntad.
      Para el tema del maltrato realizado por los legitimarios, la legislación vigente tiene algunos recursos como el de la desheredación que recientemente ha sido ampliado por el Tribunal Supremo para entender incluidos aquellos casos en los que hay un maltrato psicológico, en el que quizá pudiera entenderse comprendido el caso que relata. Aunque, eso sí, hay que tomarse la molestia de hacer testamento desheredando expresamente.
      Aquí se puede ver una referencia:
      http://hayderecho.com/2014/09/08/desheredacion-maltrato-psicologico-y-debate-sobre-las-legitimas/

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  2. Borja Iriarte
    Borja Iriarte Dice:

    En general de acuerdo con el debate. Solo un matiz. Dice que los legisladores autonómicos han limitado las legítimas por apuntarse a la diversidad regional. ¿No puede ser que lo hagan porque hay una preocupación social en ese sentido que las Cortes, por lo que sea, no quieren afrontar? ¿Por qué dar un sentido negativo a todo lo que viene de las CCAA aunque responda a una demanda social?

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    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      Léalo usted al revés, si quiere: que el legislador estatal no conecta con determinadas necesidades. Pero en realidad la justa lectura es que, con demasiada frecuencia, ni estatal ni autonómico atienden a los intereses del ciudadano a largo plazo sino más bien a los que coincidan con los del ciudadano y los suyos: en el autonómico es el desarrollo del derecho peculiar (y por eso lo recalco en este caso) y en el estatal, por poner un ejemplo, promulgar constantemente leyes de emprendedores de muy dudosa eficacia práctica, pero muy vistosos para las estadísticas.

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      • Borja Iriarte Ángel
        Borja Iriarte Ángel Dice:

        Ahora lo entiendo de otra manera, pero el texto original daba la sensación de que la idea era el legislador autonómico lo hacía no porque por una vez conectaba con la sociedad, sino por llevar la contraria. Y creo que en este caso -en otros probablemente lo es- no es así.

  3. izaskun
    izaskun Dice:

    La legítima coarta la libertad del propietario para decidir su herencia; si se trata de limitar las facultades de un derecho (de propiedad) reconocido constitucionalmente, debe haber alguna causa, justificación o funcionalidad (función social) ¿Cuál es la razón para limitar la facultad dispositiva del propietario? ¿Por qué son necesarias las legítimas? o mejor ¿Cuándo o en qué casos procede limitar esa facultad? (p. ej. hijos discapacitados). Yo creo que esa es la cuestión principal de partida.

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  4. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Si la cuestión se analiza desde la perspectiva de la institución del Mayorazgo quizás se entienda mejor la naturaleza de la Legítima como forma de evitar los destrozos psíquicos y patrimoniales de por vida que el mayorazgo producía en los desafortunados descendientes condenados no solo a la dependencia del primogénito sino al exilio del desamor. Vagar por la vida bajo la evidencia de no ser fruto de amor alguno es tremendo maltrato, Monte Taigeto “moderno”.

    Al amparo del descrédito de la legítima –lógico anhelo de todos los sistemas totalitarios dedicados a socavar la historia y la memoria– veremos cómo se va reconstruyendo el Mayorazgo que tanto anhelan nuestros nacionalismos tradicionalistas.
    No es una hipótesis. Está pasando.

    A su vez la izquierda no olvida que el gran fracaso de Mao y de los Soviets fue no haber conseguido destrozar la familia (confuciana en el caso chino) según la vieja formulación. Ver Fukuyama en “Trust”. Occidente lo ha conseguido con nota.

    En el artículo, alguno de los participantes habla, sorprendentemente, de la familia antañona desde su aspecto patrimonial –como si fuera algo malo y no hubiera otras funciones importantes como la entrega total a los hijos– y se describen las nuevas formas de familia (tasas de divorcio ya del 70%, regocijémonos) como paraísos del amor. ¡¡¡???
    El patrimonio no es malo. Es estupendo.

    Alguien ha debido tener un lapsus grave y muy mala memoria al tratar de construir un relato irreconocible.

    Sobre el tema de fondo y como tantas otras cosas, creo que los experimentos se deben hacer con gaseosa y respetando las instituciones que nos han traído hasta aquí y esperar a que los frutos de la “modernidad” se vean en su auténtica miseria.

    De momento ya conozco tres primogénitos (Guipúzcoa y Pontevedra) que se están frotando las manos y sus hermanas menores cabreadas de por vida. Una de ellas lleva quince años de psicoanalista (Adleriana, by the way)

    Saludos y felicitar a D. Ignacio por el texto y la aclaración a la pregunta de Dña. María.

