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HD Joven: La figura del becario, la polémica de Jordi Cruz y la jurisprudencia

Recientemente ha saltado a la opinión pública la polémica sobre si los becarios deberían o no deberían cobrar. Parte de esta disputa la ha sufrido el televisivo chef Jordi Cruz, quien afirmó que los becarios en su restaurante no cobran porque “estás aprendiendo de los mejores en un ambiente real, no te está costando un duro y te dan alojamiento y comida. Es un privilegio. Imagínate cuánto dinero te costaría eso en un máster en otro sector”. Y claro, el debate sobre si un becario debería cobrar o no, está servido. En este sentido, el diputado Alberto Garzón publicó en su cuenta de Twitter lo siguiente: “Justificar el trabajo no remunerado (sea de chefs sea de otra profesión) es un salto hacia atrás; concretamente hacia la esclavitud” (parece que conoce que un becario ni puede ni debe ser un trabajador). Asimismo, el economista Juan Ramón Rallo, defendió al chef diciendo: “tiene toda la razón cuando carga contra la demagogia […] Es evidente que tales empresarios no son hermanitas de la caridad que prestan formación de manera desinteresada y filantrópica, pero tampoco hay ningún motivo para exigirles que lo sean”.

En mi opinión, el problema de fondo real es que en España se está utilizando la figura del becario para cubrir puestos de trabajo que, dado el nivel de responsabilidad que se les exige, deberían corresponder a personas con contrato laboral, con todo lo que eso conlleva (derechos, obligaciones, etc). El puesto de becario está pensado para dotar a los jóvenes de un conocimiento práctico y en un ambiente laboral real, no para que realicen el trabajo de un profesional a bajo coste o gratis. Sólo cabría la posibilidad de no pagar al becario si la empresa estuviera invirtiendo realmente en su formación. En caso contrario, estaríamos ante un abuso de poder que acabará por terminar con dicha figura, permitiendo que políticos, como Alberto Garzón, hablen de esclavitud. Todos conocemos a alguien, si no lo hemos sufrido en nuestras propias carnes, al que una empresa le ha contratado bajo esta fórmula, siendo pagado, en el mejor de los casos, con un curso online que casi nunca se completa, para así poder formalizar un convenio de prácticas en lugar de un contrato de trabajo. Pero, ¿qué dice nuestro marco jurídico y la Inspección de Trabajo sobre este asunto?

La última norma dictada al respecto es el Real Decreto 592/2014, de 11 de julio, por el que se regulan las prácticas académicas externas de los estudiantes universitarios. En el artículo 2 del mismo, se establece que: “constituyen una actividad de naturaleza formativa realizada por los estudiantes universitarios y supervisada por las Universidades, cuyo objetivo es permitir a los mismos aplicar y complementar los conocimientos adquiridos en su formación académica, favoreciendo la adquisición de competencias que les preparen para el ejercicio de actividades profesionales, faciliten su empleabilidad y fomenten su capacidad de emprendimiento”, a lo que añade que: “dado el carácter formativo de las prácticas académicas externas, de su realización no se derivarán, en ningún caso, obligaciones propias de una relación laboral, ni su contenido podrá dar lugar a la sustitución de la prestación laboral propia de puestos de trabajo”. Además, en su artículo 3 se disponen los fines de las mismas, que deberán “contribuir a la formación integral de los estudiantes complementando su aprendizaje teórico y práctico, facilitar el conocimiento de la metodología de trabajo adecuada a la realidad profesional en que los estudiantes habrán de operar, contrastando y aplicando los conocimientos adquiridos, favorecer el desarrollo de competencias técnicas, metodológicas, personales y participativas, obtener una experiencia práctica que facilite la inserción en el mercado de trabajo y mejore su empleabilidad”. Todos estos fines tan loables, conforme al artículo 6 del mismo texto, deberán recogerse en un proyecto formativo que “deberá fijar los objetivos educativos y las actividades a desarrollar”.

