En contra del impuesto a las bebidas azucaradas

Como seguro que ya saben nuestros lectores, la Generalitat de Cataluña ha aprobado un impuesto a las bebidas azucaradas con la finalidad de desincentivar su consumo (aquí). De hecho, asumiendo el papel de ángel de la guarda de los catalanes, no descarta extenderlo a otros alimentos en el futuro, siempre por el bien de aquellos. Pues bien, resulta sorprendente la escasa oposición que esta medida ha suscitado. Incluso algunos prestigiosos scholars y políticos de tendencia liberal, como Conde-Ruiz y Elorriaga, parece apoyar expresamente la medida (ver tweets 24/4).

Esta tendencia de utilizar el Derecho como instrumento para desincentivar comportamientos nocivos e indeseables tiene un indudable origen cristiano (en Roma tenían otros instrumentos para ello, como la censura) pero en los últimos tiempos ha recibido un supuesto espaldarazo científico gracias a los trabajos del Behavioral Law and Economics. Esta corriente fue acogida con entusiasmo por la Administración del expresidente Obama, gran admirador de Sunstein, a quien encomendó la dirección de Información y Asuntos Regulatorios.

Su influencia se nota en muchos ámbitos, pero uno de los más significativos es el de los llamados “sin taxes”, nombre de por sí bastante elocuente. La idea es gravar especialmente ciertos productos que se consideran nocivos para la salud, con el fin de disuadir su consumo.

Frente a la acusación de paternalismo, sus partidarios se defienden utilizando varios argumentos. El principal es que con estas medidas se busca evitar externalidades negativas, es decir, efectos derivados de ese consumo que no sólo resultan perjudiciales para el usuario, sino para los terceros. En el caso concreto de los “sin taxes”, se alega el aumento del gasto sanitario que al final tenemos que sufragar entre todos.

Bien, este argumento es frágil, porque resulta dudoso que los obesos, alcohólicos y fumadores resulten más gravosos para las arcas públicas que las personas sanas. Más bien cabe sospechar lo contrario, especialmente en los tiempos que corren. Los obesos y fumadores mueren antes y así nos ahorran las cuantiosas pensiones que deberemos pagar a las personas sanas hasta que cumplan cien años, que al disfrutar además de una vejez y decrepitud (eso sí, natural) mucho más larga, terminan consumiendo muchos más recursos sanitarios.

Por otra parte, no cabe negar que los “sin taxes” también producen externalidades negativas, porque al disuadir del consumo de un producto podemos estar incentivando otro que puede terminar siendo peor. Por ejemplo, en el caso de las bebidas azucaradas, podemos terminar incentivando -no el agua- sino el alcohol o las bebidas light, que según ciertos estudios recientes elevan el riesgo de demencia y el ictus. Claro que siempre podemos gravar todo menos el agua, para conseguir una sociedad de efebos saludables que, en el fondo, reconozcámoslo, es lo que queremos.

En definitiva, ese mantra de los defectos de información del regulador (no por manido menos cierto), que siempre está en la boca de los liberales para proponer la desregulación, brilla aquí por su ausencia.

El segundo argumento de defensa frente a la crítica de exceso de paternalismo es que los “sin taxes” no prohíben nada. El que quiera seguir bebiendo azúcar puede hacerlo a discreción. Sin embargo, el argumento vuelve a ser muy débil. El Derecho penal tampoco impide nada. Si yo quiero matar a mi vecino porque su perro ladra por la noche nada puede impedírmelo… salvo la sanción, claro. Pues aquí pasa lo mismo, aunque sea –lógicamente- a menor escala.

Pero todo esto palidece en comparación a la principal externalidad negativa de los “sin taxes” que es profundizar en la fusión entre Derecho y Moral, uno de los grandes males de nuestro tiempo. Esa fusión arranca de San Agustín, la profundiza la Reforma y la Secularización no ha hecho más que agravarla. Su precio es anular el sentido de la responsabilidad individual, aplastando de paso la autonomía y dignidad de las personas. Frente a la vida mala, educación e información, pero no Derecho por favor, tampoco el Fiscal.

 

 

9 comentarios
  1. Alnair
    Alnair Dice:

    Entonces ¿se podría decir lo mismo de los impuestos al alcohol y al tabaco?
    A mi me parece una forma bastante legítima y ponderada de favorecer la disminución del consumo de azucar. Hay que recordar que la muerte prematura de alguien no solo “ahorra” pensiones, sino que hay una inversión en educación, experiencia laboral, etc que se pierde.