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  5. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Gracias Ignacio por tu post que resume bien los aspectos clave que tratamos en la jornada.
    Yo desde luego soy partidaria de la libertad de testar y me alineo con la postura que brillantemente defendió Victorio Magariños. Creo que las razones que justificaron el nacimiento de la legítima no se mantienen en la actualidad y además pienso que la legítima genera incentivos perversos, comportamientos reprobables y mucha confrontación familiar. Es cierto que el testador puede desheredar, pero el afectado tiene que incurrir en causa legal y habrá que probarla. Vivimos en una sociedad que tiene cada vez menos valores y la ley no puede favorecer conductas que son reprobables desde el punto de vista ético. Hoy a muchas personas mayores se las abandona emocionalmente, directamente se las “aparca” porque parece que nadie tiene tiempo para atenderles. Eso sí, fallecido, los hijos sí tienen tiempo para hacer los trámites y “cobrar” su legítima. Lo dije en la presentación de la jornada, llama la atención que exista una ONG que se llama “adopta un abuelo” https://www.adoptaunabuelo.org . Su objeto es “hacer que las personas mayores se sientan escuchadas, acompañadas y queridas”. Si se consulta su página web, el dato que aportan es llamativo: ¿Sabían ustedes que hay más de 329.000 mayores viviendo en más de 5.000 residencias? Estos son datos de hoy y que creo que tienen que ser valorados. A nuestros mayores les tenemos que cuidar por amor, por lo que han hecho por nosotros y nos debería salir “de dentro”. Pero la realidad es que –y no quiero generalizar- en muchas familias esto no se está haciendo y no me pregunten por qué. Y la ley no puede incentivar estos comportamientos. Yo soy partidaria de que todo incremento de patrimonio sea fruto del esfuerzo. El gratis total no es bueno ni educativo y estimula conductas censurables. De hecho, conozco casos de hijos de personas muy acaudaladas que tienen “cero” incentivo a producir y a crear porque saben que todo les caerá del cielo. Muy sabio es Bill Gates http://mx.hola.com/famosos/2016102815747/bill-gates-no-dejara-herencia-hijos/ que ya ha adelantado que no dejará su patrimonio a sus hijos y no lo hará porque “Nuestros hijos van a recibir una gran educación y algo de dinero, así que no van a vivir pobremente, pero van a salir y a hacer su propia carrera”. Yo aplaudo su decisión. Hoy los padres estamos invirtiendo más que nunca en la educación de nuestros hijos. Si Bill Gates viviera en Madrid, esta sabia decisión no la podría tomar…. La libertad de testar estimula la cooperación y el esfuerzo de los hijos y contribuye a mantener los valores familiares.Como en muchas otras materias, el modelo anglosajón es, a mi juicio, mucho más coherente (Sigue)

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  6. Matilde Cuena Casas
    Matilde Cuena Casas Dice:

    Esta falta de valores que hoy impera es nuestra realidad y no la de los mayorazgos. Según datos del INE, en el año 1900 la esperanza de vida era de 35 años. Hoy la es de 85 años para las mujeres y de 80 para los hombres. Esto significa que cuando fallece una persona con hijos éstos tendrán entre 40 ó 50 años que es además la franja de edad en la que, según datos del Banco de España, la riqueza neta es más alta. Por lo tanto, lo normal es que cuando el testador fallezca, los hijos estén criados y en su máximo esplendor económico. Sólo en caso de necesidad, como apunta el autor del post, podría estar, a mi juicio, restringida la facultad de testar.
    Pero es que, además, la legítima introduce mucha complejidad en el sistema, pues afecta también a la facultad del testador de donar en vida. Los donatarios legitimarios tienen que colacionar (salvo que el testador diga otra cosa) y toda donación debe computarse para el cálculo de la legítima, pudiendo el donatario ver que la misma es declarada inoficiosa, mucho tiempo después de haber recibido el bien donado. Para evitarlo, muchas veces se producen transmisiones a título oneroso simuladas que generan todavía más confrontación tal y como expliqué aquí http://hayderecho.com/2014/02/27/donaciones-a-hijos-y-familias-rotas-por-una-herencia/ . Muchas familias no se reúnen en Nochebuena porque hay un problema de herencias detrás. Esto no lo debe favorecer el legislador. La sociedad ha cambiado y el Derecho debe ir acompañando a las nuevas circunstancias económicas y sociales, nos gusten o no.