Esto es lo que dice la norma que lo regula, es decir, que su contenido no “podrá dar lugar a la sustitución de la prestación laboral propia de puestos de trabajo”. Sin embargo, como todos conocemos, esto no es lo que está sucediendo últimamente. Son muchas las empresas que están utilizando esta figura para sustituir a puestos de trabajo con una relación laboral. Es cierto que si las empresas están recurriendo a este tipo de “fraude” -a pesar de ser el país del Lazarillo de Tormes y la picaresca-, quizás el debate no debería tratar sobre si los becarios deberían o no deberían cobrar, o de si se trata de esclavitud o no, sino que debería enfocarse hacia si nuestra legislación laboral permite, con suficiente flexibilidad, que las empresas puedan incorporar a jóvenes profesionales sin tener que recurrir a estas “artimañas” que desvirtúan a una figura que, bien utilizada, es positiva. También se podría debatir sobre si una empresa que no genera beneficios suficientes como para poder contratar personal, y a la que no le queda otra que tener que recurrir a la figura del becario no remunerado para poder contar con capital humano suficiente, debería seguir existiendo.

Que la figura del becario tiene que ser de carácter formativo, nos ayuda a entender la jurisprudencia y las decisiones que, en algunos casos, ha tomado la Inspección de Trabajo, como podemos comprobar en los siguientes ejemplos:

En primer lugar, la sentencia de 5 de mayo de 2014 del Juzgado de lo Social Nº 22 de Madrid. En ella se reconoció la existencia de relación laboral porque “los becarios se integran en el departamento de servicio al cliente […] y realizan las mismas funciones que el resto de los trabajadores del equipo, sin que […] elaborara un proyecto específico para las prácticas externas y sin que” se realizaran “funciones de tutoría”. En segundo lugar, la STS 4986/2015, donde se acredita la existencia de relación laboral porque aunque “el becario recibió al inicio una formación teórica durante la primera semana” y “estuvo aprendiendo el sistema informático” […] ”el resto del tiempo estuvo prestando servicios de cajero, ocupando el puesto de trabajo de otro trabajador que estaba de baja por incapacidad temporal y sin la presencia del tutor de la entidad que se encontraba en otra provincia, siendo sus tareas supervisadas por el resto de los empleados.”

Lamentablemente, estos dos ejemplos no sientan la única interpretación. Los tribunales también afirman que el tema debatido es esencialmente casuístico, por lo que pueden existir pronunciamientos contrarios. Así lo ilustra la sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia e la Comunidad Valenciana de 20 de julio de 2010, en donde se niega la existencia de relación laboral por parte de dos becarios argumentando que “las ausencias de empleados en las oficinas o bien eran circunstanciales o bien estuvieron cubiertas por trabajadores en misión” y que “la actividad practica realizada por los codemandados fue adecuada a la finalidad de la beca de facilitar la formación práctica del becario, respondiendo así al plan formativo preestablecido por el Convenio”.

Lo que está claro es que la comparativa de sentencias y la lectura del Real Decreto nos ayuda a reafirmarnos en que el puesto de becario tiene que ser, efectivamente, una figura formativa. Los becarios deben contar con un plan específico de formación, con el que se le aporten unos conocimientos prácticos que completen lo que ya aprendieron en los libros de la Universidad o en los Institutos de enseñanzas técnicas, pero nunca deberían ser utilizados como forma de contratación barata o gratuita.

Personalmente, si se utiliza escrupulosamente la figura del becario para lo que fue creada, no veo la necesidad de considerar obligatoria su remuneración. Como dicen Juan Ramón Rallo o Jordi Cruz, una serie de profesionales les está dedicando parte de su tiempo y recursos para formarlos en un ambiente de trabajo real, y eso, a la empresa, si se hace como debe hacerse, le puede acarrear ciertos costes. Cosa muy distinta es que los estén utilizando para sacar adelante el trabajo de un profesional, sin que en ningún momento exista un plan de formación y que supongan ahorros de costes. En ese caso, no es que personalmente considere que se les deba remunerar o no, sino que realmente debería existir un contrato de trabajo, estableciendo una relación laboral real con todos los derechos propios de un trabajador.

Como ya he comentado con anterioridad, quizás el debate debería enfocarse en torno a qué tipo de regulación laboral se encuentra vigente en nuestro país, ya que da la impresión de que bien las empresas no cuentan con la flexibilidad suficiente para apostar por los jóvenes graduados o bien que no son capaces de generar ingresos suficientes como para poder costear un capital humano y formado. Si nuestro tejido empresarial tiene este tipo de problemas, el debate no debería girar en torno a si se debería pagar a los becarios o no, sino que debería tratar sobre el modelo laboral y productivo que tenemos hoy en día.

13 comentarios
  1. Lucía de las Heras
    Lucía de las Heras Dice:

    La actividad del becario no puede ser nunca el puro y simple desempeño de actividad laboral. Ha de haber tutoría y plan formativo reales.