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    • Rodrigo Tena Arregui
      Rodrigo Tena Arregui Dice:

      Los impuestos sobre el alcohol y el tabaco, igual que el de la gasolina, tienen una finalidad recaudatoria, aprovechando el carácter rígido de su demanda.
      Yo lo que afirmo es que existen muchos argumentos para discutir el argumento de la externalidad negativa, que en ningún caso es concluyente:
      One study used a mathematical model to compare estimated health costs of obese persons, tobacco smokers, and “healthy-living people”. Until age 56, obese persons had the highest estimated annual health expenditure. Tobacco smokers older than this had the highest estimated health costs of all groups, but since life expectancy is shorter for smokers and the obese, the “lifetime health expenditure was highest among healthy-living people.” The model for this study used input parameters based on data from the Netherlands.
      Por otra parte:
      Sin taxes fail to affect consumers’ behaviors in the way that tax proponents suggest, for instance increasing smokers’ propensity to smoke high-tar, high-nicotine cigarettes when the per-pack price is raised[18] and increasing the rate of people mixing their own drinks rather than buying pre-mix alcoholic spirits.
      https://en.wikipedia.org/wiki/Sin_tax

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  2. Isaac Ibáñez García
    Isaac Ibáñez García Dice:

    Es una nueva trola. Como ya no existen baldíos impositivos para una tributación aceptable se inventan hechos imponibles de este tipo.
    El efecto perseguido es clara y simplemente recaudatorio. Pasó lo mismo con el “céntimo sanitario”, que nada tuvo que ver con la sanidad y que por ello fue tumbado por la justicia europea.
    Es un impuesto injusto que, como siempre, afectaría a los pobres, pues al rico no le disuade de seguir endulzando su vida.

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  3. misael
    misael Dice:

    100 % de acuerdo con el autor.

    La concienciacion, en román paladino: comer la moral a la ciudadanía, en lo relativo a lo saludable y ecologico que los políticos inoculan a través de los medios del establishment, es decir, el 99,99% ya produce hastío.

    Cuando oí la noticia, me llegó la idea de pensar ¿ qué te apuestas que con lo de la cerveza 0,0 les ha bajado la recaudación y tienen que buscar manás alternativos ?

    Tiene narices que la panda que gobierna la generalidad se escude en cuestiones de salud, cuando ha habido varios muertos en esa C.Autónoma por las largas colas en las listas de espera. De todos es sabido que la sanidad pública catalana está sufriendo las de caín con la crisis. Las embajadas catalanas y de los amiguets del poder, esos, según cuentan, están ladeando la crisis con muy buen tino. Lástima que a a las embajadas no se les pueda poner un impuesto azucarado.

    Esta medida sí requeriría un rodea el congreso. Pero ya se ve que aquí no se monta pollo a no ser que venga de la coletuda gente.

    PD1. Creo que además afecta al café y otros
    PD2. Hay quien dice que por qué no se meten los productos con grasa o la bollería.
    PD3. Ya pasó con el céntimo sanitario: hemos de estar advertidos que el gobierno nacional encuentra así una puerta abierta para hacerlo extensible a toda España, o lo que queda de ella.

    Saludos

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  4. Dan Evans
    Dan Evans Dice:

    Hola. Bueno yo creo que el impuesto a las bebidas azucaradas probablemente no sea más que otra disculpa para recaudar Más por necesidad. De todas formas no estoy del todo de acuerdo con los argumentos del post.
    Es evidente que un impuesto es para recaudar y no para otra cosa, pero ya que los impuestos tienen que existir, pues tiene sentido buscar una externa lidad positiva (de hecho se hace constantemente en todos los paises). Tiene más sentido ponerle más impuestos a las bebidas azucaradas que a los productos ecológicos por ejemplo.
    Para terminar, sé que no es la intención del autor pero el argumento de que los obesos se mueren antes y por lo tanto le cuestan menos al sistema me parece que hay que repensar lo.
    Saludos

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  5. Paio Ucieda
    Paio Ucieda Dice:

    Dado que establecer el impuesto en Cataluña ha conseguido que se hable estos días de lo nocivas que son este tipo de bebidas más que en los últimos 5 años, pese a la abundancia de estudios que lo demuestran, considero que, además del objetivo recaudatorio, ha cumplido, con creces, la función educadora o informativa.

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  6. Manu Oquendo
    Manu Oquendo Dice:

    Buena oportunidad para recordar que la calidad de la comida se ha degradado a niveles inconcebibles hace apenas 45 o 50 años.

    Nada sabe al producto original y cuando morimos nuestros restos incinerados son venenosos para la tierra o la mar.
    Nuestros hijos no saben cómo era el sabor de los productos naturales. Ni los templos de la gastronomía son capaces de reproducirlos.
    Desde el humilde guisante de estas semanas, a la merluza o el pollo pasando por los huevos o la leche.
    La falsificación alimentaria es masiva y legal.

    Puestos a quejarse de algunos impuestos quizás haya llegado el momento de considerar la losa fiscal en su conjunto.

    Saludos

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