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  7. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    En esta ocasión no me resulta fácil estar de acuerdo con la exposición de la profesora Cuena. No lo estoy y lo lamento.

    Sobre esta cuestión ayer llamé a 20 de mis conocidos en la franja de edad de los 60 a 80, todos con más de dos hijos vivos y con bienes de alguna entidad y les pregunté tres cosas. Casi todos eran residentes de la mitad norte de España, desde Gerona a Galicia.

    1. Si habían testado. Todos lo habían hecho.
    2. Si habían hecho distinciones entre sus hijos. 17 no las habían hecho y habían buscado un reparto igualitario. Los otros casos eran un hijo con una deficiencia y dos personas dueñas de fábricas cuya gestión y propiedad permanecerían mejor en la familia si la herencia se concentrase en uno de los hijos varones. Con las legítimas actuales vigentes en sus lugares de residencia habían podido manejarse.

    3. Si contemplarían en algún momento otro esquema. Una de ellas me dijo que lo habría hecho con uno de sus hijos, ya muy mayor, drogadicto e internado en un establecimiento médico en el cual reside desde hace años. Lógicamente no podrán hacerlo porque han de pagar el establecimiento que es bastante caro.

    En mi muestra nadie defendió la postura del panel. Postura que, desde la perspectiva de los principios y valores, también tiene sus carencias.

    Lo que la mesa redonda plantea, en el fondo, es una reivindicación –comprensible– de algunos lobbies y de los entornos históricos donde el mayorazgo era normal.
    Una reivindicación análoga a la que en su momento consiguió la exención en el Impuesto del Patrimonio de los bienes familiares empresariales mientras se sigue aplicando el impuesto a todos los demás bienes y contribuyentes.

    Todos estos puntos de vista tienen su argumentación y deben ser discutidos. Pero desde los principios.

    Y si la Igualdad ( también de “Outcomes” en Socialdemocracia pura) es un valor social, ¿por qué la vamos a mantener en las Constituciones y negarla para las Familias? ¿O es que estamos negando la familia?

    Es un clamor lo terriblemente injusto que es que si mis activos son empresas estén –afortunadamente– exentas en el Impuesto de Patrimonio, mientras a la mayoría de los contribuyentes se les mide milimétricamente y se les cruje año tras año por “tener bienes”. Como si fuera pecado.

    Si se quiere defender la propiedad privada y la libertad — defiendo ambas– hay que hacerlo de frente. Las vías alternativas, en el fondo, carecen de la credibilidad que supone defender un principio, un valor tan socialmente positivo como es la Igualdad de Derechos (que no de outcomes).

    Lo que sí es un hecho es que ya con las significativas reducciones de las legítimas vigentes en algunos territorios se está Reconstruyendo el Mayorazgo a la chita callando bajo la cobertura de la “Libertad”. Y lo más lamentable es que las paganas son fundamentalmente mujeres. En todos los casos que conozco lo son.

    El Mayorazgo es una institución socialmente terrible para las personas que la sufren. Cuando alguien quiera entender por qué tanta monja y tanto fraile en algunos lugares de España, tanto “bala perdida” y tanto aventurero, tanto “hereu” tiene forzosamente que reconocer el Maltrato Psicológico que unos padres producen en sus hijos (fundamentalmente en sus hijas que son las perdedoras natas) al privarles de bienes que por sentido común y humanidad, por un mínimo cariño, deberían haber recibido.

    Así lo veo, con prevención y cautela porque, efectivamente, hay bienes no divisibles.

    La Igualdad de Derechos es un bien social y personal. La Independencia Económica es condición para la Libertad, Social y Personal y la Responsabilidad Personal tiene que jugar un papel que hoy no juega.

    Saludos cordiales

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    • Matilde Cuena Casas
      Matilde Cuena Casas Dice:

      Querido Manu: Muchas gracias por su comentario. El debate en este tema es importante y es lógica la discrepancia. Lo normal es que los padres dejen sus bienes a los hijos, es lo natural y, de hecho, es lo que sucede estadísticamente en territorios españoles donde hay libertad de testar. Otra cosa es que eso lo tenga que imponer el legislador. Sencillamente pienso que las circunstancias sociales que vieron nacer el Código Civil son muy distintas a las de ahora y las legítimas plantean más problemas que soluciones. Cierto es que pueden darse situaciones injustas en las que el propietario de los bienes decida dejarlo a persona distinta de sus familiares, sin justificación razonable. Es su decisión y es su propiedad. Quizá la solución intermedia en la que en determinados supuestos la ley limita la libertad de testar con base el en estado de necesidad de los herederos, sea la opción más razonable. Imagino que sufrir un mayorazgo será terrible, pero sufrir una situación de abandono emocional, también lo es. Y para mí esto también supone debatir desde los principios. No sé cuántos mayorazgos hay en España, pero si sé que hay muchas personas mayores muy solas. Ese dato lo tengo y la ley debe incentivar comportamientos saludables que deberían nacer del corazón y no de razones económicas, pero la realidad es la que es. Un placer, como siempre, debatir con usted y asumo el riesgo de que me termine convenciendo. Un saludo cordial y buen día.

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    • Ignacio Gomá Lanzón
      Ignacio Gomá Lanzón Dice:

      Estimado Manu: he de decir que mi resumen es un tanto incompleto porque Teodora habló largamente en el sentido que usted preconiza y que en el debate hubo mucha gente que pensaba en el mismo sentido.
      Desde luego, mi posición no es ideológica y partiendo de los principios que usted invoca, no creo que estemos tan alejados, pues no estoy a favor del mayorazgo ni, desde luego, en contra de la familia. Por otro lado, tampoco es radicalmente contraria a la legítima, sino más bien contraria al alcance de la legítima que aparece regulada en el Código civil en la actualidad.
      Las razones son las expuestas: que no corresponde ya a la sociedad existente y se supone que el Derecho debe correr tras la realidad social, aunque, sin duda, a veces ha de intentar cambiarla e ir contracorriente.
      Creo, en este sentido, que el peligro del mayorazgo y otros que invoca usted no es fácil que ocurran.
      En primer lugar, porque corresponde a una sociedad distinta en que la sucesión de títulos nobiliarios que llevan aparejada la propiedad de un patrimonio y tal cosa ya no existe. Sí existen grandes patrimonios cuya unidad puede ser interesante conservar como modo de conservar empresas, lo que parece bueno para la economía. Si esto puede ser un modo antisocial de perpetuar privilegios y fomentar castas de poder improductivas, creo que impedirlo no es tarea de las legítimas, sino más bien del impuesto sucesorio, cuyo descrédito en los últimos tiempos es importante, sobre todo por el agravio comparativo entre las distintas Comunidades Autónomos, pero hay que plantearse seriamente si está o no carente de todo fundamento como modo para alcanzar esa igualdad de la que usted habla en su comentario, en bienes a los que el heredero no tiene otro derecho que el procedente de su genética o de la liberalidad del testador.
      En segundo lugar, porque la gente, en general, es sensata y no hace tonterías. En el libro que enlazo en el post cuento una estadística personal que hice en 2003, cuando ejercía en Cataluña, que tiene una mayor libertad de testar, y que transcribo aquí:
      Como curiosidad sin valor estadístico, de los 136 testamentos que personalmente autoricé en Gerona el pasado año 2003 se deducen estos datos: 91 testadores estaban casados, 19 solteros, 17 viudos, 6 separados y 4 divorciados. De los 91 casados, 69 instituían herederos a su cónyuge (se trata de 34 matrimonios que testan simultáneamente y un cónyuge que comparece solo), 13 instituían a sus hijos herederos universales, sin distribuir bienes entre ellos, 5 también a los hijos pero distribuyendo bienes y 4 instituían herederos a los hijos pero dejaban al viudo el usufructo universal. Los 19 solteros testaban así: 2 a favor de los padres, 10 a favor de sobrinos y hermanos, 4 a favor de la pareja y 2 a favor de otras personas. Los 17 viudos así: 11 a favor de los hijos con distribución de bienes, 3 sin distribución, 2 a favor de sobrinos con distribución y 1 a favor de hermanos; los 6 separados lo hacían así: 1 a favor de familia y extraños, 1 a favor de conviviente, 3 a favor de hijos con nombramiento de administrador 1 a favor de padres; 4 divorciados a razón de 3 a favor de los hijos sin nombramiento de administrador y 1 a favor del conviviente. Por consiguiente, se puede obtener el dato de que el 75,8 % de los casados quería nombrar heredero universal a su cónyuge (en casi todos los casos simultáneamente) y si nos referimos al total de testadores y buscamos el porcentaje que representa la institución de heredero al cónyuge o convivientes vemos que supera el 51,8 %.
      En tercer lugar, porque, al contrario de lo que pareciera, quizá una mayor libertad de testar lo que posiblemente haría sería reforzar la posición de los padres y mantener unida la familia, aunque sea por interés, recordando a los hijos que no tienen nada asegurado, como señala Matilde. No niego, en cambio, que la posibilidad de captación de la voluntad es un problema real no siempre fácilmente controlable.
      En resumidas cuentas, y por no alargarme más, quizá más que de principios en esta ocasión debemos hablar de procedimientos y métodos para reforzar esos principios –familia, propiedad e igualdad- en los que quizá muchos podríamos estar de acuerdo si también se respetan otros como la libertad, con alguna fórmula de compromiso equlibrada.