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  2. Juan Madueño Criado
    Juan Madueño Criado Dice:

    Este debate es interesante, y por supuesto, como en cualquier debate, no hay que caer en manifestaciones grandilocuentes.

    El contrato de prácticas externas está bien para introducirte en el mercado laboral, lo que no es de recibo es, como habéis dicho, enmascarar un desempeño laboral, con un contrato de prácticas, que es lo que usualmente ocurre.

    Como todo en Derecho, se trata de matices, pero la norma debería ser más clara, estar mejor redactada, y no basarse en la bondad intrínseca de ninguna de las partes.

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  3. Inés
    Inés Dice:

    A veces lo que busca el becario no es aprender, sino poder poner en su curriculum que estuvo en esa empresa, porque eso le abrirá puertas. Ahí no hay realmente formación .

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    • Alejandro
      Alejandro Dice:

      Pero el problema no es del becario. El problema es de la empresa con nombre que no da formación. ¿A quien no le gusta trabajar en empresas de prestigio para hacer CV?

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  4. Alejandro
    Alejandro Dice:

    Estimado Juan, tienes toda la razón. El problema y el fraude, más que en las prácticas ofertadas por universidades o colegios profesionales, está en una serie de empresas que han aparecido que ofrecen cursos online para que a través de ellos las empresas puedan establecer convenios de prácticas. Ahí está el verdadero fraude.
    Un saludo y gracias por el comentario.

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  5. G.P.
    G.P. Dice:

    Hace muchos, muchos años, Hayek (el economista neoliberal favorito de Thatcher) dió una conferencia en Madrid. Eran los tiempos del “contrato basura” para los jóvenes, esa recurrente ocurrencia tan española (a izquierda y derecha) para acabar con el paro, que no acaba nunca con el paro y que al siguiente tropezón del ciclo económico nos crea un gigantesco abismo social, una y otra vez. En la rueda de preguntas tras la charla de Hayek le preguntaron al famoso economista y premio nobel su opinión sobre esos contratos para jóvenes a precio de saldo recién instaurados por el PSOE de González. Su respuesta no pudo ser más clara: “Eso no es más que explotación del pobre por el rico”.

    Algunas cosas son muy simples. Da igual si una persona aprende mucho o poco en un trabajo: si produce ha de cobrar dinero por ello. Si no cobra dinero por ello es que lo cobra otro y ese otro se convierte en ladrón.

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  6. Ramón García
    Ramón García Dice:

    Para solucionar el problema de la precariedad del mundo de la cocina, es necesario ir a sus causas. Las soluciones jurídicas pueden hacer poco.

    La causa de esta precariedad es el balance entre oferta y demanda. Hay mucha gente que quiere ser chef, y muy pocas plazas disponibles. Entonces, es inevitable que el precio de ser chef sea alto. Los precios y salarios cumplen una función en un mercado: coordinar la oferta y la demanda. Por ejemplo, es bueno que si hay una cosecha abundante de patata baje su precio, porque así se estimula su consumo. Entonces, si el sueldo de un cocinero aprendiz es muy bajo, quienes quieran dedicarse a ello y no lo tengan clarísimo deberían cambiar de actividad.

    Por desgracia, nuestro Gobierno hace justo lo contrario. Lleva a cabo una política industrial muy activa para fomentar el interés por la profesión de la restauración, con programas de televisión de éxito.

    Debemos hacer lo contrario.

    Si el sueldo de un aprendiz de cocina es cero y el de un desarrollador de aplicaciones de IPhone unos 100.000 €/año, háganse desarrolladores de aplicaciones para IPhone, o cualquier otra profesión donde los sueldos sean altos porque falta gente. No hagan caso de la propaganda gubernamental, apaguen el televisor, y únanse a cursos como diseño de coches autónomos https://www.udacity.com/drive o aprendizaje profundo con inteligencia artificial https://www.udacity.com/course/deep-learning-nanodegree-foundation–nd101 , o pongan este vídeo sobre inteligencia artificial con TensorFlow https://www.youtube.com/watch?v=vq2nnJ4g6N0

    No niego que sea bueno tener derechos laborales. Pero cuando el precio de mercado es muy distinto al legal, se forma un mercado negro. Si dos partes se ponen de acuerdo en algo, es muy difícil impedirlo, ¿quién va a declarar contra algo que le beneficia?

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    • G.P.
      G.P. Dice:

      “¿quién va a declarar contra algo que le beneficia?”

      ¿La inspección de trabajo? Vamos, digo yo que las normas habrá que hacerlas cumplir, y no esperar que sea el mercado nada más el que dé “valor” a las personas (entre otras cosas porque las personas no son mercancías, que si tienen poco “valor” se puedan tirar a la basura).

      Por otro lado no todo el mundo puede ser programador, ingeniero o médico. O tenemos una sociedad donde los “menos dotados” también puedan ganarse la vida, o nuestra sociedad acabará sumida en la violencia. No sería la primera vez que eso ocurriera. Sigamos por el camino de que sea el mercado el que dé valor a todo, y por muy “justo” que parezca acabaremos por no poder salir a la calle tranquilos (como ocurre en muchos países del mundo).

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      • Ramón García Fernández
        Ramón García Fernández Dice:

        Está bien que haya derechos laborales, pero la inspección de trabajo tiene medios limitados. No puede visitar todos las empresas.

        Tenemos que erradicar la ignorancia anticapitalista: el sistema de precios como regulador de la oferta y demanda es bueno para el conjunto de la sociedad, porque aumenta la riqueza total. Es bueno para la sociedad que si en una profesión en la que sobra gente, bajen los salarios y suban donde falta, para estimular que uno se dedique a lo más necesario. Y cambiar de profesión necesita esfuerzo, pero no es imposible.

  7. O, farrill
    O, farrill Dice:

    Recientemente surgió el caso de las “externalizaciones” en el sector de hostelería y el propio presidente de la cadena NH denunciaba el abuso y la explotación que este tipo de contratos supone. No sólo se sigue haciendo, sino que la inspección de trabajo -que se sepa- tampoco ha tomado cartas en el asunto. ¿Porqué? Porque el “estado de Derecho” viene sacralizando leyes injustas. Hay “legalidad” pero no hay “justicia”. ¿Qué ha pasado con las magistraturas laborales? Que andan perdidas entre lo “legal” y lo “justo”. Cuando el “crecimiento” consiste en repartir los ya precarios salarios entre más gente para que bajen las cifras de desempleo, estamos asistiendo a una impostura social y política a la que nos hemos resignado. Tengo una hija que ha pasado por “prácticas” (no retribuídas por supuesto) en varias empresas. Conozco casos en que incluso se les requiere pagar previamente unos cursos de formación (y ya sabemos cómo funcionan) para el supuesto acceso a un puesto de trabajo. Las ETT funcionan al margen del Instituto Nacional de Empleo y los “cazatalentos” están demostrando lo que dan de sí. Seamos claros. España se ha convertido prioritariamente en un país de servicios (economía terciaria se decía en mis tiempos) donde la “intermediación”, los “conseguidores” y los “buitres” hacen fortuna a costa del sudor de los demás. Son además oligopolios (concentraciones corporativas) que pueden impedir cualquier competencia y fijar las reglas del juego por sus influencias. Somos primeros en turismo porque -según decía un visitante con toda sinceridad- “el alcohol es más barato”. Alardeamos de ser (como en la época de Zapatero) “los mejores” y hemos acabado creyéndolo. Nuestros IBEX en su mayoría está ligado a los contratos públicos (esos que según la CNMC demuestran un despilfarro de 48.000 millones de euros) o a las “influencias” de comisionistas importantes…..
    El panorama además es de “continuidad” en la creciente desigualdad social y de empobrecimiento progresivo del escaso talento que nos pueda quedar gracias a las “tecnologías”. Los sindicatos oficiales, después de todo lo que conocemos, están “missing” y sólo quedan para la foto….
    Pues bien, a pesar de todo, vemos al personal “de fiesta” continua. Pues entonces será que “estamos j… pero contentos”.
    Un saludo.

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  8. misael
    misael Dice:

    Mucho tiene que decir el mundo del derecho y mucho de hacerse de perdonar en el asunto trabajadores en practicas… que cómo será la figura en el sector que hasta tiene nombre propio “pasante”… pero de eso… ni una línea en todo el post y comentarios.

    Lástima, una oportunidad de autocrítica perdida… Quizá Jordi Cruz, cuando le pregunten por los “en prácticas” podría salir por la tangente y hablar de los pasantes de los despachos de abogados..

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  9. María Escobedo de Benito
    María Escobedo de Benito Dice:

    Tal vez el problema radica principalmente en que, aunque la figura del becario es razonable, no lo es tanto el uso estandarizado que se le da a esta en la sociedad española para suplir puestos que serían más adecuados para personas con un contrato laboral remunerado.

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