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  8. izaskun
    izaskun Dice:

    Tenemos el ejemplo de Navarra (sociedad históricamente conservadora): la libertad de testar, que se sepa, no na generado “mayorazgos”; ni el decaimiento de la familia; ni la discriminación entre los hijos. Eso sí, no hay pleitos por legítimas y pagos de la legítima.

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  9. Victor
    Victor Dice:

    No veo al señor Lledó comentar este artículo. Si no recuerdo mal era profesor de derecho civil en quinto de carrera. Sería interesante que le animaseis a dar su opinión.

    En fin, esa “libertad” de la que habláis espero que no sea fuera del círculo familiar.

    Por poner un ejemplo un poco radical (totalmente maniqueo), recuerdo a mi abuela, que en paz descanse, que hubiera testado a favor del repartidor de pizzas si en ese momento éste hubiera ido acompañado de un notario. Lo mismo puedo decir de mi abuelo. Igual esos ejemplos no colarían, pero he visto unos cuantos casos que no le van mucho a la zaga.

    Espero que eso que demanda la sociedad no sea que los pizzeros puedan recibir su porción de las herencias si así lo dispone libremente el testador.

    Supongo que no van por ahí los tiros, aunque llegados a este punto,……. igual la sociedad lo demanda. ¿Por qué no?

    Respecto a los sistemas forales. En el país vasco regía lo que se llama el puñado de tierra y la teja: era para que supieras que alguien de tu familia tenía tierras y caseríos….. pero que a tí te tocaba emigrar para ganarte la vida. ¿Era bueno? ¿Era malo?
    Era un sistema duro pero tenía sus cosas buenas y cosas malas. ¿Hay de verdad un “ansia” y una “necesidad social” de copiar a los vascos?

    Este sistema no daba libertad total de elección: sólo podías elegir entre tus descendientes y “proteger” al cónyuge viudo: FAMILIA.

    Pero con la reforma del País Vasco, para variar, han colado un tema pensado para parejas de hecho.

    – Se ha sacado a los ascendientes.
    – Se ha reducido la legítima de los descendientes a 1/3 con libertad de elección.

    Y habla de libertad pero con limitaciones:

    “El nuevo Derecho Civil Vasco se fundamenta en el principio de libertad civil, que determina que todas las leyes se presumen dispositivas y que la renuncia a los derechos reconocidos en la Ley es siempre posible mientras no sea contraria al orden público o perjudique a tercero.” (habrá que ver si esas renuncias son pagando o no pagando).

    El orden público y tercero, ¿qué o quienes son?

    Entiendo que el legislador no está pensando en el “repartidor de pizzas” sino en la pareja o parejo de hecho que no es familia. Es evidente que la finalidad de estos debates es contemplar la nueva realidad social. Pero, de verdad, ¿es necesario este debate?

    Uno de los problemas de los legisladores es que no os paráis a sumar. No es lo mismo hablar de un modesto patrimonio que hablar de cifras más elevadas.

    Un matrimonio humilde que tiene un pisito y 10 mil euros en la cuenta…. pues por supuesto que no tiene que pensar en los hijos, pero eso ya estaba contemplado.

    Pero pongamos una persona con un importante patrimonio ( pongamos 3 millones de euros) un cónyuge (que a su vez tiene algo de patrimonio) y 3 hijos.

    La legítima estricta es de 1/3 = 1 millón de euros, una importante cantidad.

    Suponiendo una buena relación familiar, o al menos razonable ¿A quién dejaríais los 2 millones restantes fuera de los hijos o del cónyuge? ¿Al repartidor de pizzas? ¿De verdad creéis que están preocupados porque se “les impidan en justicia que dispongan libremente de sus bienes para después de su muerte”?

    No termino de entender los números. ¿En quién estáis pensado con todo este debate? ¿De verdad creéis que es un problema para el testador?

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